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martes, 2 de junio de 2020

Excursión X222: Torrelodones por la Berzosilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 7 Km 
Desnivel [+]: 215 m 
Desnivel [--]: 215 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Para la tercera ruta en desconfinamiento fase 1 en Torrelodones, nos propusimos volver al Monte de los Ángeles e internarnos en la Berzosilla para llegar hasta la Peña del Búho, lugar que la mayoría no conocíamos.

Puntuales, como siempre, nada más más dar las ocho en el reloj del ayuntamiento, nos encaminamos hacia la calle Carlos Picabea. Al acercarnos a la a la Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, nos sorprendió ver la estatua en homenaje a los trabajadores del servicio de limpieza con mascarilla, todo un símbolo de esta nueva etapa.

Continuamos callejeando hasta salir al Instituto Diego Velázquez para, cruzando la Avenida de la Dehesa, seguir por una amplia senda que paralela a un muro de piedra se dirige hacia la parte alta del polideportivo.

Al poco, conectamos con la rampa de cemento que sube a las antenas de telefonía y TV que hay junto al refugio de la fundación Apascovi. Por la parte de atrás seguimos la senda que enseguida alcanza el depósito de agua del Canal Isabel II que abastece al pueblo.

La senda prosigue por la derecha de la valla de la finca del Monte de los Ángeles, en dirección noreste, dejando las que descienden hacia el pueblo.

Esta bonita senda discurre entre encinas, jaras, tomillo y olorosas lavandas, pasando por varios aglomerados graníticos que hacen de excelentes miradores con estupendas vistas de la parte más occidental de esta pequeña Pedriza, desde donde además se contempla gran parte del pueblo y, en la lejanía, la extensa planicie de Madrid, con sus inconfundibles torres. Mucho más cerca, destaca la omnipresente silueta del Palacio del Canto del Pico.

Por un estrecho paso, continuamos por la serpenteante senda, que entre grandes rocas y matorral va abriéndose camino hasta alcanzar la tapia de la finca del Canto del Pico. El alto muro de piedras apiladas se extiende de este a oeste en perfecta línea recta.

El roto muro da paso a un camino que se dirige en dirección oeste, por el que seguimos unos metros hasta abandonarlo en la primera curva por una senda con la misma dirección que llevábamos. Al poco, otro paso de la tapia nos sitúa en un camino que bordea la Berzosilla.

Lo seguimos en dirección noroeste para continuar por el que enseguida surge a la izquierda, para dejarlo poco después para seguir una senda, que en unos metros nos llevó a un promontorio rocoso llamado Canto del Mirador, al que se asciende por unos escalones labrados en la piedra granítica.

El lugar no puede ser más acogedor, al resguardo del viento, cuenta con un amplio banco, labrado en la roca al estilo de la Silla de Felipe II, y un sillón, también cincelado, justo enfrente. Desde este privilegiado mirador se tienen unas vistas impresionantes de 360º, divisando casi al completo la Sierra de Guadarrama y medio Madrid.

Tras las fotos de rigor, descendimos del mirador por el extremo opuesto al empleado en la subida, continuando por una senda que en descenso y en dirección oeste hasta llegar a un risco también con buenas vistas a las curvas de la autovía A-6, en lo más cercano, y de la sierra en el horizonte.

Desde allí seguimos un sendero utilizado como circuito de motos de montaña, en el que hay hasta rampas para los saltos. Tras un par de requiebros, fuimos a dar con una pista por la que ascendimos para abandonarla enseguida y seguir un corto sendero, bastante oculto, por lo que hay que estar atentos a su salida, que finaliza en la cumbre de la Peña del Búho, otro mirador con estupendas vistas al oeste.

Tras la contemplación de la amplia panorámica que desde aquí se tiene, iniciamos el regreso recuperando la pista, por la que continuamos muy pocos metros para enseguida girar a la derecha y seguir por otra que va a dar a un depósito de agua ya en desuso y estado de semiruina.

Una senda en dirección sureste nos devolvió a la tapia por la que habíamos accedido y volviendo sobre nuestros pasos regresamos al Monte de los Ángeles, tras volver a sortear la otra tapia.

Continuamos unos cuantos metros más por la senda que habíamos traído, hasta alcanzar una roca partida, donde hicimos un giro de 90º hacia la izquierda, para continuar por la senda que desciende, en dirección sureste, rodeados de encinas, madreselvas, juncos y jaras en flor.

La senda gira poco después hacia el sur siguiendo la margen derecha de un regato, ya seco, y que poco después cruzamos para acercarnos, en breve ascenso, a un bonito mirador, desde el que se tiene las mejores vistas de las Charcas del Loco.

Con cuidado, descendimos a la la charca superior, la situada más al norte, y nos sorprendió verla ya seca, cuando apenas unas semanas atrás estaba a rebosar.

Continuamos bordeándola por la senda que recorre su lado este y, entre mucha vegetación en flor y grandes rocas, alcanza la charca del Loco, la más grande y bella, que aunque aún con agua, había menguado ostensiblemente.

Tras las fotos de rigor, proseguimos el descenso bordeándola por su cara sur, pasando por la charca inferior, la menos vistosa, y obviando el camino principal.

Continuamos por la senda, que en dirección sur sigue paralela al riachuelo de desagüe de las charcas, pasa junto a un puente de madera y alcanza las primeras casa del pueblo, justo donde se une al arroyo del Canto del Pico.

Cruzamos la avenida de la Dehesa y descendimos por las escalinata que da acceso a la senda que, paralela al arroyo, se interna en el Parque Flor de Lis hasta alcanzar la calle Nueva y la plaza del Arca del Agua, regresando así a la plaza del ayuntamiento, previo paso por la la plaza del Caño, una de las más antiguas de la Comunidad de Madrid.

En el bar Club 72 nos tomamos un merecido y reparador desayuno, como premio final de esta bonita ruta con estupendas vistas a camino entre el Monte de los Ángeles y las peñas de la Berzosilla, que se merece 3,5 estrellas.
Paco Nieto

viernes, 29 de mayo de 2020

Excursión X221: Las Dehesas y Tortuga de Hoyo de Manzanares

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 6 Km 
Desnivel [+]: 378 m 
Desnivel [--]: 378 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Para nuestra segunda ruta en fase 1 de la desescalada nos planteamos dar un paseo por las dehesas de nuestra vecina Hoyo de Manzanares y hacerle una visita a su gigantesca tortuga.

Con un día espléndido, soleado pero tirando a fresquito, que nos hizo muy placentero el caminar, quedamos al inicio de la Dehesa La Viña, en una curva pronunciada de la calle Gargantilla, al norte del pueblo.

Emotivo reencuentro con amigos y mascotas a los que no veíamos desde hacía más de tres meses por el encierro. Con mascarillas y guardando la distancia de seguridad, en animada conversación de puesta al día de cada cual, fuimos recorriendo en dirección noreste las verdes praderas que entre encinas y un promontorio rocoso, nos fueron regalando bonitas vistas de la Sierra de Hoyo.

Tras pasar un portón de la alambrada, nos acercamos a contemplar la enorme y alargada cantera, ya abandonada, excavada en la rocas, que debió contener un filón de pórfidos, y en cuyo vacío se acumulaba un agua oscura que no dejaba ver el fondo.

Para contemplarla desde más arriba, la rodeamos hasta alcanzar ver su longitud completa, que debe rondar los 100 metros, continuando hacia el este, ascendiendo con la pendiente ya más acentuada pero sin mucho esfuerzo.

Pasamos junto a un vivac al abrigo de una gran roca, y enseguida junto a un magnífico ejemplar de alcornoque, con gran parte de tronco desnudo por haberle arrancado su corcho protector.

Un enorme lanchar a nuestra izquierda nos obligó a esforzarnos en su ascenso, como premio, junto a una enorme roca que parecía poder salir rodando en cualquier instante, nos deleitó con unas espléndidas vistas de las dehesas, de Hoyo de Manzanares y su sierra hasta donde se perdía la vista.

Atentos a un giro a la izquierda, no muy definido, buscamos un enorme hito, que va creciendo en cada visita, y la conexión con la senda principal, que en dirección noreste zigzaguea entre rocas cubiertas de musgo y un espeso encinar, hacia el collado del Portachuelo.

Antes de llegar a él, paramos junto a un magnífico mirador natural, en las cercanías de un Belén acoplado entre dos grandes rocas, con inmejorables vistas. Rodeamos los pedruscos para buscar un paso que desciende en dirección oeste hacia el collado del Portachuelo.

Pasamos junto a un mirador natural sobre un roquedal, desde el que se tiene una estupenda vista de la Tortuga, que parece querer esconderse entre el espeso bosque de encinas en el que se encuentra. También desde aquí se divisan todos los enclaves que al norte ofrecía la Cuerda Larga, marcada en la línea del horizonte.

Tras la amplia sesión de fotos con nuestro objetivo de fondo, un descenso a un colladito, dio paso a una pendiente antes de llegar a los pies de la Tortuga, a la que accedimos tras un angosto paso triangular entre las rocas que forman el cuello y su abultado caparazón.

Sin tiempo para subir, como en otras ocasiones a él, iniciamos el descenso siguiendo una senda con bastante pendiente entre rocas en dirección sur, hasta dar con una pradera que hace de mirador de la cara sur de la Tortuga.

Teníamos previsto acercarnos desde aquí al Estepar, la cumbre más alta de la Sierra de Hoyo, a escasos 500 metros, pero el tiempo que nos quedaba para poder cumplir los horarios establecidos nos hizo desistir del empeño e iniciar el regreso al pueblo.

Seguimos para ello una senda que en dirección sur se precipita entre canchales rápidamente hacia las dehesas de Las Viñas, pasando por una fuente de piedra sin nombre, pero rotulada con "NOV 1994".

El olor y el colorido del tomillo, romero, jaras, gran cantidad de gamones y cantueso nos acompañó en el descenso por el paraje conocido como La Ladera.

La senda conecta con un camino de tierra que al poco dejamos tras un paso de una tapia de piedra, para bordear las últimas casas al norte de Hoyo, siguiendo una senda rodeada de exuberante vegetación en flor, con bonitas vistas a Los Picazos y así regresar al punto de partida, finalizando así esta bonita y ansiada ruta de entrenamiento que bien se merece 3,5 estrellas.

En el bar La Plaza nos tomamos, unos cafés, y otros las cervezas de premio por haber finalizado la ruta y, para celebrar el reencuentro, poco a poco, del grupo, esperando que pronto sea al completo.
Paco Nieto

FOTOS

martes, 26 de mayo de 2020

Excursión X220: Torrelodones por la Presa del Gasco

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 10,4 Km 
Desnivel [+]: 340 m 
Desnivel [--]: 340 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Para celebrar el paso a la fase 1 del plan de desescalada por el Covid-19, en la que ya se podía hacer deporte en grupos de hasta 10 participantes, nos reunimos en Torrelodones cinco del grupo para acercarnos a ver la presa del Gasco.

Iniciamos la ruta en la plaza del Ayuntamiento, dirigiéndonos hacia la explanada del punto limpio, previo paso bajo los arcos que sostienen la autovía A-6. Dejando a la derecha el roquedal en el que se alza la Torre de los Lodones, avanzamos por la planicie hasta alcanzar el arroyo de la Torre, donde nos esperaba otro de los habituales compañeros de rutas.

Cruzamos el arroyo de la Torre y continuamos por la senda que enseguida sale a la izquierda, dejando la principal que sube hacia la urbanización de las Marías.

Entre encinas y jaras, pronto conectamos con otra senda de mayor anchura que se dirige en dirección este hacia El Gasco, con un recorrido paralelo a las vías, por las que no dejaban de pasar, a cada poco tiempo, los trenes de cercanías que van y vienen a Madrid.

Esta senda tiene un par de cuestas y cruza un arroyuelo que pocas veces lleva agua y va a dar al Camino del Pardillo, sobre el túnel del ferrocarril. Allí nos esperaban, en emotivo reencuentro tras el confinamiento, dos chicas del grupo, completando así los cinco participantes de esta ruta.

El cielo estaba muy nublado, lo que hizo que las fotos que tomé estuvieran todas tamizadas por una luz grisácea que le dieron una fuerza tremenda, sobre todo en los contraluces. 

Poniéndonos al día de las vivencias de cada uno mientras caminábamos, con mascarillas y guardando las distancias de seguridad, remontamos la cuesta que va a dar con la entrada a la Casa del Enebrillo, en la que aparece una plantación artificial de pino piñonero con algunos ejemplares de gran envergadura.

En ligero descenso, enseguida alcanzamos Casa Panarrás, con enigmática silueta que recuerda las que salen en las películas de miedo, y donde de hecho creo que se ha rodado alguna.

Es un caserón de estilo vasco construido por un marqués a principio del siglo XX, se convirtió en puesto de mando republicano en la batalla de Brunete, con unas vistas estratégicas al flanco norte de esta ofensiva que tenía por objetivo frenar el avance de las tropas franquistas a Madrid y ayudar a las provincias del Norte de España, que acabó con multitud de muertos de ambos bandos en veinte días de crueles enfrentamientos.

Desde allí, iniciamos el descenso por el Camino de la Isabela, para poco después, en la primera curva, dejar el camino para seguir la senda que sale a la derecha en dirección a un cerro desde el que se tiene estupendas vistas.

El Monte Abantos y las Machotas al oeste, al este la planicie de Madrid, al sur unas bonitas vistas del embalse de Molino de la Hoz y toda la urbanización que ha nacido a su vera y al norte el Monte Gurugú, donde se asienta Casa Panarrás.

Continuando en dirección sur por esta bonita senda, tras un moderado descenso, giramos a la derecha, para seguir una desdibujada senda, muy tapada por la exuberante vegetación, para descender por una empinada cuesta hasta dar con el camino que lleva a la presa del Gasco.

A su inmenso muro llegamos, diseñado, en su momento, como la más alta del mundo, con 93 metros. De este proyecto, sólo se conserva un lienzo de 53 m de altura y 251 de longitud, con una anchura que oscila entre los 72 m de la base y los cuatro de la parte superior.

Tras contemplar desde su cima cómo el río Guadarrama lo atraviesa, retrocedemos sobre nuestros pasos,hasta llegar al precioso bosque de pinos donde el Canal del Guadarrama se hace más presente, manteniendo agua todo el año.

El Canal del Guadarrama, fue una ciclópea obra que pretendía realizar un canal navegable de 771 km, que, salvando un desnivel de 700 m, hubiese unido fluvialmente la ciudad de Madrid con el océano Atlántico, partiendo de una presa que habría de construirse a la altura de Torrelodones, enlazaría las cuencas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Jarama, Tajo, Riansares, Záncara, Jabalón, Guarrizas, Guadalén, Guadalimar y Guadalquivir. Sólo pudieron ejecutarse los primeros 27 km del canal y la Presa de El Gasco, su embalse regulador. Aquí muchos más detalles del proyecto.

Sin subir a las Casas de Isabela, para poder cumplir en tiempo los horarios estipulados, iniciamos el regreso desde el frondoso pinar que hay junto al canal, ascendiendo por la Cuesta Blanca del Camino de Isabela, en dirección norte, hasta llegar de nuevo a Casa Panarrás y Casa del Enebrillo, donde enlazamos con el Camino del Pardillo.

Este camino unió durante siglos Torrelodones con Villanueva del Pardillo a través del Molino de la Hoz. La primera constancia de su existencia se remonta al siglo XII, como paso vinculado a la aldea de Santa María del Retamar, fundada por madrileños en la primera mitad del siglo XII y habitada, por lo menos, hasta finales del siglo XIV.

En el siglo XVI adquirió un importante auge al iniciarse las obras del monasterio de El Escorial que hicieron de Torrelodones parada y fonda. Durante este periodo, el Camino sirvió para el transporte de mercancías desde Villanueva del Pardillo para los mesones y posadas de nuestro pueblo.

La construcción de los puertos de Galapagar y del León, y el nuevo camino hasta Segovia por Las Rozas, Galapagar y Guadarrama, supusieron la decadencia progresiva del Camino del Pardillo.

Desde allí descendimos hasta pasar de nuevo por encima del túnel del ferrocarril, donde giramos a la derecha para seguir por una senda que en dirección noreste pasa junto a unos riscos hasta alcanzar la urbanización Las Marías.

Atravesamos un bonito pinar, continuando en dirección norte hasta alcanzar la Torre de los Lodones, con vistas especialmente bellas de la Sierra de Guadarrama, la planicie de Madrid y todo Torrelodones, destacando al fondo el Palacio del Pico, otro de los iconos del pueblo.

La atalaya toma su nombre del almez, árbol que también es conocido como lodón o lotonero y que era abundante en su enclave y por extensión, el caserío surgido a sus pies acabó llamándose Torrelodones.

Fue erigida en algún momento indeterminado del período omeya de Al-Ándalus, entre los siglos IX y XI, durante el periodo andalusí, y formaba parte del muy jerarquizado sistema defensivo omeya de la Marca Media, que tenía su centro en Toledo, con la que la población musulmana intentaba frenar el avance de los reinos cristianos.

Sólo quedaba descender por una empinada pendiente de escalones con traviesas de madera en dirección al pueblo, pasar por el viaducto bajo la A-6, girar para a la izquierda para pasar frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión y hacer una parada en el Club 72 para tomar unos cafés y celebrar el esperado reencuentro y el final de esta primera ruta en fase 1.

Completamos el recorrido al llegar a la plaza del Ayuntamiento, completando así esta excursión que complementa los atractivos naturales con los históricos y que bien se merece 3,5 estrellas.

Antes de despedirnos, nos emplazamos a realizar nuevas excursiones e ir recuperando la "normalidad" y la forma perdida en el encierro.
Paco Nieto

FOTOS