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sábado, 13 de abril de 2024

Excursión X475: Camino Francés. Etapa 11. Belorado - San Juan de Ortega

FICHA
 TÉCNICA
Inicio:  Belorado
Final: San Juan de Ortega
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 25,2 Km
Desnivel [+]: 456 m
Desnivel [--]: 235 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Desayunamos temprano donde nos hospedamos, el hotel La Huella del Camino, nos esperaba una larga etapa desde Belorado hasta San Juan de Ortega, cruzando los Montes de Oca.

Un recorrido urbano por Belorado, siguiendo las conchas compostelanas marcadas en el suelo de sus calles, nos lleva, a nuestra derecha, al Monasterio de las Clarisas.

Fue construido en 1358 por un grupo de mujeres piadosas que pasaron a la observancia de la Regla de Santa Clara, bajo la advocación de Nuestra Señora de Bretonera, llamado así por el lugar donde se levantó.

Fue reconstruido en 1460 tras quedar arruinado por las guerras, añadiéndole una iglesia de estilo gótico y portada plateresca.

Tras poco más de un mes de nuestro paso por Belorado, este convento se ha hecho famoso porque su comunidad, compuesta por 16 monjas, decidió salirse de la tutela del papa Francisco (al que no reconocen como legítimo, y tampoco a ninguno de los sucesores de Pío XII, para ellas último pontífice legítimo) y se someten al excomulgado por Roma Pablo de Rojas Sánchez-Franco, fundador de la Pía Unión Sancti Pauli Apostoli. Aparte de las diferencias doctrinales, la abadesa del convento reprochaba a las autoridades eclesiales que no les permitieran la compraventa de propiedades inmobiliarias.​

Las 16 monjas, Pablo de Rojas Sánchez-Franco y los líderes de Pía Unión Sancti Pauli Apostoli han sido excomulgados. Aquí más datos de este cisma.

Después de hacernos fotos en su puerta y jardín de entrada, en el que destaca un cruceiro, proseguimos por un camino asfaltado que nos lleva al puente sobre el río Tirón, que cruzamos por una pasarela de madera especialmente construida para los peregrinos.

Un poco más adelante, pasamos detrás de una gasolinera. Un enorme mural nos desea Buen Camino.

En este punto nos desvíanos, por la izquierda, ligeramente de la carretera, y llegamos a una pequeña área de descanso, donde se encuentra la fuente del Cozarro. de la que manaba un buen chorro de agua.

Entre verdes campos de cereal, ascendimos por la suave pendiente de la ladera hasta encontrarnos con Tosantos. Cruzamos la carretera para acercarnos a ver la bonita iglesia parroquial de San Esteban, una sólida construcción de excelente piedra blanquecina y sencilla espadaña, en su interior destacan un retablo barroco con interesantes relieves del siglo XVII y una cruz de esmaltes del siglo XIII. Un enorme castaño de indias da encanto y buena sombra a la pequeña plaza que hay delante de la iglesia.

Salimos del pueblo cruzando de nuevo la N-120, conectando con una pista de tierra que se aleja, en dirección suroeste de la carretera.

Atrás divisamos a lo lejos las cuevas de los Arancones en un peñón al este del pueblo, formadas por un grupo de oquedades, la mayor parte de ellas inaccesibles hoy en día, se cree que fue obra de los árabes.

Pero lo que más destaca en la silueta del pueblo es su ermita rupestre, dedicada a la Virgen de la Peña, excavada en la roca y asomando al exterior únicamente su fachada.

Es un pequeño templo en el que la capilla principal está separada del resto por una verja de hierro, encontrándose en ella el altar y el retablo con el camarín que contiene una imagen de la Virgen del siglo XII.

En menos de dos kilómetros, entre campos de cereal, estamos entrando en Villambistia. Nos desviamos a la izquierda para hacer una pausa en la Casa de los Deseos, una casa de 1876 reconvertida en hotel rural donde nos tomamos un café antes de acercarnos a la la iglesia parroquial de San Esteban Protomártir, obra del siglo XVII, ocupa una parte elevada y preside el casco urbano con su aspecto de fortín y su torre-campanario cuadrada.

Construida en piedra, es un claro ejemplo del barroco rural burgalés. En el presbiterio existe un interesante cuadro de San Sebastián de escuela italiana. Conserva en su interior varios retablos renacentistas.

A la salida del pueblo, se encuentra una fuente, un Domo Geodésico y la ermita de San Roque, en la que destaca un retablo rococó decorado con fondos rojos y azules procedente del demolido convento de San Francisco de Belorado, también hay cuadros expuestos a modo de galería de arte.

Continuamos por un camino de tierra, entre nuevos campos verdes de cereales, pasamos junto a un área de descanso, con arboleda, mesas y un pilón, antes de alcanzar la carretera N-120 y entrar en Espinosa del Camino, tras poco más de un kilómetro y medio.

Su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, es su edificio más significativo. Para llegar a él tenemos que desviarnos un poco a la derecha.

De estilo renacentista, es del siglo XVI, con portada de alabastro del siglo XVIII, con una capilla mayor de planta cuadrada y bóveda estrellada añadida en el siglo XVI y construida por los canteros Juan de Landeras y Juan de Carasa, que por la mano de obra cobraron 40.000 maravedíes, ya que los materiales fueron pagados y puestos por el pueblo a pie de fábrica. Destaca en su interior una talla románica de San Indalecio, discípulo de Santiago, responsable de la evangelización hispana junto con los otros seis varones apostólicos.

A la salida de Espinosa cruzamos el recién nacido río Retorto por un puente, iniciando el ascenso a la colina de San Felices. Trescientos metros después de superar su pequeña cima, en medio de campos de labor, destaca en solitario el Ábside de San Felices (siglo IX), únicos restos del que fuera Monasterio de San Félix de Oca siglos VI-VII, donde se dice que descansaron los restos del fundador de Burgos el Conde Diego Porcelos. Da cierta pena contemplarlo pensando en lo poco que ha quedado de su pasado más glorioso.

Siempre por buena pista de tierra, continuamos el descenso hasta, al poco, alcanzar la carretera N-120, junto a la que continuamos unos metros. Apartándonos ligeramente de ella, el sendero cruza por una pasarela el río Oca, afluente directo del Ebro, antes de entrar en Villafranca Montes de Oca, localidad de tradición jacobea como pocas. Su casco urbano es una larga tira de casas de un kilómetro aproximadamente, colocadas a un lado y otro de la transitada carretera.

Históricamente, los montes de Oca fueron frontera oriental de Castilla “Entonces era Castiella un pequeño rincón, era de castellanos Montes de Oca mojón”, recuerda el poema de Fernán González.

Durante siglos Villafranca fue enclave fundamental del Camino. Tenía un Hospital fundado en 1370 por Doña Juana, esposa de Enrique II. De su hospitalidad dan fe los testimonios de los peregrinos Künig “Acuérdate allí del Hospital de la Reina, en el que dan a los hermanos una buena ración”, y Laffi “Dan gran caridad allí al peregrino, en particular, en el Hospital, donde dan de comer muy bien”.

En la actualidad este Hospital, se ha convertido en el Hotel San Antón Abad, que fuimos a conocer después de visitar la iglesia de Santiago Apóstol.

Es del Siglo XVII, edificada sobre un templo medieval. Contiene en su interior, la pila de agua bendita realizada en una concha natural, la más grande del Camino, de 65 Kg, traída desde Filipinas; un Santiago Peregrino y un Ecce Homo, atribuido a Juan de Mena.

Tiene una sencilla portada con un cuidado arco de medio punto. Al primer tramo del muro sur adosa la torre de dos cuerpos, el primero es de porte clasicista, mientras el segundo presenta formas claramente barrocas.

El retablo mayor está dedicado a Santiago, que aparece en la hornacina central del segundo cuerpo vestido de peregrino, pero parece que en su origen estuvo dedicado a San Francisco de Asís.


Tras haber tomado algunos el tentempié de media mañana junto a la iglesia, bajo la sombra de los árboles de la plaza y al amparo de una fuente, iniciamos los cinco kilómetros de ascenso hasta el Puerto de la Pedraja, punto por el que se cruza los antes temidos Montes de Oca. “Si quieres robar, vete a Montes de Oca”, reza un dicho popular.

Y es que, efectivamente, estos montes eran frecuentados por numerosos bandoleros y salteadores que se refugiaban en lo que era, y aún es, una de las más importantes masas forestales de Castilla.

Suponen el mojón natural que delimita las tierras castellanas, último bosque en muchos kilómetros del Camino. No encontraremos otro de semejantes dimensiones hasta los Montes de León.

Bordeando el cementerio por la derecha, continuamos por un camino de tierra que pronto se convierte en un duro repecho, acometiendo así el ascenso del primer kilómetro, él más duro, flanqueado a ambos lados por abundante maleza entre campos de cultivo.

Recorridos estos primeros metros de fuerte subida, accedemos a un buen camino de tierra que se nos une por la izquierda y por el que continuamos la ruta, cada vez con menos pendiente, a la vez que la presencia de robles va en aumento, haciéndonos olvidar las extensas llanuras que nos acompañaron hasta aquí.

Es gratificante contemplar cómo el bosque de roble autóctono aún se conserva, sombreando este tramo de Camino en verano, porque, en nuestro caso, aún carecía de hojas, lo que echábamos de menos porque el calor se hacía cada vez más presente.

Aproximadamente a mitad de subida, alcanzamos un mirador con magníficas vistas de la Sierra de la Demanda, desde el que contemplamos el pico de San Millán aún cubierto de nieve.


Al poco, se encuentra un área de descanso con mesas, cobertizo donde resguardarse y la fuente de Mojapán, de la que manaba un hilillo de agua, pero que en verano no moja nada porque se suele secar.

A su lado un mojón del camino caído fue enderezado con la fuerza bruta de los chicos del grupo, ganándose el aplauso de todos.

Tras el heroico esfuerzo, continuamos por el agradable camino, que gira a la izquierda en el recodo donde nace el arroyo Mojapán. A partir de este punto comienza un nuevo ascenso, alternado con falsos llanos.

En el bosque comienzan a aparecer especies repobladas, de pinos y abetos, que alternan con los robles autóctonos.

A unos dos kilómetros de la fuente, alcanzamos la cima de La Pedraja, en la que se halla un monumento homenaje a los aproximadamente 300 fusilados por el ejército sublevado, que aquí yacen en fosas comunes desde los primeros meses de la Guerra Civil.

Una cruz y un monolito honran su memoria, en él se puede leer "No fue inútil su muerte, fue inútil su fusilamiento" o "Quiero escarbar la tierra con los diente, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes", éste último de Miguel Hernández.

En una pequeña área de descanso que hay al lado, con tres mesas de madera, paramos a descansar un rato antes de iniciar un fuerte descenso por un camino de tierra paralelo, pero a distancia, de la N-120.

Al llegar a la vaguada que forma el arroyo de la Pedraja, que cruzamos por un puente de madera, iniciamos un nuevo ascenso hasta situarnos en una amplia pista de tierra amarillenta abierta  por el servicio forestal a modo de cortafuegos.

Alcanzada su cota más alta, el Puerto de la Pedraja (1.150m), solo nos quedaba descender hasta San Juan de Ortega en ameno paseo de poco más de seis kilómetros, rodeados en todo momento por las flores de brezo.

Al poco una serie de cuadros en el suelo anunciaban un tenderete de los que abundan en el Camino, en los que venden un poco de todo, estaba animado de gente que seguían los elocuentes y divertidos relatos del vendedor, todo un experto en marketing.

Al poco, pasamos por el llamado Oasis del Camino, un curioso lugar junto a la amplia pista donde una serie de troncos están decorados buscando una nueva relación entre naturaleza y arte, un poco al estilo de Bosque pintado de Oma.

El hecho de quedar aún hoy al margen de las modernas vías de comunicación ha permitido a este bosque conservar un entorno natural privilegiado y un ambiente sobrecogedor, rodeado de nuevo de robles, acentuado por el silencio y la soledad, durante buena parte del año sólo alterada por el paso de peregrinos.

Finalizado el descenso por tan bello robledal, entramos en San Juan de Ortega, dejando su albergue a la izquierda. Enseguida nos vemos recompensados con uno de esos rincones sublimes que se hallan dispersos a lo largo de toda la ruta jacobea, es el Monasterio de San Juan de Ortega, el conjunto monumental, levantado a instancias del propio santo, lo forman los dos edificios monacales y la hospedería.

Juan de Velázquez, religioso que pasó a la historia como san Juan de Ortega, nació en el pueblo burgalés de Quintanaortuño en el año 1080. Se entregó plenamente durante su vida a la tarea de ayudar a los peregrinos con la construcción de calzadas y puentes, pero su gran obra la fijó en los Montes de Oca con la construcción de una Iglesia dedicada a San Nicolás de Bari y un pequeño monasterio.

La iglesia es un bello ejemplar románico, del siglo XII, del que destaca la cripta funeraria original del siglo XV, que se conserva en su interior. Es románica en su cabecera (siglo XII) y gótica en su puerta y arco (siglo XV). Sobre éste se observan los escudos episcopales con la flor de lis, propia de D. Pablo de Santa María y su familia. La cabecera tiene 3 ábsides, el central bien desarrollado, cubierto por bóveda gallonada.

Son interesantes sus capiteles con elementos vegetales, animales y temas evangélicos. El cuerpo de la iglesia es una ampliación del siglo XV, merced a Isabel la Católica, los Condestables de Castilla y el obispo D. Pablo de Santa María. En el centro de la Iglesia se encuentra un baldaquino bajo el cual está la cripta que desde 1966 aloja el sarcófago de San Juan de Ortega.

Es curioso el tiple capitel del ábside de la epístola (Anunciación, Abrazo de Sta. Isabel y Nacimiento), con la originalidad de que es iluminado por un rayo de sol que penetra por una ventana exactamente a las 5 de la tarde, hora solar, en los dos equinoccios del 21 de marzo y 22 de septiembre. Un verdadero prodigio de la arquitectura medieval.

El itinerario de la Ruta Jacobea entre San Juan de Ortega y Atapuerca fue trazado por el propio santo.

En el bar Marcela, único del pueblo, comimos antes de irnos con nuestros coches al hotel Restaurante HQ La Galería de Burgos, porque aquí, como ya contamos, nos fue imposible conseguir alojamiento.

Un paseo por el casco histórico de Burgos y algo de tapeo, por su famosa calle de San Lorenzo, puso el broche final a esta nueva etapa de nuestra aventura que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto


ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

viernes, 12 de abril de 2024

Excursión X474: Camino Francés. Etapa 10. Santo Domingo de la Calzada - Belorado

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Santo Domingo de la Calzada
Final: Belorado
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 23,5 Km
Desnivel [+]: 342 m
Desnivel [--]: 217 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Nos levantamos temprano para acometer la segunda etapa, desayunamos en el hotel y a las 8:30 ya estábamos haciéndonos la foto de salida a los pies de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada.

Por su Calle Mayor seguimos las conchas compostelanas marcadas en el suelo mientras dejábamos atrás casas blasonadas y palacios que hablan de tiempos de grandeza.

Enseguida llegamos a la Ermita del Santo, situada a la derecha, justo a la entrada del puente sobre el río Oja, el que construyó Domingo, y nos incorporamos a la carretera N-120. Junto a ella seguimos hacia el pueblo de Grañón.

El río Oja nace en la Sierra de la Demanda y une sus aguas a las del río Tirón en Cihuri antes de llegar a Anguciana, cerca de la localidad de Haro, punto a partir del cual se le conoce como río Oja-Tirón hasta la desembocadura en el río Ebro.

Según algunas discutidas teorías y la creencia tradicional popular, de él procede el nombre de La Rioja, Comunidad que recorre de sur a norte.

El camino de tierra inicialmente deja la carretera N-120 a la izquierda, al poco la cruza y durante un largo trecho la tenemos a la derecha, convertida en una inseparable compañera.

Entre prados sembrados de cereales alcanzamos, a nuestra izquierda la Cruz de los Valientes, recuerdo de un “Juicio de Dios” para resolver un pleito entre los pueblos de Santo Domingo y Grañón.

A través de ella se explica por qué Grañón posee un encinar que en el siglo XV se disputaba con Santo Domingo de La Calzada. Ambos pueblos quedaron en resolver la contienda mediante la lucha cuerpo a cuerpo de dos jóvenes, los más aguerridos de cada lugar. Venció Martín García de Grañón y en el lugar donde tuvo la lucha, a mitad de camino entre las dos poblaciones, se hincó una cruz, que se renueva periódicamente, como recuerdo y testigo del hecho. Aquí más detalles de la contienda.

Por un puente bajo la N-120 cruzamos el arroyo de Majuelos y continuamos paralelos a la carretera hasta abandonarla, por la izquierda.

A lo lejos se dibuja Grañón sobre una suave colina al ascender a un cruce, cerca de un almacén, seguimos por una pista asfaltada que nos conduce directamente hasta el pueblo.

Entramos en Grañón, recibidos por unos murales que nos desean Buen Camino e indicaciones de que a Santiago nos quedan 564,40 Km y el consuelo de que si fuéramos a Roma sería peor, "solo" 1757,8 Km.

Por unas escaleras accedimos a su Calle Mayor, que nos conduce a la iglesia parroquial, de impresionante monumentalidad y dedicada a San Juan Bautista.

Se inició su construcción en el siglo XIV, produciéndose numerosos añadidos y remodelaciones en épocas posteriores: así, el coro alto data del XVI, la sacristía nueva y la torre neoclásica del XVII-XVIII.

Tiene una portada con arco de medio punto a los pies. En el interior, coro alto, al que se asciende por una escalera con balaustrada y decoración flamígera, con sillería. Pila bautismal gallonada. El retablo mayor es renacentista, de entre 1545 y 1556.

Tras visitar el templo y obtener los apreciados sellos de las compostelanas, en el bar My Way, situado frente a la iglesia, nos tomamos un café para animar la mañana y continuar con más ánimo el Camino, que atraviesa el casco urbano y llega al excelente Mirador del Camino, con fuente y un faro que de noche ilumina el Camino, desde él se muestra un impresionante paisaje, todo verde en primavera.

Tras descender una colina, cruzar el Río Villar-Medio y subir otra ladera, alcanzamos el límite provincial y autonómico que separan La Rioja y Castilla-León.

Un enorme cartel con el trazado del Camino en esta última Comunidad señala el sitio exacto de la invisible frontera que separa una de otra.

Después de un desvío por las obras de la autopista A-12, salimos a la N-120, al lado de las primeras casas de Redecilla del Camino, la primera localidad burgalesa del Camino de Santiago.

En este mismo punto, junto a un parque centrado por un Rollo Medieval y una fuente, los más adelantados, cruzaron la carretera en dirección a una caseta de información al peregrino, mientras que los que veníamos detrás, que no los vimos, continuamos para atravesar Redecilla por su calle principal, llamada, como era de esperar, Camino de Santiago.

De trazado eminentemente jacobeo como Pueblo-Camino, su principal monumento es la Iglesia de Nuestra Señora de la Calle, de torre cuadrada de ladrillo, pórtico con una elevada arcada renacentista, que preside una imagen de la Virgen de la Calle. 

Reedificada en los siglos XVII y XVIII, conserva un conjunto de retablos y mobiliario rococó.

En su interior hay un pequeño espacio habilitado como baptisterio, donde se guarda tras una reja, pero perfectamente visible, una de las joyas de esta comarca burgalesa, su espectacular pila sacramentaldel siglo XII, constituida por un pie formado por un pilar circular al que se adosan ocho columnas embebidas con sus respectivas basas románicas.

Asemeja una ciudad amurallada con torres, almenas y ventas, una auténtica maravilla, de las mejor trabajadas y mejor conservadas de todo el románico español.

La belleza de la pila radica en el sabio ordenamiento de los elementos arquitectónicos que representa, con un ritmo y simetría muy bien diseñados.

Se cree que representa el paraíso al que sólo acceden los bautizados al ser así redimidos del pecado original, y que esa representación se hace mediante la forma de una ciudad bien ordenada, la Jerusalén Celestial del Apocalipsis de San Juan, en oposición al caos que reina en el infierno.

Salimos del pueblo por un pequeño parque con fuente, cruzamos la carretera N-120 y nos reagrupamos a la sombra de una casa mientras tomábamos el aperitivo de media mañana.

Seguimos por un puente sobre río Reláchigo, junto a la carretera, por la que continuamos hasta Castildelgado, situado a menos de dos kilómetros.

Esta población era conocida como San Pedro de Villa de Pún, hasta el siglo XVI. Su templo parroquial de San Pedro es de estilo tardo-gótico, del siglo XVI donde destaca la Virgen del Rosario, románica del siglo XIII. Posee una esbelta torre e interesantes retablos barrocos. En el mayor aparece una imagen de la Virgen con el Niño del primer tercio del siglo XIII

Unos metros más adelante, se encuentra la Ermita de Santa María del Campo, que posee una talla de la Virgen del siglo XIII. El Camino continua junto a la carretera N-120, cruza el río San Julián, afluente del Río Tirón, y un kilómetro después tomamos un desvío a la izquierda, pasamos bajo un puente de la futura A-12 y un camino de tierra entre campos de cereales nos conduce hasta Viloria de Rioja.

Pasando junto a un albergue, entramos en Viloria de Rioja, cuna de Santo Domingo de la Calzada, en la que se conserva su casa natal (en ruinas). En la Plaza Mayor, frente a la iglesia, una escultura, en la que aparece junto a un gallo y una gallina, evoca al Santo.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es un edificio de mampostería y ladrillo. La torre se alza a los pies sobre el último tramo de bóveda.

La puerta de ingreso al templo se sitúa al mediodía y le precede un pórtico de triple arquería de moderna construcción, el retablo es barroco, y conserva la pila donde fue bautizado el Santo.

El calor aprieta y una fuente junto a la iglesia aplacó momentáneamente el sofoco del camino. Deseando llegar cuanto antes a nuestra meta, enseguida nos pusimos de nuevo en marcha.

Pasamos junto al cementerio, en suave descenso cruzamos el arroyo de la Paul y. entre campos de un verde intenso. conectamos de nuevo con la carretera N-120, junto a la que seguimos, dejándola a nuestra derecha.

Algunos conductores, sobre todo camioneros, hacen sonar sus claxon a modo de saludo a nuestro paso.

Desde aquí iniciamos un pequeño ascenso hasta Villamayor del Río, al que entramos por su Calle Real, abalanzándonos desesperados a la primera fuente que vimos para refrescarnos.

Como viene siendo habitual en todas nuestras salidas, el calor se hace más presente conforme más etapa realizamos, parece que las olas de calor esperan a que nos decidamos por una fecha para hacerse presentes..

Otra fuente en un pequeño parque sirve de antesala a la iglesia parroquial dedicada a de San Gil Abad, la principal referencia del pueblo.

El edificio, del siglo XVIII, presenta influencias neoclásicas. Tanto el retablo mayor como los laterales son de estilo barroco. Hay, además, varias tablas sueltas que podrían corresponder a un retablo anterior.

Los cinco kilómetros que nos quedan hasta llegar a Belorado son junto a la N-120, a campo abierto, sin apenas árboles y con los verdes prados como único consuelo de tan áspero tramo.

Cruzamos la N-120 y por fin llegamos en Belorado, y dada la hora, paramos a comer en el primer restaurante que encontramos, el albergue y hotel A Santiago, adornado con banderas de un montón de países.

Tras reponer fuerzas y ya refrescados, entramos en Belorado, cruzando el arroyo de Trambasaguas, municipio de origen celta, conocido en la Edad Media como Belfuratus, que significa "lugar hermoso y angosto", es hoy una población típicamente castellana concentrada en torno a su Plaza Mayor y con un amplio patrimonio, derivado de su excelente situación estratégica, próxima a La Rioja y en la falda de la sierra de la Demanda, al pie de los montes de Ayago, en la comarca de Montes de Oca.

Una vez instalados en el hotel La Huella del Camino, nos acercamos a la Iglesia de Santa María, del siglo XVI, erigida al pie de las ruinas del antiguo castillo, en el mismo lugar donde, en su día, estuvo ubicado el pequeño templo llamado de Santa María de la Capilla, del que únicamente se conserva la imagen titular, que en la actualidad preside el retablo del altar mayor de estilo renacentista, con una imagen de Santiago Matamoros, y una talla de la Virgen del siglo XIII.

Después nos acercamos a la Ermita de Nuestra Señora de Belén del siglo XVIII, patrona del pueblo, situada a la entrada del municipio, fue antiguo hospital de peregrinos.

La estructura primitiva de esta ermita se renovó en el siglo XVIII, época a la que corresponde su retablo mayor con camarín para recoger a la Virgen titular. Es lo único que queda del desaparecido hospital que llevaba su mismo nombre.

De regreso, pasamos junto a la Iglesia de San Pedro, parece ser que fue de fábrica medieval, aunque muy reformada en el siglo XVII. El retablo mayor, generoso en oro y en líneas curvas es de estilo barroco, pero dentro del gusto rococó.

Destaca su órgano de estilo rococó, construido en 1785. Su bella sillería procede del antiguo convento de San Francisco, del que se trasladó al lugar que ocupa en el año 1809.

Dimos un paseo por la Plaza Mayor, de aspecto típicamente castellano, asoportalada, y un recorrido por el Paseo del Ánimo, un mosaico de baldosas de bronce en las que diferentes personas y personalidades de renombre, y otros anónimos, han dejado la huella de sus pies y manos en el tramo urbano del Camino de Santiago.

La mano, como “símbolo de la acogida” y el pie “como acompañamiento testimonial de las personas que dejan su huella” así como sus firmas.

Al atardecer, algunos nos animamos a subir a lo que queda del castillo, que fue una importante fortaleza fronteriza con Navarra y parte de la antigua muralla​ del pueblo.

Desde el castillo, con unas excelentes panorámica del pueblo y el valle que forma el río Tirón, contemplamos una hermosa puesta de sol antes de irnos a cenar al hotel, dando así por finalizada esta nueva etapa de nuestro Camino y que la califico con 5 estrellas.
Paco Nieto


ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS