Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: x a x horas
Distancia: 11,6 Km
Desnivel [+]: 461 m
Desnivel [--]: 461 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
En esta ocasión unimos el Valle de la Fuenfría con el de Navalmedio desde Cercedilla, en una ruta con agua y sombra, entre pinares y dehesas.
Quedamos en Cercedilla, dejamos los coches en el aparcamiento subterráneo de la plaza Nueva y subimos por la escalinata de la Travesía de la Pontezuela hasta dar, en dirección norte, con el Camino Cerca de la Mata por el que continuamos en plácido paseo entre una densa y verde vegetación y fincas con ganado.
Cruzamos el arroyo de la Teja por un puente de hormigón y giramos a la derecha, en dirección este, siguiendo un encajonado camino llegamos al depósito de agua de Cantos Gordos, que abastece al pueblo.
Rodeando el depósito, proseguimos el ascenso por el Camino de Majavilán, coincidente con el GR-10, señalizado con marcas rojas y blancas, rodeados de robles y bonitos chalets con amplios jardines. Pasamos por el Camino Bajo, continuamos por el Camino de Majavilán y el Camino de las Tajas hasta Camorritos.
Cruzamos las vías del tren de Navacerrada y Cotos, ahora en plena renovación, con las catenarias instaladas pero a falta de la railes, y nos internamos en la colonia del mismo nombre, construida en 1923 por la compañía de la nueva línea férrea, la Sociedad de Iniciativas del Guadarrama. Debido a la personalidad de sus creadores, miembros del Club Alpino Español y la Institución Libre de Enseñanza, pronto alcanzó un gran éxito como lugar de veraneo entre aquellos que buscaban un retiro en la naturaleza.
Se edificó siguiendo modelos alpinos con villas de paredes de piedra y madera, en las que trabajaron afamados arquitectos de la época. Tal como reza en una placa, José de Aguinaga, ingeniero del Eléctrico del Guadarrama e impulsor de la colonia, están ligados a este lugar.
Cruzadas las vías de la ahora abandonada estación de Camorritos, continuamos por el Camino de las Encinillas, señalizado con las marcas del GR 10, para ir ascendiendo hasta la parte más alta e ir disfrutando de las vistas de algunas de las villas de más original arquitectura.
Coronada la colonia, giramos a la derecha para seguir en dirección noreste por la Senda de la Teja, que entre robles y pinos pronto alcanza el arroyo del Polvillo, represado por un muro de piedra. Lo cruzamos por un puente de cemento, del que el agua se ha llevado gran parte, y seguimos en cómoda pendiente ascendiendo entre pinos y helecho que dejan entrever las vías del tren al puerto de Navacerrada a nuestra derecha.
Al poco, llegamos a nuestro objetivo, el arroyo Pradillo, aprendiz de río, que entre grandes rocas desciende saltándolas con alegre murmullo. Nace 1,5 km más arriba, en la fuente de los Acebos.
Remontamos unos 200 metros el arroyo deleitándonos con pequeños saltos de agua que forma el arroyo en su descenso, hasta alcanzar uno especialmente bello, una bonita chorrera de más de dos metros de altura, rincón con encanto donde disfrutar de la frescura de su ribera y el rumor de sus aguas.
Volvimos sobre nuestros pasos para enseguida vadear sin complicaciones el arroyo. Por sendero casi plano llegamos a la altura de la estación de Siete Picos, pasando por una vieja casa con un porche, en buen estado, seguida de otra derruida sin tejado ni cubierta alguna, con piscina abandonada a su suerte.
La estación está en un lamentable estado de ruina, mucho la tendrán que rehabilitar para ponerla en servicio.
Desde allí contemplamos los trabajos que varios operarios estaban realizando sobre el trazado, de momento sin balastro ni vías, eso sí, con las traviesas apiladas a lo largo de lo que será la nueva vía.
Reanudamos la marcha realizando un brusco ascenso ladera arriba hasta llegar al mirador de Collado Albo, un promontorio rocoso con excelentes vistas del Valle de la Fuenfría y Siete Picos. Girando a la izquierda, continuamos el ascenso, ahora no tan empinado, hasta alcanzar el Collado Albo.
Carlos R, desde la estación de Siete Picos, prefirió seguir paralelo al trazado del tren y luego por el propio vial, hasta enlazar con nosotros más adelante.
En la bonita pradera de Collado Albo, situada a 1.600 metros de altitud, la cota más alta de la ruta, paramos a tomar el tentempié de media mañana. Estamos en el bello lugar donde el Cóncavo de Siete Picos da paso al Valle de Navalmedio.
Tras el placentero descanso, iniciamos el descenso por la ladera hacia el este, en busca de la solitaria e histórica vía del ferrocarril, ahora desmantelada, que cruzamos.
La senda por la que continuamos tiene una fuerte pendiente, que nos obliga a bajar con mucho cuidado para no resbalar con las piedrecillas y piñas que hay en ella.
A unos 180 metros de la vía, en un excelente mirador natural, cómodamente tumbado en unas rocas, nos esperaba Carlos R.
Proseguimos el descenso, para pocos metros más adelante, dar con la entrada a la Mina de las Cortes de Navacerrada. Hay que estar atentos, porque está medio oculta por la vegetación y es fácil no dar con ella si no se tiene cuidado, como le pasó a dos compañeros.
Esta pequeña mina fue construida entre los años 1856 al 1859 para la extracción de pirita arsenical (arsenopirita).
Según parece, después de la Guerra Civil se intentó explotar durante un tiempo para extraer wolframio, material muy apreciado para el revestimiento de los cañones, y que llevó a buscarlo por toda la Sierra, como es el caso de la que se encuentra en Cabeza Líjar.
Se trata de una pequeña calicata de unos 3 metros, que desemboca en una galería de 30 metros de longitud con dos cortos ramales siguiendo el filón a derecha e izquierda.
Como curiosidad, al final encontramos un Belén y algunos recuerdos de grupos de montaña.
Visitada tan curiosa mina, continuamos el descenso, ahora por una senda muy evidente, que serpentea ladera abajo, hasta alcanzar el Camino del Calvario, que cruzamos, para enseguida pasar por un puente de madera el río Navalmedio y parar junto a la fuente de la Pradera de las Cortes.
Continuamos por el Camino del Calvario hasta dar con el río Navalmedio, que llevaba bastante agua, producto del deshielo procedente del puerto de Navacerada.
Justo antes de vadearlo, lo abandonamos para seguir por un sendero, bastante plano, que sale a la derecha del río y que bordea el embalse de Navalmedio por su cara norte.
Desde un roquedal que hay unos metros a la izquierda del sendero, algo más libre de vegetación, pudimos contemplarlo algo mejor el embalse, que estaba bastante lleno.
Tiene una capacidad de 11 hm³ y una superficie máxima de 93 hectáreas. Su función es regular las aguas del río para transvasarlas al embalse de Navacerrada, situado a los pies del vecino Valle de la Barranca.
Dejamos a la derecha el Cerro del Corral de Simón, una vez sobrepasado el embalse y en dirección sur seguimos por la senda que cruza las praderas de las Retuertas, con bonitas vistas de Cercedilla, hasta alcanzar el río Pradillo, Lo cruzamos por una pasarela de hormigón y conectamos con el GR-10, en su ascenso hacia Camorritos.
Nosotros continuamos por el Camino de las Retuertas en dirección sur, hasta alcanzar las primeras casas del pueblo, para enseguida llegar al polideportivo, y de ahí hasta el aparcamiento.
En el bar i Mateo, en la plaza del Caño de Cercedilla, celebramos el final de la ruta, degustando un estupendo menú.
Con los parajes visitados, curiosidades como la mina, el frescor de los arroyos y tan buen final solo se podía calificar a esta ruta con una buena nota, 5 estrellas le otorgo.
Paco Nieto
FOTOS























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