lunes, 13 de mayo de 2019

Excursión X176: Cerros de San Martín de Valdeiglesias

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Martín de Valdeiglesias
Final: San Martín de Valdeiglesias
Tiempo: 5a 6 horas
Distancia: 16 Km 
Desnivel [+]: 654 m 
Desnivel [--]: 654 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Son muchos los cerros que rodean los alrededores del embalse de San Juan, desde el quizás más conocido de San Esteban hasta los de la Sierra de la Cabrera, pero hoy fuimos a conocer algunos otros.

Para ello, nos acercamos a la urbanización La Solanilla de San Martín de Valdeiglesias, pueblo situado a 68 km de Madrid con un bonito castillo y casco urbano medieval.

La proliferación de ermitas dio nombre al municipio, conocido con Valle de las Iglesias. Para muestra: la Ermita del Ecce Homo, Ermita de la Virgen de la Nueva, Ermita de la Sangre, Ermita del Rosario, Ermita de la Salud y la Ermita del Cristo.

Echamos a andar hacia el norte por la carretera M-957 que acaba en la Ermita Virgen de la Nueva, desviándonos enseguida por una pista de tierra paralela a la carretera.

Nos sorprende la curiosa mezcla de olivos y vid, aunque ya se sabe que viñedos y olivos son dos cultivos que se llevan bien y, además, los trabajos de cuidado no se solapan, no coinciden en el tiempo. Existen tres bodegas en el pueblo.

A poco más de un kilómetro, llegamos a la Ermita de la Salud, construcción del siglo XVII , que alberga en su interior la imagen de la Virgen de la Salud, una talla de madera del siglo XVIII. El domingo de Pentecostés, la hermandad de la Virgen de la Salud organiza una procesión hasta la ermita y, una vez allí, se reparten entre los vecinos cerezas y pastas bendecidas.

Desde la ermita, continuamos, en dirección noroeste hacia El Berrocal, ganando altura conforme ascendemos los Cerros de la Guache, que bordeamos por su cara sur, hasta alcanzar un mirador con una desgastada roca en forma de seta.

Pocos metros más adelante, llegamos al mirador del Canto de las Brujas, con excelentes vistas de la planicie en la que se asienta los pueblos de El Tiemblo y Cebreros.

La senda continua entre jaras, pinos y alguna encina, desviándonos al poco, por la loma del Cerrillo del Tío Gitano hasta alcanzar el punto más alto de la ruta, el Cerro Trasierra.

En realidad es un doble pico en el que uno tiene un vértice geodésico situado a 882 metros de altura y el otro una especie de garita medio en ruinas a la que nos fue imposible subir.

Desde el cerro, descendimos por una estrecha senda hasta dar con la carretera que va a Canto Redondo y el embalse de San Juan. La cruzamos y continuamos por otra estrecha senda entre pinos que deja a nuestra izquierda el cerro de Pinos Reales y el de San Millán, con alguna que otra vista del embalse, al que llegamos tras bordear una finca fuertemente vallada.

Recorrimos, en dirección este, la senda que a media altura bordea la ribera del embalse, hasta alcanzar la playa de la Virgen de la Nueva que lucirá este verano la bandera azul, convirtiéndose así en una de las pocas playas de interior que tendrá esa distinción y en la primera y única de la Comunidad de Madrid.

En ella nos dimos un refrescante chapuzón con posterior parada para tomar los bocadillos a pie del agua. Solo nos faltaba la sombrilla y la tumbona para estar en la gloria.

Repuestas las fuerzas y bien fresquitos iniciamos el regreso, ascendiendo primero al cerro Almodón, siguiendo una senda que entre grandes bloques de granito remonta los 708 metros que tiene este privilegiado mirador de los meandros embalsados del río Alberche.

En el descenso, pasamos junto la Ermita Virgen de la Nueva, construida en 1956 con el fin de sustituir a otra ermita del siglo XIII que quedó sumergida bajo el agua, después de que se construyera el embalse.

La nueva está levantada con sillares de piedra en mitad de un fantástico pinar. Cada lunes de Pascua, los vecinos trasladan en romería a la patrona, la Virgen de la Nueva, hasta la ermita, donde permanece todo el día mientras la población lo festeja con bailes y gastronomía tradicional hasta que, al anochecer, se vuelve a trasladar la imagen a la Iglesia de San Martín. Una celebración que ya tiene más de 500 años desde que se celebrara por primera vez en el año 1499.

Tras refrescarnos en la fuente que hay junto a la ermita, ascendimos en dirección suroeste y luego sur por una fatigosa senda hasta coronar el empinado cerro Valdelaosa, que en compensación nos devuelve las lejanas, pero refrescantes vistas al embalse desde sus 819 metros de altura.

Descendimos por mejor trazado el cerro hasta dar con un amplio camino que, entre viñedos, cantueso y olivos, en dirección sur, nos llevó de nuevo a San Martín de Valdeiglesias, tras cruzar el seco arroyo del Rosario de las Zorreras.

Con 4 estrellas califico esta bonita excursión por los alrededores de San Martín de Valdeiglesias, que nos hizo conocer mejor algunos de sus rincones de mayor encanto.
Paco Nieto

FOTOS

sábado, 11 de mayo de 2019

Excursión X175: Peña del Cuervo y Monumento Arcipreste de Hita

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 19,7 Km 
Desnivel [+]: 565 m 
Desnivel [--]: 565 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Sábado, buen tiempo, cerquita de la Sierra…Circunstancias que no dejan otra opción que coger el coche y acercarnos al maravilloso espacio natural que tenemos a tiro de piedra, la Sierra de Guadarrama.

Como Rosa (y creo que Vicky) no conoce la Peña del Arcipreste, decidimos hacer una ruta “suavecita” para verla y, de paso, contemplar la imponente Peñota en la distancia  recorriendo los puestos militares de todo tipo procedentes de nuestra lamentable Guerra Civil de 1936-1939.

Aparcamos en el Puerto del León junto al restaurante y, tras cruzar la N-VI con la precaución debida, tomamos de inmediato el GR 10 que, procedente de la Peñota va camino de El Escorial por el cordal que rodea Cuelgamuros y recorre el Monte Abantos.

Este GR cruza la Península, uniendo el Mar Mediterráneo con el Oceano Atlántico.

A pocos metros de la salida subimos hasta el vértice geodésico del Cerro de la Sevillana (1556 msnm). Tras las fotos de rigor continuamos por el GR10, charlando Paco y yo sobre el sentido en que vamos a hacer la ruta, como promotor de la idea y a pesar de lo preferido por Paco, decido dejar para el final el tramo del cordal por los cerros y la visita a la Peña. Horas después padeceremos el error de la decisión tomada…

Continuamos por el GR-10 y a 250 metros del vértice nos topamos con un refugio de techo abovedado que, al parecer, servía para el descanso y protección de un pelotón de soldados durante la pasada Guerra.

Hay muchos en la Sierra parecidos, en este caso tiene destruido parte del muro y de la bóveda.

A 150 metros pasamos junto a otro búnker y 475 más allá, en el collado de la Sevillana (1.498 m), nos desviamos hacia el Norte por el Cordel de las Campanillas (también cartografiado como Senda del Arcipreste), descendemos por una pendiente suave, buen camino pero con precaución pues, a menudo aparecían grupos de ciclistas que bajaban a bastante velocidad, también nos toparemos con un caballo (con caballero y perro) con el del medio, charlamos un ratito sobre vehículos de tracción humana y su problemática. 

Durante el descenso, junto a la senda, contemplamos las ruinas de una casa sin techumbre. A medida que descendemos, la senda empeora, encajándose mucho (entiendo que el paso de muchas bicicletas y el poderío del agua contribuyen bastante en este deterioro senderil). 

Continuamos bajando y, tras cruzar el arroyo del Cuervo, a 1.300 metros aproximadamente de la casa en ruinas, llegamos al desvió que tomamos para contemplar el nacimiento del río Gudillos.

Se trata de una zona encharcada con una surgencia poco definida que da origen al río. Esta zona está rodeada por unas vallas de madera, entendemos para proteger a los anfibios que aprovechan el humedal, como el feo sapo que aparece en nuestro reportaje fotográfico que se había escapado del perímetro vallado.

Nos encontramos en el punto más bajo de la ruta de hoy. 

Junto a la fuente con abrevadero, aprovechamos para hacer un pequeño tentempié, buscamos el sol pues, por ahora, no hace mucho calor. 

Continuamos por la amplia pista que hemos dejado para acercarnos al nacimiento y, tras dejar atrás un poste señalizador y un portón de hierro, viramos en dirección SE hacia la Peña del Cuervo.

Lo que al principio es una pista en buen estado con una cuesta moderada, rápidamente se convierte en un descarnado cortafuegos infernal con pendientes fuertes y con un sol de aúpa. Además de lo comentado, escucho reproches de todo tipo por la subida tan dura, con mal firme y, a esas horas, tan soleada que cuando podemos salimos del cortafuegos, campo a través para ir bajo la sombra de los pinos. Tengo que reconocer que las quejas tenían toda la razón de su parte. 

Recomendamos que si se hace esta ruta, se haga en sentido inverso, recorriendo primero el cordal hasta la Peña del Cuervo, y, si se quiere una bajada entretenida, hacerla por este cortafuegos. 

En un tramo de 1800 metros hemos ascendido más de 300, a veces con pendientes por encima del 30% sobre firme de piedras sueltas y tierra inestable. Un suplicio, vamos. 

Sí tiene una ventaja este tramo, es que hace que todo lo restante se convierta en un paseo por autopista. Tras pasar el muro de piedra del alto de la Peña del Cuervo, bajamos sin problema, nuevamente por el GR-10 hasta el Collado de Matalafuente, ascendemos los escasos treinta metros del Cerro del mismo nombre y comenzamos la gran bajada del mismo hasta el Collado del Arcipreste. Durante un buen rato, al final de la bajada, tomamos con unos hitos equivocados y nos desviamos del GR-10 por buena senda un buen tramo. 

Por fin llegamos a la Peña del Arcipreste, la rodeamos por la zona de los textos grabados. Pasamos un rato contemplando estos bonitos riscos y meditando las historias que, sobre sus andanzas, nos cuenta el Arcipreste “golfillo” en el Libro del Buen Amor (en nuestros días una publicación como esta seguramente produciría gran escándalo, lo que, al parecer, no produjo durante el siglo XIV).

En poco rato llegamos al collado de la Sevillana y volvemos a ver la senda tomada a primera hora.

Subimos al segundo de los búnker que vimos al inicio de la ruta y, a paso ligero, llegamos en un momento al aparcamiento del Alto del León.

Nos espera una paellita para rematar este sábado y que nos haga olvidar el maldito cortafuegos, que rebajó la nota a 4 estrellas.
José Luis Molero

FOTOS

lunes, 6 de mayo de 2019

Excursión X174: Cuchar Quemado y Cebollera Nueva

FICHA TÉCNICA
Inicio: Somosierra
Final: Somosierra
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 18,2 Km 
Desnivel [+]: 853 m 
Desnivel [--]: 853 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta







TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
 
La Sierra Cebollera está situada en el extremo de los cordales principal y occidental de la Sierra de Ayllón extendiéndose desde la Cebollera Vieja o Pico de las Tres Provincias (2.128 m) hacia el sur hasta la Cebollera Nueva (1.834 m).

La primera ya la habíamos subido, algunos en varias ocasiones, pero la Cebollera Nueva, quizás por ser la cumbre menos alta de esta sierra, permanecía siendo una desconocida para nosotros y para solucionarlo nos acercamos al pueblo de Somosierra, el último de la comunidad de Madrid por el norte y el situado a mayor altura, 1444 metros.

Iniciamos la ruta junto a la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, en la que una placa puesta en la pared en el año 1998, recuerda a los héroes polacos y españoles caídos aquí el 30 de noviembre de 1808 en la defensa y toma del puerto por las tropas napoleónicas. La ermita se levanta en el lugar donde concluyó la batalla con la clamorosa victoria francesa, cuyas tropas comandaba el mismísimo Napoleón.

Cruzamos la antigua carretera N-I para seguir por un un camino cimentado que conduce a los depósitos de agua del pueblo, coincidente con el PR-23, por el que ascendimos en dirección noreste.

Al llegar a la zona conocida como La Piojosa, la pista pasa a ser de tierra y gira en dirección norte, suavizando su pendiente, para luego ir hacia el este, en el Prado Antón, mirador natural con excelentes vistas del puerto y de la Chorrera de Litueros, nacimiento del río Duratón, abriéndose paso entre los riscos.

Continuamos ascendiendo, ahora de nuevo con fuerte pendiente, bajo la mirada de unas vacas que pastaban tranquilamente en los prados de nuestra izquierda. Realizamos un par de zetas en dirección sur, hasta alcanzar otro mirador natural con excelentes vistas del puerto, junto a lo que queda de la Casa de Pedro Municio, situada a unos metros de la pista, a nuestra derecha. 

De vuelta a la pista, continuamos por ella, aún coincidente con el PR-23, ahora llana y cómoda, que nos alivió el esfuerzo realizado en el ascenso y con la alegría añadida de ver cómo seguía igual de plana y apacible hasta los pies de nuestro objetivo del día, la Cebollera Nueva, ya no muy lejana.

Pero poco duró el regocijo, porque a poco más de los 300 metros, dejamos tan placentera pista para ascender, campo a través y sin ninguna senda hacia los riscos que teníamos a nuestra izquierda, con la intención de alcanzar la cuerda lo antes posible, ocurrencia de una que yo me sé para darle más emoción a la ruta.

Con una pendiente endiablada, ascendimos por la loma del cerro de Cuchar Quemado, alcanzando a los 700 metros del desvío el roquedal de Peña Belesar, plagado de cuarzo blanco colonizado por líquenes que tapaban su intenso color nieve con un tamiz verdoso.

Junto a un interminable muro de piedra continuamos ascendiendo los 600 metros que nos separaban del Cuchar Quemado, que con los 2.045 metros de su cumbre se convirtió en el punto más alto de la ruta.

A pocos metros paramos junto a un enorme hito de piedras y las ruinas de lo que fue un fortín utilizado en la Guerra Civil. Las vistas desde aquí son impresionantes, tanto hacia la vertiente oriental, donde nace el río Jarama, como la occidental, donde nace el río Duratón.

Iniciamos el descenso, en dirección sur, siguiendo los derruidos muros de piedras de lo que en su día fueron trincheras, para al poco de rebasar el Alto de Corcos, enlazar con la amplia pista que recorre la cresta de la Sierra Cebollera y seguir por ella.

Al llegar al Alto de la Fuente de Cabezuelas (1.885 m), paramos a tomar los bocadillos en la explanada, cubierta de preciosas flores amarillas, junto a las ruinas de lo que seguramente fueran edificaciones militares que aseguraban estas posiciones.

Hay que tener en cuenta que una de las primeras batallas de la Guerra Civil se produjo en torno al puerto de Somosierra

Fue por aquí donde los milicianos de la República lograron detener a duras penas, a finales de julio de 1936, a las tropas del general Mola que trataban de hacerse con el control de los dos embalses que abastecían a la ciudad de Madrid: Villares y Puentes Viejas

Pero tras el sangriento combate y la fortificación de la delgada línea que separaba a un bando del otro, aquello se convirtió en un “frente dormido”, esto es, no hubo grandes intentos de avance y se mantuvo casi inalterado hasta el final de la guerra.

Continuamos el descenso por la pista, que siguiendo la cuerda, gira hacia el suroeste por la Majada de las Vaquillas, pasando por el Collado del Peñón y el Alto de la Pinilla, y tras pasar un portón, alcanzamos la Cebollera Nueva, en la que también hay restos de fortificaciones y tras un muro divisorio, el característico hito de un vértice geodésico, custodiado por dos vacas que nos miraron con recelo, y en el que nos hicimos múltiples fotos.

Descendimos intentando no separarnos mucho de la alambrada que sigue la cuerda, enlazando con un cortafuegos por el que seguimos hasta alcanzar una tercera pista que seguimos a nuestra derecha, en dirección noroeste.

La pista, amplia y completamente plana, nos alivia durante 5 kilómetros de cuestas y pendientes, con la ventaja añadida de transitar por un bonito bosque de pinos cruzado por el arroyo de la Dehesa, que llevaba bastante agua.

Dejamos el bosque y cruzamos el arroyo del Barcal y el de los Cambronales, pasamos junto a unos caballos sueltos y al poco llegamos a un refugio acristalado que suponemos es utilizado en el periodo estival como observatorio por los guardas forestales, dadas las magníficas vistas que tiene del puerto y todo el valle.

A 600 metros del refugio, conectamos con el PR-23 que habíamos seguido en la subida, descendiendo por él hasta llegar al mirador desde el que se contempla la Chorrera de los Litueros.

Como desde allí parecía descender una senda en su busca, a alguien se le ocurrió seguirla para hacerle una visita. Lo que no sabíamos, es que la senda desaparece enseguida y que el resto del trayecto hasta alcanzar el arroyo de las Pedrizas tuvimos que hacerlo entre matorral y con una fuerte pendiente.

Tras vadear el arroyo, buscamos una senda que habíamos visto a la que descendíamos, que conduce directamente al mirador natural que ofrecen los riscos que hay frente a la chorrera, desde los que se disfruta de sus mejores vistas.

Con cuidado de no resbalar descendimos hasta los pies de la chorrera, donde una gran poza recoge el agua procedente de manantiales de las cumbres de la Sierra de la Cebollera y que crean el arroyo del Caño, que se precipita formando una cola de caballo por los tres escalones pétreos de la Chorrera. Instantes después de su descenso, el arroyo se une al de Las Pedrizas, en lo que es el nacimiento del famoso río segoviano Duratón.

Tras las fotos de rigor, seguimos la marcada senda que nos conduce a la antigua carretera N-I, tras vadear de nuevo el arroyo de las Pedrizas, finalizamos la ruta en la terraza del bar del Puerto, donde nos tomamos las merecidas cervezas de celebración de la que iba a ser una tranquila excursión y que complicamos un poco para hacerla merecer 4 estrellas.