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viernes, 4 de abril de 2025

Excursión X520: Camino Francés. Etapa 19. Sahagún - El Burgo Ranero

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Sahagún
Final: El Burgo Ranero
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 18 Km
Desnivel [+]: 90 m
Desnivel [--]: 44 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Como la etapa no iba a ser muy larga, no madrugamos mucho. Un poco antes de las 9 estábamos saliendo del Hostal Domus Viatoris de Sahagún por calles ya conocidas del paseo del día anterior.

Junto a un crucero pasamos el río Cea por el Puente Canto, un puente medieval de ascendencia romana. Fue reconstruido en 1085 por Alfonso VI y reformado nuevamente en el siglo XVI.

Está construido con grandes sillares de piedra, constando de cinco arcos apoyados sobre pilastras, conservando el encanto de las antiguas rutas de peregrinación, además de ser el escenario de la Leyenda de las Lanzas, recogida en la Vita Caroli del obispo Turpín, narra que, durante una campaña de Carlomagno, los guerreros cristianos clavaron sus lanzas en la ribera del río Cea mientas esperaban a las tropas musulmanas. Durante la noche, las lanzas reverdecieron, transformándose en el frondoso bosque que aún rodea Sahagún, simbolizando una señal divina que les llevó a la victoria.

Por un camino paralelo a la carretera de León, rodeados de chopos sin hojas, muy plano, vamos dejando atrás la Tierra de Campos para adentrarnos en el solitario e interminable Páramo Leonés. Caminamos sobre la que fuera calzada romana, hoy cubierta de charcos.

El paisaje se hace cambiante, el suelo accidentado y pedregoso. No en vano esta zona es conocida por los lugareños como Tierra de Cantos.

Con un cielo bastante nublado, pasamos frente a la Cruz Roja y un polideportivo antes de llegar a una rotonda, tras la que conectamos con la N-120, continuando por un camino junto a la margen izquierda de ella. Cruzamos por un puente el arroyo de Valdecalzada, que llevaba mucha agua y, poco después, pasamos junto a la Laguna de Valdemorgate.

A poco de los 4 Km del inicio, la N-120 describe una gran curva a la izquierda mientras que nosotros seguimos de frente hasta una pequeña área de descanso desde la que parten dos posibles rutas, bien señalizadas por unos carteles, junto un monumento al peregrino. 

Ambas rutas son paralelas y ambas se vuelven a encontrar en Mansilla de las Mulas.

Por la derecha va la variante conocida como Calzada de los Peregrinos, que sigue el trazado de la antigua Vía Trajana (Calzada Romana). Esta ruta transcurre por un paraje sobrecogedor y espectacular: el páramo en toda su crudeza. Por ella se recorre, tras pasar por Calzada del Coto, el tramo más agreste y solitario de todo el camino de Santiago, siempre por caminos de tierra, con Calzadilla de los Hermanillos como única población por la que se pasa antes de llegar a Mansilla.

Por la izquierda parte el camino oficial, conocido como Camino Real Francés. Este camino mantiene también ese carácter particular que confiere el páramo, aunque transita por una zona mucho más habitada y ofrece menores dificultades orográficas, por él seguimos nosotros.

Es un camino paralelo a la carretera, de tierra y grava, de más de de dos metros de ancho, y en cuyos márgenes, cada 10 metros hay un árbol con riego por goteo por iniciativa de la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla y León, lo que seguro se agradece en los días de sol y calor, que hoy no era nuestro caso.

Un poco más adelante encontramos la pequeña Laguna de El Hito, rodeada por juncos y chopos. Un verdadero oasis en el que se dan cita un buen número de especies animales.

Durante el estío, esta laguna se deseca por completo y sólo los chopos dan fe de su existencia, en nuestro caso, tenía bastante agua y era un placer su contemplación.

Caminamos bajo un acueducto por el que pasa la línea de ferrocarril que une Venta de Baños con León y, a pocos metros, dejamos atrás el área de descanso El Tambril, con mesas y bancos de piedra.

Se nota que por aquí se preocupan del Camino y los peregrinos, no como por otros lugares por los que pasamos en los que no se cuida ni lo uno ni lo otro.

Casi sin darnos cuenta cruzamos el arroyo del Vallejo de Zamale, medio seco, y al alcanzar una cruz de Santiago. nos desviamos a la izquierda para acercarnos a conocer la Ermita de Nuestra Señora de Perales, que en el siglo XII estaba adscrita al hospital de O’Cebreiro. Es de estilo barroco y guarda en su interior un interesante retablo con la talla de la Virgen del siglo XIX, así como una soberbia armadura de madera sobre la nave.
Una placa en uno de su muro dice: “El Ilmo., Sr. D. Cayetano Antonio Cuadrillero y Mota, Obispo de León, concedió cuarenta días de indulgencia a las personas que rezaren una salve delante de esta santa imagen de la encarnación de Perales, extramuros de Bercianos del Real Camino Francés. Años de 1.782.”

Eran otros tiempos, en los que se fomentaba así la fe y la oración.

A los pocos metros pasamos bajo el Arco Ornamental de Bercianos del Real Camino, poco atractivo y que tiene forma piramidal, al que los peregrinos han forrado con un montón de pegatinas.

Si al menos fuese de piedra, estaría más acorde con la imagen y tradición del Camino.

Enseguida pasamos por un puente el arroyo del Valle del Espinar, con bastante agua. A unos metros se encuentra una placa y una cruz de mármol en memoria de Manfred Kress, un peregrino alemán que falleció allí en 1998 mientras hacía el Camino en bicicleta.

Tenía unos 60 años. Murió de un ataque al corazón durante la etapa justo en este lugar.

Más adelante, pasamos frete al albergue La Perala, que queda a la derecha y enseguida entramos en Bercianos del Real Camino. Habíamos recorrido 9,8 Km desde que salimos de Sahagún.

Pasamos junto a la Ermita de San Roque, construida en el siglo XVI, una época marcada por la devoción popular y la necesidad de espacios de culto accesibles para las comunidades rurales. San Roque, venerado como protector contra las epidemias, fue una figura central en la espiritualidad de la época, especialmente en regiones afectadas por enfermedades como la peste.

Justo enfrente se encuentra el Hostal Restaurante Rivero, en el que paramos a tomar café. Tras el descanso. recorrimos la Calle Mayor, desviándonos para acercarnos a ver la iglesia renacentista de San Salvador, del siglo XVI, contiene una talla renacentista de San Juan Bautista y una pintura del calvario así como el sepulcro de la Señora de Bercianos, fundadora del pueblo. Su majestuosa torre, de más de 30 metros de altura, de las más altas de toda la comarca, servía de referente, ya que era visible desde todos los pueblos de alrededor.

A la salida, pasada la laguna La Fuente y La Barrera, retomamos el camino acondicionado hacia El Burgo Ranero, paralelo a la carretera LE-6713. Al poco, pasamos junto a un hito que marca 331 Km a Santiago.

De nuevo, como recuerda Elías Valiña, “tu horizonte sólo lo delimita la esfericidad del planeta”, solo interrumpido por Infinito de Cipreses, una obra de arte paisajística que consiste en una alineación de cipreses colocados junto al camino.

La idea es bastante simbólica (muy en la línea del Camino), porque los cipreses están tradicionalmente asociados a lo espiritual y lo funerario y al estar alineados en perspectiva, crean una sensación de línea que se pierde en el horizonte “infinito”. Refuerza la experiencia de esta parte del Camino, que ya de por sí es una recta larguísima por la meseta, casi hipnótica.

En estos solitarios parajes, donde antaño abundaba la maleza, es donde el peregrino Laffi encuentra el cadáver de un peregrino que estaba siendo devorado por los lobos. Hoy, sólo algún pastor con su rebaño puede alterar la soledad del páramo

Dejamos a la izquierda el área de descanso Fuentemesma, poco atractiva y medio oculta por la maleza, junto al arroyo del Olmo y continuamos por la infinita recta.

Pasamos junto a una cruz de Santiago, que queda a la izquierda y, a continuación, a la derecha junto a la Laguna de Valdematas, con bastante agua entre juncos y matorral seco.

Pasamos los túneles de la A-231 y del ferrocarril, cruzamos el imperceptible arroyo de las Fuentes y entramos en El Burgo Ranero, después de haber recorrido 7,8 Km desde Bercianos del Real Camino, yéndonos directamente a comer al restaurante de la Estación de Servicio y luego un taxi nos llevó a Mansilla de las Mulas, porque en El Burgo Ranero no habíamos encontrado sitio adecuado para el grupo.

Un paseo por Mansilla y una estupenda cena en el Albergue del Camino antes de irnos a dormir al Hotel Rural La Casa de los Soportales, puso fin a esta jornada, de camino sin apenas desnivel, que bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

jueves, 6 de mayo de 2021

Excursión X281: La Cachiporrilla desde Canencia

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: Canencia
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 12 Km
Desnivel [+]: 640 m
Desnivel [--]: 640 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Hace tiempo había subido a la Cachiporrila desde Pinilla del Valle y hace todavía más, había recorrido los puentes medievales de Canencia, pero quería unir cumbre y puentes en una única ruta. Y con ese objetivo, nos fuimos a Canencia para iniciar la excursión en la plaza de la Constitución, a la sombra de la iglesia.

El origen del pueblo se vincula al proceso de repoblación cristiana, llevado a cabo por la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, tras la conquista de la zona por el rey Alfonso VI de Castilla, a finales del siglo XI.

Fue utilizado como cazadero por parte de la Corona de Castilla durante la Baja Edad Media. De hecho, algunos historiadores relacionan el topónimo del pueblo con los perros (canes), ante la supuesta existencia de perreras reales dentro de la localidad. Tres galgos junto a la plaza dan cuenta de esta relación de los canes con el pueblo.

Enfilamos la calle que en dirección oeste, sale de la iglesia en dirección oeste, camino del primer puente del recorrido, el puente Canto. No tuvimos que andar mucho, enseguida lo divisamos, solitario sobre el arroyo de Canencia. Junto a él, se encuentra una pequeña y agradable área recreativa con bancos y mesas en un entorno de gran belleza paisajística, también hay algunos paneles informativos para saber un poco más sobre este puente.

Es de época medieval por su rasante en lomo de asno y su estructura asimétrica. Se cree que se construyó entre 1311 y 1350 debido a que el Rey Alfonso XI lo menciona en uno de sus libros de caza, dispone de dos arcos de medio punto desiguales, uno de descomunales proporciones por donde pasa el arroyo Canencia y otro más pequeño para dar paso al agua en épocas de crecida.

Hasta 1991 el puente Canto se seguía usando para solventar el paso del arroyo Canencia, hoy en día esa función la hace otro puente construido a su lado.

En sus inmediaciones, aguas arriba, se encuentra el puente de las Cadenas, al que nos dirigimos por el amplio camino de tierra que hay a la izquierda, que al poco dejamos para seguir por una vereda, junto a un arroyo, que nos sale a la izquierda.

Procurando no meter los pies en el agua, llegamos a su desembocadura y girando a la izquierda, enseguida encontramos el acceso hasta esta vieja reliquia, al lado de un molino harinero reconvertido en vivienda.

Es también medieval, posee un solo ojo y está suavemente apuntado. Su perfil es también de lomo de asno. El arco se construyó con lajas de piedras delgadas, bastas y algo toscas. Debido a su escasa anchura, sólo puede ser cruzado por peatones y caballerías. Su estado de conservación es solamente aceptable, pero mantiene la belleza de lo sencillo. Está rodeado de abundante vegetación de ribera.

Tras las correspondientes fotos, regresamos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo la pista, por la que continuamos ascendiendo en dirección suroeste, entre robles y muros de piedra que la delimitan.

Pasamos junto a las Casas de Revenga, una explotación ganadera que nos queda a la izquierda, en la que unas vacas nos contemplaron con mucha curiosidad.

Un poco más adelante, superamos otro par de granjas con corrales de madera y un pilón y tras una gran curva a la derecha, nueva granja, con muros de piedra.

Sin prisas, con un excelente tiempo y cielo despejado, fuimos remontando la pista, rodeados de robles jóvenes a los que ya les estaba saliendo las hojas, aunque curiosamente a mayor altura del recorrido, menos brotes presentaban.

Antes de alcanzar la siguiente curva, nos desvíanos a la derecha para ver una caseta de vigilancia, que como era de esperar tenía unas magníficas panorámicas de todo el valle.

Retomada la pista, continuamos subiendo, ahora en dirección noroeste, pasamos junto a otra granja y un poco más arriba, aprovechando el frescor y el sonido del agua del arroyo de la Tejera, paramos a tomarnos un tentempié.

Tras el breve descanso, continuamos por la pista, que al poco realiza unas zetas y gira hacia el noroeste buscando la cuerda de Altos del Hontanar en la que se encuentra la Cachiporrilla, a la que llegamos tras desviarnos levemente hacia la derecha para subir a un pedrusco que hace de excelente mirador de la zona por la que hemos ascendido.

Dejamos la pista, que se dirige a otra caseta de vigilancia y por una senda poco marcada que sale a la izquierda llegamos finalmente a las antenas, un viejo pluviómetro y el vértice geodésico que coronan esta cumbre situada a 1.620 metros de altura.

Desde allí, las vistas del Valle del Lozoya con sus pueblos y el embalse de Pinilla son magníficas.

Nos extasiamos con las vistas de Peñalara y Cabezas de Hierro, aún cubiertas de nieve, y las amplias panorámicas de Cuerda Larga y Montes Carpetanos, toda la Sierra de Guadarrama a nuestra vista.

La idea era descender por la Cachiporrilla Bajera y La Llaná hasta el embalse de Pinilla y luego seguir el Lozoya para pasar por el hermoso puente del Congosto y regresar a Canencia pasando por el puente de Matafrailes, ambos medievales y situados en un entorno precioso, pero una llamada con muy tristes noticias hizo que uno de nosotros tuviera que estar urgentemente de vuelta en Madrid, lo que precipitó el regreso del grupo.

Para volver por el camino más corto, decidimos descender rectos hacia el pueblo, campo a través por los bosques de robles, que afortunadamente no tenían poca maleza que pudiera hacer penoso el intento.

A paso veloz y sin paradas, bajamos por la Solana, el Lomo y la Costanilla, buscando siempre el mejor paso y sin sendas que facilitasen la labor. Finalmente conectamos con la pista por la que ascendimos, poco antes de llegar al puente Canto, y de allí a los coches para regresar de inmediato. Habrá que repetirla algún día para realizarla según el itinerario inicialmente previsto.

Con todo, es una ruta que merece la pena hacer y que califico con 4 estrellas.
Paco Nieto