Distancia: 12,1 Km
Desnivel [+]: 421 m
Desnivel [--]: 421 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 12
Desnivel [+]: 421 m
Desnivel [--]: 421 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 12
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
Cuando realice la excursión X295 por la Vía Verde de Alcoy, me encantó el entorno del río Polop y me quedé con ganas de conocerlo mejor, por eso no dudé en apuntarme a la convocatoria de Antonio Lautriz en la que invitaba a recorrerlo con el encanto añadido del otoño.
Me acerqué al punto de inicio, el mismo que la vez anterior, el barrio de Batoy de Alcoy (Batoi en valenciano), junto al Parque Poeta Pastor Aycart. En ausencia de Antonio, nos iba a guiar José Antonio G, que a las 9:30 enfiló la calle Montgó para descender en busca del río Barxell o Riquer, como también le llaman.
El sol intentaba iluminar el cielo abriéndose paso entre las densas nubes. El descenso hacia el río fue un deleite para los sentidos. El murmullo del agua fluyendo y el canto de los pájaros me acompañaron en cada paso.
Al llegar al río Riquer, me sentí como si hubiera entrado en un mundo aparte, donde el tiempo parecía detenerse.
Pasamos junto a lo que queda del Molí del Romá, levantado en el 1781. En el último cuarto del siglo XIX se sustituyó la energía hidráulica por una máquina de vapor, por lo que se le añadió una chimenea de 9 metros de altura con base cuadrada, hasta 1913 no se electrificó.
Desde allí, continuamos por el SL-CV-25.7 hacia el río Polop, disfrutando de la frescura del entorno y la belleza de la vegetación que nos rodeaba.
Por una pasarela de madera cruzamos a la orilla derecha del río, que un poco más adelante nos ofrece una pequeña y bonita cascada, en la represa que se construyó para llevar el agua al molino.
El sonido del agua corriendo entre las rocas nos acompañaba, anunciando la presencia de un paisaje fluvial lleno de vida. La vegetación era exuberante, con árboles que se inclinaban sobre el cauce, creando un ambiente fresco y sombreado, era como si hubiéramos entrado en un mundo aparte, donde el tiempo parecía detenerse.
Tras un cerrado meandro, pasamos frente al molino de la Mesquita y enseguida llegamos a la fuente del Quinzet, un bonito rincón con mesas de madera.
En una de ellas, otros senderistas se estaban dando un buen atracón aderezado hasta con una botella de vino, ¡eso sí que es un buen almuerzo!
Cuando no había agua corriente en la casas, los vecinos de Batoy venían a esta fuente a llenar los cántaros con los que se abastecían del preciado elemento.
Cerca hay otra bella cascada producida por la presa que se construyó para el azud que llevaba el agua al cercano molino de la Mesquita que acabábamos de contemplar.
Justo aquí desemboca el río Polop y por su ribera derecha continuamos disfrutando de la frescura del entorno y la belleza de la vegetación que lo rodea.
Poco después, pasamos bajo el imponente puente de las Siete Lunas, una estructura colosal construida para facilitar el paso del tren, con sus arcos perfectamente alineados sobre el río.
Cruzamos un par de puentes de madera antes de alcanzar el siguiente hito en la ruta: el Rincón de San Buenaventura (Racó de Sant Bonaventura).
Este lugar es simplemente mágico, el agua se remansa en una balsa después de caer en cascada formando pequeñas pozas de un verde intenso, rodeadas de rocas musgosas y vegetación frondosa.
Cruzamos el río por un puente y subimos por unas escaleras a contemplar las cascadas de los Canalons. El sonido del agua cayendo era hipnotizante.
Nos entretuvimos un buen rato para admirar el paisaje y tomar algunas fotos, sintiendo la energía del agua que ha esculpido este lugar durante siglos.
Tras el descanso, continuamos el ascenso, subiendo por un sendero que sale a la derecha, con maderos en el suelo a modo de traviesas de escalera y una barandilla protectora también de madera.
Después descendimos hasta el cauce del río, que cruzamos por una pasarela de madera a la que le sigue un entretenido y emocionante paso junto al paredón, al filo del agua, en el que una cadena ayuda a no caer al río.
Un poco más adelante, pasamos junto a la pequeña Font del Ranxeret, con un buen caño de agua escondido entre la maleza. Le siguen otras dos pasarelas que nos cambian alternativamente de ribera, alcanzando a continuación las ruinas de un antiguo horno de cal, un panel informativo da detalles de su uso.
Otra pasarela nos devuelve a la margen derecha donde podemos contemplar una hermosa charca verde y varios saltos de agua antes de iniciar otro tramo con cadenas al que llaman el "paso de la muerte", por salvar un tramo rocoso en pendiente algo aéreo, pero que cuidado se hace hasta divertido. que añadió un toque de aventura a la ruta. Aquí, el sendero se vuelve más técnico, pero las vistas y la sensación de superación lo hacen inolvidable.
Pasado el peligro, nos relajamos contemplando las sucesivas pozas que las cascadas forman en este angosto paso, y las singulares y puntiagudas formas rocosas de los Canalons.
La senda continua por un tramo áspero que gana altura para luego bajar de nuevo al río para cruzarlo por un par de pasarelas, tras lo cual fuimos a ver un abrigo cueva, que en la década de 1920 a 1930 era utilizado por los miembros de la Sociedad Naturista Cultural como base de su pequeño paraíso.
Pasado otro abrigo, conectamos con el GR-7, Sendero de Gran Recorrido que va de Andorra al estrecho de Gibraltar, atravesando cuatro Comunidades.
Por él continuamos, cruzando el río Paulop por enésima vez, ahora convertido en un pequeño arroyuelo tras su cercano nacimiento.
En plácido paseo, pronto divisamos a lo lejos el Castillo de Barxell, encaramado a un cerro. En sus proximidades, dejamos el GR-7 y, siguiendo una estrecha senda, subimos a verlo.
Esta fortaleza medieval, aunque en ruinas, impresiona por su ubicación estratégica y su historia. Desde allí, las vistas de Alcoy y sus alrededores son espectaculares, el esfuerzo valió la pena.
Entremedias de solitarios muros, una higuera es lo único que queda vivo entre tanta desolación. Tras las fotos de rigor, descendimos, por otro sendero, hacia la Ermita y Caserío de Barxell, un lugar tranquilo y lleno de encanto, antigua arquería de la que se da mucha información aquí.
Continuamos en dirección este, atravesamos unos campos de cultivo y nos internamos en un pinar hacia el mirador del Salto.
El mirador ofrece una vista impresionante de por donde habíamos caminado y de todo el valle. Cerca de allí, visitamos el yacimiento paleolítico del Salto, un recordatorio de que estas tierras han sido habitadas desde tiempos inmemoriales. Hablamos de una población neandertal, articulada en grupos no muy numerosos que eligieron este enclave para instalarse hace unos 60.000 años. Aquí más información.
Continuando el descenso, conectamos con la Vía Verde de Alcoy, un camino que discurre por el itinerario de un antiguo tren proyectado entre las poblaciones de Agost y Alcoy.
El sendero acondicionado como vía verde es de 10 km, una parte del recorrido total previsto para dicho tren, proyecto que nunca vio la luz. Hoy se presenta como un remanso de paz que atraviesa un bosque mediterráneo en el corazón del Parque Natural del Carrascal de la Font Roja.
Atravesamos el Viaducto del Barxell, con estupendas panorámicas, y a continuación el túnel del Riquel, de 153 metros de longitud, que nos trasporta a otra época. En la entrada del túnel hay una fuente de agua no potable situada junto a un banco de madera, a nuestra izquierda.
Recorrimos los pocos metros que nos separaban del punto de inicio de la ruta y en la terraza del cercano bar El Pontet comimos un menú que puso el broche de oro a esta ruta por parajes rodeados de naturaleza y de historia, en una jornada llena de descubrimientos que bien se merece 5 estrellas.
Paco Nieto
FOTOS
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