sábado, 31 de enero de 2026

Excursión X553: Fuentes y lavaderos de Adzeneta d'Albaida

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Adzeneta d'Albaida
Final: Adzeneta d'Albaida
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11 Km
Desnivel [+]: 283 m
Desnivel [--]: 283 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 23

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
El día comenzó con incertidumbre: una alerta de viento había puesto en jaque nuestra esperada ruta de senderismo por Adzeneta d'Albaida, un hermoso rincón al sur de Valencia.

Sin embargo, tras deliberaciones y algunas bajas en el grupo, decidimos arriesgarnos. Y, afortunadamente, el viento no hizo acto de presencia con la virulencia pronosticada, regalándonos un espléndido día soleado.

Adzeneta d'Albaida
está integrado en la comarca de Valle de Albaida, a resguardo de las estribaciones de la sierra de Benicadell, al sur, y del Valle de Albaida, al norte. El topónimo deriva del árabe "az-Zanāta" haciendo referencia a la tribu bereber de los zenatas, que fundó aquí una alquería musulmana. Fue conquistada por las tropas de Jaime I, como el resto de la zona, en 1477. El municipio cuenta con un polígono industrial en el que diversas empresas se dedican a la fabricación de edredones "nórdicos", ropa de hogar y productos relacionados.

Nos reunimos en El Arriero, uno de los bares que hay a la entrada del pueblo, donde planeábamos disfrutar de un merecido almuerzo al finalizar la excursión.

El objetivo era realizar la ruta dels Llavadors, seguida de una visita al nacimiento de la Séquia del Port (Acequia del Puerto) y los cortados de les Tosquetes, ambos en el término municipal de Albaida.

Con entusiasmo, echamos a andar, desviándonos hacia el Paseo de la Séquia del Port, una acequia morisca que ha sido vital para la comunidad, aportando agua a los lavaderos y tierras de cultivo, lugares de encuentro y trabajo para los habitantes de Adzeneta d'Albaida.

Este canal se extiende 4 kilómetros, formando parte de un sistema de riego histórico que data de los tiempos de Al-Andalus.

Proporciona agua a las huertas de Atzeneta, Albaida y El Palomar, que lo comparten por semanas, por eso hoy no corría agua por ella, al no tocarle el turno.

A lo largo de su trazado se alineaban varios molinos, uno de ellos lo visitaríamos durante el recorrido, el Molí del Dalt.

En agradable paseo fuimos siguiendo la acequia, testigo de la historia de la zona, donde la vida giraba en torno al agua que surtían a los lavaderos públicos, así como a las portezuelas en las casas que dan directamente a él, permitiendo lavar con mayor comodidad sin salir de las mismas y a cubierto. Me llamó mucho la atención lo de las portezuelas, nunca lo había visto.

Tras recorrer el paseo, con bonitas vistas del valle y charlar con una señora del pueblo, que nos contó cómo se utilizaban los lavaderos, nos dirigimos a la explanada del Calvario, un Vía Crucis con estaciones a ambos lados de ella, con ilustradas escenas de la Pasión de Cristo, que conduce a la Ermita del Santísimo Cristo de la FeEl Calvario se edificó en 1709, junto con la primera ermita levantada aquí.

Este lugar es de gran devoción para los locales, su Cristo es conocido popularmente como El Morenet, apelativo que se le dio por el tono tostado de la imagen.

Este color se debe a que durante las guerras napoleónicas los soldados ocupantes, a finales de 1812, la arrojaron al fuego, aunque no lograron quemarla, pero se quedó la madera subida de color, morena.

El edificio actual, reemplazó a una modesta ermita, es de los años 1883-1890, de estilo renacentista en su exterior y neogótico en el interior, con decoración neobizantina. Tiene unos vitrales preciosos y otros elementos de interés.

Desde allí, nos dirigimos hacia el campo de fútbol y el albergue municipal El Regit.

Ascendimos por una larga pista, entre pinos, que nos protegía aún más del escaso viento, tanto era así que tuvimos que aligerar vestuario. Después de un ligero descenso por sendero, tras dejar la pista, llegamos a la fuente de San Luis Beltrán, dedicada a este santo Dominico valenciano, canonizado por el papa Clemente X en 1671. La bella imagen en azulejo que adorna la fuente data de 1954 según reza en ella, fue restaurada en el año 2016. El entorno estaba algo encharcado del agua que rebosaba del histórico manantial.

Continuamos por el sendero, entre pinos y a unos 300 metros nos encontramos en el Molí del Dalt (Molino de Arriba), una construcción emblemática que data de siglos atrás. Tiene un profundo cubo por el que caía el agua procedente de la Séquia del Port, que por su fuerza movía las ruedas para moler el grano. Este molino, que una vez fue motor de la economía local, ahora se erige como un recordatorio del pasado agrícola de la región.

Siguiendo nuestro camino, alcanzamos las ruinas del Monasterio Dominico de Santa Ana. Este convento, aunque en ruinas, resuena con la historia de la vida monástica y la devoción que alguna vez habitó sus muros.

Fue fundado en 1538 por el padre Joan Micó, para reafirmar la conversión de los moriscos de la zona.

De este monasterio fue prior Luis Bertrán entre 1557 y 1560. La tradición lo considera escenario de numerosos milagros del santo valenciano, quien al parecer sentía gran devoción por Santa Ana. Anteriormente, su ermita fue visitada por San Vicente Ferrer.

Tanto el monasterio como la ermita se encuentran en un lamentable estado de ruina, ya que fueron desmantelados a raíz de la Desamortización de Mendizábal. Desde entonces han pertenecido a diversos propietarios particulares, que no los han restaurado.

Después de la conquista cristiana, a los habitantes de Adzaneta musulmanes, dedicados a la agricultura y arriería, se les intentó convertir al catolicismo, aunque finalmente fueron expulsados, como el resto de moriscos valencianos, en el año 1609, lo que provocó que el marqués de Albaida hubiera de repoblar la alquería con “cristianos viejos” de Albaida principalmente.

A pocos metros se encuentran las casas de los trabajadores del Monasterio, también en ruinas. Al conectar con una pista, giramos a la derecha y al llegar a la carretera CV-6170 la seguimos a la izquierda para visitar la cascada de Santa Ana, junto al puente que cruza el río Albaida, pero al no llevar agua, estaba seca y pasaba inadvertida.

Intentamos sin éxito cruzar el río, pero el desnivel era apreciable y tuvimos que regresar sobre nuestros pasos y buscar el sendero que lleva al nacimiento de la Fuente del Port, manantial de la Séquia del Port, un hilo de vida transparente que serpentea por el paisaje hasta el pueblo. Tiene un difícil acceso, medio oculto por los gigantescos pilones que sustentan la A-7.

Un alcavó en valenciano es una mina de agua, procede del árabe "al-qabú" (la bóveda) y fueron utilizadas por los musulmanes de Al-Ándalus para captar el agua subterránea. Éste tiene 163 metros excavados en horizontal y con un recorrido prácticamente rectilíneo.

Un poco más adelante, tras pasar bajo la A-7, paramos a tomar el tentempié de media mañana, entre olivos que se asoman al río. Este sendero debe ser muy popular entre ciclistas porque vimos a muchos de ellos recorrerlo.

Tras el breve descanso, continuamos por una vereda que busca el cauce seco del río, y que a pocos metros de alcanzarlo, a la izquierda, nos ofrece una pequeña cueva entre las rocas.

Desde aquí se tiene una buena panorámica del Alto de la Covalta, donde se halla una cruz monumental, restos de un poblado íbero y una gran cueva. Habrá que hacerle una visita.

Cerca encontramos un par de perforaciones que se realizaron durante la II República para buscar agua subterránea a lo largo de 1,8 Km, de los cuales solo se efectuaron 600 metros, sin éxito. El proyecto se abandonó por el estallido de la Guerra Civil.

Cruzamos el cauce sin agua del río, pasamos bajo la A-7 y ascendimos hacia una pista, desde donde se podían apreciar las majestuosas montañas que nos rodeaban, tapizadas por una alfombra verde de pinos.

Nos desviamos hacia la Caseta de l’Ameraor, un refugio medio en ruinas, con una balsa de agua transparente y una casa anexa desde donde disfrutamos de vistas impresionantes de los farallones de les Tosquetes.

En esta zona, la vegetación y los pinares eran un deleite para los sentidos.

Por detrás de la alberca, remontamos una empinada senda de la que nos desviamos a la derecha para contemplar los Tosquetes desde lo alto de los acantilados. Un excelente mirador del valle y la montaña de la Coveta.

Al seguir nuestro recorrido, en uno de los cruces de senderos nos hicimos la foto de grupo.

Por una preciosa senda, casi plana, cruzamos el pinar de Pla de la Roda, hasta alcanzar una pista de tierra, por la que continuamos en leve ascenso.

En su margen derecha descubrimos una conejera, un amontonamiento de piedras que sirve de refugio para los conejos, una curiosidad que me dejó sorprendido porque nunca había visto una así.

En el punto de mayor cota de la ruta. dejamos la pista y nos desviamos a la izquierda para descender por un estrecho sendero (PR-CV 222) con bastante pendiente, en el que había que ir con cuidado y atentos para no resbalar por las piedras y raíces que lo cubrían.

Tras una pronunciada curva, el sendero se aplana, llegamos a la fuente del Anohueret, incrustada en un muro de piedra, con una hornacina en la que un serigrafiado en azulejo indica que se construyó en 1929 y fue restaurada en 1976. Un apacible lugar de estupendas vistas en plena naturaleza que costó abandonar.

Continuamos por un sendero que conecta con una pista que pasa, en su descenso, por varias casas, una de ellas llamada El Capricho, con magníficas vistas del valle que eran un regalo para la vista.

Abandonamos la cómoda pista al alcanzar la siguiente casa, también de buen porte, continuando por un sendero que sale a la derecha, por el que descendimos hasta la fuente del Arriero, un refrescante rincón en el que el agua surge desde las entrañas de las rocas.

Con un descenso más moderado, por un bonito camino de tierra entre pinos, llegamos al depósito de agua del pueblo y a las primeras casas. Cruzamos un parque con juegos para niños y un par de fuentes antes de acercamos a la fuente de los 21 Chorros, un lugar emblemático que, como su nombre indica, ofrece un espectáculo de agua proveniente de sus caños, que en hilera caen a un alargado pilón.

Pasamos cerca de la iglesia de parroquial de San Juan Bautista y junto al Ayuntamiento, antes de regresar al bar El Arriero con la satisfacción palpable por haber recorrido un paisaje lleno de historia y belleza.

Tras episodios de lluvias seguro que gana mucho interés paisajísticamente esta excursión y se disfruta mucho más.

Reflexiones finales:
- Viento, ¿qué viento?: El pronóstico de viento fuerte se disipó, dejándonos disfrutar de un sol radiante.
- La abundancia de lavaderos y fuentes en el pueblo nos hizo reflexionar sobre la importancia del agua en la vida cotidiana de sus habitantes.
- Historia palpable: Nos maravillamos con la variedad de lugares históricos que posee; una ermita, un molino de cubo, ruinas de un convento, mina de agua.
- Belleza natural: La vegetación, los pinares y los fragancias de las plantas aromáticas nos acompañaron durante todo el recorrido, enriqueciendo la ruta.
- Para cerrar con broche de oro, disfrutamos de una deliciosa fideuá y otros platos a la carta que nos dejaron deseando regresar pronto.

En resumen, Adzeneta d'Albaida nos ofreció un día que no solo fue de senderismo, sino de conexión con la naturaleza, la historia y la buena compañía. Le otorgo 4 estrellas a esta excursión, que menos mal no suspendimos, hubiera sido una pena.
Paco Nieto

sábado, 24 de enero de 2026

Excursión X552: Circular del Monte Ponoig desde el Helipuerto de Polop

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Helipuerto de Polop
Final: Helipuerto de Polop
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,8 Km
Desnivel [+]: 678 m
Desnivel [--]: 678 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 18

MAPAS 
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
La ruta comenzó en el helipuerto de Polop, a los pies del imponente Monte Ponoig, donde nos reunimos dieciséis senderistas, a la espera de que dos compañeros más, algo rezagados, se incorporaran más adelante. Tras los saludos y los preparativos iniciales, iniciamos la marcha siguiendo las marcas del PR-CV 17, que enseguida nos introdujo en un agradable bosque de pinos.

Poco después cruzamos el Barranco de la Canal y, en un claro entre los árboles, el paisaje se abrió ante nosotros ofreciendo unas magníficas vistas de la Sierra de Bernia y del Peñón de Ifach, que se adentraba en el Mediterráneo como un auténtico espolón rocoso.

Un lugar ideal para detenerse unos minutos y disfrutar del entorno mientras las cámaras inmortalizaban el momento.

El sendero nos llevó junto a una casa en ruinas, que aún conservaba en su parte posterior una curiosa cueva excavada en la roca, vestigio de antiguos usos y refugios.

Continuando entre pinares alcanzamos el Barranco de Gulapdar, una profunda hondonada que dio paso a una pista forestal por la que comenzamos a remontar, avanzando paralelos al barranco.

En este tramo pasamos por una conocida zona de escalada, el Castellet, donde algunos escaladores progresaban por la pared ayudados por cuerdas, añadiendo un toque de espectacularidad al paisaje. Poco después alcanzamos el mirador del Castellet, situado a las faldas de este mítico pico. Allí se nos unieron por fin los dos compañeros rezagados, completando el grupo. Las vistas eran impresionantes, de las que quitan el hipo, y aprovechamos el lugar para tomar el tentempié. Unos ciclistas que pasaban por allí tuvieron la amabilidad de hacernos la foto de grupo.

Retomamos la marcha por la pista, superando sus revueltas, y pasamos junto a la Mas del Pi y, más adelante, la Casa de Dios, ambas abandonadas y con claros signos de ruina, integradas ya en el paisaje como silenciosos testigos del pasado.

A partir de este punto dejamos la comodidad de la pista y tomamos un sendero más estrecho, que en constante ascenso nos condujo hasta el Collado de la Cueva Moscarda.

A escasos metros se encuentra la cueva que le da nombre, a la que nos acercamos por curiosidad; no es una gran cavidad, sino más bien un abrigo rocoso, sencillo pero bien situado.

Continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Collado del Llamp, el punto de mayor altitud de la ruta, situado a 977 metros, desde donde las vistas eran sencillamente maravillosas, destacando en el horizonte los inconfundibles edificios de Benidorm recortados frente al mar y hacia el lado opuesto, Aitana, el techo de Alicante.

Esta fue la parte donde el anunciado viento tuvo más impacto, al no estar resguardados por la pared que representa el Monte Ponoig.

Tuvimos que abrigarnos bien para no quedarnos helados. A pocos metros del collado, habíamos pasado por el desvío a la cima del Ponoig (1.181m), siguiendo el PR-CV 13.1 y a tan solo 1,8 Km de aquí. Lo dejamos para un mejor día, el fuerte viento lo hacía peligroso.

Iniciamos un descenso ligero y muy entretenido, atravesando zonas de roquedo y un par de pedreras, para afrontar después un último tramo de ligero ascenso hasta alcanzar el collado del Cigarri, situado algo por debajo del anterior.

Desde este balcón natural, con impresionantes panorámicas hacia el Puig Campana y la costa de Benidorm, hicimos una parada para disfrutar tranquilamente de los bocadillos mientras nos sorprendía lo verde que estaba todo.

Tras el merecido descanso emprendimos el empinado descenso final, caminando entre carrascas y pinos por el Barranco de la Canal, cerrando así una ruta variada y muy completa, hasta regresar al helipuerto de Polop, donde nos esperaban los coches.

Una jornada redonda, con buenos paisajes, historia, ambiente montañero y, sobre todo, muy buena compañía, solo empañada por una caída, pero sin mayores consecuencias. Le otorgo 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 19 de enero de 2026

Excursión X551: Fuente de los Acebos y petroglifos de la Fuenfría desde Camorritos

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Camorritos. Cercedilla
Final: Camorritos. Cercedilla
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,7 Km
Desnivel [+]: 412 m
Desnivel [--]: 412 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Nos reunimos en Camorritos, junto a la estación del tren de Cercedilla al Puerto de Cotos que está en pleno proceso de renovación. Esta colonia fue construida en 1923 por la compañía de la nueva línea férrea, la Sociedad de Iniciativas del Guadarrama. Debido a la personalidad de sus creadores, miembros del Club Alpino Español y la Institución Libre de Enseñanza, pronto alcanzó un gran éxito como lugar de veraneo entre aquellos que buscaban un retiro en la naturaleza.

Se edificó siguiendo modelos alpinos con villas de paredes de piedra y madera, en las que trabajaron afamados arquitectos de la época. Tal como reza en una placa, José de Aguinaga, ingeniero del Eléctrico del Guadarrama e impulsor de la colonia, están ligados a este lugar, ahora envuelto en líos judiciales. Aquí más información.

Iniciamos la ruta con las mochilas ajustadas, ganas de caminar y la ilusión de reencontrarnos con la nieve. Ascendimos por el Camino de las Encinillas, señalizado con las marcas del GR-10. Un comienzo amable que pronto nos iría mostrando la otra cara del  invierno.

Conforme subíamos, la nieve empezó a aparecer tímidamente, primero en pequeños restos a los lados del camino, después cubriendo cada vez más el paisaje, hasta hacerse claramente protagonista. 

Al salir de la urbanización y cruzar la Vereda de la Teja, el entorno comenzó a cambiar a cada paso, envolviéndonos en un silencio blanco que invitaba tanto a la contemplación como al respeto, por eso la mayoría nos pusimos los mini crampones.

Nuestro objetivo era visitar los petroglifos más conocidos del valle de la Fuenfría: el dragón, el buitre y el zorro.

Al poco, dejamos la vereda para seguir por un sendero que enseguida alcanza la fuente Loma del Viento, que queda a la izquierda, pero de la que no manaba ni gota de agua, sin duda estaría convertida en hielo.

Enseguida cruzamos el arroyo del Polvillo, donde el agua sí corría con constancia, ajena al frío que ya se dejaba notar. Continuamos ascendiendo y la nieve se hacía más abundante, mientras el cielo comenzaba a nublarse ligeramente, añadiendo un punto de misterio al recorrido. Los árboles, cubiertos de nieve, daban un toque navideño al recorrido. 

Así alcanzamos la senda Herreros (PR-M 8), camio más ancho totalmente cubierto de nieve. Giramos hacia la derecha  para llegar a la zona de las rocas de Laínbonito paraje desde el que se disfruta de las hermosas vistas de los Siete Picos y su entorno, al estar situado casi en el centro, del hueco o cóncavo de los Siete Picos, que durante gran parte de la Edad Media fue conocido como "Sierra del Dragón" por la silueta de esta montaña, que se asemeja al dorso dentado de estos seres mitológicos tan del gusto de esa época.

Dos pequeños bolos de granito, están grabados con el año del homenaje de la agrupación Aurrulaque, del Club de Senderismo de Peñalara, a Pedro Laín Entralgo, que fue médico, historiador, ensayista, filósofo y amante de la naturaleza, y en el otro, se halla parte de la carta que el intelectual escribió a Luis de Rosales, a propósito del Guadarrama.

Junto a la roca, en un canchal se encuentra el petroglifo del dragón, en referencia a cómo se le conocía antaño a Siete Picos, por sus crestas, que se asemejan a las de este mitológico animal, pero desgraciadamente esta vez la montaña decidió guardárselo para sí: la nieve lo cubría por completo, ocultándolo bajo su manto blanco, que aquí, al descubierto, era especialmente notorio.

Seguimos por el Camino de la Pata la Cabra (PR-8) hasta llegar a la fuente de Ignacio, que llevaba abundante agua.

A partir de ahí, la nieve empezó a complicar seriamente el avance. Cada paso requería más esfuerzo, y llegó un momento en que caminar se volvía verdaderamente exigente.

Alcanzamos la fuente de los Acebos, donde la nieve alcanzaba en algunos puntos casi medio metro y nos hundíamos al avanzar. A la izquierda de la fuente, junto al arroyo Pradillo, aprendiz de río,  crecen unos esplendidos ejemplares de acebos, de aquí su nombre, y a la derecha, el incipiente arroyo Pradillo, que junto al arroyo de la Venta y el arroyo del Regajo del Puerto, conforman, aguas abajo, el río Guadarrama.

Allí, con sensatez y espíritu de grupo, decidimos desistir de continuar hacia la Pradera de Majalana y renunciar al petroglifo del buitre. La montaña imponía sus condiciones y supimos escucharla.

Regresamos por el mismo camino de la Pata de la Cabra. El origen de este apodo, es desconocido, algunas creencias apuntan a que el nombre, se debe a los cabreros que en tiempos pasados, traían a pastar su ganado, por estos parajes. Lo cierto es que el trazado desde la Pradera de Siete Picos a la de Navarrulaque, se asemeja a una pata de cabra.

Pasamos de nuevo por las Rocas de Laín, con mucha nieve enlazamos con la Senda Herreros, pasado el arroyo del Polvillo, y llegamos a un alargado banco medio cubierto de nieve, con una leyenda en uno de sus respaldos, recordando a Enrique Herreros, personaje con una gran dimensión cultural, en la España del siglo pasado. Montañero, en primer lugar, por lo que nos atañe, humorista, dibujante cartelista, periodista y cineasta. Esta ruta que conecta la Pradera de Navarrulaque con la Pradera de Siete Picos, fue trazada por él, de ahí este simple monumento, dedicado por el círculo Aurrulaque.

Al llegar a la Pradera de Navarrulaque, nos detuvimos para hacernos una foto de grupo, con la complicidad de un ciclista que descansaba por allí, junto al granítico hito de la Puerta de la Fuenfría, que conmemora la declaración de Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en 2013. Aquí se cruza el GR-10 con la Carretera de la República. Enfrente unas rocas a modo de mesa conmemoraron, en el Aurrulaque de 2002, el año Internacional de las Montañas.

Muy próximo, se encuentra el bonito refugio Aurrulaque, donde hicimos una breve parada, para tomar el tentempié de media mañana, a buen recaudo del viento, al arrullo del sonido del agua de su fuente, en la que un sombrero homenajea a Antonio Sáenz de Miera (1935-2021), escritor, jurídico y empresario español nacido en Cercedilla y comprometido con la defensa de la naturaleza. Promovió la declaración del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama.

Fue también promotor de la fiesta montañera del Aurrulaque, en la que todos los años se adorna el valle con un monumento nuevo. Aquí más información sobre su figura.

El Aurrulaque, nombre que se da a los montes comunales de Cercedilla, nació, como iniciativa de la Fundación Cultural Cercedilla, en 1984 con el objetivo de disfrutar del paisaje y fomentar el senderismo haciendo una marcha y un acto colectivo cada verano.

Tras el descanso, continuamos para unos metros más arriba, visitar. medio cubierto de nieve. el Monumento a los Primeros Caminantes de la Sierra de Guadarrama, singular y alegórico: siete traviesas de madera colocadas en artístico semicírculo apuntando a los Siete Picos. Monumento a ganaderos, cabreros, leñadores, maestros, geólogos, escritores, pintores y pioneros del montañismo.

Y siguiendo la Carretera de la República, a la derecha, nos acercamos a ver la hora en el Reloj de Cela, que si hay sol, la da con precisión astronómica desde el Aurrulaque de 1995, donde se declaró "caminante de la Sierra del Guadarrama antes que Nobel" y que dio cuenta de sus correrías por estos parajes en Cuaderno del Guadarrama, publicado ese mismo año. Sí había sol, pero estaba cubierto de nieve, que parecía haber detenido el tiempo, recordándonos que este día no importaban las horas.

Continuamos un poco más adelante, hasta dar a la izquierda con el mirador de Vicente Aleixandre, levantado sobre unas rocas en forma de quilla de barco en el Aurrulaque de 1985, y desde el que se domina una magnífica vista de la inconfundible silueta de Siete Picos, en esta ocasión la niebla envolvía la montaña, creando una atmósfera íntima y algo misteriosa.

Grabado en la roca que hay, a la derecha de la escalera de subida al mirador se puede leer el emotivo poema de Vicente Aleixandre dedicado a este paraje al que adoraba: "Sobre esta cima solitaria os miro/ campos que nunca volveréis por mis ojos/ Piedra de sol inmensa, eterno mundo/ y el ruiseñor tan débil que en su borde lo hechiza."

Seguimos, entre rocas escritas con poemas de varios poetas, que perlan la zona, como el de J. García Nieto: “Afila Siete Picos en la sombra / su aguda dentellada”, a Gabriel García Tassara “Cumbres de Guadarrama y de Fuenfría / columnas de la tierra castellana”.

Continuando por la bonita senda, llegamos al mirador de Luis Rosales, desde el que se divisa el vértice geodésico que hay a su derecha.

El mirador fue inaugurado en el Aurrulaque de 1986, en homenaje a este poeta, que veraneaba en Cercedilla.

Allí pudimos deleitarnos con las hermosas vistas del paisaje y disfrutar de su famoso poema dedicado a su amada Cercedilla: “Las noches de Cercedilla / las llevo en mi soledad / y son la última linde / que yo quisiera mirar”

En su pequeño escondite, un recinto cerrado a modo de buzón, incrustado en la roca, había varios cuadernos en los que los visitantes dejan sus mensajes y firma.

El grupo de Senderismo de Montaña Trotamontes, hasta el año 2010, recopilaba estos mensajes y los ponía en su web, para darles visibilidad. En más de una ocasión pude leer ahí lo que días antes había escrito en el libro de visitas del mirador. Aquí enlace a él.

De allí nos dirigimos a la Senda Sevillano, llamada así en honor a Alberto Sevillano Herrera, residente frecuente en Cercedilla, miembro fundador de la Peña de los Lunes Amigos de la Montaña, en los años 80 junto a otros compañeros del por entonces Banco Exterior de España (BEX), que remarcó la antigua subida a Navarrulaque por la vertiente de “La Cancha”. Está señalizada con hitos de piedras desde su comienzo en la conocida como Piedra de Pablo, hasta el Mirador de Luis Rosales

Tras una bajada pronunciada, nos desviamos a la izquierda para visitar el petroglifo del zorro, situado sobre un promontorio rocoso con magníficas vistas de Cercedilla y todo el valle. Esta vez sí era visible, libre de nieve. Nos hicimos fotos junto a él, celebrando el encuentro.

Continuamos por la Senda Sevillano hasta alcanzar la Piedra de Pablo, esta roca es conocida así en honor a otro antiguo compañero del BEX y también residente en Cercedilla y senderista por largos años, Pablo Sangüesa Arribas.

Frente a ella se encuentra un túmulo de piedras que Sevillano comenzó a acumular en homenaje a su amigo Pablo, fallecido en 1988, y también rememorar el rescate que al propio marcador de la Senda le hicieron los bomberos cuando bajando por ella en 2003 una caída le produjo la rotura de la cadera izquierda, falleció en el 2022. Es tradición en la familia Sevillano y Sangüesa añadir una nueva piedra cada vez que se llega al lugar, tradición que a lo largo de los años ha creado un importante hito en la senda.

Tras colocar una piedra más al montículo, proseguimos la senda, pero enseguida giramos a la izquierda para continuar por la Vereda de la Teja. A medida que descendíamos, la nieve iba desapareciendo poco a poco. Cruzamos el arroyo de la Teja, donde nos esperaba un simpático muñeco de nieve que nos regaló una de las fotos más divertidas del día.

Desde allí, descendimos por el Camino de la Fuenfría hasta regresar a Camorritos, cerrando así la ruta.

La jornada no terminó ahí. Nos desplazamos al aparcamiento subterráneo de Cercedilla para poner el broche final con un excelente menú en el restaurante El Rincón de la Cuchara, celebrando la ruta, la compañía y un día de montaña intenso, exigente y profundamente vivido.

Un día de nieve, decisiones compartidas, historia grabada en piedra y recuerdos grabados en la memoria, que bien merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS