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sábado, 4 de febrero de 2023

Excursión X385: Pasarela de la presa de Relleu

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Relleu
Final: Relleu
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 10 Km
Desnivel [+]: 253 m
Desnivel [--]: 253 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Habíamos oído hablar mucho de la pasarela que habían construido en la presa de Relleu y como en verano estaba siempre saturado, lo dejamos para otra ocasión y pensamos que este día podía ser un buen momento para conocer el pequeño "Caminito del Rey de Alicante", como popularmente ya se le conoce.

La logística para gestionar la visita a la pasarela se complica un poco cuando se trata de grupos, pues el acceso está regulado en periodos de 15 minutos, con un máximo de 15 personas en cada uno de ellos. Pero al final cuadró el número de asistentes y reservamos para el turno de las 11:45.

Aunque se puede salir de un aparcamiento a escasamente 1,5 km de la entrada, preferimos iniciarla en Relleu, desde donde hay que caminar unos 5 km para llegar a la pasarela, un paseo con un desnivel muy llevadero.

Este tranquilo pueblo de origen musulmán está situado en el interior de la comarca de la Marina Baja, de tradición agrícola y escasa población.

Relleu en valenciano significa "relieve" o "relevo", debe su nombre a la accidentada orografía que conforma su término municipal.

Cuenta con un castillo y varias torres, declarados Bien de Interés Cultural, pero si es conocido es por su pantano, construido sobre el lecho del río Amadorio, la presa del hasta ahora solitario embalse se sitúa a la entrada de un angosto y espectacular desfiladero conocido como L’Estret del Pantà (el estrecho del pantano), por el que en enero de 2022 se construyó la famosa pasarela, su mayor atracción turística actualmente.

Quedamos junto al restaurante Casa Alta Vista, donde al final de la ruta la mayoría nos quedaríamos a comer. Poco después de sonar las 10 en el reloj de la iglesia, iniciamos la ruta, dirigiéndonos hacia ella por las estrechas calles del pueblo.

Un reloj de sol en la pared, da paso a la recoleta plaza de la Iglesia, con bella portada que no pudimos visitar por estar cerrada.

Continuamos calle abajo, girando a la izquierda para subir por unas escaleras con una imagen de San Pedro al final de ella, dando paso a la calle Victoria desde la que tuvimos una estupenda panorámica de las ruinas del castillo y de la ermita de San Alberto.

Una fuente con una cruz preside un balcón de imponentes vistas al final de la calle. Salimos del casco urbano en dirección sureste, por un camino paralelo a la sinuosa carretera CV-755 que va a El Campello.

En el horizonte una blanca nube parecía estar posada cerca del suelo, pero al ascender y tener una mejor perspectiva, comprobamos que se debía al humo de unas quemas que se estaban haciendo en el valle, de todas formas, la estampa era preciosa.

Pasamos por encima de la depuradora, cruzamos la mencionada carretera y proseguimos por un camino agrícola entre bancales de algarrobos, olivos centenarios y sobre todo almendros, cultivo tradicional de la zona que, a causa de la bacteria xylella fastidiosa, ha visto mermada su extensión en la provincia de Alicante.

Pasado el primer kilómetro de la ruta, llegamos al lecho del Barranco de la Cova, uno de los cauces que tributan sus aguas al pantano de Relleu. 

Desde la escarpada ladera, se tienen unas magníficas vistas de este pequeño barranco, mucho menos largo y profundo que el de la pasarela.

Por unas tablas de madera cruzamos el lecho del río Amadorio, hoy completamente seco. Proseguimos subiendo una pequeña cuesta que deja un corral hecho con piedras a nuestra izquierda, estamos en el antiguo camino de herradura, “El Camí de les Ripalmes o del Fasamais”, que ha sido recuperado del olvido. Aún son perceptibles las antiguas balsas de riego y las acequias que permitían hacer llegar el agua a los cultivos.

Siguiendo las abundantes señalizaciones que hay en postes situados en cada posible desvío, alcanzamos unas casas en ruinas .

Un poco más adelante, los restos de un horno de cal, utilizada en la fabricación de morteros para la construcción de viviendas, muros o para el enlucido de las paredes de las casas, siguiendo la tradición introducida en la península por los romanos.

Éste y otros cercanos, se utilizaron para la fabricación de la cal que mezclada con el relleno de mampostería sirvió para la construcción del muro de la presa del siglo XVIII de Relleu.

Más adelante pasamos junto a un pino monumental, poco antes de llegar a un cruce de caminos desde donde parte el camino a la presa, el único trayecto de debemos recorrer de ida y vuelta.

Estamos a menos de un kilómetro de la entrada a la pasarela. Bordeando lo que sería la lámina de agua del embalse, llegamos a la Casa del Guarda. En la actualidad, el lecho del embalse está parcialmente colmatado de sedimentos y permanece seco la mayor parte del tiempo, salvo en época de lluvias abundantes.

Esta presa fue construida para abastecer de agua a los habitantes y tierras de Villajoyosa, ya que, debido a las continuas sequias, propias del clima mediterráneo, les habían llevado a abandonar sus cultivos por falta de agua.

Sus quejas a Felipe IV surtieron efecto y aprobó la construcción de esta presa en 1653, que tras varios litigios fue proyectada por Cristóbal Antonelli en 1607 y terminada de construir en 1689, lo que la hace, al igual que la de Tibi o de Elche, de las más antiguas de Europa.

Durante los siglos XVIII y XIX se realizaron obras de ampliación de la presa. En 1777 y 1877 se recreció el muro.

Tiene una altura de 32 metros (originalmente eran 28) y una longitud de 30 metros. Se considera uno de los más estrechos y altos de su época, gracias a aplicar técnicas novedosas, con una construcción en forma de arco-bóveda que traslada el empuje del agua a las paredes del barranco.

La construcción en 1957 del embalse de Amadorio, aguas abajo de ésta, llevó al abandono al antiguo y condenó al olvido a esta magnífica obra de ingeniería hidráulica, situada en un entorno natural de gran belleza y valor ambiental.

Enseguida llegamos a la vertical de la presa, punto donde comienza la vertiginosa pasarela. Una caseta de madera instalada recientemente hace de puesto de control, habilitada para regular el acceso, debido a la gran afluencia de público.

Aquí abonamos 2€ por entrada, tarifa aplicable para grupos de 15, si no hubieran sido 2,5€ para mayores de 11 años y 1,50 € para pensionistas, jubilados y niños hasta 11 años. En el 2026 pasó a costar 3,5€, precio único. Aquí enlace a más información y procedimiento de reserva.

Y sin demora, comenzamos la aventura, primero cruzando un puente de madera que da acceso a una plataforma cuadrada en forma de mirador del cañón por el que discurre el resto de la pasarela de tablones de madera, apoyados en voladizo en la pared del desfiladero, que tiene unos 212 metros de longitud y 50 de altura al final de los cuales alcanzamos un mirador con suelo de cristal.

A primeros del año 2024 se inauguró la primera ampliación de la pasarela, que ha ganado 150 metros más. Tal como se informa aquí, están previstas dos ampliaciones más.

La pasarela en sí, aunque muy aérea, no conlleva ninguna dificultad y no hace falta equiparse con material de seguridad por no tratarse de una vía ferrata.

La parte más vertical es el tramo final y el que más impone, tanto es así que algunos no llegan hasta él por miedo, ni que decir tiene que no es apta para personal con vértigo.

Tras las innumerables fotos, de regreso paramos a tomarnos el tentempié de media mañana junto a las dos mesas de madera que hay bajo la caseta de control, después volvimos por el mismo camino hasta la intersección que nos lleva por la otra parte de la ruta circular, de regreso a Relleu en una ligera subida.

Esta zona de la ruta tiene más asfalto, al hacerse parte de la misma por la carretera que comunica el pueblo con el pantano, jalonada de bonitas casas rurales.

Un pinar a nuestra derecha nos permitió reagruparnos a la sombra antes de desviarnos de la carretera, bajar a un barranco y conectar con la carretera de entrada al pueblo, donde comimos en agradable ambiente.

En resumen, una excursión estupenda, con muchos alicientes, la impresionante pasarela sobre el desfiladero y mejor compañía, hicieron que esta ruta la califiquemos con la máxima nota, 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 4 de febrero de 2019

Excursión X164: Los Molinos del río Cofio

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
El Pimpollar
Final: El Pimpollar
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15 Km 
Desnivel [+]: 374 m 
Desnivel [--]: 374 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
El río Cofio es un afluente por la izquierda del Alberche -este, a su vez, tributario del Tajo-. Discurre por las provincias de Ávila, en la que tiene su fuente, y de Madrid, donde desemboca en el embalse de San Juan, construido sobre el río Alberche. Su recorrido sigue, en líneas generales, la vertical norte-sur y se extiende a lo largo de 51 km.

Antaño era conocido como el río de los Molinos. Nace en la unión de los arroyos de Valtravieso y de las Herreras, en la Sierra de Malagón, y hace de frontera entre Santa María de la Alameda y las Navas del Marqués a lo largo de cinco kilómetros, que se recorren en esta ruta en la que conoceremos siete molinos, o lo que queda de ellos.

Para ello nos acercamos en coche a la urbanización El Pimpollar, junto a la estación de Santa María de la Alameda, que es el término más septentrional de la comarca “Sierra Oeste” de Madrid, en los límites de Ávila, Segovia y Madrid.

Echamos a andar cruzando por encima el túnel del ferrocarril, caminando en dirección norte por una amplia pista entre pinos hacia el Molino Nuevo, en la zona conocida como La Grulla.

Los charcos del camino completamente congelados dan idea de las temperaturas nocturnas que estamos teniendo. A poco más de un kilómetros nos encontramos las primeras casas del Molino Nuevo. 

Dejamos una fuente a nuestra izquierda y llegamos a la zona de La Palomilla, donde nos desviamos a nuestra izquierda para acercarnos a ver una acequia utilizada para el riego de las fincas colindantes, separadas unas de otras por anchos muros de piedra.

De regreso al camino, continuamos el paseo sin cambiar de dirección por la zona conocida como La Cabrera, contemplando prados en los que pastan unas tranquilas vacas con sus terneros.

Al llegar a una bifurcación, continuamos por la pista de la izquierda, que nos lleva directamente al río Cofio, justo al vado que en condiciones normales permitiría el paso al otro lado del mismo, pero que hoy era imposible de cruzar sin llevarse un buen remojón.

Tocaba pues, buscar el puente que a unos 700 metros río arriba nos permitiría pasar a la otra orilla del río.

Retrocedemos para ello y seguimos la pista que traíamos, que entre pinos y enebros se aleja del río siguiendo una cerca de piedra, que tenemos que saltar al poco de cruzar un arroyuelo, para no alargar en exceso el encuentro con el puente sobre el Cofio de la carretera AV-P 308, que va de las Navas del Marqués a Pequerinos. En él nos hacemos la foto de grupo.

Nada más cruzar el puente, giramos a la derecha para contemplar los restos del primer molino de la ruta, del que queda el cubo -muy cegado- y parte del canal (caz). Unos metros más arriba contemplamos la unión del arroyo Valtravieso y el de las Herrreras, punto donde nace el río Cofio. El paraje es de gran belleza y merece la pena llegar hasta él.

Regresamos hacia la carretera, dejando ahora el molino a nuestra izquierda. Cruzamos la carretera y andamos unos 200 metros por ella, abandonándola por la izquierda para seguir una pista que entre prados con vacas, que nos miraban desafiantes, se acerca al río justo por el punto donde intentamos vadearlo. Como ya había hambre, sentados en unos troncos paramos a comernos los bocadillos.

Continuamos acompañando al río en su descenso por la margen derecha del mismo, del que nos separamos unos metros para saltar un muro de piedras.

De nuevo en la orilla del río, nos sorprende contemplar una estupenda poza que forma el río en uno de sus meandros.

Al rebasar el siguiente recodo, hallamos entre pinos resineros, chopos, sauces y fresnos ribereños las ruinas del segundo molino de la jornada, el molino de la Palomilla.

Contemplamos los restos de lo que fue el edificio principal, de la regadera, en forma de pozo vertical que acaba en un ángulo muy pronunciado que es el que dirige el agua y le da velocidad, antes de encauzarla de nuevo hacia el río.

Tras las fotos pertinentes, continuamos el descenso junto al río, que con su agradable murmullo nos ameniza el recorrido.

El río en ensancha al llegar a unos bonitos lanchares graníticos formando pequeños saltos y pozas que le dotan de gran belleza a este paraje de verdes ribazos, donde a duras penas se distinguen las ruinas de los llamados molinos Juntos, el tercero de nuestro recorrido.

Pocos metros más abajo llegamos al Molino Nuevo, el que mejor estado de conservación tiene. La regadera y tramo de caz hasta la rampa es espectacular, empedrado con el antiguas piedras de moler. Aún son reconocible sus instalaciones, aunque penosamente se sostienen las paredes. Se pueden ver incluso las piedras de moler en su sitio, se entrevén las aspas y su sistema de movimiento por el agua y la salida de aguas al río.

Poco después nos asomamos entre zarzas y escombros al interior del molino de la Fabriquilla, con su caz muy deteriorada y acabada en rampa, el quinto molido del día.

Continuamos el descenso, y nos cruzamos con el arroyo de Poveda o del Trampal, que remontamos un poco para observar sus bonitos saltos de agua y poder vadearlo más fácilmente.

Pasamos bajo el colosal viaducto del ferrocarril Madrid-Ávila, junto al cual podemos contemplar los restos de una construcción donde hay un sorprendente dibujo de un oso.

A pocos metros nos topamos con los restos casi irreconocibles del molino del Prao Mora, el sexto, también acabado en rampa.

Entre pinos, chopos, sauces y fresnos ribereños cruzamos el arroyo de la Palomera, alcanzamos un puente de cemento que comunica con la urbanización del Pimpollar, pero lo ignoramos para continuar el descenso del Cofio por la misma orilla derecha que traíamos.

Justo donde el río realiza un cerrado meandro a la izquierda, cruzamos el arroyo Robledillo y contemplamos los bonitos saltos de agua nada más finalizar el meandro.

Poco antes de alcanzar el séptimo y último resto de molino del día, apenas perceptible, su caz en rampa es sin embargo bien visible. así como el desagüe, tapado con grandes losas de granito.

Proseguimos por una senda paralela al río que pronto da a una robusta cerca de alambre que delimita una finca, teniendo que avanzar dificultosamente entre ella y el río. Pasamos el arroyo de los Bocinos mientras la vegetación se hace cada vez más espesa.

Nuestro empeño de llegar hasta la desembocadura del del río Aceña al Cofio, se ve truncada a poco más de 700 metros de conseguirlo por las zarzas y matorral que nos impiden proseguir.

Desandamos parte del camino, pasando junto a una puerta que a la ida no vimos que da acceso libre a la otra parte del vallado, pero ya era tarde y nos quedamos sin ver el encuentro de los dos ríos.

Pasado de nuevo el arroyo de los Bocinos, para enseguida desviarnos a la derecha, cruzamos el río Cofio por una pasarela y ascendemos por las calles situadas al este del Pimpollar hasta alcanzar el aparcamiento donde habíamos dejado los coches.

Las cervezas de celebración nos las tomamos en el bar de Santa María Estación, dando así por finalizada esta ruta que bien se merece 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS