lunes, 13 de febrero de 2023

Excursión X387: Miradores del Alto Lozoya y Cerro de Peña de la Cruz

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Lozoya
Final: Lozoya
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15 Km
Desnivel [+]: 549 m
Desnivel [--]: 549 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Hace un par de años fuimos a conocer el Sabinar de Lozoya en esta ruta y Flor propuso hacer una parecida pero que incorporaba además una visita a los miradores que han habilitado por la Dehesa Umbría del Alto Lozoya.

Quedamos en el pequeño aparcamiento que hay en el km 14,1 de la carretera M-604, a la salida de Lozoya si se viene de Rascafría. E día era soleado y con una temperatura ideal para caminar.

Bajo unos hermosos ejemplares de rebollos, comenzamos a andar en dirección al arroyo del Villar, que cruzamos por un puente para enseguida girar a la izquierda y pasar bajo el túnel de la carretera, por una pasarela que deja el arroyo a nuestra izquierda.

Remontamos el arroyo, en dirección noreste, dejándolo siempre a nuestra izquierda, por un incipiente bosque de robles, que tenían sus hojas caídas en el suelo cubiertas de rocío.

Al poco, pasamos junto a una fuente de piedra con un alargado pilón dividido en dos partes y lleno de verdina y musgo que le daba un toque romántico.

También el muro de piedras que servía de límite al sendero ofrecía un aspecto similar, al estar muy recubierto de musgo de un verde intenso.

Un poco más arriba, en la zona conocida como La Umbría, el arroyo se retuerce en un par de meandros muy cerrados, momento en el que la senda se separa un poco de él para volverlo a cruzar 3 km más arriba, después de atravesar el robledal, en el que también vimos algún pino, fresno, enebro y hasta alguna sabina camuflada entre ellos.

Con excelentes vistas al valle y Peñalara al fondo, pasamos junto a un corral, con cerca de maderos para agrupar al ganado y rampa para subirlo a los camiones y hasta vimos unos retazos de nieve de apenas unas cuartas, que a broma nos permitieron decir que en esta ruta habíamos pisado nieve.

Nada más cruzar el arroyo, accedimos a la pista de tierra del Camino de Navarredonda. Pasamos una barrera y giramos a la derecha para continuar, en dirección sureste, por el Camino de Manolo, ruta creada en honor de Manuel Fernández Martín, vecino caminante de Navarredonda, que dejó su huella para que sigamos su senda que conduce a contemplar  la belleza de este paisaje.

La ruta discurre por la Dehesa Umbría, cuyo nombre evoca el histórico aprovechamiento desde tiempo inmemorial de estas tierras para el pastoreo, carboneo y saca de leña por estas lomas de poco sol al estar orientadas al norte.

En leve ascenso, cruzamos por una pasarela de madera un pequeño arroyo, en medio de un joven robledal, en el que abunda la retama y el piorno.

Al poco alcanzamos el mirador el Descanso de Manuel, presidido por un banco de madera, es un balcón privilegiado sobre el valle, que abarca unas amplias panorámicas de los Montes Carpetanos al norte, Somosierra, Cebollera y Peña la Cabra al este, y la Sierra de la Cabrera al sur, las estribaciones que circundan los pueblos blancos que adornan estos paisajes.

Tras las fotos de rigor, continuamos unas decenas de metros más hasta llegar al mirador del Valle Medio del Lozoya, también con banco de madera desde donde contemplar el paisaje.

Aquí paramos para tomar el tentempié de media mañana mientras nos extasiamos con la bonita panorámica del valle, en el que fuimos poniendo nombre a los pueblos que alcanzábamos ver: Navarredonda, San Mamés, Gargantilla del Lozoya, Pinilla de Buitrago, por mencionar solo los más cercanos.

Fuimos a visitar un último mirador, el de la Dehesa Umbría, desde el que nos dimos la vuelta volviendo sobre nuestros pasos hasta desviarnos hacia el suroeste, para ascender junto a un muro de piedra que delimita el término municipal de Navarredonda con Gargantilla del Lozoya.

Superado el muro, conectamos con una pista con huellas de rodaduras que remonta por terreno despejado, con algunos conglomerados aislados de robles, en la zona conocida como los Espinosos.

Al llegar a los Collados, se sugirió desviarnos un poco sobre lo previsto para subir al Cerro de la Cruz, y que al mencionar Carlos que tenía vértice geodésico, no lo dudamos, ¡con lo que me gustan a mi los vértices!

Remontamos la ladera yéndonos hacia la izquierda directos a unos riscos, en los que había un caseta, que presumimos era de observación de aves.

El Cerro de la Cruz no está entre las cumbres más altas del Valle de Lozoya. Con sus 1.513 metros de altitud, pasa desapercibido entre tanta montaña. Sin embargo, su situación en el centro del valle, lo convierten en un estupendo mirador de éste y, en especial, del embalse de Pinilla y su entorno.

Tras los postureos que solemos hacer en los vértices, descendimos por su falda oeste para ir al encuentro de la senda que habíamos dejado, justo en el collado del Portillo, completando así el triángulo que habíamos realizado.

Cruzamos un muro de piedra y continuamos, en dirección suroeste,  por la cuerda, en moderado ascenso, guiados por hitos, por prados, enebros, robles y encinas. ascendiendo a continuación un poco hasta alcanzar el Cerro del Chaparral, siguiendo una estrecha senda.

Un ligero desvío a la derecha nos ofreció la oportunidad de contemplar, todo el valle desde un roquedal. Descendimos un poco hacia el collado de las Fuentes, donde superamos un muro caído para continuar nuestro caminar y donde por fin vimos los primeros ejemplares de sabinas, pero ni una fuente.

Al poco, ante nosotros, el esperado promontorio rocoso del mirador del Chaparral, con unas insuperables vistas del majestuoso valle del Lozoya y el embalse de Pinilla, que recordaba de mis anteriores visitas pero que no por eso me dejan de sorprender.

Es como asomarte al mar por primera vez, se le corta a uno la respiración contemplando los reflejos en el agua. Una solitaria cruz cuadrada preside el espolón del mirador.

Aquí nos explayamos en fotos y más fotos para avivar este recuerdo que seguro permanecerá para siempre en nuestras retinas.

Salimos hipnotizados dirección al embalse por la derecha del mirador, y nada más iniciar el descenso, llegamos a una de las joyas de la naturaleza, el Sabinar de Lozoya, de carácter relicto, es decir, que no se corresponde con las características climáticas de hoy en día, sino con las de épocas pasadas, las propias de bosques esteparios preglaciales que conocieron su apogeo en épocas más frías y secas del Cuaternario. Por eso se adaptan bien en zonas con un duro clima continental.

Estamos rodeados de muchos ejemplares de sabina albar, fácilmente reconocible por su forma cónica y por su hoja en forma de escamas de un verde intenso y falsos frutos azulados. Se suelen desarrollar entre los 1.100 y los 1.300 metros de altitud, aquí están a unos 1250 metros, robándole el espacio a los robles, adaptado y reducido a este lugar por unas condiciones favorables a su desarrollo: bastante inclinación, mucha radiación solar al estar en la solana, escasez de agua en el subsuelo, que da lugar a un monte aclarado, con árboles espaciados, en los que les acompaña enebros y plantas aromáticas como cantuesos, lavandas o tomillos.

Actualmente parecen sentenciados a desaparecer, al encontrarse muy fragmentados y sobre territorios que parecen adversos para la vegetación arbórea, tampoco ayuda el que sean árboles de crecimiento muy lento, que llegan a cumplir edades superiores a 2000 años. Son junto con los tejos y los olivos, los árboles más viejos del continente europeo.

En la Comunidad de Madrid la presencia de sabina es escasa y dispersa, lo que convierte el Sabinar de Lozoya, con 80 ha, en un bosque único.

La sabina era considerado árbol sagrado para los íberos por su hoja perenne, su gran fortaleza y su gran versatilidad. Precisamente estas virtudes han esquilmado su población al ser utilizadas como vigas y tablones en la construcción de las casas.

Con el objetivo cumplido, continuamos el descenso, disfrutando de varios miradores naturales donde seguir admirando las vistas del valle y el embalse.

Tras la empinada bajada, llegamos a las inmediaciones de la presa de Pinilla, a cuyo mirador nos acercamos después de cruzar la carretera M-604 por dos portones, una a cada lado, que debemos dejar cerrados para que no se escape el ganado.

El mirador es también un refugio abierto, con información de las aves y migratorias y sedentarias que pueden verse en el entorno. 

Tiene unas espléndidas panorámicas del embalse. Disfrutando de las magníficas vistas del mar de agua, bordeamos el embalse por el bucólico Camino Natural del Valle de Lozoya, hasta cruzar por un puente el arroyo del Villar, y de allí al aparcamiento donde habíamos dejado los coches.

En Lozoya disfrutamos del menú que nos sirvieron en el restaurante el Valle de Lozoya, completando del mejor modo posible este estupendo día, que bien se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 6 de febrero de 2023

Excursión X386: Valle de la Angostura desde el Puerto de Cotos con nieve

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos. Rascafría
Final: Puerto de Cotos. Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11 Km
Desnivel [+]: 467 m
Desnivel [--]: 467 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta 















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Como viene siendo costumbre, a lo largo del fin de semana se proponen las rutas para realizar la salida de los lunes con el grupo Por Valles y Montañas. Es una buena forma de empezar la semana.

Esta temporada había nevado tarde y con las buenas temperaturas diurnas de los últimos días, probablemente la nieve no iba a durar mucho, así que había que aprovechar. Por diferentes motivos se pensó hacer un recorrido tranquilo desde el Puerto de Cotos y parte del Valle de la Angostura. Es una ruta clásica que se había realizado en alguna otra ocasión en diferentes épocas del año.

Amaneció un día muy bonito, soleado, algo frío pero sin viento. Nos encontramos con menos gente de la esperada en el aparcamiento. En esta ocasión éramos 10 participantes y dos perritas.

Iniciamos la ruta cruzando la carretera M-604, y nos dirigimos hacia el circuito de fondo de esquí. Al llegar a las escaleras de madera, parte del grupo nos pusimos los minicramprones. Carlos R había pertrechado bien a las perritas con muy buenos forros.

El circuito de fondo de esquí recorre en parte el Camino Viejo del Paular (GR-10) hasta La Pradera. Es una zona habilitada de unos 5 km de longitud. En su inicio hay dos casetas de madera con un montón de carteles de prohibiciones a los que Jorge M les hizo sendas fotos: “No se permite paso de caminantes, ni deslizamiento con plásticos, ni trineos, ni perros…”, pero en esta ocasión no parecía que estuviese operativo, ni había vigilancia. Con cuidado nos adentramos en el camino. Había nieve, aunque no en exceso pero tenía una pequeña película helada.

Seguimos hasta La Pradera, una amplia zona con unas estupendas vistas de Guarramillas, Valdemartín y las impresionantes Cabezas de Hierro. Esta zona era conocida como la Pradera de los Guerrilleros, en la época de la guerra civil había puestos de observación y vigilancia, y todavía a día de hoy se pueden ver restos de estas construcciones.

En la pradera nos desviamos a la izquierda, y nos adentramos en un bosque por predominio de pinos albares. Esta parte era toda de bajada.

Cruzamos por un puente de madera sobre el arroyo del Toril. Había bastante nieve, aunque con calvas por algunas zonas y, continuando el descenso, llegamos a un paraje más abierto, el Camino de las Vueltas.

Este sendero estaba mucho más despejado, con mayor variedad de vegetación, y a nuestra derecha fuimos observando parte de las montañas que forman Cuerda Larga. Esta senda iba casi en paralelo a la carretera M-604. Al llegar a la confluencia con dicha carretera la cruzamos con precaución. Nos encontramos una barrera con un cartel informativo donde indicaba que no se podía pasar ni aparcar. Se trataba del inicio de una pista de uso exclusivo de forestales.

Continuamos descendiendo por este bello bosque, serpenteando por una zona de zetas. Había que tener cuidado, dado que bajo la nieve había una capa de hielo. Los que llevábamos los minicramprones caminábamos sin MAYOR problema, pero alguno que no los llevaba se dio algún resbalón.

Nos encaminábamos hacia el arroyo de La Laguna. A Carlos R le preocupaba no poder atravesarlo con las perritas por lo que se desvió hacia el puente de piedra.

El resto continuamos por la pista forestal y pasamos por el arroyo de La Laguna. Llegamos hasta el arroyo de la Angostura y lo cruzamos por el Puente de los Hoyones que, aunque tenía nieve, se podía cruzar fácilmente. Nos volvimos a encontrar con Carlos R que venía a nuestro encuentro por la otra orilla. En esta zona hicimos una pequeña parada para tomar un tentempié y la foto de grupo.

A continuación iniciamos el ascenso. Nos mantuvimos paralelos al río, sin encontrar senda ni huellas anteriores, y con algunas zonas heladas.

A partir de aquí empezamos a contemplar una sucesión de pequeñas cascadas con caprichosas formas heladas sobre las piedras y abundante vegetación en las orillas del arroyo, incluso llegamos a ver un trozo de hielo esculpido en forma de pato.

Se trataba de una zona umbría, pero dejaba pasar rayos de sol que se reflejaban en el hielo provocando unos increíbles contrastes. Cada rincón era más bonito que el anterior, y sin duda candidatos a ser fotografiados.

Al llegar al puente de piedras dos integrantes del grupo iniciaron el regreso al Puerto de Cotos por el camino que habíamos traído. Habíamos quedado en reunirnos con ellos en Venta Marcelino.

A partir de aquí tomamos la pista forestal cubierta por nieve, que por el día en parte se derrite, pero las bajas temperaturas de la noche hacen que se formen placas de hielo. No obstante, continuamos avanzando sin demasiada dificultad. Las perritas mantenían perfectamente el ritmo disfrutando el camino.

Dado que Carlos R no llevaba los minicramprones, decidió desviarse hacia la izquierda por una pista forestal al llegar a una bifurcación. No quería que las perritas pasaran por zonas complicadas, escarpadas y/o heladas. Sin embargo, posteriormente nos contó que tuvo que subir unos aproximadamente 200 metros de desnivel sin rastro de sendero ni huellas previas debido a la abundante nieve. En muchos momentos tuvo que llevarlas en brazos. Nos relató que, si hubiera continuado subiendo un poco más por la pista, la dificultad y el esfuerzo hubiera sido sensiblemente menor.

El resto seguimos hacia el arroyo de las Cerradillas y allí se acababa la tranquilidad y empezaba la aventura. Tratábamos de seguir el track pero, como se había grabado en una ruta en ausencia de nieve, había que buscarse la manera de ir remontando las pronunciadas pendientes como podíamos, sin senda ni huellas previas, de la mejor manera posible.

En no pocas ocasiones nos hundíamos hasta la rodilla y en otras nos encontrábamos con hielo. Veíamos el arroyo abajo, demasiado cerca y no era nada apetecible bañarnos en unas aguas tan frías o, lo que era peor, darnos un buen golpe con las piedras y el hielo.

Desde el camino vimos la Poza de Joselu, un sitio impresionante en primavera-verano, para relajarse y disfrutar del entorno.

Jorge M y Carlos B nos iban abriendo camino. Nuestro siguiente objetivo era llegar a la Cascada Escondida o de los Tejos. Estos árboles fueron considerados mágicos desde la antigüedad, los celtas utilizaban su savia para impregnar de veneno las flechas, y con su madera construían arcos de gran resistencia y flexibilidad.

A esta cascada se accede atravesando dos bloques de piedra pero no fue posible dado que el camino hasta las piedras estaba helado y con musgo resbaladizo.

Proseguimos el camino hacia arriba con gran desnivel, pero continuábamos hundiéndonos. Volvíamos a bajar. Nuestra intención era llegar a conectar con el PR-27 porque cruzar el arroyo era imposible. Y volvíamos a subir como podíamos, entre pinos, ramas y más hielo.

Por fin Jorge M, que en ese momento iba por delante, pudo encontrar el camino hacia el sendero.

Mucho más cómodos, pudimos continuar hasta llegar al puente que cruza el arroyo de Guarramillas.

Sin dudarlo bajamos unos metros para visitar la Poza de Sócrates. Una auténtica maravilla. Estaba en parte congelada por los laterales y parecía que le habían salido dos inmensas alas.

En verano el escaso caudal hace que pierda parte del encanto, no era el caso de hoy, que con el fuerte estruendo del agua al caer desde sus más de 6 metros de altura nos pareció un rincón fantástico.

Regresamos de nuevo al puente en donde algunos comieron, otros tomaron un tentempié, y otros se reservaron para ingerir algo más contundente en la Venta Marcelino.

Tomamos el PR-27 y subimos hasta el Refugio del Pingarrón, gestionado por la Comunidad de Madrid y que se encontraba cerrado. Seguimos ascendiendo, alcanzando enseguida la pradera que mejores vistas ofrece de Cabezas de Hierro, que nevadas, aún eran más imponentes. Cruzamos la carretera M-861 que conduce a las pistas de Valdesquí y a la izquierda continuamos por el PR-31 que nos condujo hasta el Puerto de Cotos.

Cuando llegamos al aparcamiento lo encontramos casi al completo. Un gran cambio con respecto a la mañana debido a que a la salida de los colegios los padres suben a sus hijos para que disfruten con los trineos y de la nieve.

Al sol nos estaban esperando en una mesa el resto del grupo, Carlos R, Teresa, Jorge I. Ellos ya habían comido y el resto tomamos cafés, refrescos, judiones y morcilla. Alguno se atrevió incluso a mezclar café con morcilla…

Aquí dimos por concluido este día que se preveía tranquilo y relajado y se convirtió en “una aventurilla” debido a que las rutas y los tracks cambian mucho dependiendo de la estación del año y las condiciones climatológicas. En cualquier caso fue un estupendo día y un maravilloso recuerdo.

Por la increíble y preciosa ruta, el día soleado, la estupenda aventurilla, y sobre todo la inmejorable compañía, le adjudico una puntuación de 4,5 estrellas.
Ara Sánchez

sábado, 4 de febrero de 2023

Excursión X385: Pasarela de la presa de Relleu

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Relleu
Final: Relleu
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 10 Km
Desnivel [+]: 253 m
Desnivel [--]: 253 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Habíamos oído hablar mucho de la pasarela que habían construido en la presa de Relleu y como en verano estaba siempre saturado, lo dejamos para otra ocasión y pensamos que este día podía ser un buen momento para conocer el pequeño "Caminito del Rey de Alicante", como popularmente ya se le conoce.

La logística para gestionar la visita a la pasarela se complica un poco cuando se trata de grupos, pues el acceso está regulado en periodos de 15 minutos, con un máximo de 15 personas en cada uno de ellos. Pero al final cuadró el número de asistentes y reservamos para el turno de las 11:45.

Aunque se puede salir de un aparcamiento a escasamente 1,5 km de la entrada, preferimos iniciarla en Relleu, desde donde hay que caminar unos 5 km para llegar a la pasarela, un paseo con un desnivel muy llevadero.

Este tranquilo pueblo de origen musulmán está situado en el interior de la comarca de la Marina Baja, de tradición agrícola y escasa población.

Relleu en valenciano significa "relieve" o "relevo", debe su nombre a la accidentada orografía que conforma su término municipal.

Cuenta con un castillo y varias torres, declarados Bien de Interés Cultural, pero si es conocido es por su pantano, construido sobre el lecho del río Amadorio, la presa del hasta ahora solitario embalse se sitúa a la entrada de un angosto y espectacular desfiladero conocido como L’Estret del Pantà (el estrecho del pantano), por el que en enero de 2022 se construyó la famosa pasarela, su mayor atracción turística actualmente.

Quedamos junto al restaurante Casa Alta Vista, donde al final de la ruta la mayoría nos quedaríamos a comer. Poco después de sonar las 10 en el reloj de la iglesia, iniciamos la ruta, dirigiéndonos hacia ella por las estrechas calles del pueblo.

Un reloj de sol en la pared, da paso a la recoleta plaza de la Iglesia, con bella portada que no pudimos visitar por estar cerrada.

Continuamos calle abajo, girando a la izquierda para subir por unas escaleras con una imagen de San Pedro al final de ella, dando paso a la calle Victoria desde la que tuvimos una estupenda panorámica de las ruinas del castillo y de la ermita de San Alberto.

Una fuente con una cruz preside un balcón de imponentes vistas al final de la calle. Salimos del casco urbano en dirección sureste, por un camino paralelo a la sinuosa carretera CV-755 que va a El Campello.

En el horizonte una blanca nube parecía estar posada cerca del suelo, pero al ascender y tener una mejor perspectiva, comprobamos que se debía al humo de unas quemas que se estaban haciendo en el valle, de todas formas, la estampa era preciosa.

Pasamos por encima de la depuradora, cruzamos la mencionada carretera y proseguimos por un camino agrícola entre bancales de algarrobos, olivos centenarios y sobre todo almendros, cultivo tradicional de la zona que, a causa de la bacteria xylella fastidiosa, ha visto mermada su extensión en la provincia de Alicante.

Pasado el primer kilómetro de la ruta, llegamos al lecho del Barranco de la Cova, uno de los cauces que tributan sus aguas al pantano de Relleu. 

Desde la escarpada ladera, se tienen unas magníficas vistas de este pequeño barranco, mucho menos largo y profundo que el de la pasarela.

Por unas tablas de madera cruzamos el lecho del río Amadorio, hoy completamente seco. Proseguimos subiendo una pequeña cuesta que deja un corral hecho con piedras a nuestra izquierda, estamos en el antiguo camino de herradura, “El Camí de les Ripalmes o del Fasamais”, que ha sido recuperado del olvido. Aún son perceptibles las antiguas balsas de riego y las acequias que permitían hacer llegar el agua a los cultivos.

Siguiendo las abundantes señalizaciones que hay en postes situados en cada posible desvío, alcanzamos unas casas en ruinas .

Un poco más adelante, los restos de un horno de cal, utilizada en la fabricación de morteros para la construcción de viviendas, muros o para el enlucido de las paredes de las casas, siguiendo la tradición introducida en la península por los romanos.

Éste y otros cercanos, se utilizaron para la fabricación de la cal que mezclada con el relleno de mampostería sirvió para la construcción del muro de la presa del siglo XVIII de Relleu.

Más adelante pasamos junto a un pino monumental, poco antes de llegar a un cruce de caminos desde donde parte el camino a la presa, el único trayecto de debemos recorrer de ida y vuelta.

Estamos a menos de un kilómetro de la entrada a la pasarela. Bordeando lo que sería la lámina de agua del embalse, llegamos a la Casa del Guarda. En la actualidad, el lecho del embalse está parcialmente colmatado de sedimentos y permanece seco la mayor parte del tiempo, salvo en época de lluvias abundantes.

Esta presa fue construida para abastecer de agua a los habitantes y tierras de Villajoyosa, ya que, debido a las continuas sequias, propias del clima mediterráneo, les habían llevado a abandonar sus cultivos por falta de agua.

Sus quejas a Felipe IV surtieron efecto y aprobó la construcción de esta presa en 1653, que tras varios litigios fue proyectada por Cristóbal Antonelli en 1607 y terminada de construir en 1689, lo que la hace, al igual que la de Tibi o de Elche, de las más antiguas de Europa.

Durante los siglos XVIII y XIX se realizaron obras de ampliación de la presa. En 1777 y 1877 se recreció el muro.

Tiene una altura de 32 metros (originalmente eran 28) y una longitud de 30 metros. Se considera uno de los más estrechos y altos de su época, gracias a aplicar técnicas novedosas, con una construcción en forma de arco-bóveda que traslada el empuje del agua a las paredes del barranco.

La construcción en 1957 del embalse de Amadorio, aguas abajo de ésta, llevó al abandono al antiguo y condenó al olvido a esta magnífica obra de ingeniería hidráulica, situada en un entorno natural de gran belleza y valor ambiental.

Enseguida llegamos a la vertical de la presa, punto donde comienza la vertiginosa pasarela. Una caseta de madera instalada recientemente hace de puesto de control, habilitada para regular el acceso, debido a la gran afluencia de público.

Aquí abonamos 2€ por entrada, tarifa aplicable para grupos de 15, si no hubieran sido 2,5€ para mayores de 11 años y 1,50 € para pensionistas, jubilados y niños hasta 11 años. En el 2026 pasó a costar 3,5€, precio único. Aquí enlace a más información y procedimiento de reserva.

Y sin demora, comenzamos la aventura, primero cruzando un puente de madera que da acceso a una plataforma cuadrada en forma de mirador del cañón por el que discurre el resto de la pasarela de tablones de madera, apoyados en voladizo en la pared del desfiladero, que tiene unos 212 metros de longitud y 50 de altura al final de los cuales alcanzamos un mirador con suelo de cristal.

A primeros del año 2024 se inauguró la primera ampliación de la pasarela, que ha ganado 150 metros más. Tal como se informa aquí, están previstas dos ampliaciones más.

La pasarela en sí, aunque muy aérea, no conlleva ninguna dificultad y no hace falta equiparse con material de seguridad por no tratarse de una vía ferrata.

La parte más vertical es el tramo final y el que más impone, tanto es así que algunos no llegan hasta él por miedo, ni que decir tiene que no es apta para personal con vértigo.

Tras las innumerables fotos, de regreso paramos a tomarnos el tentempié de media mañana junto a las dos mesas de madera que hay bajo la caseta de control, después volvimos por el mismo camino hasta la intersección que nos lleva por la otra parte de la ruta circular, de regreso a Relleu en una ligera subida.

Esta zona de la ruta tiene más asfalto, al hacerse parte de la misma por la carretera que comunica el pueblo con el pantano, jalonada de bonitas casas rurales.

Un pinar a nuestra derecha nos permitió reagruparnos a la sombra antes de desviarnos de la carretera, bajar a un barranco y conectar con la carretera de entrada al pueblo, donde comimos en agradable ambiente.

En resumen, una excursión estupenda, con muchos alicientes, la impresionante pasarela sobre el desfiladero y mejor compañía, hicieron que esta ruta la califiquemos con la máxima nota, 5 estrellas.
Paco Nieto