lunes, 9 de marzo de 2026

Excursión X558: Parque de la Cabilda, Monte Ejido y Dehesas de Hoyo de Manzanares

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,2 Km
Desnivel [+]: 137 m
Desnivel [--]: 137 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable:
Valoración: 4
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Quedamos en Hoyo de Manzanares con la intención de recorrer el Parque y Yacimiento Arqueológico de la Cabilda y después la ribera del arroyo de Manina. El cielo estaba muy nublado y había amenaza de lluvia.

Salimos de la cuadrangular y amplia Plaza Mayor, frete a la que fue su iglesia, hoy reconvertida en el Teatro Las Cigüeñas.

Cruzamos la plaza, que estaba en obras, hasta salir por detrás, donde se encuentra la fuente del Caño, que fue construida en 1845 íntegramente en granito, se compone de un pilón de planta oval, ejecutado con excepcionales piezas de gran porte, que recoge el agua, y en el centro una columna cuadrangular rematada por un piramidión, que se eleva hasta casi los dos metros de altura. De esta columna surgen dos caños de bronce en los lados más estrechos del pilón.

Continuamos en dirección al camino de Manzanares, dejando el polideportivo a nuestra izquierda, pasamos junto a un parque con zona de juegos para niños y, más arriba, junto a la entrada de La Colonia Vindel, una zona residencial de veraneo proyectada, a mediados de los años 40 por Marcelo Usera, caracterizada por chalets construidos con granito y ladrillo.

Seguimos hacia el Instituto Francisco Ayala, y al rebasarlo, giramos a la derecha para adentrarnos en el Parque de la Cabilda, por el que paseamos, primero yendo a ver un un alcornoque seco, a la izquierda, y después, a la derecha, el Yacimiento arqueológico de La Cabilda.

En los años 90 del siglo XX se descubrió este yacimiento y en el año 2005 se iniciaron los primeros trabajos en la zona con motivo de la ampliación del cementerio.

En consecuencia, se anunció el descubrimiento de restos arqueológicos correspondientes a una necrópolis visigoda y una serie de restos tardorromanos, con lo que los orígenes del poblamiento en la zona se remontarían desde la Edad Antigua, siglo VII, hasta la Edad Media, siglo XIII, entre seis y siete siglos anterior a lo que se pensaba.

Elementos significativos son veintitrés construcciones, una piedra de molino, un lingote de hierro, varias fusayolas, dos tumbas trabajadas en un bolo granítico (este sin datación por falta de contexto), cerámica, un pendiente de aleación de plata y cobre, un chatón de anillo con una inscripción en latín y un ponderal.

Desde el año 2014 se realiza de forma anual una excavación arqueológica abierta al público.

En ella se ofrece la posibilidad de participar como voluntario en la misma a todo aquél que esté interesado, se realizan también visitas guiadas, jornadas de puertas abiertas, conferencias, exposiciones y talleres permitiendo la participación activa de la sociedad en el conocimiento, conservación y protección del patrimonio histórico y natural.

Continuamos por el área recreativa anexa, donde hay una fuente, columpios y mesas, con la intención de salir a la zona conocida como El Hórreo, pero un muro con alambrada cerca todo el área, por lo que tuvimos que salir por la parte norte del parque, donde se encuentra la urbanización de Navagrande, donde contemplamos la fantasmagórica construcción inacabada que se encuentra al oeste de la misma.

Al otro lado de una alambrada, se nos acercó una manada de jabalíes esperando que les diésemos algo de comer, Se ve que están habituados a que los vecinos les lleven comida, porque no es la primera vez que los veo ahí.

En esta ocasión nos regalaron una tierna imagen de una jabalí amamantado a dos pequeños jabatos.

Tras recorrer unos 500 metros de pista de tierra, llegamos a la cantera granito rosa Juan Señora, ya abandonada, que se ha convertido en un pequeño estanque de agua en el que se reflejan las rocas de su entorno.

Es uno de los numerosos testimonios del importante pasado cantero de este municipio.

A su lado, se extiende una alargada cantera en forma de raja, de unos 400 metros de longitud, que nos acercamos a conocer, aprovechando un roto en la valla que la rodea. Ahora está inundada de agua en su mayor parte. 

Tras rodearla, recorrimos un buen tramo del Monte Ejido, el mayor de los montes públicos hoyenses, con 167,07 hectáreas, de las cuales 159,60 son públicas. 

Está cubierto de enebros, encinas y algún que otro alcornoque entre la vegetación. Pasamos junto a la tapia de la Academia del Arma de Ingenieros.

Fue inaugurada en 1948 y ocupa una superficie aproximada de 84 hectáreas. Limita al norte y al este con el campo de tiro y maniobras de El Palancar.

Junto a unas rocas de la zona de El Hórreo paramos a tomar el aperitivo de media mañana, un poco antes de lo habitual.

Tras el descanso echamos a andar de nuevo justo en el momento que una ligera llovizna nos obligó a sacar paraguas y ropa impermeable por un breve tiempo.

Cruzamos la carretera M-619, que va a Colmenar Viejo, y por una senda ascendimos al Cerro Camorrillo, giramos a la izquierda para seguir por una preciosa senda que desciende junto a un muro lleno de musgo y rodeada de encinas hasta dar con Cordel de Cerrastillero, donde giramos a la derecha, justo donde nace el arroyo de Valgrande. Antes se podía seguir sin girar, pero ahora una valla lo impide.

Continuamos hacia la izquierda, paralelos al incipiente arroyo. La idea inicial era seguir desde aquí rectos en busca del arroyo de Manina, pero el tiempo empleado en recorrer el Monte Ejido hizo que fuera imposible acometer este tramo si queríamos llegar puntuales al restaurante donde habíamos reservado. Por ello, nos desviamos a la derecha, por un estrecho sendero que sube a una loma en la que había muchas madrigueras de conejos.

Desde aquí descendimos al encuentro de una pista, pasando junto a una pequeña lagunilla en Cerro Plata, que conecta con la pista de los Campamentos a Las Colinas.

Un poco más adelante, nos topamos con un nutrido rebaño de cabras, dirigidas por un pastor y su perro. Nos dijo que había unas 600.

Algunas tenían tan grandes las tetas que les llegaban al suelo y caminaban con dificultad, otras estaban preñadas y la mayoría eran jóvenes y muy ágiles, se subían con facilidad a las rocas cercanas a la pista.

Más adelante me desvié a la izquierda para fotografiar el pilón de Navalvillar, que estaba a rebosar. La pista llega a la Casa de Navalvillar, cruza el arroyo Valdelasviñas y, en ligero ascenso, pasa junto a la Casa Mina Vallelaza y gira a la derecha.

Continuamos el ascenso por la pista, hasta dejarla al alcanzar un colladito, siguiendo por una senda que sale a la izquierda. Pasamos junto al Cerro de Trofa y continuamos por el Camino del Prado, que estaba algo encharcado, hasta llegar al puente Molineros. Construido con alargados bloques de granito, salva un arroyuelo que llevaba más agua de lo habitual.

Continuamos por la Calle Madrid y la carretera de Torrelodones (M-608) hasta el restaurante El Cerrillo, donde degustamos un estupendo menú, dando así por terminada esta bonita ruta, que bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto

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