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lunes, 7 de febrero de 2022

Excursión X322: Cabeza Mediana y Cerrito Sarnoso

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: M-604. Km 38,2. Rascafría
Final: M-604. Km 38,2. Rascafría
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,5 Km
Desnivel [+]:  533 m
Desnivel [--]: 533 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Llega otro lunes y como Paco, nuestro guía y organizador de todas las salidas no está, José Luis nos ofrece hacer una bonita excursión por Cabeza Mediana y Cerrito Sarnoso.

Nos apuntamos siete a la sugerente propuesta, hace bastante frío y vamos abrigados. Hemos quedado en un pequeño parking que hay en la carretera M-604 km 38,2 y decidimos empezar pronto para así poder terminar comiendo en algún restaurante de la zona.

Empezamos la ruta por la parte derecha del arroyo de la Laguna de Peñalara, en una subida bastante agradable entre bosque de pinos, llega un momento en que hay que cruzar el arroyo y dudamos por dónde hacerlo pero encontramos un sitio que más o menos nos dejó vadearlo sin mojarnos las botas.

Seguimos por el GR10.4 o Camino Viejo del Paular y a unos 100 metros giramos hacía la derecha hasta que llegamos a la Sillada de Garcisancho. 

Continuamos por el GR10.4 y llegamos hasta el km 1 de la ruta y un poco más adelante nos encontramos con la charca de los Plumeros, muy bonita.

Seguimos nuestra ruta y un kilómetro más adelante nos alcanzamos el arroyo de la Umbría que lo cruzaríamos dos veces, tras un descenso de 150 metros de desnivel. A unos 200 m pasamos por encima del túnel del AVE que va de Madrid a Segovia. Hacía el km 3,5 llegamos al Rincón de los Condenados, curioso nombre para tan bello lugar.

Seguimos en ligera pendiente de descenso hasta llegar al km. 4 y unos metros más adelante torcimos hacía la izquierda para visitar la laguna de Matalascuevas, que estaba totalmente congelada y aprovechamos a hacernos fotos ya que el día y el paisaje estaba precioso.

Volvemos a coger el camino que dejamos y empezamos una subida de unos 400m que nos llevó hasta la siguiente laguna, también muy bonita y más grande, donde repetimos las fotos. 

Ya después de 4 km y bastante sol, nos empezamos a quitar los abrigos. Seguimos la ruta hacia el este y a 200 m cruzamos el Arroyo de Navalahuesa.

Llegamos a la mitad del recorrido y empieza una subida larga y tendida de 200 metros de desnivel en la que nos encontramos con otra laguna y más adelante con el Collado Carretero.

Seguimos por la pista hasta cruzar el Arroyo Orégano y al llegar al kilómetro 6 torcemos hacia la derecha para así llegar, en unos pocos metros, al vértice geodésico de Cabeza Mediana (1.693m) donde aprovechamos a hacer las fotos pertinentes de grupo y también a tomar la media mañana y así recuperarnos un poco de la larga subida. 

Tras el descanso, continuamos la ruta, descendiendo durante un kilómetro muy agradable hacia la Silla de Malabarba, curioso nombre, hasta que vemos de frente otra subida que nos queda de un poco menos de un km. hasta llegar a Cerrito Sarnoso.

Una vez allí ya es todo bajada hasta el mismo punto que pasamos en la ida, la Sillada de Garcisancho. Desde ahí, como alternativa para no volver por el mismo sitio, decidimos volver por el margen contrario del arroyo de Peñalara.

Teníamos un poco de prisa ya que teníamos hambre y queríamos llegar al restaurante de Navacerrada lo antes posible.

Como resumen, fue una ruta preciosa y con una temperatura buenísima. Le otorgo una nota de 4 estrellas.
Teresa Abella

FOTOS

lunes, 4 de octubre de 2021

Excursión X299: Cañón del Arroyo del Artiñuelo

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Rascafría
Final: Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12 Km
Desnivel [+]: 568 m
Desnivel [--]: 568 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Había leído algo del pequeño cañón que forma el arroyo del Artiñuelo poco antes de atravesar la población de Rascafría, con algún salto de agua que parecía merecer hacerle una visita.

A ello nos pusimos en este día nubladillo, pero estupendo para caminar. Dejamos los coches en el aparcamiento que hay a la salida del pueblo y nos fuimos a tomar un café a la plaza del pueblo, lugar donde según cuenta la leyenda se escondía Fernando Delgado Sanz, apodado el `Tuerto Pirón´, bandolero que se movía por estos lares y que utilizaba de escondrijo el viejo olmo de más de 300 años que estaba situado en esta plaza.

Con ánimo de aventura, nos pusimos en marcha buscando el arroyo del Artiñuelo a su entrada al pueblo por su lado noroeste. Al llegar al puente que cruza lo cruza, nos asomamos para disfrutar del sonido del agua, que nos acompañaría durante toda la subida.

Este arroyo nace en el collado de la Flecha, en los Montes Carpetanos, a unos 5 km de Rascafría y desemboca en el río Lozoya, tras recorrer poco más de 7 km.

Nada más dejar atrás las últimas casa del pueblo, conectamos con el PR-35, el sendero de Pequeño Recorrido que va de Rascafría al puerto de las Calderuelas. El camino es amplio y discurre en medio de un bosque de robles. A medida que avanzamos disfrutamos de los sonidos del bosque y de la diversidad de flores que aparecen en nuestro camino.

Mirando a nuestra izquierda divisamos, a lo lejos, la silueta de la majestuosa Peñalara junto con sus hermanas mayores, al otro lado del valle, las Cabezas de Hierro.

Continuamos un poco más y cruzando el paso de ganado, nos desviamos a la izquierda para ver las ruinas del Molino del Cubo, en el que curiosamente había un cartel de "Se Vende". Fue un antiguo molino harinero del siglo XVIII que estuvo en funcionamiento hasta la década de los 50 del pasado siglo. Un poco más arriba se puede ver el azud que llevaba el agua al molino.

El arroyo del Artiñuelo, a pocos metros, llevaba muy poca agua. Al otro lado, se yergue un árbol catalogado como como singular, el 296, se trata del Mostajo del Molino del Cubo.

Regresamos al camino principal para continuar en ligero ascenso. En una bifurcación dejamos el PR y continuamos por la izquierda. Será precisamente por ahí por donde volveríamos.

Enseguida pasamos junto a una granja con cobertizos para guardar el ganado y de nuevo nos desviamos a la izquierda, hacia el arroyo, para cruzarlo por un estrecho puente de madera y continuar el ascenso por la otra orilla.

A poco de más de 200 metros, vimos una pequeña cascada, la primera que nos ofrece el arroyo del Artiñuelo. Junto a ella se encuentra la pequeña represa donde se captaba el agua para el molino. Cruzamos por su muro de hormigón, donde hay un volante para abrir las compuertas de desvío del agua hacia el azud. Junto al pequeño estanque que se forma, nos hicimos unas fotos. Subimos unos pocos metros y retomamos el camino.

A unos 300 metros, llegamos a la Cascada del Artiñuelo, bonito rincón rodeado de robles, situado al inicio del cañón. A los pies del salto de agua, custodiando tan bello paraje, había una asustadiza vaca, que echo a correr cuando nos acercamos.

La cascada la forma una pequeña presa, que en época de lluvias hace que se desborde por su muro el agua, con gran estruendo. Hoy no es el caso, porque su pequeño caudal se derrama por una especie de escalinata lateral, construida para facilitar el remonte de peces anádromos, como la trucha. en este vídeo se puede ver el aspecto de la cascada cuando lleva mucha agua.

Aquí se acabó el cómodo camino, apto para cualquiera, y comenzó la aventura. Seguimos una vereda, poco marcada, que nos va adentrando en el Cañón del arroyo del Artiñuelo, dejándolo a nuestra izquierda. El arroyo se va quedando cada vez más encajonado y más alejado a nuestro paso, aunque se hace sentir desde las alturas.

Un promontorio rocoso nos hizo de mirador natural. Desde él se tienen unas excelentes vistas a ambos lados del cañón.

Unos metros más arriba, en un pequeño recodo en que el cañón hace una curva hacia la derecha, contemplamos una sucesión de pequeñas cascadas. Continuamos ascendiendo, pasamos junto a una especie de corral o abrigo formado con piedras.

En esta parte del recorrido, la supuesta vereda se había difuminado por completo y tampoco había hitos que marcasen el camino, tuvimos que guiarnos por nuestra intuición.

Al poco, vadeamos el arroyo de las Calderuelas, poco antes de juntarse con el del Artiñuelo. No fue complicado cruzarlo, unas piedras y el poco caudal nos ayudaron a conseguirlo. En época de lluvias, puede ser más complicado.

Algo más arriba justo al lado de una placa del Parque Nacional del Guadarrama parece ser que existe un cable que cruza de orilla a orilla, lo que puede facilitar este paso.

Continuamos lo más próximos posible a la orilla del arroyo del Artiñuelo, por la zona conocida como Junta de los Arroyos, pues por la otra orilla se une el arroyo de la Redonda.

Por un vestigio de vereda alcanzamos una cascada de unos tres metros de altura. El lugar, rodeado de pinos, bien valía una parada para su contemplación mientras tomábamos un aperitivo y unos miguelitos de la Roda que había llevado para celebrar mi santo.

Tras el descanso, continuamos unos metros junto al arroyo del Artiñuelo, divisando otra pequeña cascada, para después alejarnos momentáneamente del arroyo, por la zona conocida como El Cardoso, hasta llegar a conectar con una pista, unos metros más arriba de su cruce con nuestro arroyo.

Bajamos hasta el encuentro con el arroyo, junto a él hay un depósito de agua y una fuente con un pequeño pilón. Desde aquí, seguimos la pista, volviendo sobre nuestro pasos, ahora mucho más cómodos, por la amplia pista.

Tras una amplia curva, cruzamos el arroyo del Cardoso y, más adelante, el de las Calderuelas, con fuente incluida, hasta alcanzar el mirador de las Calderuelas.

Está situado junto a una elevada torre de vigilancia de incendios forestales y un puesto con estupendas vistas del embalse de la Pinilla y al fondo, entre el Cerro de la Cruz y la Cachiporrilla, la Peña de la Cabra.

Proseguimos por la pista, ahora coincidente con el PR-35, en dirección noreste, sin apenas desnivel, hasta llegar a la primera curva, donde lo abandonamos para ir, campo a través, descendiendo por un hermoso robledal, al encuentro de otro árbol singular 200, el Rebollo de la Mata del Pañuelo. Tiene una altura de 15 metros, un diámetro de copa de 11 metros, con un perímetro del tronco de 4,55 metros y una edad aproximada de 345 años.

Tras las fotos de rigor junto a tan bello y longevo ejemplar, continuamos en leve subida, por la pista hasta alcanzar de nuevo el PR-35, sendero por el que continuamos el descenso del espectacular bosque de robles, hasta alcanzar un portón que da acceso de nuevo a la pista forestal por la que subimos y que en poco más de un kilómetro nos lleva a Rascafría.

En la terraza del restaurante Conchi nos zampamos una fabada y un estupendo entrecot, haciendo que esta aventurera ruta consiguiese la nota máxima, 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 15 de febrero de 2021

Excursión X263: Cascadas del Valle de la Angostura

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,9 Km 
Desnivel [+]: 705 m 
Desnivel [--]: 705 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Con el deshielo y las abundantes lluvias de días pasados, sospechábamos que recorrer el precioso valle de la Angostura y admirar sus innumerables saltos de agua y pozas sería una buena opción de ruta, y así fue.

Quedamos en el aparcamiento público que hay frente al restaurante Los Claveles, porque el más amplio de la Isla estaba cerrado, algo que no acabo de comprender, será que en lugar de facilitar que se vaya a lugares abiertos y bien ventilados al aire libre, prefieren que estemos en centros comerciales o bares, un sin sentido.

Con un día excelente para caminar, comenzamos a remontar la margen izquierda del arroyo de la Angostura, una de las fuentes del río Lozoya, que como era de esperar bajaba con muchísima agua.

Al poco, ya se hacia sentir el estruendo del agua al caer del muro de la presa del Pradillo, que conforme nos acercábamos era cada vez más espectacular.

Esta presa sirvió para llevar el agua a los motores de la antigua fábrica de la luz, que hace años desapareció, y está sin uso desde entonces, pero crea una pequeña cascada bastante atractiva en cualquier época del año, y hoy sobremanera.

Junto a ella nos hicimos las siempre bellas fotos para el recuerdo, continuando a su vera hasta el final del embalse, que parecía un espejo donde se reflejaban las nubes, dándole un aspecto muy romántico al valle. En este punto dos compañeros, que tenían prisa por volver, aligeraron el paso y ya no les vimos más.

El resto, proseguimos en suave ascenso, pasamos junto a la caseta de medición del caudal del río, igualmente en desuso, y pegados lo más posible al agua, seguimos la refrescante senda, entre robles y pinos, que al poco se acerca a una bonita poza, con un pequeño salto incluido, donde el agua se arremolina antes de caer con inusitada fuerza.

Aunque queríamos ir siempre junto al arroyo, la orografía de la ribera, repleta de majestuosos pinos, nos obligó a alejarnos en el tramo final, antes de llegar al precioso puente de la Angostura, uno de los más bellos de la sierra. Fue mandado construir por Felipe V para facilitar los viajes entre la Granja de San Ildefonso y el Monasterio del Paular.

Continuamos remontando el valle, ahora con el arroyo de la Angostura siempre a nuestra derecha.

Enseguida paramos en una gran poza, quizás una de las más grandes de la zona, en la que me he bañado muchas veces, cuando estaba permitido. Continuamos por la pista que sube junto al arroyo, abandonándola enseguida para poder ir más próximos al agua, aunque eso nos hizo pasar por alguna que otra zona encharcada que tuvimos que sortear con cuidado para no embarrarnos.

La sucesión de pozas y pequeñas cascadas no se hizo esperar, hasta 40 contabilizamos a lo largo del recorrido. En una grande que hay un poco antes de llegar al puente de los Hoyones, el agua se dividía en dos brazos antes de precipitarse en espectaculares saltos.

Continuamos el ascenso, cruzando el arroyo de Peña Mala, también con mucha agua, usando los puentes de madera. Dejamos sin cruzar el puente de los Hoyones y más adelante uno de bloques de hormigón que estaban inundados, para seguir, en agradable paseo por una senda que trascurre a cierta altura del arroyo por su ladera derecha, intentando estar siempre cerca del agua.

Cruzamos como pudimos el arroyo de las Cerradillas y con los primeros rastros de nieve, llegamos a una pista que enseguida dejamos, a poco de alcanzar un puente, para seguir por una borrosa senda, poco señalizada y cercana al arroyo de las Guarramillas hasta encontrar la poza y cascada que hay junto a unos tejos milenarios.

Accedimos al secreto y angosto callejón que va a dar a la cascada más interior, que con una gran cola de una decena de metros, solo se puede contemplar en toda de longitud desde este oculto rincón. Todos quedaron encantados.

Había que bordear el peñasco rocoso que da origen a esta bella cascada, subiendo una empinada cuesta que bordea los tejos y que da paso a un mirador natural con unas espectaculares vistas del valle, que desde aquí se antoja inmenso. Pero no fue fácil, había más de medio metro de nieve en la que constantemente nos hundíamos y tardamos un montón en superarlo. Solo las vistas compensaron el esfuerzo.

Una vez arriba, buscamos la senda que poco a poco se va acercando al arroyo de las Guarramillas, donde nos estaba esperando los compañeros que habían venido a hacer este último tramo desde el Puerto de Cotos.

Con bastante dificultad, alguna incluso recurriendo a descalzarse, vadeamos el arroyo, pasando a remontarlo por su orilla izquierda hasta alcanzar la poza de Socrátes, dejando atrás otras más pequeñas de gran belleza. Nunca la había visto tan exuberante, todo un espectáculo.

Esta apartada y recoleta poza no debe su nombre al sabio ateniense, sino a Sócrates Quintana, que salvo filósofo fue de todo a lo largo de su dilatada existencia (1892-1984): jugador del Atlético de Madrid, plusmarquista nacional de salto con pértiga, 800 metros y decatlón, pintor impresionista, grabador y funcionario de Hacienda.

También fue, desde 1914, un miembro hiperactivo del Club Alpino Español, y como delegado del albergue que dicha sociedad tiene en Cotos, se preocupó de acondicionar con un muro de contención, hoy día desaparecido, esta cercana poza para que los señores socios pudieran bañarse con una comodidad insólita para los inicios del pasado siglo.

Tras el breve descanso para hacer las fotos, continuamos el ascenso del valle, cruzando el arroyo un poco más adelante por una plataforma de madera, para seguir la senda del PR-27 e iniciar el regreso. Al llegar a lo que iba a ser el punto más alto de la ruta, un mirador natural previo al descenso hacia el arroyo de las Cerradillas, aprovechando unos troncos y un roquedal, paramos a comer los bocadillos.

Entre la pereza que da el tener el buche lleno y las prisas de algunos por estar a buena hora en sus casas, las tres horas de vuelta que nos quedaban, aunque todo en bajada y por pistas, se nos hacían eternas.

Gracias a que podíamos contar con el coche de los recién incorporados para bajar a los otros coches a la Isla, se decidió que lo mejor era volver y terminar la ruta en el Puerto de Cotos.

Y eso hicimos, regresamos por el PR-27 hasta cruzar de nuevo la plataforma de madera y, dejando el refugio del Pingarrón a nuestra derecha, por una senda que sigue a la izquierda, junto a un regato, alcanzamos la carretera de acceso a Valdesquí, por la que seguimos hasta el puerto de Cotos, acercándonos al refugio de Cotos, habilitado en las instalaciones de la estación del mismo nombre a celebrar el fin de esta bella y acuática excursión.

Por lo disfrutado contemplando múltiples rápidos, cascadas y pozas profundas, más que muchas piscinas, a la sombra de los pinos albares, los tejos, los robles y los abedules esta ruta se merece la máxima nota, un 5.
Paco Nieto