lunes, 10 de febrero de 2020

Excursión X207: Cabezas de Hierro desde Cotos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 963 m 
Desnivel [--]: 963 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Los pronósticos del tiempo unas veces aciertan y otras, no tanto, sobre todo en alta montaña, donde los cambios son menos previsibles.

Y esto es lo que nos ocurrió al iniciar esta ruta, daban algo de nubes, pero pronto saldría el sol. Lo anterior se cumplió, pero lo que no esperábamos era encontrarnos con una espesa niebla que lo empapaba todo.

El contraste entre el sol radiante que teníamos por la carretera y lo que nos esperaba en el Puerto de Cotos, fue tremendo, tanto que nada más llegar decidimos tomarnos un café en Venta Arias para levantar nuestros alicaídos ánimos, a la espera de que mejorase un poco. Hasta el humor de los camareros parecía estar agriado, como el tiempo, aunque esto en éste establecimiento es lo habitual.

Resignados a mojarnos, nos pusimos las prendas de lluvia y emprendimos la marcha. Cruzamos la carretera para remontar la cuesta que hay justo enfrente de la Venta para seguir la senda que, en dirección sur, va a dar con la carretera M-861, la que sube a Valdesquí.

Nada más cruzar la carretera nos internamos en la pradera desde la que se tiene en otras condiciones una bonita panorámica de nuestro objetivo de hoy: Cabezas de Hierro. Pero la niebla solo nos dejaba ver una decena de metros por delante de nosotros y nos perdimos tan espléndida panorámica.

Descendemos por el PR-27, junto al regato que va a dar al arroyo de las Guarramillas, al que cruzamos por la pasarela de madera, dejando el PR, que continua por la izquierda y que utilizaríamos a la vuelta. Torcemos a la derecha, con la idea de seguir una senda, marcada en la cartografía del IGN, que alejándose del arroyo de las Guarramillas, se dirige en línea recta hacia el remonte del Collado.

Pero, como ya nos ha ocurrido en otras ocasiones, de la senda, tan bien trazada en los mapas, ni rastro. Solo encontramos piornos y más piornos, que con la niebla estaban cubiertos de agua y hacían que se nos empaparan los pantalones y las botas.

Al cruzarnos con una senda, ésta más visible, que en sentido transversal cortaba a la supuesta nuestra, decidimos abandonar toda esperanza de seguir ascendiendo en línea recta y seguirla ala derecha para acercarnos de nuevo al arroyo, buscando terreno ya conocido.

Al alcanzar la estrecha senda que remonta el arroyo de las Guarramillas, volvimos a contemplar el siempre placentero espectáculo del agua, y era mucha, fluyendo con prisa entre las piedras hacia su destino final, el mar.

Pasamos junto a lo que queda de una pequeña presa de hormigón, por la que pasa el arroyo sin dificultad a través de una gran abertura, curiosamente cerrada por una cancela. Supongo que en tiempos se utilizaría para dar servicio a la estación de Valdesquí.

Pronto estábamos frente al aparcamiento de la estación, momento en el que giramos a la izquierda para seguir otra supuesta senda, entre piornos mojados y niebla que no dejaban ver por dónde pisábamos, complicando un poco la de por sí empinada pendiente.

Pero lo mejor estaba por llegar, entre tramos de nieve compacta, un par de pedregales, con afilados cantos graníticos, que pusieron a prueba nuestra capacidad de saltar bloques mojados y resbaladizos sin dejarnos los dientes en el intento.

Por fin, llegamos al remonte del Collado, en el que los telesillas estaban parados, a la espera de nuevas nevadas que vuelvan a poner en funcionamiento las pistas de esquí, y que nos sirvieron de cómodos asientos mientras llegaba el resto del grupo.   

Una vez agrupados, continuamos ascendiendo por la senda que, en dirección sureste, bordea la loma del Cerro de Valdemartín por su cara norte, con tan buena suerte, que el cielo comenzó a abrirse para dar paso a un radiante sol que nos iluminó el valle y las montañas para regocijo de nuestra vista. ¡Por fin pudimos contemplar las enormes panzas de Cabezas de Hierro!

Poco antes de alcanzar el Collado de Valdemartín, dejamos la senda porque el último tramo estaba cubierto de nieve y es bastante aéreo, por lo que, a falta de crampones y piolets, era muy peligroso cruzarlo. Esto nos supuso alcanzar la Cuerda Larga (PR-11), 400 metros antes del Collado de Valdemartín.

Inundados de alegría por las maravillosas vistas, cuando creíamos que no íbamos a poder disfrutarlas, nos reunimos en el collado, contemplando en todas las direcciones cómo el cielo azul jugueteaba con los últimos vestigios de niebla, mientras el sol se reflejaba en la nieve de la vertiente norte de las cimas.

Con mucho ánimo, ascendimos los pedregosos 2.376 metros de la cima de Cabeza de Hierro Menor, que proporcionaban estupendas vistas de todo su entorno y en especial de su hermana mayor y la Bola del Mundo.

Nos dio cierto pánico pensar que tuviéramos que regresar por donde habíamos subido, dado que las vistas que desde aquí teníamos del recorrido previsto, la fuerte bajada del PR-27 precipitándose hacia el circo de las Cerradillas, no eran muy tranquilizadoras. La nieve cubría todo el recorrido y no sabíamos en que estado estaría. 

Mientras los demás descendían entre los grandes pedruscos de la vertiente oriental de la cumbre, con algún que otro resbalón sin mayores consecuencias, yo me adelanté para acometer el segundo objetivo del día, Cabeza de Hierro Mayor.

Sus escuetos 4 metros de diferencia con su hermana, le dan el título, y 48 menos que Peñalara le quitan el de ser la montaña más alta de Madrid, pero ya se sabe al segundo, nadie le recuerda.

Su vértice geodésico, con 2.380 metros de altura, contempla en solitario el valle del Lozoya y su embalse de Pinilla, al norte, en el lado opuesto, al sur el del Manzanares y su embalse de Santillana. Al este, una vista única de la Pedriza y la Loma de Pandasco. Al oeste, la Bola del Mundo o Alto de las Guarramillas y la Maliciosa, amén de los Montes Carpetanos, Peñalara Abantos, las Machotas y medio Madrid, todo un lujo a nuestro alcance, que gracias al maravilloso día que había quedado pudimos contemplar.

Por suerte, la nieve no estaba tan dura y permitía avanzar por ella sin mayores dificultades que algún que otro culatazo, por lo que el descenso hacia el circo de las Cerradillas fue posible, ganando así emoción y vistas.

Tras una breve parada para tomar los bocadillos junto a un risco, continuamos el descenso por el PR-27, lanzándonos al abismo, en un descenso de notable pendiente, por un interminable canchal en el que la nieve lo cubría todo, haciendo divertido, aunque algo arriesgado el descenso, lo que hizo que alguna prefiriera ir por el piornal, con peor suerte porque un resbalón le produjo un fuerte golpe.

Pasado lo peor, cruzamos el arroyo que recoge el deshielo del desfiladero por el que habíamos bajado. y nos adentramos en la Majada de las Cerradillas, precioso rincón con agua por doquier y un mullido suelo.

La senda gira a la izquierda, se interna en un espeso pinar, cruza un arroyo, que llevaba mucha agua, al igual que el siguiente, el arroyo de las Cerradillas y dos más a continuación. La senda continua en dirección norte hasta alcanzar un precioso mirador natural desde el que se divisa el Puerto de Cotos y el Valle de la Angostura, allí gira a la izquierda dirigiéndose al oeste en busca del arroyo de las Guarramillas.

Volvimos a cruzar el arroyo por la plataforma de madera utilizada a la ida y nos desviamos a la derecha para ir a contemplar la Poza de Sócrates, exuberante de agua, que tronaba como nunca al caer desde su decena de metros de altura.

De vuelta al aparcamiento del Puerto de Cotos, pasamos por el refugio El Pingarrón, donde nos hicimos la foto de grupo, sin Pepa por haberse ido desde el cruce del arroyo de las Guarramillas para estar pronto en casa.

La celebración del fin de esta magnífica ruta, que se merece 4 estrellas y no 5 por el mal tiempo inicial, la realizamos en el refugio de Cotos, situado en la estación de ferrocarril del mismo nombre. Aquí, sí, atendidos con toda la amabilidad del mundo por Patricia.
Paco Nieto

lunes, 3 de febrero de 2020

Excursión X206: Integral de Siete Picos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 12,2 Km 
Desnivel [+]: 615 m 
Desnivel [--]: 615 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
El filósofo griego Heráclito afirmaba que ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.

Por lo mismo, nunca un paisaje es el mismo, depende de si hace sol o está nublado, si está con nieve, con lluvia o con viento, si es verano o invierno, si el verde es el color predominante o los árboles están desnudos, por ello, una ruta, aunque transite por los mismos lugares, nunca será la misma.

Cuando realizas una ruta que ya has hecho en otras ocasiones, me pasa lo mismo que cuando ves varias veces una buena película, que por más que ya la hayas contemplado, siempre descubres algo nuevo.

Y eso me pasó en esta ocasión, que a pesar de caminar por terreno conquistado, me pareció muy diferente a otras ocasiones. También influye, no cabe duda, quién te acompaña. En los grupos, no siempre se recorre el camino con la misma gente y esto enriquece cada ruta, a la vez que la hace distinta.

Con todo esto en mente, y con la esperanza de volver a pisar nieve, nos planteamos recorrer la cresta de los Siete Picos con el propósito de subir a cada uno de ellos, en un día soleado de primavera adelantada.

Iniciamos la ruta en el Puerto de Navacerrada, después de tomarnos un café en Venta Arias. Nos dirigimos al aparcamiento de la Venta, muy concurrido por un grupo de niños y sus monitores, que les estaban aleccionando para hacer alguna excursión en busca de nieve.

Nada más salir del aparcamiento, dejamos la pista que desciende hacia Cercedilla para girar a la derecha e iniciar un empinado ascenso por una senda de fuerte pendiente, dificultada por estar cubierta de nieve dura.

A mitad del trayecto, nos sorprendió el que nos rebasara una larga fila de novicias, todas muy jóvenes y con el clásico hábito negro, aunque equipadas con calzado de montaña. Siguiendo sus pasos alcanzamos la pista de entrenamiento e inicio de la pista de El Bosque

Nos decepcionó ver tan poca nieve en la cumbre, cuando hace menos de una semana disfrutamos un un espeso manto cerca de aquí. Las altas temperaturas y la lluvia caída recientemente han acelerado el deshielo.

Nos dirigimos hacia el risco donde se alza la Virgen de las Nieves que, como era previsible, estaba copada por la novicias. Se ofrecieron a bajar si nosotros queríamos subir, les dijimos que no era necesario y nos conformamos con verla desde abajo.

Continuamos hacia el Cerro del Telégrafo, llamado así por haber estado ubicado en él la torre número 6 de la línea del telégrafo óptico Madrid-Irún. La línea estaba compuesta por 52 torres, vía Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián, y fue diseñada a mediados de 1800 por el ingeniero José María Mathé Aragua.

Nos subimos a lo más alto de las rocas para contemplar las impresionantes vistas que desde este cerro se tiene de Peñalara, las Guarramillas, la Maliciosa y Cabezas de Hierro, además de todo el valle hacia Cercedilla. Pero aún fue más gratificante ver la cara de felicidad de la que hacia esta ruta por primera vez.

Proseguimos, en dirección suroeste, hacia la Pradera de Siete Picos, una despejada llanura alpina por la que se camina como flotando en el cielo. En su extremo más occidental, una gran roca indica el inicio de la Senda Herreros (PR-8), que esta vez no utilizaremos para el regreso.

Girando un poco a la derecha, cruzamos un bosquejo de pinos silvestres y en dirección oeste iniciamos el ascenso al primero de los picos, en realidad el séptimo, ya que se numeran de oeste a este. Seguimos los hitos de la empinada senda que en 900 metros nos hace subir 190.

Poco antes de llegar a la cima, los pinos desaparecen, dando paso a piornos y matorral de alta montaña. Al alcanzar la cresta, nuestra felicidad es máxima al alcanzar el cielo.

Enseguida unos pocos trepamos hasta los 2.138 metros donde está situado el vértice geodésico del que es el pico más alto de los siete, que recibe popularmente el nombre de pico de Somontano, en honor al miembro de la Sociedad Alpina Albino de Somontano quien, junto con Enrique Herreros, trazó el recorrido que se sigue al pie de los Siete Picos.

Esta montaña es la única desde cuya cima se puede ver al completo la Sierra de Guadarrama, la de Ayllón, gran parte de la llanura madrileña, la Sierra de Gredos y gran parte de la llanura segoviana.

Nos sorprendió contemplar un pequeño belén a los pies del vértice geodésico, una costumbre que se ha extendido a la mayoría de las cumbres de la sierra. Nada más descender, nos dimos un respiro para tomar el tentempié de media mañana antes de continuar en busca del resto de las cumbres.

Solo 150 metros nos separaban del siguiente pico, el Sexto, de 2121 metros de altura, al que llegamos tras acercarnos primero a ver una pequeña ventana situada al pie de los riscos del pico Somontano. Subimos a las rocas menos escarpadas y bordeamos el resto por la derecha.

La línea de cumbres describe una C orientada al sur, por ella continuamos, bordeando por la parte segoviana el Quinto pico, que tiene una altura de 2109 metros. Lo mismo hicimos con el cuarto, de 2097 metros de altura. Entre ambos contemplamos una gran roca en un equilibrio imposible.

Al llegar al Tercero, también de 2097 metros, nos desviamos para contemplar la Ventana del Diablo y pasar bajo ella, no sin antes hacernos cientos de fotos en tan emblemático lugar.

En el pequeño collado que hay entre el Segundo y tercer pico nace la senda que baja al Primero de ellos, el Majalasna, pero antes recorremos los escasos metros que nos separan del segundo para ascender a lo más alto de su bicéfala cima de 2093 metros de altura.

En ella encontramos a un chico haciendo volar a un pequeño dron. Con cierto temor por mi parte, me dejó pilotarlo, una agradable experiencia en la que pude comprobar lo sencillo que es manejarlo, al menos este modelo. En este enlace se puede ver el vídeo que grabó.

Agradeciéndole su ofrecimiento, continuamos nuestra ruta, regresamos al collado e iniciamos el descenso hacia el primero de los Siete Picos, separado de éste 650 metros en línea recta.

La senda se descuelga precipitadamente hacia la Pradera de Majalasna, salvando un desnivel de 170 metros en un kilómetro. A mitad de trayecto, nos reconforta ver el agua manando de una fuente acabada en un tubo casi a ras de tierra.

Alcanzamos un collado donde nos juntamos con la Senda de los Alevines que luego seguiríamos, y ascendemos al Majalasna, por una pared en la que un alto escalón añade un podo de dificultad a la escalada.

Desde su cumbre, situada a 1934 metros de altura, contemplamos la cresta que hemos recorrido, denominada durante gran parte de la Edad Media, como "La Sierra del Dragón" por la silueta de esta montaña, que se asemeja al dorso dentado de estos seres mitológicos tan del gusto de esa época.

Tras deleitarnos con las maravillosas vistas, descendemos con mucho cuidado por la escarpada pared y en la Pradera de Majalasna buscamos unas rocas donde tomarnos los bocadillos y descansar.

Una visita rápida a la fuente de Majalasna y los cercanos petroglifos del buitre pusieron fin a nuestra estancia en esta preciosa pradera surcada por arroyuelos que la mantienen encharcada en esta época.

Una foto de grupo y enfilamos la Senda de los Alevines (PR-7) en dirección al Collado Ventoso. Un paso bajo rocas y la fuente de los Alevines nos amenizaron el recorrido por esta entretenida y sinuosa senda, llamada así en honor de los jóvenes montañeros del Peñalara y otros clubes históricos del alpinismo madrileño, que discurre bajo el roquedo somero del segundo de los Siete Picos.

Por fin alcanzamos la encrucijada de caminos que es el Collado Ventoso, señalizada con dos grandes mojones de piedra, que merece la pena contemplar y desde el que se tienen las mejores vistas del Montón de Trigo.

Con dudas de si regresar por la pista de esquí de fondo o por el camino Schmid, finalmente nos decidimos por éste último que presumíamos nos iba a llevar menos tiempo.

Descendimos hasta el comienzo de la Senda de los Cospes, continuando por la vertiente septentrional de Siete Picos, la que da a Segovia, llamada Umbría de Siete Picos, sin apenas perder altura, jalonando este tramo, a la izquierda, la pradera de Navalusilla, el arroyo del Telégrafo y la pista de esquí El Bosque, como únicas referencias entre el denso pinar de Valsaín, siguiendo los pasos de Eduardo Schmid Weikan, el que fuera el socio n.º 13 de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, quien en 1926 señalizó esta senda.

Conforme nos acercábamos al puerto de Navacerrada. el gentío aumentaba, atraídos por el buen día y el poder tocar la poca nieve que quedaba les hacia recorrer estos primeros kilómetros del camino. 

Llegados a Venta Arias, nos tomamos las cervezas de recompensa, por haber realizado una nueva ruta con excelente tiempo y compañía y que vino a demostrar lo comentado al principio, que aunque el recorrido sea idéntico, nunca se repite una ruta.

Por todo ello, esta excursión bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 27 de enero de 2020

Excursión X205: Fuenfría invernal

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Dehesas. Cecedilla
Final: Las Dehesas. Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10 Km 
Desnivel [+]: 720 m 
Desnivel [--]: 720 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A menudo, cuando andamos por el monte, o al preparar la mochila, o al acabar las excursiones, me pregunto: ¿hasta cuándo podremos disfrutar de ello? Viejos no somos, aunque canas ya tenemos, tampoco somos unos jovenzuelos. Me suelo contestar que tenemos cuerda para rato, para mucho rato. Pero ¿cuánto es ese rato? ¿podríamos llegar hasta los 86 años? 

Vayamos con la excursión. Ya he participado en unas cuantas con este grupo de los lunes y lo lógico es que ya me tocase hacer la crónica, así es que lo acepté cuando me lo propusieron, haciéndome un poco el remolón claro, pero de buena gana.

En esta ocasión éramos siete participantes humanos y dos perrunos, Vitto y Twiter. Iniciamos la caminata en el aparcamiento de Majavilán, en Las Dehesas de Cercedilla, en torno a las 10h30. A priori teníamos la intención de subir vía Puerto de Fuenfría hasta la cumbre del Montón de Trigo, si bien no con mucho convencimiento ya que existía la posibilidad de que la abundante nieve nos lo pusiera difícil, como finalmente sucedió. 

Las predicciones decían que el día seria frío y nublado, y que tal vez lloviera por la tarde. Si bien, como otras tantas veces nos ha sucedido, la realidad suavizó mucho esa predicción. Incluso tuvimos sol y calor en buena parte de la jornada.

Sabíamos que habría mucha nieve, pero en el primer tramo apenas había. Por lo que de momento no utilizamos los mini crampones, o ‘los pinchos’ como solemos llamarlos. 

Desde el arranque tomamos un camino distinto al del track previsto, aunque algo más adelante coincidimos con él en algún tramo. En concreto utilizamos el Camino Viejo de Segovia (PR-M30), que nos llevaría de forma bastante directa hacia el Puerto de la Fuenfría. La primera fase era entre pinos con el camino-pista bien diferenciado, en leve ascenso, con algo de nieve, que iba aumentando conforme ascendíamos. 

Pronto algunos nos pusimos los pinchos, seguramente no eran del todo necesarios ya que la nieve no estaba helada, pero nos deban mayor seguridad al movernos. Durante esta fase disfrutábamos de bonitas vistas del valle y en especial del Pico Majalasna, el primero de los Siete Picos, ese que mirando desde el lado madrileño esta a la izquierda, un tanto separado del resto, y un poco más abajo, y que es invisible desde el segoviano.

En este tramo cruzamos el arroyo de la Barranca, el Regajo de la Peña, pasamos junto a la fuente de los Acebos y cruzamos por un puentecito de madera el arroyo de Fuenfría.

Más adelante la pendiente se empinó bastante, sin abandonar el camino, ahora más bien una senda, de forma directa hacia el puerto. La nieve era cada vez más abundante. Esta parte prácticamente no había sido transitada, por lo que, pese a que seguíamos las huellas de excursionistas más madrugadores, pisábamos nieve prácticamente virgen, y teníamos que estar atentos para no hundirnos en ella. Algunos de nosotros se habían puesto raquetas de nieve, por lo que en teoría nos irían abriendo camino, si bien no siempre era así. 

Conforme ascendíamos entre los pinos, cargados de nieve, el paisaje a nuestro alrededor iba mejorando. Todo era como una de esas impresionantes postales o calendarios invernales con muchos pinitos abarrotados de nieve. En ocasiones presentaban formas caprichosas por lo era una tentación hacer fotos.

Y llegamos al Puerto de la Fuenfría, con sus casi 1800 metros de altitud. A la derecha llegaba la Calzada Romana y un poco más allá la Carretera de La República. Y a nuestra izquierda veíamos perfectamente el que inicialmente era nuestro objetivo, el Montón de Trigo, y también el más próximo y bajito Cerro Minguete.

No son pocas las veces que hemos estado es este puerto, la mayoría con nieve, y lo que siempre ha sucedido es que allí nos encontremos a otros excursionistas, bien senderistas, bien ciclistas. En esta ocasión no iba a ser menos.

Allí había un grupo de unas quince personas, la mayoría de ellos antiguos ´telefónicos’, como muchos de nosotros, lo cual hizo que el encuentro fuera muy cordial y amistoso. 

Eran mayores que nosotros, yo diría que bastante más mayores. Charlamos un rato con ellos, incluso alguno nos dice su edad, uno iba a hacer 79 años, en general por ahí andaban, pero … ¿Qué edad tenía él ‘menos joven del grupo’?, pues eso: ¡86 añitos de nada!, y por supuesto no los aparentaba, ahí que estaba, hecho un chaval, en el Puerto de la Fuenfría, al que sólo se podía llegar pisando una gruesa capa de nieve, fuese cual fuese el camino utilizado. Entonces ¿Qué? Repito la pregunta que me planteaba al principio: ¿estaremos tragando montañas nosotros a esa edad? ¡Pues claro que sí, faltaría más!

En el puerto nos hacemos la foto de grupito, comemos algo, compartiendo viandas, y bebemos el buen vino que nos lleva el otro Jorge. A estas alturas de la jornada, ya habíamos decidido que no subiríamos hasta el Montón de Trigo, y que recortaríamos algo la ruta con el fin de poder llegar a comer a Cercedilla. Sin entretenernos mucho reanudamos la marcha, para llegar a tiempo al restaurante. Bueno, antes nos hacemos algunas fotos dentro de un pino en el mismo puerto, al que el peso de la nieve había doblado totalmente las ramas de forma que lo convertía en una gran cabaña.

Seguimos en ascenso por la izquierda, empinado sendero que nos dirige hacia el Cerro Minguete, y que trascurre prácticamente sobre la frontera entre Segovia y Madrid. Los pinos van desapareciendo, lo que en principio nos permite tener mejores vistas, ahora de todos los Siete Picos, de La Bola, Las Cabezas, Peñalara, etc. Todo blanco brillante por la nieve. Y mirando hacia abajo, por el lado madrileño, las lejanas nubes bajas nos decían que hacía mejor donde estábamos que en Madrid. Alguna nube se nos acercaba caprichosa, ocultando y descubriendo el Montón de Trigo. Incluso durante unos instantes estábamos con niebla, pero fue sólo eso, un instante. 

Conforme subíamos, ya sin árboles, apareció el viento que durante lo poco que nos quedaba de ascenso hasta el Cerro Minguete fue fuerte, algo frío e incluso molesto.

Por tanto al llegar al cerro (poco más de 2000 metros de altura) nos hicimos alguna foto rápidamente, y seguimos, ahora con algo de descenso. Así llegamos, siguiendo caminado por la frontera, hasta la Peña Bercial, que dejamos ligeramente a nuestra derecha.

Avanzábamos en ruta circular en sentido contrario a las agujas del reloj, o levógiro, como dirían los mas letrados. Seguimos, ahora sí, descendiendo con rapidez, hasta una pista forestal que se adentra hacia el lado segoviano por una puerta-valla, y por el otro hacia el madrileño, es la ‘pista de la Calle Alta’. Pero nosotros no tomamos esta pista, la dejamos a nuestra derecha, y ‘atronchamos’ bajando a lo bestia por un senderillo invisible por la nieve, prácticamente en línea recta hacia los coches. Aquí volvíamos a tener muchos pinitos con nieve.

Continuamente parábamos a hacerles fotos, ya que las formas que adquirían por el peso del manto de nieve invitaba a parar y plasmar cada momento.

Esta fuerte bajada nos llevó, por la zona denominada El Hoyuelo, hasta el camino por el que habíamos iniciado la jornada ‘el Camino Viejo de Segovia’. Ahora habíamos descendido unos 250 metros en 1´5 km, desnivel que a la subida hacia Fuenfría nos había supuesto unos 3 km. 

De nuevo en este camino ya casi no había nieve, por lo que nos quitamos los ‘pinchitos’, y raquetas, y hacemos en sentido contrario al inicial kilometrito que nos separaba de los coches en Majavilán. Cuando llegamos nos cambiamos el calzado con rapidez y sin ‘estirar’ ni mínimamente nos vamos a Cercedilla, no vaya a ser que llegásemos demasiado tarde para poder comer. Habíamos reservado mesa en el Restaurante La Maya, donde comimos de menú, dando así por finalizada una preciosa jornada.

En resumen, el tiempo fenomenal, prácticamente todo el recorrido con abundante nieve, paisajes fantásticos y final con comida feliz. Y, además, vimos con nuestros propios ojos que para subir a la montaña la edad no es problema, recordemos ¡al menos hasta que tengamos 86 años!

Pues que sean 5 estrellas.
Jorge Montero