sábado, 25 de abril de 2026

Excursión X566: Sierra de la Grana

FICHA TÉCNICA

Inicio: Torremanzanas
Final: Torremanzanas
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,9 Km
Desnivel [+]: 454 m
Desnivel [--]: 454 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Ruta por la desconocida Sierra de la Grana, cadena de montañas que está enclavada entre la población de Torremanzanas y la imponente y piramidal Cabeçó d'Or.

Pasa desapercibida por tratarse de una sierra modesta, comparada con las de las zonas circundantes, como Aitana, Cabeçó d'Or, Puig Campana, Maigmó, Mijgorn, etc., a pesar de alcanzar más de mil metros sobre el nivel del mar.

Ni siquiera se ha señalizado con los típicos postes informativos o marcas tipo PR, aunque no tiene pérdida porque discurre gran parte de su recorrido por caminos amplios o pistas fácil de seguir.

Durante el trayecto nos estuvo lloviendo, por ratos con fuerza, lo que hizo que alguno se diera de baja de la ruta, al no fiarse del pronóstico que el día anterior hice "mañana vamos a tener un estupendo día para caminar y, si acaso, al final de la ruta, puede que nos caigan 3 gotas", y eso exactamente es lo que ocurrió.

Al llegar a Torremazanas dejó milagrosamente de llover, disfrutando de un día estupendo y, a falta de pocos metros para terminar, nos cayeron 3 gotas, no 4, y solo durante un par de minutos. Así es que todos contentos.

El punto de encuentro lo situamos cerca de un cruce de la CV-782, carretera que une Torremanzanas con Relleu, a unos 125 m del Port del Collado, en un desvío que sale a la derecha, cerca del punto kilométrico 3. Aquí las coordenadas. En este cruce de caminos hay sitio para dejar varios coches, aprovechando los ensanches de la carretera.

Iniciamos la ruta por la pista de tierra que sale a la derecha, la carretera asfaltada de la izquierda sería la de regreso para finalizar la ruta. Echamos a andar por la pista, que con suave pendiente remonta la loma, unos 130 metros en poco más de un kilómetro, entre pinos, justo por la zona en la que hubo un incendio en el 2012, perceptible solo por pequeñas franjas negras dentro del verde bosque. A nuestra derecha, disfrutamos de las vistas hacia Els Plans, por las que caminé hace tres años en esta ruta.

Pronto alcanzamos una zona en la que la pista realiza unas zetas para minimizar la pendiente.

El cielo nublado y las hojas, si cabe más verdes de lo normal por efecto de la lluvia caída hace unas horas, daban un aspecto mágico y bucólico al paisaje, casi irreal, bajo una luz suave y difusa.

Superado un collado, descendimos lentamente hacia la Mas Cortés de Dalt, con su monumental olmo a pie de pista. El alargado caserío está habitado y en buen estado. A nuestra izquierda tuvimos una bonita panorámica de Aitana y la Penya de Sella.

Continuamos el descenso cruzando campos de cultivo y una cadena en el camino, para impedir el tránsito de coches, hasta alcanzar el Racó de Cortés, un collado desde el que comenzamos de nuevo a ascender, trazando un par de curvas en dirección suroeste.

El paisaje que divisamos era más propio de zonas del norte como Asturias o Cantabria que del, muchas veces seco, levante. El contraste con las áridas sierras que nos podemos encontrar, apenas que nos desplacemos unos kilómetros, es tremendo.

Al alcanzar el Collado de la Grana, dejamos la pista para seguir, a la derecha, un camino bastante definido y con estupendas vistas que va ganando altura lentamente.

A pocos metros, a la derecha, se encuentra un pino monumental, con un tronco inabarcable por una sola persona.

Un poco más adelante, pasamos junto a una casa cerrada, aunque no parece estar abandonada. La bordeamos y a partir de aquí, el camino se convierte en sendero, bastante definido de momento.

Nos tuvimos que parar para deleitar mejor las extraordinarias panorámicas que teníamos a nuestra izquierda, destacando las de la Sierra de Bernia, el Puig Campana y, sobre todo, la costa de Benidorm y su isla varada en el mar, medio oculta por las nubes, sencillamente impresionante.

Al llegar a una zona aterrazada de cultivos, giramos a la derecha para continuar por el borde de ellos.

Es un tramo plano y corto que deja una cueva a la derecha, medio oculta en un paredón al otro lado de los cultivos. Tiene varios compartimentos, pero apenas cabe una persona de pie.

Al llegar a una curva del camino, dejamos los bancales y nos desviamos a la derecha para seguir después de frente por una estrecha senda, entre matorrales y carrascas, por la que hay que caminar atentos para no perderla.

Un giro a la izquierda bastante pronunciado nos lleva a lo alto de la cima, señalizada por un montón de piedras formando un hito, medio oculto por los arbustos. Estamos a 1.118 metros de altura, 23 más que los que tendremos cuando coronemos el vértice geodésico.

Este es un buen ejemplo de que no siempre los vértices geodésicos de las cimas se colocan en su punto más alto, lo importante es que sea su punto con una una buena triangulación respecto a los otros vértices cercanos.

Las vistas desde aquí son espectaculares, sobre todo del Cabeçó d'Or y su característico cuerno, visto por la parte de atrás de como estamos acostumbrados a verlo desde Alicante, que le da un aspecto majestuoso e imponente porque podemos verlo en toda su extensión y así poder descubrir laderas y vertientes ocultas a la vista desde la costa.

Unos metros más adelante del hito, nos hicimos la foto de grupo, que certificaba haber conseguido el primer objetivo.

Costó dejar tan singular mirador, pero había que continuar para alcanzar la otra cima. Volvimos sobre nuestros pasos, pasando nuevamente junto a la cueva y la casa.

Al alcanzar de nuevo el Collado de la Grana, continuando de frente, por una pista que asciende suavemente y pronto se interna en un sombreado y frondoso bosque de pinos.

Al llegar a unos hitos de piedra, nos desviamos a la izquierda para continuar por la senda que sube al vértice geodésico, a tan solo unos 70 metros de altura desde aquí.

Bordeamos por la izquierda el Corral de Banyeruts, construido con piedras, que está en un estado de penosa ruina.

Sorteamos varios muros de rocas, utilizadas en las terrazas, en las que la senda busca el mejor lugar por donde cruzarlo. 

Tras pasar junto a un hito de piedras, alcanzamos el vértice geodésico de la Grana, situado a 1.095 metros de altura y al igual que su otra cima, bastante cubierto de vegetación, sin apenas espacio libre de matorral alrededor del monolito.

Subido a la parte alta, con la ayuda de unos ladrillos, se puede ver, mirando hacia el noreste la Penya de Sella, Aitana e intuir la Serrella en la parte izquierda de ella, y más a la izquierda Els Plans

Hacia el noroeste se divisa el Puig Campana, Ponoig, Sanxet, la Sierra de Orxeta y la costa de Benidorm medio tapada por un árbol. Al sur el Cabeçó 
d'Or y la costa de Alicante y un poco a la derecha la parte alta del Migjorn.

Un poco más abajo, al resguardo de una gran encina, paramos para tomar el tentempié del mediodía en grata conversación.

Tras el descanso, volvimos por donde habíamos venido, el hito de piedras y la casa en ruinas, hace que el sendero no tenga pérdida y además es un trayecto muy corto.

Al llegar de nuevo a la pista, continuamos por la izquierda, en leve descenso, por zona abierta y estupendas vistas, que luego se embosca al pasar junto al Corral de Romia, otra construcción en ruinas, junto a la pista.

Un poco más adelante dejamos la pista en la primera curva que nos encontramos. 

De nuevo amplios claros sin vegetación permiten ver el Puig Campana y su entorno en un tramo plano, con tan solo matojos de hierba creciendo libremente, con apariencia de ser antiguos campos de cultivo en desuso.

Conectamos con otra pista de tierra que seguimos a la izquierda, con estupendas vistas, con lomas y pequeños montículos totalmente verdes por la espesura de la vegetación que lo pueblan, al fondo campos de cultivo en terrazas.

Es una zona de amplias vistas de todo el sistema montañoso cercano a la costa.

Un par de curvas también a la izquierda dan paso al inicio de una bajada, en la que dejamos un bebedero de animales a la izquierda.

El camino está algo erosionado y tiene piedra suelta, por lo que al ser de bajada, hay que ir con cuidado. Este tramo es muy umbrío, rodeado de pinos.

Al llegar a una curva del camino, nos acercamos a la derecha a ver la 
Mas del Nofre, una antigua masía, ahora abandonada a su suerte, pero en la que curiosamente conserva un montón de objetos, utensilios, ropa perfectamente ordenada en un armario y bastante mobiliario.

Es una pena ver cómo todo el patrimonio rural se va perdiendo con los años.

Tras la sorprendente visita, regresamos hacia la pista que traíamos para proseguir el descenso, llegando a un pequeño barranco en el que se encuentra la Font de la Beura, con un enorme recuadro de cemento en donde se recogía el agua de la fuente, pero totalmente seco desde hace tiempo y en un estado lamentable. También tiene un pequeño lavadero adjunto. La zona está invadida por matorral y vegetación baja por lo que nos conformamos con verla a cierta distancia.

Junto a la fuente hay una encina de gran tamaño, desde la que iniciamos una prolongada subida de unos 2 km en la que ascendimos unos 100 metros. La pista atraviesa terrazas de cultivos, en los que abundaban almendros y olivos. La pista da una curva cerrada a la derecha y pasa junto a la Mas de la Surca, un bonito caserío, aparentemente habitado, que tiene un antiguo Land Rover casi de exposición de museo.

Al poco, conectamos con la carretera asfaltada que en descenso nos llevó a los coches. Y fue justo en este tramo donde, como estaba previsto, nos cayeron las tres gotas anunciadas, que no dieron ni para abrir los paraguas, permitiéndonos incluso, cumpliendo a rajatabla el horario prometido, poder comer los bocadillos bajo los pinos que había al lado de los coches, algunos senderistas "premiun" hasta con mesa, sillas, botella de vino, tortillas y otras viandas, mientras que los senderistas "básicos" solo con tristes bocadillos.

Para limar diferencias de estatus, nos fuimos a tomar café al bar Amber de Torremanzanas, pero allí volvimos a comprobar que también en eso hay clases, porque algunos no pudimos resistirnos a tartas de queso, cocas y torteles, mientras otros se conformaron con un triste café.

En resumen: un gran día de montaña, con estupendo clima, impresionantes vistas y una compañía premium, que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

sábado, 18 de abril de 2026

Excursión X565: Alto de San Jaime y Covetes dels Moros desde Bocairente

FICHA TÉCNICA

Inicio: Bocairent
Final: Bocairent
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 17,8 Km
Desnivel [+]: 618 m
Desnivel [--]: 618 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Estupenda ruta con tres partes bien diferenciadas. Comenzamos realizando un recorrido de montaña por la Sierra de Mariola, donde pasaríamos por distintas masías, molino y fuentes del Taular y subida a la Cruz de San Jaime y su vértice geodésico. Este tramo tiene 14 km  de distancia y 500m de desnivel.

En la segunda parte visitamos, por la tarde, les Covetes dels Moros, un conjunto de cavidades o pequeñas estancias excavadas (entre los siglos X y XII) en vertical con ventanas que dan a un acantilado sobre un barranco.

Finalmente, en la tercera parte, realizamos un recorrido urbano por el casco antiguo de Bocairente, una joya medieval en vertical: estrecho, empinado, laberíntico y lleno de rincones excavados en la roca.

Y para contemplar todas estas maravillas, nos reunimos alrededor de la antigua estación de tren de Muro-Cieza en Bocairente, en la que se expone un viejo vagón y maquinaria de la época.

Nos dirigimos, en dirección sur, hacia el polideportivo, por un camino asfaltado rodeado de verdes praderas de cultivos, en los que predominan los almendros y olivos.

En una de las curvas del camino, nos desviamos unos metros a la derecha para conocer la Fuente del Doctor, un manantial que brota de un bancal de la casa que le da nombre, utilizada para el riego de las arquerías de la zona.

En suave pendiente, ascendimos por el camino hasta, unos 600 metros después, desviarnos a la derecha para contemplar la Ermita de San Jaime, construida en el siglo XVI. Sobre la puerta principal hay un retablo de azulejos con la imagen del santo. El interior es una sola nave de estilo gótico abovedada en su exterior de un banco corrido. El entorno que la rodea es de una gran belleza, rodeada de pinos y carrascas. Cerca se encuentran restos de un antiguo horno de cal.

Recuperado el camino, pronto lo dejamos para seguir por una senda que sale a la izquierda, entre pinos y carrascas, que va gabando belleza conforme avanzamos.

Al poco, llegamos a un íntimo rincón que nos sorprendió por su belleza, la Bassa del Canyaret, también conocida como del Paradís o del Reg de la Teula.

El agua llega de un manantial que surge unos pocos de metros más arriba, proveniente de la Fuente del Teular,  y un acueducto lleva el agua de la balsa a las tierras de regadío.

Continuamos siguiendo un sendero, en dirección norte, con excelentes vistas del pueblo. Bordeamos un bonita casa muy grande y ascendimos, poco a poco, entre pinos y carrascas por un bonito sendero que realiza varias zetas para minimizar la fuerte pendiente.

A la izquierda surge el desvío que va a la Cueva de la Sarsa, uno de los yacimientos neolíticos más importantes del Mediterráneo.

Un promontorio rocoso nos ofreció unas panorámicas estupendas del valle y todo su entorno. Alcanzamos una pista, que seguimos hacia la derecha entre pinos y la valla de una finca con olivos.

Cruzamos la pista por la que va el GR-7, el Sendero de Gran Recorrido que une Andorra con el estrecho de Gibraltar, y que nos lo volvemos a encontrar tras internarnos por un camino rodeado de masias.

Al conectar con la pista del GR-7, la seguimos hacia la izquierda, pasamos junto a una casa que ofrecía gratis un montón de viejos objetos, desde cuadros a sillas o cerámica. Más de uno, algo se llevó.

Continuamos hasta la Ermita de Santa Bárbara, construcción es de 1870 y está adosada a una casa de estilo señorial.

Sus alrededores nos hicieron gozar de su impresionante belleza natural, con la fuente del Pla, de agua cristalina acompañada del chopo centenario que la protege.

Aquí se celebra la festividad de la Santa todos los años el primer domingo de diciembre, con misa y almuerzo popular acompañado de una gran hoguera, a la que acude una numerosa representación de vecinos y curiosos.

En tan agradable entorno hicimos la parada para tomar el aperitivo de media mañana y repuestas las fuerzas, continuamos por un sendero que bordea la ermita y sale al encuentro de una pista que seguimos hacia la derecha.

Otro desvío nos lleva por un camino que se dirige hacia la Mas del Teular, previo paso junto a una casa de estilo alpino, que queda a la derecha.

Esta zona dels Teulars es un punto de interés natural, conocido por albergar una fuente y un lavadero, siendo un enclave destacado dentro de la popular "Ruta del Agua" de la localidad. El entorno está algo abandonado y algunas de las casas en incipiente estado de ruina.

Abandonamos el lugar por un estrecho sendero que se dirige, en leve descenso, hacia el Molino del Teular, éste sí, en total ruina. 

Continuamos el descenso hasta la Font del Teular o de San Jaime, una preciosa fuente y pequeño lavadero que aporta caudal de agua a una anexa cascada llena de musgo, conformando así un rincón de gran belleza.

Tocaba ahora subir hasta cruzar la pista que abandonamos al principio y que volvemos a dejar para ascender por un sendero entre pinos y arbustos, con bastante desnivel y que el sol recalentaba en las zonas sin vegetación.

Superada la pendiente, alcanzamos la Cruz de San Jaime, con extraordinarias vistas de toda la comarca al fondo, y más cerca, Bocairente con su destacada torre de la iglesia.

Tras las fotos de rigor, nos acercamos al vértice geodésico que corona el Alto de San Jaime, a apenas 70 metros de la cruz.

Desde él disfrutamos de las vistas panorámicas que abarcan gran parte de la Sierra de Mariola y las comarcas de Vall d’Albaida, la Costera y la Ribera.

Tras un breve descanso para las fotos, descendimos hacia la pista que lleva a las antenas, desde las que iniciamos el descenso hacia la CV-794, pasando junto a casas con huertos y una finca dedicada al entrenamiento de perros.

Bordeamos el albergue rural La Yuca y seguimos un sendero a la derecha, paralelo a la carretera, coincidente con el GR-7.

Al otro lado de la carretera se ve la Mas del Portell y un poco más adelante, cruzamos la carretera para seguir por un sendero que desciende paralelo a la carretera al principio, pero que luego se aparta de ella, pasa junto a la Mas del Sosiego y se interna en el Forat del Gat, un pequeño barranco repleto de vegetación, con predominio de carrascas, y muy sombrío.

En los claros del sendero, vemos cómo nos vamos acercando a Boacairente. Conectamos con una pista que desciende perdiendo pendiente, pasa junto a la Mas del Pou Sec y su fuente, que como era de esperar, estaba completamente seca.

Le sigue la Mas de Terrers con paredes pintadas de color salmón, a continuación la Mas de Las Acacias, con paredes blancas.

El camino pasa junto al polideportivo y acaba junto a la rotonda del Hombre de la Manta, símbolo emblemático de la localidad, forjada en hierro en 1970.

En la terraza del bar que hay en la Rotonda, a la sombra, nos tomamos los bocadillos acompañadas por las ansiadas cervezas y refrescos, porque el sol se hacía notar.

Tras el descanso, iniciamos la segunda parte de la excursión, cruzamos el Puente de San Blai y girando a la derecha buscamos la Ruta Mágica, bonito recorrido que bordea el pueblo por su cara oriental, pasando junto a la Cueva de En Gomar, situada en los cimientos de la muela de Bocairente, llega al Puente de detrás de la Villa (Pont darrere de la Vila).

De allí, fuimos a la entrada de la Cova del Consumer y a continuación a la entrada de la Cava de Sant Blai, que se utilizó como pozo de nieve, como muchos otros encontrados en la Sierra de Mariola. A través de una galería subterránea excavada en la roca se accede al recinto circular donde se almacenaba el hielo. Actualmente, en su interior se exponen 6 paneles ilustrativos con la historia del hielo y la nieve desde sus inicios hasta nuestros días, así como un plano situacional de todos los neveros existentes en la zona.

Al acercarnos a su entrada por una escalera que baja unos metros, sentimos un viento frío que emana de su interior. 2,5 € cuesta la visita, aquí se pueden adquirir las entradas.

Al lado de ella, está situada la caseta de control de entrada a las Covetes dels Moros, donde esperamos al guía que nos llevaría a visitarlas, ya que su acceso por libre está prohibido y lo impide una puerta con candado, aquí se pueden adquirir las entradas, también en la propia caseta, cuesta 4€.

Con él, bajamos unas escaleras, cruzamos el barranco del río Clariano, por un puente de madera, y subimos hasta situarnos junto a las escaleras que suben a la primera de las ventanas que conforman las Covetes.

Allí el guía nos reiteró a todo el grupo las normas básicas a seguir en la visita. 

Se resumen en que el acceso no es apto para personas con claustrofobia o vértigo, tampoco para mujeres embarazadas, bebés (0-3 años), personas con prótesis de rodillas o de cadera. No está permitido el acceso con mascotas. Se requiere de cierto esfuerzo físico para el desarrollo de la visita. Entre un 70%-80% de la visita se realiza "gateando". Está prohibido acceder con sandalias, solo con calzado cerrado y atado. Tampoco se puede entrar con bolsos, bolsas, mochilas ni riñoneras.

Por razones de espacio, cada visita tiene un aforo máximo de 15 personas, sumando adultos y menores de 12 años. Menores de 16 años deben ir acompañados de al menos un adulto. La visita guiada tiene aproximadamente 1h de duración.

Consta de unas cincuenta ventanas, que dan acceso a otros tantas cámaras, así como de 9 ventanas más, que tan sólo están iniciadas e inacabadas. De ellas se visitan unas 20. Las ventanas se disponen en 3 - 4 niveles pero sin formar «pisos» regulares.

Es muy probable que la gran mayoría de estas cámaras fueran concebidas para estar aisladas, al menos en un principio, ya que todas tienen argollas de anclaje para las cuerdas y dispositivos para empotrar puertas –marcos, surcos…–, pero en la actualidad están todas intercomunicadas por roturas en las paredes (que también parecen antiguas), así como por «pozos-chimeneas» para salvar los desniveles.

Posteriormente se ha instalado una escalera metálica por donde se entra con comodidad. Pero con anterioridad se accedía dificultosamente ayudándose de una serie de muescas en la pared, tipo «pedal».

Las cámaras, casi todas de planta aproximadamente rectangular y variables en cuanto a medidas (2,5×3 m. y 2,5x 4 m., como a media), no presentan silos ni elementos destacables, y solamente unas cuantas tienen depósitos o compartimientos abiertos.

Las interpretaciones de estas cavidades han sido muy diversas, a través del tiempo, (cámaras sepulcrales de épocas antiguas, graneros, cenobios visigóticos…) y difíciles de datar, por falta de materiales arqueológicos, inscripciones u otros datos.

Después de diversas prospecciones arqueológicas llevadas a cabo por el Museo Arqueológico d’ Ontinyent – la Vall d’Albaida (MAOVA), aún no completadas, se puede asegurar de que se trataba de graneros-almacenes de seguridad, realizados en época andalusí (hispano-árabe), que servirían a determinadas comunidades campesinas de las proximidades, muy probablemente de ascendencia bereber. Parece que es un modelo de granero trasladado del norte de África (los tazaghin del alto Atlas, por ejemplo).

Hipotéticamente, su funcionamiento debería ser remotamente parecido al de un almacén colectivo bereber o agadir, al menos para el grupo mayor de les Covetes dels Moros.

Corresponderían a un momento muy preciso –aún por determinar con exactitud–, probablemente entre los siglos X- XI.

Tras la estupenda experiencia,
regresamos a la caseta de acceso para acometer la tercera parte de la excursión, un recorrido por el pueblo, que iniciamos bordeando la cara occidental del pueblo, con impresionantes vistas de la Ermita del Santo Cristo, su escalinata del vía crucis y del puente del mismo nombre, construido en piedra con un arco único ojival.

Entramos a la Plaza del Ayuntamiento, donde nos tomamos unos estupendos granizados en la terraza del Bar Chimo. Tras el descanso, nos internamos en el antiguo barrio medieval, que ocupa la parte alta del cerro donde se asienta la localidad. Lo constituye un entramado de calles empinadas, retorcidas y escalonadas que se adaptan un terreno con fuertes desniveles en la conexión de la cima del cerro con la ladera.

Pasamos junto a la iglesia de la Asunción, la plaza de San Vicente, varias fuentes y preciosas calles adornada de flores y varias ermitas. También merece una visita el Monasterio Rupestre, de mediados del siglo XVI, un antiguo convento subterráneo de monjas de clausura. Se excavó en la roca, y ocupa una superficie de 48 m² al que se superponen dos conventos de construcción posterior.

Volvimos a cruzar el Puente de San Blai en busca de los coches, dando así por finalizada esta estupenda ruta que bien merece 5 estrellas.
Paco Nieto