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lunes, 22 de enero de 2024

Excursión X453: Pradera y Umbría de Siete Picos

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 7,8 Km
Desnivel [+]: 242 m
Desnivel [--]: 242 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 7

MAPAS 
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














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RESUMEN

FOTOS

lunes, 21 de junio de 2021

Excursión X291: Del Puerto de Navacerrada a las Dehesas de Cercedilla

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Dehesas de Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,4 Km
Desnivel [+]:  277 m
Desnivel [--]: 753 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
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RESUMEN
Es muy raro que hagamos rutas lineales, en esta ocasión el ambiente en el grupo es de vaguería total y además teníamos un lesionado en recuperación, por lo que decidimos hacer un descenso y, además, tranquilito. Esto nos obliga a llevar dos coches, primero nos acercamos a Majavilán donde dejamos un vehículo para continuar juntos en otro hasta Navacerrada.

Desde el aparcamiento del Puerto caminamos por la carretera asfaltada que lleva hasta la Residencia de los Cogorros y el inicio del camino Schmid. A pesar de ser finales de junio amanece un día algo frio y bastante nublado en muchos momentos.

Al llegar a los Cogorros nos planteamos no ir por el concurrido camino Schmid que tantas veces hemos recorrido y hacerlo por una de las sendas intermedias que discurren entre el camino y la cuerda de Siete Picos.

Decidimos tomar el segundo de los desvíos que nos encontramos a nuestra izquierda por lo que avanzamos por la senda que va entre la Senda Herreros (PR-8) a nuestra izquierda y abajo, a nuestra derecha el Camino Schmid. En el comienzo es un sendero bien marcado, dejará de serlo al acercarnos al Collado Ventoso. 

La senda, siempre en sombra, discurre durante todo el trayecto junto a la isolínea de los 1900 m pero la impresión al recorrerla es de que va en subida constante.

En el kilómetro 2 de nuestro recorrido cruzamos el arroyo del Telégrafo y, al poco de pasarlo, ya circulamos por la zona conocida como Umbría de Siete Picos, en la vertiente norte de los mismos.

A menudo nos encontramos árboles secos con formas llamativas que nos piden a gritos que les hagamos unas fotos, como siempre Jorge por delante tirando del grupo y, en la cola Emilio, Teresa y yo que vamos algo mas lentos. No tardamos mucho en llegar al Collado Ventoso (1.5 horas para 4.5 Km).

Debatimos sobre subir al Cerro Ventoso, pero al final, optamos por ir al Puerto de la Fuenfría por una senda medio perdida que hay que tomar, bajando por el Camino Schmid, a la derecha a 500 m aproximadamente del Collado. 

Este sendero discurre por encima de la Carretera de la República por las zonas conocidas como El Lanchazo y La Calva y termina en la Carretera citada 200 metros antes de llegar al Puerto y con preciosas vistas del valle y del Majalasna.

Llegamos al puerto sobre las 12:30 y es allí donde paramos para beber y comer algo mientras nos deleitábamos con las panorámicas del Montón de Trigo y el Valle de la Fuenfría, que entre nubes, nos ofrecía unas excelentes vistas. 

La bajada decidimos hacerla por el Camino Viejo de Segovia que recorrí no hace muchos años por primera vez con Enrique Peso (mejórate) y es uno de los que más me gustan para subir al puerto, si es con nieve mejor.

Descendimos cómodamente, a pesar de lo deteriorado que está en alguna zona el camino. 

Nada más empezar, cruzamos el arroyo de la Fuenfría, poco después otro, sin nombre, que alimenta el anterior aguas abajo y llegamos enseguida a la bonita fuente de los Acebos, situada junto a una pasarela de madera (hay otra fuente con el mismo nombre en el mismo valle en el nacimiento del río Pradillo, cerca de la Senda Herreros).

Seguimos bajando y pasamos el regajo de la Peña y el arroyo de la Barranca, dejamos a nuestra derecha la senda que sube al Collado de Marichiva y, en unos minutos, llegamos al aparcamiento de Majavilán.

En coche hasta el Puerto de Navacerrada donde nos tomamos las preceptivas cervezas y nos vamos a comer a casita que, en esta ocasión, tenemos tiempo de sobra.

Diez kilómetros bien cómodos, en buena compañía, incluido Emilio que no es tan habitual. Se merece una calificación de 4 estrellas.
José Luis Molero

miércoles, 10 de junio de 2020

Excursión X225: Del Puerto de Navacerrada al de la Fuenfría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 17,2 Km 
Desnivel [+]: 430 m 
Desnivel [--]: 430 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 12

MAPAS 
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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
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RESUMEN
Para nuestra segunda ruta en fase 2 de desconfinamiento, nos propusimos una excursión de largo recorrido por la Sierra de Guadarrama, buscando pinares y no mucho desnivel, para ir ganando forma.

La elección fue recorrer dos de los puertos más importantes de esta cordillera tan querida por nosotros, el de Navacerrada y el de la Fuenfría.

Con un día espléndido, algo fresquito a primera hora de la mañana, nos reunimos en Venta Arias para iniciar la subida hacia la pista de El Escaparate. Nuevos reencuentros nos llenan de alegría, en esta lenta vuelta a algo parecido a lo que teníamos antes de la pandemia.

Como era de esperar, poca gente en el puerto, nosotros doce, tres menos de lo máximo permitido en esta fase. Al llegar al final de la pista, con la residencia de los Cogorros de frente, un senderista nos alcanza y pregunta si es nuestro un coche que se ha quedado con la puerta abierta, y efectivamente a una le toca regresar a cerrarlo.

Nos quedamos dos a esperarla, el resto continuó por el camino Schmid, para enseguida desviarse a la izquierda siguiendo la pista de esquí de fondo que discurre por la ladera de Siete Picos a pocos metros por encima del camino Schmid.

De vuelta, los tres seguimos los pasos de los que se nos habían adelantado. Enseguida cruzamos la pista de El Bosque, que a falta de nieve, lucía su descarnada y pedregosa pendiente libre de pinos, como si de un enorme tobogán se tratase.

El tendido del telesilla que le sigue, parecía estar esperando la algarabía de los esquiadores, que le dan vida en los nevados inviernos, que cada vez duran menos.

Seguimos la estupenda senda, que poco a poco se va internando en el espeso bosque de pinos, que en dirección sureste, va ganado suavemente altura por la sombría loma de Siete Picos.

Con paso rápido, para intentar alcanzar al grupo, llegamos al arroyo del Telégrafo, que se quedó con ese nombre desde que, hacia 1846, el ingeniero José María Mathé Aragua diseñara la línea de telegrafía óptica Madrid-Irún, ubicando una torre cerca de donde nace este arroyo, unos riscos de la pradera de Siete Picos, que por la misma razón, comenzaron a ser conocidos como Cerro del Telégrafo.

Nada más vadear el arroyo, que no llevaba agua, la senda hace una "V" y cambia a dirección noreste, entre pinos de gran porte. Al poco, conseguimos dar con el grupo, que había parado para esperarnos.

Ya todos juntos, en alargada hilera fuimos superando varias pedreras, lanchares y angostos pasos entre retorcidos pinos que hablan por sí solos de los penosos inviernos que soportan.

Con apenas un momento de descanso para beber, por fin alcanzamos el Camino Schmid, a pocos metros antes de llegar al collado Ventoso, en el que los mojones delimitadores de Segovia con Madrid y un árbol seco caído adorna la planicie que pone fin al macizo de Siete Picos por su lado occidental.

Unas fotos justo en el límite, separando segovianos del resto, fue la antesala de una parada más larga para tomarnos el tentempié de media mañana, sentados en un lateral de la pradera que permitía elegir tendido de sombra o de sol según la conveniencia de cada cual.

Reanudada la marcha, bajamos por el Camino Schmid hacia el encuentro con la Carretera de la República, con la intención de proseguir luego hasta el puerto de la Fuenfría. Pero a sugerencia de José Luis, seguimos una senda que sale a la derecha y que bordea, paralela a la carretera, el cerro Ventoso.

Fue una buena elección, su frondosidad y vistas del valle nos encantaron a todos, además de evitar la bajada y subida que conlleva la alternativa tradicional.

Alcanzado el puerto de la Fuenfría, objetivo de la excursión, nos pareció poco y la alargamos hasta la casa Eraso, siguiendo el Cordel de Santillana, importante ruta de la trashumancia en la Edad Media, en la que se ubicaron corrales y ventas junto a la Majada Minguete, y el arroyo del mismo nombre. que para nuestra sorpresa estaba completamente seco.

Un poco más adelante, una fuente con pilón presentaba el mismo árido aspecto, menos mal que avanzando, al llegar al cruce con el arroyo de la Argolla, éste sí dejaba correr un poco de agua para felicidad de nuestros perros, que enseguida se apresuraron a calmar su sed.

Poco antes de alcanzar la casa Eraso, contemplamos lo poco que queda de la que fue ermita de Nuestra Señora de los Remedios, levantada hacia 1571 por iniciativa de Felipe II.

Su advocación se debe a la conmemoración del triunfo en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, día de la festividad de la Virgen de los Remedios.

Tras el abandono de este camino por el desuso al habilitarse un nuevo paso por Navacerrada, a mediados del siglo XVIII, se trasladó la imagen santoral a la localidad de Revenga.

Y unos metros más abajo, las ruinas de la casa Eraso nos devuelven una romántica panorámica que nos hacen pensar en lo perenne que es el tiempo.

Fue ésta una venta o casa de propiedad real en los alrededores del puerto de la Fuenfría destinada a albergar los descansos de la nobleza en sus viajes al palacio de Valsaín desde la corte en Madrid. Nada queda de su esplendor, más que un par de muros y un arco que asemeja una solitaria costilla.

Por mucho tiempo, el viaje al palacio de Valsaín desde Castilla la Nueva pasaba necesariamente por el puerto de la Fuenfría.

Para mayor comodidad en los viajes reales, Felipe II encargó en 1565 a su secretario Francisco de Eraso la construcción de una casa para evitar a las personas reales el tener que descansar en la venta pública del puerto, de escasa seguridad e inapropiada para albergar a todo el personal de la corte.

La casa cumplió su función hasta 1768. En este año se finaliza la nueva carretera encargada por Carlos III, que partía de Villalba para llegar al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso que pasaba por el puerto de Navacerrada y se abandonaba, por tanto, el paso real por el puerto de la Fuenfría.

Este singular lugar inspiró oscuras leyendas de novela, como la del escritor nacido en Valsaín en 1893, Jesús de Aragón, quien, en los años veinte del pasado siglo, plasmó en su novela “La sombra blanca de Casarás” la historia del Caballero Hugo de Marignac, en la que situaban el Convento de Casarás en esta casa, con tesoros escondidos y caballeros templarios, nacidas en un tiempo en que cruzar la Sierra era asunto de enjundia.

Tanto que eran más los fantasmas y espíritus que los propios caminantes que se aventuraban por sus amenazantes trochas.

Tras contemplar tan mágico lugar, retrocedimos hacia el puerto, solo que para no repetir camino, lo hicimos por por la amplia pista, que no es otra que lo que dejó la carretera de La República y que en este tramo vampirizó el antiguo trazado de la calzada romana y que discurre pocos metros más abajo del Cordel de Santillana.

Tras cruzar el arroyo de la Argolla y el de Minguete, llegamos al puerto, ahora con bastante gente, ciclistas y senderistas. Continuamos en dirección a la fuente de la Fuenfría, donde paramos a tomarnos el bocadillo, que fueron aderezados con vinos y dulces segovianos.

Repuestas las fuerzas, seguimos por la senda de los Cospes, continuando por la vertiente septentrional de Siete Picos, la que da a Segovia, llamada Umbría de Siete Picos, sin apenas perder altura, jalonando este tramo la pradera de Navalusilla, el arroyo del Telégrafo y la pista de esquí El Bosque, como únicas referencias entre el denso pinar de Valsaín, siguiendo los pasos de Eduardo Schmid Weikan, el que fuera el socio n.º 13 de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, quien en 1926 señalizó esta ruta.

Conforme nos acercábamos al puerto de Navacerrada aumentaron las ganas de finalizar y celebrarlo con unas cervezas, lo que nos costó un poco, porque Venta Arias había cerrado y en el pueblo de Navacerrada fue dificil encontrar un bar abierto.

Por todo ello, esta excursión de reencuentros y llena de historia bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 3 de febrero de 2020

Excursión X206: Integral de Siete Picos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 12,2 Km 
Desnivel [+]: 615 m 
Desnivel [--]: 615 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
El filósofo griego Heráclito afirmaba que ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.

Por lo mismo, nunca un paisaje es el mismo, depende de si hace sol o está nublado, si está con nieve, con lluvia o con viento, si es verano o invierno, si el verde es el color predominante o los árboles están desnudos, por ello, una ruta, aunque transite por los mismos lugares, nunca será la misma.

Cuando realizas una ruta que ya has hecho en otras ocasiones, me pasa lo mismo que cuando ves varias veces una buena película, que por más que ya la hayas contemplado, siempre descubres algo nuevo.

Y eso me pasó en esta ocasión, que a pesar de caminar por terreno conquistado, me pareció muy diferente a otras ocasiones. También influye, no cabe duda, quién te acompaña. En los grupos, no siempre se recorre el camino con la misma gente y esto enriquece cada ruta, a la vez que la hace distinta.

Con todo esto en mente, y con la esperanza de volver a pisar nieve, nos planteamos recorrer la cresta de los Siete Picos con el propósito de subir a cada uno de ellos, en un día soleado de primavera adelantada.

Iniciamos la ruta en el Puerto de Navacerrada, después de tomarnos un café en Venta Arias. Nos dirigimos al aparcamiento de la Venta, muy concurrido por un grupo de niños y sus monitores, que les estaban aleccionando para hacer alguna excursión en busca de nieve.

Nada más salir del aparcamiento, dejamos la pista que desciende hacia Cercedilla para girar a la derecha e iniciar un empinado ascenso por una senda de fuerte pendiente, dificultada por estar cubierta de nieve dura.

A mitad del trayecto, nos sorprendió el que nos rebasara una larga fila de novicias, todas muy jóvenes y con el clásico hábito negro, aunque equipadas con calzado de montaña. Siguiendo sus pasos alcanzamos la pista de entrenamiento e inicio de la pista de El Bosque

Nos decepcionó ver tan poca nieve en la cumbre, cuando hace menos de una semana disfrutamos un un espeso manto cerca de aquí. Las altas temperaturas y la lluvia caída recientemente han acelerado el deshielo.

Nos dirigimos hacia el risco donde se alza la Virgen de las Nieves que, como era previsible, estaba copada por la novicias. Se ofrecieron a bajar si nosotros queríamos subir, les dijimos que no era necesario y nos conformamos con verla desde abajo.

Continuamos hacia el Cerro del Telégrafo, llamado así por haber estado ubicado en él la torre número 6 de la línea del telégrafo óptico Madrid-Irún. La línea estaba compuesta por 52 torres, vía Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián, y fue diseñada a mediados de 1800 por el ingeniero José María Mathé Aragua

Nos subimos a lo más alto de las rocas para contemplar las impresionantes vistas que desde este cerro se tiene de Peñalara, las Guarramillas, la Maliciosa y Cabezas de Hierro, además de todo el valle hacia Cercedilla. Pero aún fue más gratificante ver la cara de felicidad de la que hacia esta ruta por primera vez.

Proseguimos, en dirección suroeste, hacia la Pradera de Siete Picos, una despejada llanura alpina por la que se camina como flotando en el cielo. En su extremo más occidental, una gran roca indica el inicio de la Senda Herreros (PR-8), que esta vez no utilizaremos para el regreso.

Girando un poco a la derecha, cruzamos un bosquejo de pinos silvestres y en dirección oeste iniciamos el ascenso al primero de los picos, en realidad el séptimo, ya que se numeran de oeste a este. Seguimos los hitos de la empinada senda que en 900 metros nos hace subir 190.

Poco antes de llegar a la cima, los pinos desaparecen, dando paso a piornos y matorral de alta montaña. Al alcanzar la cresta, nuestra felicidad es máxima al alcanzar el cielo.

Enseguida unos pocos trepamos hasta los 2.138 metros donde está situado el vértice geodésico del que es el pico más alto de los siete, que recibe popularmente el nombre de pico de Somontano, en honor al miembro de la Sociedad Alpina Albino de Somontano quien, junto con Enrique Herreros, trazó el recorrido que se sigue al pie de los Siete Picos.

Esta montaña es la única desde cuya cima se puede ver al completo la Sierra de Guadarrama, la de Ayllón, gran parte de la llanura madrileña, la Sierra de Gredos y gran parte de la llanura segoviana.

Nos sorprendió contemplar un pequeño belén a los pies del vértice geodésico, una costumbre que se ha extendido a la mayoría de las cumbres de la sierra. Nada más descender, nos dimos un respiro para tomar el tentempié de media mañana antes de continuar en busca del resto de las cumbres.

Solo 150 metros nos separaban del siguiente pico, el Sexto, de 2121 metros de altura, al que llegamos tras acercarnos primero a ver una pequeña ventana situada al pie de los riscos del pico Somontano. Subimos a las rocas menos escarpadas y bordeamos el resto por la derecha.

La línea de cumbres describe una C orientada al sur, por ella continuamos, bordeando por la parte segoviana el Quinto pico, que tiene una altura de 2109 metros. Lo mismo hicimos con el cuarto, de 2097 metros de altura. Entre ambos contemplamos una gran roca en un equilibrio imposible.

Al llegar al Tercero, también de 2097 metros, nos desviamos para contemplar la Ventana del Diablo y pasar bajo ella, no sin antes hacernos cientos de fotos en tan emblemático lugar.

En el pequeño collado que hay entre el Segundo y tercer pico nace la senda que baja al Primero de ellos, el Majalasna, pero antes recorremos los escasos metros que nos separan del segundo para ascender a lo más alto de su bicéfala cima de 2093 metros de altura.

En ella encontramos a un chico haciendo volar a un pequeño dron. Con cierto temor por mi parte, me dejó pilotarlo, una agradable experiencia en la que pude comprobar lo sencillo que es manejarlo, al menos este modelo. En este enlace se puede ver el vídeo que grabó.

Agradeciéndole su ofrecimiento, continuamos nuestra ruta, regresamos al collado e iniciamos el descenso hacia el primero de los Siete Picos, separado de éste 650 metros en línea recta.

La senda se descuelga precipitadamente hacia la Pradera de Majalasna, salvando un desnivel de 170 metros en un kilómetro. A mitad de trayecto, nos reconforta ver el agua manando de una fuente acabada en un tubo casi a ras de tierra.

Alcanzamos un collado donde nos juntamos con la Senda de los Alevines que luego seguiríamos, y ascendemos al Majalasna, por una pared en la que un alto escalón añade un podo de dificultad a la escalada.

Desde su cumbre, situada a 1934 metros de altura, contemplamos la cresta que hemos recorrido, denominada durante gran parte de la Edad Media, como "La Sierra del Dragón" por la silueta de esta montaña, que se asemeja al dorso dentado de estos seres mitológicos tan del gusto de esa época.

Tras deleitarnos con las maravillosas vistas, descendemos con mucho cuidado por la escarpada pared y en la Pradera de Majalasna buscamos unas rocas donde tomarnos los bocadillos y descansar.

Una visita rápida a la fuente de Majalasna y los cercanos petroglifos del buitre pusieron fin a nuestra estancia en esta preciosa pradera surcada por arroyuelos que la mantienen encharcada en esta época.

Una foto de grupo y enfilamos la Senda de los Alevines (PR-7) en dirección al Collado Ventoso. Un paso bajo rocas y la fuente de los Alevines nos amenizaron el recorrido por esta entretenida y sinuosa senda, llamada así en honor de los jóvenes montañeros del Peñalara y otros clubes históricos del alpinismo madrileño, que discurre bajo el roquedo somero del segundo de los Siete Picos.

Por fin alcanzamos la encrucijada de caminos que es el Collado Ventoso, señalizada con dos grandes mojones de piedra, que merece la pena contemplar y desde el que se tienen las mejores vistas del Montón de Trigo.

Con dudas de si regresar por la pista de esquí de fondo o por el camino Schmid, finalmente nos decidimos por éste último que presumíamos nos iba a llevar menos tiempo.

Descendimos hasta el comienzo de la Senda de los Cospes, continuando por la vertiente septentrional de Siete Picos, la que da a Segovia, llamada Umbría de Siete Picos, sin apenas perder altura, jalonando este tramo, a la izquierda, la pradera de Navalusilla, el arroyo del Telégrafo y la pista de esquí El Bosque, como únicas referencias entre el denso pinar de Valsaín, siguiendo los pasos de Eduardo Schmid Weikan, el que fuera el socio n.º 13 de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, quien en 1926 señalizó esta senda.

Conforme nos acercábamos al puerto de Navacerrada. el gentío aumentaba, atraídos por el buen día y el poder tocar la poca nieve que quedaba les hacia recorrer estos primeros kilómetros del camino. 

Llegados a Venta Arias, nos tomamos las cervezas de recompensa, por haber realizado una nueva ruta con excelente tiempo y compañía y que vino a demostrar lo comentado al principio, que aunque el recorrido sea idéntico, nunca se repite una ruta.

Por todo ello, esta excursión bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto