Inicio: Bocairent
Final: Bocairent
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 17,8 Km
Desnivel [+]: 618 m
Desnivel [--]: 618 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 13
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)
PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Estupenda ruta con tres partes bien diferenciadas. Comenzamos realizando un recorrido de montaña por la Sierra de Mariola, donde pasaríamos por distintas masías, molino y fuentes del Taular y subida a la Cruz de San Jaime y su vértice geodésico. Este tramo tiene 14 km de distancia y 500m de desnivel.
En la segunda parte visitamos, por la tarde, les Covetes dels Moros, un conjunto de cavidades o pequeñas estancias excavadas (entre los siglos X y XII) en vertical con ventanas que dan a un acantilado sobre un barranco.
Y para contemplar todas estas maravillas, nos reunimos alrededor de la antigua estación de tren de Muro-Cieza en Bocairente, en la que se expone un viejo vagón y maquinaria de la época.
Nos dirigimos, en dirección sur, hacia el polideportivo, por un camino asfaltado rodeado de verdes praderas de cultivos, en los que predominan los almendros y olivos.
En una de las curvas del camino, nos desviamos unos metros a la derecha para conocer la Fuente del Doctor, un manantial que brota de un bancal de la casa que le da nombre, utilizada para el riego de las arquerías de la zona.
En suave pendiente, ascendimos por el camino hasta, unos 600 metros después, desviarnos a la derecha para contemplar la Ermita de San Jaime, construida en el siglo XVI. Sobre la puerta principal hay un retablo de azulejos con la imagen del santo. El interior es una sola nave de estilo gótico abovedada en su exterior de un banco corrido. El entorno que la rodea es de una gran belleza, rodeada de pinos y carrascas. Cerca se encuentran restos de un antiguo horno de cal.
Recuperado el camino, pronto lo dejamos para seguir por una senda que sale a la izquierda, entre pinos y carrascas, que va gabando belleza conforme avanzamos.
Al poco, llegamos a un íntimo rincón que nos sorprendió por su belleza, la Bassa del Canyaret, también conocida como del Paradís o del Reg de la Teula.
El agua llega de un manantial que surge unos pocos de metros más arriba, proveniente de la Fuente del Teular, y un acueducto lleva el agua de la balsa a las tierras de regadío.
Continuamos siguiendo un sendero, en dirección norte, con excelentes vistas del pueblo. Bordeamos un bonita casa muy grande y ascendimos, poco a poco, entre pinos y carrascas por un bonito sendero que realiza varias zetas para minimizar la fuerte pendiente.
A la izquierda surge el desvío que va a la Cueva de la Sarsa, uno de los yacimientos neolíticos más importantes del Mediterráneo.
Un promontorio rocoso nos ofreció unas panorámicas estupendas del valle y todo su entorno. Alcanzamos una pista, que seguimos hacia la derecha entre pinos y la valla de una finca con olivos.
Cruzamos la pista por la que va el GR-7, el Sendero de Gran Recorrido que une Andorra con el estrecho de Gibraltar, y que nos lo volvemos a encontrar tras internarnos por un camino rodeado de masias.
Al conectar con la pista del GR-7, la seguimos hacia la izquierda, pasamos junto a una casa que ofrecía gratis un montón de viejos objetos, desde cuadros a sillas o cerámica. Más de uno, algo se llevó.
Continuamos hasta la Ermita de Santa Bárbara, construcción es de 1870 y está adosada a una casa de estilo señorial.
Sus alrededores nos hicieron gozar de su impresionante belleza natural, con la fuente del Pla, de agua cristalina acompañada del chopo centenario que la protege.
Aquí se celebra la festividad de la Santa todos los años el primer domingo de diciembre, con misa y almuerzo popular acompañado de una gran hoguera, a la que acude una numerosa representación de vecinos y curiosos.
En tan agradable entorno hicimos la parada para tomar el aperitivo de media mañana y repuestas las fuerzas, continuamos por un sendero que bordea la ermita y sale al encuentro de una pista que seguimos hacia la derecha.
Otro desvío nos lleva por un camino que se dirige hacia la Mas del Teular, previo paso junto a una casa de estilo alpino, que queda a la derecha.
Esta zona dels Teulars es un punto de interés natural, conocido por albergar una fuente y un lavadero, siendo un enclave destacado dentro de la popular "Ruta del Agua" de la localidad. El entorno está algo abandonado y algunas de las casas en incipiente estado de ruina.
Abandonamos el lugar por un estrecho sendero que se dirige, en leve descenso, hacia el Molino del Teular, éste sí, en total ruina.
Continuamos el descenso hasta la Font del Teular o de San Jaime, una preciosa fuente y pequeño lavadero que aporta caudal de agua a una anexa cascada llena de musgo, conformando así un rincón de gran belleza.
Tocaba ahora subir hasta cruzar la pista que abandonamos al principio y que volvemos a dejar para ascender por un sendero entre pinos y arbustos, con bastante desnivel y que el sol recalentaba en las zonas sin vegetación.
Superada la pendiente, alcanzamos la Cruz de San Jaime, con extraordinarias vistas de toda la comarca al fondo, y más cerca, Bocairente con su destacada torre de la iglesia.
Tras las fotos de rigor, nos acercamos al vértice geodésico que corona el Alto de San Jaime, a apenas 70 metros de la cruz.
Desde él disfrutamos de las vistas panorámicas que abarcan gran parte de la Sierra de Mariola y las comarcas de Vall d’Albaida, la Costera y la Ribera.
Tras un breve descanso para las fotos, descendimos hacia la pista que lleva a las antenas, desde las que iniciamos el descenso hacia la CV-794, pasando junto a casas con huertos y una finca dedicada al entrenamiento de perros.
Bordeamos el albergue rural La Yuca y seguimos un sendero a la derecha, paralelo a la carretera, coincidente con el GR-7.
Al otro lado de la carretera se ve la Mas del Portell y un poco más adelante, cruzamos la carretera para seguir por un sendero que desciende paralelo a la carretera al principio, pero que luego se aparta de ella, pasa junto a la Mas del Sosiego y se interna en el Forat del Gat, un pequeño barranco repleto de vegetación, con predominio de carrascas, y muy sombrío.
En los claros del sendero, vemos cómo nos vamos acercando a Boacairente. Conectamos con una pista que desciende perdiendo pendiente, pasa junto a la Mas del Pou Sec y su fuente, que como era de esperar, estaba completamente seca.
Le sigue la Mas de Terrers con paredes pintadas de color salmón, a continuación la Mas de Las Acacias, con paredes blancas.
El camino pasa junto al polideportivo y acaba junto a la rotonda del Hombre de la Manta, símbolo emblemático de la localidad, forjada en hierro en 1970.
En la terraza del bar que hay en la Rotonda, a la sombra, nos tomamos los bocadillos acompañadas por las ansiadas cervezas y refrescos, porque el sol se hacía notar.
Tras el descanso, iniciamos la segunda parte de la excursión, cruzamos el Puente de San Blai y girando a la derecha buscamos la Ruta Mágica, bonito recorrido que bordea el pueblo por su cara oriental, pasando junto a la Cueva de En Gomar, situada en los cimientos de la muela de Bocairente, llega al Puente de detrás de la Villa (Pont darrere de la Vila).
De allí, fuimos a la entrada de la Cova del Consumer y a continuación a la entrada de la Cava de Sant Blai, que se utilizó como pozo de nieve, como muchos otros encontrados en la Sierra de Mariola. A través de una galería subterránea excavada en la roca se accede al recinto circular donde se almacenaba el hielo. Actualmente, en su interior se exponen 6 paneles ilustrativos con la historia del hielo y la nieve desde sus inicios hasta nuestros días, así como un plano situacional de todos los neveros existentes en la zona.
Al acercarnos a su entrada por una escalera que baja unos metros, sentimos un viento frío que emana de su interior. 2,5 € cuesta la visita, aquí se pueden adquirir las entradas.
Al lado de ella, está situada la caseta de control de entrada a las Covetes dels Moros, donde esperamos al guía que nos llevaría a visitarlas, ya que su acceso por libre está prohibido y lo impide una puerta con candado, aquí se pueden adquirir las entradas, también en la propia caseta, cuesta 4€.
Con él, bajamos unas escaleras, cruzamos el barranco del río Clariano, por un puente de madera, y subimos hasta situarnos junto a las escaleras que suben a la primera de las ventanas que conforman las Covetes.
Allí el guía nos reiteró a todo el grupo las normas básicas a seguir en la visita.
Se resumen en que el acceso no es apto para personas con claustrofobia o vértigo, tampoco para mujeres embarazadas, bebés (0-3 años), personas con prótesis de rodillas o de cadera. No está permitido el acceso con mascotas. Se requiere de cierto esfuerzo físico para el desarrollo de la visita. Entre un 70%-80% de la visita se realiza "gateando". Está prohibido acceder con sandalias, solo con calzado cerrado y atado. Tampoco se puede entrar con bolsos, bolsas, mochilas ni riñoneras.
Por razones de espacio, cada visita tiene un aforo máximo de 15 personas, sumando adultos y menores de 12 años. Menores de 16 años deben ir acompañados de al menos un adulto. La visita guiada tiene aproximadamente 1h de duración.
Consta de unas cincuenta ventanas, que dan acceso a otros tantas cámaras, así como de 9 ventanas más, que tan sólo están iniciadas e inacabadas. De ellas se visitan unas 20. Las ventanas se disponen en 3 - 4 niveles pero sin formar «pisos» regulares.
Es muy probable que la gran mayoría de estas cámaras fueran concebidas para estar aisladas, al menos en un principio, ya que todas tienen argollas de anclaje para las cuerdas y dispositivos para empotrar puertas –marcos, surcos…–, pero en la actualidad están todas intercomunicadas por roturas en las paredes (que también parecen antiguas), así como por «pozos-chimeneas» para salvar los desniveles.
Posteriormente se ha instalado una escalera metálica por donde se entra con comodidad. Pero con anterioridad se accedía dificultosamente ayudándose de una serie de muescas en la pared, tipo «pedal».
Las cámaras, casi todas de planta aproximadamente rectangular y variables en cuanto a medidas (2,5×3 m. y 2,5x 4 m., como a media), no presentan silos ni elementos destacables, y solamente unas cuantas tienen depósitos o compartimientos abiertos.
Las interpretaciones de estas cavidades han sido muy diversas, a través del tiempo, (cámaras sepulcrales de épocas antiguas, graneros, cenobios visigóticos…) y difíciles de datar, por falta de materiales arqueológicos, inscripciones u otros datos.
Después de diversas prospecciones arqueológicas llevadas a cabo por el Museo Arqueológico d’ Ontinyent – la Vall d’Albaida (MAOVA), aún no completadas, se puede asegurar de que se trataba de graneros-almacenes de seguridad, realizados en época andalusí (hispano-árabe), que servirían a determinadas comunidades campesinas de las proximidades, muy probablemente de ascendencia bereber. Parece que es un modelo de granero trasladado del norte de África (los tazaghin del alto Atlas, por ejemplo).
Hipotéticamente, su funcionamiento debería ser remotamente parecido al de un almacén colectivo bereber o agadir, al menos para el grupo mayor de les Covetes dels Moros.
Corresponderían a un momento muy preciso –aún por determinar con exactitud–, probablemente entre los siglos X- XI.
Tras la estupenda experiencia, regresamos a la caseta de acceso para acometer la tercera parte de la excursión, un recorrido por el pueblo, que iniciamos bordeando la cara occidental del pueblo, con impresionantes vistas de la Ermita del Santo Cristo, su escalinata del vía crucis y del puente del mismo nombre, construido en piedra con un arco único ojival.
Entramos a la Plaza del Ayuntamiento, donde nos tomamos unos estupendos granizados en la terraza del Bar Chimo. Tras el descanso, nos internamos en el antiguo barrio medieval, que ocupa la parte alta del cerro donde se asienta la localidad. Lo constituye un entramado de calles empinadas, retorcidas y escalonadas que se adaptan un terreno con fuertes desniveles en la conexión de la cima del cerro con la ladera.
Pasamos junto a la iglesia de la Asunción, la plaza de San Vicente, varias fuentes y preciosas calles adornada de flores y varias ermitas. También merece una visita el Monasterio Rupestre, de mediados del siglo XVI, un antiguo convento subterráneo de monjas de clausura. Se excavó en la roca, y ocupa una superficie de 48 m² al que se superponen dos conventos de construcción posterior.
Volvimos a cruzar el Puente de San Blai en busca de los coches, dando así por finalizada esta estupenda ruta que bien merece 5 estrellas.
Paco Nieto




































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