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viernes, 19 de septiembre de 2025

Excursión X534: El Cojón de Pacheco y Colmillo del Diablo desde La Pradera de Navalhorno

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Pradera de Valdehorno
Final: La Pradera de Valdehorno
Tiempo: x a x horas
Distancia: xx Km
Desnivel [+]: xxx m
Desnivel [--]: xxx m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta



TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN


lunes, 12 de octubre de 2020

Excursión X237: Paseo por el Eresma desde Boca del Asno

FICHA TÉCNICA

Inicio: Boca del Asno
Final: Boca de Asno
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 8,7 Km 
Desnivel [+]: 181 m 
Desnivel [--]: 181 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Para disfrutar de la festividad del 12 de Octubre, nos acercamos al siempre gratificante valle del Eresma, con idea de dar un paseo por su bella ribera, comer en la Granja de San Ildefonso y visitar los jardines del Palacio.

Aparcamos junto al área recreativa de Boca del Asno. Enseguida buscamos el murmullo del agua que a poco de cruzar el puente de madera se precipita con brío a través de la angostura que da nombre a este bello lugar.

Sin entretenernos en contemplar tan placentero espectáculo, echamos a andar hacia el espléndido pinar por la margen izquierda del río, que llevaba más agua de la esperada para esta época del año.

Con la ayuda de unas piedras, vadeamos el arroyo del Tesoro, enigmático nombre para este afluente del Eresma que nace a los pies del cerro de la Camorca y con escaso caudal por efecto del recién superado estiaje.

Poco más arriba, el río se encajona entre enormes rocas de granito plagadas de musgo, formando una pequeña hoz de singular belleza, para mí uno de los rincones más bellos del valle y el que más fotos se llevó.

Pasada la estrecha angostura, se hacen más evidentes los vestigios del acondicionamiento de este río como pesquerías reales, que mandó realizar, entre 1767-1769, el Rey Carlos III, un amante de la caza, de la pesca y de la naturaleza en general, lo que le llevó en 1761 a comprar a los segovianos el bosque de Valsaín, para disfrutar en exclusiva de la pesca, procediendo posteriormente a allanar en forma de aceras las orillas del Eresma. Además del camino, el monarca dotó a este tramo del río, de escaleras, represas y saltos de agua encaminados a oxigenar el agua.

Se trata de un singular recorrido de unos 10 kilómetros, aproximadamente, entre el puente de la Cantina y el puente de Segovia o puente de Santa Cecilia, que nosotros estamos recorriendo en su tramo final.

Pasamos junto al puente de madera de los Vadillos, y sin cruzarlo, continuamos río arriba hasta alcanzar la desembocadura del arroyo del Telégrafo, por el que seguimos, sin cruzarlo. Un poco más adelante una gran roca a nuestra derecha nos indica que hemos alcanzado la mítica poza de los Baños de Venus, donde en otras ocasiones nos hemos dado unos refrescante chapuzones.

Tras tomar un pequeño refrigerio junto a la poza y la fuente que hay unos metros más arriba, continuamos el ascenso del arroyo, hollando veredas de pescadores, inicialmente por la margen izquierda del cauce por el que circula el agua, para pasar a la contraria por un puente de madera, poco después de cruzar el arroyo de las Pamplinas, otro nombre curioso.

Enseguida alcanzamos la pista asfaltada, justo antes de cruzar el arroyo del Telégrafo y el de Minguete, que se unen en este punto, donde hicimos una breve parada.

Regresamos sobre nuestros pasos para seguir por la pista en dirección al puente de la Cantina, con ligerísimas subidas y bajadas, la pista traza suaves curvas que se adaptan a un terreno de pie de monte recubierto por el más vigoroso pinar del Guadarrama.

Formado íntegramente por pino silvestre, el rey de los pinos ibéricos, se trata de un monte publico, rigurosa y sabiamente explotado desde hace siglos por los madereros de Valsaín.

Esta pista también es punto de paso de una variante del GR10, señalizado como GR-10.1 con marcas blancas y rojas, que se dirige hacia la fuente de la Reina, donde enlaza con el Camino de Santiago.

Pasada una portilla, llegamos al puente de la Cantina, de arco único de medio punto, fue construido en la misma época que el camino trazado por Juan de Villanueva, en 1778, por orden de Carlos III para unir la Corte con el palacio de San Ildefonso; terminado bajo el reinado de Carlos IV.

Por él, bajaban los espectaculares carros cargados con grandes cubas de vino de Navalcarnero y Arganda, parando a descansar en la venta de la Cantina camino de La Granja y Segovia.

Cruzamos el cinematográfico puente, escenario de la mítica película La Caída del Imperio Romano, el mismo que, afortunadamente, sólo voló Hemingway en las páginas de su Por quién doblan las campanas. Al otro lado del puente nos esperaban las frescas aguas que manan de la no menos histórica Fuente de la Canaleja.

Tras una breve parada para las fotos, regresamos sobre nuestros pasos volviendo a pasar por la portilla, para poco después descender por una senda que poco a poco se va acercando al río. De nuevo en la margen izquierda del Eresma, proseguimos el agradable paseo junto a su orilla.

Sin trazas aún de la plataforma de pesquerías, el camino se mete bajo una enorme roca, que recuerda a los muchos pasos que hay en La Pedriza de estas características.

Aguas abajo, llegamos a un puente de madera que le cruza, justo en la desembocadura del arroyo del Telégrafo, cambiando así a la margen derecha del río. Aquí, el río forma un remanso a los pies de una enorme roca musgosa que no hubo manera de mover, por más empeño que pusieron nuestras chicas.

Pegados al río le acompañamos en su descenso, vadeando el arroyo del Retamar y Camaliebre hasta llegar de nuevo a la Boca del Asno, dando así por finalizado el agradable paseo por las Pesquerías Reales y sus míticos pinares.

En la terrada del restaurante Segovia, unos judiones y un excelente cochinillo, como manda la tradición, nos elevó el ánimo y nos dio fuerzas para acabar la tarde perdiéndonos por los jardines, estanques  y fuentes, muchas en proceso de reparación, del Palacio de la Granja.

Sus alineados y dorados bosques nos ofrecieron un preludio de lo bonito que se pone en otoño, cuando el verde da paso al ocre y al oro. Por todo ello, esta excursión se hizo merecedora de 4 estrellas.
Paco Nieto

domingo, 9 de junio de 2019

Excursión X183: La Chorranca y fortines del Cerro del Puerco

FICHA TÉCNICA
Inicio: CENEAM. Valsaín
Final: CENEAM. Valsaín
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 11,5 Km 
Desnivel [+]: 512 m 
Desnivel [--]: 512 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Queríamos una ruta por pinares y con algo de agua, por lo que una visita a los bosques de Valsaín y a la Chorranca era una buena propuesta, y así surgió esta bonita excursión.

Iniciamos la ruta en el aparcamiento del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), situado en La Pradera de Navalhorno y que lleva desde 1987 trabajando para promover la responsabilidad en relación con el medio ambiente, que buena falta hace.

Bordeamos el centro, donde han colocados grandes fotos de Parques Nacionales y otros entornos naturales. Giramos a la derecha por su lado norte y tras pasar un portón en la alambrada, seguimos una pista, coincidente con el GR-10.4.

Nos internamos, en dirección sur, en un espléndido robledal. Al llegar al arroyo de la Cueva del Monje, giramos a la izquierda hasta alcanzar la zona conocida como Charcón de Navalongilla.

Enseguida nos desviamos a la izquierda para acercarnos a ver una laguna dedicada a la recuperación de anfibios, que a estas horas de la mañana reflejaba el cielo como si fuese un espejo.

No escuchamos ranas croando, un poco pronto quizás para cortejos, lo que si vimos fue un enorme hormiguero ceca de la laguna, impresionante.

Continuamos por la pista en suave ascenso, cruzamos un canal que capta el agua del cercano arroyo de Peñalara y enfilamos la senda que poco después pasa junto a la bonita fuente del Ratón, con banco y mesa a su vera, donde descansamos y llenamos las botellas con su agua fresquita, habitualmente presente durante todo el año.

Al alcanzar una pista, la cruzamos y continuamos en dirección noreste, hasta llegar al arroyo del Chorro, que vadeamos como pudimos.

Desde aquí iniciamos el empinado ascenso a la Chorranca, con el arroyo siempre a nuestra derecha remontamos entre arbustos, robles y pinos silvestres los escasos 500 metros que nos separaban de los dos espectacular salto de agua y sus correspondientes pozas.

Pero antes, llegamos al cruce donde parcialmente se une la bajada forzada del arroyo de Peñalara con el de la Chorranca, donde forma una impresionante cascada de alrededor de 100 m, de longitud, por 50 de desnivel, conocida como Cascada del arroyo Peñalara, que continua su recorrido por un canal artificial de forma suave, hasta desembocar en el Estanque de las Ranas, en el Palacio Real de la Granja.

No estaba el agua para bromas y ni se nos ocurrió meternos, y eso que a mí me gusta fresquita, nos conformamos con contemplar esta caída de unos entre 15 m y 20 m sobre una bonita poza, y que de esta se ramifica en dos generando otros dos nuevos saltos esta vez de unos 5 metros.

Continuamos el descenso, con el arroyo a nuestra izquierda para, terminada la fuerte pendiente, vadearlo y dejarlo a la otra mano mientras en dirección oeste alcanzamos la pista que nos lleva a la Cueva del Monje, lugar de leyenda y encanto, donde hicimos una breve parada.

Antes subimos por la escalera de madera que hay a a la derecha de la cueva, que da acceso a una pequeña plataforma lisa coronada con flores en lo alto de la losa, desde donde se tienen mejores vistas de la pradera que la antecede, y de los Montes de Valsaín.

Tras el descanso, continuamos regresando a la pista, para después abandonarla por una senda que nos sale a la izquierda, y que nos lleva al Cerro del Puerco, lugar plagado de trincheras construidas entre 1937 y 1938, durante la Guerra Civil, y pertenecen al bando sublevado. Escenario, el 30 de mayo de 1937 de parte de la batalla de La Granja. Visitamos nidos de ametralladora, ruinas de construcciones para la tropa y muchas trincheras, muy bien conservadas.

En el extremo más occidental, encaramados en un lanchar de inmejorables vistas paramos a tomarnos los bocadillos, con excelentes vistas de la Granja de San Ildefonso, el embalse del Pontón Alto, así como de Siete Picos, la Mujer Muerta, Montón de Trigo y Peñalara.

Tras la parada, descendimos por una senda que sale por la parte norte para luego conectar con una pista que, tras unas zetas alcanza la Pradera de Navalhorno, callejeando por ella, enseguida nos alcanzamos de nuevo el CENEAM, en cuya fuente, paramos a beber su agua, no tan buena como la de las otras fuentes de las que hemos disfrutado en el camino.

Alcanzado el aparcamiento donde habíamos dejado elcoche, dimos finalizada esta bonita ruta que cumplió con todas nuestras expectativas, ganándose 4,5 merecidas estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

domingo, 2 de junio de 2019

Excursión X181: Paseo por el Valle del río Eresma

FICHA TÉCNICA
Inicio: Boca del Asno
Final: Boca del Asno
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,8 Km 
Desnivel [+]: 217 m 
Desnivel [--]: 217 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Para mitigar los calores del primer domingo de junio, nos acercamos al refrescante valle que forma el río Eresma en su tramo alto, donde nace este río al pie del puerto de Navacerrada.

Sin demasiada gente aún, por lo temprano de la hora, aparcamos junto al área recreativa de Boca del Asno. Enseguida buscamos el murmullo del agua que a poco de cruzar el puente de madera se precipita con brío a través de la angostura que da nombre a este bello lugar.

Sin entretenernos en contemplar tan placentero espectáculo, echamos a andar por la margen izquierda del río, que a pesar de bajar muy mermado de agua, aportaba su perceptible y refrescante humedad al ambiente.

Con la ayuda de unas piedras, vadeamos el arroyo del Tesoro, enigmático nombre para este afluente del Eresma que nace a los pies del cerro de la Camorca y con escaso caudal en cuanto llega el estiaje.

Poco más arriba, el río se encajona entre enormes rocas de granito plagadas de musgo, formando una pequeña hoz de singular belleza, para mí uno de los rincones más bellos del valle.

Pasada la estrecha angostura, se hacen más evidentes los vestigios del acondicionamiento de este río como pesquerías reales, que mandó realizar, entre 1767-1769, el Rey Carlos III, un amante de la caza, de la pesca y de la naturaleza en general.

Esto le llevó en 1761 a comprar a los segovianos el bosque de Valsaín, para disfrutar en exclusiva de la pesca, procediendo posteriormente a allanar en forma de aceras las orillas del río Eresma

Además del camino, el monarca dotó a este tramo del río, de escaleras, represas y saltos de agua encaminados a oxigenar el agua.

Se trata de un singular recorrido de unos 10 kilómetros, aproximadamente, entre el puente de la Cantina y el puente de Segovia o puente de Santa Cecilia, que nosotros recorremos en su tramo final.

Al llegar al recientemente renovado puente de madera de los Vadillos, lo cruzamos para cambiar de orilla por un breve espacio de tiempo, porque enseguida volvimos a cruzarlo por otro puente de madera, cercano a la desembocadura del arroyo del Telégrafo. En lo profundo del bosque, el río forma un remanso a los pies de una peña musgosa que se sumerge en una oscura poza.

De nuevo en la margen izquierda del Eresma, proseguimos el agradable paseo junto a su orilla, que al poco se vuelve estrecha. 

Ya sin trazas de la plataforma de pesquerías, el camino sube y baja toboganes, mientras que el Eresma se agarganta en un valle cada vez más cerrado. El paso bajo una enorme roca, que recuerda a los muchos que hay en La Pedriza. precede el fin del camino.

Unos pocos de metros más arriba, la vegetación se hace más espesa y al llegar al gran muro que sustenta el puente de la Cantina y a la carretera que sube al puerto de Navacerrada, obliga a remontar el empinado terraplén con cuidado de no rozar las numerosas ortigas, deseosas de dejarnos un ingrato recuerdo a nuestro paso.

El puente, de arco único de medio punto, fue construido en la misma época que el camino trazado por Juan de Villanueva, en 1778, por orden de Carlos III para unir la Corte con el palacio de San Ildefonso; terminado bajo el reinado de Carlos IV.

Por él, bajaban los espectaculares carros cargados con grandes cubas de vino de Navalcarnero y Arganda, parando a descansar en la Venta de la Cantina camino de La Granja y Segovia.

Pasada una portilla, al otro lado del puente esperan las frescas aguas que manan de la no menos histórica fuente de la Canaleja, donde rellenamos las cantimploras.

Cruzamos el cinematográfico puente, escenario de la mítica película La Caída del Imperio Romano, el mismo que, afortunadamente, sólo voló Hemingway en las páginas de su Por quién doblan las campanas, un título escogido del poema de John Donne, un británico del siglo XVI. "La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque está ligado a la humanidad; y por consiguiente, no preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti".

Seguimos la carretera una cincuentena de metros, dirección puerto de Navacerrada, hasta alcanzar el inicio de una pista situado a mano derecha. Está justo enfrente de la no menos mítica Venta de los Mosquitos, de la que apenas quedan sus ruinas.

Defendida por una barrera, una capa de asfalto ha convertido a la pista en un tapiz algo tedioso para caminar con las botas.

Con ligerísimas subidas y bajadas, traza suaves curvas que se adaptan a un terreno de pie de monte recubierto por el más vigoroso pinar del Guadarrama

Formado íntegramente por pino silvestre, el rey de los pinos ibéricos, se trata de un monte publico, rigurosa y sabiamente explotado desde hace siglos por los madereros de Valsaín.

Esta pista también es punto de paso de una variante del GR10, señalizado como GR-10.1 con marcas blancas y rojas y que, a un kilómetro del puente de la Cantina, abandonamos justo antes de cruzar el arroyo del Telégrafo y el de Minguete, que se unen en este punto.

A partir de aquí, acompañamos la corriente de este arroyo hollando veredas de pescadores, inicialmente por la margen derecha del cauce por el que circula el agua, para pasar a la contraria por un curioso puente hecho con grandes rocas, en el lugar donde el arroyo Pamplinas desemboca.

Un poco más adelante una gran roca a nuestra izquierda nos indica que hemos alcanzado la mítica poza de los Baños de Venus, donde nos dimos un refrescante chapuzón que nos supo a gloria.

Tras tomar un pequeño refrigerio, continuamos el descenso del arroyo, obviando el puente de madera que le cruza, hasta alcanzar de nuevo la ribera del Eresma, al que acompañamos en su descenso hasta llegar de nuevo a la Boca del Asno, donde dudamos si meternos en su profunda poza.

El pequeño desfiladero, localizado en el centro de los montes y bosques de Valsaín, alcanza un desnivel que supera 20 metros en su parte más alta, de manera que podría parecer la profunda y oscura boca del equino.

Sin embargo, no es precisamente a esto lo que hace referencia la toponimia, que antes que boca sería la quijada de un asno, cuya forma asemeja una piedra que se asienta, visible, en el lecho del río a su paso por por esta angostura.

Como aún no había hambre, alargamos el paseo continuando el descenso del río tras remontar las escaleras que bordean la garganta, hasta llegar al puente de Navalacarreta, donde nos tomamos los bocadillos refrescándonos contemplando los plateados reflejos del agua.

Tras el reponedor descanso, cruzamos el puente y remontamos el río siguiendo su relajante orilla, hasta alcanzar el área recreativa de Boca del Asno, en cuyo kiosco nos tomamos las cervezas y los helados que nos refrescaron casi tanto como el agua, dando así por finalizada esta preciosa ruta que se merece 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS
Fotos de Paco Nieto