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sábado, 27 de noviembre de 2021

Excursión X312: Font Centella y Presa de Isbert

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Orba
Final: Orba
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,2 Km
Desnivel [+]: 376 m
Desnivel [--]: 376 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta







TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Cuando hicimos la ruta de los 6800 escalones y valle del Infierno, recorrimos parte del lecho del río Girona y nos quedamos con ganas de conocer la presa, que aguas abajo, se construyó para regular sus crecidas, la presa de Isbert.

Así surgió esta ruta y para conocerla, quedamos en el pueblo de Orba, pueblo situado en la comarca de la Marina Alta de Alicante.

Orba, proviene del árabe Ur-Obia cuyo significado es "lugar donde mana el agua desde la montaña". Su origen morisco puede ser percibido, aún hoy, a través de su artesanía cantarera o bien analizando la estructura agro-morisca de la localidad. Orba es un núcleo estratégico de comunicaciones del interior de la Marina Alta, pues enlaza Pego con la Marina Baja y los Valles de la Retoría con el Valle de Laguart.

Tras la expulsión morisca, en 1611, se llevó a cabo una primera repoblación con vecinos de Pego y de Murla, la segunda con gentes mallorquinas.

Salimos del aparcamiento, situado detrás de un supermercado y junto a la casata de Telefónica, que me trae nostálgicos recuerdos de parte de mi vida laboral.

En dirección norte, pasamos por delante del cementerio y, entre cultivos y naranjo, por el Camino Real de Orba a Sagra, llegamos al encuentro del protagonista de la ruta, el río Girona o río de Ebo, que nace en el barranco de Fontblanca, cerca de Alcalá de la Jovada, continúa por la Sierra de la Carrasca, en el término de Vall de Ebo, y a continuación entra en el barranco de Greger o Barranco del Infierno, en el Vall de Laguart.

El escaso caudal del río se infiltra en las calizas de este cañón, desapareciendo del todo durante la mayor parte del año. Cerca de la salida del cañón se encuentra el embalse de Isbert.

Posteriormente, el Girona atraviesa los términos municipales de Orba y otros hasta Denia, donde desemboca, en la llamada punta de la Almadraba.

Al llegar al río, giramos a la izquierda y pasamos bajo el puente, siguiendo una senda paralela a su cauce. Al poco, cruzamos su seco y pedregoso lecho, continuando por la pista del otro lado.

Al alcanzar el barranco de la Foia del Conill, dejamos el río y seguimos la pista que sale a la derecha, en subida, pasando por una finca llamada el Cascall, donde paramos un instante para hacernos las fotos de grupo.

Continuamos y enseguida salimos al camino de Tormos a Isbert. Giramos a la izquierda y a los pocos metros nos desviamos por la derecha para seguir una pista que se acerca lentamente al barranco de la Foia del Conill. Un desvío a la izquierda nos hace ganar un poco de altura para asomarnos a un mirador natural.

Recuperado el desvío, continuamos por una senda, remontando el barranco, que después sale a otra pista por la que llegamos al corral del Cigró o de la Solana, poco queda de él salvo un par de muros de piedra medio derruidos.

Un poste del PR-CV368 nos indica la dirección de subida a la Font Centella y la distancia hasta ella:1,18 Km 0h 43´.

La senda es algo pedregosa, rodeada de matorral, con una fuerte pendiente y es mucho más montañera que lo que hemos hecho hasta aquí. Las marcas del PR y los hitos nos llevan hasta la fuente sin problemas.

Tras un primer tramo de zetas, y pasar junto a un pino de gran porte, tomamos dirección norte, pasamos junto a otra casa en ruinas y, en suave descenso, alcanza el Barranco de Canonge, donde surgen las aguas de esta fuente, canalizada por una tubería y una canaleja, que no se seca ni en verano.

Allí partamos a tomar algo y refrescarnos durante un rato.

Después del breve descanso, regresamos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el corral de la Solana. El poste de indicadores nos mostraba que la presa estaba en dirección sur a 1,79 Km 0h 27´. Hacia ella nos dirigimos, descendiendo por una pista hasta el camino de Tormos a Isbert

Esta zona es conocida como La Foia Roja, más abajo pasamos por Los Corrales, y al poco llegamos al cauce del río Girona, pasando por un estrecho, y al poco, nuevamente cruzamos el lecho del río, ahora con un poco de agua.

Desde allí, ya divisábamos el imponente aspecto del angosto desfiladero de Isbert con sus rocas blanquecinas, donde está la presa. A sus pies llegamos, sorteando las grandes rocas de su cauce, por las que tenemos que trepar en las más cercanas a la base. Desde abajo, su imponente muro parece un castillo inexpugnable, 29 metros de altura tiene su arco. Sorprenden las dimensiones del desfiladero, esculpido por las aguas del Riu Girona a lo largo de miles de años.

Fue construido entre 1928 y 1944. En aquel proyecto, sin embargo, no se tuvo en cuenta la permeabilidad del sustrato, hecho que originó que el agua embalsada en la prueba de carga desapareciera a los pocos días de haberse llenado el embalse, filtrándose en el subsuelo.

Hubo intentos de arreglar el problema, pero en 1957, tras un informe exhaustivo, se desestimó definitivamente su uso.

En 2007, cuando el agua llegó a saltar por encima de la presa, creó cierta controversia sobre la conveniencia de derruirla, pero parece que su capacidad para retener temporalmente el agua ayuda a rellenar el acuífero de Mediodía, aparte de que evidentemente ayuda a laminar el flujo durante lluvias intensas; las poblaciones situadas más allá, sin embargo, temen los posibles efectos de una rotura de la presa si hay nuevas avenidas.

Un acceso lateral que sube a la parte alta de la presa está cerrado con una puerta vallada, para evitar riesgos y accidentes.

Dejamos atrás la presa y continuamos la ruta por el otro lado del cauce. Enseguida llegamos a un túnel de 150 metros de longitud, algo encharcado, que tuvimos que cruzar con cuidado.

Al salir del túnel, paramos a tomarnos los bocadillos. Repuestas las fuerzas cruzamos por un puente el Barranco de Tamborino y continuamos hacia la antigua Casa del Pantano.

En ella vivían los ingenieros de la presa durante su construcción, ahora rehabilitada, donde hay un poste de rutas con la indicación de Orba a 3,10 Km 1h 45´.

Cruzamos el Toll Blau, una pequeña cascada de un arroyo que nace un poco más arriba. Seguimos la pista en dirección a Orba y poco antes de salir a la CV-721 nos desviamos a la izquierda para descender por una senda con tramos escalonados que proto nos deja junto al cauce del río Girona. Un cartel informativo nos habla de lo que no vemos cuando vamos de ruta, hongos, líquenes, helechos y una microflora y fauna a su cobijo que pasa desapercebida.

Vadeamos el río con la ayuda de unas piedras y seguimos por el tramo que va paralelo al cauce. Pasamos junto a la casa del Mal Pas para, a pocos metros, cruzarlo por última vez. Continuamos por la pista, en la que hay un panel con información de Linaria Orbensis.

El gallet d'olivera (Linaria orbensis) es una planta endémica de la zona. Sus mejores poblaciones están entre Orba y Tormos. Nace en primavera en los campos de olivos que no estén labrados sobre suelos pedregosos.

Dejamos el cauce y seguimos la pista hasta la CV-721. Cruzamos al otro lado y seguimos por el camino del Olivar de Roig, junto al barranco de Fontilles, que al poco acabamos cruzando por un puente con barandilla de hierros y seguimos en dirección al polideportivo con la torre de la iglesia a la vista. Pasamos junto al antiguo lavadero de la Font de Baix, construido en 1904 pero en muy buen estado, donde nos hicimos fotos más propias de otra época, cuando este lugar era el punto de reunión de las mujeres del pueblo.

De allí nos fuimos a la Plaza de España, buscando un bar en el que tomar las cervezas. Lo encontramos junto a la Iglesia Parroquial del Nacimiento de Cristo. Tras el descanso, solo quedaba bajar hacia los coches, dando así por terminada esta bonita e histórica ruta a la que le otorgo 4 estrellas.
Paco Nieto

jueves, 6 de mayo de 2021

Excursión X281: La Cachiporrilla desde Canencia

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: Canencia
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 12 Km
Desnivel [+]: 640 m
Desnivel [--]: 640 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Hace tiempo había subido a la Cachiporrila desde Pinilla del Valle y hace todavía más, había recorrido los puentes medievales de Canencia, pero quería unir cumbre y puentes en una única ruta. Y con ese objetivo, nos fuimos a Canencia para iniciar la excursión en la plaza de la Constitución, a la sombra de la iglesia.

El origen del pueblo se vincula al proceso de repoblación cristiana, llevado a cabo por la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, tras la conquista de la zona por el rey Alfonso VI de Castilla, a finales del siglo XI.

Fue utilizado como cazadero por parte de la Corona de Castilla durante la Baja Edad Media. De hecho, algunos historiadores relacionan el topónimo del pueblo con los perros (canes), ante la supuesta existencia de perreras reales dentro de la localidad. Tres galgos junto a la plaza dan cuenta de esta relación de los canes con el pueblo.

Enfilamos la calle que en dirección oeste, sale de la iglesia en dirección oeste, camino del primer puente del recorrido, el puente Canto. No tuvimos que andar mucho, enseguida lo divisamos, solitario sobre el arroyo de Canencia. Junto a él, se encuentra una pequeña y agradable área recreativa con bancos y mesas en un entorno de gran belleza paisajística, también hay algunos paneles informativos para saber un poco más sobre este puente.

Es de época medieval por su rasante en lomo de asno y su estructura asimétrica. Se cree que se construyó entre 1311 y 1350 debido a que el Rey Alfonso XI lo menciona en uno de sus libros de caza, dispone de dos arcos de medio punto desiguales, uno de descomunales proporciones por donde pasa el arroyo Canencia y otro más pequeño para dar paso al agua en épocas de crecida.

Hasta 1991 el puente Canto se seguía usando para solventar el paso del arroyo Canencia, hoy en día esa función la hace otro puente construido a su lado.

En sus inmediaciones, aguas arriba, se encuentra el puente de las Cadenas, al que nos dirigimos por el amplio camino de tierra que hay a la izquierda, que al poco dejamos para seguir por una vereda, junto a un arroyo, que nos sale a la izquierda.

Procurando no meter los pies en el agua, llegamos a su desembocadura y girando a la izquierda, enseguida encontramos el acceso hasta esta vieja reliquia, al lado de un molino harinero reconvertido en vivienda.

Es también medieval, posee un solo ojo y está suavemente apuntado. Su perfil es también de lomo de asno. El arco se construyó con lajas de piedras delgadas, bastas y algo toscas. Debido a su escasa anchura, sólo puede ser cruzado por peatones y caballerías. Su estado de conservación es solamente aceptable, pero mantiene la belleza de lo sencillo. Está rodeado de abundante vegetación de ribera.

Tras las correspondientes fotos, regresamos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo la pista, por la que continuamos ascendiendo en dirección suroeste, entre robles y muros de piedra que la delimitan.

Pasamos junto a las Casas de Revenga, una explotación ganadera que nos queda a la izquierda, en la que unas vacas nos contemplaron con mucha curiosidad.

Un poco más adelante, superamos otro par de granjas con corrales de madera y un pilón y tras una gran curva a la derecha, nueva granja, con muros de piedra.

Sin prisas, con un excelente tiempo y cielo despejado, fuimos remontando la pista, rodeados de robles jóvenes a los que ya les estaba saliendo las hojas, aunque curiosamente a mayor altura del recorrido, menos brotes presentaban.

Antes de alcanzar la siguiente curva, nos desvíanos a la derecha para ver una caseta de vigilancia, que como era de esperar tenía unas magníficas panorámicas de todo el valle.

Retomada la pista, continuamos subiendo, ahora en dirección noroeste, pasamos junto a otra granja y un poco más arriba, aprovechando el frescor y el sonido del agua del arroyo de la Tejera, paramos a tomarnos un tentempié.

Tras el breve descanso, continuamos por la pista, que al poco realiza unas zetas y gira hacia el noroeste buscando la cuerda de Altos del Hontanar en la que se encuentra la Cachiporrilla, a la que llegamos tras desviarnos levemente hacia la derecha para subir a un pedrusco que hace de excelente mirador de la zona por la que hemos ascendido.

Dejamos la pista, que se dirige a otra caseta de vigilancia y por una senda poco marcada que sale a la izquierda llegamos finalmente a las antenas, un viejo pluviómetro y el vértice geodésico que coronan esta cumbre situada a 1.620 metros de altura.

Desde allí, las vistas del Valle del Lozoya con sus pueblos y el embalse de Pinilla son magníficas.

Nos extasiamos con las vistas de Peñalara y Cabezas de Hierro, aún cubiertas de nieve, y las amplias panorámicas de Cuerda Larga y Montes Carpetanos, toda la Sierra de Guadarrama a nuestra vista.

La idea era descender por la Cachiporrilla Bajera y La Llaná hasta el embalse de Pinilla y luego seguir el Lozoya para pasar por el hermoso puente del Congosto y regresar a Canencia pasando por el puente de Matafrailes, ambos medievales y situados en un entorno precioso, pero una llamada con muy tristes noticias hizo que uno de nosotros tuviera que estar urgentemente de vuelta en Madrid, lo que precipitó el regreso del grupo.

Para volver por el camino más corto, decidimos descender rectos hacia el pueblo, campo a través por los bosques de robles, que afortunadamente no tenían poca maleza que pudiera hacer penoso el intento.

A paso veloz y sin paradas, bajamos por la Solana, el Lomo y la Costanilla, buscando siempre el mejor paso y sin sendas que facilitasen la labor. Finalmente conectamos con la pista por la que ascendimos, poco antes de llegar al puente Canto, y de allí a los coches para regresar de inmediato. Habrá que repetirla algún día para realizarla según el itinerario inicialmente previsto.

Con todo, es una ruta que merece la pena hacer y que califico con 4 estrellas.
Paco Nieto