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lunes, 15 de noviembre de 2021

Excursión X311: Puente de los Poyos

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino
Final: Canto Cochino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 10,2 Km
Desnivel [+]: 727 m
Desnivel [--]: 727 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Para esta bonita excursión solo hemos podido coincidir 4 senderistas. Estamos en el mes de noviembre y es una época perfecta para contemplar el otoño que se nota especialmente en los robles que aparecen de vez en cuando entre los pinos de la repoblación que se hizo durante los 50 y 60 del siglo pasado.

Como tantas veces partimos de Canto Cochino que, tras un periodo en obras, lo han vuelto a habilitar como aparcamiento. Pepa, Carlos, Emilio y yo nos ponemos en marcha, bajamos hacia el manzanares y cruzamos el puente de madera que lo salva, en unos metros tomamos el PR-M1 que, entre pinos, avanzamos en ligera subida en dirección NW.

Cuando llevamos 1.700 m andados, tomamos dirección NE, caminamos otros 500 metros y dejamos a nuestra derecha la roca conocida como El Cáliz, un poco más adelante, tras cruzar el arroyo del Risco, vemos, a nuestra derecha igualmente, el Cancho de los Muertos.

Nos encontramos a 1.300 m de nuestra primera parada, el Collado del Cabrón. Paramos para beber algo y hacernos la foto de grupo.

En este punto nos deja Emilio pues prefiere subir hasta el Puente de los Poyos por una senda algo más tendida que la que hemos decidido hacer desde el comienzo, Emilio toma dirección NE hacia el Mirador de los Pinganillos y los tres restantes tomamos dirección N, decididos a cruzar curvas de nivel a 90º durante un buen rato.

Durante medio kilómetro caminamos entre pinos por una senda bastante empinada, la pendiente media en este tramo es del 26%, a partir de aquí se ve perfectamente la impresionante canal conocida como del Pajarito, que comenzamos a subir. Al comienzo de la misma, vemos un par de escaladores que están subiendo una pared a nuestra izquierda

La subida -trepada a menudo- es muy entretenida, la siento de una manera totalmente distinta de la primera vez que la subí hace…….. ¡¡cinco años!!, que rápidos han pasado y como ha cambiado mi percepción de estos lugares. Afortunadamente, ahora, todo es disfrutar en estas circunstancias. A nuestra derecha e izquierda dejamos varias rocas “con nombre”, el Pajarito, la Vela, la Campana y el Castillete.

Al terminar la canal, a pocos metros a la izquierda del Jardín de La Campana, se puede contemplar una de las vistas que más me gustan de la Pedriza, merece la pena echar un rato allí. Continuamos la subida y en un momento estamos en el Collado de la Canaleja y, poco más adelante, nada más dejar el Carro del Diablo a nuestra derecha, el Collado de la Romera.

En este punto sale, a la derecha una senda que lleva a los Llanitos y, girando a la izquierda al cruce que, por el Sur se llega al Puente de los Poyos.

Como la vez anterior que subí, decidimos coger la senda cartografiada que sigue en ascenso y, tras pasar la roca conocida como la Diligencia y un poco más adelante un paso bajo una roca, dejarla a 570 m girando a la derecha y atacar el puente por el norte. 

También, como la vez anterior, nos costó un potosí encontrar el camino (no la senda) para poder llegar por el norte al Puente. Merece la pena llegar de esa manera por las vistas impresionantes que se contemplan. Le echamos un buen rato allí, entre las piedras del Puente y las hojas amarillas de los robles.

Bajamos por la senda que ha subido Emilio en dirección al Mirador de los Pinganillos y posteriormente, en cómoda bajada al Collado del Cabrón. Una vez allí, con cierta prisa, optamos por bajar por el camino mas corto, pasamos por el Cancho de los Muertos por el lado opuesto de la subida por la mañana.

Rápidamente dejamos a nuestra derecha la Peña Horcajo y poco más adelante el Tótem, la última parte de la senda es bastante desagradable, pero en poco más de un kilómetro (desde el Collado del Cabrón) llegamos nuevamente al PR-M1, ya por terreno pisado y junto a Canto Cochino. Cruzamos por segunda vez el puente y ya estamos junto a los coches.

Preciosa ruta en un día estupendo que no se puede calificar con menos de 5 estrellas.
JL Molero

lunes, 10 de mayo de 2021

Excursión X282: La Camorza

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: El Tranco. Manzanares el Real
Final: El Tranco. Manzanares el Real
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,4 Km
Desnivel [+]: 464 m
Desnivel [--]: 464 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS 
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RESUMEN
Como para realizar esta ruta no todos podíamos ir el lunes, hicimos dos grupos, uno fueron ese día y otros el martes.

Los del martes quedamos en el amplio aparcamiento que hay un poco antes de llegar al Tranco, en Manzanares el Real.

El día estaba nublado, pero la temperatura era super agradable, ideal para caminar.

Echamos a andar y enseguida cruzamos a la izquierda por un puente el río Manzanares, que llevaba bastante agua y estaba precioso. 

Callejeando entre chalets, pronto nos internamos en un precioso bosque, con el río a nuestra derecha, a la vez que iniciábamos el ascenso hacia nuestro objetivo, situado a unos 200 metros de altura desde el río.

La subida era bastante empinada pero corta, muy agradable al ir entre pinos, con mucha sombra y muy verde.

Al llegar a la cumbre de La Camorza, vimos que había una especie de cabaña de madera, nos hicimos unas fotos a la vez que descansábamos un poco.

Seguimos ascendiendo, pasamos por un collado y más arriba comenzamos a tener unas vistas increíbles, que fueron aún más espectaculares desde la caseta de vigilancia del Seprona que hay en la cima de la llamada Camorza Mayor.

Al sureste se veía el embalse de Santillana, a los pies de Manzanares el Real, y al norte todo el entramado de la Pedriza con Cuerda Larga al fondo, aún con algunos neveros.

En la caseta había un hombre muy simpático con el que charlamos mientras sacábamos fotos de las privilegiadas panorámicas que tiene desde su puesto de trabajo. Más de uno las cambiaba por las que que tiene en su oficina, seguro.

Desde allí iniciamos el descenso, con cierta pendiente, hacia la Garganta de la Camorza, donde cambiamos de sentido para dirigirnos hacia el Collado de Quebrantaherraduras, donde hay un bonito mirador señalizado con un cartel informativo de las extensas vistas que desde él se tienen.

Cruzamos la carretera de la Pedriza y ascendimos unos metros por el PR-16, pasando por un claro en el que había unas mesas de piedra en las que no nos tomamos el aperitivo de media mañana porque aún era pronto, pero invitaban a ello.

Tras un breve descenso entra jaras en flor, llegamos al collado del Terrizo, una pradera verde y muy bonita con estupendas vistas. Desde el collado, iniciamos una suave subida por la Loma de las Casiruelas, en la que nos sorprendió la impactante imagen de ver una zona con todos los árboles caídos y muertos, no sabemos si por alguna plaga o efectos de la borrasca Filomena.

Al poco iniciamos el descenso hacia Canto Cochino, donde hicimos una breve parada junto al indicador de montañas que hay al final del remodelado aparcamiento.

Descendimos hacia el bonito puente de madera que cruza el río Manzanares, poco antes de llegar al kiosco La Foca, llamado así por el risco que con esa forma hay en el roquedal de enfrente.

Continuamos el descenso por el GR-10, el precioso sendero que acompaña al río por su margen izquierda, deleitándonos con el susurro del agua. En uno de los lanchares, casi al final del recorrido contemplamos una charca de color rojo, debido a alguna alga que la tiñe de ese color sangre.

Alcanzado el Tranco, enseguida llegamos a los coches para desde allí irnos a comer a un restaurante del pueblo, dando así por finalizada esta preciosa excursión que se merece 4,5 estrellas.
Teresa Abella

martes, 13 de octubre de 2020

Excursión X238: Circular por los Chorros de la Pedriza

FICHA TÉCNICA

Inicio: Canto Cochino
Final: Canto Cochino
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 16,6 Km 
Desnivel [+]: 863 m 
Desnivel [--]: 863 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Tenía ganas de volver a recorrer uno de los rincones más bellos de La Pedriza: los chorros del Manzanares. Una espectacular sucesión de saltos de agua y pozas cristalinas del recién nacido río.

Comenzaremos la ruta en el aparcamiento del puente de las Ranas, porque el de Canto Cochino estaba en obras. Cargados de optimismo por el buen día que hace, cruzamos el puente de las Ranas y, lo más próximos posibles a la margen izquierda del río Manzanares, remontamos sus acaudaladas aguas.

Con el sonido del agua de fondo, disfrutamos con la densa vegetación de ribera del río, como fresnos, sauces, e incluso un tejo encontramos. Cuando no es posible acercarse tanto, caminamos por el PR-M18, el sendero que recorre el curso alto del Manzanares, señalizado con marcas amarillas y blancas.

Dejamos a nuestra izquierda el puente Cola de Caballo y poco más adelante el del Vivero. En este último podríamos haber optado por cambiar de margen y seguir por el PR, pero decidimos seguir por la misma orilla y explorar el tramo que va al puente de los Manchegos por este otro lado, que no conocíamos.

Cuando era posible nos acercábamos a la orilla del río para contemplar las grandes pozas y sus pequeños saltos de agua, de una gran belleza.

La ribera nos adentró en un paraíso de densa vegetación en la que el pino se iba imponiendo conforme nos acercábamos a la Charca Verde, espléndido remanso de agua del que añoro sus refrescantes baños en verano, ahora ya prohibidos.

El deterioro que iba adquiriendo en sus zonas más visitadas y el turismo irresponsable, que alteraba el cauce del río dejando basura por las orillas, provocó la decisión de tomar estas drásticas medidas.

Rodeamos las enormes rocas que hay junto a la charca siguiendo el trazado de una tubería que remonta el río unos 400 metros hasta el punto donde capta el agua. La senda no está muy señalizada, pero es fácil de seguir, siempre próxima al río, cruza el arroyo del Chivato, donde una roca señala que estamos en zona nudista, y pasa junto a un puente derruido.

Los colores otoñales comenzaban a percibirse en las hojas de los árboles y abundaban las setas a poco que nos fijáramos en el suelo, aunque a falta de los expertos del grupo, no nos atrevimos a cogerlas.

Al poco, alcanzamos la pista que viene de Canto Cochino, a escasos metros del puente del Francés, donde paramos a tomar el tentempié de media mañana mientras nos deleitamos con el melodioso sonido del agua al chapotear en un poza cercana.

Tras el breve descanso, continuamos la marcha cruzando el puente hasta llegar enseguida a la s escaleras de piedra que salen a la derecha, por las que continua el PR-M18 que habíamos dejado, justo donde hay un cartel, advirtiendo de la prohibición de la práctica del barranquismo, ya que hace muchos años esta zona era el único lugar de barranquismo que había en la Comunidad de Madrid.

Enseguida llegamos a una fuente perfectamente encajada entre piedras, aunque sin apenas agua. La bonita senda, señalizada con marcas blancas y amarillas, discurre a media ladera, con el sonido del río a nuestra derecha, que de vez en cuando nos ofrece unas espectaculares vistas de sus pozas de agua cristalina.

Seguimos las marcas blancas y amarillas, sobre los árboles y de vez en cuando sobre rocas, adentrándonos en la zona más abrupta que no la de mayor desnivel, donde la tupida vegetación, sobre todo los helechos y las jaras, intentan cerrar las sendas sin conseguirlo.

Al poco, alcanzamos el Puente del Retén, con una bonita charca de agua cristalina a su izquierda. Este renovado puente llegó a estar muy deteriorado y una escuela-taller lo restauro en el 2005.

Una vez lo cruzamos, comenzó la parte de mayor desnivel, entre pinares y durante 1 km aproximadamente se ascienden 200 metros. Seguimos los hitos y marcas del PR de la zigzagueante senda hasta la altura donde el rugir del agua comienza a dejarse sentir.

Un pequeño sendero que sale a la izquierda, con unas marcas en las piedras, nos indica que varios metros más abajo, al pie de de un denso pinar y de la loma de Cerro Ortigoso, se encuentra la cascada de los chorros del Manzanares, una larga hilera de pequeñas cascadas que se suceden unas a otras y que hacen de este lugar un rincón único y especialmente bello.

Quisimos verlo de cerca, y en lugar de volver sobre nuestros pasos, continuamos lo más próximos que pudimos al río, disfrutando de los continuos saltos de agua, chorreras y cascadas. Esta zona puede ser muy peligrosa en caso de lluvia por lo resbaladizas que pueden ponerse las rocas.

Al llegar al Barranco de los Chorros, se nos hizo imposible continuar junto al río, lo que nos obligó a subir por un lanchar hasta alcanzar de nuevo el PR-M18.

Por el que continuamos ascendiendo para unos pocos de metros más adelante desviarnos a la izquierda unos metros para contemplar la Poza de Nerón, precedida de varios saltos de agua que hacen de este sitio un lugar con mucho encanto.

Recuperamos el sendero y proseguimos el ascenso por el estrecho sendero del PR-M18, entre helechos ya amarillentos por efecto del estiaje. Vadeamos el arroyo del Berzoso con la ayuda de unas piedras. El paisaje no podía ser más alpino, rodeados de pinos y con el río Manzanares saltando de poza en poza a nuestra izquierda.

Por fin alcanzamos la pista y, a los pocos metros, el puente de los Manchegos, donde paramos para dar cuenta de los bocadillos al lado del río.

Repuestas las fuerzas, dejamos el PR-M18 en su camino hacia la Bola del Mundo, para seguir por la pista, que en ligero ascenso se dirige al collado de los Pastores, mirador privilegiado que con sus 1748 metros era la cota de mayor altura de la ruta. Desde él, se tiene unas magníficas vistas de la Cuerda Larga, la Sierra de los Porrones y toda la Pedriza, fáciles de localizar por tener cuatro paneles  identificando los perfiles de la sierra.

Tras extasiarnos con las panorámicas, iniciamos el descenso, con el alivio de saber que ya todo era bajada, al principio por amplia pista con varias zetas, y después recortando las curvas del camino por dos bellos senderos, el último desconocido hasta ahora por nosotros, así hasta alcanzar el Mirador de la Pedriza, que como era de esperar ofrece unas estupendas vistas de ella. Un poco más adelante pasamos junto a la fuente de las Casiruelas, de la que no caía ni una sola gota de agua.

Por una cómoda senda que evita la pista, bordeamos la Loma de las Casiruelas, entre pinos y enormes rocas de singular forma, hasta alcanzar las inmediaciones de Canto Cochino y de allí al aparcamiento del puente de las Ranas donde teníamos los coches.

Las cañas de celebración de fin de ruta nos las tomamos en Manzanares el Real al pie de su iglesia, dando así por finalizada esta estupenda excursión que se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 28 de septiembre de 2020

Excursión X235: Cueva del Ave María y El Elefantito de la Pedriza

FICHA TÉCNICA

Inicio: El Tranco
Final: El Tranco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 10 Km 
Desnivel [+]: 544 m 
Desnivel [--]: 544 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Con tanto confinamiento y con el caluroso verano encima, hacía tiempo que no pisábamos la Pedriza, así es que para remediarlo, decidimos ir en busca de algunos de los riscos más emblemáticos de este paraíso rocoso.

Comenzamos a andar desde el aparcamiento del Tranco, en dirección al canchal donde se encuentra, siempre vigilante, el Indio, con su pose de Gran Jefe Sioux. Unos metros más adelante, uno de los alcornoque más ancianos y curiosos de la Comunidad de Madrid.

Tiene 11 metros de altura, 14 de copa, dos troncos con perímetro de 2,15 m y 1,95 m y se le atribuye una edad de entre 400 y 500 años. 

Sus raíces están entrelazadas desesperadamente a las rocas de granito en la que se sustenta y gracias al lugar donde se encuentra, un risco de dificil acceso, ha sobrevivido a la deforestación y a la acción del ganado de lo que antes era uno de los alcornocales más extensos de La Pedriza.

A nuestra derecha, mantenemos las bonitas vistas de los alrededores de la Ermita de Nuestra Señora de la Peña Sacra, que en 1769, durante la celebración de su festividad, se perdió el control de las velas que rodeaban a la Virgen en la Iglesia y todo prendió fuego, salvándose únicamente la sacristía y dejando la iglesia sin torre, techumbre, ni imágenes sagradas.

Asimismo, cuenta Bernaldo de Quirós, narrando los hechos que le describió en su día el antiguo posadero de Manzanares, que la ermita fue objeto de ataque por parte de los bandidos que poblaban la zona, siendo valientemente defendida por la Guardesa de Peña Sacra.

Aunque oficialmente se llama el Alcornoque del Ortigal, se conoce como el del Bandolero, por una leyenda en la que se cuenta que este árbol lo utilizó un bandolero muy conocido en el siglo XIX, Pablo Santos, llamado el Bandido de La Pedriza, como cobijo y para esconder los botines obtenidos en sus robos. Eran tiempos en los que bandoleros como Luis Candelas y los integrantes de su banda, la de Paco el Sastre, gozaban de cierta fama.

A Pablo Santos le mató Isidro el de Torrelodones en una ajuste de cuentas. Hoy el alcornoque ha quedado a pocos metros de las urbanizaciones construidas casi a sus pies, ¡¡si Pablo Santos levantara la cabeza!!

Un poco más adelante, surgen varias sendas que se acercan a los riscos y que no hay que seguir, debiendo elegir la que más se aleja de ellos, una senda estrecha y algo enmarañada con tendencia a bajar dirección sureste. Este divertido tramo obliga a pasar bajo un túnel hecho de zarzas y entre unas rocas que forman un pasadizo triangular, tras el cual, la senda gana altura con cierta pendiente hasta alcanzar el collado del Alcornocal, donde conectamos con el PR-1, el sendero que circunda La Pedriza.

Una breve parada nos da los ánimos suficientes para seguir el sendero, que en dirección norte asciende entre jaras y rocas en busca de la Gran Cañada. Se llama Senda de la Rinconada o también llamada Senda Maeso. 

Fue trazada por Domingo Pliego, Soledad de Andrés, Ana Mural y José Solé, en la primavera de 1982 en honor de su amigo Antonio Maeso, responsable del grupo de senderismo de Standard Eléctrica.

Pasamos junto a un abrigo, bajo una roca, a nuestra izquierda, y un par de roquedales que hacen de miradores naturales, a nuestra derecha, desde donde disfrutamos de unas magníficas vistas hacia oriente.

Destaca, a lo lejos, el Cerro de San Pedro reflejándose en las mansas aguas del embalse de Santillana, en el que se puede contemplar la pequeña isla y la casa existente en ella, y más cerca, el castillo de los Mendoza, emblema de Manzanares el Real y prototipo de castillo residencial, más que de defensa.

Tras una cerrada curva a naciente y luego otra a poniente que hace la senda en la zona de la Rinconada, llegamos al collado de la Cueva, una extensa pradera en la que, a nuestra derecha, hay un corral con cercado de piedra, sobrevolado por los buitres, y al fondo, una roca redonda que nos parecía la cabeza de un hombre dormido, a su lado una mesa y bancos de piedra.

Pocos metros más adelante, a la derecha, en alto, se abre, como un bostezo geológico, la cueva del Ave María. De esta cueva se cuentan varias leyendas en Manzanares, dícese que gritando en la entrada las palabras Ave María, una voz misteriosa sale del interior, como un eco, respondiendo: Gracia plena.

Otra asegura que nadie pudo llegar nunca al fondo de la gruta, pero en un terreno puramente granítico, esta clase de cuevas con múltiples profundidades serían demasiado raras. De hecho, aunque oscura como la boca de un lobo, bastan unos metros para tocar las paredes finales.

Una vez hechas las fotos de rigor en tan singular enclave, regresamos a la pradera, donde paramos a tomar el tentempié de media mañana. Y una vez repuestas las fuerzas, recuperamos la senda Maeso.

De nuevo las vistas al embalse de Santillana nos relajan el alma. Entre jaras y rocas megalíticas continuamos subiendo, en dirección noreste. Pronto divisamos el Caracol, al que me apresuro a colocar bien uno de los hitos que hacen de cuernos. Es tan real, que no parece si no que vaya a echar a andar en cualquier momento.

Frente al Caracol, al otro lado de la senda, emerge otro risco singular, el Candelabro, que tal parece, con su llama flameante incluida. El espectacular paisaje nos mantenía entretenidos, con buscarle semejanzas a cada risco.

Uno parece una ardilla, otro un afilado diente, a otro le llaman el Ofertorio o las Mozas, otro una mano. Definitivamente, La Pedriza es un parque temático abierto a la imaginación.

De roca en roca, bordeamos el risco de El Corral, que nos queda a la izquierda, y nos adentramos en La Gran Cañada, una de las colosales barrancas que surcan de poniente a levante el mediodía de la Pedriza. Una luenga meseta herbosa, de casi dos kilómetros de punta a cabo, corona esta monumental fractura, por la que pasa el GR-10.

Esta gran explanada nos da un pequeño respiro, pero enseguida toca abandonarla y ascender de nuevo, lo hacemos en dirección noreste, dejando a la izquierda el risco de La Cara de la Gran Cañada. 

Pasamos junto a un vivac triangular y, a los pocos metros, alcanzamos un roquedal que hace de mirador natural, con magníficas vistas, desde el que nos hacemos unas bonitas fotos de contraluces, con el embalse de Santillana de fondo.

Proseguimos el ascenso, ahora giramos hacia el oeste, dejando a nuestra derecha el risco de Los Lunes y junto a él el del Martes, curiosos nombres que nadie sabe a qué se deben. A escasos metros pasamos junto a otro vivac con entrada y salida, que algunos cruzamos.

La senda zigzaguea, primero a la derecha y luego a la izquierda y, nada más rebasar el desvío hacia El Elefantito, divisamos a nuestra derecha la inconfundible figura de El Caracolete, éste muy reconocible. Es el momento de dejar el PR-1 y girar a la izquierda en busca del Elefantito.

Ascendemos entre jaras con grandes moles rocosas a ambos lados, hasta alcanzar un pequeño collado, desde donde contemplamos emocionados la figura quizás más perfecta de todas las que la naturaleza ha labrado en la Pedriza, el Elefantito, y eso que son muchas: caracoles, perros, tortugas, pájaros, cochinos, focas, camellos, dinosaurios y cocodrilos, pero ésta es la obra cumbre del escultor silencioso que habita estos parajes.

Admirando el fino detalle con que están labradas su trompa, sus orejotas y su abultado frontal, convendremos en que la naturaleza es una magnífica escultora, casi tan buena como haciendo originales de carne y hueso.

Es sorprendente cómo la naturaleza, actuando sobre la piedra granítica, con la cuña del hielo y el pulimento del agua, no difiere mucho del escultor que se enfrenta a una roca informe sin una idea determinada, dejándose llevar por las vetas y fisuras hasta dar con la forma más sorprendente.

Los alrededores de esta cima donde se encuentra el Elefantito tienen también su propio encanto, desde la inmensa colección de sugerentes rocas a las vistas de la llanura, con Manzanares y su embalse al fondo.

Tras la infinidad de fotos con todas las poses posibles junto a tan emblemático risco, lo rodeamos, en dirección suroeste, para descender por las Cerradillas hacia la parte más occidental de la Gran Cañada, cruzando un arroyuelo y pasando junto a unos riscos donde las cabras nos vigilaban de lejos.

Al llegar a la inmensa pradera, es imposible no asomarse al mirador del Tranco, un promontorio con una panorámicas de cine hacia Manzanares el Real y su embalse.

De aquí parten varias senda, la de las Carboneras, que baja a pico hacía El Tranco, de amargo recuerdo para mí, por tener que descender por ella, una de las veces, en pleno episodio de un cólico nefrítico; otra baja por el Hueco de las Hoces y la que seguimos, que lo hace por el GR-10.

La senda, muy marcada, como corresponde a un GR, se precipita entre las moles del Castillete, a nuestra derecha, y las de Cacho Brutón, a la izquierda, adquiriendo más pendiente conforme más descendemos, teniendo en su parte final una cuantas zetas, siguiendo un excavado surco que le da algo de emoción a la bajada.

Al acabar la fuerte pendiente, cruzamos por un puente de madera el arroyo de la Majadilla y a continuación el río Manzanares para acercarnos a Canto Cochino, con la esperanza de que estuviera abierto el kiosco y poder comer los bocadillos con cerveza fresquita.

Pero no fue así, por lo que cruzamos el aparcamiento y proseguimos, en dirección sur, paralelos al río Manzanares, pasamos junto al indicador de cumbres que hay junto a la senda, volvemos a cruzar el río, por otro puente de madera, descendiendo desde aquí por su margen izquierda, en dirección este.

Por aquí coincide el PR-1 con el GR-10. Al llegar al kiosco de La Foca, llamado así por el risco que se alza frete a él con esa forma, vimos que estaba abierto, pudiendo por fin, en su terraza, almorzar con refrescantes bebidas.

Tras el descanso, nos tomamos con tranquilidad esta parte final de nuestro recorrido, disfrutando del bonito paisaje de ribera que nos ofrece la Garganta Camorza hasta alcanzar de nuevo área Recreativa de El Tranco, dando así por terminada esta bonita ruta, que bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto