lunes, 27 de abril de 2026

Excursión X567: Cabeba Líjar y Cerro de los Álamos

FICHA TÉCNICA

Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,9 Km
Desnivel [+]: 576 m
Desnivel [--]: 576 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 8

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Ruta circular desde el Alto del León con historia, magníficas panorámicas y densos pinares por la Sierra de Guadarrama.

La mañana comenzó en el Alto del León o Puerto de Guadarrama, donde nos reunimos los ocho participantes que íbamos a compartir esta jornada de senderismo por uno de los rincones más interesantes de la Sierra de Guadarrama

Tras los saludos de rigor y los preparativos habituales, echamos a andar por la antigua carretera de Peguerinos, disfrutando desde el primer momento del ambiente serrano y de un cielo adornado con nubes blancas y una temperatura ideal para caminar.

Poco después pasamos junto a las antenas del Ejército del Aire y por varias cruces que anuncian la riqueza histórica de esta zona.

Llegados a un portón, nos desviamos a la derecha para continuar por el GR-10, iniciando una subida progresiva hacia La Cerca.

Durante este tramo nos acercamos al conocido Árbol de los Mil Abrazos, una visita que nos impactó. Aquel ejemplar tan querido por senderistas y montañeros se encuentra ya seco, partido y caído sobre el terreno, una imagen que nos llenó de tristeza al comprobar el paso inexorable del tiempo sobre uno de los árboles más emblemáticos de la sierra, curtido en mil batallas contra el viento y la nieve de tantos duros inviernos a los que sobrevivió hasta este año.

Continuamos hasta el Cerro Piñonero, donde abandonamos momentáneamente el itinerario principal para visitar el llamado Búnker de la Gamonosa, utilizado como observatorio durante la Guerra Civil. Su peculiar aspecto, con una escotilla que recuerda la de un submarino, despertó la curiosidad de todos los participantes. Es una pena que hayan quitado la escalera interior que accedía a la escotilla. 

Tras la visita, retomamos el GR-10 en dirección al Collado de la Gasca, al que llegamos tras un agradable descenso.

El plan inicial consistía en continuar por la carretera de Peguerinos para evitar la subida a Cabeza de Líjar. Sin embargo, varios participantes propusieron ampliar la ruta y acercarnos hasta esta emblemática cumbre.

La sugerencia fue bien recibida y, siguiendo nuevamente el GR-10, ascendimos hasta los 1.823 metros que alcanza Cabeza de Líjar, coronada por su característico mirador circular y un vértice geodésico. Las amplias vistas sobre la Sierra de Guadarrama y las tierras de Ávila y Segovia justificaron sobradamente el esfuerzo adicional. Allí realizamos las tradicionales fotografías de grupo antes de iniciar el descenso.

Bajamos hacia el Collado de la Mina, también conocido como Collado de la Cierva, no sin antes detenernos en el búnker situado bajo la plataforma del mirador. Una vez que nos tomamos un tentempié en el collado, nos acercamos a contemplar la antigua mina de wolframio (tungsteno), vestigio de una actividad minera que tuvo gran importancia durante el siglo pasado. Consta de una pequeña explotación a cielo abierto y un complejo de galerías subterráneas, normalmente encharcadas, con un desarrollo total de unos 248 metros.

Desde allí continuamos hacia el sur por una preciosa senda entre pinos. En este tramo Carlos se aventuró a buscar una fuente que figuraba en sus referencias, aunque finalmente no consiguió localizarla. El camino nos condujo hasta Matalachina y posteriormente descendimos por una serie de pronunciadas zetas que facilitaron la bajada. Aún así, la pendiente exigió atención y esfuerzo hasta alcanzar la loma del Cerro del Cebo.

Ya orientados hacia el norte, atravesamos el entorno del arroyo de los Álamos Blancos y, tras una fuerte subida, nos desviamos para visitar los fortines del Cerro de los Álamos Blancos. Allí pudimos observar diversos restos defensivos de la Guerra Civil, entre ellos nidos de ametralladoras y otras fortificaciones que evocan un pasado que todavía permanece muy presente en estas montañas.

La ruta continuó hacia el norte, hasta alcanzar uno de los lugares más bellos de la jornada: el Pino Albar y la fuente con pilón de la Pinosilla.

Este magnífico ejemplar, catalogado como árbol singular número 143 de la Comunidad de Madrid, destaca tanto por su porte como por el agradable entorno que lo rodea. 

Ha soportado más de 200 años de incendios, rayos, plagas y hachazos. Es uno de los Pinus sylvestris más viejos de Madrid, mide 21 metros de alto, tiene 22 metros de diámetro de copa y 3,85 de perímetro en la base del tronco, lo que no está nada mal para un individuo de esta estilizada especie. Para rodearlo necesitamos los brazos de tres de nosotros. Pero más que su edad o su tamaño, nos maravilló su emplazamiento: una recóndita pradera situada a 1.460 metros de altura en la solana de Cabeza Líjar.

Prosiguiendo nuestro recorrido, atravesamos la pradera del Asiento del Roble y descendimos hasta el arroyo de la Chorrea. Desde allí afrontamos una subida sostenida que nos llevó hasta el conocido Camino del Vía Crucis, por la que fue la carretera de Peguerinos, hoy día convertida en pista forestal. Conserva numerosas cruces distribuidas a ambos lados del recorrido; algunas permanecen erguidas mientras que otras aparecen caídas o deterioradas por el paso de los años.

Alcanzamos la Fuente de las Hondillas, donde hicimos una nueva parada para descansar y realizar algunas fotografías en tan bello paraje.

Después continuamos observando más cruces y un último búnker situado ya muy cerca del Alto del León.

Finalmente regresamos al punto de partida tras una jornada completa en la que combinamos naturaleza, historia, patrimonio y magníficos paisajes serranos. Como no podía ser de otra manera, pusimos el broche final compartiendo una agradable comida en el restaurante Alto del León, comentando las anécdotas del día y recordando los mejores momentos de una ruta que, sin duda, dejó un magnífico sabor de boca a todos los participantes.

Le otorgo 4,5 estrella a esta ruta.
Paco Nieto

sábado, 25 de abril de 2026

Excursión X566: Sierra de la Grana

FICHA TÉCNICA

Inicio: Torremanzanas
Final: Torremanzanas
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,9 Km
Desnivel [+]: 454 m
Desnivel [--]: 454 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Ruta por la desconocida Sierra de la Grana, cadena de montañas que está enclavada entre la población de Torremanzanas y la imponente y piramidal Cabeçó d'Or.

Pasa desapercibida por tratarse de una sierra modesta, comparada con las de las zonas circundantes, como Aitana, Cabeçó d'Or, Puig Campana, Maigmó, Mijgorn, etc., a pesar de alcanzar más de mil metros sobre el nivel del mar.

Ni siquiera se ha señalizado con los típicos postes informativos o marcas tipo PR, aunque no tiene pérdida porque discurre gran parte de su recorrido por caminos amplios o pistas fácil de seguir.

Durante el trayecto nos estuvo lloviendo, por ratos con fuerza, lo que hizo que alguno se diera de baja de la ruta, al no fiarse del pronóstico que el día anterior hice "mañana vamos a tener un estupendo día para caminar y, si acaso, al final de la ruta, puede que nos caigan 3 gotas", y eso exactamente es lo que ocurrió.

Al llegar a Torremazanas dejó milagrosamente de llover, disfrutando de un día estupendo y, a falta de pocos metros para terminar, nos cayeron 3 gotas, no 4, y solo durante un par de minutos. Así es que todos contentos.

El punto de encuentro lo situamos cerca de un cruce de la CV-782, carretera que une Torremanzanas con Relleu, a unos 125 m del Port del Collado, en un desvío que sale a la derecha, cerca del punto kilométrico 3. Aquí las coordenadas. En este cruce de caminos hay sitio para dejar varios coches, aprovechando los ensanches de la carretera.

Iniciamos la ruta por la pista de tierra que sale a la derecha, la carretera asfaltada de la izquierda sería la de regreso para finalizar la ruta. Echamos a andar por la pista, que con suave pendiente remonta la loma, unos 130 metros en poco más de un kilómetro, entre pinos, justo por la zona en la que hubo un incendio en el 2012, perceptible solo por pequeñas franjas negras dentro del verde bosque. A nuestra derecha, disfrutamos de las vistas hacia Els Plans, por las que caminé hace tres años en esta ruta.

Pronto alcanzamos una zona en la que la pista realiza unas zetas para minimizar la pendiente.

El cielo nublado y las hojas, si cabe más verdes de lo normal por efecto de la lluvia caída hace unas horas, daban un aspecto mágico y bucólico al paisaje, casi irreal, bajo una luz suave y difusa.

Superado un collado, descendimos lentamente hacia la Mas Cortés de Dalt, con su monumental olmo a pie de pista. El alargado caserío está habitado y en buen estado. A nuestra izquierda tuvimos una bonita panorámica de Aitana y la Penya de Sella.

Continuamos el descenso cruzando campos de cultivo y una cadena en el camino, para impedir el tránsito de coches, hasta alcanzar el Racó de Cortés, un collado desde el que comenzamos de nuevo a ascender, trazando un par de curvas en dirección suroeste.

El paisaje que divisamos era más propio de zonas del norte como Asturias o Cantabria que del, muchas veces seco, levante. El contraste con las áridas sierras que nos podemos encontrar, apenas que nos desplacemos unos kilómetros, es tremendo.

Al alcanzar el Collado de la Grana, dejamos la pista para seguir, a la derecha, un camino bastante definido y con estupendas vistas que va ganando altura lentamente.

A pocos metros, a la derecha, se encuentra un pino monumental, con un tronco inabarcable por una sola persona.

Un poco más adelante, pasamos junto a una casa cerrada, aunque no parece estar abandonada. La bordeamos y a partir de aquí, el camino se convierte en sendero, bastante definido de momento.

Nos tuvimos que parar para deleitar mejor las extraordinarias panorámicas que teníamos a nuestra izquierda, destacando las de la Sierra de Bernia, el Puig Campana y, sobre todo, la costa de Benidorm y su isla varada en el mar, medio oculta por las nubes, sencillamente impresionante.

Al llegar a una zona aterrazada de cultivos, giramos a la derecha para continuar por el borde de ellos.

Es un tramo plano y corto que deja una cueva a la derecha, medio oculta en un paredón al otro lado de los cultivos. Tiene varios compartimentos, pero apenas cabe una persona de pie.

Al llegar a una curva del camino, dejamos los bancales y nos desviamos a la derecha para seguir después de frente por una estrecha senda, entre matorrales y carrascas, por la que hay que caminar atentos para no perderla.

Un giro a la izquierda bastante pronunciado nos lleva a lo alto de la cima, señalizada por un montón de piedras formando un hito, medio oculto por los arbustos. Estamos a 1.118 metros de altura, 23 más que los que tendremos cuando coronemos el vértice geodésico.

Este es un buen ejemplo de que no siempre los vértices geodésicos de las cimas se colocan en su punto más alto, lo importante es que sea su punto con una una buena triangulación respecto a los otros vértices cercanos.

Las vistas desde aquí son espectaculares, sobre todo del Cabeçó d'Or y su característico cuerno, visto por la parte de atrás de como estamos acostumbrados a verlo desde Alicante, que le da un aspecto majestuoso e imponente porque podemos verlo en toda su extensión y así poder descubrir laderas y vertientes ocultas a la vista desde la costa.

Unos metros más adelante del hito, nos hicimos la foto de grupo, que certificaba haber conseguido el primer objetivo.

Costó dejar tan singular mirador, pero había que continuar para alcanzar la otra cima. Volvimos sobre nuestros pasos, pasando nuevamente junto a la cueva y la casa.

Al alcanzar de nuevo el Collado de la Grana, continuando de frente, por una pista que asciende suavemente y pronto se interna en un sombreado y frondoso bosque de pinos.

Al llegar a unos hitos de piedra, nos desviamos a la izquierda para continuar por la senda que sube al vértice geodésico, a tan solo unos 70 metros de altura desde aquí.

Bordeamos por la izquierda el Corral de Banyeruts, construido con piedras, que está en un estado de penosa ruina.

Sorteamos varios muros de rocas, utilizadas en las terrazas, en las que la senda busca el mejor lugar por donde cruzarlo. 

Tras pasar junto a un hito de piedras, alcanzamos el vértice geodésico de la Grana, situado a 1.095 metros de altura y al igual que su otra cima, bastante cubierto de vegetación, sin apenas espacio libre de matorral alrededor del monolito.

Subido a la parte alta, con la ayuda de unos ladrillos, se puede ver, mirando hacia el noreste la Penya de Sella, Aitana e intuir la Serrella en la parte izquierda de ella, y más a la izquierda Els Plans

Hacia el noroeste se divisa el Puig Campana, Ponoig, Sanxet, la Sierra de Orxeta y la costa de Benidorm medio tapada por un árbol. Al sur el Cabeçó 
d'Or y la costa de Alicante y un poco a la derecha la parte alta del Migjorn.

Un poco más abajo, al resguardo de una gran encina, paramos para tomar el tentempié del mediodía en grata conversación.

Tras el descanso, volvimos por donde habíamos venido, el hito de piedras y la casa en ruinas, hace que el sendero no tenga pérdida y además es un trayecto muy corto.

Al llegar de nuevo a la pista, continuamos por la izquierda, en leve descenso, por zona abierta y estupendas vistas, que luego se embosca al pasar junto al Corral de Romia, otra construcción en ruinas, junto a la pista.

Un poco más adelante dejamos la pista en la primera curva que nos encontramos. 

De nuevo amplios claros sin vegetación permiten ver el Puig Campana y su entorno en un tramo plano, con tan solo matojos de hierba creciendo libremente, con apariencia de ser antiguos campos de cultivo en desuso.

Conectamos con otra pista de tierra que seguimos a la izquierda, con estupendas vistas, con lomas y pequeños montículos totalmente verdes por la espesura de la vegetación que lo pueblan, al fondo campos de cultivo en terrazas.

Es una zona de amplias vistas de todo el sistema montañoso cercano a la costa.

Un par de curvas también a la izquierda dan paso al inicio de una bajada, en la que dejamos un bebedero de animales a la izquierda.

El camino está algo erosionado y tiene piedra suelta, por lo que al ser de bajada, hay que ir con cuidado. Este tramo es muy umbrío, rodeado de pinos.

Al llegar a una curva del camino, nos acercamos a la derecha a ver la 
Mas del Nofre, una antigua masía, ahora abandonada a su suerte, pero en la que curiosamente conserva un montón de objetos, utensilios, ropa perfectamente ordenada en un armario y bastante mobiliario.

Es una pena ver cómo todo el patrimonio rural se va perdiendo con los años.

Tras la sorprendente visita, regresamos hacia la pista que traíamos para proseguir el descenso, llegando a un pequeño barranco en el que se encuentra la Font de la Beura, con un enorme recuadro de cemento en donde se recogía el agua de la fuente, pero totalmente seco desde hace tiempo y en un estado lamentable. También tiene un pequeño lavadero adjunto. La zona está invadida por matorral y vegetación baja por lo que nos conformamos con verla a cierta distancia.

Junto a la fuente hay una encina de gran tamaño, desde la que iniciamos una prolongada subida de unos 2 km en la que ascendimos unos 100 metros. La pista atraviesa terrazas de cultivos, en los que abundaban almendros y olivos. La pista da una curva cerrada a la derecha y pasa junto a la Mas de la Surca, un bonito caserío, aparentemente habitado, que tiene un antiguo Land Rover casi de exposición de museo.

Al poco, conectamos con la carretera asfaltada que en descenso nos llevó a los coches. Y fue justo en este tramo donde, como estaba previsto, nos cayeron las tres gotas anunciadas, que no dieron ni para abrir los paraguas, permitiéndonos incluso, cumpliendo a rajatabla el horario prometido, poder comer los bocadillos bajo los pinos que había al lado de los coches, algunos senderistas "premiun" hasta con mesa, sillas, botella de vino, tortillas y otras viandas, mientras que los senderistas "básicos" solo con tristes bocadillos.

Para limar diferencias de estatus, nos fuimos a tomar café al bar Amber de Torremanzanas, pero allí volvimos a comprobar que también en eso hay clases, porque algunos no pudimos resistirnos a tartas de queso, cocas y torteles, mientras otros se conformaron con un triste café.

En resumen: un gran día de montaña, con estupendo clima, impresionantes vistas y una compañía premium, que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS