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viernes, 10 de marzo de 2017

Excursión X081: Cascada de Arripas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pradera de Ordesa
Final: 
Pradera de Ordesa
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia:  5,8 Km
Desnivel [+]: 215 m
Desnivel [--]: 215 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 3
Participantes: 9

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
Recién llegados de Madrid para pasar cinco días en el Pirineo Aragonés, y una vez instalados en el albergue de Torla, nos desplazamos al aparcamiento de la Pradera de Ordesa para dar un paseo mientras llegaba el resto de compañeros.

Iniciamos la ruta con algo de nieve, que fue incrementándose conforme nos internábamos en el cañón por la senda que lleva a la Cola de Caballo, abrumados por los impresionantes cortados del cañón, tratando de identificar la Faja de las Flores, las clavijas de Cotatuero, la Faja de Pelay y tantos otros nombres de leyenda que pueblan tan incomparable valle.

Tras pasar el Barranco de Cotaturo, con espléndidas vistas del Circo del mismo nombre y de la Punta Gallinero, alcanzamos el Puente de Cotatuero, que no cruzamos, continuando en suave pendiente ascendiendo hasta el Barranco de los Hoyos, y de allí al mirador de la Cascada de Arripas, también llamada del Abanico, por la forma que tiene el agua al descender por sus lanchares.

Todo un espectáculo, que atrae por su vistosidad y el gran estruendo que produce el agua al caer desde varias decenas de metros.

Después de las inevitables fotos y de acercarnos a la fuente que hay en sus proximidades, iniciamos el descenso volviendo sobre nuestros pasos hasta alcanzar el Puente de Cotatuero, que esta vez sí cruzamos para seguir la senda, cubierta con mucha nieve, que discurre casi paralela al río Arazas.

Nos acercándonos a ver una fuente y la Piedra de las Siete Faus, llamada así por crecer en ella siete añosas hayas, no muy recias, pero sí altaneras y que los guardas del Parque tomaron como referencia cuando en 1918 el Valle de Ordesa fue declarado Parque Nacional.

Poco más adelante, cruzamos el Puente de los Cazadores y tras pasar por una bonita pradera, alcanzamos de nuevo el aparcamiento de la Pradera de Ordesa, donde asistimos al nacimiento, tras el Tobacor, de la luna llena, espléndido momento que no paramos de fotografiar hasta que remontó entremedias del valle, dando así por finalizado este bonito paseo invernal.

Por todo ello, esta excursión bien merece 3 estrellas.
Paco Nieto

martes, 8 de septiembre de 2015

Excursión X046: San Nicolás de Bujaruelo - Torla

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Bujaruelo
Final: Torla
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 18,7 Km
Desnivel [+]: 444 m
Desnivel [--]: 776 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Esta sería la última etapa de nuestra travesía, y ya se notaban los kilómetros acumulados, quizás por eso esta vez no madrugamos y despertamos en el refugio de San Nicolás de Bujaruelo bien repuestos del cansancio de la etapa anterior desde Gavarnie.

A pesar de su extraordinario valor natural y de los varios intentos llevados a cabo, intereses urbanísticos, turísticos y ganaderos han evitado que este paraíso se incorporación al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, aún a pesar de ser limítrofe con él.

Sin embargo sí que forma parte del lugar de importancia comunitaria Bujaruelo - Garganta de Los Navarros. Administrativamente, el territorio del valle forma parte del término municipal de Torla-Ordesa.

San Nicolás de Bujaruelo surgió alrededor de un antiguo hospital de peregrinos, construido en torno al 1150 por la Orden de los Hospitalarios y alrededor del cual hubo poblamiento hasta el siglo XVIII.

Desayunamos en el refugio y puntuales, a las 9:30, iniciamos la ruta que nos llevaría a Torla, pero como Juan siempre es una caja de sorpresas, primero quiso mostrarnos el Salto del Pich, situado aguas arriba del río Ara.

Para ello, cruzamos el puente románico y dejando a la derecha el desvío al Puerto de Bernatuara y Gavarnie, por el que descendimos ayer. Como teníamos que pasar de regreso de nuevo por el refugio, nos permitimos ir sin mochilas, todo un placer después de ir cargados con ellas durante toda la travesía.

Remontamos el río por su margen izquierda, de frente tenemos las resplandecientes moles de la Peña de Ordiso y Garma Azurillo, y la extensa loma de El Burguil.

Seguimos el GR-11, el sendero que cruza de oeste a este todo Pirineos, sale del cabo Higuer en el mar Cantábrico, y llega hasta el cabo de Creus en el mar Mediterráneo.

Tras nosotros, al este, el sol remonta las últimas montañas, todo un espectáculo.

Pronto llegamos al Barranco de Sandaruelo, justo donde entrega sus aguas al río Ara, cuyo topónimo pare derivar de la voz preindoeuropea "ar", que significa "corriente de agua o valle". Nace en la falda sur del macizo de Meillón y Viñamala, a unos 11 km de Bujaruelo y tras recorrer unos 70 Km, desemboca en el río Cinca, en la localidad de Aínsa.

Los dos ecosistemas más interesantes de este tramo del río s alternan constantemente: los prados o "fenales" y la vegetación de ribera que acompaña a las aguas del Ara.

A pocos metros, cruzamos el Barranco de Crapera y nos internamos en los prados húmedos de hierba fresca, salpicados de rodales de tejos, bojes, serbales y pinos silvestres que acogen a las aves de montaña.

Pasadas las exuberantes verdes praderas, nos adentramos en la Garganta de los Navarros, donde el camino se abre hueco por los enormes farallones a la derecha y un precioso bosque de hayas a nuestra izquierda.

Una curiosa fuente hecha con una caña nos sació la sed y terminó de llenar nuestras cantimploras.

Más adelante, dejamos a la izquierda el desvío al Puente Ocins y Valle de Otal, por el que a la vuelta pasaríamos, y continuamos de frente, hasta alcanzar el Salto del Pich, que con una longitud de 100 metro salva un desnivel de 150 metros, ofreciendo una imponerte vista.

Intentamos acercarnos lo más posible a la cascada, que con gran estruendo se desbordaba a nuestro alrededor. Nos hicimos un montón de fotos bajo este gran salto de agua, incluida la foto de grupo. Un poco más arriba se encuentran la cabaña del Vado y la de Ordiso, pero ya no daba tiempo visitarlas, aunque algunos del grupo sí lo hicieron en esta otra ruta.

Tras el grato encuentro con la cascada, iniciamos el regreso volviendo sobre nuestros paso para, al cabo de unos 350 metros, nos desviamos a la derecha para ver el puente colgante de Burguil, suspendido sobre el río Ara tiene unos 15 metros y su balanceo al pasar sobre sus tablas puede que a más de uno le haga agarrarse al cable de seguridad que tiene a sus lados.

Desde él se tienen unas preciosas vistas del río encajonado en busca del Valle de Bujaruelo donde las aguas se tranquiliza y se vuelve menos impetuoso.

Enlaza con el Valle de Otal, pero por un sendero peligroso y casi inexistente, no recomendable.

Regresamos al cómodo camino del GR-11 para continuar el descenso, desviándonos un kilómetro y pico después para cruzar el amplio puente de Ocins, en donde hay unas buenas pozas, formadas por el río en su rocoso lecho, que se antojan ideales para refrescarse en verano.

Al otro lado, nos acercarnos a la fuente de Femalla para seguir por la margen derecha del río.

La fuente está construida sobre un mojón de piedra y por su caño salía un abundante chorro de agua muy fresca. Un poste nos indicaba que hasta San Nicolás de Bujaruelo quedaban 25 minutos. Y hacia allá fuimos, deleitándonos en el descenso con el exuberante paisaje.

Con el río a nuestra izquierda, rodeados de montañas, fuimos descendiendo en agradable paseo hasta llegar de nuevo al refugio de Bujaruelo, donde recogimos las mochilas para iniciar el regreso a Torla.

Cruzamos el puente para seguir la margen izquierda del río Ara, siempre paralelos y próximos a su cauce, se conoce como Senda de los Abetos o Camino de Cobatar.

En la primera parte hay una corta subida y tras entrar en el bosque es casi una bajada continua sin grandes desniveles. El sendero no es igual de cómodo en su totalidad, alterna tramos muy fáciles con otros mas complicados y algunos, muy próximos al río, por los que había que ir con más cuidado.

Cruzamos varios arroyos, el Barranco de Escusaneta, Gabieto y el de Cobatar, pasando por un frondoso bosque de abedules en los que abundaban los hongos y setas.

Sobre los tres kilómetros de recorrido llegamos al puente de los Abetos, que da acceso al camping Valle de Bujaruelo. Nos adentramos por su plataforma de hierro para ver las bonitas vistas que desde allí se tienen del río.

Allí nos quedamos un rato mientras hacíamos las fotos y nos extasiábamos con tan bellas panorámicas.

Regresamos a nuestro sendero y, a poco más de un kilómetro, llegamos al puente de Santa Elena, que cruzamos para seguir el sendero que baja por la margen derecha del río, mucho más interesante que la pista, aunque lógicamente, más incómodo.

Una indicación en un poste de madera informaba que al refugio de Bujaruelo había 1h30´ y al camping, 25´.

Al poco, pasamos cerca del Salto del Carpín y más abajo por un paso rocoso algo vertical, en el que han colocado una cadena para mayor seguridad.

A partir de aquí el sendero gana altura y se aleja un poco del río, pasa por una bonitas praderas con impresionantes vistas del Valle de Ordesa e inicia un fuerte descenso hacia el puente de los Navarros, al que llegamos tras recorrer unos metros la carretera A-135.

Cruzamos el puente, que en su parte central está formado por un gran arco de medio punto dovelado bajo el que discurre el río Ara, acompañado por cinco pequeñas arcadas en su parte superior a un lado y dos al otro.

Pegados al puente descendimos hacia el río Arazas, a escasos metros de entregar sus aguas al Ara. Cruzamos el río Arazas por una estrecha pasarela, acompañando a continuación al Ara en su descenso, entre preciosas praderas hasta dar con el Camino de Turieto, por el que continuamos bajando, con poca pendiente y en agradable paseo. 

Cruzamos el Barranco Duáscaro y enseguida alcanzamos el bonito Puente la Glera, puerta de entrada a Torla.

Su nombre se atribuye a una derivación de "Torre", en referencia a la torre defensiva que existió para defensa del valle frente a las incursiones desde territorio francés desde la época de Juan II de Aragón (siglo XV).

Esta fortaleza se supone construida donde hoy se encuentra la hermosa iglesia románica, sobre una gran roca que domina el valle y que la carretera actual atraviesa en túnel justo por debajo de la iglesia.

Buscamos un sitio para comer, pero como era un poco tarde, lo tuvimos complicado, al final en el bar El Taillón nos pudieron ofrecer unos suculentos bocadillos que nos supieron a gloria.

Dimos un pequeño paseo por el pueblo, visitamos la iglesia de San Miguel, una antigua fortaleza medieval que todavía conserva aspilleras y una torre fortificada hoy usada de campanario, y nos fuimos al hotel de Broto a ducharnos y demás.

Por la noche celebramos el final de la travesía en el restaurante de la Villa de Torla, poniendo así el boche final a esta nueva aventura pirenaica, que como no podía ser de otra forma, se mereció sobradamente las 5 estrellas.

En total, aparte de los 8 km del primer día, más bien de entrenamiento, en la travesía hemos recorrido 73,8 km, hemos subido 4.229 metros y descendido 5.027 metros, ahí es nada.
Paco Nieto.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Excursión X043: Refugio de Góriz - Refugio de Serradets

FICHA TÉCNICA
Inicio: Refugio de Góriz
Final: Refugio de Serradets
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 7,8 Km 
Desnivel [+]: 682 m 
Desnivel [--]: 330 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
En contraste con el mal tiempo del día anterior, que casi nos cuesta un disgusto, hoy tenemos los cielos despejados, buena temperatura y no están previstas lluvias, lo que hizo de esta ruta un plácido paseo en comparación con la de ayer.

Esta vez no madrugamos tanto, aunque el hecho de tener que recogerlo todo y el continuo trasiego de gente desde bien temprano, tampoco ayudó mucho a dormir más. Con todo, a las 8:30 estábamos saliendo del refugio, el sol escalaba las cumbres, por las que tímidamente iba asomándose.

Descendimos hacia el lecho del río Arazas, que nace muy cerca de aquí, en las faldas del macizo del Monte Perdido, a pocos metros del refugio de Góriz, y forma el impresionante valle de Ordesa que recorrimos para llegar aquí y que tras apenas 15 kilómetros, desemboca en el río Ara, junto al Puente de los Navarros, cerca de Torla.

Apenas llevaba agua el aprendiz de río, que entre rocas buscaba con premura su destino, despeñarse hacia el valle formando las múltiples cascadas que jalonan su vertiginoso, aunque corto recorrido.

Caminamos hacia el noroeste, el paisaje invitaba a una clase práctica de geología, en la que mostrar sobre el terreno la diferencia entre un proceso de erosión glaciar de otro fluvial, porque los dos son perfectamente identificables aquí. Un poco más adelante, en unos ricos, una solitaria cabra se asusta a nuestro paso y huye rápida hacia rocas más altas.

Una tramadilla da paso a una pequeña vaguada que nos adentra en los Humedales de Faja Luenga, una bonita planicie encharcada cubierta es espesa yerba por la que da gusto pasar. Un poco antes de llegar al collado del Descargador nos tomamos con un grupo de cabras que salen corriendo en cuanto nos ven.

En el collado nos desviamos hacia sur para contemplar a vista de pájaro los impresionantes cortados y repliegues del cañón de Ordesa, del que costaba llegar a visualizar el fondo y mirando hacia arriba, el Pico del Descargador (2.627m) dominando el horizonte.

Con estas impresionantes vistas paramos a tomarnos el tentempié de media mañana. Cuesta creer que todo esto hace millones de años fuese el fondo de un mar tropical.

Con renovadas fuerzas, regresamos al collado, para continuar el camino hacia la Brecha de Rolando, en principio descendiendo suavemente, para luego iniciar un ascenso que cada vez se volvió más empinado, con un par de trepadillas, la última algo exigente, que hizo a Juan tirar una cuerda para mayor seguridad.

Así alcanzamos la cueva de Casteret, que en las faldas del Pico Anónimo, debajo de un gran espolón de roca, alberga en su interior una excepcional maravilla de la naturaleza, una gruta glaciar, en Europa hay varias pero ninguna a esa altura (2.765 m.), por ser esta zona de Monte Perdido la montaña caliza más alta de Europa.

La descubrió el espeleólogo francés Norbert Casteret en 1926. Nos contó Juan que tiene una entrada amplia, que da paso a una gran sala con el suelo helado, amplio lago. A la izquierda, antes de una gran columna de hielo, una pequeña abertura permite descender un muro de 15 metros de altura. Sala inferior con una gran columna y el "Niágara helado", muro de hielo de cincuenta metros de ancho por quince de alto. Auténtico hielo fósil. Ahora está cerrarla con una verja para evitar su deterioro.

A resguardo, desde este privilegiado mirador las vistas son espectaculares, destacando, al norte, la Brecha de Rolando, a la que nos dirigimos siguiendo un sendero bastante aéreo, que en su comienzo desciende unos metros para luego ir ascendiendo poco a poco, hasta que en su último tramo se torna bastante pendiente antes de alcanzar una gravera.

Finalmente, llegamos al estrecho collado de 40 metros de ancho y 100 metros de altura, situado a una altitud de 2.804 metros, que según una leyenda local, fue abierto por Rolando, comandante y sobrino de Carlomagno, mientras intentaba destruir su espada Durandarte golpeándola contra la roca en su huida tras el final de la batalla de Roncesvalles, donde casi todo su ejército fue derrotado.

Esta formación geológica es una grieta que sobresale del corazón de los pirineos, un singular monumento con apariencia caprichosa que consigue poner en marcha nuestro ingenio, haciéndonos imaginar momentos épicos o rememoraciones inimaginables. Es el punto donde se dan la mano Francia y España, separando Ordesa de Gavamie.

Como el resto del Pirineo y demás formaciones montañosas del sur de Europa como los Alpes o los Cárpatos, estas montañas se levantaron tras el choque de la placa africana con la europea durante la conocida como Orogenia Alpina hace unos 50 millones de años.

La composición de las rocas, mayoritariamente calcáreas y dolomías propiciaron la aparición del paisaje kárstico modelado durante decenas de miles de años por el viento y el hielo del glaciar, que fue debilitando su base hasta que se produjo la rotura estructural y su posterior derrumbamiento. Un colapso que según algunas fuentes pudo ocurrir hace no más de 60.000 años.

Aunque la explicación científica es más realista, preferimos pensar que cruzamos el enorme paredón por la brecha abierta por la espada de Rolando. El lugar es infinitamente hermoso a ambos lados de la imponente grieta.

Tardamos un rato en iniciar el descenso por el lado francés, entretenidos con el paisaje, las fotos y el trasiego de montañeros de un lado a otro. Seguimos un sendero que con la nieve que tenía y la fuerte pendiente resultaba algo resbaladizo. En unas rocas, poco antes de llegar al refugio de Serradets, paramos a comer, mientras contemplábamos un paisaje de ensueño por encima de las nubes.

A las 4:30 de la tarde llegamos al refugio, donde una vez aposentados contemplamos, desde su terraza de acceso. cómo se iba haciendo de noche en las cumbres y la brecha se hacía cada vez más lejana. Una escueta cena puso fin a esta excursión que se ganó la máxima nota, 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

jueves, 3 de septiembre de 2015

Excursión X041: De la Pradera de Ordesa al Refugio de Góriz

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pradera de Ordesa
Final: Refugio de Góriz
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,8 Km 
Desnivel [+]: 890 m 
Desnivel [--]: 13 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Tras el paseo de ayer, en nuestro segundo día por Pirineos, teníamos una bonita y clásica ruta por delante hasta el refugio de Góriz desde la Pradera de Ordesa, con la intención de subir al día siguiente a Monte Perdido, nuestro gran objetivo.

La excursión tenía dos partes muy diferenciadas, en el primer tramo se recorren poco más de 9 km y se ascienden 450 metros hasta alcanzar la cascada Cola de Caballo desde la pradera de Ordesa, siguiendo un sendero acondicionado para el senderismo y apto para todos los públicos que recorre el valle en arco de círculo.

Sin embargo, el segundo tramo, desde la Cola de Caballo hasta el refugio de Góriz, se ascienden también unos 450 metros, pero solo en un par de kilómetros, lo que da idea de la pendiente que hay que superar, pasando además por las Clavijas de Soaso, terreno por tanto más montañero, angosto, de mayor dificultad y con algunas buenas trepadas, transitando parte del recorrido por fajas y zonas expuestas.

Para iniciar esta aventura, tras desayunar en el hotel de Broto, nos acercamos a la pradera de Ordesa en el autobús que sale de Torla. Con mucha ilusión, nos pusimos en marcha guiados por Juan, en un estupendo día soleado que poco poco se fue nublando.

Al fondo del aparcamiento se abren dos posibles rutas para ascender, una a cada lado del río Arazas, escogimos la que sale a la derecha, indicada como Refugio Góriz, la de la margen izquierda del río, a la que se accede tras cruzar el puente de los Cazadores. momento en el que el río nos queda a nuestra izquierda hasta el siguiente puente, el de Arripas.

Caminamos por un cuidado sendero que ofrece bonitas vistas del acaudalado río y que enseguida se interna en el fabuloso cañón que forma el valle de Ordesa, vestigio del glaciar que le dio forma, dejando al descubierto a lo largo de los años la huella del mismo en las paredes verticales que nos rodean, producidas por la diferente dureza de las capas rocosas puestas al descubierto por la acción del antiguo glaciar.

Prueba de ello son las «fajas», pequeñas cornisas horizontales que permiten recorrer el valle en altura por vertiginosas y estrechas sendas. De ellas destacan la Senda de Cazadores, que llega a tener 600 m de desnivel respecto al fondo y que permite recorrer a vista de pájaro prácticamente todo el valle por su vertiente sur, y la Faja de las Flores,​ más alta y vertiginosa en la vertiente norte.

Atrás nos queda la inmensa mole de Tozal del Mallo, espectacular desde el valle, más cerca, la imponente Punta Gallinero, ambas con interminables paredes verticales de más de 300 metros de altura, que seducen sobremanera a los escaladores.

Con nuestras mochilas cargadas hasta arriba, ascendemos gradualmente con cómoda pendiente. Al poco, nos alejamos un poco de las bravas aguas del río, que ofrece un caudal espectacular entre la espesa arboleda, en la que abundan sauces, fresnos, hayas y abedules cubiertos de musgo.

A nuestra izquierda, aparece el imponente Barranco de Cotatuero, con su espectacular cascada al fondo del despeñadero. A unos tres kilómetros del inicio, alcanzamos el puente de Arripas, que nos facilita el cambiar de margen, ahora tendremos el río Arazas ya siempre a nuestra derecha.

A partir de aquí la pendiente se hace notar a la vez que el bosque pasa a ser mayoritariamente de hayas, de gran porte, algunas con un pequeño abeto a su sombra, de ahí que a estas especies se les llamen hayedo-abetal.

Enseguida entramos en la zona mas angosta del río Arazas, en la que se concentran imponentes saltos y cascadas que desde pronto se hacen escuchar.

La primera que aparece, tras un par de cerradas curvas, es la Cascada de Arripas, en la que el agua se precipita por un cordel de agua horizontal en la parte alta, dando paso a un par de pequeños saltos, para finalizar con una espectacular cascada final sobre grandes rocas en el fondo.

La siguiente es la Cascada de las Cuevas. Un bonito y corto sendero descendente, ramal de la senda principal nos llevó a un pequeño mirador, protegido por un muro y valla de hierro, desde el que se disfruta de una privilegiada vista del inicio su caída, donde un saliente de roca la divide en dos para formar dos pequeñas colas de caballo finalizando en una bonita poza oval de aguas cristalinas con reflejos de color turquesa.

No hay que ascender mucho para contemplar la tercera maravilla, la Cascada del Estrecho, quizás las más espectacular de todas por su formación doble en forma de "S", en la que el agua ha labrado toboganes zigzagueantes en la roca caliza.

Tiene una primera cascada que apenas se ve desde el mirador de la parte baja, para pasar a un segundo salto que cae al vacío de un estrecho y alto barranco con gran estruendo. Aquí, nuestra chica, por hacerse una foto en unas rocas con la cascada de fondo, por poco si resbala cascada abajo, menudo susto.

Unos metros más arriba alcanzamos el mirador desde el que se ve la parte alta de la Cascada del Estrecho, con espectacular panorámica de cómo el agua se despeña en sonoro estallido. En este punto la senda se aleja del río, discurriendo por un frondoso hayedo en el que se encuentra una caseta-refugio de madera que invita a hacer un descanso sentados en unos troncos que hacen de pórtico.

Reanudada la marchas, pasamos bajo unos acantilados en los que la senda ha ganado espacio a base de excavar su base. A nuestra derecha, vamos viendo en altura la cicatriz de la Faja de Pelay sobre una gran masa de pino negro.

Ahora la senda se vuelve a acercar al río, a la altura de la Cascada de la Cueva, y tras una cerradas zetas en las que se aleja, vuelve a buscar la humedad del río, acercándose a la zona de la Cueva de Frachinal.

Un pequeño puente de hierro salva el Barranco Tabacor, un arroyo que apenas llevaba agua. Al poco, el valle se abre, dejando el bosque de hayas atrás, dando paso a una pequeña pradera a orillas del río Arazas.

Este tramo junto al río es de gran belleza al no estar emboscado y poder contemplar sin obstáculos la grandiosidad del valle. Un poco más adelante, pasamos junto a una fuente construida con ladrillos, de la que sale un caño con bastante agua, con ella rellenamos las botellas.

Pasada la fuente, enseguida comenzamos a ver las primeras cascadas de las Gradas de Soaso, pequeños saltos de agua de gran atractivo que se suceden en múltiples cascadas a modo de escalones por los que se derrama el agua durante un largo trecho de extraordinaria belleza.

Superadas las gradas, nos adentramos en los llanos de Soaso, con la enorme mole del Tobacor a nuestra izquierda, oculta a nuestros ojos, pero mostrando su alargada faja.

De sus cumbres bajan un sin fin de chorros y cascadas descendiendo por ladera sur con gran espectacularidad, en el imponente abrigo de Soaso, donde uno puede llegar a pensar que ha retrocedido en el tiempo y que los dinosaurios deben estar cerca.

Cruzamos varios pequeños puentes para poder sortear el agua que desciende del abrigo de Soaso y nos introducirnos de lleno en el circo glaciar de Soaso, enorme surco labrado durante cientos de años por toneladas de hielo entre las enormes moles que le rodean, dejándonos un paisaje sobrecogedor.

Lo que fue el lecho del glaciar es recorrido por las aguas que bajan de las laderas formando espectaculares meandros cubiertos de turberas, en cuyo fondo, a nuestra izquierda, escondida detrás de un pequeño espolón, la gran cascada de Cola de Caballo, llamada así porque se abre en un abanico blanco que se desliza roca abajo.

Nos acercamos a su base, sorteando unas rocas, para hacernos las inevitables fotos bajo su manto, bajo un ensordecedor estruendo de agua que, sin remedio, acaba empapándote. al caer desde sus 54 metros, uno de los más altos de España.

Superado el primer tramo de la excursión, iniciamos el segundo, menos turístico y más montañero. Una vez que cruzamos el puente de Soaso, se nos abren dos alternativas para ascender desde el Valle a las fajas altas del Circo de Soaso.

La primera es seguir el camino de las mulas, que sale a nuestra derecha, en dirección sur, zigzagueante y más largo, o seguir de frente, en dirección este, hacia las clavijas de Soaso. Indudablemente, Juan eligió la segunda opción, mucho más interesante y además más corta.

Por un pedregoso sendero, enfilamos la loma del enorme cortado que tenemos de frente, ganando altura a cada paso, lo que nos deja unas preciosas vistas de la Cola de Caballo y el valle que hemos recorrido.

Enseguida alcanzamos las famosas clavijas, una sucesión de apoyos clavados en la roca en los que poner los pies y una cadena para agarrarnos. El tramo no es tan peligroso como pensaba y con cuidado se supera fácilmente.

La senda continua en dirección norte, alcanzando la cornisa superior, donde se une al camino de mulas, dulcificando su pendiente.

En el primer replano verde, a la izquierda, nos acercarnos a la salida del Barranco de Soaso, espectacular mirador del valle y surgencias de agua, donde además tuvimos la suerte de poder contemplar varias marmotas campando a sus anchas.

Damos un rodeo por alargadas fajas para salvar el último resalte y alcanzar los verdes prados de la zona superior del barranco de Soaso, contemplando sus preciosos estrechos y gran cascada, muy cerca de nuestro objetivo final de hoy, el refugio de Góriz, a 2.200 metros de altitud en la cara sur del macizo de Monte Perdido.

Inolvidable excursión que anticipaba lo mucho que ver en este Parque Natural y que califico con 5 estrechas.
Paco Nieto

FOTOS