domingo, 12 de abril de 2026

Excursión X564: Vuelta a Rojales

FICHA TÉCNICA

Inicio: Rojales
Final: Rojales
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 27,5 Km
Desnivel [+]: 192 m
Desnivel [--]: 192 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 200+8

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
A sugerencia de Fran y luego de nuestros amigos de la zona, decidimos participar en la XIII Vuelta a Rojales, una ruta de senderismo no competitiva de aproximadamente 30 km por algunos de los parajes más destacados de este pueblo del sur de Alicante.

La ruta comenzó en el aparcamiento del recinto ferial de Ro­ja­les, un lugar vibrante donde nos reunimos más de 200 participantes y entusiastas para iniciar la Vuelta. Se habían inscrito unos 400, pero el pronóstico de lluvia durante el día de hoy, hizo que muchos no se presentasen.

El ayuntamiento había levantado una carpa y varias zonas de puestos para cuando finalizase el evento, que en todo momento contó con la asistencia de la Policía Local, Protección Civil y Guardia Civil. Un guía con un banderín amarillo iba en cabeza, abriendo camino. También nos acompañaba el alcalde de Rojales.

Desde el aparcamiento, nos adentramos en el Corredor Verde del Río Segura, un paisaje en recuperación, con el río como protagonista. 

Pasamos junto a una pasarela y poco antes de llegar a la siguiente, nos desviamos a la derecha, siguiendo un sendero que nos llevó, en suave pendiente, a las proximidades de Cabezo Soler, un cerrillo de solo 93 metros de altura, rodeado de matorral, al que bordeamos.

Una ligera llovizna hizo acto de presencia, obligándonos a desplegar las prendas de agua y paraguas durante un rato.

Descendimos hacia El Pallaret, iniciando desde allí otra subidita hasta alcanzar el Parque El Recorral, envueltos en los colores cálidos de sus cinco lagunas y las aves que allí habitan.

Cuenta con un área recreativa con barbacoas y un gran merendero con mesas por varios lugares del parque.

Los jardines con sus estanques son preciosos y hay esculturas de madera a lo largo del mismo. Es un espacio de ocio y recreación. Aquí un bonito vídeo del Parque.

Desde allí, subimos un poco más hasta un pequeño aljibe, escondido entre la urbanización Los Pepín, que destaca por sus villas y chalets con vistas a las lagunas de Torrevieja y su proximidad al campo de golf La Marquesa.

Cruzamos la CV-895 y enseguida nos desviamos a la izquierda, por el Camino de las Huertas, pasamos junto a una alargada balsa de riego, y entre plantaciones de limones cruzamos El Raso Pequeño, un rincón de campos de frutales que nos recibió con su tranquilidad y colorido primaveral de flores silvestres y aromático perfume de azahar.

Desde allí, nos acercamos entre cañizares, a la laguna de La Mata, disfrutando del ambiente húmedo y las aves acuáticas que en ella anidan.

Aligeramos el paso para evitar a los mosquitos, que al ver tanta gente no sabían a quién picar primero.

Volvimos a pasar por la CV-895, por la que continuamos unos 500 metros, con el tráfico cortado por la Policía Local y la Guardia Civil, entrando luego en la Urbanización Doña Pepa.

Aquí nos esperaba el primer avituallamiento: fruta fresca, agua y un ambiente relajado bajo la sombra de los árboles. Todo muy bien organizado.

Después del descanso, continuamos por la avenida de Ciudad Real y la avenida de Alcoy, bordeando la amplia urbanización de Ciudad Quesada, llena de chalés.

Tras una rotonda, tomamos la CV-509, que al poco abandonamos hacia la izquierda, adentrándonos en los límites de la Urbanización Monte Azul, un lugar que nos regaló vistas maravillosas del cielo plomizo reflejado en otra balsa de riego.

Cruzamos la CV-940, que estaba en obras por la construcción de una rotonda, y pasamos bajo la AP-7 por un túnel.

Anduvimos unos 600 metros paralelos a la autopista y nos desviamos a la izquierda, siguiendo un sendero marcado como PR-CV 442, llegamos a Hoyo del Serrano, rodeados de pinos y una paz especial, donde hicimos el segundo avituallamiento.

Descansamos sentados en el suelo, saboreamos la fruta, y seguimos ascendiendo hasta La Julianita. De nuevo una fina llovizna nos hizo sacar las prendas de agua y paraguas.

Pasamos junto a tres balsas de riego y descendimos hasta cruzar la CV-920, guiados siempre por una señalización impecable y la vigilancia de la Policía Local, que nos cuidó en cada cruce.

Poco a poco, nos adentramos en el Corredor Verde del Río Segura, un paseo construido entre altos muros para prevenir las inundaciones, que ahora es un refugio verde.

Cruzamos una vez más bajo la AP-7, en el término de Las Heredades y, ya sin lluvia, llegamos al mirador del Molino, entre Formentera del Segura y Benijófar, donde una noria aún extrae agua del Segura.

Pasamos junto a varias pasarelas sobre el río, disfrutando del paisaje, hasta llegar al histórico puente de Carlos III, con su azud y molino, envueltos en una atmósfera especial que solo da el paso del tiempo.

Se concluyó el 23 de octubre de 1790. Tiene de 24,5 metros de largo por 7 metros de ancho y tres ojos.

Rojales fue un barrio de Guardamar hasta la segunda mitad del siglo XVIII, en que obtuvo el privilegio de Villa.

Para comunicar los dos barrios del pueblo, separados por el río Segura, los vecinos construyeron un puente “de palo y broza”, en 1725, que fue arrasado por una avenida de agua en 1733. Volvió a rehacerse, pero no duró mucho tiempo, ya que se destrozó en una nueva riada en 1750. El actual fue por empeño de los vecinos, al obtener Rojales el título de Villa.

Al poco, completamos la ruta, regresando al recinto ferial, donde nos aguardaban cervezas frescas, refrescos, montados de chorizo, morcilla y panceta recién salidos de la humeante barbacoa y un ambiente festivo.

La jornada culminó en casa de Ánge­les, donde nos invitó a pizzas, dulces y animadas charlas. De vuelta al aparcamiento, pasamos junto a la curiosa Casa Museo de las Conchas, que bien se merece una visita.

Así, entre amigos y paisajes, cerramos un día lleno de calidez, complicidad y recuerdos imborrables a la que le otorgo 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 6 de abril de 2026

Excursión X563: Vuelta por el Hueco de San Blas

FICHA TÉCNICA

Inicio: Ermita de San Blas
Final: Ermita de San Blas
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 12,5 Km
Desnivel [+]: 284 m
Desnivel [--]: 284 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable:
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Queríamos hacer una ruta cómoda y sin complicaciones y, como hacia tiempo que no visitaba el Hueco de San Blas, me esta ruta me pareció una buena opción.

Nos reunimos en un ensanche de la pista, junto al abrevadero que hay próximo a la Ermita de San Blas, al que se llega por una pista de tierra, en buen estado, que sale a la izquierda, a la altura del km 3, nada más pasar la gasolinera de Repsol en la carretera M-611, que enlaza Soto del Real con Miraflores de la Sierra, pasando después junto a la Hacienda Jacaranda, dedicada a eventos.

Desde el pequeño aparcamiento, nos acercamos a ver la Ermita Humilladero de San Blas, erigida en un promontorio rocoso, en el término municipal de Miraflores de la Sierra. Construida en piedra con tejado de madera rematado con una cruz, en su interior, protegida por una reja y cristal, se encuentra una imagen del San Blas, patrono de Miraflores. A su lado hay un estupendo mirador, desde el que podemos contemplar unas vistas magnificas del Hueco de San Blas.

Consagrada el 13 de septiembre de 1641, se encuentra situada en un lugar en el que, según cuenta una leyenda, existía un poblado en el que un día cayó una salamanquesa en una olla, y todos los habitantes murieron envenenados y nadie quiso vivir allí jamás.

En la actualidad esta ermita cobra importancia el día 3 de febrero, festividad de San Blas, este día los vecinos de Miraflores de la Sierra se trasladan allí en romería. Se rememora la expulsión de las tropas napoleónicas de Miraflores de la Sierra allá por 1812.

Cuenta la leyenda que las fuerzas francesas acantonados en Colmenar Viejo asaltaron y saquearon el pueblo, finalizado el ataque hicieron noche en donde hoy se levanta la ermita. Los mirafloreños, ayudados por los guerrilleros que se escondían por los bosques aledaños, lanzaron un ataque nocturno en el que ataviados con cencerros a la espalda, simularon una estampida de ganado, haciendo huir a los franceses y recuperando el dinero y las joyas sustraídas.

En la romería, los pastores, con sus llamativos trajes, son los protagonistas, recordando la valentía de sus antepasados. Es tradicional comer patatas con bacalao y a la vuelta al pueblo se continúa la fiesta con suelta de vaquillas y baile en la Plaza de España.

Tras hacernos la foto de grupo, regresamos unos metros y continuamos por la Calle del Cormorán, pista de tierra que enseguida cruza el arroyo de San Blas. Continuamos por Los Eriales, una zona con pequeñas fincas y casas.

Superadas estas últimas, seguimos ascendiendo, por la izquierda un sendero, que enseguida cruzar por una pequeña losa de piedra el arroyo de los Eriales o de la Hoyuela, continuando por otra pista de tierra llamada Camino de la Peña del Madroño.

El amplio camino, en leve pendiente, está rodeado de matorral y robles, que se van haciendo más presentes cuanto más avanzamos. 

Superamos una barrera y nos introducimos en un pinar con excelentes vistas del embalse de los Palancares y cumbres de Cuerda Larga y La Pedriza.

A cuenta de éstas últimas, asistimos a un apasionado debate entre Juan y Carlos acerca de la ubicación de uno de los riscos, El Nevazo. Hubo que echar mano de un detallado mapa para aclarar el asunto.

Nos desviamos unos pasos a la derecha para fotografiar lo que ya va siendo las ruinas de la antigua Casa Forestal, sin tejado, sus muros de piedra han quedado desprotegidos.

Al parecer hace tiempo que se ha desmantelado el retén que estaba en esta zona.


Cruzamos un pequeño arroyo y a continuación el arroyo del Mediano Chico, más evidente, pero también seco, como el anterior.

Poco antes de alcanzar el hito de la Puerta del Hueco de San Blas, algunos nos desviamos a la izquierda para subir al pequeño Cerro del Hueco de San Blas, que con sus 1329 metros, sería la cota más alta de la ruta. Tiene unas excelentes vistas de toda la zona.

Descendimos hacia el hito, donde nos hacemos las inevitables fotos de nuestro paso por allí, e iniciamos el descenso, por la pista de la izquierda, hacia el arroyo del Mediano.

Este tramo estaba plagado de orugas procesionarias, que en largas hileras buscaban un lugar idóneo donde enterrarse.

Junto a unas rocas, paramos a tomar el tentempié de media mañana a la sombra y el rumor del agua del arroyo Mediano, un bello rincón que costó trabajo abandonar porque se estaba como en el paraíso.

Esta zona, por no ofrecer dificultad y tener buenas pistas, es frecuentada por ciclistas, como pudimos comprobar a lo larga de la mañana.

Tras el descanso, proseguimos por la senda de la Abutarda, una vez superado el arroyo de la Herrada, que viene de las proximidades del risco del mismo nombre.

Entre pinos, la pista va perdiendo altura por la ladera, mientras vamos desechando los míticos senderos que suben a La Pedriza, por los que más de una vez hemos transitado,

Superamos otra barrera, que impide el paso de vehículos, y alcanzamos el Aparcamiento Arroyo del Mediano, otro lugar habitual donde dejar los coches para adentrarse en el Hueco de San Blas, pero que deseché porque la última parte de la pista que accede aquí desde Soto, recordaba que estaba muy mal, lo que pudimos comprobar cruzando el Puente las Pozas, que salva el arroyo Mediano, poco después de unas bonitas pozas que forma sus aguas, de ahí el nombre.

A unos 200 metros del puente, la rasgada pista tiene un ensanche donde se pueden dejar los coches. A partir de ese punto, para nuestra sorpresa, han acondicionado la pista y está muy bien, ya podían haber llegado hasta el aparcamiento principal.

Cruzamos el arroyo Mediano Chico a la altura de una finca y comenzamos a bordear el embalse de los Palancares.

En el extremo donde está el muro de la presa, dejamos la pista para seguir una vereda que sale a la izquierda y que, en leve ascenso, al poco cruza el arroyo del Escaramujal.

La vereda es paralela a una pista que se dirige a la hacienda de Los Colladillos, vinculada al Opus Dei.

La vereda y la pista están separadas por una alambrada, pero a las puertas de la hacienda hay un portón que permite el paso a la vereda de haber seguido por la pista, como le ocurrió a parte del grupo.

El sendero pasa junto a un canchal y cruza el arroyo de los Eriales y enseguida el de San Blas, entrando en la pista que lleva al abrevadero, junto al que habíamos dejado los coches, debajo del alto donde se ubica la Ermita de San Blas.

Un estupendo y cuidado menú en el restaurante La Najarra de Soto del Real puso el broche de oro a esta excursión que califico con 4 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 30 de marzo de 2026

Excursión X562: Río Pradillo y Valle de Navalmedio desde Cercedilla

FICHA TÉCNICA

Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: x a x horas
Distancia: 11,6 Km
Desnivel [+]: 461 m
Desnivel [--]: 461 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
En esta ocasión unimos el Valle de la Fuenfría con el de Navalmedio desde Cercedilla, en una ruta con agua y sombra, entre pinares y dehesas.

Quedamos en Cercedilla, dejamos los coches en el aparcamiento subterráneo de la plaza Nueva y subimos por la escalinata de la Travesía de la Pontezuela hasta dar, en dirección norte, con el Camino Cerca de la Mata por el que continuamos en plácido paseo entre una densa y verde vegetación y fincas con ganado.

Cruzamos el arroyo de la Teja por un puente de hormigón y giramos a la derecha, en dirección este, siguiendo un encajonado camino llegamos al depósito de agua de Cantos Gordos, que abastece al pueblo.

Rodeando el depósito, proseguimos el ascenso por el Camino de Majavilán, coincidente con el GR-10, señalizado con marcas rojas y blancas, rodeados de robles y bonitos chalets con amplios jardines. Pasamos por el Camino Bajo, continuamos por el Camino de Majavilán y el Camino de las Tajas hasta Camorritos.

Cruzamos las vías del tren de Navacerrada y Cotos, ahora en plena renovación, con las catenarias instaladas pero a falta de la railes, y nos internamos en la colonia del mismo nombre, construida en 1923 por la compañía de la nueva línea férrea, la Sociedad de Iniciativas del Guadarrama. Debido a la personalidad de sus creadores, miembros del Club Alpino Español y la Institución Libre de Enseñanza, pronto alcanzó un gran éxito como lugar de veraneo entre aquellos que buscaban un retiro en la naturaleza.

Se edificó siguiendo modelos alpinos con villas de paredes de piedra y madera, en las que trabajaron afamados arquitectos de la época. Tal como reza en una placa, José de Aguinaga, ingeniero del Eléctrico del Guadarrama e impulsor de la colonia, están ligados a este lugar.

Cruzadas las vías de la ahora abandonada estación de Camorritos, continuamos por el Camino de las Encinillas, señalizado con las marcas del GR 10, para ir ascendiendo hasta la parte más alta e ir disfrutando de las vistas de algunas de las villas de más original arquitectura.

Coronada la colonia, giramos a la derecha para seguir en dirección noreste por la Senda de la Teja, que entre robles y pinos pronto alcanza el arroyo del Polvillo, represado por un muro de piedra. Lo cruzamos por un puente de cemento, del que el agua se ha llevado gran parte, y seguimos en cómoda pendiente ascendiendo entre pinos y helecho que dejan entrever las vías del tren al puerto de Navacerrada a nuestra derecha.

Al poco, llegamos a nuestro objetivo, el arroyo Pradillo, aprendiz de río, que entre grandes rocas desciende saltándolas con alegre murmullo. Nace 1,5 km más arriba, en la fuente de los Acebos.

Remontamos unos 200 metros el arroyo deleitándonos con pequeños saltos de agua que forma el arroyo en su descenso, hasta alcanzar uno especialmente bello, una bonita chorrera de más de dos metros de altura, rincón con encanto donde disfrutar de la frescura de su ribera y el rumor de sus aguas.

Volvimos sobre nuestros pasos para enseguida vadear sin complicaciones el arroyo. Por sendero casi plano llegamos a la altura de la estación de Siete Picos, pasando por una vieja casa con un porche, en buen estado, seguida de otra derruida sin tejado ni cubierta alguna, con piscina abandonada a su suerte.

La estación está en un lamentable estado de ruina, mucho la tendrán que rehabilitar para ponerla en servicio.

Desde allí contemplamos los trabajos que varios operarios estaban realizando sobre el trazado, de momento sin balastro ni vías, eso sí, con las traviesas apiladas a lo largo de lo que será la nueva vía.

Reanudamos la marcha realizando un brusco ascenso ladera arriba hasta llegar al mirador de Collado Albo, un promontorio rocoso con excelentes vistas del Valle de la Fuenfría y Siete Picos. Girando a la izquierda, continuamos el ascenso, ahora no tan empinado, hasta alcanzar el Collado Albo.

Carlos R, desde la estación de Siete Picos, prefirió seguir paralelo al trazado del tren y luego por el propio vial, hasta enlazar con nosotros más adelante.

En la bonita pradera de Collado Albo, situada a 1.600 metros de altitud, la cota más alta de la ruta, paramos a tomar el tentempié de media mañana. Estamos en el bello lugar donde el Cóncavo de Siete Picos da paso al Valle de Navalmedio.

Tras el placentero descanso, iniciamos el descenso por la ladera hacia el este, en busca de la solitaria e histórica vía del ferrocarril, ahora desmantelada, que cruzamos.

La senda por la que continuamos tiene una fuerte pendiente, que nos obliga a bajar con mucho cuidado para no resbalar con las piedrecillas y piñas que hay en ella.

A unos 180 metros de la vía, en un excelente mirador natural, cómodamente tumbado en unas rocas, nos esperaba Carlos R.

Proseguimos el descenso, para pocos metros más adelante, dar con la entrada a la Mina de las Cortes de Navacerrada. Hay que estar atentos, porque está medio oculta por la vegetación y es fácil no dar con ella si no se tiene cuidado, como le pasó a dos compañeros.

Esta pequeña mina fue construida entre los años 1856 al 1859 para la extracción de pirita arsenical (arsenopirita).

Según parece, después de la Guerra Civil se intentó explotar durante un tiempo para extraer wolframio, material muy apreciado para el revestimiento de los cañones, y que llevó a buscarlo por toda la Sierra, como es el caso de la que se encuentra en Cabeza Líjar.

Se trata de una pequeña calicata de unos 3 metros, que desemboca en una galería de 30 metros de longitud con dos cortos ramales siguiendo el filón a derecha e izquierda.

Como curiosidad, al final encontramos un Belén y algunos recuerdos de grupos de montaña.

Visitada tan curiosa mina, continuamos el descenso, ahora por una senda muy evidente, que serpentea ladera abajo, hasta alcanzar el Camino del Calvario, que cruzamos, para enseguida pasar por un puente de madera el río Navalmedio y parar junto a la fuente de la Pradera de las Cortes.

Continuamos por el Camino del Calvario hasta dar con el río Navalmedio, que llevaba bastante agua, producto del deshielo procedente del puerto de Navacerada.

Justo antes de vadearlo, lo abandonamos para seguir por un sendero, bastante plano, que sale a la derecha del río y que bordea el embalse de Navalmedio por su cara norte.

Desde un roquedal que hay unos metros a la izquierda del sendero, algo más libre de vegetación, pudimos contemplarlo algo mejor el embalse, que estaba bastante lleno.

Tiene una capacidad de 11 hm³ y una superficie máxima de 93 hectáreas. Su función es regular las aguas del río para transvasarlas al embalse de Navacerrada, situado a los pies del vecino Valle de la Barranca.

Dejamos a la derecha el Cerro del Corral de Simón, una vez sobrepasado el embalse y en dirección sur seguimos por la senda que cruza las praderas de las Retuertas, con bonitas vistas de Cercedilla, hasta alcanzar el río Pradillo, Lo cruzamos por una pasarela de hormigón y conectamos con el GR-10, en su ascenso hacia Camorritos.

Nosotros continuamos por el Camino de las Retuertas en dirección sur, hasta alcanzar las primeras casas del pueblo, para enseguida llegar al polideportivo, y de ahí hasta el aparcamiento.

En el bar i Mateo, en la plaza del Caño de Cercedilla, celebramos el final de la ruta, degustando un estupendo menú.

Con los parajes visitados, curiosidades como la mina, el frescor de los arroyos y tan buen final solo se podía calificar a esta ruta con una buena nota, 5 estrellas le otorgo.
Paco Nieto