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martes, 2 de junio de 2020

Excursión X222: Torrelodones por la Berzosilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 7 Km 
Desnivel [+]: 215 m 
Desnivel [--]: 215 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN

Para la tercera ruta en desconfinamiento fase 1, nos propusimos volver al Monte de los Ángeles de Torrelodones e internarnos en la Berzosilla para llegar hasta la Peña del Búho, lugar que la mayoría no conocíamos.

Puntuales, como siempre, nada más más dar las ocho en el reloj del ayuntamiento, nos encaminamos hacia la calle Carlos Picabea. Al acercarnos a la a la Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, nos sorprendió ver la estatua en homenaje a los trabajadores del servicio de limpieza con mascarilla, todo un símbolo de esta nueva etapa.

Continuamos callejeando hasta salir al Instituto Diego Velázquez para, cruzando la Avenida de la Dehesa, seguir por una amplia senda que paralela a un muro de piedra se dirige hacia la parte alta del polideportivo.

Al poco, conectamos con la rampa de cemento que sube a las antenas de telefonía y TV que hay junto al refugio de la fundación Apascovi. Por la parte de atrás seguimos la senda que enseguida alcanza el depósito de agua del Canal Isabel II que abastece al pueblo.

La senda prosigue por la derecha de la valla de la finca del Monte de los Ángeles, en dirección noreste, dejando las que descienden hacia el pueblo.

Esta bonita senda discurre entre encinas, jaras, tomillo y olorosas lavandas, pasando por varios aglomerados graníticos que hacen de excelentes miradores con estupendas vistas de la parte más occidental de esta pequeña Pedriza, desde donde además se contempla gran parte del pueblo y, en la lejanía, la extensa planicie de Madrid, con sus inconfundibles torres. Mucho más cerca, destaca la omnipresente silueta del Palacio del Canto del Pico.

Por un estrecho paso, continuamos por la serpenteante senda, que entre grandes rocas y matorral va abriéndose camino hasta alcanzar la tapia de la finca del Canto del Pico. El alto muro de piedras apiladas se extiende de este a oeste en perfecta línea recta.

El roto muro da paso a un camino que se dirige en dirección oeste, por el que seguimos unos metros hasta abandonarlo en la primera curva por una senda con la misma dirección que llevábamos. Al poco, otro paso de la tapia nos sitúa en un camino que bordea la Berzosilla.

Lo seguimos en dirección noroeste para continuar por el que enseguida surge a la izquierda, para dejarlo poco después para seguir una senda, que en unos metros nos llevó a un promontorio rocoso llamado Canto del Mirador, al que se asciende por unos escalones labrados en la piedra granítica.

El lugar no puede ser más acogedor, al resguardo del viento, cuenta con un amplio banco, labrado en la roca al estilo de la Silla de Felipe II, y un sillón, también cincelado, justo enfrente. Desde este privilegiado mirador se tienen unas vistas impresionantes de 360º, divisando casi al completo la Sierra de Guadarrama y medio Madrid.

Tras las fotos de rigor, descendimos del mirador por el extremo opuesto al empleado en la subida, continuando por una senda que en descenso y en dirección oeste hasta llegar a un risco también con buenas vistas a las curvas de la autovía A-6, en lo más cercano, y de la sierra en el horizonte.

Desde allí seguimos un sendero utilizado como circuito de motos de montaña, en el que hay hasta rampas para los saltos. Tras un par de requiebros, fuimos a dar con una pista por la que ascendimos para abandonarla enseguida y seguir un corto sendero, bastante oculto, por lo que hay que estar atentos a su salida, que finaliza en la cumbre de la Peña del Búho, otro mirador con estupendas vistas al oeste.

Tras la contemplación de la amplia panorámica que desde aquí se tiene, iniciamos el regreso recuperando la pista, por la que continuamos muy pocos metros para enseguida girar a la derecha y seguir por otra que va a dar a un depósito de agua ya en desuso y estado de semiruina.

Una senda en dirección sureste nos devolvió a la tapia por la que habíamos accedido y volviendo sobre nuestros pasos regresamos al Monte de los Ángeles, tras volver a sortear la otra tapia.

Continuamos unos cuantos metros más por la senda que habíamos traído, hasta alcanzar una roca partida, donde hicimos un giro de 90º hacia la izquierda, para continuar por la senda que desciende, en dirección sureste, rodeados de encinas, madreselvas, juncos y jaras en flor.

La senda gira poco después hacia el sur siguiendo la margen derecha de un regato, ya seco, y que poco después cruzamos para acercarnos, en breve ascenso, a un bonito mirador, desde el que se tiene las mejores vistas de las Charcas del Loco.

Con cuidado, descendimos a la la charca superior, la situada más al norte, y nos sorprendió verla ya seca, cuando apenas unas semanas atrás estaba a rebosar.

Continuamos bordeándola por la senda que recorre su lado este y, entre mucha vegetación en flor y grandes rocas, alcanza la charca del Loco, la más grande y bella, que aunque aún con agua, había menguado ostensiblemente.

Tras las fotos de rigor, proseguimos el descenso bordeándola por su cara sur, pasando por la charca inferior, la menos vistosa, y obviando el camino principal.

Continuamos por la senda, que en dirección sur sigue paralela al riachuelo de desagüe de las charcas, pasa junto a un puente de madera y alcanza las primeras casa del pueblo, justo donde se une al arroyo del Canto del Pico.

Cruzamos la avenida de la Dehesa y descendimos por las escalinata que da acceso a la senda que, paralela al arroyo, se interna en el Parque Flor de Lis hasta alcanzar la calle Nueva y la plaza del Arca del Agua, regresando así a la plaza del ayuntamiento, previo paso por la la plaza del Caño, una de las más antiguas de la Comunidad de Madrid.

En el Club 72 nos tomamos un merecido y reparador desayuno, como premio final de esta bonita ruta con estupendas vistas a camino entre el monte de los Ángeles y las peñas de la Berzosilla, que se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto

viernes, 22 de mayo de 2020

Excursión X219: Torrelodones por su pequeña Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 6,9 Km 
Desnivel [+]: 185 m 
Desnivel [--]: 185 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 1

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Para la última ruta en desconfinamiento fase 0, me reservé una que tenía muchas ganas de hacer, la que podríamos denominar la integral por la pequeña Pedriza de Torrelodones, o lo que es lo mismo, la circular al Monte de los Ángeles.

Nada más dar las ocho en el reloj del ayuntamiento, eché a andar por la calle Carlos Picabea, haciendo una breve parada junto a la Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, bello rincón que siempre me gusta contemplar al pasar cerca de el.

Continué callejeando hasta salir al Instituto Diego Velázquez para, cruzando la Avenida de la Dehesa, internarme por una de las muchas sendas que cruzan el Monte de los Ángeles, eligiendo la que sube directamente al depósito de agua del Canal Isabel II que abastece al pueblo. Continué por la senda que discurre a la derecha de la valla de la finca del Monte de los Ángeles, en dirección noreste, dejando atrás la espigada antena de telefonía y TV que domina el horizonte.

Esta bonita senda discurre entre encinas, jaras, tomillo y olorosas lavandas, pasando por varios aglomerados graníticos que hacen de excelentes miradores con estupendas vistas de la parte más occidental de esta pequeña Pedriza, desde donde además se contempla gran parte del pueblo y, en la lejanía, la extensa planicie de Madrid, con sus inconfundibles torres. Mucho más cerca, destaca la omnipresente silueta del Palacio del Canto del Pico, cerca del cual pasaría un poco más tarde.

Por un estrecho paso, continué por la serpenteante senda, que entre grandes rocas y matorral va abriéndose camino hasta alcanzar la tapia de la finca del Canto del Pico. El alto muro de piedras apiladas se extiende de este a oeste en perfecta línea recta.

Haciendo un giro de 90 grados hacia la derecha, continué por el borroso y estrecho sendero que, en dirección este va paralelo a la tapia, a pocos metros de ella. El primer tramo desciende por una arenosa senda, rodeado de encinas, madreselvas, juncos y jaras en flor que alegraban con sus aromas el camino, cruzando un par de regatos, ya sin agua.

La senda vuelve a subir, acercándose progresivamente a la tapia hasta alcanzar unos riscos con excelentes vistas que hacen las veces de magnífico mirador natural del Monte de los Ángeles.

Aquí se gira a la derecha, descendiendo hacia el sur, perpendicular a la tapia, para salvar un alto risco, en el que un par de escaladores se preparan para subir a su cima. La rodeamos hasta alcanzar el arroyo del Canto del Pico, también llamado del Piojo.

Desde el arroyo, la senda asciende arrimándose a la tapia, que en este tramo, de fuerte pendiente, está reforzada por una valla metálica en bastante mal estado.

El premio al esfuerzo es conseguir haber llegado al punto más alto de la ruta, a la par que disfrutar de una de las mejores panorámicas del recorrido, a nuestra derecha, toda la mini Pedriza a nuestro alcance, a la izquierda, una magnífica vista del Palacio del Canto del Pico.

La malograda casa-museo fue proyectada por José María del Palacio y Abárzuza, conde de las Almenas, en ella reunió un buen lote de elementos arquitectónicos que había recolectado por toda la geografía española.

Por los muros del palacio han desfilado numerosas personalidades de la historia de España. En él falleció el estadista Antonio Maura, que residía en una mansión cercana, denominada El Pendolero, propiedad del hijo.

En una de sus visitas al lugar murió repentinamente mientras descendía por unas escaleras, según se recoge en una placa conmemorativa instalada en el interior del edificio («Bajando por esta escalera, ascendió al cielo don Antonio Maura»).

Durante la guerra civil, el Palacio del Canto del Pico fue sede temporal del Mando Militar Republicano que sirvió de cuartel general a Indalecio Prieto y al general Miaja, quienes dirigieron desde allí la ofensiva militar para aliviar a Madrid de la presión de las tropas sublevadas y que desembocó finalmente en la batalla de Brunete.

El conde de las Almenas perdió a su único hijo durante la guerra. Su muerte le ocasionó una fuerte depresión.​ Dejó en 1947 la finca y el palacio escriturados a nombre de Francisco Franco como herencia.Tras su muerte, la propiedad pasó a sus herederos. Su nieta, María del Mar Martínez-Bordiú, Merry, y el periodista Jimmy Giménez-Arnau fijaron allí su residencia a finales de los años 1970, después de contraer matrimonio.​

El palacio fue abandonado por su familia durante 13 años, durante este tiempo el edificio quedó en estado de semi ruina, saqueado y desvalijado, cuando el palacio fue comprado en 1988 por la empresa inglesa Stoyam Holdings, actual propietaria, que ante los impedimentos para hacer de él un hotel, al estar patológicamente protegido, lo ha abandonado a su suerte.

Tras contemplar el penoso aspecto que presenta el palacio, con el techo semiderruido tras un segundo incendio y lleno de pintadas, continué por la senda que, ahora muy pegada al muro, sigue en dirección este, pasando junto a grandes riscos y una enorme roca que parece estar a punto de despeñarse.

Entre jaras, juncos y alguna encina, fui recorriendo, siempre cerca de la tapia, el Monte de los Ángeles, que nos regalaba estupendas vistas de Torrelodones y, a lo lejos, los pueblos circundantes y la silueta de las cumbres de la Sierra de Guadarrama, hasta dar con un depósito de agua ya en desuso que linda con la tapia.

La desdibujada senda, rodea por la derecha el depósito y, una vez se acerca de nuevo a la tapia, gira a la derecha, en dirección sur, pasando entre unas grandes rocas, salvando la última mediante unos escalones labrados en la roca, alcanzando así el mirador de Los Robles, al que muchos acuden para tener a vista de pájaro una panorámica completa del Monte de los Ángeles y del Palacio del Pico.

Girando a la derecha, se conecta con la senda, que en dirección suroeste va bordeando los chalets más al norte de Los Robles. Este tramo está poco pisado y hay que ir atentos a los hitos de piedra que la señaliza, a la que contribuí en su mejora en los puntos más confusos.

Un giro a la derecha hace que la senda tome dirección oeste, para al poco, pasar junto a un poste de hierro caído, y al poco girar a la izquierda para descender en dirección suroeste hasta alcanzar el Canto de la Cueva, en el que se encuentra la pequeña cueva en la que hay pinturas rupestres, aunque parece ser que no son tan antiguas y en la que su acceso acceso se encuentra tapiado para evitar su deterioro.

Por una de las muchas sendas que surgen bajo estos riscos y sus adyacentes, en los que es habitual ver aficionados a la escala entrenándose, descendí en dirección suroeste hasta vadear el arroyo del Piojo, girando a la izquierda para seguirlo por su margen derecha.

Continué por el parque de Flor de Lis y por a plaza del Arca del Agua regresé al Ayuntamiento, dando así por finalizada esta panorámica ruta que rodea al completo la pequeña Pedriza que circunda el Monte de los Ángeles, privilegiada zona que tenemos la suerte de tener muy cerquita del pueblo. Por todo ello, esta excursión se merece 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

martes, 19 de mayo de 2020

Excursión X218: Torrelodones por la tapia del Canto del Pico

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 6,3 Km 
Desnivel [+]: 165 m 
Desnivel [--]: 165 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 1

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Para mi séptima ruta en desconfinamiento fase 0 en Torrelodones decidí darme un paseo por la parte alta del Monte de los Ángeles, la que pega con la tapia del Palacio del Canto del Pico.

Partiendo de la plaza del Ayuntamiento de Torrelodones, me encaminé hacia la calle Real, en dirección a la carretera de Hoyo, renombrada en este tramo como Avenida Conde de las Almenas, título que ostentaba el primer propietario del Palacio del Canto del Pico, pasando junto a la que fue la posada Real, por servir de aposento de Felipe II, en el que fuera el Mesón de Francisco de Baños.

Dejé atrás el parque que hay junto a la biblioteca, en el que destaca al fondo el nuevo edificio, construido donde se ubicaba el bar Las Olivas, de atrevido y blanco diseño.

Al llegar a la rotonda del Dedo Gordo, continué por la carretera en dirección a Hoyo de Manzanares, pasando junto al restaurante El Pesca y, pasada la rotonda de los Olivos, me desvié a la izquierda para, cruzando el muro de piedra, internarme entre jaras y grandes rocas hacia la urbanización de Los Robles.

Seguía una senda de las muchas que hay por la zona hasta alcanzar la calle del Enebro, por la que continuamos, cruzando la Avenida de los Robles y la calle Álamo, que pronto dejé para proseguir por la calle Ólmo y Abeto, hasta llegar, en fuerte subida, al mirador de los Robles.

Desde allí la vista de pájaro que se tiene de Torrelodones es espectacular, tras la fotos de rigor, a seguir subiendo, en dirección norte, hasta toparnos con el objetivo de esta excursión, la tapia del Palacio del Pico, malograda casa-museo que vive sus horas más bajas, después de haber acumulado mucha historia reciente de España, que se derrumba poco a poco sin remedio para desesperación de todos.

Paralelos a la tapia de piedra continué caminando, siguiendo la desdibujada senda que recorre de este a oeste las lindes de la finca.

Pasé junto al depósito de agua, ya en desuso que linda con la tapia. Un poco más adelante, una enorme roca parece desafiar las leyes del equilibrio. Entre jaras, juncos y alguna encina, fui recorriendo el Monte de los Ángeles, que regalaba estupendas vistas de Torrelodones y, a lo lejos, los pueblos circundantes y la silueta de las cumbres de la Sierra de Guadarrama.

A cada rato, la intrigante silueta del palacio se mostraba, tan de cerca, que parecía que estaba más al otro lado de la tapia que de éste. Tras múltiples requiebros de la senda, que en algunos casos ni se percibe, llegué al mirador más cercano al Palacio, desde el que se aprecian las columnas que preceden la zona de la piscina, que como un monumento romano, dan cuenta del esplendor perdido tras el paso de los años.

Continué descendiendo hasta alcanzar el arroyo que nace a los pies del palacio y que lleva su nombre, aunque muchos le llaman arroyo del Piojo, para a continuación remontar entre grandes riscos por una senda que me llevó a un bonito mirador natural en pleno cerro de los Ángeles.

Como se echaba la hora permitida para el deporte, inicié el descenso en entretenido recorrido por un joven robledal fui perdiendo altura.

Al llegar a las charcas del Loco, que estaban llenas de agua, a rebosar, continué paralelo al arroyo por la amplio camino, que en dirección sur nos acercaba al pueblo, del que me alejé un poco para visitar el único ejemplar de mesto conocido en el municipio.

Crucé el arroyo por detrás de la urbanizaciones y continué por el parque de Flor de Lis y por a plaza del Arca del Agua regresé al Ayuntamiento, dando así por finalizada esta circular y bella ruta que bien se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto

miércoles, 13 de mayo de 2020

Excursión X217: Torrelodones por el Monte de los Ángeles

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 6,5 Km 
Desnivel [+]: 189 m 
Desnivel [--]: 189 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 1

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC


RESUMEN
Nueva ruta, la sexta, en desconfinamiento fase 0 en Torrelodones, en esta ocasión con la idea de recorrer parte del Monte de los Ángeles, en un corto paseo forzado por el horario establecido para hacer deporte, que no es muy largo, si no quieres madrugar en exceso, lo que no tiene mucho sentido, teniendo en cuenta que en el monte hay poca gente y mucho campo, y es además una forma de vaciar las calles y paseos tradicionales de aglomeraciones.

Con las campanadas de las ocho de la mañana sonando en el reloj del ayuntamiento y bajo unas espesas nubes, me encaminé al paso inferior de la autovía A-6, para continuar por la explanada del punto limpio hasta alcanzar el arroyo de la Torre, momento en que giré a la derecha para ascender por la empinada senda que entre retamas y jaras en flor termina en el bonito pinarcillo de las primeras casas de la urbanización de Las María.

Otro giro a la derecha hace cruzar el pinar, y siguiendo por el amplio camino, llegar a los pies de la torre de los Lodones, la atalaya de cerca de once metros de altura que desde hace más de 500 años se señorea desde los riscos donde los árabes la instalaron para el control de las fronteras del imperio omeya de Al-Ándalus.

Desde allí, descendí para encaminar mis pasos hacia la bonita senda que enlaza, entre encinas y un denso matorral, con la entrada a la urbanización de Las Marías, continuando por el acerado habilitado, no hace mucho, para conectar con la rotonda de la carretera de Galapagar, a la altura del polideportivo.

Crucé el puente, llamado de Outarelo, y me acerqué al complejo deportivo al que bordeé para continuar por la pista de hormigón que sube al pie de las altas antenas del repetidor de telefonía móvil y de TV, junto al cual se ubica un albergue de la fundación Apascovi.

A la que subíamos se tiene una amplia vista de la Berzosilla, en la que resalta, en el cerro de Navalapiedra, la torreta del antiguo telégrafo óptico, estructura cuadrangular de ladrillo, de unos diez metros de altura, muy reconstruido, que corresponde con la torre número 4 de la línea del telégrafo óptico Madrid-Irún.

Construido hacia 1846, al estilo del francés ideado por Claude Chappe en 1791, dotado de grandes brazos articulados y una bola, que según su disposición hacían referencia a los distintos fonemas, con los que se enviaban los mensajes cifrados de una torre a otra. 

La línea estaba compuesta por 52 torres, vía Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián, y fue diseñada por el ingeniero José María Mathé Aragua.

Esta torre, se comunicaba con la número 4, situada en el cerro de Cabeza Mediana de Collado Mediano, y ésta con su siguiente, la última de las torres madrileñas de la línea Madrid-Irún, que se encontraba en el Puerto de Navacerrada, a casi 2.000 metros de altitud y de la que queda bien poco, aparte del nombre, Alto del Telégrafo. La primera estaba en el Cuartel del Conde Duque de Madrid.

La senda continua por detrás del edificio y, en dirección norte, pronto alcanza el depósito de agua del Canal Isabel II que abastece al pueblo. Continué por la senda que deja la valla de la finca del Monte de los Ángeles a la izquierda y que unos metros más adelante deja ver un apilamiento de placas que bien podrían ser las de una plaza de toros portátil.

Al poco, un promontorio rocoso hace de magnífico mirador, desde el que se tienen unas estupendas vistas de los afloramientos graníticos, que conforman el Monte de los Ángeles, y de la lejana planicie de Madrid, en la que a duras penas, por la gran cantidad de nubes, sobresale en altura las características torres del Paseo de la Castellana.

Era todo un placer contemplar Madrid sin su característica boina de polución, alguna ventaja tenía que tener el haber estado confinados. Más cerca, el Palacio del Canto del Pico, con las densas nubes, tenía un aspecto sobrecogedor, que recordaba a las aterradoras casas de las películas de miedo.

Desde aquí, por un estrecho paso entre rocas continué por la senda que baja y sube hasta dar con la tapia de la finca del Canto del Pico. El alto muro de piedras puestas una sobre otra recuerda, salvando las distancias, a la muralla china, extendiéndose en ambos sentidos hasta donde se pierde la vista.

Por una borrosa y estrecha senda descendí, en dirección sureste, hacia las Charcas del Loco, paralela a un casi invisible regato. Bajé por la arenosa senda con precaución, rodeado de encinas, madreselvas, juncos y jaras en flor que alegraban con sus aromas el camino.

Al final, proseguí por una senda que sale a la izquierda en busca de la charca superior, la más pequeña, de efímera belleza, situada al norte de las otras dos, encajada en la pared septentrional de esta pequeña Pedriza que es el Monte de los Ángeles.

Continué el camino bordeándola por la senda que recorre su lado este y, entre mucha vegetación en flor y grandes rocas, alcanza la charca del Loco, la más grande y bella, que este año luce como ningún otro sus quietas aguas, espero que duren mucho.

Tras las fotos de rigor, continué el descenso bordeándola por su cara sur, pasando por la charca inferior, la menos visitada, quizás, cerrada por un muro que a duras penas retiene la escasa agua que tiene.

Obviando el camino principal, continué por la senda, que en dirección sur sigue paralela al riachuelo de desagüe de las charcas, pasa junto a un puente de madera y alcanza las primeras casa del pueblo, justo donde se une al arroyo del Canto del Pico.

Crucé la avenida de la Dehesa y descendí por las escalinata que dan acceso a la senda que, paralela al arroyo, se interna en el Parque Flor de Lis hasta alcanzar la calle Nueva y la plaza del Arca del Agua.

Me desvié para hacerle una visita a la iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión que, construida en 1640 y tras muchas reformas, ofrece un bello encuadre de esta obra del renacimiento, con detalles de estilo barroco, que invitan al sosiego, en uno de los rincones más íntimos del pueblo.

Continué hacia la plaza del Caño, cuya fuente monumental es una de las más antiguas de la Comunidad de Madrid, data de 1591, durante el reinado de Felipe II, poco tiempo después de que finalizaran las obras del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, y corresponde fielmente el estilo herreriano.

Desde allí, regresé al ayuntamiento, el punto de partida, cumpliendo horario y con el ánimo renovado tras esta estupenda caminata que bien se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto

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