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jueves, 3 de abril de 2025

Excursión X518: Camino Francés. Etapa 17. Carrión de los Condes - Ledigos

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Carrión de los Condes
Final: Ledigos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 24,6 Km
Desnivel [+]: 85 m
Desnivel [--]: 45 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
De nuevo iniciamos otra escapada, llenos de ilusión, para continuar el Camino de Santiago, que con ésta sería la quinta vez.

En esta ocasión volvimos a la fórmula de dejar el coche en el final de la última etapa (Mansilla de las Mulas) y acercarnos al inicio de la primera etapa en taxi (Carrión de los Condes), porque lo de ir moviendo los coches en cada etapa, como hicimos en la escapada anterior, resultó muy pesado, además, en esta ocasión solo teníamos un coche, al ser 5 los participantes, por lo que nos hubiese sido también más complicado.

Tras un breve paseo por el centro de Mansilla, nos fuimos a comer al restaurante el Hórreo, situado en las afueras del pueblo.

Allí nos vino a buscar el taxi que nos llevaría a Carrión de los Condes. En menos de una hora hicimos los casi 80 km que nos llevarían cuatro jornadas a pie.

Dejamos las maletas en el moderno hotel Confort Suites y nos fuimos a conocer Carrión. Nos hicimos fotos en el Monumento al Peregrino, escultura realizada en bronce, representativa de un peregrino, ataviado con la capa y sombrero y con los atributos jacobeos: La concha y la vara con la calabaza. Patxi nos retó a encontrar un caracol que la escultura esconde, y como estábamos muy cerca de la iglesia de Santa María del Camino, fue lo primero que visitamos.

Es la más antigua de Carrión de los Condes, del siglo XII, dedicada a la Virgen de las Victorias, de estilo románico, con incorporaciones góticas y barrocas.

Tiene una ruda portada donde se apiñaban los peregrinos, para escuchar las historias de moros, toros y doncellas, esculpidas en sus arquivoltas.

Lo más conocido y valorado es su fachada meridional donde se abre una excelente portada románica de amplias arquivoltas de medio punto sobre cuatro columnas con capiteles de rica escultura zoomorfa. 

La arquivolta externa lleva 30 tallas radiales bastante erosionadas con escenas de oficios.

Por encima de esta puerta existe un friso magníficamente esculpido con el episodio de la visita de los Reyes Magos al palacio de Herodes y su viaje a caballo hasta Belén para adorar al Niño Jesús.

El templo conserva una talla de la Virgen del Camino o de la Victoria del siglo XIII, el Cristo del Amparo gótico de artífices renanos del siglo XIV, la capilla de Antonio Pastor con un óleo de escuela sevillana del siglo XVII y varios sepulcros, entre ellos los de los Condes de Carrión.

Siguiendo por la misma calle se halla la iglesia de Santiago, del siglo XI, cuya espléndida portada alberga el más hermoso Pantocrátor del románico (obra cumbre de la escultura de este estilo), y una arquivolta con 24 figuras, cada una representando un oficio diferente, como un herrero, un monje, un zapatero, un sastre, un cocinero, una bailarina contorsionista junto a un juglar músico, etc.

Por encima, aparece el elemento escultórico que verdaderamente ha dado fama internacional a Carrión de los Condes: su soberbio friso, donde aparece Cristo en Majestad rodeado por el Tetramorfos, así como un soberbio Apostolado en los extremos.

Actualmente no tiene culto, pero se ha restaurado el interior y se ha habilitado un museo de arte sacro, que reúne obras interesantes, como el retablo de San Juan de Cestillos del siglo XVI, una Piedad del XV, varios Cristos en la cruz,

Salimos de la iglesia, pasamos junto al Ayuntamiento y nos acercamos a la Iglesia de San Andrés Apóstol, una de las parroquias más antiguas de la ciudad. Se construyó sobre la iglesia anterior en piedra sillería, se terminó en 1574.

Seguimos hacia la Iglesia de San Julián, construida en el siglo XVII en ladrillo, excepto su frontispicio en piedra, sobre los restos de un antiguo monasterio del siglo XI del que nada se conserva. En el interior destaca el mejor conjunto de retablos barrocos de Carrión, y sobre todos el retablo del altar mayor, quizás el mejor de toda la ciudad, con esculturas de San Julián.

A continuación fuimos a contemplar el río Carrión desde el puente Mayor, que también cruzaríamos al día siguiente al inicio del Camino.

Un poco más adelante se halla el tercer Monumento Nacional de la villa, el Monasterio de San Zoilo, que fuimos a conocer. Nos contó su historia el responsable de la entrada.

Tuvo su origen en el siglo X y en 1076 fue entregado por la condesa Teresa, viuda del conde Gómez Díaz, a la orden de Cluny alcanzando poder y notoriedad durante aquella época.

En el año 948 el abad Teodomiro, que vivía en el actual emplazamiento con una pequeña comunidad de monjes, concluye la redacción del libro del Becerro o de fundación de cenobio que recibe el nombre de San Juan Bautista o San Juan tras el Puente.

Este monasterio cambió de advocación en el siglo XI con la llegada desde Córdoba de las reliquias del mártir San Zoilo por los Condes de Carrión, Don Gómez Díaz y su mujer la infanta de León Doña Teresa Peláez, los cuales promueven la construcción del monasterio, que en 1076 ceden a la orden de Cluny.

El monasterio fue centro religioso y político de primer orden donde se celebraron concilios y Cortes. También sirvió como residencia de reyes, incluso algunos fueron armados allí caballeros. Ya en la Edad Media fue centro de peregrinación.

A partir de mediados del siglo XIII y durante dos centurias, diversas circunstancias provocaron su declive económico y espiritual. A partir de mediados del siglo XV, se independiza de Cluny y se integra en la congregación Benedictina de San Benito el Real de Valladolid.

Por aquella época se destruye el claustro antiguo y se construye el actual con la pretensión de grabar en la piedra el transcurso y la importancia de los Benedictinos a través de los siglos y de la historia, es de estilo plateresco y constituye el elemento de mayor interés artístico, tiene dos plantas.

El paseo por el claustro es una lección de historia que presenta cincelados a personajes del Nuevo y Viejo Testamento además de los de la Orden Benedictina.

A comienzos del siglo XIX, el monasterio sufrió los procesos de desamortización y exclaustración, aunque el edificio siguió siendo propiedad del obispado de Palencia quien lo cedió en 1854 a la Compañía de Jesús que construyó un colegio.

Tras la partida de los Jesuitas, en 1954 fue transformado en Seminario Menor Diocesano hasta 1986. La Diócesis vendió el inmueble en 1992 reservándose la propiedad de la parte monumental, aunque cediendo su uso y albergando desde entonces un espléndido complejo hotelero con un estilo muy característico.

La iglesia actual es del siglo XVII. En la sacristía se conserva un cuadro que representa el Martirio de San Zoilo. En el centro se exhiben las telas islámicas, conocidas como “Manto del Conde y de la Condesa”, dentro de una estructura de alta seguridad que las protege de la luz directa y de posibles robos.

Los dos tejidos del siglo XI, según estudios históricos e iconográficos, uno de fondo azul y otro de fondo rojo, se extrajeron en el año 2003 del interior de la arqueta funerarias del siglo XVIII, situada en uno de los laterales del retablo mayor de la iglesia que, según la tradición, alojaba las reliquias del mártir cristiano San Zoilo.

Los tejidos llegaron de Córdoba con las reliquias de San Zoilo, junto a las de San Félix y San Agapito, en los años setenta de siglo XI como presente de los reyes árabes a los condes de Carrión.

Desde el año 1996 la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Palencia ha fijado en este edificio una oficina de atención a los peregrinos en su tránsito hacia Santiago. También se encuentra el Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago y su Biblioteca Jacobea, que ocupan varias salas. En su biblioteca, que tiene más de 5.000 libros, se custodian más de 3.000 títulos relacionados con los más diversos aspectos del Camino de Santiago y sus salas acogen charlas, conferencias, coloquios y proyecciones.

De regreso, nos pasamos a ver la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, patrona de Carrión de los Condes, de sobria arquitectura, construida en los siglos XVI y XVII y ubicada en lo mas alto del pueblo con aspecto de atalaya que se asoma a un tajo abierto por el río Carrión, desde la que se divisa toda la vega. En su interior tiene un precioso retablo románico.

Cenamos estupendamente en el restaurante-hostal La Corte, muy próximo a nuestro hotel, al que nos fuimos pronto a dormir para emprender a la mañana siguiente la 17ª etapa de nuestra aventura.

Tras desayunar, a las 8h ya estábamos recorriendo la calle Santa María hacia la Plaza Mayor del Ayuntamiento, cruzamos el río Carrión y pasamos frente al Monasterio de San Zoilo, que conocimos de cerca ayer.

Un banco con el nombre y la silueta del pueblo nos desea Buen Camino. Continuamos por una calzada de piedra, que en realidad es un dique de contención ante desbordamientos del río, dejando atrás un mojón con la concha y el itinerario del Camino.

Cruzamos por una rotonda la carretera CL-615, continuando de frente por la avenida de Donantes, pasando primero una sede de la Cruz Roja y, posteriormente, una gasolinera. Cruzamos la N-120 por un paso de peatones y continuamos hacia delante por la carretera local PP-2411, de poco tráfico, que conduce hasta Villotilla.

Frente a nosotros, la infinita meseta, en la que solo algunos árboles desnudos junto al camino de tierra rompen la línea del horizonte. A ambos lados, tierras de cultivo, unas en barbecho, otras con un verde intenso.

Al cruzar un arroyo por un puente, con bastante agua, se nos unió Keith, un irlandés residente en un pueblo de Madrid, con el que completamos la etapa. Poco después de pasar un segundo puente contemplamos a la derecha las ruinas de la Abadía de Benevívere.

Tras salvar por asfalto el arroyo de la Ribera, abandonamos la carretera y nos adentramos durante los siguientes 12 kilómetros por la Vía Aquitania, calzada romana que enlazaba Burdeos con Astorga, lo que supone salvar una distancia de casi 700 kilómetros.

Fue construida hace más de dos mil años y a pesar del intenso uso al que se ha visto sometida, tiene el mismo aspecto que cuando se construyó.

Tiene un ancho suficiente para que se puedan cruzar dos carretas, requisito indispensables en las calzadas romanas.

Avanzamos sobre un firme de tierra y pequeños cantos rodados, y escoltados en ocasiones por una hilera de árboles, ahora sin hojas en sus ramas, entre campos sembrados de cereales de verde intenso. La única referencia visual a 500 metros hacia la derecha es la autovía Camino de Santiago.

A la derecha queda un área de descanso junto a las ruinas del antiguo Hospital de Santa María de la Fuente, Hospitalejo u Hospital de Don García, fundado en el siglo XII. Es un excelente lugar para descansar, bajo los chopos y algunos bancos y mesas. De mayo a octubre/noviembre cerca de aquí se instala una furgoneta donde sirven comida y refrescos. Un hito marca que nos quedan 400 Km a Santiago.

Unos metros más adelante, pasamos por una zona de lagunillas, que hace que tengamos que esquivar los charcos que produce en la pista. La aburrida llanura castellana se convierte, a medida que la transitamos, en una auténtica caja de sorpresas. De repente todo el páramo parece tomar vida y desaparece por completo la sensación de monotonía que esperábamos de este trayecto. Al verde de los trigales hasta donde alcanza la vista (que no es poco), se une el amarillo de las cunetas, en una hermosa sinfonía de colores, junto a aisladas hileras de chopos que se elevan en las vegas de pequeños arroyos.

En la Edad Media, este tramo rectilíneo acogió otro importante hospital de peregrinos, el de San Torcuato, del que no quedan restos, y que debía suponer un auténtico oasis en medio del desierto.

Cruzamos la carretera PP-2419, que se dirige a Bustillo del Páramo de Carrión, seguido del río Seco, que más parece un arroyuelo, y a continuación el arroyo de los Horcajos, desde el que se divisa en el horizonte la figura esbelta de la torre mudéjar del cementerio de Calzadilla de la Cueza. 

A medida que avanzamos, la torre se va haciendo cada vez mayor entre los verdes trigales. Tras 17,3 kilómetros desde Carrión de los Condes, llegamos por fin a Calzadilla de la Cueza.

Nada más entrar, a la izquierda, paramos en el albergue Camino Real a tomar café y descansar un poco en esta típica población de esta Tierra de Campos.

Me acerqué a ver la iglesia de San Martín de Tours, un templo notablemente reformado a lo largo de sus años de vida, lo que ha reconfigurado su aspecto original.

Destaca el retablo mayor, de estilo renacentista, del segundo tercio del siglo XVI. Conserva un buen número de cruces de Santiago.

Con un precioso cielo decorado con nubes de algodón, salimos de Calzadilla siguiendo la carretera N-120 hasta el siguiente pueblo, Ledigos, final de nuestra etapa.

Enseguida vemos a la izquierda un antiguo caserón, cuyo aspecto exterior conserva aún los vestigios del hospital de peregrinos que fue, el Hospital del Gran Caballero o Santa María de las Tiendas, que actualmente está deshabitado.

Los orígenes de este enclave se remontan al siglo XII, cuando la Orden de Santiago fundó en el lugar un hospital para peregrinos, germen del monasterio. El hospedaje, que estuvo en funcionamiento hasta el siglo XIX, tuvo gran aceptación en la ruta jacobea por sus riquezas y tamaño y por facilitarse en él una generosa ración de pan, vino y queso. El gran retablo renacentista de su iglesia (siglo XVI) se puede admirar en la actualidad en la iglesia de San Martín, en la vecina Calzadilla, de donde venimos.

Cruzamos por un puente el río Cueza, que aunque su nacimiento se encuentra en el término municipal de Villazanzo de Valderaduey (Provincia de León), la mayor parte de sus 52 kilómetros de longitud discurren a lo largo de la provincia de Palencia. Desemboca en el río Carrión, por su margen derecha, en el término municipal de Paredes de Nava.

Un poco después pasamos junto al área de descanso Las Saperas, que nos queda a la derecha y un poco más de un kilómetro, nos desviamos a la derecha, dejando la carretera, para entrar em Ledigos.

A la derecha, en un altozano, se encuentra el cementerio y la iglesia parroquial de Santiago es de ladrillo, destacan dos retablos neo-clásicos, uno con un Cristo del siglo XVII y otro con pinturas del siglo XVI.

Tiene una especial vinculación con el Camino, pues algunos historiadores apuntan que es el único templo en todo el trayecto en el que existen representaciones de los tres Santiago: el peregrino, el apóstol y el matamoros.

En el albergue La Morena, tras unas cervezas, despedimos a Keith, que proseguía el Camino.

Nosotros nos acomodamos para pasar aquí la noche. Tras la comida en el albergue y un poco de descanso, dimos un paseo por el pueblo, visitando la iglesia y alrededores mientras contemplamos una bonita puesta de sol y, a lo lejos, la silueta de Terradillos de los Templarios, el cercano pueblo por el pasaríamos al día siguiente.

Cenamos en el bar El Palomar y en el albergue intentamos, mi primo Patxi y yo, enseñar a jugar al mus a Teresa y Ángel, de momento con escaso éxito, ja, ja.

Así dimos por finalizada esta larga y relajada etapa a la que le otorgo 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS INICIO DEL VIAJE

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

lunes, 3 de abril de 2023

Excursión X403: La Peñota desde el Alto del León

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Alto del León. Guadarrama
Final: Alto del León. Guadarrama
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,7 Km
Desnivel [+]: 743 m
Desnivel [--]: 743 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Es la Peñota una de mis cimas favoritas, al entretenido recorrido para llegar a ella y ascender a su triple cresta, se une las maravillosas vistas que de desde ella se tiene de toda la Sierra de Guadarrama, en un panorámico abanico, mires donde mires.

Y para disfrutar de sus alicientes, quedamos en el aparcamiento del restaurante del Alto del León, donde un café previo al inicio de la marcha nos templó la fresca mañana.

Echamos a andar, cruzamos con cuidado la carretera, con intención de seguir el GR-10 en dirección a la Peñota, pero a sugerencia de Carlos R, doblamos a la derecha para seguir un bonito sendero que bordea el Cerro de la Sevillana, por el que nunca había ido.

Una charca, en sus comienzos, me permitió sacar con la cámara un bonito reflejo para mi colección. Al llegar al collado de la Sevillana, en lugar de seguir por la cresta y el GR-10, continuamos por la Senda del Arcipreste de Hita, que en ligero y agradable descenso, se dirige hacia el nacimiento del río Gudillos.

Al llegar a las ruinas de lo que fue una casa, dejamos la senda, desviándonos a la derecha. Pasamos junto a una fuente con bañera e iniciamos el ascenso hacia la Peñota. Atravesamos la Majada del Pericón en agradable paseo, entre pinos y arbustos.

Pasamos una portilla, cruzamos un cortafuegos, para continuar por la umbría de un denso pinar hasta alcanzar la fuente del Mostajo, que nos costó un poco encontrar.

Giramos a la derecha y ascendimos al collado del Mostajo, que estaba lleno de florecillas amarillas anunciando la primavera. Aquí, dejamos a nuestro miembro más veterano, que prefirió ahorrarse la subida, emprendiendo el regreso por la cresta.

El resto, sin tregua, comenzamos a subir los pocos más de 60 metros que nos separaban del Cerro Mostajo, siguiendo una pista ancha.

Alcanzada su mocha cima, contemplamos el desafiante el amasijo de rocas que forman La Peñota, que desde aquí se perciben como un reto imposible de alcanzar, por lo impresionante de su altura y su afilada silueta.

Descendimos en suave pendiente al collado de Gibraltar, desde el que nos separaban 225 metros de altura para alcanzar el objetivo. El día despejado, sin una sola nube y la buena temperatura invitaban a acometer con optimismo el tramo más empinado de la ruta, pero también el más entretenido.

Animosos, enfilamos la empinada cuesta siguiendo las marcas rojas y blancas del GR-10 por la que sin duda fue la parte más bonita del recorrido, una sucesión de pasos bajo las ramas, con un par de fortines medio camuflados junto al sendero.

A 500 metros de la cumbre, la senda gira a la derecha, cruza el muro lindero y bordea unos afilados riscos por su cara este.

Pasamos junto a una roca que asemeja tener un pico de pájaro, antes de subir por un callejón que parece vigilar la silueta de una cara.

Cruzamos la zona más complicada de la ruta, en la que hay un paso un poco expuesto y alguna trepada entre rocas, nada peligroso cuando está seco, pero que con nieve o hielo se puede volver muy arriesgado el intentar cruzarlo, porque un resbalón supone una caída de unas decenas de metros.

Salvado el precipicio, alcanzamos el primer pico de los tres que tiene La Peñota, situado a 1.878 metros de altura.

Cruzamos de nuevo el muro para seguir ahora por la vertiente segoviana y alcanzar por fin el callejón que separa las dos puntas gemelas de la cima principal y el vértice geodésico del pico más alto de la Peñota, situado a 1.944 metros y al que también se le conoce como Pico Carpentier, en honor a Alejandro Carpentier, naturalista español que vivió a finales del siglo XIX.

La panorámica desde la cumbre no podía ser más sublime, su cima constituye uno de los mejores miradores de la sierra, desde la que se ve gran parte de la llanura madrileña y segoviana, abarcando casi la totalidad de la sierra de Guadarrama: desde los Montes del Escorial, al Oeste, hasta el lejano Peñalara, pasando por la muralla que conforman la Sierra de Hontanares y la Mujer Muerta; al otro lado del verde valle del río Moros, Montón de Trigo, Siete Picos y La Maliciosa, al Este. El cielo a nuestro alcance.

A los pies del vértice geodésico nos tomamos el tentempié, disfrutando de las magníficas panorámicas de la cumbre y los riscos cercanos, que parecían milhojas apiladas, o libros puestos unos encima de otros, fruto de las inconmensurables presiones geotérmicas que dieron origen a estos riscos y de la erosión posterior que siguen modelando su aspecto.

Desistimos acercarnos al siguiente pico, situado a 1.936 metros, que sin vértice geodésico, no ofrece mayor atractivo que el de las vistas que ya disfrutamos desde aquí.

Hechas las fotos de rigor, iniciamos el camino de regreso volviendo sobre nuestros pasos. Al llegar al primer pico, giramos a la izquierda y descendimos hasta el collado del Mostajo.

En suave pendiente, desde el collado, ascendimos con un largo muro de piedras a nuestra izquierda, pasamos junto a los restos de un fortín de la Guerra Civil, hasta alcanzar la cumbre de la Peña del Cuervo, la tercera antes de llegar al puerto.

Con unas soberbias panorámicas descendimos hacia el collado de Matalafuente, al que llegamos tras pasar cerca de los restos de otros dos fortines, continuamos hasta alcanzar la cumbre del Cerro de Matalafuente, siguiendo una alambrada de postes de madera, que unas veces nos quedaba a la izquierda y otras a la derecha, según estuviésemos pisado tierras de Segovia o de Madrid, un par de fortines, también a nuestra derecha, jalonan el recorrido.

Girando a la derecha, descendimos hacia el collado del Arcipreste de Hita. De frente, la inconfundible silueta del Monumento al Arcipreste y, más a lo lejos, las cumbres recortadas de Cabeza Líjar y Cueva Valiente, a nuestra derecha la inconfundible silueta de la Mujer Muerta. Y a nuestras espaldas, la tres veces picuda Peñota. Parapetos en piedra y un búnker de nido de ametralladoras son testigos de lo vigilado y estratégico que eran estas posiciones.

Con poco esfuerzo, ascendimos a la Peña del Arcipreste de Hita, donde se encuentra un mirador con su nombre, en el que hay un cartel informativo de lo que se ve desde él.

Enseguida descendimos hasta alcanzar el collado de la Sevillana, donde a la derecha sale la senda del Arcipreste, por donde fuimos al inicio.

Desde el collado, iniciamos el ascenso al cerro de la Sevillana, encontrándonos a nuestro compañero, que tras algún que otro despiste con las sendas, volvía hacia el puerto, poco antes de llegar a un fortín observatorio cubierto de hormigón sobre grandes rocas graníticas que le brindan un camuflaje perfecto.

Allí nos hicimos la foto de grupo, reanudando enseguida la marcha hacia el punto de inicio.

Unos metros más adelante, pasamos bajo el tendido eléctrico de alta tensión que cruza el sendero.

Poco antes de alcanzar el cerro de la Sevillana, contemplamos uno de los muchos vestigios de las defensas que se construyeron durante la la guerra, en esta ladera que fue una de las más activa del frente, se trata de un barracón de mando rectangular blindado con los muros a media altura y sin techo.

Enseguida nos acercamos al Cerro de la Sevillana, la última de las cinco cumbres que recorrimos. Ésta y la de la Peñota son las únicas que tienen vértice geodésico en esta ruta, lo que proporciona siempre una buena excusa para hacer algo de postureo en sus cimas. Solo quedaba descender el GR-10 para alcanzar el punto de inicio de la ruta.

Para celebrar la estupenda mañana nos tomamos unas cervezas en el Alto del León, dando así por finalizada esta excursión, que califico con la máxima nota, un 5.
Paco Nieto

FOTOS