lunes, 16 de marzo de 2026

Excursión X559: El Dinosaurio y embalse de la Maliciosa desde la Barranca

FICHA TÉCNICA

Inicio: La Barranca
Final: La Barranca
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9 Km
Desnivel [+]: 574 m
Desnivel [--]: 574 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Después de pedirle a Paco Nieto que convocara ruta aunque él no estuviera y temerme que iba a estar sola, ¡¡¡sorpresa!!! nos apuntamos 7, ¡genial!. En esta ruta vamos a subir a volvernos a encontrar con el Dinosaurio de La Maliciosa, que hace mucho que no le vemos. 

Como atractivo adicional de la ruta, durante el recorrido veremos muchas formaciones rocosas peculiares, algunas con nombre y otras que quedan a la imaginación de cada uno. También veremos varios embalses, y la imponente Maliciosa nos acompañará gran parte del recorrido.

Iniciamos la ruta desde el aparcamiento de La Barranca, donde nos reunimos a las 10h los siete. Nos dirigimos al acceso del embalse del Pueblo de Navacerrada por una puerta metálica. El embalse estaba rebosando gran cantidad de agua, que caía con estruendo por la parte central de la presa.

Salimos del muro del embalse por la puerta del otro extremo y tomamos la senda que sale por nuestra derecha tan solo cruzar dicha puerta. Empezamos el recorrido por una cómoda senda, un poco cerrada en alguna ocasión, pero bastante reconocible.

Vadeamos un pequeño arroyo y pronto nos encontramos con la primera formación rocosa singular, llamada El Perro, por su parecido a un perro pachón.

Seguimos por una senda entre jaras y escobas, que nos lleva a la parte baja de El Dromedario, por clara alusión de su forma con este animal,  y lo rodeamos hasta acceder a su parte alta. Encaramada entre las rocas había una cabra atenta a nuestros movimientos.

Continuamos ascendiendo y nos encontramos con un cruce de sendas y lo que a mi me parecía un Dragón durmiendo, a poco de alcanzar la Cuerda de los Almorchones.

Quisimos cruzar la cuerda por un sitio lleno de jaras y matorral, pero fue imposible y nos volvimos para seguir la senda que desciende al fondo del barranco del arroyo Peña Jardinera, que cruzamos para continuar hacia la izquierda, por la senda que sube a La Maliciosa.

Abandonamos esta senda tras unos 300 metros, en una intersección a la derecha, señalizada por dos grandes hitos. Continuamos por un sendero muy reconocible con fuerte pendiente, rodeado de vegetación y magníficas vistas.

Superamos en su parte final una zona rocosa, que nos obliga a pequeñas trepadas, que nos llevan a los pies del Dinosaurio, un prodigio de la caprichosa naturaleza que ha moldeado con destreza y sin faltarle un detalle esta impresionante formación rocosa muy reconocible con forma de Tiranosaurio Rex. Nos hicimos un montón de fotos con este fondo tan espectacular.

Continuamos descendiendo por el Cordal de Los Asientos. A cada paso nos encontramos más rocas con formas curiosas según la imaginación de cada uno, como un Caracol, unas Torres, una Maza y el famoso Tiburón, que a punto estuvo de engullir a Jorge M.

Terminando el cordal y en un collado, antes de alcanzar el Pico Jarator, nos desviamos a la derecha siguiendo una senda en bajada, rodeados de jaras, hasta llegar a la puerta de acceso al embalse de La Maliciosa.

Contemplamos el embalse, que estaba lleno, como nunca lo había visto y nos dirigimos al Collado de Majaespino, continuando por la pista que desciende paralela al arroyo de la Peña Jardinera, que es el que, aguas arriba, abastece al Embalse de la Maliciosa.

Unos metros más adelante y a la izquierda del camino, nos encontramos con la fuente de la Beceilla, de la que manaba un buen chorro de agua.

Llegamos al cruce con el río Navacerrada, que cruzamos por un puente y giramos a la derecha para subir por la pista del Camino de los Almorchones, con estupendas vistas de la Bola del Mundo aún con nieve, y que nos llevó de nuevo al aparcamiento de La Barranca, donde teníamos los coches.

Ruta fácil, con la única pequeña dificultad de las trepadas antes del Dinosaurio, pero que son muy poca cosa en comparación con lo que disfrutamos de todo el recorrido.

Terminamos comiendo en Navacerrada, en el restaurante El Segoviano, donde Carlos R nos invitó a las cervezas y los vinitos, muchas gracias amigo.

Por todo lo vivido, a esta ruta le otorgo 4 estrellas.
Pepa Santos

lunes, 9 de marzo de 2026

Excursión X558: Parque de la Cabilda, Monte Ejido y Dehesas de Hoyo de Manzanares

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,2 Km
Desnivel [+]: 137 m
Desnivel [--]: 137 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable:
Valoración: 4
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Quedamos en Hoyo de Manzanares con la intención de recorrer el Parque y Yacimiento Arqueológico de la Cabilda y después la ribera del arroyo de Manina. El cielo estaba muy nublado y había amenaza de lluvia.

Salimos de la cuadrangular y amplia Plaza Mayor, frete a la que fue su iglesia, hoy reconvertida en el Teatro Las Cigüeñas.

Cruzamos la plaza, que estaba en obras, hasta salir por detrás, donde se encuentra la fuente del Caño, que fue construida en 1845 íntegramente en granito, se compone de un pilón de planta oval, ejecutado con excepcionales piezas de gran porte, que recoge el agua, y en el centro una columna cuadrangular rematada por un piramidión, que se eleva hasta casi los dos metros de altura. De esta columna surgen dos caños de bronce en los lados más estrechos del pilón.

Continuamos en dirección al camino de Manzanares, dejando el polideportivo a nuestra izquierda, pasamos junto a un parque con zona de juegos para niños y, más arriba, junto a la entrada de La Colonia Vindel, una zona residencial de veraneo proyectada, a mediados de los años 40 por Marcelo Usera, caracterizada por chalets construidos con granito y ladrillo.

Seguimos hacia el Instituto Francisco Ayala, y al rebasarlo, giramos a la derecha para adentrarnos en el Parque de la Cabilda, por el que paseamos, primero yendo a ver un un alcornoque seco, a la izquierda, y después, a la derecha, el Yacimiento arqueológico de La Cabilda.

En los años 90 del siglo XX se descubrió este yacimiento y en el año 2005 se iniciaron los primeros trabajos en la zona con motivo de la ampliación del cementerio.

En consecuencia, se anunció el descubrimiento de restos arqueológicos correspondientes a una necrópolis visigoda y una serie de restos tardorromanos, con lo que los orígenes del poblamiento en la zona se remontarían desde la Edad Antigua, siglo VII, hasta la Edad Media, siglo XIII, entre seis y siete siglos anterior a lo que se pensaba.

Elementos significativos son veintitrés construcciones, una piedra de molino, un lingote de hierro, varias fusayolas, dos tumbas trabajadas en un bolo granítico (este sin datación por falta de contexto), cerámica, un pendiente de aleación de plata y cobre, un chatón de anillo con una inscripción en latín y un ponderal.

Desde el año 2014 se realiza de forma anual una excavación arqueológica abierta al público.

En ella se ofrece la posibilidad de participar como voluntario en la misma a todo aquél que esté interesado, se realizan también visitas guiadas, jornadas de puertas abiertas, conferencias, exposiciones y talleres permitiendo la participación activa de la sociedad en el conocimiento, conservación y protección del patrimonio histórico y natural.

Continuamos por el área recreativa anexa, donde hay una fuente, columpios y mesas, con la intención de salir a la zona conocida como El Hórreo, pero un muro con alambrada cerca todo el área, por lo que tuvimos que salir por la parte norte del parque, donde se encuentra la urbanización de Navagrande, donde contemplamos la fantasmagórica construcción inacabada que se encuentra al oeste de la misma.

Al otro lado de una alambrada, se nos acercó una manada de jabalíes esperando que les diésemos algo de comer, Se ve que están habituados a que los vecinos les lleven comida, porque no es la primera vez que los veo ahí.

En esta ocasión nos regalaron una tierna imagen de una jabalí amamantado a dos pequeños jabatos.

Tras recorrer unos 500 metros de pista de tierra, llegamos a la cantera granito rosa Juan Señora, ya abandonada, que se ha convertido en un pequeño estanque de agua en el que se reflejan las rocas de su entorno.

Es uno de los numerosos testimonios del importante pasado cantero de este municipio.

A su lado, se extiende una alargada cantera en forma de raja, de unos 400 metros de longitud, que nos acercamos a conocer, aprovechando un roto en la valla que la rodea. Ahora está inundada de agua en su mayor parte. 

Tras rodearla, recorrimos un buen tramo del Monte Ejido, el mayor de los montes públicos hoyenses, con 167,07 hectáreas, de las cuales 159,60 son públicas. 

Está cubierto de enebros, encinas y algún que otro alcornoque entre la vegetación. Pasamos junto a la tapia de la Academia del Arma de Ingenieros.

Fue inaugurada en 1948 y ocupa una superficie aproximada de 84 hectáreas. Limita al norte y al este con el campo de tiro y maniobras de El Palancar.

Junto a unas rocas de la zona de El Hórreo paramos a tomar el aperitivo de media mañana, un poco antes de lo habitual.

Tras el descanso echamos a andar de nuevo justo en el momento que una ligera llovizna nos obligó a sacar paraguas y ropa impermeable por un breve tiempo.

Cruzamos la carretera M-619, que va a Colmenar Viejo, y por una senda ascendimos al Cerro Camorrillo, giramos a la izquierda para seguir por una preciosa senda que desciende junto a un muro lleno de musgo y rodeada de encinas hasta dar con Cordel de Cerrastillero, donde giramos a la derecha, justo donde nace el arroyo de Valgrande. Antes se podía seguir sin girar, pero ahora una valla lo impide.

Continuamos hacia la izquierda, paralelos al incipiente arroyo. La idea inicial era seguir desde aquí rectos en busca del arroyo de Manina, pero el tiempo empleado en recorrer el Monte Ejido hizo que fuera imposible acometer este tramo si queríamos llegar puntuales al restaurante donde habíamos reservado. Por ello, nos desviamos a la derecha, por un estrecho sendero que sube a una loma en la que había muchas madrigueras de conejos.

Desde aquí descendimos al encuentro de una pista, pasando junto a una pequeña lagunilla en Cerro Plata, que conecta con la pista de los Campamentos a Las Colinas.

Un poco más adelante, nos topamos con un nutrido rebaño de cabras, dirigidas por un pastor y su perro. Nos dijo que había unas 600.

Algunas tenían tan grandes las tetas que les llegaban al suelo y caminaban con dificultad, otras estaban preñadas y la mayoría eran jóvenes y muy ágiles, se subían con facilidad a las rocas cercanas a la pista.

Más adelante me desvié a la izquierda para fotografiar el pilón de Navalvillar, que estaba a rebosar. La pista llega a la Casa de Navalvillar, cruza el arroyo Valdelasviñas y, en ligero ascenso, pasa junto a la Casa Mina Vallelaza y gira a la derecha.

Continuamos el ascenso por la pista, hasta dejarla al alcanzar un colladito, siguiendo por una senda que sale a la izquierda. Pasamos junto al Cerro de Trofa y continuamos por el Camino del Prado, que estaba algo encharcado, hasta llegar al puente Molineros. Construido con alargados bloques de granito, salva un arroyuelo que llevaba más agua de lo habitual.

Continuamos por la Calle Madrid y la carretera de Torrelodones (M-608) hasta el restaurante El Cerrillo, donde degustamos un estupendo menú, dando así por terminada esta bonita ruta, que bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 2 de marzo de 2026

Excursión X557: Chorrera de la Jarosa y Bosque Plateado

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Jarosa. Guadarrama
Final: La Jarosa. Guadarrama
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 11,7 Km
Desnivel [+]: 372 m
Desnivel [--]: 372 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Nos reunimos en el aparcamiento de La Jarosa, el primero que se encuentra uno nada más llegar al muro de contención de la presa del embalse con el mismo nombre. El cielo estaba muy nublado, pero no había riesgo de lluvia.

Echamos a andar en dirección norte, junto al dique de la presa, que desde finales de los años 60, anegó el pequeño valle que le da nombre. A partir de este punto La Jarosa tiene aspecto de lago de montaña y regala atractivas panorámicas.

Al alcanzar la esquina continuamos de frente, por la amplia pista, rodeada de pinos, producto de varias reforestaciones de la zona, que en la época de la Guerra Civil era un terreno desforestado, esto explica la presencia de numerosos restos de esa época en forma de trincheras, fortines y búnker. La situación estratégica de Guadarrama, al pie del Alto del León y su cercanía a Madrid, hizo de esta zona la línea del frente en la Guerra Civil.

Tanto el ejército Nacional, llegando del norte, como el Republicano llegando desde Madrid, convergieron en esta zona. El resultado fue una guerra de trincheras, con posiciones que se movieron muy poco durante el conflicto.

Rodeamos el Cerro de la Viña por su vertiente este y, tras una curva a la izquierda, llegamos a un cruce de caminos en el que confluyen cinco posibles senderos.

Continuamos por el que, en dirección noroeste se conoce como Vereda del Agua, cuyo trazado transcurre junto a una de las numerosas canalizaciones, con restos aún visibles, que se tendieron desde estos montes para facilitarle el suministro de agua a Guadarrama, antes de la construcción del embalse. En las alcantarillas de la canalización se lee: REGIONES DEVASTADAS AÑO 1954.

La vereda, bastante plana, tiene unas estupendas vistas del arroyo de la Jarosa, que desciende por un pequeño cañón dando brincos entre las rocas a bastantes metros más abajo de donde estamos, rodea unos riscos y, al poco, la dejamos para seguir una bonita senda, que nos sale a la izquierda, con tendencia hacia abajo, que nos lleva a un precioso rincón, la unión del arroyo de la Chorrera con el arroyo de de los Álamos Blancos, origen del arroyo de la Jarosa.

Cruzamos ambos arroyos a pocos metros de su unión y descendimos hacia la izquierda para contemplar, unos metros más abajo, entre la vegetación, escondida entre grandes losas de granito, una atronadora caída de agua de unos 4 metros de altura, es la llamada Chorrera de la Jarosa, de gran belleza y que llevaba mucha agua, tras las lluvias pasadas.

Una vez fotografiada desde todos los ángulos posibles, retrocedimos a la zona alta de la cascada y regresamos sobre nuestros pasos a la senda que habíamos dejado, pasando por un caserón en ruinas, antigua vivienda de los resineros que explotaban antaño estos pinos.

A los pocos metros, alcanzamos un puente sobre el arroyo de la Chorrera, y enfrente, con gran ornamento, la fuente del Horcajo, en la pradera del mismo nombre.

Proseguimos por la pista que lentamente asciende entre frondosos pinos y cruza el arroyo de los Álamos Blancos, cuyo nacimiento lo tiene precisamente en la vertiente noreste del Cerro de los Álamos Blancos, de ahí su nombre.

Continuamos hasta el siguiente cruce de caminos, donde un compañero se desvió por el sendero que sale a la izquierda, para así ahorrarse la larga subida por la que el resto continuamos.

La pista realiza cuatro amplias curvas, alcanza un colladito y llega de nuevo al arroyo de los Álamos Blancos, que cruzamos por un puente. Desde aquí iniciamos un ligero descenso hasta alcanzar la Loma de Cerro del Cebo, con estupendas vistas del entorno.

Aquí abandonamos la pista para seguir, por la izquierda, un estrecho sendero, entre jaras y pinos, que desciende hasta una bonita pradera.

Le sigue un bosque con muchos pinos caídos, algunos medio secos, pero otros arrancados de cuajo tras las últimas borrascas con sus fuertes vientos. El paisaje era desolador. Nos preguntamos si alguien se ocuparía de recogerlos. Nos tememos que no.

Cruzamos el arroyo del Picazuelo, para descender, con suave pendiente, hasta alcanzar una pista de tierra donde nos esperaba nuestro compañero. Aprovechamos el encuentro para hacer una pausa y tomarnos el tentempié de media mañana.

Tras el descanso, descendimos todos juntos hasta llegar al Cerro de los Hornillos. Desde allí, ya todo fue bajada, primero por una pista en agradable paseo, que al llegar al arroyo de la Calle de los Álamos, ganó en belleza al descender paralelos al crecido arroyo, disfrutando del canturreo de sus saltarinas aguas y del frondoso bosque de pinos que da sombra al recorrido.

Finalmente, alcanzamos la pista que a los pocos metros nos llevó al Área Recreativa La Jarosa II. Pasamos junto al reformado chiringuito, que ha quedado muy mejorado. Cruzamos la carretera que bordea el embalse, y por una puerta de pescadores en el vallado, entramos a la verde pradera que rodea el embalse. Giramos a la izquierda y vadeamos el arroyo del Picazuelo, continuando por la orilla del embalse.

Las vistas desde aquí, siempre me han parecido espectaculares y hoy aún más por el cielo plomizo reflejándose es sus aguas de plata, un placer para los sentidos.

Si a eso le añadimos que desde aquí asoma a lo lejos la vertical y colosal Cruz de los Caídos, como si flotara en el cielo, la panorámica es ya celestial.

Para poder cruzar el arroyo de la Jarosa, tuvimos que volver a la carreta, dado el caudal que llevaba, y una vez pasado el puente, volvimos a entrar para seguir recorriendo la orilla, como si de una playa se tratara.

Fue en este tramo donde, con la ayuda de uno que paseaba a su perro por allí, nos hicimos la foto de grupo.

Dejamos a la izquierda los restos de una espadaña, entre la carretera y el embalse, que corresponden a lo que quedó de la antigua Ermita de San Macario, que formaba parte de la aldea de La Herrería, desaparecida en el siglo XVII.  Pocas veces habíamos visto el embalse tan lleno, según los datos de esa semana, estaba al 80%.

Con el agua a nuestra derecha, recorrimos los metros que nos separaban del dique, junto al que unos pescadores se habían metido en el agua, con las botas apropiadas, en busca de las carpas y barbos que seguro abundan en el embalse.

Por una última puerta, accedimos a la carretera, que nos devolvería al punto de partida, dando así por finalizada esta bonita ruta por los pinares y arroyos de La Jarosa, y que con el buen menú que degustamos en el restaurante Casa Pozas Tartajo de Guadarrama, bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto