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lunes, 8 de abril de 2024

Excursión X472: Cascadas del arroyo del Chivato

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Las Ranas. La Pedriza
Final: Las Ranas. La Pedriza
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 8,2 Km
Desnivel [+]: 324 m
Desnivel [--]: 324 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Queríamos ir a ver cómo estaban los Chorros de la Pedriza, que con las últimas lluvias y el precipitado deshielo posterior, presumíamos que debían ser todo un espectáculo. Lo que no sospechamos era la sorpresa que nos esperaba.

Quedamos en el penúltimo aparcamiento de la Pedriza, pasado el de Cantocochino, el de las Ranas se llama, que estaba sin coches, nada que ver con lo que hubiésemos encontrado de haber venido en fin de semana.

Tenía ganas de volver a recorrer los majestuosos chorros del Manzanares. Una espectacular sucesión de saltos de agua y pozas cristalinas del recién nacido río.

Echamos a andar cruzando el río Manzanares por el puente de las Ranas. La fuerza y cantidad del agua que llevaba el río hacían presumir un espectáculo único aguas arriba. Giramos a la izquierda y continuamos por el PR-M18, muy cerca del río, al que nos acercamos de vez en cuando a contemplar los numerosos pequeños saltos de agua que animan su recorrido.

El día estupendo, con buena temperatura y primaveral, que fue pausadamente nublándose. Por la tarde había riesgo de lluvia y esperábamos estar a tiempo de regreso para que no nos pillase.

Disfrutamos contemplando la densa vegetación de ribera del río, como fresnos, sauces, los mayoritarios pinos e incluso algún tejo pudimos contemplar.

Pasamos junto al puente Cola de Caballo, donde nos hicimos unas fotos y continuamos remontando el río hasta alcanzar el siguiente puente, el del Vivero, donde una chica nos hizo la foto de grupo, junto al río para dejar constancia de su caudaloso descenso.

Un poco más adelante, a la altura del Vivero, nos desviamos un poco a la izquierda para contemplar desde unas enormes rocas que hacen de mirador natural, el espectacular zigzagueo que el río hace en esta parte del río.

El agua brinca de un lado para el otro compitiendo cada salto en belleza con el anterior, hasta caer en una gran poza donde, contra su fiera naturaleza, se remansa, antes de continuar su acalorado descenso.

Fue aquí donde una de nuestras chicas cayó en la cuenta de que le faltaba el bastón que traía, pareja de otro que perdió recientemente. Para no quedarse sin él, regresó en su búsqueda y con la ayuda de otro compañero dieron afortunadamente con él.

Reunidos de nuevo todos, continuamos el suave ascenso junto al río hasta llegar a la Charca Verde, precioso remanso de agua que haciendo honor a su nombre lucía un espléndido color verde manzana, de diferentes tonalidades.

Comentamos los excelentes baños que más de uno nos habíamos dado en este privilegiado rincón cuando no estaba prohibido.

Rodeamos las enormes rocas que hay junto a la charca siguiendo el trazado de una tubería que remonta el río unos 400 metros hasta el punto donde capta el agua, bajo la atenta mirada de unas cabras y machos cabríos a los que no parecía importarles nuestra presencia.

La senda no está muy señalizada, pero es fácil de seguir, siempre próxima al río hasta alcanzar el arroyo del Chivato, que debíamos cruzar, pero que por más que lo intentamos, se nos hizo imposible.

En época estival este arroyo apenas lleva agua, e incluso lo hemos visto completamente seco, pero hoy más que arroyo parecía un río y de los grandes.

Remontamos el arroyo buscando un estrechamiento por el que pasar a la otra orilla, pero parecía misión imposible, o el cauce era muy ancho, o la fuerza del agua era tan imponente que disuadía de cualquier intento de cruzarlo..  

Convencidos de que hoy no veríamos los Chorros de la Pedriza, nos deleitamos buscando las sucesivas cascadas y chorreras del arroyo del Chivato, y la verdad es que nos sorprendió contemplar tanto salto espectacular de agua, no lo hubiésemos sospechado. Los vídeos que grabé confirman sobradamente lo que digo.

En el inicio de la más alta paramos a descansar y a tomarnos el aperitivo de media mañana. El sonido ensordecedor del agua y su continuo chapoteo hipnotizaban nuestra mirada.

Tras el descanso, aún subimos otro poco más, hasta dar con otra de las cascadas, muy cercana a la Chorrera Escalerón, que vimos al fondo, iniciando desde ella el regreso.

Buscamos una estrecha senda que discurre por la ladera, a bastante altura del arroyo, y por ello, mucho más cómoda que la seguida en la subida, al evitar los caprichos del honda garganta que ha labrado el agua.

Enseguida alcanzamos los riscos que hay por encima de la Charca Verde, donde de nuevo las cabras fueron testigos impasibles de nuestro paso, ahora descendiendo junto a la tubería que marca el camino,

Bordeando el Vivero, alcanzamos el puente que hereda su nombre y que esta vez sí cruzamos para cambiar de orilla y descender por la amplia pista que surge a nuestra derecha.

Un poco más abajo, alcanzamos el Prado de las Zorras y a continuación el aparcamiento de las Machacaderas, en cuya entrada colocaron un monolito simbolizando la Puerta de la Pedriza.

A pocos metros llegamos al aparcamiento de las Ranas, donde habíamos dejado los coches. La celebración de la finalización de esta improvisada ruta la hicimos comiendo un excelente menú en el restaurante del Club Hípico 5 Herraduras, situado al comiendo de la carretera de la Pedriza. Le otorgo 4,5 estrellas a esta sorprendente ruta, en la que el agua a raudales fue la protagonista.
Paco Nieto

lunes, 9 de mayo de 2022

Excursión X339: Chorros del arroyo Simón y Manzanares

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Pedriza
Final: La Pedriza
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13,7 Km
Desnivel [+]: 727 m
Desnivel [--]: 727 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Quería Juan mostrarnos algunos de los rincones con más agua y bellos de La Pedriza, en parte, poco transitados. En los chorros del Manzanares ya habíamos estado, pero nos esperaban otros desconocidos para el grupo.

Quedamos en el último aparcamiento de la Pedriza, pasado el de Cantocochino y el de la Rana. Las Machacaderas se llama, singular nombre.

Tenía ganas de volver a recorrer los majestuosos chorros del Manzanares. Una espectacular sucesión de saltos de agua y pozas cristalinas del recién nacido río.

Para ir en su búsqueda, echamos a andar por la pista que remonta el río Manzanares dejándolo a nuestra derecha. El día se presentaba veraniego, a pesar de estar en primavera, porque la temperatura iban a estar más acorde con las del estiaje, pero el sonido del agua de fondo, nos refrescaba.

Disfrutamos contemplando la densa vegetación de ribera del río, como fresnos, sauces, e incluso algún tejo se puede ver.

Pasamos junto al Prado de las Zorras, de donde seguramente procedían unas vacas que parecían querer apoderarse de la pista, pero que finalmente se apartaron a nuestro paso.

En la primera curva cerrada que da la pista, atrochamos siguiendo rectos por una senda que desde cierta altura sigue el meandro que el río realiza en las proximidades de la Charca Verde, precioso remanso de agua que desde aquí aún resultaba más bello.

En un roquedo paramos para fotografiarla desde este privilegiado mirador.

Comentamos los baños que más de uno nos habíamos dado en ella cuando no estaba prohibido.

El deterioro que iba adquiriendo en sus zonas más visitadas y el turismo irresponsable, que alteraba el cauce del río dejando basura por las orillas, provocó la decisión de tomar esa drásticas medida.

Entramos en un paraíso de densa vegetación en la que el pino se iba imponiendo conforme avanzábamos, unas cabras se asomaban al río desde los riscos. Al poco, llegamos a la pista que habíamos dejado, coincidente con el PR-M18, a escasos metros del puente del Francés, al que algunos nos asomamos.

Por esta pista forestal regresaríamos, horas más tarde.

Tras reagruparnos, continuamos la marcha, subimos las escaleras de piedra que salen a la izquierda, por las que continua el PR-M18, justo donde hay un cartel, advirtiendo de la prohibición de la práctica del barranquismo, ya que hace muchos años esta zona era el único lugar en la Comunidad de Madrid donde se podía practicar.

Enseguida pasamos junto a una fuente perfectamente encajada entre piedras, aunque sin apenas agua.

La bonita senda que discurre a media ladera, con el sonido del río a nuestra derecha, que de vez en cuando nos ofrecía unas espectaculares vistas de sus cantarinas cascadas y aguas transparentes de sus pozas.

Seguimos las marcas blancas y amarillas, sobre los árboles y de vez en cuando sobre rocas, adentrándonos en la zona más abrupta. que no la de mayor desnivel, donde la tupida vegetación, sobre todo los helechos, peonías y las jaras en flor, ponían la nota de color.

Al poco, alcanzamos el Puente del Retén, que tiene una bonita charca de agua cristalina a su izquierda. Este renovado puente llegó a estar muy deteriorado y una escuela-taller lo restauro en el 2005.

Una vez lo cruzamos, seguimos por el antiguo PR-18 para asomarnos a ver el arroyo de Simón, a lo lejos se une a él el arroyo de la Mata, que le entrega sus aguas por su margen derecha. 

De regreso comenzó la parte de mayor desnivel, entre pinares y durante un kilómetro aproximadamente se ascienden unos 200 metros. Seguimos los hitos y marcas del PR de la zigzagueante senda hasta la altura donde el rugir del agua comienza a dejarse sentir.

Un pequeño sendero que sale a la izquierda, con unas marcas en las piedras, nos indica que varios metros más abajo, al pie de de un denso pinar y de la loma de Cerro Ortigoso, se encuentra la cascada de los Chorros del Manzanares, una larga hilera de pequeñas cascadas que se suceden unas a otras y que hacen de este lugar un rincón único y especialmente bello.

Tras las múltiples fotos, volvimos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el PR-M18, por el que continuamos ascendiendo, para enseguida internándonos en el pinar, para unos pocos de metros más adelante desviarnos a la izquierda y alcanzar otro de los rincones más conocidos, una sucesión de varios saltos de agua que hacen de este sitio un lugar con mucho encanto.

Contemplándolos, paramos a tomar el tentempié de media mañana mientras nos deleitamos con el melodioso sonido del agua al chapotear de poza en poza hasta caer en la más grande, que teníamos a nuestros pies.

Recuperamos el sendero y proseguimos el ascenso unos metros más por el estrecho sendero del PR-M18, abandonándolo enseguida para seguir otro, menos perceptible, que sale en dirección norte, a nuestra derecha y que va a dar a la pista llamada de las zetas.

Ahora, en cómodo paseo y sin pendiente, seguimos por la pista, que en su primera curva, rebasa el arroyo de la Mata, recién nacido un poco más arriba, en la cara sur de la Sierra del Francés. Aprovechamos para llenar las cantimploras con su fresquita agua.

Un poco más adelante, justo antes de la siguiente curva, paramos a contemplar el Árbol Singular 144, el pino Albar de la Sierra del Francés, árbol corpulento, conformado por dos grandes troncos verticales a partir de los 5 metros, que se van soldando a medida que crece en grosor. Hace más de 15 años le cayó un rayo, superando la herida. Es un ejemplar originario de los que poblaron la Pedriza. tiene unos 200 años. Intentamos abrazarlo y necesitamos juntarnos cuatro para conseguirlo. Junto a él un retorcido tronco seco se asemejaba a un ave intentando echar a volar, o eso me pareció.

Proseguimos y enseguida alcanzamos el arroyo de Simón, que bajaba con mucha agua. Aquí dejamos la pista para remontarlo, con fuerte pendiente, y contemplar sus impresionantes chorreras, que en verano suelen menguar hasta quedarse en nada.

Casi 100 metros de altura más arriba, alcanzamos otra pista, en el que iba a ser el punto de me mayor cota de la ruta.

Con el consuelo de que ya solo nos quedaba bajar, seguimos esta pista hasta dar con la que habíamos dejado, justo en el Mirador Danvila, un roquedal con buenas vistas situado en las Losillas. 

Buscamos una sombra entre las rocas para comer, pero el sol estaba en ese momento en su zenit, por lo que no había donde resguardarse.

Descendimos en busca de árboles, y encontramos unos pinos un poco más abajo, que sí nos proporcionaron la sombra deseada, eso sí, estaban plagados de nidos de procesionaria, en compensación las vistas hacia el valle y la cuerda de los Porrones eran espectaculares.

Tras el descanso, en lugar de seguir por la cómoda pero aburrida pista, Juan nos tenía preparado un descenso que a priori podríamos calificar con tres palabras que le gustan mucho: por un abismo escabroso y abominable, al que añadiría tenebroso, pero que nos ahorraba más de un kilómetro de pista.

Con cuidado, descendimos la fuerte pendiente, que al final resultó no ser tan tenebrosa y más divertida de lo esperado.

Salimos a la pista que habíamos dejado y continuamos el descenso hacia la última sorpresa del día, justo en la curva siguiente, nos esperaba un roquedal que ofrece unas vistas espectaculares de las cascadas del arroyo del Chivato.

Nos encaramamos a lo más alto del pedrusco desde donde se tienen las mejores panorámicas. Debajo, contemplamos el hermoso porte del Tejo del Arroyo del Chivato, situado en su ribera izquierda.

Su copa es globosa, armoniosa y bien distribuida. Destaca el color de su follaje frente a los pinos que tiene de vecinos. Se calcula que tiene más de 300 años de edad.

Tras el breve descanso, continuamos el descenso por la pista, rectos hacia el puente del Francés, recortando tres zetas por senda que atajan considerablemente el recorrido a través de los pinos.

Al llegar al puente, contemplamos lo caudaloso que bajaba el río Manzanares, tras recoger las agua de los arroyos que habíamos contemplado durante la ruta.

Desde aquí regresamos siguiendo la pista y veredas por donde esta mañana habíamos pasado, con la sorpresa de que nos topamos en el sendero con una cabras, vigiladas por un hermoso ejemplar de macho cabrío o cabrón, con perdón,  que nos miró, celoso, con cara de muy pocos amigos.

Nos fuimos antes de que se lo tomara a mal y la emprendiera con nosotros..

Al llegar a los coches y comprobar que los bares de la Pedriza estaban cerrados, nos fuimos a Manzanares el Real a tomarnos las cañas de fin de ruta.

Lo hicimos en Volapié, frente a la iglesia de Nuestras Señora de las Nieves, muy bien atendidos y agasajados con ricos aperitivos, ¿Qué más se puede pedir a la excursión?. Sí, una cosa, poder calificarla por encima de 5 estrellas, pero parece ser que esa es la máxima nota posible, una pena, porque se merecía más.
Paco Nieto

P.D.: En esta ruta, una de nuestras participantes perdió unas gafas graduadas, si alguien al hacerla las encuentra, agradeceríamos mucho se pusiese en contacto con nosotros.

lunes, 31 de enero de 2022

Excursión X320: Amanecer en la Pedriza

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Pedriza. Manzanares el Real
Final: La Pedriza. Manzanares el Real
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 9,8 Km
Desnivel [+]: 631 m
Desnivel [--]: 631 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Llevábamos tiempo pensando que sería interesante comenzar una ruta de noche y hacer unas fotos del amanecer. La idea que parecía buena para los que nos gusta la fotografía generaba algún gruñido en el resto. Por eso optamos por una solución salomónica. Madrugaríamos los “fotógrafos” y tras hacer las fotos esperaríamos a los demás tomando un café del termo. Y así hicimos.

Previamente Jorge y yo tomamos la iniciativa de hacer un reconocimiento del terreno, pues es necesario tener identificada una buena localización para las fotos, saber por dónde iba a salir el sol y además tener el track grabado para poder subir de noche e intentar que estuviera lo más cerca posible de los coches.

Comenzamos a andar, casi de noche aún, desde el comienzo de la Senda Maeso, al final de la calle de las Peñas de Manzanares el Real. Las luces en el horizonte y el comienzo de la hora azul hacían el paisaje maravilloso.

Caminamos un poco por esta senda, un tramo del PR-1, el sendero que circunda La Pedriza, y enseguida nos desviamos a la izquierda, flanqueados por sorprendidas cabras, para subir a lo más alto del Mongote de San Bernardo.

Desde este canchal se tienen unas excelentes vistas a oriente, por donde el sol comenzó a asomarse. Hay que decir que la aplicación Photopills volvió a ser muy útil pues poniendo bien el día y la hora presenta con exactitud el momento y lugar deseado en las trayectorias del sol y la luna.

Este tipo de salidas requieren un equipo fotográfico y, como debe ser cargado toda la ruta, elegimos que fuera lo más ligero posible. Cámara fotográfica con un zoom angular y un trípode de viaje ligero.

Una vez llegados a la localización y provistos de nuestros frontales nos pusimos manos a la obra.

Ese día nos acompañó Dani, amigo mío, que tras la sesión volvió sobre sus pasos pues tenía que irse a trabajar. Hicimos acopio de fotos y sorprendidos por la extraordinaria buena temperatura del amanecer, desayunamos, esperando al resto del grupo con tan impresionantes vistas.

Tras las fotos y con el sol remontando el horizonte, y agrupados con los no madrugadores, recuperamos la senda y nos dirigimos al collado del Alcornocal.

Una breve parada nos da los ánimos suficientes para seguir el sendero, que en dirección norte asciende entre jaras y rocas en busca de la Gran Cañada.

Pasamos junto a un abrigo, bajo una roca, a nuestra izquierda, y un par de roquedales que hacen de miradores naturales, a nuestra derecha, desde donde disfrutamos de unas magníficas vistas hacia oriente.

Destaca, a lo lejos, el Cerro de San Pedro reflejándose en las mansas aguas del embalse de Santillana, en el que se puede contemplar la pequeña isla y la casa existente en ella, y más cerca, el castillo de los Mendoza, emblema de Manzanares el Real y prototipo de castillo residencial, más que de defensa.

Tras una cerrada curva a naciente y luego otra a poniente que hace la senda en la zona de la Rinconada, llegamos al collado de la Cueva, una extensa pradera en la que, a nuestra derecha, hay un corral con cercado de piedra, en el que había un belén sobrevolado por los buitres, y al fondo, una roca redonda que nos parecía la cabeza de un hombre dormido, a su lado una mesa y bancos de piedra.

Pocos metros más adelante, a la derecha, en alto, se abre, como un bostezo geológico, la cueva del Ave María. De esta cueva se cuentan varias leyendas en Manzanares, dícese que gritando en la entrada las palabras Ave María, una voz misteriosa sale del interior, como un eco, respondiendo: Gracia plena.

Otra asegura que nadie pudo llegar nunca al fondo de la gruta, pero en un terreno puramente granítico, esta clase de cuevas con múltiples profundidades serían demasiado raras. De hecho, aunque oscura como la boca de un lobo, bastan unos metros para tocar las paredes finales de su cavidad.

Una vez hechas las fotos de rigor en tan singular enclave, regresamos a la pradera, donde paramos a tomar el tentempié de media mañana. Y una vez repuestas las fuerzas, recuperamos la senda Maeso.

De nuevo las vistas al embalse de Santillana nos relajan el alma. Entre jaras y rocas megalíticas continuamos subiendo, en dirección noreste. Pronto divisamos el Caracol, al que me apresuro a colocar bien uno de los hitos que hacen de cuernos. Es tan real, que no parece si no que vaya a echar a andar en cualquier momento.

Frente al Caracol, al otro lado de la senda, emerge otro risco singular, el Candelabro, que tal parece, con su llama flameante incluida. El espectacular paisaje nos mantenía entretenidos, con buscarle semejanzas a cada risco.

Uno parece una ardilla, otro un afilado diente, a otro le llaman el Ofertorio o las Mozas, otro una mano. Definitivamente, La Pedriza es un parque temático abierto a la imaginación.

De roca en roca, bordeamos el risco de El Corral, que nos queda a la izquierda, y nos adentramos en La Gran Cañada, una de las colosales barrancas que surcan de poniente a levante el mediodía de la Pedriza. Una luenga meseta herbosa, de casi dos kilómetros de punta a cabo, corona esta monumental fractura, por la que pasa el GR-10.

Esta gran explanada nos da un pequeño respiro después de la subida, pero enseguida toca abandonarla y ascender de nuevo, lo hacemos en dirección noreste, dejando a la izquierda el risco de La Cara de la Gran Cañada.

Pasamos junto a un vivac triangular y, a los pocos metros, alcanzamos un roquedal que hace de mirador natural, con magníficas vistas, desde el que nos hacemos unas bonitas fotos de contraluces, con el embalse de Santillana de fondo.

Proseguimos el ascenso, ahora giramos hacia el oeste, dejando a nuestra derecha el risco de Los Lunes y junto a él, el risco del Martes, curiosos nombres que nadie sabe a qué se deben. A escasos metros pasamos junto a otro vivac con entrada y salida, que algunos cruzamos.

A pocos metros, dejamos la zigzagueante senda para seguir la primera que nos sale a la izquierda, hacia El Elefantito.

Ascendemos entre jaras con grandes moles rocosas a ambos lados, hasta alcanzar un pequeño collado, desde donde contemplamos emocionados la figura quizás más perfecta de todas las que la naturaleza ha labrado en la Pedriza, el Elefantito, y eso que son muchas: caracoles, perros, tortugas, pájaros, cochinos, focas, camellos, caras, dedos, puentes, agujas, dinosaurios y cocodrilos, pero ésta es la obra cumbre del escultor silencioso que habita estos parajes.

Admirando el fino detalle con que están labradas su trompa, sus orejotas y su abultado frontal, convendremos en que la naturaleza es una magnífica escultora, casi tan buena como haciendo originales de carne y hueso.

Es sorprendente cómo la naturaleza, actuando sobre la piedra granítica, con la cuña del hielo y el pulimento del agua, no difiere mucho del escultor que se enfrenta a una roca informe sin una idea determinada, dejándose llevar por las vetas y fisuras hasta dar con la forma más sorprendente.

Los alrededores de esta cima donde se encuentra el Elefantito tienen también su propio encanto, desde la inmensa colección de sugerentes rocas a las vistas de la llanura, con Manzanares y su embalse al fondo.

Tras la infinidad de fotos con todas las poses posibles junto a tan emblemático risco, lo rodeamos, en dirección suroeste, para descender por las Cerradillas hacia la parte más occidental de la Gran Cañada, cruzando un arroyuelo y pasando junto a unos riscos donde las cabras nos vigilaban de lejos.

Al llegar a la inmensa pradera, destaca el mirador del Tranco, un promontorio, al que es fácil subir, con unas panorámicas de cine hacia Manzanares el Real y su embalse.

De aquí parten varias sendas, la de las Carboneras baja a pico hacía el río Manzanares, y por ella seguimos, en dirección suroeste hasta alcanzar El Tranco.

Sin bajar a su aparcamiento, continuamos en dirección al canchal donde se encuentra, siempre vigilante, el Indio, con su pose de Gran Jefe Sioux. Unos metros más adelante, uno de los alcornoques más ancianos y curiosos de la Comunidad de Madrid. Tiene 11 metros de altura, 14 de copa, dos troncos con perímetro de 2,15 m y 1,95 m y se le atribuye una edad de entre 400 y 500 años.

Sus raíces están entrelazadas desesperadamente a las rocas de granito en la que se sustenta y gracias al lugar donde se encuentra, un risco de difícil acceso, ha sobrevivido a la deforestación y a la acción del ganado de lo que antes era uno de los alcornocales más extensos de La Pedriza.

Aunque oficialmente se llama el Alcornoque del Ortigal, se conoce como el del Bandolero, por una leyenda en la que se cuenta que este árbol lo utilizó un bandolero muy conocido en el siglo XIX, Pablo Santos, llamado el Bandido de La Pedriza, como cobijo y para esconder los botines obtenidos en sus robos. Eran tiempos en los que bandoleros como Luis Candelas y los integrantes de su banda, la de Paco el Sastre, gozaban de cierta fama.

Un poco más adelante, surgen varias sendas que se acercan a los riscos y que no hay que seguir, debiendo elegir la que más se aleja de ellos, una senda estrecha y algo enmarañada con tendencia a bajar dirección sureste.

Este divertido tramo obliga a pasar bajo un túnel hecho de zarzas y entre unas rocas que forman un pasadizo triangular, tras el cual, la senda gana altura en dirección al collado del Alcornocal.

Pero antes de llegar, nos desviamos por la senda que sale a la derecha, en dirección sur, que tras un rodeo nos llevó al punto de inicio de la ruta.

Para las fechas en las que nos encontramos la temperatura del amanecer ya nos hacía presagiar que pasaríamos calor del bueno.

De hecho, el último tramo lo pasamos pensando en la hidratación a base de cerveza que vendría después, dando así por terminada esta bonita ruta, que bien se merece 5 estrellas.
Carlos Beltrán