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lunes, 9 de febrero de 2026

Excursión X554: Embalse de los Peñascales y Casa de Cantos Negros desde Torrelodones

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,6 Km
Desnivel [+]: 333 m
Desnivel [--]: 333 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Entre borrasca y borrasca, parecía que este lunes iba a haber una pequeña tregua, pero como a pesar de eso la probabilidad de lluvia no era cero, preferimos no alejarnos mucho y caminar por valle en lugar de montaña.

El cielo estaba nublado, pero de momento no parecía ser una amenaza.

Una vez reunidos, en la plaza de la Constitución de Torrelodones, enfilamos la calle Real, pasamos junto a la que fue la Posada Real, por servir en numerosas ocasiones de aposento a Felipe II cuando visitaba el Monasterio de El Escorial, en el que fuera el Mesón de Francisco de Baños, y enseguida llegamos a la rotonda del Dedo Gordo, mediocre reproducción del que fue un risco que había a la salida del pueblo, junto a la antigua carretera de la Coruña, volado en la construcción de la autovía A-6.

Giramos a la izquierda y continuamos por la carretera de Hoyo, renombrada como Avenida Conde de las Almenas, título que ostentaba el primer propietario del Palacio del Canto del Pico, que junto a la Torre de los Lodones, es uno de los símbolos más reconocibles del pueblo, caído en desgracia y en el más terrible de los abandonos. Pasamos junto a otro clásico, el restaurante El Pesca.

Al alcanzar la rotonda de los Olivos, giramos a la derecha para seguir por la calle Majadahonda, dejando atrás el Cordel de Hoyo, y alejarnos así momentáneamente del tráfico de la carretera. Salimos a la Avenida del Pardo, carretera que une el pueblo con la zona restringida de El Pardo.

A poco más de 250 metros, dejamos la carretera y nos internamos, por un sendero que sale a la derecha, en pleno campo, rodeados de encinas y enebros, por el Prado de las Minas, hasta cruzar el arroyo de la Mina, continuando por la calle de Tormes hasta desviarnos de nuevo hacia el arroyo de la Mina, que vadeamos con alguna dificultad porque llevaba bastante agua.

Bordeamos la urbanización El Lago y salimos al embalse conocido por todos como de los Peñascales, aunque en realidad se llama de Gabriel Enríquez de Laorden, donde nos recreamos con las bellas imágenes de las nubes reflejándose en sus quietas aguas y el ir y venir de los patos que lo habitan. Con tan bello fondo nos hicimos la foto de grupo.

Continuamos a la izquierda, siguiendo la ribera de este embalse, que fue construido en 1962 para abastecimiento de agua de las urbanizaciones de su entorno, si bien ha perdido este uso con el desarrollo de otras infraestructuras hidráulicas por parte del Canal de Isabel II, que suministran agua a Los Peñascales, ahora es propiedad del Ayuntamiento y está por ver si no acaba demolido, dado su estado de abandono.

Seguimos la preciosa senda que entre juncos y pinos rodea las lujosas viviendas que lo circundan hasta cruzar un puente de madera, donde el agua medio desbordaba el sendero. Subimos paralelos al arroyo de Trofas, pasamos junto a una cascada que tronaba con gran estruendo por el volumen de agua que llevaba. Nunca la habíamos visto así de brava.

La senda continua entre una densa vegetación, muy cerca del arroyo, hasta alcanzar la carretera de El Pardo, donde giramos a la izquierda para seguir por ella durante unos 400 metros para abandonarla por un sendero que sale a la derecha y que en prominente cuesta, entre jaras y encinas, alcanza la Casa de Cantos Negros, que a mi siempre me ha recordado a los cortijos de mi tierra y que ahora está tristemente abandonada a su suerte, en un continuo y progresivo estado de ruina.

Nuestra intención era bajar al encuentro del arroyo de Trofas, cruzarlo y acercarnos a la Casa del Pendolero, famosa finca que perteneció a la familia de Antonio Maura, el que fuera varias veces presidente del consejo de ministros y otros cargos políticos con Alfonso XIII. Ha sido escenario de diez películas, entre las más conocidos están: Mamá cumple cien años y Ana y los lobos.

Sin embargo, al llegar al arroyo de Trofas vimos que era imposible vadearlo, el increíble caudal lo impedía. Nada que ver con el imperceptible hilo de agua que lleva normalmente en verano. Tampoco el arroyo de los Carboneros parecía fácil cruzarlo, dada su envergadura, por lo que dimos media vuelta y regresamos sobre nuestros pasos, continuando luego hasta alcanzar la carretera de El Pardo.

José Luis y Teresa, que tenían prisa, se fueron desde aquí al pueblo, el resto seguimos hacia nuestra izquierda, hasta llegar a la puerta donde se encuentra la Casa del Hito, casa de guardas de la entrada a El Pardo.

Allí nos esperaban Emilio y Carlos B, que prefirieron ahorrarse la subida a Cantos Negros.

Tomamos el tentempié de media mañana y continuamos. Ahora junto al muro de El Pardo por el que fuimos bordeando la urbanización El Monte hasta alcanzar la zona donde se encuentran unas trincheras y tres nidos de ametralladora de la Guerra Civil, que vigilaba el estratégico acceso a Madrid desde Torrelodones, que permaneció en el bando republicano hasta el fin de la contienda.

Bajamos al encuentro del arroyo de Trofas, que en este punto se interna en El Pardo, y continuamos por una pista de tierra, que conecta con la carretera que va a dar donde se encuentra la depuradora.

Decidimos acercarnos a ver cómo rebosaba el agua por el aliviadero de la presa, todo un espectáculo sonoro y visual.

Continuamos por la Avenida de los Peñascales y calle Ebro, donde nos desviamos a la izquierda para bajar por unas escaleras que conectan con otra senda, que a mono derecha, cruza el arroyo del Pretil.

Nos adentramos a continuación en el Prado de la Solana, por una bonita senda rodeada de encinas que cruza el arroyo de Villarejo y continua hasta el cementerio, que bordeamos para así salir al campo de fútbol.

Continuamos por el Cordel de Hoyo para, girando a la izquierda, llegar de nuevo la carretera de Hoyo y completar así la ruta, regresando al punto de partida, tras girar en la rotonda del Dedo Gordo hacia la calle Real.

Un estupendo menú en el bar El Toro, puso el broche de oro a esta bonita excursión, con mucha agua, un embalse, una cascada, una casa de las de antes y mucho campo, a pesar de estar tan cerca de la civilización, que bien se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto

viernes, 5 de enero de 2024

Excursión X450: Embalse de los Peñascales por Prado de las Minas

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 8,9 Km
Desnivel [+]: 185 m
Desnivel [--]: 185 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

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RESUMEN

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lunes, 10 de abril de 2023

Excursión X404: Embalse de los Peñascales y pequeña Pedriza de Torrelodones

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,6 Km
Desnivel [+]: 333 m
Desnivel [--]: 333 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Algunos del grupo teníamos compromisos familiares y teníamos que estar de vuelta pronto, por lo que pensamos en esta ruta por cercana y porque algunos no conocían.

Echamos a caminar desde la Plaza de la Constitución, para recorrer la calle Real, y cruzar la Avenida Conde de las Almenas, título que ostentaba el primer propietario del cercano Palacio del Canto del Pico, junto al que pasaríamos unas horas más tarde.

Dejamos atrás la rotonda del Dedo Gordo, mediocre reproducción del que fue un risco que había a la salida del pueblo, junto a la antigua carretera de la Coruña, volado en la construcción de la autovía A-6. 

Continuamos por la calle Daniel Jiménez hasta salir al Cordel de Hoyo de Manzanares, por el que descendimos hacia el cementerio, al que rodeamos.

Desde allí, giramos a la izquierda para bajar por el Prado de la Solana, rodeados de encinas, entre el arroyo de Villarejo y el arroyo del Pretil hasta la Avenida del Lago, donde alcanzamos la antigua depuradora de los Peñascales, ya en desuso, cruzamos la carretera, para llegar a la fuente que hay junto al puente que salva el arroyo de Trofas, al que estaban limpiando de vegetación sus márgenes, lo que es de agradecer.

Remontamos el arroyo por su orilla izquierda, siguiendo una senda con escaleras, hasta alcanzar la presa del embalse de los Peñascales, oficialmente llamado de Gabriel Enríquez de la Orden. Nos recreamos con las bellas imágenes del cielo y casas reflejándose en sus quietas aguas, en las que una bandada de patos nadaban tranquilamente. Una serpiente de escalera huyó despavorida a nuestro paso por el sendero que en ese momento estaba cruzando.

Bordeamos la ribera de este embalse, que fue construido en 1962 para abastecimiento de agua de las urbanizaciones de su entorno, si bien ha perdido este uso con el desarrollo de otras infraestructuras hidráulicas por parte del Canal de Isabel II, que suministran agua a las urbanizaciones de Los Peñascales.

Seguimos la preciosa senda que entre juncos, zarzamoras y flora de ribera serpentea entre las lujosas viviendas que lo circundan hasta alcanzar el arroyo de Trofas que nutren de agua al embalse.

Un puente de madera permite cruzarlo, aunque en nuestro caso no lo hicimos, para continuar remontándolo, siguiendo una bonita senda, con una pequeña cascada incluida y mucha vegetación, donde el musgo engalana rocas y muros.

Alcanzada la carretera del Pardo, la cruzamos para continuar por la senda que paralela al arroyo sigue remontando el arroyo de Trofas. En un cruce de sendas, continuamos por la que nos sale a la izquierda, que en prominente cuesta, entre jaras y encinas, alcanza la casa de Cantos Negros, que avanza hacia su imparable ruina.

Tras un recorrido por sus aledaños y estancias, todas grafitadas y en penoso estado de dejadez de lo que tuvo que ser una magnífica casa, continuamos por el precioso camino de acceso, adornado por dos hileras de pinos que parecen conducir al paraíso y que a mi siempre me ha recordado a los cortijos de mi tierra.

Aquí nos paramos a tomar el tentempié de media mañana, disfrutando del canto de los pájaros y la paz del lugar.

Pronto la dejamos, para ascender por una senda que sale a la derecha, con estupendas vistas de la Sierra del Hoyo y el pequeño valle que forma el arroyo de Trofas, destacando hacia el oeste la blanca fachada de la casa del Pendolero, famosa finca que perteneció a la familia de Antonio Maura, el que fuera varias veces presidente del consejo de ministros y otros cargos políticos con Alfonso XIII. Ha sido escenario de diez películas, entre las más conocidos están: Mamá cumple cien años y Ana y los lobos.

Alcanzado el repecho, tomamos un desvío a la izquierda para visitar un viejo búnker militar de la posición Lince, construido durante la Guerra Civil sobre un espigado risco de granito.

Tiene dos estancias, una de ellas con aspilleras, y otra con una terraza-mirador con barandillas que han caído al suelo.

Durante la guerra civil, en la que el palacio del Canto del Pico fue utilizado como cuartel general del ejército republicano en la batalla de Brunete, este observatorio, debido a su elevada posición estratégica, ofrecía unas buenas panorámicas de la carretera de La Coruña, de la zona del monte del Pardo y toda la planicie sur de Madrid, en dominio republicano.

Reanudamos la marcha siguiendo el camino hasta alcanzar la carretera de Hoyo de Manzanares, a pocos metros de la entrada a la finca del Palacio del Pico.

Un poco más abajo, la cruzamos para seguir por la urbanización de Los Robles, ascendiendo por la calle Abeto al mirador de los Robles.

Desde allí, a vista de pájaro, se contempla todo Torrelodones, en espectacular panorámica. Desde aquí nos internamos, en dirección noreste en la que para mí es la pequeña Pedriza, por asemejarse, en pequeña escala, a la reina de los riscos graníticos madrileños.

Unas escaleras en piedra dan acceso a una senda que se dirige hacia la tapia del Palacio del Canto del Pico, la malograda casa-museo que vive sus horas más bajas, después de haber acumulado muchas obras de arte y mucha historia reciente de España. Uno de los símbolos más reconocibles del pueblo, caído en desgracia y en el más terrible de los abandonos.

Continuamos paralelos a la tapia de piedra , pasando detrás del depósito de agua, ya en desuso que linda con ella. En dirección oeste y siempre con la tapia muy cerca de nosotros a nuestra derecha, fuimos cruzando el Monte de los Ángeles, que nos regalaba estupendas vistas de Torrelodones y, a lo lejos, de los pueblos circundantes y cumbres reconocibles como las Machotas y Abantos.

A cada rato, la intrigante silueta del palacio se nos mostraba, tan de cerca, que parecía que estábamos más al otro lado de la tapia que de éste hasta que sucumbimos a su llamada y nos adentramos unos metros hasta estar a sus pies, aprovechando un tramo derruido de la tapia.

Está situado en uno de los puntos más altos de la localidad, a 1011 metros de altitud, desde donde se pueden divisar 37 localidades de la provincia, incluida la capital.

La edificación se localiza junto a un canto granítico en forma de pico de ave que da nombre al palacete.

Salimos de nuevo al sendero y al alcanzar un promontorio de rocas que hace de estupendo mirador del Palacio, giramos a la izquierda para descender entre grandes moles de granito hasta los límites urbanísticos del pueblo.

Pasamos junto a unos grandes riscos, tras los cuales se encuentra una cueva, ahora cerrada, en la que al parecer se encontraron pinturas rupestres.

Por detrás de la urbanizaciones continuamos, para girar después a la derecha por la calle que baja de los Robles, regresando así a la plaza del Ayuntamiento, tras pasar junto a la pista de atletismo José Luis Torres y callejear hasta ella. En el Club 72 se quedaron a comer los que no tenían compromisos familiares, dando así por finalizada esta entretenida ruta, que bien se merece 4 estrellas. 
Paco Nieto

lunes, 27 de marzo de 2023

Excursión X399: Presa del Gasco y Canal de Guadarrama desde Torrelodones

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,5 Km
Desnivel [+]: 379 m
Desnivel [--]: 379 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Realizamos esta ruta para mostrar algunos de los encantos que esconden los alrededores de Torrelodones a los que no los conocían del grupo.

Iniciamos la ruta en la plaza del pueblo, dirigiéndonos a la plaza del Caño, con su monumental fuente, una de las más antiguas de la Comunidad de Madrid.

Data de 1591, y fue construida durante el reinado de Felipe II, poco tiempo después de que finalizaran las obras del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, y corresponde fielmente el estilo herreriano. 

Su ubicación actual no es la original, se desplazó por dos veces unos metros hasta quedar centrarla en la plaza que lleva su nombre.

Continuando por la calle Carlos Picabea, pasamos por la plaza del Arca del Agua y la fuente del Manantial, de la que antaño se abastecía el pueblo. Girando a la izquierda, llegamos a la iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, data del siglo XVI y comenzó a construirse en 1564, tras la segregación de la localidad de Galapagar, a la que hasta entonces pertenecía Torrelodones. Construida en granito combina elementos mudéjares, góticos tardíos y renacentistas.

Por la calle de los Huertos pasamos bajo la A-6, girando a la derecha para subir por la renovada escalinata, con traviesas de madera, que sube hacia la torre de los Lodones, emblemática atalaya musulmana que dio origen al pueblo, allá por los siglos IX a XI del período omeya de Al-Ándalus, y que tenía como misión vigilar uno de los caminos que se dirigía hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama, el que en 711 utilizó Tariq para su avance por la parte norte de la península ibérica, formando parte del muy jerarquizado sistema defensivo omeya de la Marca Media, que tenía su centro en Toledo, con la que la población musulmana intentaba frenar el avance de los reinos cristianos.

A sus pies se contempla buena parte de la Sierra de Guadarrama y medio Madrid a lo lejos asentando en su planicie, así como el pueblo a vista de pájaro y el abandonado a su suerte Palacio del Canto del Pico, otro de los iconos del pueblo.

La atalaya toma su nombre del almez, árbol que también es conocido como lodón o lotonero y que era abundante en su enclave y por extensión, el caserío surgido a sus pies acabó llamándose Torrelodones.

Proseguimos por el camino que en dirección suroeste alcanza un pequeño y bello pinar, que da paso, a la derecha, a una senda que entre pinos y jaras desciende hacia el Mirador de Las Marías y, más abajo, a otro mirador desde el que se tiene unas preciosas vistas de la planicie de Madrid, mientras abajo no paran de cruzar trenes por las vías que, poco más arriba llegan a la estación de Torrelodones.

Continuamos descendiendo por la senda que. al poco, alcanza el Camino del Pardillo, sobre el túnel del ferrocarril. Este camino unió durante siglos Torrelodones con Villanueva del Pardillo a través del Molino de la Hoz. La primera constancia de su existencia se remonta al siglo XII, como paso vinculado a la aldea de Santa María del Retamar, fundada por madrileños en la primera mitad del siglo XII y habitada, por lo menos, hasta finales del siglo XIV.

En el siglo XVI adquirió un importante auge al iniciarse las obras del monasterio de El Escorial que hicieron de Torrelodones parada y fonda. Durante este periodo, el Camino sirvió para el transporte de mercancías desde Villanueva del Pardillo para sus numerosos mesones y posadas.

La construcción de los puertos de Galapagar y del León, y el nuevo camino hasta Segovia por Las Rozas, Galapagar y Guadarrama, supusieron la decadencia progresiva del Camino del Pardillo.

Remontamos la cuesta que va a dar con la entrada a la Casa del Enebrillo, que perteneció al duque de Sotomayor hasta el siglo XIX.

Obligado a venderla por deudas tras la pérdida de las colonias,  la compró el torero cordobés Lagartijo, que durante un tiempo la utilizó como tentadero en el que entrenarse y ponerse en forma.

Más adelante, pasamos junto a Casa Panarrás, un caserón de estilo vasco construido por un marqués a principio del siglo XX, se convirtió en puesto de mando republicano en la batalla de Brunete, con unas vistas estratégicas al flanco norte de esta ofensiva que tenía por objetivo frenar el avance de las tropas franquistas a Madrid y ayudar a las provincias del Norte de España, que acabó con multitud de muertos de ambos bandos en veinte días de crueles enfrentamientos.

Desde allí, iniciamos el descenso por el Camino de la Isabela, para poco después, en la primera curva, dejar el camino para seguir la senda que sale a la derecha en dirección a un cerro desde el que se tiene estupendas vistas.

El Monte Abantos y las Machotas al oeste, al este la planicie de Madrid, al sur unas bonitas vistas del embalse de Molino de la Hoz y toda la urbanización que ha nacido a su vera, y al norte el Monte Gurugú, donde se asienta Casa Panarrás.

Continuando en dirección sur por esta bonita senda y, tras un moderado descenso, giramos a la derecha para descender por una empinada cuesta hasta dar con el Canal de Guadarrama y el camino que lleva a la presa del Gasco, dejando el canal a la derecha.

El inmenso muro de la presa fue diseñado, en su momento, como la más alta del mundo, con 93 metros.

De este proyecto, sólo se conserva un lienzo de 53 m de altura y 251 de longitud, con una anchura que oscila entre los 72 m de la base y los cuatro de la parte superior.

El infortunio hizo que el 14 de mayo de 1799 se derrumbara parte del muro meridional, después de que una terrible tormenta, dejando al descubierto sus juntas laterales y muros transversales, cuando se llevaban 53 metros construidos y 12 años invertidos. Se retiró todo el material caído para no hacer tapón en el río. El resto de la presa se dejó abandonada para siempre.

Descansamos un rato en el privilegiado mirador en el que se ha convertido la presa, que los siglos han coronado de encinas y enebros, mientras nos asomábamos a sus precipicios, no aptos para gente con vértigo, pensando en el triste final del ingeniero francés Carlos Lemaur, al que se debió la iniciativa de su construcción, y que se suicidó, antes de ver acabada su obra. Tampoco sus hijos, continuadores del proyecto, lograron verlo acabado, permaneciendo desde el día de la tormenta tal como lo contemplamos hoy.

Tras contemplar desde su cima cómo el río Guadarrma lo atraviesa, retrocedimos sobre nuestros pasos, hasta llegar al precioso bosque de pinos donde el Canal del Guadarrama se hace más presente, manteniendo agua todo el año.

El Canal del Guadarrama, fue una ciclópea obra que pretendía realizar un canal navegable de 771 km, que, salvando un desnivel de 700 m, hubiese unido fluvialmente la ciudad de Madrid con el océano Atlántico.

Partiría de una presa que habría de construirse a la altura de Torrelodones, enlazaría las cuencas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Jarama, Tajo, Riansares, Záncara, Jabalón, Guarrizas, Guadalén, Guadalimar y Guadalquivir.

Sólo pudieron ejecutarse los primeros 27 km del canal y la Presa de El Gasco, su embalse regulador. Aquí muchos más detalles del proyecto.

Como íbamos bien de tiempo, subimos a las Casas de Isabela a ver cómo el tiempo continúa su lenta pero infatigable tarea de convertir en ruinas lo que fue una gran casa con múltiples edificios, como cocheras, cobertizos, ermita, gallineros y cochineas para los animales, casa de los guardeses y hasta dos piscinas, una cubierta, en lamentable estado.

Desde allí, continuamos por el frondoso pinar que hay junto al Canal de Guadarrama, asomándonos de vez en cuando a sus aguas o a su seco lecho y al que seguimos en su serpenteante recorrido hacia Las Rozas, siempre a nuestra izquierda, con bonitas vistas de la urbanización de Molino de la Hoz y todos los pueblos que desde aquí se divisan.

Al pasar el arroyo de la Torre, junto al arroyo de Varela, paramos a tomar el tentempié de media mañana, a la sombra de las encinas y enebros que cubren todo el recorrido.

La idea era continuar por el Canal hasta Las Matas, lo que iba alargar luego el regreso, por lo que, a sugerencia de Carlos R, decidimos acortar por Los Viales, pasada la zona conocida como Los Barrancos. Dejamos el Canal por la izquierda y ascendimos a las ruinas de la que fue Casa de los Barrancos, desoladora imagen en un entorno privilegiado.

Continuamos, en dirección norte, por cómodo camino entre encinas, que de seguirlo acaba en una alta valla con puerta cerrada, por lo que nos desviarnos hacia el noreste para subir al Cerro de la Mesilla,  situado a 782 metros de altura, coronado por otra casa, ésta más pequeña, que sin estar en ruinas, presenta un lamentable estado de conservación.

Desde aquí se tienen unas estupendas vistas del todo el entorno, rebasamos la casa por la derecha y continuamos junto a una valla que suponemos pertenece a la misma finca, llamada Casa García.

Al poco, el camino se hace senda y se pierde entre incómodo matorral, procurando tener siempre la valla cerca, descendimos hasta un arroyo seco, para continuar ascendiendo siguiendo la cerca hasta cruzarla cerca de las vías del tren.

Con extremo cuidado cruzamos las vías, cerciorándonos de que no venía ningún tren, algo peligroso teniendo en cuenta el alto tráfico de esta línea, tanto de cercanías como de trenes que une Madrid con el noroeste de España, y aún más si se va con niños o mascotas sueltos.

Al otro lado, una puerta abierta da acceso a la otra parte del muro que protege las vías.

Por un sendero, continuamos hasta dar con las calles del área homogénea sur, subimos al sendero que rodea la zona sur de los Bomberos, deteniéndonos en el mirador que contempla el paso de los trenes vigilados por la torre.

Al llegar a la explanada del arroyo de la Torre, en las inmediaciones del punto limpio, cruzamos bajo la A-6 y regresamos al punto de inicio, el ayuntamiento de Torrelodones. Por todo lo visto y disfrutado, esta excursión se ha ganado 4 estrellas.
Paco Nieto