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viernes, 12 de abril de 2024

Excursión X474: Camino Francés. Etapa 10. Santo Domingo de la Calzada - Belorado

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Santo Domingo de la Calzada
Final: Belorado
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 23,5 Km
Desnivel [+]: 342 m
Desnivel [--]: 217 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Nos levantamos temprano para acometer la segunda etapa, desayunamos en el hotel y a las 8:30 ya estábamos haciéndonos la foto de salida a los pies de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada.

Por su Calle Mayor seguimos las conchas compostelanas marcadas en el suelo mientras dejábamos atrás casas blasonadas y palacios que hablan de tiempos de grandeza.

Enseguida llegamos a la Ermita del Santo, situada a la derecha, justo a la entrada del puente sobre el río Oja, el que construyó Domingo, y nos incorporamos a la carretera N-120. Junto a ella seguimos hacia el pueblo de Grañón.

El río Oja nace en la Sierra de la Demanda y une sus aguas a las del río Tirón en Cihuri antes de llegar a Anguciana, cerca de la localidad de Haro, punto a partir del cual se le conoce como río Oja-Tirón hasta la desembocadura en el río Ebro.

Según algunas discutidas teorías y la creencia tradicional popular, de él procede el nombre de La Rioja, Comunidad que recorre de sur a norte.

El camino de tierra inicialmente deja la carretera N-120 a la izquierda, al poco la cruza y durante un largo trecho la tenemos a la derecha, convertida en una inseparable compañera.

Entre prados sembrados de cereales alcanzamos, a nuestra izquierda la Cruz de los Valientes, recuerdo de un “Juicio de Dios” para resolver un pleito entre los pueblos de Santo Domingo y Grañón.

A través de ella se explica por qué Grañón posee un encinar que en el siglo XV se disputaba con Santo Domingo de La Calzada. Ambos pueblos quedaron en resolver la contienda mediante la lucha cuerpo a cuerpo de dos jóvenes, los más aguerridos de cada lugar. Venció Martín García de Grañón y en el lugar donde tuvo la lucha, a mitad de camino entre las dos poblaciones, se hincó una cruz, que se renueva periódicamente, como recuerdo y testigo del hecho. Aquí más detalles de la contienda.

Por un puente bajo la N-120 cruzamos el arroyo de Majuelos y continuamos paralelos a la carretera hasta abandonarla, por la izquierda.

A lo lejos se dibuja Grañón sobre una suave colina al ascender a un cruce, cerca de un almacén, seguimos por una pista asfaltada que nos conduce directamente hasta el pueblo.

Entramos en Grañón, recibidos por unos murales que nos desean Buen Camino e indicaciones de que a Santiago nos quedan 564,40 Km y el consuelo de que si fuéramos a Roma sería peor, "solo" 1757,8 Km.

Por unas escaleras accedimos a su Calle Mayor, que nos conduce a la iglesia parroquial, de impresionante monumentalidad y dedicada a San Juan Bautista.

Se inició su construcción en el siglo XIV, produciéndose numerosos añadidos y remodelaciones en épocas posteriores: así, el coro alto data del XVI, la sacristía nueva y la torre neoclásica del XVII-XVIII.

Tiene una portada con arco de medio punto a los pies. En el interior, coro alto, al que se asciende por una escalera con balaustrada y decoración flamígera, con sillería. Pila bautismal gallonada. El retablo mayor es renacentista, de entre 1545 y 1556.

Tras visitar el templo y obtener los apreciados sellos de las compostelanas, en el bar My Way, situado frente a la iglesia, nos tomamos un café para animar la mañana y continuar con más ánimo el Camino, que atraviesa el casco urbano y llega al excelente Mirador del Camino, con fuente y un faro que de noche ilumina el Camino, desde él se muestra un impresionante paisaje, todo verde en primavera.

Tras descender una colina, cruzar el Río Villar-Medio y subir otra ladera, alcanzamos el límite provincial y autonómico que separan La Rioja y Castilla-León.

Un enorme cartel con el trazado del Camino en esta última Comunidad señala el sitio exacto de la invisible frontera que separa una de otra.

Después de un desvío por las obras de la autopista A-12, salimos a la N-120, al lado de las primeras casas de Redecilla del Camino, la primera localidad burgalesa del Camino de Santiago.

En este mismo punto, junto a un parque centrado por un Rollo Medieval y una fuente, los más adelantados, cruzaron la carretera en dirección a una caseta de información al peregrino, mientras que los que veníamos detrás, que no los vimos, continuamos para atravesar Redecilla por su calle principal, llamada, como era de esperar, Camino de Santiago.

De trazado eminentemente jacobeo como Pueblo-Camino, su principal monumento es la Iglesia de Nuestra Señora de la Calle, de torre cuadrada de ladrillo, pórtico con una elevada arcada renacentista, que preside una imagen de la Virgen de la Calle. 

Reedificada en los siglos XVII y XVIII, conserva un conjunto de retablos y mobiliario rococó.

En su interior hay un pequeño espacio habilitado como baptisterio, donde se guarda tras una reja, pero perfectamente visible, una de las joyas de esta comarca burgalesa, su espectacular pila sacramentaldel siglo XII, constituida por un pie formado por un pilar circular al que se adosan ocho columnas embebidas con sus respectivas basas románicas.

Asemeja una ciudad amurallada con torres, almenas y ventas, una auténtica maravilla, de las mejor trabajadas y mejor conservadas de todo el románico español.

La belleza de la pila radica en el sabio ordenamiento de los elementos arquitectónicos que representa, con un ritmo y simetría muy bien diseñados.

Se cree que representa el paraíso al que sólo acceden los bautizados al ser así redimidos del pecado original, y que esa representación se hace mediante la forma de una ciudad bien ordenada, la Jerusalén Celestial del Apocalipsis de San Juan, en oposición al caos que reina en el infierno.

Salimos del pueblo por un pequeño parque con fuente, cruzamos la carretera N-120 y nos reagrupamos a la sombra de una casa mientras tomábamos el aperitivo de media mañana.

Seguimos por un puente sobre río Reláchigo, junto a la carretera, por la que continuamos hasta Castildelgado, situado a menos de dos kilómetros.

Esta población era conocida como San Pedro de Villa de Pún, hasta el siglo XVI. Su templo parroquial de San Pedro es de estilo tardo-gótico, del siglo XVI donde destaca la Virgen del Rosario, románica del siglo XIII. Posee una esbelta torre e interesantes retablos barrocos. En el mayor aparece una imagen de la Virgen con el Niño del primer tercio del siglo XIII

Unos metros más adelante, se encuentra la Ermita de Santa María del Campo, que posee una talla de la Virgen del siglo XIII. El Camino continua junto a la carretera N-120, cruza el río San Julián, afluente del Río Tirón, y un kilómetro después tomamos un desvío a la izquierda, pasamos bajo un puente de la futura A-12 y un camino de tierra entre campos de cereales nos conduce hasta Viloria de Rioja.

Pasando junto a un albergue, entramos en Viloria de Rioja, cuna de Santo Domingo de la Calzada, en la que se conserva su casa natal (en ruinas). En la Plaza Mayor, frente a la iglesia, una escultura, en la que aparece junto a un gallo y una gallina, evoca al Santo.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es un edificio de mampostería y ladrillo. La torre se alza a los pies sobre el último tramo de bóveda.

La puerta de ingreso al templo se sitúa al mediodía y le precede un pórtico de triple arquería de moderna construcción, el retablo es barroco, y conserva la pila donde fue bautizado el Santo.

El calor aprieta y una fuente junto a la iglesia aplacó momentáneamente el sofoco del camino. Deseando llegar cuanto antes a nuestra meta, enseguida nos pusimos de nuevo en marcha.

Pasamos junto al cementerio, en suave descenso cruzamos el arroyo de la Paul y. entre campos de un verde intenso. conectamos de nuevo con la carretera N-120, junto a la que seguimos, dejándola a nuestra derecha.

Algunos conductores, sobre todo camioneros, hacen sonar sus claxon a modo de saludo a nuestro paso.

Desde aquí iniciamos un pequeño ascenso hasta Villamayor del Río, al que entramos por su Calle Real, abalanzándonos desesperados a la primera fuente que vimos para refrescarnos.

Como viene siendo habitual en todas nuestras salidas, el calor se hace más presente conforme más etapa realizamos, parece que las olas de calor esperan a que nos decidamos por una fecha para hacerse presentes..

Otra fuente en un pequeño parque sirve de antesala a la iglesia parroquial dedicada a de San Gil Abad, la principal referencia del pueblo.

El edificio, del siglo XVIII, presenta influencias neoclásicas. Tanto el retablo mayor como los laterales son de estilo barroco. Hay, además, varias tablas sueltas que podrían corresponder a un retablo anterior.

Los cinco kilómetros que nos quedan hasta llegar a Belorado son junto a la N-120, a campo abierto, sin apenas árboles y con los verdes prados como único consuelo de tan áspero tramo.

Cruzamos la N-120 y por fin llegamos en Belorado, y dada la hora, paramos a comer en el primer restaurante que encontramos, el albergue y hotel A Santiago, adornado con banderas de un montón de países.

Tras reponer fuerzas y ya refrescados, entramos en Belorado, cruzando el arroyo de Trambasaguas, municipio de origen celta, conocido en la Edad Media como Belfuratus, que significa "lugar hermoso y angosto", es hoy una población típicamente castellana concentrada en torno a su Plaza Mayor y con un amplio patrimonio, derivado de su excelente situación estratégica, próxima a La Rioja y en la falda de la sierra de la Demanda, al pie de los montes de Ayago, en la comarca de Montes de Oca.

Una vez instalados en el hotel La Huella del Camino, nos acercamos a la Iglesia de Santa María, del siglo XVI, erigida al pie de las ruinas del antiguo castillo, en el mismo lugar donde, en su día, estuvo ubicado el pequeño templo llamado de Santa María de la Capilla, del que únicamente se conserva la imagen titular, que en la actualidad preside el retablo del altar mayor de estilo renacentista, con una imagen de Santiago Matamoros, y una talla de la Virgen del siglo XIII.

Después nos acercamos a la Ermita de Nuestra Señora de Belén del siglo XVIII, patrona del pueblo, situada a la entrada del municipio, fue antiguo hospital de peregrinos.

La estructura primitiva de esta ermita se renovó en el siglo XVIII, época a la que corresponde su retablo mayor con camarín para recoger a la Virgen titular. Es lo único que queda del desaparecido hospital que llevaba su mismo nombre.

De regreso, pasamos junto a la Iglesia de San Pedro, parece ser que fue de fábrica medieval, aunque muy reformada en el siglo XVII. El retablo mayor, generoso en oro y en líneas curvas es de estilo barroco, pero dentro del gusto rococó.

Destaca su órgano de estilo rococó, construido en 1785. Su bella sillería procede del antiguo convento de San Francisco, del que se trasladó al lugar que ocupa en el año 1809.

Dimos un paseo por la Plaza Mayor, de aspecto típicamente castellano, asoportalada, y un recorrido por el Paseo del Ánimo, un mosaico de baldosas de bronce en las que diferentes personas y personalidades de renombre, y otros anónimos, han dejado la huella de sus pies y manos en el tramo urbano del Camino de Santiago.

La mano, como “símbolo de la acogida” y el pie “como acompañamiento testimonial de las personas que dejan su huella” así como sus firmas.

Al atardecer, algunos nos animamos a subir a lo que queda del castillo, que fue una importante fortaleza fronteriza con Navarra y parte de la antigua muralla​ del pueblo.

Desde el castillo, con unas excelentes panorámica del pueblo y el valle que forma el río Tirón, contemplamos una hermosa puesta de sol antes de irnos a cenar al hotel, dando así por finalizada esta nueva etapa de nuestro Camino y que la califico con 5 estrellas.
Paco Nieto


ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

lunes, 4 de diciembre de 2017

Excursión X123: Las Pirámides y la Raja de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto del Berrueco
Final:
 Canto del Berrueco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,6 Km 
Desnivel [+]: 852 m 
Desnivel [--]: 852 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Había visto hace tiempo fotos de unas pirámides existentes en la Pedriza desde no se sabe cuándo, pero hasta ahora no había surgido la oportunidad de programar una ruta para conocerlas.

En un estupendo día, nos dispusimos a ir en su búsqueda, como si de exploradores por Egipto se tratase. Además, el enigma de quién las puso allí y por qué, aún nos animaba más a acercarnos a este misterio.

Aparcamos los coches en la pista forestal cercana al Canto del Berrueco, en la Pedriza Anterior, en la parte oriental de Manzanares El Real. Comenzamos a caminar por esa misma pista, coincidente con el Cordel de Prado Herrero y el antiguo GR-10, en dirección norte, hasta alcanzar un cómodo puente sobre el arroyo de Santillana, que cruzamos tras pasar por un portón que da paso a su otra orilla.

Dejado el cordel, continuamos por el Monte de Las Pedrizas, El Rincón y el Jaralón, dejando a nuestra izquierda las Casas del Jaralón, finca que fue adquirida por la Comunidad de Madrid, y donde unas vacas pastan sorprendidas por nuestra presencia, pero que ni se inmutan a nuestro paso.

Un poco más adelante, la pista realiza una cerrada curva a la izquierda, la seguimos, dejando a la derecha la que asciende al Collado de la Dehesilla por el Hueco de Coberteros.

Una curva más y unas ruinas de ladrillos a nuestra derecha nos anuncian que estamos cerca de la Gran Cantera de gneis, a la que nos acercamos siguiendo un sendero poco marcado, que enseguida nos deja en la parte superior de la Gran Cantera que sirvió, entre otras cosas, para extraer el granito de las traviesas de la línea ferroviaria Madrid-Irún.

Impresiona contemplar esta gran brecha de unos 10 metros de ancho por unos 15 de alto y de 1 kilómetro de largo. En sus alrededores todavía podemos ver los restos de las construcciones que en su día se usaron para la explotación. Con el abandono de la actividad minera se volvió a los usos tradicionales de los terrenos, principalmente pastos y reservas de agua para el ganado.

Recuperada la pista, continuamos por ella, ascendiendo en dirección suroeste, por el zigzagueante camino, que tras media docena de curvas acaba en una valla con la puerta cerrada a cal y canto, pero que no es necesario cruzar, pues la ruta continua hacia el oeste por una casi inexistente senda que surge a la derecha de la misma, señalizada escasamente por hitos de piedra.

Al poco, llegamos a una alambrada, que sorteamos por su extremo izquierdo, con mejor paso, iniciando desde aquí un ascenso con cierta pendiente, entre rocas que nos ofrecían estupendas vistas y a las que se asomaban un nutrido grupo de cabras que para nuestra sorpresa se dejaron fotografiar sin asustarse.

Conforme ascendemos nos vamos encajonando. Al alcanzar la cumbre del estrecho paso, formado por el Cerro del Jaralón, a nuestra izquierda y otro risco a la derecha, se abre a nuestra vista una gran explanada, al norte de Peñas Sordas, y en la que se ubican las dos pirámides objetivo de nuestra excursión.

Descendemos hacia ellas sorprendiéndonos su altura, de unos dos metros, y su construcción, realizada con multitud de piedras perfectamente encajadas, en forma de pirámide con una base cuadrada de unos tres metros de longitud, integradas en el entorno, ya mágico de por sí, y al que las pirámides añaden un halo de misterio y fascinación, cercano al que debió sentir Napoleón cuando contempló por primera vez las de Egipto.

Tras las inevitables fotos junto a las enigmáticas pirámides, nos marchamos con las mismas incógnitas que traíamos de quién, por qué y cuándo se construyeron. Caminamos en dirección suroeste, ascendiendo de nuevo siguiendo una empinada senda, mucho mejor definida, que deja el Risco del Águila a nuestra derecha, con estupendas vistas del Hueco de Cobertero, la Pedriza Posterior y la Cuerda Larga, y que al poco alcanzaba las Cuatro Damas y la Cara, singulares riscos que al trasluz nos mostraban sus sorprendentes parecidos con las figuras que les dan nombre.

En sus proximidades, nos aposentamos para tomar los merecidos bocadillos y descansar, bajo un reconfortante sol y estupendas vistas del entorno de tan conocidos riscos, reconfortados por saber que ya habíamos ascendiendo prácticamente todo lo previsto y que en adelante solo quedaba bajar.

Pensando en ello, nos ponemos de nuevo en marcha, enlazando enseguida con el PR-M1, coincidente en este tramo con la Senda Maeso, por la que continuamos, a nuestra izquierda, en dirección suroeste, pasando cerca del Dromedario y el Acebo a la izquierda, dejando los imponentes riscos de los Fantasmas a la derecha.

Continuamos el divertido descenso, ya en dirección sur, sin hacer caso a dos sendas que nos salen a la derecha y que en ambos casos conducen al Yelmo.

Caminamos entre rocas y riscos de curiosos nombres: La Caperucita, Arco de Cuchilleros, Risco Cinco Fisuras, el Caracolete, Risco de los Marte y Risco de los Lunes. Y es al pasar junto a estos últimos cuando la senda presenta mayor dificultad, con descensos entre grandes rocas en los que es obligado extremar la precaución.

Alcanzada la Gran Cañada, reagrupación y breve descanso para acometer el último tramo de la ruta, mucho más asequible que todo lo recorrido hasta ahora. Seguimos para ello, en dirección este, por el nuevo trazado del GR-10, casi plano hasta alcanzar el Collado del Avispadero, donde vemos a nuestra izquierda a dos escaladores intentando alcanzar la cima de Peñas Cagadas, mientras unos buitres las sobrevuelan, no sabemos con qué malas intenciones.

Desde el collado iniciamos un nuevo descenso, de fuerte pendiente, hasta alcanzar el arroyo del Recuenco, nuestra menor cota del día, iniciando desde él un repecho que pasa junto a un colmenar, cerrado por un muro y una puerta en la que el cartel de “Precaución Abejas” es suficientemente intimidatorio como para darle de lado.

Llegados a las proximidades del Arroyo de Santillana, nos desviamos a la izquierda para acercarnos a ver la Raja de los Aljibes, desconocida para algunos de los componentes del grupo y que a pesar de hallarse a solo 130 metros de GR-10, es poco mencionada en los habituales puntos de interés que marcan guías y mapas.

En realidad es una cantera ya abandonada que surtió de materia prima las necesidades pétreas de la capital, especialmente las relacionadas con las obras públicas durante el siglo XIX y principios del XX. La enorme grieta abierta en la montaña está bastante escondida entre la vegetación, por lo que para aproximarnos a ella hay que hacerlo con mucho cuidado.

La cantera fue explotada a cielo abierto, tiene casi 400 metros de longitud, dividida en dos tramos, con una orientación este-oeste y estuvo dedicada a la extracción de lamprófidos o lamprófiros , un mineral granitoide que aparece en filones, siguiendo un trazado horizontal, ya que en su formación el magma terrestre ascendió a la superficie a través de fallas.

En algunos de sus puntos alcanza los 30 metros de profundidad y apenas diez de anchura en sus partes más amplias. Esto crea una morfología encajada e incidida que hacen las delicias de los escaladores en verano.

El primer tramo de la raja tiene un acceso más fácil que el segundo, en el que hay que bajar un muro de unos 3 metros, con cuidado de no caer en las zarzas de enfrente, o al cortado, bastante profundo, del otro lado de la brecha. La ayuda de un tronco, unas cuerdas y unas agarraderas de hierro, recientemente instaladas, nos facilitan el paso.

La gran grieta fue horadada a base de dinamita para obtener el lamprófido, cuya característica principal radica en que su composición es máfica y ultrapotásica, rica en minerales ferromagnesicos (máficos) tales como el piroxeno, anfíbol y la biotita, que le aporta su característico color negro.

El primer uso que tuvo durante el periodo de explotación de la cantera, fue el emplear la piedra como bordillos y adoquines para Madrid y los pueblos de los alrededores. Sin embargo, dada la dureza y la dificultad de dicho mineral para ser trabajado, se optó finalmente por machacarlo y utilizarlo como pavimento bituminoso.

Una vez agotado el filón de esta Grieta, se inició la búsqueda de otros filones por las inmediaciones de la cantera. El gran filón sustituto se encontró en la cantera El Jaralón que visitamos al comienzo de la ruta, situado a 1,6 km de ésta, con la misma orientación pero de unas dimensiones ciclópeas.

Tras visitar la Raja, descendemos abriéndonos paso entre las jaras, continuando por el GR-10 hacia el Canto del Berrueco, vadeando el Arroyo de Santillana. Esta zona cuenta con un importante patrimonio arqueológico.

Por una parte, el de la cueva El Abrigo de Los Aljibes, que tiene pinturas rupestres fechadas en el Bronce Final (1400-1200 a.C.) y fueron descubiertas en 1989. Las pinturas se encuentran en buen estado de conservación y para protegerlas se han instalado unas rejas a la entrada. Actualmente, no está abierta al público. La cueva es una pequeña oquedad natural de 6 metros de profundidad, 2 de anchura máxima y 1,50 de altura máxima. En este vídeo se puede ver por dentro.

Y por otra parte, situado en la misma finca, está el asentamiento del Cancho del Confesionario, en el que se han encontrado restos de un poblado visigodo, excavado en 1968, y fechado en los siglos VI-VII. Su función era defensiva y estuvo dedicado a la ganadería y el pastoreo.

Al llegar de nuevo al Cordel de Prado Herrero, pasamos junto al Canto del Berrueco, que más parece una muela puesta al revés, y a los pocos metros alcanzamos el aparcamiento donde habíamos dejado los coches, dando así por terminada esta bonita excursión de parajes enigmáticos y sorprendentes, que se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS
Fotos de Carlos Beltrán