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lunes, 30 de marzo de 2026

Excursión X562: Río Pradillo y Valle de Navalmedio desde Cercedilla

FICHA TÉCNICA

Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: x a x horas
Distancia: 11,6 Km
Desnivel [+]: 461 m
Desnivel [--]: 461 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
En esta ocasión unimos el Valle de la Fuenfría con el de Navalmedio desde Cercedilla, en una ruta con agua y sombra, entre pinares y dehesas.

Quedamos en Cercedilla, dejamos los coches en el aparcamiento subterráneo de la plaza Nueva y subimos por la escalinata de la Travesía de la Pontezuela hasta dar, en dirección norte, con el Camino Cerca de la Mata por el que continuamos en plácido paseo entre una densa y verde vegetación y fincas con ganado.

Cruzamos el arroyo de la Teja por un puente de hormigón y giramos a la derecha, en dirección este, siguiendo un encajonado camino llegamos al depósito de agua de Cantos Gordos, que abastece al pueblo.

Rodeando el depósito, proseguimos el ascenso por el Camino de Majavilán, coincidente con el GR-10, señalizado con marcas rojas y blancas, rodeados de robles y bonitos chalets con amplios jardines. Pasamos por el Camino Bajo, continuamos por el Camino de Majavilán y el Camino de las Tajas hasta Camorritos.

Cruzamos las vías del tren de Navacerrada y Cotos, ahora en plena renovación, con las catenarias instaladas pero a falta de la railes, y nos internamos en la colonia del mismo nombre, construida en 1923 por la compañía de la nueva línea férrea, la Sociedad de Iniciativas del Guadarrama. Debido a la personalidad de sus creadores, miembros del Club Alpino Español y la Institución Libre de Enseñanza, pronto alcanzó un gran éxito como lugar de veraneo entre aquellos que buscaban un retiro en la naturaleza.

Se edificó siguiendo modelos alpinos con villas de paredes de piedra y madera, en las que trabajaron afamados arquitectos de la época. Tal como reza en una placa, José de Aguinaga, ingeniero del Eléctrico del Guadarrama e impulsor de la colonia, están ligados a este lugar.

Cruzadas las vías de la ahora abandonada estación de Camorritos, continuamos por el Camino de las Encinillas, señalizado con las marcas del GR 10, para ir ascendiendo hasta la parte más alta e ir disfrutando de las vistas de algunas de las villas de más original arquitectura.

Coronada la colonia, giramos a la derecha para seguir en dirección noreste por la Senda de la Teja, que entre robles y pinos pronto alcanza el arroyo del Polvillo, represado por un muro de piedra. Lo cruzamos por un puente de cemento, del que el agua se ha llevado gran parte, y seguimos en cómoda pendiente ascendiendo entre pinos y helecho que dejan entrever las vías del tren al puerto de Navacerrada a nuestra derecha.

Al poco, llegamos a nuestro objetivo, el arroyo Pradillo, aprendiz de río, que entre grandes rocas desciende saltándolas con alegre murmullo. Nace 1,5 km más arriba, en la fuente de los Acebos.

Remontamos unos 200 metros el arroyo deleitándonos con pequeños saltos de agua que forma el arroyo en su descenso, hasta alcanzar uno especialmente bello, una bonita chorrera de más de dos metros de altura, rincón con encanto donde disfrutar de la frescura de su ribera y el rumor de sus aguas.

Volvimos sobre nuestros pasos para enseguida vadear sin complicaciones el arroyo. Por sendero casi plano llegamos a la altura de la estación de Siete Picos, pasando por una vieja casa con un porche, en buen estado, seguida de otra derruida sin tejado ni cubierta alguna, con piscina abandonada a su suerte.

La estación está en un lamentable estado de ruina, mucho la tendrán que rehabilitar para ponerla en servicio.

Desde allí contemplamos los trabajos que varios operarios estaban realizando sobre el trazado, de momento sin balastro ni vías, eso sí, con las traviesas apiladas a lo largo de lo que será la nueva vía.

Reanudamos la marcha realizando un brusco ascenso ladera arriba hasta llegar al mirador de Collado Albo, un promontorio rocoso con excelentes vistas del Valle de la Fuenfría y Siete Picos. Girando a la izquierda, continuamos el ascenso, ahora no tan empinado, hasta alcanzar el Collado Albo.

Carlos R, desde la estación de Siete Picos, prefirió seguir paralelo al trazado del tren y luego por el propio vial, hasta enlazar con nosotros más adelante.

En la bonita pradera de Collado Albo, situada a 1.600 metros de altitud, la cota más alta de la ruta, paramos a tomar el tentempié de media mañana. Estamos en el bello lugar donde el Cóncavo de Siete Picos da paso al Valle de Navalmedio.

Tras el placentero descanso, iniciamos el descenso por la ladera hacia el este, en busca de la solitaria e histórica vía del ferrocarril, ahora desmantelada, que cruzamos.

La senda por la que continuamos tiene una fuerte pendiente, que nos obliga a bajar con mucho cuidado para no resbalar con las piedrecillas y piñas que hay en ella.

A unos 180 metros de la vía, en un excelente mirador natural, cómodamente tumbado en unas rocas, nos esperaba Carlos R.

Proseguimos el descenso, para pocos metros más adelante, dar con la entrada a la Mina de las Cortes de Navacerrada. Hay que estar atentos, porque está medio oculta por la vegetación y es fácil no dar con ella si no se tiene cuidado, como le pasó a dos compañeros.

Esta pequeña mina fue construida entre los años 1856 al 1859 para la extracción de pirita arsenical (arsenopirita).

Según parece, después de la Guerra Civil se intentó explotar durante un tiempo para extraer wolframio, material muy apreciado para el revestimiento de los cañones, y que llevó a buscarlo por toda la Sierra, como es el caso de la que se encuentra en Cabeza Líjar.

Se trata de una pequeña calicata de unos 3 metros, que desemboca en una galería de 30 metros de longitud con dos cortos ramales siguiendo el filón a derecha e izquierda.

Como curiosidad, al final encontramos un Belén y algunos recuerdos de grupos de montaña.

Visitada tan curiosa mina, continuamos el descenso, ahora por una senda muy evidente, que serpentea ladera abajo, hasta alcanzar el Camino del Calvario, que cruzamos, para enseguida pasar por un puente de madera el río Navalmedio y parar junto a la fuente de la Pradera de las Cortes.

Continuamos por el Camino del Calvario hasta dar con el río Navalmedio, que llevaba bastante agua, producto del deshielo procedente del puerto de Navacerada.

Justo antes de vadearlo, lo abandonamos para seguir por un sendero, bastante plano, que sale a la derecha del río y que bordea el embalse de Navalmedio por su cara norte.

Desde un roquedal que hay unos metros a la izquierda del sendero, algo más libre de vegetación, pudimos contemplarlo algo mejor el embalse, que estaba bastante lleno.

Tiene una capacidad de 11 hm³ y una superficie máxima de 93 hectáreas. Su función es regular las aguas del río para transvasarlas al embalse de Navacerrada, situado a los pies del vecino Valle de la Barranca.

Dejamos a la derecha el Cerro del Corral de Simón, una vez sobrepasado el embalse y en dirección sur seguimos por la senda que cruza las praderas de las Retuertas, con bonitas vistas de Cercedilla, hasta alcanzar el río Pradillo, Lo cruzamos por una pasarela de hormigón y conectamos con el GR-10, en su ascenso hacia Camorritos.

Nosotros continuamos por el Camino de las Retuertas en dirección sur, hasta alcanzar las primeras casas del pueblo, para enseguida llegar al polideportivo, y de ahí hasta el aparcamiento.

En el bar i Mateo, en la plaza del Caño de Cercedilla, celebramos el final de la ruta, degustando un estupendo menú.

Con los parajes visitados, curiosidades como la mina, el frescor de los arroyos y tan buen final solo se podía calificar a esta ruta con una buena nota, 5 estrellas le otorgo.
Paco Nieto

jueves, 30 de marzo de 2023

Excursión X401: Conocer Madrid. Parque Juan Pablo II y Pinar de Barajas

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Metro Feria de Madrid
Final: Metro Feria de Madrid
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 7,1 Km
Desnivel [+]: 74 m
Desnivel [--]: 74 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3
Participantes: 1

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta







TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Después de realizar con mis compañeros un agradable paseo por el Parque Juan Carlos I, relatado en esta excursión, me fui a conocer el cercano Parque Juan Pablo II y el Pinar de Barajas.

Desde las cercanías del metro Feria de Madrid, donde comimos, descendí por la Avenida de la Capital de España, entre modernos edificios, hasta llegar a la rotonda donde se encuentra la estatua del "Cabezón", que es como popularmente se conoce al enorme busto del Monumento a Don Juan de Borbón.

Crucé la M-40 por el puente que va a dar a la siguiente gran rotonda, junto a la que hay una gasolinera. Al llegar al edificio de El Corte Inglés, giré a la derecha para acceder a una de las puertas de entrada del Parque Juan Pablo II.

Este parque está situado entre el Pinar de Barajas, la Avda. del Papa Negro, de las Piceas, de los Andes y la M-40, y es atravesado por la Avenida de Machupichu. El parque se inauguró el 4 de mayo de 2007, con una superficie de 10,41 ha.

Tiene dos partes, la primera corresponde al Jardín del Sol y el Agua, que se articula desde la plaza del reloj de sol, centro y foco de canales, plantaciones y caminos.

Acoge y fusiona plantaciones de especies tradicionalmente mediterráneas (olivo, vid y frutales) con otras de la moderna jardinería: jaras, madroños, lavandas, acacias, robles, granados y pinos.

El Jardín del Sol y el Agua es una representación ideal de los jardines mediterráneos, que intenta aglutinar las características más representativas de este tipo de jardines, con muchos de los árboles en flor.

Nos encontramos con una recreación de los dos elementos fundamentales para la vida, el Sol y el Agua.

En la plaza central se realza el agua en forma de cuatro láminas que configuran un trazado muy original, la representación del Sol se configura en la plaza central donde se sitúa un reloj de sol de grandes dimensiones.

La cara del reloj de sol es un círculo de 34 metros de diámetro, en el que están marcadas las líneas horarias y las líneas zodiacales correspondientes a Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. El gnomon o estilo está fabricado ee acero. Su forma es la de una vela latina que mide 4,54 metros de altura y que con la sombra de su arista superior marca las horas sobre las líneas señaladas en el pavimento.

Esta plaza se llamó originalmente Plaza del Reloj. El 25 de noviembre de 2013 se procedió a renombrarla como “Plaza de Luis Federico Sepúlveda“. Fallecido en 2012, Sepúlveda fue responsable de la Dirección General de Patrimonio Verde del ayuntamiento de Madrid, y uno de los responsables de la creación del parque de Juan Pablo II.

La zona temática recoge jardines mediterráneos, representativa de la evolución histórica de la jardinería mediterránea.

En ella se encuentra el Jardín de Oriente Próximo, el Jardín Medieval, el Jardín Árabe, el Palmeral o el Paraíso, todas ellas con el agua siempre presente, con juegos, ría, canaletas y albercas, pasarelas y mucha vegetación.

En la parte norte, queda la zona deportiva del parque, con una superficie de 2,8 Has. en la que destacan el campo de rugby profesional de hierba artificial y 2 pistas de pádel, además de la lámina ornamental y las zonas ajardinadas.

Existe un monolito conmemorativo en el que aparece inscrita la frase de Juan Pablo II: " Con mis brazos abiertos os llevo a todos en el corazón", dedicada al pueblo de Madrid con motivo de su visita en el año 2003.

Todo el Parque se riega con agua reciclada y un carril-bici de 2,8 kilómetros lo atraviesa. Dispone en total de 325 bancos, 21 aparcabicis y 4 zonas de juegos infantiles, así como de una zona canina.

Es un parque muy recomendable para ir con niños, aunque por ser un parque relativamente nuevo, durante los meses de calor, se echan de menos algunas zonas más de sombra.

Contiguo a éste, se encuentra el Parque del Pinar de Barajas, una hermosa zona forestal de casi 21 hectáreas que se extiende en su parte sur a lo largo de la A-2, en el tramo comprendido entre la C/ Peonías y la C/ Ignacio Sánchez Mejías, y en su parte norte a lo largo de la Avenida Carondelet.

Sorprende que pegado a una de las carreteras más transitadas de Madrid, exista esta joya, un bosque dentro de la ciudad, que te hace olvidar que estás en la capital del asfalto y el ladrillo.

Por sus senderos llegué hasta el final, pasando previamente por el Colegio San José del Parque.

El regreso lo hice siguiendo el llamado Paseo del Santo, que cruza el pinar de punta a punta, continuando por donde había venido hasta llegar de nuevo al metro de la Feria de Madrid, dando así por finalizado este agradable recorrido, que puntúo con 3 estrellas.
Paco Nieto

Excursión X400: Conocer Madrid. Parque Juan Carlos I. Zona Norte

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Parque Juan Carlos I. Madrid
Final: Parque Juan Carlos I. Madrid
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 7,3 Km
Desnivel [+]: 41 m
Desnivel [--]: 41 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Queríamos con esta primera salida iniciar una serie de rutas o paseos con el fin de conocer parques, zonas singulares o culturales de Madrid, pues a pesar de que algunos hemos vivido en la capital, el trabajo o falta de tiempo, no nos ha facilitado el poder conocer, como se merece, Madrid.

Y a propuesta de Flor, que ejerció de anfitriona y guía, nos fuimos hasta el Parque de las Naciones, metro de Feria de Madrid, para encontrarnos con ella en la puerta cercana al "Cabezón", que es como popularmente se conoce al enorme busto del Monumento a Don Juan de Borbón.

La obra, creada por el escultor y arquitecto madrileño Víctor Ochoa, se realizó en 1994 mediante una suscripción popular promovida por el diario ABC para homenajear a Don Juan de Borbón y Battemberg, conde de Barcelona y padre del rey Don Juan Carlos I, fallecido el 1 de abril de 1993.

Por ello, fue este monarca quien inauguró el monumento el 27 de junio de 1994.

Es una de las piezas (la nº 1) que integra la llamada Senda de las Esculturas, un recorrido artístico-didáctico por todo el parque donde se percibe las vinculaciones entre el Arte y la Naturaleza, a través de una serie de creaciones de diferentes escultores que exhiben una gran variedad de propuestas estéticas.

El Parque fue concebido como un moderno contrapunto oriental a la popular Casa de Campo. Está realizado sobre terrenos ocupados anteriormente por superficies baldías (vertederos y escombreras) y por un antiguo olivar centenario, el de La Hinojosa (hoy Reina Sofía), que con sus más de 21 hectáreas y sus cerca de 2.000 ejemplares de olivo se integra en la composición general como una pieza destacada.

Alberga, entre otras muchas cosas, un lago, y una ría (en los que poder practicar deportes náuticos), carril bici, un tren y un servicio de alquiler de bicicletas, ambos gratuitos, un auditorio al aire libre, una colección de esculturas al aire libre y un centro de actividades. Fue abierto al público en 1992 con motivo de la celebración de 'Madrid capital europea de la cultura'.

Todo ello formó parte de la actuación urbanística del Campo de las Naciones, una de las más significativas llevadas a cabo en la capital a finales del siglo XX, que incluye también los nuevos Recintos Feriales y una zona adyacente de oficinas y servicios.

Las obras del parque dieron como resultado un recinto de concepción geométrica y abstracta, que tiene como elemento organizador y diferenciador esencial un gran anillo que funciona, además de como referencia simbólica de perfección, como distribuidor o paseo preferente, de tres kilómetros de longitud por 40 metros de anchura.

Flor nos llevó, como primera parada, al "Monumento a la Paz", (la nº 18 de la Senda), de Yolanda D'Augsburg, Brasil, 1992, de origen brasileña pero con profundas raíces hispanas, esta autora internacional ensalza en sus obras el espíritu de acogimiento de la tierra, las raigambre y toda la herencia sociocultural de un país.

Consta de tres elementos simbólicos, estrechamente entrelazados, que, pese a la aparente rigidez de sus materiales, se flexibilizan sugiriendo un abrazo de envolvente plasticidad. El primero de ellos, un gran cuerpo de acero corten llamado "las Raíces de España" brota reciamente asentado sobre el bloque de hormigón del pedestal, reflejando la solidez y la fuerza del proceso de Paz. Conmemora la Conferencia de Paz, que tuvo lugar en Madrid en 1991 entre israelíes y palestinos y que a la vista está, no fue muy duradera.

Tras su contemplación, ascendimos al Estanque del Paseo Central, una lámina de agua que, junto a otras similares, se distribuyen por todo el recinto.

Frente al colosal puente que cruza una de las rías, giramos a la izquierda para ir a contemplar la dedicada al "Homenaje a las víctimas del terrorismo", (la nº 22 de la Senda), se trata de un robledal de roble rojo americano (Quercus rubra L.), que fue plantado por la embajada de los Estados Unidos en recuerdo de todas las víctimas del terrorismo.

Se inauguró en el décimo aniversario del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Estos árboles simbolizan la fortaleza y la resistencia de los pueblos español y estadounidense, y de los pueblos de todas las naciones que han sufrido actos de terrorismo.

Hay plantados 10 árboles, uno por cada año transcurrido hasta su inauguración desde el brutal atentado a las "Torres Gemelas"; también un pequeño monolito con una placa de la embajada de los Estados Unidos.

La especie Quercus rubra L., originaria de Norteamérica, se encuentra en las regiones central y oriental de Estados Unidos y en zonas de Canadá. En otoño adquiere un impresionante color rojizo.

Esta especie alcanza una altura de 25 a 30 metros. La hoja es caediza, elíptica, pinnada, glabra y peciolada con 7 a 11 lóbulos profundos y dentados.

Detrás, a lo lejos, pudimos contemplar "Vigas", autor Jorge Du Bon, (la nº 2 de la Senda). Pieza erigida sobre un cerro, enlazando la arquitectura con la plástica en una combinación de materiales de gran robustez, lo que unido a lo elevado del terreno dota a la pieza de gran majestuosidad.

Su distribución entorno a un eje diagonal y la proyección al cielo de las vigas, ligeramente curvadas, intentan proyectar al espacio todo un manifiesto de libertad y expansión sobre el terreno, testigo de la historia.

La mineralización con el entorno es notoria con la sobriedad en el tratamiento cromático de los materiales, acentuada por el juego de luces y sombras.

Un poco más adelante, pasamos frente a la escultura "Monolona Opus 397", de Miguel Berrocal, (la nº 3 de la Senda). Concebida dentro de una serie de esculturas que representan formas recostadas, esta obra se nos muestra en rotundidad elevándose levemente sobre superficie con ánimo insinuante.

Tiene múltiples puntos de vista sus formas de inspiración humana se entrelazan en un juego de tensiones de evocación clásica pero ahora reinterpretados por la mano del artista.

Conviven el primitivismo simbólico con una intención figurativa, en un acto de entrelazar dos visiones de arte.

Como una venus moderna, esta pieza de modernos materiales parece sintetizar todo un tratado artístico del ser humano.

Continuamos por el amplio camino hasta la siguiente escultura, denominada "Encuentros", autor Mustaffa Arruf, (la nº 2 de la Senda). Obra conmemorativa del V centenario de la ciudad de Melilla. Ubicada sobre una explanada de césped lo que la hace próxima al viandante. Así, la pudimos recorrer en todo su perímetro y sentir el abrazo que parece insinuarnos.

Forma parte de una composición repartida entre Bruselas, Melilla y Madrid como homenaje a la interculturalidad, pero las sugerencias son innumerables: fraternidad entre naciones, historia común, participación de los pueblos en un mismo proyecto. Toda una definición del modelo de convivencia.

Más adelante, nos acercamos a ver la pirámide solar. Desde el año 2008 el Parque Juan Carlos I ha implantado toda una serie de medidas de cara a conseguir una adecuada eficiencia energética, sustituyendo la flota de vehículos diésel por una de propulsión eléctrica e implementando toda una serie de mejoras en la instalación del Parque.

Se sustituyeron la mayor parte de las luminarias por un modelo más eficiente y con menor contaminación lumínica. Se instalaron baterías de condensadores para reducir las pérdidas por energía reactiva y se acoplaron variadores en las bombas de recirculación de la ría.

Se ideó como medio para resguardar a los vehículos que la componen, a la vez de proporcionar la energía eléctrica necesaria para su funcionamiento. De 38 metros de arista en la base y de 18 metros de altura en su cúspide, la pirámide está forrada en sus caras por un muro cortina de paneles fotovoltaicos. La energía solar captada durante el día se transforma en energía eléctrica por medio de unos inversores en corriente continua. Al final de la jornada de trabajo los vehículos recargan sus baterías utilizando la energía almacenada.

Continuamos el recorrido pasando junto a la bella escultura "Fisicromía para Madrid", de Carlos Cruz Díez, (la nº 5 de la Senda).

Original pieza en las que forma y color se combinan de forma sorprendente basada en una secuencia laminar de multitud de colores proyectada por toda la obra y en los efectos visuales producidos en función de la luz y la posición del viandante. Estas sensaciones se acentúan por la estructura alabeada de cuarenta metros, apoyada, casi levitando sobre dos pilares. Así, la pieza se proyecta en el espacio casi hasta el infinito, fundiéndose con el entorno. Situada en una encrucijada de senderos y casi en el límite del parque, parece indicarnos lo inabarcable del paisaje.

Pasando junto a una de las rías, nos desviamos a la izquierda para acercarnos a ver la escultura "Sin título", situada en en un cerro artificial, conocido como la Pirámide II, del madrileño José Miguel Utande, fue instalada 1992, (la nº 6 de la Senda). A ella se llega ascendiendo por un camino que recorre de forma cuadrangular la loma de la pirámide hasta alcanzar su cumbre, con buenas vistas al parque y al campo de golf Parque de las Naciones, que queda muy cerca.

Descendimos para encaminarnos a conocer el "Pasaje Azul", diseñada por el escultor rumano Alexandru C. Arghira, (la nº 7 de la Senda). A medio camino entre arquitectura y escultura, la obra se mimetiza con el entorno utilizando idénticos materiales vegetales, creando suaves ondulaciones que transcurren paralelas al paisaje circulante. Dividida en tres calles longitudinales y una trasversal, es esta última la que crea tensión en el conjunto. Abre una brecha que se introduce en la obra, dando de esta manera aspecto de vivienda.

Esta idea se acentúa por la utilización de ladrillo tradicional, las ventanas ciegas y el tono azulado de las paredes interiores.

Evocación del paisaje autóctono del autor, ruina viviente, escultura en movimiento, muchos son los denominadores comunes de esta obra.

Desde allí, nos acercamos al estanque norte, en el que agua de la ría cae desde tres sucesivos escalones situados a diferentes alturas a través de alargados saltos que quieren resaltar la fuerza del agua.

Subimos por una pasarela que salva la ría y llegamos al Mirador de Invierno, un privilegiado rincón con estupendas vistas de la ría.

Un lugar perfecto para tomarnos un descanso junto a un ciprés de Leyland y unos alisos. Junto a un singular banco paramos a tomar el tentempié de media mañana, para no perder nuestras buenas costumbres senderistas antes de continuar nuestro grato recorrido por el parque mientras un grupo de piragüistas cruzaban la ría.

Pasamos por otro mirador antes de llegar a la escultura "Homenaje a Galileo Galilei", de Amadeo Gabino, (la nº 8 de la Senda). Erigida en honor del fundador de la física moderna y renovador de nuestra visión cósmica. De clara intención poética, los diversos ornamentos giran en torno a un vacío central. La grandiosidad constructivista, los diversos juegos de planos de cada pieza y el rigor de líneas y movimientos del conjunto, transfieren a esta pieza unidad y diversidad simultáneas. El cambio de color de los materiales le transfiere un carácter máfico y aprovecha el reflejo sobre el agua para unir plástica, poesía y astrofísica.

Continuamos hasta llegar a la estufa fría, un pequeño jardín botánico de unos situado en una estructura semi cerrada que aprovecha sistemas de calefacción pasivos para conseguir un microclima en su interior.

Se construyo en 1996, a base de hormigón y cristal. Existen unas 200 plantas exóticas en 12 espacios distintos, destacando el jardín japonés.

Desde allí, cruzamos el Olivar de la Hinojosa, parándonos a contemplar la lápida conmemorativa que recuerda el hermanamiento entre este olivar y el peruano Bosque del Olivar de San Isidro en Lima, donde en 1560 se plantaron los primeros olivos de América por orden del procurador español Antonio de Rivera.

Con olivos centenarios, es un bello recordatorio de aquellos mares de olivos manchegos y andaluces situados un poco más al sur, recordados por Antonio Machado:

¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!

Continuamos hasta el Jardín de las Tres Culturas, un ámbito específico, aunque plenamente integrado en el conjunto del Parque, que se destina a conmemorar y celebrar la singular convivencia que, durante los siglos medievales, se dio en España entre las grandes civilizaciones surgidas a partir de las tres principales religiones monoteístas: judía, cristiana e islámica.

Se ubica en el cuadrante noreste del anillo, entre un tramo de la Ría y el Olivar Reina Sofía, respetando el trazado de los paseos y la cuadrícula que organiza esta zona del parque.

Concebido como símbolo de tolerancia y respeto mutuo, y planteado como un recorrido temático, el jardín se fundamenta sobre dos criterios esenciales: la integración de los tres espacios, fácilmente identificables, en un conjunto formalmente unitario pero orgánicamente articulado; y la independencia funcional, sin ningún tipo de jerarquía, entre todos ellos.

Así, el proyecto no pretende reconstruir ningún jardín existente o desaparecido, sino crear con materiales modernos un jardín actual como homenaje contemporáneo a estas tres culturas milenarias. La Trilogía presenta como punto común e integrador una gran plataforma circular elevada (el Paraíso, reflejo de Perfección) de la que parten cuatro acequias (los Cuatro Ríos), que está precedida por una puerta simbólica (el Árbol de la Vida) a la que se accede por una Pasarela-puente que se inicia en una Plaza de acceso situada en uno de los paseos del parque, junto al mencionado olivar centenario.

Ese círculo central dominante es el punto de partida de los distintos jardines que, en posición igualitaria y unidos entre sí por un paseo concéntrico, se definen por su forma cuadrada como referencia simbólica a los cuatro puntos cardinales.

Cada uno de ellos se encuentra singularizado, además de por su composición, sus especies vegetales y una selección de citas literarias, por la presencia de diversos hitos y elementos acuáticos propios de un jardín.

El Jardín Judío (o Vergel de Granados) recrea la planta de la Ciudad Ideal, rodeada por una Muralla, con una gran Fuente-manantial formada a partir de la Estrella de David y con un Estanque-oasis en el extremo; el Jardín Cristiano (o Claustro de las Cantigas) se inspira a un claustro medieval, con su Puerta-campanario, su Columnata perimetral y su Templete central rodeado por cuatro Estanques-graderíos; y el Jardín Islámico (o Estancia de las Delicias) se configura como un jardín geométrico en varios niveles, enmarcado por cuatro Torretas-palomares y presidido por un Pabellón central que da cobijo a una Fuente de mármol que, a su vez, abastece a dos grandes Albercas ubicadas en un extremo.

Una vez recorridos los tres recintos, nos acercamos a contemplar el espacio dedicado al "Homenaje a las víctimas del Holocausto", creada por el escultor judío de origen sefardí Samuel Nahón, (la nº 19 de la Senda), se realizó como homenaje a todas las víctimas del Holocausto nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Una de las esculturas en madera parece mostrar a un hombre portando a otro en brazos.

Se trata de un grupo escultórico, fruto de un convenio firmado en 2005 entre el Ayuntamiento y la Comunidad Judía de Madrid.

Salimos por la puerta noroeste dirigiéndonos hacia el metro, parando a comer antes en uno de los muchos bares que hay frente a los pabellones de la Feria de Madrid, dando así por finalizada esta bonita excursión por uno de los parques más modernos de Madrid. Cuatro estrellas le otorgo.

Nos queda pendiente el recorrido por la zona del sur del Parque.
Paco Nieto