Mostrando entradas con la etiqueta GR-88. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GR-88. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de octubre de 2022

Excursión X366: Puebla de la Sierra por Peña Hierro y el Porrejón

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puebla de la Sierra
Final: Puebla de la Sierra
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14 Km
Desnivel [+]: 568 m
Desnivel [--]: 568 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
T
enía Juan ganas de mostrarnos una ruta por las cumbres que cierran el valle de la Puebla y que le encantó cuando la realizó.

Este valle se esconde en una de las zonas más deshabitadas de la Comunidad de Madrid, pero en el que podemos contemplar una naturaleza exuberante y variada a través de caminos y senderos ancestrales. Además, ofrece una interesante muestra de arquitectura tradicional serrana, lo que le valió fuese declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2005, junto con otros municipios limítrofes.

Como llegamos antes de la hora fijada, nos fuimos al bar de la plaza, llamado el Refugio, a tomarnos los cafés en su terraza, desde donde teníamos a la vista, de frente, el ayuntamiento, y a nuestra izquierda, la iglesia parroquial de la Purísima, del siglo XVII en la que destaca en su cabecera la espadaña que la caracteriza.

Según he podido leer, Puebla de la Sierra tiene un origen árabe y se llamaba hasta 1941 Puebla de la Mujer Muerta, por la denominación de las montañas del municipio que tienen forma de mujer fallecida.

Tras el café. con los coches nos acercamos al punto de salida, no muy lejos del pueblo, justo donde se encuentra un pequeño aparcamiento al lado del Rebollo de las Puentecillas, árbol singular 199 de la Comunidad de Madrid, que tiene una altura de 16 metros, un perímetro de troco de 6 metros y una edad aproximada de 450 años.

Tras visitar tan longevo ejemplar, iniciamos la ruta atravesando la carretera M-130 que llega al pueblo desde Prádena del Rincón. Enseguida salimos al sendero GR-88, que seguiríamos hasta el pico Porrejón. Las nubes impedían el paso del sol, lo que hacia que la temperatura fuera más bien fresquita.

Este sendero de gran recorrido fue diseñado como una variante del GR-10, con el siguiente recorrido: Presa del Pontón de la Oliva (Madrid) - El Atazar - Collado de la Pinilla - Puebla de la Sierra - Porrejón - La Hiruela - Río Jarama (Guadalajara) - El Cardoso de la Sierra - Reajo del Puerto - Cerezo de Abajo (Segovia) - Sepúlveda - Pedraza - Sotosalbos - Segovia - Otero de Herrero - San Rafael - San Lorenzo de El Escorial (Madrid). En este vídeo se habla algo más de este GR.

Este primer tramo es muy utilizado los fines de semana para subir al mirador donde se encuentra la Silla de Meira, una obra escultórica, réplica en metal de la original que apareció instalada de forma anónima en la colina del monte de A Torre, en la parroquia de Meira (Pontevedra).

Tras desmontarse de su lugar originar al no mostrar las autoridades ningún interés por la obra, se traslado al Valle de los Sueños, colección de obras al aire libre situada en este valle de Puebla de la Sierra, y se instaló en la Loma del Estillo, en un mirador natural de bonitas vistas hacia el pueblo.

A ella llegamos siguiendo las marcas blancas y rojas del GR-88 que nos condujeron, en constante subida, a la loma donde se asienta esta obra escultórica.

El camino asciende entre robles con un buen porte y con formas retorcidas, debido a la intensas podas sufridas tiempo atrás para el carboneo.

Un poco más arriba, pasamos junto a unas chozas o majadas donde se guardaban los rebaños y que por aquí llaman tinadas o tainas.

Estas construcciones, levantadas con muros de pizarra y estructuras de madera, se utilizaban para recoger el ganado, algunas de ella aún siguen en uso y nos muestran un bonito ejemplo de arquitectura tradicional de la zona.

A medida que ascendemos, la jara se hace más presente y una vez que ganamos el cordel de la loma, giramos casi 180 grados para tomar el camino que nos condujo a la silla, a la que no tardé en subir con la ayuda de Juan, porque en solitario es bastante complicado, dada su gran altura.

Después de disfrutar de las espectaculares vistas del valle y de hacernos muchas fotos en tan singular monumento, nos volvimos a poner en marcha, dejando a la silla bien acompañada por un mastín y su rebaño de cabras al que cuidaba.

En constante ascenso continuamos remontando la Loma del Estillo, pasamos junto a los corrales de Zuhardón, bastante deteriorados, y tras dejar atrás la zona de robles, llegamos a territorio despejado, en el que la piedra afilada y el matorral conviven en solitaria armonía.

Un pinar a nuestra izquierda señaliza la zona verde del valle, a nuestra derecha todo es más árido.

Pasado un colladito, que nos permitió darnos un respiro, llegamos al Cerro Hierro (1.617m), desde donde contemplamos recortada en el horizonte nuestro próximo objetivo Peña Hierro. El sol hizo acto de presencia y la temperatura subió enseguida, haciendo que nos tuviéramos que desprender de las ropas de manga larga.

Pero antes de alcanzarla, hicimos una parada en el collado de las Palomas, llamado así por ser lugar habitual de paso de estas aves, lo que testimonia la abundancia de puestos de caza, numerados que hay distribuidos por la zona.

Allí paramos a tomarnos el tentempié de media mañana y nos hicimos la foto de grupo. Con renovadas fuerzas nos dirigimos hacia la desafiante Peña de Hierro. Aunque el GR evita subir a a sus 1.743 metros de altura bordeándola por el este, nosotros preferimos alcanzar su cumbre.

La subida no es del todo fácil, pero mereció la pena sortear la afilada cresta y disfrutar del vértigo de sus vistas. Recuperada la senda, continuamos el ascenso hasta llegar al Alto del Porrejón (1.824m), el punto más alto del recorrido.

Su vértice geodésico corona un crestón de pizarra grisácea, artísticamente decorada con los verdes y amarillos de los líquenes. Llegar hasta aquí formó parte de mi primera ruta con el GMSMA, hace ya unos añitos.

Desde sus riscos disfrutamos de unas vistas soberbias en cualquier dirección, una de las mejores atalayas para contemplar la Sierra del Rincón y la Sierra de Ayllón. Bajo él, se encuentra La Hiruela, hacia donde prosigue el GR-88 que nos ha traído hasta aquí y que ahora abandonamos.

Buscamos un buen lugar para tomarnos los bocadillos y unos afilados riscos cercanos nos ofrecieron la sombra y acomodo deseado.

Tras el descanso, salvamos las débiles bandas pedregosas que cruzan la ladera herbosa, ascendiendo hacia la lomada de Gustarllanorecorriendo los viejos puestos de caza que puntean el cordal y los cuchillares pizarrosos de El Contadero (1.789m), cumbre agreste y hermosa desde donde se tiene, a nuestras espaldas, una preciosa estampa de la silueta del Porrejón.

Por sugerentes vericuetos y canalizos rocosos descendimos por los ariscos peñascales para seguir una senda que desciende entre peñascos y esquiva por la izquierda el Cerro Montejo (1.682 m), habilitado con una caseta de vigilancia de incendios de la Comunidad de Madrid.

Alcanzamos la carretera hacia Puebla de la Sierra, cruzamos el paso canadiense que impide el acceso del ganado y, a pocos metros, estábamos en el mirador del puerto de la Puebla.

Desde allí se podía contemplar el recorrido que habíamos hecho y el que nos faltaba por realizar y entremedias el verde y frondoso valle de La Puebla.

Sin dilación alguna, continuamos, siguiendo el sendero que deja la carretera a la derecha y asciende hacia el Cerro de la Portezuela y Peña de la Cabra, pero que enseguida dejamos para descender, con fuerte pendiente, por el cortafuegos de servicio de la línea de alta tensión que abastece a la Puebla de la Sierra y que nos sale a la izquierda nada más alcanzar una de sus torretas.

El estrecho surco corta el pinar como si de una herida abierta con un cuchillo se tratase, completamente recto baja por el valle hasta donde la vista alcanza.

El terreno es incómodo, algo pedregoso y empinado, por lo que nos alegramos al dejarlo al cruzarnos con una pista, por la que continuamos hacia la derecha, en dirección sur.

Aliviados por dejar el molesto descenso, que se hubiese hecho aún más engorroso de haber seguido por él, la pista nos pareció el paraíso, ancha, plana, con buenas vistas, rodeada de robles que comenzaban a ponerse su mejor traje otoñal, todo un lujo para la vista.

Dejamos a nuestra izquierda una pedrera y al poco, no habíamos recorrido ni un kilómetro, conectamos con un cortafuegos muy ancho y también de fuerte pendiente que rompe en dos el pinar.

Con mucho cuidado para no resbalar, cada cual lo bajó como pudo y su intuición le mandaba seguir, unos por el centro, otros buscando mejores condiciones por los laterales. Ninguna de las opciones se libraba de las piedras sueltas.

Casi un kilómetro dura la penosa bajada por el cortafuegos, que al final va a dar a una pista de tierra, por la que seguimos hacia la derecha en ligero descenso.

Pronto alcanzamos, en la primera curva, el arroyo del Chando, donde una fuente con pilón nos sació la sed acumulada en el descenso. Un poco más adelante, otro depósito retenía también el agua proveniente de otro manantial cercano al arroyo de los Chortales.

Se nos estaba haciendo muy dulce el paseo por la pista, rodeados de robles y vegetación, cuando oímos las voces de Juan, que iba detrás, para advertirnos que nos habíamos pasado el desvío, marcado por un hito, que conducía a una senda que salía a la izquierda en busca de la Puebla.

Resultó ser una agradable bajada, entre robles de gruesos troncos, jaras y cantueso que nos llevó a unos riscos de excelentes vistas del valle y del pueblo, que se percibía ya cercano.

Por zona más despejada de árboles continuamos el descenso, pasamos junto a una gran tinada, medio derruida, una pena que no se cuiden estas construcciones que nos hablan de otros tiempos.

Ya nos quedaba solo terminar el descenso por un joven robledal, hasta alcanzar, al otro lado del río de la Puebla, el aparcamiento donde habíamos dejado los coches.

Las cervezas de celebración del fin de ruta nos las tomamos en el bar de la plaza del pueblo, dando así por terminada esta nueva jornada de senderismo, naturaleza, bellos paisajes y hasta un poco de aventura sorteando cumbres o descendiendo valles. Tenía razón Juan, esta ruta se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

viernes, 5 de marzo de 2021

Excursión X267: Nacimiento del Río Gudillos desde el Alto del León

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: 
Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 426 m 
Desnivel [--]: 426 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive
 
RESUMEN
Buscábamos una ruta que no nos supusiera ir muy lejos y no demasiada larga y Tere nos propuso esta que le gustaba mucho y había recorrido ya en un par de ocasiones.

Con algo de niebla, salimos del Alto del León en dirección sur, por la que fue la carretera de Peguerinos, hoy día abandonada a su suerte, convertida en una pista forestal por la que discurre el GR-10. Pasamos junto a las antenas del ejercito del Aire, que con la niebla, apenas se veían.

Nada más pasar el portón que nos introduce en el bosque, dejamos el GR-10 para, girando a la derecha, seguir por la agradable senda que se dirige, hacia el este, a Las Hondillas, un denso pinar por el que era todo un placer caminar.

Al iniciar el descenso hacia el arroyo de la Gasca, la niebla fue paulatinamente despareciendo. No nos hizo falta cruzarlo, porque justo al llegar a su acaudalado cauce giramos a la derecha, en dirección norte, para acompañarlo en su descenso hacia su encuentro con la antigua carretera Nacional VI por la zona conocida por el Umbrión, dada la sombra a que está sometida.

Al llegar al túnel por el que el arroyo de la Gasca salva la carretera, no surgió la duda de si podríamos seguir por él o tendríamos que remontar el paredón y cruzar la carretera por arriba.

Me animé a intentarlo y aunque el agua ocupaba con gran profundidad casi todo el túnel, dejaba una franja mínima sin agua en el lado izquierdo que aproveché para llegar al otro lado con la ayuda de unas piedras en la parte final.

Solo me siguió Nacho, porque las chicas prefirieron no arriesgar y subirse a la carretera. Una vez reunidos, descendimos por la margen izquierda del arroyo hasta cruzarlo por un puente. Traspasamos una portilla y continuamos el descenso hacia la parte alta donde discurren los túneles de la A-6 y el ferrocarril, cuyas vías asoman a pocos metros de este punto.

En suave descenso, cruzamos una hermosa pradera, cruzada por dos líneas de alta tensión, dejando una granja a la izquierda, hasta encontrarnos con el rio Gudillos, que cruzamos cada uno como pudo, incluso recurriendo al viejo truco de descalzarse, ¡de mojados, al río!.

Aquí enlazamos con el GR-88, el sendero que une el Pontón de la Oliva con El Escorial, que enseguida dejamos, pero antes, aprovechando el tronco de un árbol caído, paramos a tomarnos el tentempié de media mañana.

Fue el momento en el decimos que definitivamente terminaríamos la ruta saboreando un chuletón en el restaurante del alto del León, lo que nos obligó a no perder mucho tiempo y acelerar la marcha.

Proseguimos por el sendero que se aproxima, hacia la derecha, en busca del río Gudillos, al que remontamos hasta su nacimiento, pasando por alguna que otra zona encharcada que tuvimos que salvar con cuidado. La pradera en la que emerge apenas un hilillo de agua, cerca de una fuente con abrevadero, también estaba encharcada, lo que hace que toda ella estuviera muy verde.

Muy cerca, un vallado de maderos protege una pequeña laguna que se nutre de las aguas subterráneas que afloran por varias surgencias, y en la que han encontrado su refugio los anfibios.

Desde la pradera se puede ver como, a los pocos metros de nacer, el aprendiz de río ya lleva un buen chorro de agua. 

Estos milagros de la naturaleza siempre me han fascinado y más si pensamos que una gota de agua nacida aquí, a nuestros pies, en 12 km aparecería en el río Moros, en unos 60 km alcanzaría al Eresma, en unos 120 km en el Duero y en unos 800 km llegaría a Oporto para darse un baño de sal en el océano Atlántico. 

Tocaba regresar, buscamos hacia el sur la senda que conecta con el Cordel de la Campanilla, encontrándonos a medio camino con la Cerca de Montosa, una extravagante construcción de 1958 que recibió como primer nombre "Albergue Guadarrama", de los arquitectos J.L. Romany y F.J. Saénz de Oiza, con obras emblemáticas por la geografía peninsular. El nombre actual le viene por el arroyo que fluye bordeando su cerca sur.

Fue promovida por la Organización Sindical Española, conocida comúnmente como Sindicato Vertical de los Trabajadores, con la intención de crear una residencia de las “Hermandades del Trabajo”.

El tejado era de zinc, con corcho como aislante, pero con el paso del tiempo se fueron llevando todo lo que podía ser aprovechable. Actualmente y como tantas otras edificaciones que han abandonado su destino inicial, es dedicada a almacén de paja para el alimento de ganado vacuno.

En los años 80, cuando el boom de los montañeros en San Rafael, esta finca se llenaba de mochileros que se subían muchas veces al tejado, para disfrutar de las estupendas vistas y de la paz que transmitía este silencioso valle.

Conectamos con el Camino del Agua, una pista casi plana que bordea la Loma del Arcipreste de Hita. Atravesamos los tres cortafuegos que protegen de incendios a los tendidos eléctricos y nada más rebasar el último, giramos a la izquierda para recuperar en poco más de un kilómetro los casi 150 metros que nos quedaban para alcanzar el Alto del León.

Junto al tendido eléctrico, que nos servía de guía, fuimos subiendo aprovechando la falta de vegetación hasta alcanzar un collado donde nos tomamos un respiro.

Cruzamos un riachuelo y acometimos la última subidita, esta ya más suave, pasamos cerca de una de las torretas de ventilación del túnel y continuamos el ascenso hasta llegar de nuevo al promontorio donde la estatua de un león de piedra indica el punto más alto de la cima desde que se instaló a instancias de  Fernando VI, en el año1749.

Los suculentos entrantes sirvieron para que Nacho celebrara su cumpleaños y los chuletones para celebrar todos un día más de senderismo en buena compañía, por lo que a esta ruta solo puede merecerse la máxima nota, un 5.
Paco Nieto

lunes, 9 de julio de 2018

Excursión X145: Cuerda de la Pinilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Quesera

Final: Somosierra
Tiempo: 8 a 9 horas
Distancia: 22,7 Km 
Desnivel [+]: 1.116 m 
Desnivel [--]: 1.385 m
Tipo: Sólo Ida
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Tenía pendiente subir al Pico del Lobo, y en esta excursión teníamos la oportunidad de hacerlo y además recorrer completa la cuerda de la Pinilla, por lo que el atractivo era aún mayor.

Para facilitar la logística, un microbús nos trasladó desde Somosierra al puerto de la Quesera, somos 12 los que finalmente nos hemos apuntado a esta aventura, con Mayte como nueva incorporación.

Desde el puerto de la Quesera comprobamos que el día iba a ser estupendo para caminar, no mucho calor y nubes blancas sin amenazar lluvia.

Poco disfrutamos de las espectaculares vistas del hayedo de la Pedrosa y valle de Riofrío de Riaza, porque enseguida nos pusimos en marcha.

Un cartel nos avisa de que nos esperan 7 km y un desnivel del 8,5% hasta el Pico del Lobo, casi nada comparado con los cerca de 23 km de la ruta. Así es que mientras algunos aceleran el paso, otros nos lo tomamos con más calma, recordando la parábola de la tortuga y la liebre.

Ascendemos por la Loma de las Caseruelas en dirección sureste hasta alcanzar un cerro con estupendas vistas de nuestro objetivo y del valle. Desde tan privilegiado mirador, descendimos, en dirección este, al collado de Prado Llano, para enseguida subir al Calamorro de San Benito, de puntiagudas pizarras afiladas a modo de cuchillas apuntando al cielo.

En su ladera norte nace el arroyo de la Hayuela, y en su vertiente sur, mucho más escarpada, el río Veguillas, que al unirse a otros arroyos, pasa un poco más abajo a ser el río Jaramilla.

Con esas vistas nos recreamos mientras descendemos, en dirección sureste, al collado de San Benito, donde nace el arroyo de igual nombre, para iniciar desde su base una subidita de 200 metros sin anestesia. al Cerro del Aventadero, donde el sendero se allana durante un corto trecho, terminado el cual, un nuevo cartel nos indica que ya solo nos quedan 2 Km para alcanzar el Pico del Lobo, eso sí, con una pendiente del 11,5%, ni más ni menos.

Antes de iniciar el empinado ascenso, nos hacemos la foto de grupo, con magníficas vistas de nuestro objetivo frente a nosotros y de los dos valles de la cuerda. El alto de Las Peñuelas nos proporciona una breve tregua, que nos da aliento para subir al Portillo del Lobo y acometer el último tramo y coronar, por fin, los 2274 metros de altitud del vértice geodésico del Pico del Lobo, techo de la provincia de Guadalajara.

A caballo entre Segovia y Guadalajara, esta cumbre, la máxima altura del macizo de Ayllón, brinda un panorama inmenso, que comprende la llanura segoviana, los montes de Ayllón -al sur, el picudo Cerrón y los barrancos del río Berbellido; al sureste, el orondo Ocejón-, el pico Tres Provincias y todas las cumbres madrileñas: de la sierra de La Puebla a la Somosierra y de La Cabrera a Peñalara. Y en los días claros, detrás de los campos de Soria, se divisa hasta el Moncayo.

Además del vértice geodésico, este pico alberga la estación terminal de uno de los remontes de La Pinilla, inaugurada en 1968. Esta instalación se abandonó por no ser viable económicamente, se tenía que cerrar con mucha frecuencia por el el mal tiempo y finalmente un temporal la desbarató hace décadas, quedando sus ruinas como muestra de lo que la montaña hace con los que se la toman como un parque de atracciones. Su constante deterioro está pidiendo a gritos su desmantelamiento.

Tras tomarnos un tentempié y disfrutar de las hermosas panorámicas, continuamos, ahora en dirección oeste, descendiendo hacia el Alto de las Mesas, que bordeamos, dejándolo a nuestra derecha.

Una brecha entre las rocas nos permite contemplar a vista de pájaro la Estación de Esquí de La Pinilla y todo el valle de Riaza.

Continuamos descendiendo, pasamos junto a los restos de hormigón de remontes ya desaparecidos cerca del cerro de El Cervunal, que dejamos a nuestra izquierda.

La senda pierde pendiente y gana belleza al pasar por unos prados en los que un rebaño de vacas pastaba tranquilamente.

En los Picazos paramos brevemente a descansar y hacernos fotos subidos a un enorme hito de lanchas de pizarra, con excelentes vistas. Desde aquí, iniciamos un descenso con bastante pendiente hacia el Collado de la Chana, paralelos a una cerca de palos de madera a nuestra derecha.

Alcanzado el collado, tenemos que remontar el repecho del Reajo del Puerto y al bajarlo, por unos metros coincidimos con el GR-88, el sendero Segoviano de la Sierra Norte, que viene de Cerezo de Abajo hacia el Cardoso de la Sierra.

El descenso continua hasta llegar a la cabecera de la Solana del Horcajo, loma en la que nace el río Jarama, uno de los principales afluentes del Tajo. Nos espera una subida a Peña Cebollera de unos 300 metros en 1,5 Km, lo que representa una pendiente media del 20%, que en algún tramo llega a ser del doble, cuando ya llevamos más de 13 Km recorridos.

Tanta cuesta se le atragantó a José Luir R, que poco antes de hacer cumbre tubo que echarse al suelo con músculos acalambrados por el esfuerzo, pero que una vez relajados no le impidió seguir y alcanzar todos el
Pico Tres Provincias o Peña Cebollera Vieja, que es separación natural entre Madrid al sur, Segovia al norte y Guadalajara al este, de ahí su nombre. Desde su vértice geodésico, situado a 2.128 metros, nos deleitamos con las impresionantes vistas.

A la sombra del enorme monolito erigido como monumento a los guardas forestales, que hay en la cima, paramos a tomar los bocadillos y descansar tras el agotador esfuerzo, con la satisfacción de haber coronado esta mítica cumbre y el inapreciable consuelo añadido de saber que lo que nos quedaba de ruta era prácticamente todo en bajada.

Con mejor cara, tras el descanso y la comida reponedora que nos levantó el ánimo, iniciamos el descenso por la cuerda de la Cebollera, pasando entre piornos en flor por el Cerro del Recuenco, de poquísima prominencia, y a pocos metros el cerro de Cabeza del Tempraniego, algo más elevado, pero una risa al lado de lo que habíamos subido hasta ahora.

Al acercarnos al cerro Cuchar Quemado, giramos noventa grados a la derecha y nos precipitamos con fuerte pendiente y sin senda aparente, o medio oculta por cambrones y retamas, en dirección oeste, hasta alcanzar la cómoda pista forestal que recorrimos en dirección suroeste.

Después de tanta vereda, sendero y vericuetos, la pista se nos antojaba como una autopista.

En la primera bifurcación que se nos presentó, elegimos la pista que nos sale a la derecha, coincidente con el PR-23, que baja hacia Prado Antón, en cuya fuente paramos a beber, ya que la mayoría habíamos consumido las reservas de agua.

Sin prisas descendimos por la pista, con excelentes vistas del puerto de Somosierra y la Chorrera de Litueros, con sus aguas, mermadas por el fuerte estiaje, que se abrían paso entre los riscos.

Llegados a Somosierra, me acerqué a visitar la peculiar Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, en la que existen unas placas en memoria de los españoles y polacos que dieron su vida en la Batalla de Somosierra. La ermita se levanta en el lugar donde concluyó la batalla con la clamorosa victoria francesa, cuyas tropas comandaba el mismísimo Napoleón.

Solo restaba celebrarlo con las ansiadas cervezas, que esta vez nos supieron el doble de bien que de costumbre. Por todo ello, esta exigente excursión se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS