lunes, 23 de febrero de 2026

Excursión X555: Circular Maigmó y Alto de Guisop desde el Balcón de Alicante

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Balcón de Alicante
Final: Balcón de Alicante
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 14 Km
Desnivel [+]: 668 m
Desnivel [--]: 668 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 19

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La Sierra del Maigmó es una formación montañosa del interior de la provincia de Alicante, tiene una altitud máxima de 1296 m, en el pico del mismo nombre, y ocupa una superficie de aproximadamente 1280 ha.​ Su pico es la séptima cumbre más alta de Alicante.

Pocas otras le hacen sombra por la zona donde se alza este coloso, en el corazón del Paraje Natural del Macizo del Maigmó, siendo su visión omnipresente desde todo el Campo de Alicante.

De la cumbre del Maigmó parte una rama septentrional con el Alto del Maigmonet, de 1182 m, la Motllonera, de 1134 m, el Alto de la Chimenea, y del Gisop de 1249 m, donde se dirige en dirección norte, terminando en el collado del Portell y enlazando con el Despeñador, de 1260 m. En su zona sur no sobrepasa los 900 m y enlaza con la Sierra del Cid y la Sierra del Ventós.

La Sierra del Maigmó se encuentra entre los términos municipales de PetrelTibi, Castalla y Agost, lindando en su cumbre los tres últimos términos municipales. Separa las comarcas del Medio Vinalopó, al oeste, y de la Hoya de Castalla, al este.

El nombre de Maigmó procede del árabe (maymūn), que significa "afortunado", ya que los musulmanes asentados en el levante denominaban Maymó a la actual población de Agost, manteniéndose actualmente el topónimo para designar la sierra que se extiende al norte de este pueblo.

Quedamos en el amplio aparcamiento de la muy frecuentada área recreativa del Balcón de Alicante, otro de los emblemáticos lugares que quería conocer, por ser lugar de inicio de varias rutas de senderismo y también meta de los aficionados al ciclismo.

Desde sus dos privilegiados bancos se puede contemplar toda la llanura de Alicante, la Sierra Grossa y detrás el mar hasta más allá de los confines de Santa Pola. Solo por esto ya merece una visita.

Tras la foto de grupo en el Balcón, echamos a andar descendiendo lentamente por el sendero PR-CV 84, al principio paralelo a la carretera que habíamos traído para llegar al área recreativa, de la que se va alejando conforme desciende, rodeados de pinos y con vistas al extenso valle que forma el río Montnegre. Nos acompaña por primera vez Davide, que con 7 años se ha convertido en el miembro más joven del grupo.

Al poco de que el amplio sendero diese una curva a la izquierda, dejamos el PR para seguir por otro más estrecho, que rodea unos bancales con olivos y sube unos metros hasta llegar al pozo de nieve del Maigmó, testigo decadente de otros tiempos.

Es de planta circular que fue excavado, a principios del siglo XIX, sobre una acusada ladera, por lo que posee un terraplén para aumentar su capacidad de 3,7 metros de altura, sujetado por un muro de mampostería de 1,5 metros de grosor, lo que conforma una plataforma delante del pozo de 10,5 metros de anchura.

Dispone de cuatro puertas, con arco de medio punto algo rebajado, situadas a un mismo nivel de altura sobre el suelo.

Tiene una cubierta de forma hemisférica, hecha de mampostería, que actualmente aun conserva una buena parte de su zona lateral, habiendo perdido toda la parte central.

Tras las fotos, descendimos por una pista que conduce a unas casas rodeadas de almendros que, anticipándose a la primavera, ya estaban en flor, dando un espectacular colorido a esta parte de la ruta.

Un desvío, con trepada incluida por un paredón nos llevó a las ruinas de una casa de labranza en la que figuraba Villa Elvira como nombre. 

Superando la casa por su parte trasera seguimos un difuso sendero, que luego se hace más evidente y conecta con la carretera de subida al Balcón de Alicante.

La seguimos hacia la izquierda unos pocos metros, porque tras la primera curva, la abandonamos para continuar por el Camino de la Menta, una cómoda y amplia pista de tierra, que asciende lentamente rodeada de hermosos pinos y matorral y que, tras seis revueltas, alcanza un depósito de agua desde el que se tienen unas estupendas vistas.

Desde allí descendimos por una pista asfaltada, en la que paramos a tomar el tentempié de media mañana, unos al sol y otros a la sombra, entretenidos viendo pasar a algunos ciclistas dándolo todo en lo que para ellos era subida. Tras el descanso, continuamos por la carretera que abandonamos en la tercera curva para seguir por una empinada senda que baja a buscar el Camino de Planisses, evitando así una alargada curva.

Por ese amplio camino de tierra continuamos, en dirección noroeste, con leve pendiente de subida. A nuestro alrededor, pinos y arbustos nos acompañan en el recorrido.

Al poco, la pista da una cerrada curva para salvar el Barranco de Rechil, en el que hay una pequeña balsa, junto al camino, que estaba a rebosar de agua, para facilitar que los animales beban.

Continuamos el ascenso, otra curva y otro barranco, todos ellos sin gota de agua. 

Unos metros más adelante, a nuestra izquierda hay un pequeño refugio excavado en las blancas calizas margosas características de esta zona, y finalmente llegamos al pozo de nieve de Planisses o de Briga.

Es una pequeña joya de la arquitectura industrial de los siglos XV-XVII que con sus 12 metros de diámetro y 9,5 de fondo, es quizás el más profundo de la zona, pero en lamentable estado de conservación. 

Tiene la casa de los neveros pegada pared con pared con el mismo pozo. Está vallado para evitar accidentes.

Continuamos caminando ahora por una gran explanada con cultivos medio abandonados al lado del camino, en los que aún se aprecian los surcos de los arados implorando que los siembren.

Al poco y tras una cuesta, nos encontramos con las Casas de Planisses, en ruinas y valladas para evitar males mayores, solo una queda con la techumbre, evocado tiempos pasados de esplendor, aplastados por la modernidad.

Viejos símbolos de esta sierra que poco a poco van desapareciendo ante la indiferencia de particulares y la desidia de la administración, impasible viendo cómo se pierde su patrimonio cultural.

Continuamos por el Camino de Planisses para llegar al Aljibe, un antiguo y profundo pozo con su vieja pileta abrevadero, cerrado por una cancela sin candado, con un cubo que permite sacar el agua que a varios metros aflora incluso en verano.

Desde aquí tenemos unas extensas panorámicas del Maigmó, el coloso rocoso que parece inexpugnable.

Seguimos subiendo hasta alcanzar un cruce en el que hay un poste del PR-CV 85, donde dejamos el camino para seguir a la izquierda la pista de tierra que, bastante plana, se dirige hacia el Alto del Guisop, dejando a la derecha la cresta más elevada de la Sierra de Carrascalet.

Continuamos ahora en leve ascenso hasta alcanzar un collado roturado, ahora en barbecho. Aquí se cruzan varios senderos, nosotros continuamos de frente, por un sendero entre pinos y carrascas que nos ataja parte del camino, al que volvemos a salir, para poco después tomar otra senda paralela a la izquierda que nos alivia momentáneamente de él.

De nuevo en la pista, enseguida la volvemos a dejar para tomar otro atajo por la derecha, bastante estrecho, que entre pinos y carrascas y tras varias zetas, nos lleva a la cresta de la montaña, donde hay un poste indicativo del PR-CV 31 que pasa por aquí.

A unos 50 metros a la derecha, se encuentra el Alto del Guisop, al que nos acercamos.

Desde sus 1.249 metros de altura se contempla la silueta del Maigmó, el Maigmonet, Rasos del Catí, la Sierra del Cid y el Despeñador, así como toda la llanura de Alicante y el mar.

Descendemos con cuidado por la cresta, siguiendo un estrecho sendero en dirección sureste, para luego seguir otra senda que nos ataja sin tener que patear la tediosa pista llena de piedras, para luego conectar finalmente con ella.

Subimos al cerro donde se encuentran las antenas de comunicaciones que rematan su cumbre, el Alto de les Ximeneres (Chimeneas), más conocido como Antenas Pedro Paya (1.196m).

Junto a la caseta de los guardas forestales hay un mirador con bancos de piedra, de excelentes vistas del omnipresente Maigmó y las impresionantes panorámicas de la vega y Alicante que se extienden hasta el Cabo de Santa Pola y la Isla de Tabarca.

Descendimos la pedregosa bajada, con cuidado para no resbalar, hasta conectar con la Senda de los Forestales, en un cruce de senderos, desechando el que de frente nos llevaría hacia la rocosa cima del Maigmonet, para seguir el de su izquierda, que bordea su cara norte.

En otra ocasión me gustaría subir a este poco transitado pico, que seguro ofrece estupendas panorámicas.

En estricta fila india, porque la anchura del bonito sendero no da para más, y descendimos a buen ritmo, con tramos de escalones, en los que hay que extremar los cuidados para no pisar las escurridizas maderas.

La sombría senda pasa por tres tramos con pedreras, que descienden por la loma del Maigmonet.

El sendero conecta con una amplia pista, que asciende hasta alcanzar el Collado de la Xau. Aquí paramos a dar cuenta de los bocadillos.

Desde el collado se tienen unas magníficas vistas del Maigmonet, la Sierra del Cid y del Maigmó, nuestro siguiente y más temido  objetivo.

Tras el almuerzo, la mayoría del grupo prefirió no subir al Maigmó, los pasos de cadenas y grapas les habían hecho recapacitar y apostar por algo de menor riesgo, por lo que bajaron por la pista que habíamos subido para seguir por la derecha al encuentro de la carretera que sube al Balcón de Alicante, bordeando la cumbre.

Solo ocho nos animamos a subir la colosal peña. Para llegar a su cima desde el collado, seguimos una estrecha y atrevida senda que serpentea por su cara oeste, ganando 200 metros en poco menos de un kilómetro, tanto que dos al ver cómo se ponía la cosa, se dieron la vuelta.

Al alcanzar la pared nos esperaba lo "mejor", un tramo de cadenas con tres grapas para ayudar a subir los tramos más verticales, y posterior trepada aérea que aportaba un plus de adrenalina a la ruta. Son unos ocho metros de trepada vertical para gente sin vértigo.

Una nueva trepada, ésta más asequible, sigue a un paso angosto donde las carrascas hacen de quitamiedos, para llegar a una cornisa de la que tenemos que destrepar ayudados por otro trozo de cadena, que conviene descender de cara a la pared, a espaldas del imponente vacío, seguido de una trepada más llevadera por la loma y posterior giro a la izquierda .

Desde este punto hay dos posibilidades para alcanzar la cumbre, la clásica la remonta por la izquierda con la ayuda de una cadena y una grapa. Este tramo si la piedra está mojada convierte este paso en un suicidio.

Nosotros lo hicimos por la derecha, rodeando la cumbre por otro estrecho paso que llega a unos riscos con carrascas que facilitan el acceso final a la cima.

Con la ayuda de un chico, que ya estaba en la cumbre con su novia, superamos con un pequeño salto en la cresta el hueco que hay para alcanzar el vértice geodésico del Maigmó (1.296 m.).

Desde la cumbre, las vistas son espectaculares, tanto de las montañas cercanas del alrededor (Cabezón de Oro, Puig Campana, Peña Migjorn), como de la planicie de Alicante y el mar al sureste.

Nos hicimos las inevitables fotos que daban fe de nuestra hazaña y emprendimos el regreso al aparcamiento.

Descendimos con cuidado por un sendero algo pedregoso, con algún escalón que exigía algo más de destreza, no excesivamente complicado.

Superada la parte más empinada, llegamos a un pequeño rellano y con la senda ya más reconocible y amplia, alcanzando finalmente el área recreativa del Balcón de Alicante, punto de inicio y final de la ruta.

Allí nos esperaban los compañeros que aún quedaban, algo helados porque a la sombra hacía más bien frío, completando así esta apacible de inicio ruta, con final, para algunos, excitante tras superar el escabroso paso por el abominable cortado y sus tenebrosas cadenas y grapas, para superar el imponente abismo, a la que, sin embargo, le otorgo 5 estrellas por lo emocionante que ha sido.
Paco Nieto

lunes, 9 de febrero de 2026

Excursión X554: Embalse de los Peñascales y Casa de Cantos Negros desde Torrelodones

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,6 Km
Desnivel [+]: 333 m
Desnivel [--]: 333 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Entre borrasca y borrasca, parecía que este lunes iba a haber una pequeña tregua, pero como a pesar de eso la probabilidad de lluvia no era cero, preferimos no alejarnos mucho y caminar por valle en lugar de montaña.

El cielo estaba nublado, pero de momento no parecía ser una amenaza.

Una vez reunidos, en la plaza de la Constitución de Torrelodones, enfilamos la calle Real, pasamos junto a la que fue la Posada Real, por servir en numerosas ocasiones de aposento a Felipe II cuando visitaba el Monasterio de El Escorial, en el que fuera el Mesón de Francisco de Baños, y enseguida llegamos a la rotonda del Dedo Gordo, mediocre reproducción del que fue un risco que había a la salida del pueblo, junto a la antigua carretera de la Coruña, volado en la construcción de la autovía A-6.

Giramos a la izquierda y continuamos por la carretera de Hoyo, renombrada como Avenida Conde de las Almenas, título que ostentaba el primer propietario del Palacio del Canto del Pico, que junto a la Torre de los Lodones, es uno de los símbolos más reconocibles del pueblo, caído en desgracia y en el más terrible de los abandonos. Pasamos junto a otro clásico, el restaurante El Pesca.

Al alcanzar la rotonda de los Olivos, giramos a la derecha para seguir por la calle Majadahonda, dejando atrás el Cordel de Hoyo, y alejarnos así momentáneamente del tráfico de la carretera. Salimos a la Avenida del Pardo, carretera que une el pueblo con la zona restringida de El Pardo.

A poco más de 250 metros, dejamos la carretera y nos internamos, por un sendero que sale a la derecha, en pleno campo, rodeados de encinas y enebros, por el Prado de las Minas, hasta cruzar el arroyo de la Mina, continuando por la calle de Tormes hasta desviarnos de nuevo hacia el arroyo de la Mina, que vadeamos con alguna dificultad porque llevaba bastante agua.

Bordeamos la urbanización El Lago y salimos al embalse conocido por todos como de los Peñascales, aunque en realidad se llama de Gabriel Enríquez de Laorden, donde nos recreamos con las bellas imágenes de las nubes reflejándose en sus quietas aguas y el ir y venir de los patos que lo habitan. Con tan bello fondo nos hicimos la foto de grupo.

Continuamos a la izquierda, siguiendo la ribera de este embalse, que fue construido en 1962 para abastecimiento de agua de las urbanizaciones de su entorno, si bien ha perdido este uso con el desarrollo de otras infraestructuras hidráulicas por parte del Canal de Isabel II, que suministran agua a Los Peñascales, ahora es propiedad del Ayuntamiento y está por ver si no acaba demolido, dado su estado de abandono.

Seguimos la preciosa senda que entre juncos y pinos rodea las lujosas viviendas que lo circundan hasta cruzar un puente de madera, donde el agua medio desbordaba el sendero. Subimos paralelos al arroyo de Trofas, pasamos junto a una cascada que tronaba con gran estruendo por el volumen de agua que llevaba. Nunca la habíamos visto así de brava.

La senda continua entre una densa vegetación, muy cerca del arroyo, hasta alcanzar la carretera de El Pardo, donde giramos a la izquierda para seguir por ella durante unos 400 metros para abandonarla por un sendero que sale a la derecha y que en prominente cuesta, entre jaras y encinas, alcanza la Casa de Cantos Negros, que a mi siempre me ha recordado a los cortijos de mi tierra y que ahora está tristemente abandonada a su suerte, en un continuo y progresivo estado de ruina.

Nuestra intención era bajar al encuentro del arroyo de Trofas, cruzarlo y acercarnos a la Casa del Pendolero, famosa finca que perteneció a la familia de Antonio Maura, el que fuera varias veces presidente del consejo de ministros y otros cargos políticos con Alfonso XIII. Ha sido escenario de diez películas, entre las más conocidos están: Mamá cumple cien años y Ana y los lobos.

Sin embargo, al llegar al arroyo de Trofas vimos que era imposible vadearlo, el increíble caudal lo impedía. Nada que ver con el imperceptible hilo de agua que lleva normalmente en verano. Tampoco el arroyo de los Carboneros parecía fácil cruzarlo, dada su envergadura, por lo que dimos media vuelta y regresamos sobre nuestros pasos, continuando luego hasta alcanzar la carretera de El Pardo.

José Luis y Teresa, que tenían prisa, se fueron desde aquí al pueblo, el resto seguimos hacia nuestra izquierda, hasta llegar a la puerta donde se encuentra la Casa del Hito, casa de guardas de la entrada a El Pardo.

Allí nos esperaban Emilio y Carlos B, que prefirieron ahorrarse la subida a Cantos Negros.

Tomamos el tentempié de media mañana y continuamos. Ahora junto al muro de El Pardo por el que fuimos bordeando la urbanización El Monte hasta alcanzar la zona donde se encuentran unas trincheras y tres nidos de ametralladora de la Guerra Civil, que vigilaba el estratégico acceso a Madrid desde Torrelodones, que permaneció en el bando republicano hasta el fin de la contienda.

Bajamos al encuentro del arroyo de Trofas, que en este punto se interna en El Pardo, y continuamos por una pista de tierra, que conecta con la carretera que va a dar donde se encuentra la depuradora.

Decidimos acercarnos a ver cómo rebosaba el agua por el aliviadero de la presa, todo un espectáculo sonoro y visual.

Continuamos por la Avenida de los Peñascales y calle Ebro, donde nos desviamos a la izquierda para bajar por unas escaleras que conectan con otra senda, que a mono derecha, cruza el arroyo del Pretil.

Nos adentramos a continuación en el Prado de la Solana, por una bonita senda rodeada de encinas que cruza el arroyo de Villarejo y continua hasta el cementerio, que bordeamos para así salir al campo de fútbol.

Continuamos por el Cordel de Hoyo para, girando a la izquierda, llegar de nuevo la carretera de Hoyo y completar así la ruta, regresando al punto de partida, tras girar en la rotonda del Dedo Gordo hacia la calle Real.

Un estupendo menú en el bar El Toro, puso el broche de oro a esta bonita excursión, con mucha agua, un embalse, una cascada, una casa de las de antes y mucho campo, a pesar de estar tan cerca de la civilización, que bien se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto