Distancia: 11,7 Km
Desnivel [+]: 372 m
Desnivel [--]: 372 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 11
Desnivel [+]: 372 m
Desnivel [--]: 372 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 11
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
Nos reunimos en el aparcamiento de La Jarosa, el primero que se encuentra uno nada más llegar al muro de contención de la presa del embalse con el mismo nombre. El cielo estaba muy nublado, pero no había riesgo de lluvia.
Echamos a andar en dirección norte, junto al dique de la presa, que desde finales de los años 60, anegó el pequeño valle que le da nombre. A partir de este punto La Jarosa tiene aspecto de lago de montaña y regala atractivas panorámicas.
Al alcanzar la esquina continuamos de frente, por la amplia pista, rodeada de pinos, producto de varias reforestaciones de la zona, que en la época de la Guerra Civil era un terreno desforestado, esto explica la presencia de numerosos restos de esa época en forma de trincheras, fortines y búnker. La situación estratégica de Guadarrama, al pie del Alto del León y su cercanía a Madrid, hizo de esta zona la línea del frente en la Guerra Civil.
Tanto el ejército Nacional, llegando del norte, como el Republicano llegando desde Madrid, convergieron en esta zona. El resultado fue una guerra de trincheras, con posiciones que se movieron muy poco durante el conflicto.
Rodeamos el Cerro de la Viña por su vertiente este y, tras una curva a la izquierda, llegamos a un cruce de caminos en el que confluyen cinco posibles senderos.
Continuamos por el que, en dirección noroeste se conoce como Vereda del Agua, cuyo trazado transcurre junto a una de las numerosas canalizaciones, con restos aún visibles, que se tendieron desde estos montes para facilitarle el suministro de agua a Guadarrama, antes de la construcción del embalse. En las alcantarillas de la canalización se lee: REGIONES DEVASTADAS AÑO 1954.
La vereda, bastante plana, tiene unas estupendas vistas del arroyo de la Jarosa, que desciende por un pequeño cañón dando brincos entre las rocas a bastantes metros más abajo de donde estamos, rodea unos riscos y, al poco, la dejamos para seguir una bonita senda, que nos sale a la izquierda, con tendencia hacia abajo, que nos lleva a un precioso rincón, la unión del arroyo de la Chorrera con el arroyo de de los Álamos Blancos, origen del arroyo de la Jarosa.
Cruzamos ambos arroyos a pocos metros de su unión y descendimos hacia la izquierda para contemplar, unos metros más abajo, entre la vegetación, escondida entre grandes losas de granito, una atronadora caída de agua de unos 4 metros de altura, es la llamada Chorrera de la Jarosa, de gran belleza y que llevaba mucha agua, tras las lluvias pasadas.
Una vez fotografiada desde todos los ángulos posibles, retrocedimos a la zona alta de la cascada y regresamos sobre nuestros pasos a la senda que habíamos dejado, pasando por un caserón en ruinas, antigua vivienda de los resineros que explotaban antaño estos pinos.
A los pocos metros, alcanzamos un puente sobre el arroyo de la Chorrera, y enfrente, con gran ornamento, la fuente del Horcajo, en la pradera del mismo nombre.
Proseguimos por la pista que lentamente asciende entre frondosos pinos y cruza el arroyo de los Álamos Blancos, cuyo nacimiento lo tiene precisamente en la vertiente noreste del Cerro de los Álamos Blancos, de ahí su nombre.
Continuamos hasta el siguiente cruce de caminos, donde un compañero se desvió por el sendero que sale a la izquierda, para así ahorrarse la larga subida por la que el resto continuamos.
La pista realiza cuatro amplias curvas, alcanza un colladito y llega de nuevo al arroyo de los Álamos Blancos, que cruzamos por un puente. Desde aquí iniciamos un ligero descenso hasta alcanzar la Loma de Cerro del Cebo, con estupendas vistas del entorno.
Aquí abandonamos la pista para seguir, por la izquierda, un estrecho sendero, entre jaras y pinos, que desciende hasta una bonita pradera.
Le sigue un bosque con muchos pinos caídos, algunos medio secos, pero otros arrancados de cuajo tras las últimas borrascas con sus fuertes vientos. El paisaje era desolador. Nos preguntamos si alguien se ocuparía de recogerlos. Nos tememos que no.
Cruzamos el arroyo del Picazuelo, para descender, con suave pendiente, hasta alcanzar una pista de tierra donde nos esperaba nuestro compañero. Aprovechamos el encuentro para hacer una pausa y tomarnos el tentempié de media mañana.
Tras el descanso, descendimos todos juntos hasta llegar al Cerro de los Hornillos. Desde allí, ya todo fue bajada, primero por una pista en agradable paseo, que al llegar al arroyo de la Calle de los Álamos, ganó en belleza al descender paralelos al crecido arroyo, disfrutando del canturreo de sus saltarinas aguas y del frondoso bosque de pinos que da sombra al recorrido.
Finalmente, alcanzamos la pista que a los pocos metros nos llevó al Área Recreativa La Jarosa II. Pasamos junto al reformado chiringuito, que ha quedado muy mejorado. Cruzamos la carretera que bordea el embalse, y por una puerta de pescadores en el vallado, entramos a la verde pradera que rodea el embalse. Giramos a la izquierda y vadeamos el arroyo del Picazuelo, continuando por la orilla del embalse.
Las vistas desde aquí, siempre me han parecido espectaculares y hoy aún más por el cielo plomizo reflejándose es sus aguas de plata, un placer para los sentidos.
Si a eso le añadimos que desde aquí asoma a lo lejos la vertical y colosal Cruz de los Caídos, como si flotara en el cielo, la panorámica es ya celestial.
Para poder cruzar el arroyo de la Jarosa, tuvimos que volver a la carreta, dado el caudal que llevaba, y una vez pasado el puente, volvimos a entrar para seguir recorriendo la orilla, como si de una playa se tratara.
Fue en este tramo donde, con la ayuda de uno que paseaba a su perro por allí, nos hicimos la foto de grupo.
Dejamos a la izquierda los restos de una espadaña, entre la carretera y el embalse, que corresponden a lo que quedó de la antigua Ermita de San Macario, que formaba parte de la aldea de La Herrería, desaparecida en el siglo XVII. Pocas veces habíamos visto el embalse tan lleno, según los datos de esa semana, estaba al 80%.
Con el agua a nuestra derecha, recorrimos los metros que nos separaban del dique, junto al que unos pescadores se habían metido en el agua, con las botas apropiadas, en busca de las carpas y barbos que seguro abundan en el embalse.
Por una última puerta, accedimos a la carretera, que nos devolvería al punto de partida, dando así por finalizada esta bonita ruta por los pinares y arroyos de La Jarosa, y que con el buen menú que degustamos en el restaurante Casa Pozas Tartajo de Guadarrama, bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto





















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