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lunes, 15 de febrero de 2021

Excursión X263: Cascadas del Valle de la Angostura

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,9 Km 
Desnivel [+]: 705 m 
Desnivel [--]: 705 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Con el deshielo y las abundantes lluvias de días pasados, sospechábamos que recorrer el precioso valle de la Angostura y admirar sus innumerables saltos de agua y pozas sería una buena opción de ruta, y así fue.

Quedamos en el aparcamiento público que hay frente al restaurante Los Claveles, porque el más amplio de la Isla estaba cerrado, algo que no acabo de comprender, será que en lugar de facilitar que se vaya a lugares abiertos y bien ventilados al aire libre, prefieren que estemos en centros comerciales o bares, un sin sentido.

Con un día excelente para caminar, comenzamos a remontar la margen izquierda del arroyo de la Angostura, una de las fuentes del río Lozoya, que como era de esperar bajaba con muchísima agua.

Al poco, ya se hacia sentir el estruendo del agua al caer del muro de la presa del Pradillo, que conforme nos acercábamos era cada vez más espectacular.

Esta presa sirvió para llevar el agua a los motores de la antigua fábrica de la luz, que hace años desapareció, y está sin uso desde entonces, pero crea una pequeña cascada bastante atractiva en cualquier época del año, y hoy sobremanera.

Junto a ella nos hicimos las siempre bellas fotos para el recuerdo, continuando a su vera hasta el final del embalse, que parecía un espejo donde se reflejaban las nubes, dándole un aspecto muy romántico al valle. En este punto dos compañeros, que tenían prisa por volver, aligeraron el paso y ya no les vimos más.

El resto, proseguimos en suave ascenso, pasamos junto a la caseta de medición del caudal del río, igualmente en desuso, y pegados lo más posible al agua, seguimos la refrescante senda, entre robles y pinos, que al poco se acerca a una bonita poza, con un pequeño salto incluido, donde el agua se arremolina antes de caer con inusitada fuerza.

Aunque queríamos ir siempre junto al arroyo, la orografía de la ribera, repleta de majestuosos pinos, nos obligó a alejarnos en el tramo final, antes de llegar al precioso puente de la Angostura, uno de los más bellos de la sierra. Fue mandado construir por Felipe V para facilitar los viajes entre la Granja de San Ildefonso y el Monasterio del Paular.

Continuamos remontando el valle, ahora con el arroyo de la Angostura siempre a nuestra derecha.

Enseguida paramos en una gran poza, quizás una de las más grandes de la zona, en la que me he bañado muchas veces, cuando estaba permitido. Continuamos por la pista que sube junto al arroyo, abandonándola enseguida para poder ir más próximos al agua, aunque eso nos hizo pasar por alguna que otra zona encharcada que tuvimos que sortear con cuidado para no embarrarnos.

La sucesión de pozas y pequeñas cascadas no se hizo esperar, hasta 40 contabilizamos a lo largo del recorrido. En una grande que hay un poco antes de llegar al puente de los Hoyones, el agua se dividía en dos brazos antes de precipitarse en espectaculares saltos.

Continuamos el ascenso, cruzando el arroyo de Peña Mala, también con mucha agua, usando los puentes de madera. Dejamos sin cruzar el puente de los Hoyones y más adelante uno de bloques de hormigón que estaban inundados, para seguir, en agradable paseo por una senda que trascurre a cierta altura del arroyo por su ladera derecha, intentando estar siempre cerca del agua.

Cruzamos como pudimos el arroyo de las Cerradillas y con los primeros rastros de nieve, llegamos a una pista que enseguida dejamos, a poco de alcanzar un puente, para seguir por una borrosa senda, poco señalizada y cercana al arroyo de las Guarramillas hasta encontrar la poza y cascada que hay junto a unos tejos milenarios.

Accedimos al secreto y angosto callejón que va a dar a la cascada más interior, que con una gran cola de una decena de metros, solo se puede contemplar en toda de longitud desde este oculto rincón. Todos quedaron encantados.

Había que bordear el peñasco rocoso que da origen a esta bella cascada, subiendo una empinada cuesta que bordea los tejos y que da paso a un mirador natural con unas espectaculares vistas del valle, que desde aquí se antoja inmenso. Pero no fue fácil, había más de medio metro de nieve en la que constantemente nos hundíamos y tardamos un montón en superarlo. Solo las vistas compensaron el esfuerzo.

Una vez arriba, buscamos la senda que poco a poco se va acercando al arroyo de las Guarramillas, donde nos estaba esperando los compañeros que habían venido a hacer este último tramo desde el Puerto de Cotos.

Con bastante dificultad, alguna incluso recurriendo a descalzarse, vadeamos el arroyo, pasando a remontarlo por su orilla izquierda hasta alcanzar la poza de Socrátes, dejando atrás otras más pequeñas de gran belleza. Nunca la había visto tan exuberante, todo un espectáculo.

Esta apartada y recoleta poza no debe su nombre al sabio ateniense, sino a Sócrates Quintana, que salvo filósofo fue de todo a lo largo de su dilatada existencia (1892-1984): jugador del Atlético de Madrid, plusmarquista nacional de salto con pértiga, 800 metros y decatlón, pintor impresionista, grabador y funcionario de Hacienda.

También fue, desde 1914, un miembro hiperactivo del Club Alpino Español, y como delegado del albergue que dicha sociedad tiene en Cotos, se preocupó de acondicionar con un muro de contención, hoy día desaparecido, esta cercana poza para que los señores socios pudieran bañarse con una comodidad insólita para los inicios del pasado siglo.

Tras el breve descanso para hacer las fotos, continuamos el ascenso del valle, cruzando el arroyo un poco más adelante por una plataforma de madera, para seguir la senda del PR-27 e iniciar el regreso. Al llegar a lo que iba a ser el punto más alto de la ruta, un mirador natural previo al descenso hacia el arroyo de las Cerradillas, aprovechando unos troncos y un roquedal, paramos a comer los bocadillos.

Entre la pereza que da el tener el buche lleno y las prisas de algunos por estar a buena hora en sus casas, las tres horas de vuelta que nos quedaban, aunque todo en bajada y por pistas, se nos hacían eternas.

Gracias a que podíamos contar con el coche de los recién incorporados para bajar a los otros coches a la Isla, se decidió que lo mejor era volver y terminar la ruta en el Puerto de Cotos.

Y eso hicimos, regresamos por el PR-27 hasta cruzar de nuevo la plataforma de madera y, dejando el refugio del Pingarrón a nuestra derecha, por una senda que sigue a la izquierda, junto a un regato, alcanzamos la carretera de acceso a Valdesquí, por la que seguimos hasta el puerto de Cotos, acercándonos al refugio de Cotos, habilitado en las instalaciones de la estación del mismo nombre a celebrar el fin de esta bella y acuática excursión.

Por lo disfrutado contemplando múltiples rápidos, cascadas y pozas profundas, más que muchas piscinas, a la sombra de los pinos albares, los tejos, los robles y los abedules esta ruta se merece la máxima nota, un 5.
Paco Nieto

lunes, 5 de octubre de 2020

Excursión X236: Mirador de los Robledos desde Rascafría

FICHA TÉCNICA

Inicio: Rascafría
Final: Rascafría
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 18 Km 
Desnivel [+]: 267 m 
Desnivel [--]: 267 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Esta vez tocaba hacer la ruta más por valles que por montañas, eso sí, con una distancia nada desdeñable, para compensar el corto desnivel.

Iniciamos el recorrido en el aparcamiento cercano al pilón, a la salida de Rascafría. Dejamos atrás el Centro de Información Turística de Rascafría, frente al antiguo cementerio. Los primeros 1700 metros transcurren paralelos a la carretera M-­604 en dirección al Puerto de Cotos. El camino está asfaltado en este primer tramo, que finaliza en el entorno del Monasterio de El Paular y el Puente del Perdón. El paseo discurre entre chopos centenarios que adquieren formas increíbles y remonta el cauce del Lozoya.

Al poco de empezar, pasamos frente a las instalaciones de la serrería de la Sociedad Belga de Pinares de El Paular. Fue en 1837, con la Desamortización de Mendizabal, cuando estos pinares de la zona madrileña de Valsaín fueron arrebatados a los cartujos, adquiriéndolos esta sociedad civil belga para su explotación.

Al poco pasamos junto al Resguardo de la Cañada, que puede venir muy bien para una pequeña parada o en caso de mal tiempo. Su interior está decorado con la técnica del esgrafiado y su cubierta es de madera.

Pronto nos acercamos al cauce del río Lozoya, siendo ésta la parte más bonita del camino, en la que abundan especies típicas de soto (fresnos, sauces, saúcos, etc.). Un poco más allá llegamos al entorno del Monasterio de El Paular.

Aquí existe otra parada para refugiarse o descansar, la Parada de El Paular, junto a la entrada del Hotel Sta. Mª de El Paular, tristemente cerrado desde el 14 de julio de 2014, motor económico y laboral de Rascafría.

Enseguida dejamos la carretera y supuestamente seguimos el trazado del GR-10.4 que viene en la cartografía del IGN, pero que para nuestra sorpresa pasa por una finca privada en la que unas puertas cerradas con cadenas impiden continuar, sospechamos que en contra de una más que probable servidumbre de paso.

Cruzado el arroyo de la Cantera, la senda conecta por la derecha con un amplio camino, que en dirección suroeste, coincide con la continuación del GR mencionado. Entre espaciosas fincas, algunas con caballos y otras que más parecen estar dedicadas a eventos, vamos ascendiendo, con poca pendiente, entre pinos y helechos que ya comienzan a dorarse para tener su caracterismo aspecto otoñal.

Al cruzar el arroyo de Hoyo Claveles por primera vez, la pista se empina un poco, sin que esto suponga un gran esfuerzo. En el segundo cruce del arroyo, el camino se aplana, a la vez que gira a la derecha, hacia el sur.

Al alcanzar el arroyo del Brezal gira hacia el este, enseguida cruza el arroyo de la Umbría, todos con puente, y se encamina con algo de pendiente hacia la explanada del Mirador de los Robledos, con estupendas vistas de las zonas más bonitas de la Sierra como es el Valle del Lozoya hasta el embalse de Pinilla del Valle, el macizo de Peñalara y algunos de los picos más destacados de la Cuerda Larga.

En medio de la planicie hay un gran monolito de granito que rinde homenaje a los Guardas Forestales en su primer centenario desde su fundación en 1877 y al lado, una rosa de los vientos metálica, como la que hay en otros miradores de la sierra, que nos indica, según donde apuntemos la flecha, los principales localidades, parajes y cumbres de la sierra de Guadarrama y Cuerda Larga. Grabado en la rueda, hay una frase que me gusta mucho: Para ver hay que mirar, y hay que saber.

Aquí paramos a tomar el tentempié de media mañana, disfrutando de la infinita panorámica del valle. Un ligero y fresco vientecillo nos sacó de nuestro ensimismamiento contemplativo y nos puso de nuevo en marcha. Hacia el sur, recuperamos la pista que primero desciende ligeramente y después remonta por un denso pinar.

Casi sin darnos cuenta, porque iba seco, cruzamos el arroyo de Navalahuesa, al poco nos desviamos ligeramente a la izquierda para contemplar una recóndita laguna en un hermoso paraje perchado en las estribaciones de la Cabeza Mediana, en la que se localizan varios humedales como esta tranquila charca.

No lejos de allí, dejamos el camino para seguir un ramal, a la izquierda que trepa a un cercano otero donde, oculta entre la arboleda, como si intentase esconder su truculento pasado, se intuye lo que fue la Casa de la Horca.

En este solitario paraje se ajusticiaba, allá por 1085, a los reos que en el Puente del Perdón no les concedían el indulto. al ser juzgados por los quiñoneros encargados de administrar justicia.

Continuamos hacia la cercana carretera que sube al Puerto de Cotos, y a los pocos metros de cruzarla seguimos por la senda que a mano izquierda desciende hacia el embalse de la Presa del Pradillo, al que bordeamos por su orilla derecha.

Este precioso lugar, en el que se refleja el cielo, se almacenaba el agua que luego, un par de kilómetros aguas abajo, servía para mover los motores de la fábrica de luz, por la que luego pasaríamos.

Al alcanzar la base de la espectacular cascada en la que desborda la presa, fueron inevitables las fotos. El estruendo del agua al caer a lo largo de unos 50 metros de muro, hace de este rincón un lugar único.

Acompañamos al río en su descenso hacia La Isla, área recreativa que hoy estaba cerrada. Por el puente de madera cruzamos el angosto paso por el que el agua se escurre entre las rocas en varios saltos y, dejando el restaurante a la derecha, proseguimos por la senda que acompaña al río en su descenso, ahora dejándolo a nuestra izquierda.

En placentero paseo, fuimos siguiendo los amplios meandros que realiza el río, en cuyas praderas pastaban relajadas las vacas. Pasamos junto a lo que queda de la fábrica de la luz, y más abajo, junto a otro puente de madera, con una bonita poza bajo él, en la que nos hemos bañado hace años, cuando no estaba prohibido.

Un poco más abajo, vadeamos el arroyo Aguilón, que unos kilómetros más arriba forma las famosas cascadas del Purgatorio. Disfrutando del murmullo del agua, llegamos a las Presillas, zona recreativa en la que una hermosa pradera verde y las piscinas naturales formadas por el río Lozoya sirven de imán los fines de semana para llenarla de gente.

Este año, con la pandemia, no han cerrado las compuertas de los muros, por lo que el agua no se retiene y no hay piscinas y el lugar está algo desangelado, con el kiosco además cerrado, lo que no impidió que aprovecháramos las mesas para tomarnos los bocadillos, ¡qué pena de cervecita fresca!

Repuestas las fuerzas, bajamos al encuentro del puente del Perdón, donde como hemos mencionado, se estableció la costumbre de dilucidar en una de las orillas del puente la inocencia de los reos.

Escuchada su defensa, los cuatro quiñoneros decidían si era culpable o no. Si lo era lo conducían valle arriba hasta la Casa de la Horca, donde era ajusticiado. Si no, le dejaban cruzar el puente, libre. Por ello y aunque eran pocos los que se libraban de la culpa, el puente pasó a llamarse del Perdón.

Nosotros, no lo cruzamos, por si acaso, contemplando, eso sí, la bonita panorámica del puente con el Monasterio de El Paular al fondo y continuamos por un camino que, dejando el río a la izquierda, se interna en el bosque finlandés, que recibe su nombre por las similitudes que presenta con los bosques de ese país.

Un pequeño desvío a la derecha nos permitió acércanos a unos curiosos bancos y mesas hechas con árboles secos y, a su lado, la Fuente del Botijo, lugar de parlamento de los mayores de la zona y que a nosotros nos sirvieron para posar al estilo de Juego de Tronos.

Abetos, chopos, acebos, abedules y otras especies arbóreas propias de los parajes del norte de Europa jalonan este paseo que permite observar un precioso embarcadero sobre las aguas del río Lozoya, y que en este punto forman una represa que servía para acumular el agua para el cercano molino de papel. Junto al embarcadero se encuentra una caseta de madera que, en su día, se utilizó como sauna, uno de los símbolos finlandeses.

El paisaje es realmente soberbio y espectacular durante todo el año. En primavera, la vida se va a abriendo camino y el deshielo de las cumbres hace que el agua sea aún más protagonista. En verano, sus suaves temperaturas lo convierten en un sitio ideal para estar fresquito. En otoño, los colores ocres y dorados invaden el paisaje y le aportan un aire realmente evocador. En invierno, es posible encontrarlo con nieve y hasta con sus aguas, prácticamente, congeladas.

Continuamos por el camino del papel, llamado así porque conduce hasta el antiguo molino de papel en el que los monjes del Monasterio de El Paular fabricaban hojas. Fue el primero que existió en Castilla y de él salió el papel que se utilizó para imprimir la edición príncipe de la primera parte de El Quijote. El edificio fue transformado en el Campamento de San Benito, hoy en ruinas.

Por un puente por cruzamos el Lozoya, pasamos junto a unas naves ganaderas y conectamos con el sendero que nos lleva al pueblo por donde salimos esta mañana. En la terraza del restaurante Caldea, muy bien atendidos, nos tomamos las cervezas que pusieron fin a esta bonita ruta que califico con 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 13 de enero de 2020

Excursión X203: Tejos Milenarios del Barondillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: La Isla. Rascafría
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 11,6 Km 
Desnivel [+]: 701 m 
Desnivel [--]: 701 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Nuevamente volvemos por la zona de los tejos en el valle de la Angostura o Lozoya. En esta ocasión nos reunimos un grupo bastante numeroso para lo acostumbrado, hasta once senderistas más los perritos vamos llegando al aparcamiento, junto al restaurante la Isla.

Últimamente quedamos un poco más tarde por lo que comenzamos la ruta a las 10:30 de la mañana. Como en tantas ocasiones cruzamos el arroyo de la Angostura junto al restaurante y tomamos la senda que, en dirección SW, transcurre por el margen derecho del río que en esta zona la cartografía del IGN lo denomina Angostura y que unos kilómetros aguas abajo, junto a Rascafría, le cambia el nombre por el de rio Lozoya.

En un momento llegamos al embalse del Pradillo donde paramos a contemplar la bonita cascada que se genera en la presa del mismo. Continuamos por la senda PR-M25 entre pinares donde podemos comprobar los efectos de una buena ventolera que la logrado arrancar árboles aparentemente sanos y, algunos de ellos, de gran porte.

Aproximadamente en el Km. 2.700 de nuestra ruta dejamos la PR-M25 y, claramente hacia el Sur, tomamos una senda que va junto al arroyo de Valhondillo, que cruzaremos varias veces. El perfil se va haciendo un poquito mas duro y los que vamos más lentos nos descolgamos un poquito del resto. 

Cruzamos la pista conocida como Camino de las Vueltas y continuamos por la bonita senda, junto al arroyo, dejando a nuestra izquierda la pista que, paralela a la senda, discurre poco algo más alta. La volvemos a pisar cerca del Km 4.00 de nuestro recorrido. Hacemos una paradita junto al arroyo para comer, beber algo y recuperar fuerzas.

Continuamos la marcha y enseguida cruzamos el arroyo de los Pinganillos que junto a nosotros se une al arroyo de Valhondillo, aguas arriba, en un ratito cruzamos el de las Zorras gregario igualmente del Valhondillo.

La cuesta poco a poco se va haciendo mas pesada, el arroyo se encaja y la senda se separa del mismo hacia arriba, sin darnos cuenta llegamos al destino principal de la ruta, hemos hecho cerca de 5 Km y, poco antes de llegar al milenario, hemos visto algunos tejos tras unas vallas de alambrada que intentan protegerlos.

El conocido como milenario (entre 1500 y 1800 años según un cartel informativo que está junto al mismo) está rodeado por un murete de piedras y una cerca de hierro. Nos hacemos la foto de grupo y nos acercamos a otro tejo, junto a la pista, que está catalogado como singular, algún desaprensivo ha hecho desaparecer su número.

Cruzamos el arroyo con cuidado (algunas de las piedras tienen hielo) y ya en la pista, Emilio nos dice que se ahorra la última subida y que nos encontraremos justamente donde nuestro track cruza el camino nuevamente.

A partir de este punto comienza nuestra aventura a la búsqueda de una senda que viene reflejada en la cartografía del OpenCycleMap y, lo que es más raro, buena parte de la misma aparece en la cartografía del IGN 1:25000 que se puede consultar en Iberpix.

El tema es que desde que dejamos los tejos atrás no vimos esa senda por ningún sitio, algunos cruzamos un tramo de grandes bloques justo por donde, teóricamente, debería estar la dichosa senda invisible.

Total, que subimos hasta la Loma de Valhondillo unos 1200 m de distancia y 261 de desnivel pisando piornos y grandes bloques, sin ver ni rastro de la senda por ninguna parte y, a veces, con pendientes del 40%.

En algunos momentos temí que se linchara allí mismo al que había diseñado la ruta pero no llegó la sangre al río, porque en parte estas penalidades se vieron compensadas por las preciosas vistas que contemplamos desde el punto mas alto de nuestra ruta (1920 msnm) hacia el macizo de Peñalara y hacia el Valle del Lozoya y Cuerda Larga, aguas abajo.

Como en la subida, en el descenso, hasta que llegamos a la pista donde nos esperaba Emilio, no vimos senda por ningún sitio y siempre teniendo a la vista al resto, cada uno bajamos por donde veíamos mejor paso y la intuición nos dictaba.

Juntos  de nuevo todos los del grupo, seguimos bajando paralelos al arroyo de la Majada del Espino, hasta encontrarnos de nuevo con el PR-M25 pero, de bajada y tras cruzar el puente de la Angostura, por el margen izquierdo del río.

Rápidamente nos merendamos los dos kilómetros que quedaban hasta La Isla, contemplando alguna que otra poza, rebosante de agua, y el embalse del Pradillo, ahora desde la orilla opuesta a la de la ida.

En La Isla rematamos la faena, como siempre, con unas cervecitas bien ganadas.

Esta excursión se merece 4 estrellas.
José Luis Molero

FOTOS
Fotos de José Luis Molero
Fotos de Paco Nieto