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lunes, 17 de febrero de 2020

Excursión X208: Peña El Águila y La Peñota

FICHA TÉCNICA
Inicio: Majavilán. Dehesas de Cercedilla
Final: Majavilán. Dehesas de Cercedilla
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 14,6 Km 
Desnivel [+]: 987 m 
Desnivel [--]: 987 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Dicen por ahí que ‘no hay dos sin tres’, pero a la vez que ‘dos son pocos y tres multitud’. Además tenemos los Tres Mosqueteros, los Tres Sobrinos del Tio Gilito, ‘Tres eran Tres las hijas de Elena’, las Tres en Raya, en épocas remotas me pasaba el día escuchando Radio 3, etc, etc… Pero es que además, tres son los picos de La Peñota y, como no, tres, tan solo tres, los participantes en esta jornada de lunes, cuyo objetivo era precisamente alcanzar esos tres picos de La Peñota.

Éramos tan pocos que nos planteamos que no hubiera excursión, por ser tan reducido y sobre todo porque ninguno de nuestros habituales guías podía venir, y había un poquito de temor ¿seriamos capaces de no perdernos sin ninguno de ellos? Pero bueno, haya que fuimos. Y no nos perdimos.

El punto de arranque era el aparcamiento de Majavilán, en las Dehesas de Cercedilla, muy cerquita del Hospital de La Fuenfría. El mismo que tuvimos tres semanas antes (excursión X205). Aunque el panorama este lunes era muy distinto al de entonces. No íbamos a necesitar polainas, ni pinchitos, ni raquetas. En vez de todo lleno de nieve, ahora no había ni gota. El cielo en vez de azul estaba encapotado, más de lo previsto. 

Poco después de las diez comenzamos a caminar. El arranque iba a ser igual al de aquella ocasión, subimos un poco hacia la derecha para coger el Camino Viejo de Segovia, que rápidamente abandonaríamos, desviándonos hacia la izquierda, ascendiendo por la Senda de Marichiva con buena pendiente. Y que, tras un rato de no parar de subir, nos llevó cruzando la zona de El Hoyuelo hasta el Collado de Marichiva. Frontera con la provincia de Segovia, marcada por una valla de piedra. En algo más de un par de kilómetros habíamos ascendido 350 metros.

En este punto nos dividimos, ¡todos los que éramos y nos dividimos! Uno de nosotros toma la Pista de La Calle Alta, hacia la izquierda, para ir directamente hasta el Collado del Rey, donde nos reuniríamos mas tarde, es una pista ancha y de fácil andadura. Los otros dos cruzamos la valla, entrado en territorio segoviano y, pegaditos a la valla-frontera nos dirigimos aún con más pendiente hacia la Peña del Águila, siguiendo la Vereda del Infante, coincidente con el trazado del GR-10.

Según vamos ascendiendo van desapareciendo los pinos, y nos metemos en la nube que hasta ahora nos tapaba el sol, por lo que estamos en niebla. De vistas, por tanto, mas bien poco. Incluso aparece el viento frío, que obliga a que nos abriguemos todo lo que podíamos. 

Tras otros dos kilómetros de ascenso fuerte por la Vereda del Infante, pero fácil y constante, llegamos al que sería el punto más alto de la jornada, La Peña del Águila (2008 metros de altitud). Nos hacemos algunas fotos en la pequeña pirámide de piedras que hay en su cumbre.

Seguimos unos metros más por la vereda-frontera y cruzando de nuevo al lado madrileño encontramos unos restos pétreos de varias cabañas o refugios, que nos sirven de cobijo para protegernos del viento y poder hacer una breve parada para comer algo a modo de ‘Angelus’. ¡No hay vino, ni en bota ni en botella, ni caldito calentito! ¡Nuestros habituales proveedores no han venido! ¡Que sosería de aperitivo!

Seguimos por la frontera, ahora en descenso, hasta el Collado de Cerromalejo (1774 metros). Aquí, ante la niebla que teníamos, el viento y las nulas vistas, nos surge una duda: ¿bajamos a la cercana pista de La Calle Alta, o seguimos a La Peñota según lo previsto? Pues que va a ser ¡a por la Peñota que vamos!, que bien cerquita estaba, a unos 800 metros.

Por tanto seguimos de nuevo en ascenso, al poco aparece la piedra, por algo esto se llama Peñota. Fotos en el primer piquito que encontramos (1936 metros). Un poco más y en la base del segundo, el más alto, dejamos bastones y mochilas, para trepar por las rocas con más facilidad. Estaban bastante húmedas debido a la niebla que aquí arriba era algo llorona, por lo que debíamos movernos con cuidado para evitar peligrosos resbalones. 

Llegamos a la cumbre de La Peñota, al vértice geodésico (1944 metros), donde nos hacemos alguna foto rápida para dejar constancia de nuestro logro, enviándolas rapidito a los que se habían quedado en casa. No estoy muy seguro de si conseguimos darles envidia. Alguna de las fotos la hicimos dejando el móvil apoyado en una roca, con el consiguiente riesgo de que se volara y desapareciera para siempre. Y retrocedemos sobre nuestros pasos por las húmedas rocas hasta las mochilas. 

Más tarde, ya en casa, reflexioné sobre este último ‘trepar por las rocas’. Como había niebla, apenas veíamos más allá de seis u ocho metros, por lo que no éramos conscientes del abismo de caída que teníamos a nuestros pies, y que se aprecia muy bien mirando La Peñota desde la vertiente madrileña. Seguramente, sin esa niebla no nos hubiéramos arriesgado.

Por cierto, mirando la montaña desde este lado, cuesta creer que La Peña del Águila tiene más altura que La Peñota ¿verdad?, pero ya veis, así es. 

Bueno, el caso es que tras ese breve retroceso, ya fuera de la peligrosa zona roquera, iniciamos un pronunciado y escarpado descenso por la zona llamada Los Poyalejos, que nos llevaría directamente hasta el final, o el inicio, de la Pista de La Calle Alta, en que se encuentra el Collado del Rey (1620 metros). Aquí nos unimos de nuevo al otro miembro del mini grupo que, como he citado antes, se desvió en el Collado de Marichiva. Llevaba esperando un rato, por lo que había tenido tiempo de comer y todo.

Tomamos la Pista de la Calle Alta, retrocediendo por la Pradera de Navalcampillo, camino muy fácil y ancho. Kilómetro y medio más adelante llegamos a la Fuente del Astillero, en la misma pista, que abastece al Arroyo del Butrón. Es una fuente grande, con pilón y todo, lleno de algas verdes y bonitos reflejos. Aquí paramos un rato, comimos los que no lo habíamos hecho, insisto ¡sin vino ni caldito! Y nos hacemos la ‘foto de grupo’, de ‘mini grupo’, de ‘micro grupo’.

Seguimos por la pista, en la zona de la Loma de la Cierva, y a unos 500 metros de la fuente la abandonamos, desviándonos por el sendero que sale a la derecha, llamado Vereda de la Piñuela.

Por la Ladera del Infierno seguimos descendiendo hasta el arroyo del Infierno, en que girando a la derecha seguimos descendiendo, con más pendiente, prácticamente siguiendo su curso. Hasta que un par de kilómetros más adelante, y unos 350 metros de desnivel, alcanzamos la pista por la que habíamos comenzado, el Camino Viejo de Segovia. 

Lo tomamos y por él caminamos, hacia la izquierda, durante algo más de un kilómetro y. cruzando el Arroyo de Pinolobero, continuamos prácticamente hasta el punto en que lo habíamos tomado al inicio de la jornada, en el cruce con el arroyo de Majavilán.

Desde aquí ya veíamos el aparcamiento a unos doscientos metros. Y llegamos al final. Junto al aparcamiento se encuentra la Fuente de Majavilán, en la que hay quien aprovecha para limpiarse las botas, ya que un momento antes había tenido la ocurrencia de pisar una ‘caca de vaca’, y no era buena idea meterse así al coche. En mi coche.

Y fin de la jornada. Bueno no, nos quedaba cerrarla con una cervecita en el bar de la estación de tren de Cercedilla. Y tras ella, ahora sí, vuelta a casa. 

En fin, bonita y sencilla excursión, de unos 14 kilómetros, y seguramente con grandes vistas de las que no pudimos disfrutar. Que seguimos sin dificultad, aunque no llevásemos nuestros guías habituales. Pero que, entre otras, contó con la peguilla de que éramos pocos, muy pocos, solo tres ¿dos son pocos y tres multitud? En fin, por estas cosillas la dejaré en 4 estrellas.
Jorge Montero

FOTOS

lunes, 27 de enero de 2020

Excursión X205: Fuenfría invernal

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Dehesas. Cecedilla
Final: Las Dehesas. Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10 Km 
Desnivel [+]: 720 m 
Desnivel [--]: 720 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A menudo, cuando andamos por el monte, o al preparar la mochila, o al acabar las excursiones, me pregunto: ¿hasta cuándo podremos disfrutar de ello? Viejos no somos, aunque canas ya tenemos, tampoco somos unos jovenzuelos. Me suelo contestar que tenemos cuerda para rato, para mucho rato. Pero ¿cuánto es ese rato? ¿podríamos llegar hasta los 86 años? 

Vayamos con la excursión. Ya he participado en unas cuantas con este grupo de los lunes y lo lógico es que ya me tocase hacer la crónica, así es que lo acepté cuando me lo propusieron, haciéndome un poco el remolón claro, pero de buena gana.

En esta ocasión éramos siete participantes humanos y dos perrunos, Vitto y Twiter. Iniciamos la caminata en el aparcamiento de Majavilán, en Las Dehesas de Cercedilla, en torno a las 10h30. A priori teníamos la intención de subir vía Puerto de Fuenfría hasta la cumbre del Montón de Trigo, si bien no con mucho convencimiento ya que existía la posibilidad de que la abundante nieve nos lo pusiera difícil, como finalmente sucedió. 

Las predicciones decían que el día seria frío y nublado, y que tal vez lloviera por la tarde. Si bien, como otras tantas veces nos ha sucedido, la realidad suavizó mucho esa predicción. Incluso tuvimos sol y calor en buena parte de la jornada.

Sabíamos que habría mucha nieve, pero en el primer tramo apenas había. Por lo que de momento no utilizamos los mini crampones, o ‘los pinchos’ como solemos llamarlos. 

Desde el arranque tomamos un camino distinto al del track previsto, aunque algo más adelante coincidimos con él en algún tramo. En concreto utilizamos el Camino Viejo de Segovia (PR-M30), que nos llevaría de forma bastante directa hacia el Puerto de la Fuenfría. La primera fase era entre pinos con el camino-pista bien diferenciado, en leve ascenso, con algo de nieve, que iba aumentando conforme ascendíamos. 

Pronto algunos nos pusimos los pinchos, seguramente no eran del todo necesarios ya que la nieve no estaba helada, pero nos deban mayor seguridad al movernos. Durante esta fase disfrutábamos de bonitas vistas del valle y en especial del Pico Majalasna, el primero de los Siete Picos, ese que mirando desde el lado madrileño esta a la izquierda, un tanto separado del resto, y un poco más abajo, y que es invisible desde el segoviano.

En este tramo cruzamos el arroyo de la Barranca, el Regajo de la Peña, pasamos junto a la fuente de los Acebos y cruzamos por un puentecito de madera el arroyo de Fuenfría.

Más adelante la pendiente se empinó bastante, sin abandonar el camino, ahora más bien una senda, de forma directa hacia el puerto. La nieve era cada vez más abundante. Esta parte prácticamente no había sido transitada, por lo que, pese a que seguíamos las huellas de excursionistas más madrugadores, pisábamos nieve prácticamente virgen, y teníamos que estar atentos para no hundirnos en ella. Algunos de nosotros se habían puesto raquetas de nieve, por lo que en teoría nos irían abriendo camino, si bien no siempre era así. 

Conforme ascendíamos entre los pinos, cargados de nieve, el paisaje a nuestro alrededor iba mejorando. Todo era como una de esas impresionantes postales o calendarios invernales con muchos pinitos abarrotados de nieve. En ocasiones presentaban formas caprichosas por lo era una tentación hacer fotos.

Y llegamos al Puerto de la Fuenfría, con sus casi 1800 metros de altitud. A la derecha llegaba la Calzada Romana y un poco más allá la Carretera de La República. Y a nuestra izquierda veíamos perfectamente el que inicialmente era nuestro objetivo, el Montón de Trigo, y también el más próximo y bajito Cerro Minguete.

No son pocas las veces que hemos estado es este puerto, la mayoría con nieve, y lo que siempre ha sucedido es que allí nos encontremos a otros excursionistas, bien senderistas, bien ciclistas. En esta ocasión no iba a ser menos.

Allí había un grupo de unas quince personas, la mayoría de ellos antiguos ´telefónicos’, como muchos de nosotros, lo cual hizo que el encuentro fuera muy cordial y amistoso. 

Eran mayores que nosotros, yo diría que bastante más mayores. Charlamos un rato con ellos, incluso alguno nos dice su edad, uno iba a hacer 79 años, en general por ahí andaban, pero … ¿Qué edad tenía él ‘menos joven del grupo’?, pues eso: ¡86 añitos de nada!, y por supuesto no los aparentaba, ahí que estaba, hecho un chaval, en el Puerto de la Fuenfría, al que sólo se podía llegar pisando una gruesa capa de nieve, fuese cual fuese el camino utilizado. Entonces ¿Qué? Repito la pregunta que me planteaba al principio: ¿estaremos tragando montañas nosotros a esa edad? ¡Pues claro que sí, faltaría más!

En el puerto nos hacemos la foto de grupito, comemos algo, compartiendo viandas, y bebemos el buen vino que nos lleva el otro Jorge. A estas alturas de la jornada, ya habíamos decidido que no subiríamos hasta el Montón de Trigo, y que recortaríamos algo la ruta con el fin de poder llegar a comer a Cercedilla. Sin entretenernos mucho reanudamos la marcha, para llegar a tiempo al restaurante. Bueno, antes nos hacemos algunas fotos dentro de un pino en el mismo puerto, al que el peso de la nieve había doblado totalmente las ramas de forma que lo convertía en una gran cabaña.

Seguimos en ascenso por la izquierda, empinado sendero que nos dirige hacia el Cerro Minguete, y que trascurre prácticamente sobre la frontera entre Segovia y Madrid. Los pinos van desapareciendo, lo que en principio nos permite tener mejores vistas, ahora de todos los Siete Picos, de La Bola, Las Cabezas, Peñalara, etc. Todo blanco brillante por la nieve. Y mirando hacia abajo, por el lado madrileño, las lejanas nubes bajas nos decían que hacía mejor donde estábamos que en Madrid. Alguna nube se nos acercaba caprichosa, ocultando y descubriendo el Montón de Trigo. Incluso durante unos instantes estábamos con niebla, pero fue sólo eso, un instante. 

Conforme subíamos, ya sin árboles, apareció el viento que durante lo poco que nos quedaba de ascenso hasta el Cerro Minguete fue fuerte, algo frío e incluso molesto.

Por tanto al llegar al cerro (poco más de 2000 metros de altura) nos hicimos alguna foto rápidamente, y seguimos, ahora con algo de descenso. Así llegamos, siguiendo caminado por la frontera, hasta la Peña Bercial, que dejamos ligeramente a nuestra derecha.

Avanzábamos en ruta circular en sentido contrario a las agujas del reloj, o levógiro, como dirían los mas letrados. Seguimos, ahora sí, descendiendo con rapidez, hasta una pista forestal que se adentra hacia el lado segoviano por una puerta-valla, y por el otro hacia el madrileño, es la ‘pista de la Calle Alta’. Pero nosotros no tomamos esta pista, la dejamos a nuestra derecha, y ‘atronchamos’ bajando a lo bestia por un senderillo invisible por la nieve, prácticamente en línea recta hacia los coches. Aquí volvíamos a tener muchos pinitos con nieve.

Continuamente parábamos a hacerles fotos, ya que las formas que adquirían por el peso del manto de nieve invitaba a parar y plasmar cada momento.

Esta fuerte bajada nos llevó, por la zona denominada El Hoyuelo, hasta el camino por el que habíamos iniciado la jornada ‘el Camino Viejo de Segovia’. Ahora habíamos descendido unos 250 metros en 1´5 km, desnivel que a la subida hacia Fuenfría nos había supuesto unos 3 km. 

De nuevo en este camino ya casi no había nieve, por lo que nos quitamos los ‘pinchitos’, y raquetas, y hacemos en sentido contrario al inicial kilometrito que nos separaba de los coches en Majavilán. Cuando llegamos nos cambiamos el calzado con rapidez y sin ‘estirar’ ni mínimamente nos vamos a Cercedilla, no vaya a ser que llegásemos demasiado tarde para poder comer. Habíamos reservado mesa en el Restaurante La Maya, donde comimos de menú, dando así por finalizada una preciosa jornada.

En resumen, el tiempo fenomenal, prácticamente todo el recorrido con abundante nieve, paisajes fantásticos y final con comida feliz. Y, además, vimos con nuestros propios ojos que para subir a la montaña la edad no es problema, recordemos ¡al menos hasta que tengamos 86 años!

Pues que sean 5 estrellas.
Jorge Montero

lunes, 3 de junio de 2019

Excursión X182: Valle de la Fuenfría y Miradores de los Poetas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Dehesas
Final: Las Dehesas
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,6 Km 
Desnivel [+]: 768 m 
Desnivel [--]: 768 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
El valle de la Fuenfría siempre nos asegura una ruta con encanto, tires para donde tires y para confirmarlo nos acercamos a las Dehesas, punto de partida de innumerables senderos que atraviesan de norte a sur y de este a oeste las lomas horadas por el río de la Venta.

Partimos del aparcamiento que hay enfrente de Casa Cirilo, cruzamos la carretera y nos dirigimos hacia la fuente del Tercer Retén, atravesando para ello una bonita pradera, siguiendo una vereda marcada con círculos de pintura naranja.

En el montañoso término de Cercedilla hay, según los mapas, 72 fuentes, la mayoría de esas fuentes, unas 50, se hallan en el valle de la Fuenfría, que ya su nombre lo dice todo.

Prueba de ello es que a escasos metros del aparcamiento se encuentran tres de ellas, la fuente de la Teja, la de Majavilán y la del Tercer Retén, con alto muro de piedra y nombre grabado en esta última, en la que paramos por un instante antes de cruzar el río de la Venta por una pasadera de madera y doblar a la izquierda, casi hasta llegar al embalse de la Venta, para ascender en zigzag por la ladera oriental del valle, entre un espeso bosque de pinos silvestres.

Por la vereda de los Encuentros, que así se llama, y luego por la vereda Alta, igualmente señalizada, llegamos a la fuente del Pocito, que estaba medio perdida y fue recuperada en el año 2000 con motivo de la fiesta montañera del Aurrulaque, cuyo promotor, Antonio Sáenz de Miera, adorna todos los años el valle con un monumento nuevo, en este caso bonito y práctico.

Continuamos un poco más arriba, hasta dar con la carretera de la República, por la que continuamos a la derecha para alcanzar el mirador de Vicente Aleixandre, hecho con rocas en forma de quilla de barco en Aurrulaque de 1985, y desde el que se domina una magnífica vista de la inconfundible silueta de Siete Picos.

Seguimos, entre rocas escritas con poemas de varios poetas, hasta llegar, siguiendo una bonita senda, al mirador de Luis Rosales, tras pasar primero por el vértice geodésico que hay a su derecha.

El mirador fue inaugurado en el Aurrulaque de 1986, en homenaje a este poeta, que veraneaba en Cercedilla.

El Aurrulaque, nombre que se da a los montes comunales de Cercedilla, nació, como iniciativa de la Fundación Cultural Cercedilla, en 1984 con el objetivo de disfrutar del paisaje y fomentar el senderismo haciendo una marcha y un acto colectivo cada verano.

Tras leer una poesía de uno de los libros que se guarda en un recinto cerrado, a modo de buzón,  incrustado en la roca y disfrutar de las hermosas vistas del pueblo de Cercedilla, regresamos sobre nuestros pasos para continuar por la carretera y acercarnos a ver la hora en el Reloj de Cela, que si hay sol, la da con precisión astronómica desde el Aurrulaque de 1995, donde se declaró "caminante de la Sierra del Guadarrama antes que Nobel" y que dio cuenta de sus correrías por estos parajes en Cuaderno del Guadarrama, publicado ese mismo año.

Unos metros más allá, nos encontramos con el Monumento a los Primeros Caminantes de la Sierra de Guadarrama, singular y alegórico: siete traviesas de madera colocadas en artístico semicírculo apuntando a los Siete Picos.

Monumento a ganaderos, cabreros, leñadores, maestros, geólogos, escritores, pintores y pioneros del montañismo.

En plena pradera de Navarrulaque, nos encontramos otro monumento, un hito de granito que conmemora la declaración de Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en 2013.

Y cerca de allí, unas rocas a modo de mesa conmemoraron en el Aurrulaque de 2002 el año Internacional de las Montañas.

Muy próximo a él, se encuentra la bonita fuente-refugio Aurrulaque, que nos proporcionó sombra y agua fresquita mientras reponíamos fuerzas.

Desde allí nos encaminamos hacia la senda Victory, llamada así en honor de Antonio Victory, que fue presidente de la Sociedad Peñalara y gran conocedor de la Sierra de Guadarrama.

La senda coincide con el PR-6 y discurre medio equidistante a la carretera de la República, entre pinos de gran porte y sin grandes desniveles por el Poyal del Rubio hasta alcanzar el mirador de Matagitanos, un roquedal con impresionantes vistas del valle.

A partir de este punto, la senda desciende en zig-zag entre rocas y algunos tejos hasta alcanzar, tras un giro a la izquierda, el arroyo de la Navazuela, donde se encuentra la Ducha de los Alemanes.

Es ésta una bonita cascada por la que se precipita el agua desde una altura de dos metros.

Debe su nombre a las duchas que se daban en ella los primeros montañeros de la sierra -varios de ellos de origen alemán- a principios del siglo XX. Antiguamente se le llamaba "chorro del Árbol Viejo", por un viejo tejo que sigue creciendo junto a ella.

Tras refrescarnos bajo la cola que forma al caer, cruzamos un puente de madera y remontamos la margen derecha del arroyo de la Navazuela, entre pinos, tejos, enebros, helechos y rosales silvestres hasta alcanzar la carretera de la República, junto al puente que salva este arroyo.

Sin dejar el suave trazado de la carretera de la República, enseguida llegamos a la fuente de Antón Ruiz de Velasco, bautizada así en memoria de un destacado miembro de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara. En ella nos refresquemos antes de continuar por la carretera, hoy día convertida en pista forestal.

Al pasar por el mirador de la Reina, disfrutamos de las amplias vistas que desde allí se tienen del valle de la Fuenfría y algunos cerros de la sierra, destacando el Montón de Trigo.

Poco después, coronaremos el puerto de la Fuenfría, donde paramos a admirar un hermoso caballo blanco que campaba a sus anchas en busca de algo de comida.

El regreso al fondo del valle lo hicimos por el Camino Viejo de Segovia, que desciende por la loma occidental del valle, dejando la Calzada Romana mucho más abajo.

En la fuente de los Acebos, y van ya unas cuantas, paramos a tomar los bocadillos, bajo la sombra del frondoso pinar. Cruzamos el Regajo de la Peña, el arroyo de la Barranca y de Majavilán antes de llegar a la fuente del mismo nombre y de allí al punto de inicio, el aparcamiento de las Dehesas.

Como Casa Cirilo estaba cerrada, las cervezas de celebración de fin de ruta nos las tomamos en la estupenda terraza del Hostal Longinos, cerca de la estación de Cercedilla, dando así por finalizada esta excursión que bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto