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jueves, 11 de abril de 2024

Excursión X473: Camino Francés. Etapa 9. Nájera - Santo Domingo de la Calzada

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Nájera
Final: Santo Domingo de la Calzada
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 22,5 Km
Desnivel [+]: 392 m
Desnivel [--]: 233 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Tercera escapada peregrina del grupo para continuar el Camino Francés donde lo dejamos, en Nájera. Y para llegar hasta aquí fuimos en coche desde Madrid hasta San Juan de Ortega, parando primero en Burgos para comer. Un taxi de los de 8 plazas nos llevó desde San Juan de Ortega a Nájera.

Aunque nuestra meta final de esta nueva aventura era Burgos, lo hicimos así porque en San Juan de Ortega no hay hoteles, solo un albergue, de ahí que nuestra última noche la pasáramos en Burgos.

De etimología árabe, Nájera proviene de Náxara “lugar entre peñas”, debido a que se asienta al pie de una colina horadada por infinidad de grutas, en otro tiempo habitadas. Fue capital histórica de La Rioja y segunda corte del reino de Navarra.

De su esplendor de antaño da fe el Monasterio cisterciense de Santa María la Real, que fuimos a conocer una vez nos alojamos en dos apartamentos del pueblo.

El monasterio fue fundado por el rey Don García Sánchez III “el de Nájera” y su esposa Doña Estefanía de Foix que lo mandaron construir en 1052. El origen de su fundación se pierde en la leyenda que relata cómo el monarca encontrándose de cacería persiguió a su presa hasta una cueva donde encontró una misteriosa imagen de la Virgen y junto a ella un jarrón de azucenas, una campana y una lámpara.

Tiempo más tarde el rey reconquistó la población rioja-bajera de Calahorra a los musulmanes y construyó el monasterio de Santa María La Real como una ofrenda a la Virgen que le había ayudado.

A su vez instituyó la Orden Militar de los caballeros de la Terraza o de la Jarra, una de las órdenes más antiguas de España.

La actual iglesia del monasterio data del 1516. La cueva primitiva en la que la leyenda sitúa la aparición de la Virgen se encuentra a los pies de la nave, la imagen que la preside es la de Ntra. Señora de la Rosa, de comienzos del siglo XIV. En su entrada se encuentra el Panteón Real que alberga doce sepulturas de dos dinastías: la de “los Abarca” o “Jimena” de los siglos X y XI y la dinastía de García Ramírez “el Restaurador”, siglos XII y XIII, frente a ellos cabe destacar el se-pulcro de Doña Blanca de Navarra que constituye una verdadera joya románica del siglo XII.

El retablo de la capilla mayor es de finales del siglo XVII, de estilo barroco, sobresale en el centro la talla románica de Santa María La Real sosteniendo al niño en su rodilla izquierda.

El claustro se empezó a construir a principios del siglo XVI, conocido como Claustro de los Caballeros ha sido durante siglos lugar de enterramiento de muchos nobles.

Cabe destacar entre todos, el sepulcro de don Diego López de Haro con su escultura yacente del siglo XIII y a sus pies el sarcófago gótico de su esposa doña Toda Pérez de Azagra.

La mezcla armónica de estilos como el gótico florido de las bóvedas y el plateresco de las tracerías caladas han dado lugar a una sorprendente obra arquitectónica.

En 1079 Alfonso VI de Castilla incorporó a la orden benedictina de Cluny el monasterio junto al grupo de clérigos que lo habitaban desde su fundación, en el que permanecieron hasta la desamortización de Mendizábal en el 1835.

Desde 1895 es una comunidad de frailes Franciscanos quien rige el monasterio.

Desayunamos temprano en el bar Náxara, cercano al puente y tras pasar delante de la Iglesia de Santa Cruz, construida en 1611, y del Monasterio Santa María la Real, ascendimos por la calle de Costanilla hasta las últimas casa de Nájera, entre dos cerros repoblados de pinos, el rojizo monte del Castillo y Malpica. En el de la derecha, a 2 km está situada la Cruz de Malpica, referente visual de Nájera.

En lo más alto otra curiosa cruz, junto al camino llama nuestra atención. Continuamos por una pequeña bajada de tierra que nos lleva a un cruce junto al Corral de Jota. Iniciamos aquí un tramo por entre campos de cultivos, en uno de ellos quedaba un montón de remolacha que Ángel se apresuró a coger para ir dándola mientras caminábamos, estaba muy dulce.

Contemplamos acequias de regadío y caminos, que se suceden a uno y otro lado. Un poste de los que cada cierta distancia jalonan el Camino nos indica que ya estamos solo a 581 km de nuestra meta, la euforia  optimista nos invade, ja, ja.

Cruzamos viñedos viejos y otros de reciente implantación, largas besanas en las que nacen incipientes los tallos de de cereales y muchas canaletas de riego.

Conectamos con una carretera asfaltada, con estupendas vista de la Sierra de la Demanda, con sus picos de San Lorenzo y San Millán cubiertos de nieve, ofreciendo unas espectaculares vistas. En dos kilómetros nos llevó hasta Azofra.

Entramos en Azofra por su alargada Calle Mayor, que como en otros tantos pueblos del Camino, surgió al amparo de éste.

Su nombre parece que proviene del árabe as-suxra, "el tributo", por lo que recordaría la forma en la que alguien obtuvo su propiedad. Paramos a tomar café en el primer bar que vimos, con el sugerente nombre El Descanso del Peregrino.

Estaba muy concurrido de peregrinos, que como nosotros, habían madrugado para aprovechar las horas más frescas de la mañana.

Tras el reconfortante descanso, nos acercamos a contemplar la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, obra en piedra de sillería y sillarejo, datada entre los siglos XVII y XVIII, pena que estuviera cerrada.

Tiene una torre almenada al este, edificada en sillería. Junto a la Iglesia se sitúa uno de los tres albergues con los que cuenta la localidad.

Saliendo del pueblo, nos hicimos un divertido selfi, aprovechando un espejo de un escaparate, y descendimos al Parque de la Virgen de Valvanera, monumento a la Patrona de La Rioja.

Cruzamos por un puente el río Tuerto que, canalizado, pasa desapercibido a nuestro paso y un poco más adelante, a la altura de la fuente de los Romeros, nos desviamos a la izquierda por un camino de tierra que asciende lentamente entre viñedos, almendros en flor, campos de cereal y alguna casa con gatos. 

Poco después, llegamos al Alto de la Picota, un Rollo Medieval o Cruz de los Peregrinos en referencia a la ruta jacobea.

Un recorrido por pistas, acequias y caminos agrícolas, nos situó muy cerca de la autovía A-12, junto a un arroyo con una pequeña represa. Entre verdes campos de cereal llegamos junto a una rotonda, cruzamos la carretera LR-207 y nos alejamos de la N-120 por un camino en dirección a Cirueña.

Buscamos una sombra en la que parar, pero no había un solo árbol y el único que encontramos, junto a una charca, estaba vallado y era imposible llegar a él. Nos resignamos a tomar el tentempié de media mañana al cada vez más abrasador sol, junto a unos campos de colza. ¡Ya podían plantar algún árbol en tan despoblado trecho!.

A ambos lados del camino se alternaba el amarillo chillón de las flores de colza con el verde intenso de los campos de trigo y cebada, formando gigantescas banderas que a mi me recordaban a la de Brasil.

Tras las fotos de rigor con tan coloridos fondos, superamos una cuesta y alcanzamos una pequeña zona de descanso con fuente, en la que estaba situado un vendedor poco amable y con poca visión del negocio, que nos quitó todas las ganas de comprarle algo.

Un poco más adelante, llegamos al Campo de Golf Rioja Alta de Cirueña; algo más apartado a la derecha está Ciriñuela.

Tras un breve descanso, callejeamos por Cirueña, pasando junto al Albergue Virgen de Guadalupe y la Parroquial de San Andrés, una construcción reciente, ya que data de 1965, construida en piedra de sillería, mampostería y ladrillo sobre la base de un templo prerrománico del siglo X, del que se tiene constancia de su existencia desde el año 950.

Sin entrar en el pueblo, bordeamos una rotonda y dejando la carretera LR-204, continuamos por una pista que entre cultivos de colza y cereales sale a la izquierda, recta hasta Santo Domingo de la Calzada.

En agradable descenso, nos sale a mano derecha el Parque del Santo, donde una estatua de Santiago preside una pequeña área de descanso con mesas de madera y excelentes vistas de Santo Domingo de la Calzada.

El rectilíneo camino nos acerca a su polígono industrial, y por la calle Real, pasamos junto a la Abadía Cisterciense fundada en 1611, y hambrientos llegamos a la Catedral.

Santo Domingo de la Calzada es una de las ciudades fundamentales del camino de Santiago. Todo lo que es, incluida su propia existencia fundacional, se debe al camino.

A los lados de la calle Real se fue formando la ciudad, hasta llegar al río Oja. La ciudad, se lo debe todo a la peregrinación o, mejor, a Santo Domingo. Cuando todavía no existía la localidad, ni el Camino pasaba por este lugar, ya la peregrinación estaba consolidada.

Un pastor, de nombre Domingo García (1019-1109), nacido en el cercano pueblo de Viloria, rechazado en los Monasterios de la Cogolla y Valvanera, se propuso hacer vida de ermitaño, primero en el monte San Lorenzo, después junto al río Oja.

A pocos kilómetros pasaba el Camino francés, siguiendo la vieja calzada romana, y Domingo conoció y sintió las penalidades de los peregrinos jacobeos en el paso del río y a lo largo de la Ruta.

Construyó un puente, dicen que de veinticuatro arcos, levantó un hospital para refugio de los jacobitas, hizo desviar hacia este lugar la Calzada y la acondicionó desde Nájera hasta el pueblo de Redecilla. De aquí le viene ser el patrón de los Ingenieros de Caminos Canales y Puertos, Ingenieros de Obras Públicas e Ingenieros Civiles.

Alfonso VI
conoció y protegió al Santo, que pudo levantar una iglesia, haciéndola consagrar en 1106, en la que fue enterrado. En torno a ella, comenzó a levantarse el burgo de Santo Domingo.

El Santo siguió, después de su muerte, bendiciendo el burgo con portentosos milagros y atendiendo a los peregrinos, tanto que la ciudad merecidamente consiguió el título de Compostela Riojana.

Una sostenida tradición, titubeante en cuanto a localización y tiempo, aunque suele situarse en el siglo XIV, nos transmite el suceso milagroso.

Cuenta la tradición que entre los muchos peregrinos compostelanos que hacen alto en esta ciudad para venerar las reliquias de Santo Domingo de la Calzada, llegó aquí en el siglo XIV un matrimonio alemán con su apuesto hijo de dieciocho años llamado Hugonell.

Al hacer noche en una posada de Santo Domingo de la Calzada, la mesonera donde se hospedaron se enamora del muchacho, que la rechaza, negándose a corresponder a sus requiebros. Desdeñada la muchacha, los celos la impulsaron a introducir una copa de plata en el equipaje del peregrino y acusar a éste de robo.

El corregidor no dudó en condenarlo a la horca, y fue ejecutado. Sus padres, al día siguiente, antes de seguir camino a Santiago de Compostela, fueron a despedirse de su hijo, al que encontraron vivo por la intersección de Santo Domingo que sabía de su inocencia.

Sin dudarlo, volvieron a casa del corregidor, que en este momento se aprestaba a dar cuenta de un gallo y una gallina asadas, y le contaron la novedad, a lo que éste respondió que el muchacho estaba tan vivo como las aves que él se iba a comer, y entonces, ante el asombro de todos, el gallo y la gallina saltaron del plato y empezaron a cantar. De ahí el dicho de “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.

La Catedral alberga un gallinero construido a mediados del siglo XV con un gallo y una gallina vivos en conmemoración del milagro del peregrino alemán injustamente condenado a muerte.

Diversos documentos atestiguan la presencia de dichas aves en el templo desde 1350. La cofradía de Santo Domingo es la encargada de sustituir el gallo y la gallina cada mes por otra pareja.

Aunque nos parezca increíble, antes de la construcción del gallinero los animales vivían en la misma nave de la catedral metidos dentro de una cerca; incluso los peregrinos les echaban comida. En el siglo XV se decidió realizar un recinto adecuado, siendo construido un gallinero en 1460 en piedra policromada. El milagro de la intercesión de Santo Domingo, que es uno de los más célebres del Camino de Santiago.

Una vez agrupados, nos fuimos a comer un copioso menú al restaurante Arcaya, en la Plaza de España, donde se encuentra el ayuntamiento.

Una vez alojados en el Hostal Rey Pedro I y descansado un poco, por la tarde nos acercamos a visitar la Catedral, de estilo gótico (siglos XV-XVI).

El retablo central de alabastro y nogal es obra fundamental. El sepulcro del Santo, románico con estatua yaciente (siglo XII], fue ampliado 
con un monumento de alabastro (siglo XV) y cubierto con un baldaquino (siglo XVI).

La torre de la catedral se levantó en 1762, sobre un cuadrado de nueve metros de lado. Tiene una altura de 69 m., de alta. El pueblo la apellida la Moza de La Rioja.

También visitamos el excelente albergue municipal, en la calle Mayor, donde curiosamente crían las gallinas que se utilizan en la catedral. Uno de los responsables nos lo enseñó y contó su historia.

Al caer la noche, algunos dimos un paseo para ir a conocer sus históricas calles, que nos llevaron al Parador Nacional de Turismo, antiguo hospital de peregrinos situado frente a la catedral, levantado por Santo Domingo y modernamente reconstruido y adaptado a lujoso hotel.

Pero no es el único, ya que a las afueras está el de Santo Domingo Bernardo de Fresneda, acogido en lo que fue Convento de San Francisco, un hermoso monasterio del siglo XVI.

Fue mandado construir por Fray Bernardo de Fresneda, obispo de Zaragoza del que toma el nombre.

Éstos, junto con los de Santillana del Mar, son los únicos municipios que pueden presumir de tener dos establecimientos de la red de alojamientos más emblemática de España.

Con la luna en cuarto creciente iluminando las angostas calles de Santo Domingo de la Calzada y tras algún picoteo nos fuimos a dormir, dando así por finalizada esta larga jornada por una de las etapas más emblemática de la ruta jacobea y que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto.

FOTOS INICIO DEL VIAJE
* Fotos de Paco Nieto

domingo, 8 de octubre de 2023

Excursión X431: Camino Francés. Etapa 8. Logroño - Nájera

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Logroño
Final: Nájera
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 30 Km
Desnivel [+]: 378 m
Desnivel [--]: 262 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Para la última etapa de esta escapada, tuvimos también que madrugar, a la vista de los aproximadamente 30 km que nos esperaban más el regreso a Madrid, así pues, el día se nos iba a hacer muy, muy largo.

El primer inconveniente de madrugar tanto fue que el bar del hotel estaba aún cerrado y tuvimos que buscar otro cercano ya a la salida de Logroño, pero en el que, para nuestra desesperación, tardaron un montón en servirnos.

El itinerario urbano del Camino por la ciudad recorre las calles de Ruavieja y Barriocepo, en la que está la Fuente de los Peregrinos, hasta llegar a la Puerta del Revellín o Puerta del Camino.

Desde allí, por la Avenida Marqués de Murrieta, y tras un desvío a la izquierda, accede sucesivamente a los parques de La Laguna, Europa y San Miguel, al que se llega tras cruzar la carretera por un puente elevado de hierro. Junto al bonito estanque de este último parque nos hicimos la foto de grupo con todos, por si alguno luego desfallecía por el camino, ja, ja.

El Camino prosigue en dirección suroeste por una buena pista adoquinada y arbolada, pasa por un subterráneo para cruzar la carretera LO-20 y desemboca dos kilómetros después en la carretera que accede al Parque de la Grajera y la Barranca.

Es éste un hermoso paraje, único parque natural de la ciudad, tiene una extensión de 87 hectáreas, 32 de las cuales corresponden al embalse de la Grajera.

Una imagen de la Virgen del Rocío, en una urna de cristal, rodeada de ramos de flores, precede la llegada al embalse, que con las primeras luces de la mañana estaba precioso, hasta con patos chapoteando en sus nítidas aguas que reflejaban como espejos la vegetación circundante.

Continuamos junto al muro de contención del propio embalse. Al final del mismo giramos a la izquierda y retomamos la pista que pasa por una zona de recreo y descanso con excelentes vistas del embalse.

En su extremo hay un monumento al peregrino, que nos despide de Logroño, y un poco más adelante al abandonar el Parque, la fuente del Guarda nos da la oportunidad de llenar las cantimploras antes de entrar en terreno más seco.

La pista, entre tierras de cultivo, da unos rodeos y nos acerca de nuevo en la carretera, con la que se afronta un repecho de poco más de un kilómetro.

Pasamos junto a una serrería y la valla metálica de separación de la utopista, donde los peregrinos van dejando infinidad de cruces hechas con dos palos entres su alambrada, por lo visto, una tradición extendida a lo largo de toda la ruta jacobea.

Unos metros después nos desviamos a la izquierda en dirección Navarrete. 

Continuamos por un buen camino de tierra que nos aparta a la derecha y por el que, Tras cruzas los que serán futuros puentes sobre la A-12, pasamos al lado de las bodegas Don Jacobo y de las ruinas del antiguo albergue de San Juan de Acre, del siglo XII, fundado hacia 1185 como albergue y auxilio de peregrinos.

Unas excavaciones arqueológicas realizadas en 1990 permitieron localizar los muros principales del antiguo hospital, que contaba con una gran iglesia con planta de cruz latina y torre cilíndrica con escalera de caracol, un kilómetro más adelante, llegamos a las primeras casas de Navarrete.

Antes de acceder al núcleo histórico de esta tradicional villa debemos de cruzar la carretera, después de ascender por unas rústicas escalinatas de madera, junto a un gran mapa del pueblo, al lado de una vaquería, que anticipan nuestra entrada en la calle Mayor Baja, donde se encuentra una fuente.

Navarrete es el único centro alfarero actual de la comunidad autónoma de La Rioja y ha sido uno de los más importantes del norte de España.

También es una villa de marcado aspecto medieval, con sus casas y palacios blasonados circundando un cerro dominado por las ruinas de un castillo del siglo XII.

Nos acercamos al albergue, situado en un edificio bastante interesante arquitectónicamente, aquí sellamos las credenciales mientras nos contaba su responsable que allí no admitían maletas, solo acogían a peregrinos con su mochila como único acompañamiento.

Tras recorrer la calle Mayor Baja, el camino continúa por la calle Mayor Alta en la que se halla la monumental iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, gótica renacentista, del siglo XVI, de considerable envergadura, cuya construcción se prolongó durante cerca de un siglo, entre 1553 y 1645, a causa de problemas presupuestarios y de sucesivos cambios en la dirección de las obras.

El principal reclamo del templo se encuentra en el interior, su retablo mayor, realizado por Fernando de la Peña a lo largo de cuatro años (1694-1698) y reformado por José de San Juan y Martín en 1713. 

Cuando el autor principal contempló la cabecera de la iglesia en la que debía instalarlo, afirmó que iba a ser “obra de mucho rumbo y consecuencia; tanto que en ambas Castillas me parece no habrá otra que en la valentía y todo de ella se pueda igualar”. Jovellanos visitó Navarrete muchos años después, en 1795, y emitió un juicio completamente distinto, describiéndolo como “espantoso por su altura, anchura, mala escultura y profusión de oro”. Hoy está considerado como el más espectacular de todo el barroco riojano, precisamente por la suntuosidad y los excesos decorativos que debieron de contrariar el gusto neoclásico del intelectual ilustrado.

De dimensiones apabullantes, catalogado dentro de los más grandes del mundo, y un color dorado deslumbrante, está repleto de relieves y figuras policromadas de diversos estilos. En el centro aparece un templete con una talla de la Virgen.

Si bien esta obra acapara toda la atención, en el interior destacan también las capillas laterales, con columnas corintias y bóvedas de horno y cañón. Todo el edificio está construido en piedra de sillería, a diferencia de las casas más antiguas de la localidad, que combinan sillares en la planta baja y ladrillo en la superior.

Salimos de la iglesia deslumbrados y girando a la derecha nos fuimos a la terraza del albergue de peregrinos La Iglesia a tomar un café y descansar un poco.

Tras la pausa, continuamos por la calle Mayor Alta, en su final se ubica la Posada Ignatius, en un antiguo caserón que entramos a conocer.

Proseguimos por la calle Arrabal, desde donde enlazamos de nuevo con la N-120. A la salida del pueblo dejamos a la izquierda el cementerio, cuya portada románica pertenecía al antiguo Hospital de Peregrinos de San Juan de Acre.

En uno de sus capiteles se aprecian dos personajes sedentes. Uno alza la copa mientras otro come y sujeta un bordón. Hay quien identifica esta escena con pasajes vitales de los peregrinos mientras que, para otros estudiosos, son pastores quienes protagonizan estas secuencias.

Junto a tan monumental portada nos paramos a leer la placa que se halla sobre el conjunto. Con ella se  rinde homenaje a todos los peregrinos muertos en su periplo hacia Santiago y, de forma especial, a Alice de Crae, fallecida en 1986.

El camino coincide de nuevo con la carretera N-120, que enseguida dejamos para continuar por un camino a la izquierda y tras cruzar la LR-342, busca de nuevo la N-120.

Proseguimos de frente, entre cepas, hacia Ventosa, sin hacer caso a unas flechas amarillas pintadas en el asfalto por algunos vecinos de la localidad próxima de Sotes, que tratan de llevar el camino por donde nunca pasó.

En uno de los puentes que pasamos por debajo, los peregrinos, en diversos idiomas han dejado curiosos mensajes entre lo místico y lo terrenal. Este me gustó especialmente, en francés decía "El más grande los viajes no es el que haces 100 veces dando 1a vuelta al mundo, si no el que haces una sola vez alrededor de ti mismo"

Llegamos a Ventosa entre cruces plagadas de ofrendas de peregrinos y enorme fotos, muy artísticas, colocadas junto al camino. En el bar Buen Camino nos tomamos unas refrescantes cervezas mientras nos tomábamos los bocadillos.

Tras el descanso, subimos al cerro donde está situada la Iglesia de San Saturnino, construida en sillería con planta de cruz latina y cabecera rectangular orientada a levante, alberga una única nave.

A su pie, adosada a la fachada norte, dispone de una torre de planta cuadrada rematada con una pirámide de ocho facetas, que fue construida en el siglo XVII.

En los alrededores de la iglesia se ha acondicionado una zona verde con césped, arbolado, bancos y juegos para niños, que hacen de este lugar un agradable sitio de descanso.

Pero, lo más interesante de este punto elevado de la localidad es la amplia panorámica de la que puede disfrutarse; además de una vista privilegiada de la propia localidad y su paisaje, desde su mirador pueden reconocerse las torres de localidades vecinas como Sotés y Navarrete, y más allá de este, los edificios más altos de Logroño.

A la salida, una indicación en piedra nos indica que estamos a 593 km de Santiago, bueno ya hemos bajado de los 600, ¡toda una inyección de ánimo!

Tras unos dos kilómetros de recorrido por un camino entre bodegas y viñedos, alcanzamos el Alto de San Antón, la cota más alta de la ruta de hoy, al que se accede por unas escaleras de madera, con muy buenas vistas y algo de sombra.

Un breve respiro para hidratarnos y continuamos por el camino, que entre viñedos llega a curva muerta del antiguo trazado de la N-120, curva que nos acerca hasta la carretera actual que cruzamos por un paso bajo la carretera.

De nuevo por entre campos de labor nos vamos acercando a Nájera en leve descenso por un buen camino de tierra que nos permite disfrutar con la contemplación de un espectacular paisaje.

A la izquierda, frente a nosotros, la sierra de la Demanda, en la que destaca la cumbre del San Lorenzo (2.271 m.); por la derecha cierra el horizonte la crestería completa de la Sierra de Cantabria.

El camino asciende a un collado cercano al Poyo de Roldán, lugar en el que la leyenda sitúa la batalla entre Roldán y el gigante Ferragut, episodio épico que con frecuencia aparece representado en cornisas y capiteles a lo largo de la ruta jacobea. Nuestro acompañante americano se desvió a verlo, nosotros continuamos de frente.

Pasado este lugar se inicia un rápido descenso por un camino entre viñedos que pasa junto a un chozo en piedra en el que un cartel informa de la leyenda de la batalla Roldán y el gigante.

Continuando cruzamos la carretera LR-427, llegamos a un área recreativa, donde cruzamos un rústico puente de madera sobre el río Yalde. Salvado el curso fluvial, un buen camino prosigue junto a unos frutales hasta cruzar, un kilómetro y medio después, la carretera de circunvalación de Nájera. Seguimos por una pista asfaltada que al poco se transforma en pista de tierra que acaba en Nájera. Antes de entrar en una pared de una fábrica, había escrito un bonito poema:

Polvo, barro, sol y lluvia
es el camino de Santiago;
millares de peregrinos
y más de un millar de años.
Peregrino ¿quién te llama?
¿qué fuerza oculta te atrae?
Ni el camino de las estrellas
ni las grandes catedrales.
No es la bravura Navarra;
ni el vino de los Riojanos;
ni los mariscos gallegos;
ni los campos castellanos.
Peregrino ¿quién te llama?
¿qué fuerza oculta te atrae?
Ni las gentes del camino,
ni las costumbres rurales.

Ni es la historia y la cultura;
ni el gallo de la Calzada;
ni el palacio de Gaudí;
ni el castillo de Ponferrada.
Todo lo veo pasar
y es un gozo verlo todo;
mas la voz que a mí me llama
lo siento mucho más hondo.
La fuerza que a mi me empuja,
la fuerza que a mi me atrae,
no se explicarla yo.
Sólo el de Arriba lo sabe.
E. G. B.

El camino continúa en Nájera por delante del cuartel de la Guardia Civil, pasa después por el Convento de Santa Elena, de clausura de Clarisas, construido a mediados del siglo XVI, y entra finalmente en la ciudad vieja por un puente de piedra sobre el río Najerilla, obra de San Juan de Ortega.

Pero antes de llegar a las primeras viviendas, en una zona de huertas, le comenté a uno de los propietarios que los árboles del camino que llevan hasta allí estaban mal colocados, al no dar la sombra a los peregrinos, haciendo que ardiéramos de calor.

Me contestó que eso se hubiese evitado si hubiésemos madrugado más, y la verdad es que no le faltaba razón, pero al poco nos fue a buscar para invitarnos a unas cañas en el primer bar que nos encontramos, al pensar que nos había respondido un poco mal.

Concluimos así de bien, haciendo nuevos amigos, esta larga etapa y sin más nos dispusimos para iniciar el regreso a Madrid, dando por terminada esta cuarta ruta, la octava desde que comenzamos el Camino y que bien se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

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