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sábado, 27 de enero de 2024

Excursión X454: Senda de las fuentes de Mariola y Montcabrer

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Ermita de San Cristóbal. Cocentaina
Final: Ermita de San Cristóbal. Cocentaina
Tiempo: x a x horas
Distancia: 13,8 Km
Desnivel [+]: 1.076 m
Desnivel [--]: 1.076 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hacía ahora un año que había subido por primera vez al Montcabrer, fue en esta ruta,  desde el Santuario de Nuestra Señora de Agres, situado al oeste de esta cima, la más alta de la Sierra de Mariola, por eso me hacia ilusión subir ahora por la parte este, desde la Ermita de San Cristóbal de Cocentaina para volver a coronar sus 1390 metros de altura, que le hacen ser el tercer mayor pico de montaña de la provincia de Alicante

Quedamos en el aparcamiento que hay junto a la Ermita de San Cristóbal (Sant Cristòfol). Mientras llegaban los participantes, me asomé a contemplar el cercano castillo de Cocentaina, torre situada en lo alto del cerro de San Cristóbal, que domina la Villa, coronando la última estribación de la vertiente oriental de la Sierra de Mariola, a 754 metros de altura.

Desde abajo, se antoja inexpugnable su gran torre cuadrada de 13,5 metros de lado por 12 metros de altura, de estilo gótico-militar, pero sin embargo fue saqueado e incendiado en la revuelta mudéjar de 1303.

Después nos acercamos a contemplar los alrededores de la ermita, un sobrio edificio construido a finales del siglo XIV. Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XV vivía aquí el ermitaño Pedro Juan Escuder, personaje mítico en Cocentaina por sus profecías.

A su alrededor se han instalado mesas, bancos y fuentes que han convertido este paraje en un lugar de ocio importante y muy concurrido los fines de semana y en verano.

Poco antes de iniciar la ruta, vimos cómo descendían a toda velocidad los primeros corredores de la I Ultra Mediterránea, travesías de diferentes longitudes, la más dura de 164 km, que se estaba celebrando este fin de semana por la zona. Aquí más información de esta dura prueba.

Cuando estuvimos todos reunidos, con alguna baja de última hora por un incidente con el coche, iniciamos el largo ascenso por unas escaleras de piedra del área recreativa, dejamos a nuestra derecha la ermita de Sant Cristòfol y enfilamos, en dirección noroeste, un camino, que luego pasa a a ser senda (PR-CV 37) y que nos acompaña durante prácticamente toda la ruta.

Un panel de azulejos, a poco de llegar a Casa La Purísima, dibuja el recorrido de la llamada Senda Ecológica de L´asquererola, inicio del sendero por donde discurre nuestra ruta. Enseguida comenzamos a ganar altura, pasamos junto a un abrigo rocoso en el que hay una mesa y bancos, todo ello de piedra. 

Un poco más adelante un pequeño mirador, con otra mesa de piedra, ofrece buenas vistas del barranco que estamos superando.

Alejándonos unos metros a la izquierda del sendero, descubrimos la primera de las fuentes, la Font de Borrás, rodeada de mucha vegetación.

De su pequeño tubo, enmascarado por la maleza, manaba un buen chorro de agua cristalina. Estamos cerca del Racó de la Mala Cabra, en el que el sendero realiza un recodo a la derecha.

Enseguida, al abrigo de las rocas surge la Font de la Peña Banyada, ésta sin apenas agua. A unos 400 metros más arriba, alcanzamos un mirador con un excelente mural de cerámica que reproduce, con gran detalle, las vistas que desde allí se divisan, lastima que los pinos nos impidan verlas. Una rosa de los vientos indica los cuatro puntos cardinales.

Proseguimos el ascenso y enseguida llegamos a la fuente de las Ocho Piletas (Font de les Huit Piletes), enmarcada en un bello paraje con bancos de piedra, donde paramos a tomar el almuerzo de media mañana.

La sucesión de corredores bajando velozmente animaba el momento, durante todo el trayecto tuvimos que ir apartándonos cada vez que se nos acercaba uno al grito de "corredor", para prevenir a los demás y no provocar un accidente.

Un grupo de chicos, que contemplaba la carrera en este punto a modo de voluntarios de organización, nos contaron los pormenores de la carrera, así supimos que la carrera de 164 km se suele hacer en unas 30 horas (en esta edición 29h:44m), lo que implica estar corriendo más de un día con su correspondiente noche, una auténtica locura solo apta para corredores muy preparados.

Tras el descanso, continuamos el ascenso, esquivando corredores alcanzamos el Mirador de L´asquererola, protegido por una pérgola, aunque eso no ha impedido que su mesa de madera acabe abatida en el suelo.

Un poco más arriba se encuentra otra posible zona de descanso para hacer más llevadera la subida, tiene una mesa con bancos junto a la pared del farallón. con excelentes vistas del entorno. Desde aquí, enseguida llegamos a la Font de L´asquererola, situada a 911m de altitud, según reza su cartel. Poca agua salía de ella, aunque sí estaba muy húmeda la zona donde emana el agua aportando frescor a su entorno.

Una curva a la izquierda nos puso a los pies de la única parte más complicada del recorrido, un paso por rocas con dos escales de unos dos metros de altura.

Para salvarlos hay que trepar con las manos para ir apoyándonos en los salientes de las rocas y subir con mayor facilidad, nada complicado con un mínimo de destreza, que añade algo de diversión a la ruta.

A poco más de 500 metros de la fuente, se encuentra la Fuente de Sancho (Font de Sanxo), compuesta de un caño metálico y un pequeño pilón. En uno de los árboles que dan sombra a la fuente, paramos a esperar a los más rezagados.

Aquí se cruzan varios caminos, continuamos por el que lleva la dirección noroeste de subida que llevamos, para alcanzar, a unos 400 metros, la Font de Llopis, abandonada construcción con un par de aljibes que abastecían de agua a la casa del mismo nombre a la que llegamos a continuación.

Mas de Llopis
 era una masía de las muchas que se encuentran por la zona dedicada a labores agrícolas, que ha acabado en un lamentablemente estado de ruina, pero con vistas espectaculares al valle del Serpis y a muchas de las montañas del entorno de la Sierra de Mariola y comarca del Comtat.

Desde este privilegiado balcón, en unos troncos, colocados a modo de asientos, paramos un rato a contemplar tan bellas panorámicas que cautivan la mirada.

Desde este altiplano contemplamos ya claramente la cima del Montcabrer, todavía a más de 200 metros de altura sobre nuestra posición. Un poste de señalización lo anuncia a 2,1 km de distancia.

Tras el breve descanso, uno de los participantes, algo indispuesto, regresó desde aquí por donde habíamos venido, el resto acometimos el último tramo de subida. ahora en dirección sur. 

En este tramo los árboles van desapareciendo conforme ascendemos, pero aún así, tiene una gran belleza por las amplias vistas que el sendero ofrece.

A pocos metros encontramos en el suelo un curioso buzón que simula una pequeña casita. Aquí dejamos escrito en su cuaderno de mensajes testimonio de nuestro paso. 

Un poco más adelante, a mitad de la subida, pasamos junto a un risco en forma de dedo (El Dit), situado a 1.265 metros de altura, un saliente rocoso con apariencia de pulgar señalando el cielo, de donde le viene el nombre.

Más adelante, la senda se va acercando a la inmensa mole del Montcabrer, pasa junto a la Font del Pouet, que estaba seca, y realiza una cerrada curva a la derecha, bordeando la cara sur del risco para acometer el tramo final de subida, más empinado pero fácil de remontar.

Girando a la derecha, enseguida alcanzamos la cima del Montcabrer, señalizado por su vértice geodésico, medio destruido, situado a 1,390 metros de altura, como indica la placa de metal casi fusionada con la roca, el punto más alto de todo el recorrido.

Desde aquí disfrutamos de unas estupendas vistas, al norte, contemplamos El Teix, al noreste, la imponente Sierra del Benicadell, Muro, el embalse de Beniarrés y, al fondo, en el horizonte, el Mediterráneo; al sureste, la Serra Aitana y Cocentaina con su castillo; al sur, el blanco santuario en el Carrascar de la Font Roja y al oeste, el Alto de Mariola.

Por supuesto que todos querían inmortalizarse en tan emblemático lugar, el tercero más alto de Alicante, como comentamos al principio.

Tras la parada, descendimos por la cara oeste, siguiendo un estrecho sendero, con piedra suelta bastante resbaladiza en su primer tramo, que entre arbustos bajos se abre camino realizando una amplia curva hacia la derecha, hacia la zona boscosa del  Racó del Sapo.

Dejando dos sendas que salen a la izquierda, descendimos hasta el 
Barranco dels Paradetsa, donde nos cruzamos con el Camino de Llopis, el sendero GR-7 que asciende al Motcabrer. Aquí paramos a tomarnos los bocadillos y reagruparnos.

Tras el reparador descanso, y viendo que el tiempo no daba para continuar hacia las cavas, iniciamos el regreso por el mencionado GR-7, que tras un agradable ascenso nos situó en el collado donde enlazamos con el  PR-CV 37.

Desde allí,
 retornamos por donde habíamos subido, disfrutando, ahora en bajada, de las fuentes y miradores ya conocidos hasta alcanzar de nuevo la Ermita de San Cristóbal, donde habíamos dejado los coches.

Dimos así por finalizada esta bonita ruta, algo exigente, pero con inmejorables vistas y premio final en la cumbre de Montcabrer, que bien merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 27 de enero de 2020

Excursión X205: Fuenfría invernal

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Dehesas. Cecedilla
Final: Las Dehesas. Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10 Km 
Desnivel [+]: 720 m 
Desnivel [--]: 720 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A menudo, cuando andamos por el monte, o al preparar la mochila, o al acabar las excursiones, me pregunto: ¿hasta cuándo podremos disfrutar de ello? Viejos no somos, aunque canas ya tenemos, tampoco somos unos jovenzuelos. Me suelo contestar que tenemos cuerda para rato, para mucho rato. Pero ¿cuánto es ese rato? ¿podríamos llegar hasta los 86 años? 

Vayamos con la excursión. Ya he participado en unas cuantas con este grupo de los lunes y lo lógico es que ya me tocase hacer la crónica, así es que lo acepté cuando me lo propusieron, haciéndome un poco el remolón claro, pero de buena gana.

En esta ocasión éramos siete participantes humanos y dos perrunos, Vitto y Twiter. Iniciamos la caminata en el aparcamiento de Majavilán, en Las Dehesas de Cercedilla, en torno a las 10h30. A priori teníamos la intención de subir vía Puerto de Fuenfría hasta la cumbre del Montón de Trigo, si bien no con mucho convencimiento ya que existía la posibilidad de que la abundante nieve nos lo pusiera difícil, como finalmente sucedió. 

Las predicciones decían que el día seria frío y nublado, y que tal vez lloviera por la tarde. Si bien, como otras tantas veces nos ha sucedido, la realidad suavizó mucho esa predicción. Incluso tuvimos sol y calor en buena parte de la jornada.

Sabíamos que habría mucha nieve, pero en el primer tramo apenas había. Por lo que de momento no utilizamos los mini crampones, o ‘los pinchos’ como solemos llamarlos. 

Desde el arranque tomamos un camino distinto al del track previsto, aunque algo más adelante coincidimos con él en algún tramo. En concreto utilizamos el Camino Viejo de Segovia (PR-M30), que nos llevaría de forma bastante directa hacia el Puerto de la Fuenfría. La primera fase era entre pinos con el camino-pista bien diferenciado, en leve ascenso, con algo de nieve, que iba aumentando conforme ascendíamos. 

Pronto algunos nos pusimos los pinchos, seguramente no eran del todo necesarios ya que la nieve no estaba helada, pero nos deban mayor seguridad al movernos. Durante esta fase disfrutábamos de bonitas vistas del valle y en especial del Pico Majalasna, el primero de los Siete Picos, ese que mirando desde el lado madrileño esta a la izquierda, un tanto separado del resto, y un poco más abajo, y que es invisible desde el segoviano.

En este tramo cruzamos el arroyo de la Barranca, el Regajo de la Peña, pasamos junto a la fuente de los Acebos y cruzamos por un puentecito de madera el arroyo de Fuenfría.

Más adelante la pendiente se empinó bastante, sin abandonar el camino, ahora más bien una senda, de forma directa hacia el puerto. La nieve era cada vez más abundante. Esta parte prácticamente no había sido transitada, por lo que, pese a que seguíamos las huellas de excursionistas más madrugadores, pisábamos nieve prácticamente virgen, y teníamos que estar atentos para no hundirnos en ella. Algunos de nosotros se habían puesto raquetas de nieve, por lo que en teoría nos irían abriendo camino, si bien no siempre era así. 

Conforme ascendíamos entre los pinos, cargados de nieve, el paisaje a nuestro alrededor iba mejorando. Todo era como una de esas impresionantes postales o calendarios invernales con muchos pinitos abarrotados de nieve. En ocasiones presentaban formas caprichosas por lo era una tentación hacer fotos.

Y llegamos al Puerto de la Fuenfría, con sus casi 1800 metros de altitud. A la derecha llegaba la Calzada Romana y un poco más allá la Carretera de La República. Y a nuestra izquierda veíamos perfectamente el que inicialmente era nuestro objetivo, el Montón de Trigo, y también el más próximo y bajito Cerro Minguete.

No son pocas las veces que hemos estado es este puerto, la mayoría con nieve, y lo que siempre ha sucedido es que allí nos encontremos a otros excursionistas, bien senderistas, bien ciclistas. En esta ocasión no iba a ser menos.

Allí había un grupo de unas quince personas, la mayoría de ellos antiguos ´telefónicos’, como muchos de nosotros, lo cual hizo que el encuentro fuera muy cordial y amistoso. 

Eran mayores que nosotros, yo diría que bastante más mayores. Charlamos un rato con ellos, incluso alguno nos dice su edad, uno iba a hacer 79 años, en general por ahí andaban, pero … ¿Qué edad tenía él ‘menos joven del grupo’?, pues eso: ¡86 añitos de nada!, y por supuesto no los aparentaba, ahí que estaba, hecho un chaval, en el Puerto de la Fuenfría, al que sólo se podía llegar pisando una gruesa capa de nieve, fuese cual fuese el camino utilizado. Entonces ¿Qué? Repito la pregunta que me planteaba al principio: ¿estaremos tragando montañas nosotros a esa edad? ¡Pues claro que sí, faltaría más!

En el puerto nos hacemos la foto de grupito, comemos algo, compartiendo viandas, y bebemos el buen vino que nos lleva el otro Jorge. A estas alturas de la jornada, ya habíamos decidido que no subiríamos hasta el Montón de Trigo, y que recortaríamos algo la ruta con el fin de poder llegar a comer a Cercedilla. Sin entretenernos mucho reanudamos la marcha, para llegar a tiempo al restaurante. Bueno, antes nos hacemos algunas fotos dentro de un pino en el mismo puerto, al que el peso de la nieve había doblado totalmente las ramas de forma que lo convertía en una gran cabaña.

Seguimos en ascenso por la izquierda, empinado sendero que nos dirige hacia el Cerro Minguete, y que trascurre prácticamente sobre la frontera entre Segovia y Madrid. Los pinos van desapareciendo, lo que en principio nos permite tener mejores vistas, ahora de todos los Siete Picos, de La Bola, Las Cabezas, Peñalara, etc. Todo blanco brillante por la nieve. Y mirando hacia abajo, por el lado madrileño, las lejanas nubes bajas nos decían que hacía mejor donde estábamos que en Madrid. Alguna nube se nos acercaba caprichosa, ocultando y descubriendo el Montón de Trigo. Incluso durante unos instantes estábamos con niebla, pero fue sólo eso, un instante. 

Conforme subíamos, ya sin árboles, apareció el viento que durante lo poco que nos quedaba de ascenso hasta el Cerro Minguete fue fuerte, algo frío e incluso molesto.

Por tanto al llegar al cerro (poco más de 2000 metros de altura) nos hicimos alguna foto rápidamente, y seguimos, ahora con algo de descenso. Así llegamos, siguiendo caminado por la frontera, hasta la Peña Bercial, que dejamos ligeramente a nuestra derecha.

Avanzábamos en ruta circular en sentido contrario a las agujas del reloj, o levógiro, como dirían los mas letrados. Seguimos, ahora sí, descendiendo con rapidez, hasta una pista forestal que se adentra hacia el lado segoviano por una puerta-valla, y por el otro hacia el madrileño, es la ‘pista de la Calle Alta’. Pero nosotros no tomamos esta pista, la dejamos a nuestra derecha, y ‘atronchamos’ bajando a lo bestia por un senderillo invisible por la nieve, prácticamente en línea recta hacia los coches. Aquí volvíamos a tener muchos pinitos con nieve.

Continuamente parábamos a hacerles fotos, ya que las formas que adquirían por el peso del manto de nieve invitaba a parar y plasmar cada momento.

Esta fuerte bajada nos llevó, por la zona denominada El Hoyuelo, hasta el camino por el que habíamos iniciado la jornada ‘el Camino Viejo de Segovia’. Ahora habíamos descendido unos 250 metros en 1´5 km, desnivel que a la subida hacia Fuenfría nos había supuesto unos 3 km. 

De nuevo en este camino ya casi no había nieve, por lo que nos quitamos los ‘pinchitos’, y raquetas, y hacemos en sentido contrario al inicial kilometrito que nos separaba de los coches en Majavilán. Cuando llegamos nos cambiamos el calzado con rapidez y sin ‘estirar’ ni mínimamente nos vamos a Cercedilla, no vaya a ser que llegásemos demasiado tarde para poder comer. Habíamos reservado mesa en el Restaurante La Maya, donde comimos de menú, dando así por finalizada una preciosa jornada.

En resumen, el tiempo fenomenal, prácticamente todo el recorrido con abundante nieve, paisajes fantásticos y final con comida feliz. Y, además, vimos con nuestros propios ojos que para subir a la montaña la edad no es problema, recordemos ¡al menos hasta que tengamos 86 años!

Pues que sean 5 estrellas.
Jorge Montero