viernes, 19 de febrero de 2021

Excursión X264: Chorrera de La Jarosa

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Jarosa
Final: 
La Jarosa
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,2 Km 
Desnivel [+]: 273 m 
Desnivel [--]: 273 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Como para el viernes pronosticaban un estupendo día, decidimos hacer una ruta cercana y cómoda para dar un paseo y celebrar caminando el cumpleaños de Jorge Isidro, que según él no está recuperado del todo, pero que nos sigue dejando atrás como siempre.

Nos reunimos en el aparcamiento de La Jarosa, el primero que se encuentra uno nada más llegar al muro de contención de la presa. Nos acompañaba por primera vez Paqui, ¡bienvenida!

Echamos a andar en dirección norte, junto al dique de la presa, que desde finales de los años 60, anegó el pequeño valle que le da nombre. A partir de este punto La Jarosa tiene aspecto de lago de montaña y regala atractivas panorámicas.

Al alcanzar la esquina del muro, paramos a hacernos la foto de grupo, aprovechando el cruce con otros senderistas. Continuamos de frente, por la amplia pista, que pronto dejamos a la derecha para seguir por una senda paralela a ella, más cómoda que el asfalto.

Estamos rodeados de pinos, producto de varias reforestaciones de la zona, que en la época de la Guerra Civil era un terreno desforestado, esto explica la presencia de numerosos restos de esa época en forma de trincheras, fortines y búnker. La situación estratégica de Guadarrama, al pie del Alto del León y su cercanía a Madrid, hizo de esta zona la línea del frente en la Guerra Civil.

Tanto el ejército Nacional llegando del norte como el Republicano llegando desde Madrid, convergieron en esta zona.

El resultado fue una guerra de trincheras, con posiciones que se movieron muy poco durante el conflicto.

Rodeamos el Cerro de la Viña por su vertiente este y tras una curva a la izquierda, llegamos a un cruce de caminos en el que confluyen cinco posibles caminos, continuando por el que, en dirección noroeste se conoce como Vereda del Agua, cuyo trazado transcurre junto a una de las numerosas canalizaciones, con restos aún visibles, que se tendieron desde estos montes para facilitarle el suministro de agua a Guadarrama antes de la construcción del embalse.

La vereda, bastante plana, tiene unas estupendas vistas del arroyo de La Jarosa, que desciende por un pequeño cañón dando brincos entre las rocas a bastantes metros más abajo de donde estamos, rodea unos riscos y al poco la dejamos para seguir una senda que nos sale a la izquierda con tendencia hacia abajo, que nos lleva a la unión del arroyo de la Chorrera con el arroyo de de los Álamos Blancos, origen del arroyo de La Jarosa.

Cruzamos ambos arroyos a pocos metros de su unión y descendemos hacia la izquierda para contemplar, unos metros más abajo, entre la vegetación, y no fácil, entre grandes losas de granito una pequeña pero atronadora caída de agua de unos 4 m de alto, es la llamada Chorrera de la Jarosa, nuestro objetivo en esta ruta.

Una vez fotografiada desde todos los ángulos posibles, retrocedemos a la zona alta de la cascada y regresamos sobre nuestros pasos a la zona de la senda, pasando por un caserón en ruinas, antigua vivienda de los resineros que explotaban antaño estos pinos.

A los pocos metros alcanzamos un puente sobre el arroyo de la Chorrera, y enfrente, con gran ornamento, la fuente del Horcajo, en la pradera del mismo nombre, prosiguiendo por la pista que lentamente asciende entre frondosos pinos, cruza el arroyo de los Álamos Blancos, cuyo nacimiento lo tienen precisamente en la vertiente noreste del Cerro de los Álamos Blancos.

Continuamos hasta el siguiente cruce de caminos, donde seguimos el que va a nuestra izquierda, dejándolo momentáneamente a los pocos metros para trepar por nuestra derecha, ladera arriba, en busca de un nido de ametralladora, que finalmente encontramos.

Retomada la pista, seguimos ascendiendo y al poco de llegar a lo más alto de ella, volvemos a dejarla para buscar, ahora a nuestra izquierda, otro nido de ametralladora, éste en mejor estado de conservación y con doble entrad de trincheras.

Alcanzada la bonita pradera que hace de pequeño collado, paramos para reagruparnos antes de iniciar el descenso hacia la Cerradilla, donde cruzamos el arroyo del Picazuelo, siguiendo su desbordado cauce que nos hace tener cuidado para evitar mojarnos las botas, y pocos metros más arriba lo volvemos a cruzar para ascender, con suave pendiente, al Cerro de los Hornillos.

Desde allí, ya todo fue bajada, primero por una pista en agradable paseo, que al llegar al arroyo de la Calle de los Álamos, ganó en belleza al descender paralelos al crecido arroyo, disfrutando del canturreo de sus saltarinas aguas y del frondoso bosque de pinos que da sombra al recorrido.

Finalmente, alcanzamos la pista que a los pocos metros nos llevó al Área Recreativa La Jarosa II.

En su chiringuito, paramos a tomarnos unas cervezas, aderezadas de aperitivos y unas suculentas gambas a las que nos invitó el cumpleañero. Muchas gracias, todo un detalle que aumentó ostensiblemente la valoración de la ruta.

Tras el descanso, los que más prisa tenían aceleraron el paso, el resto seguimos por la carretera que bordea el embalse, cruzamos el arroyo del Picazuelo y, a los pocos metros, pasamos por una de las muchas puertas que hay en la alambrada que dan acceso a la orilla del embalse.

Las vistas desde aquí, siempre me han parecido espectaculares y bordear su orilla, un placer para los sentidos.

Para poder cruzar el arroyo de la Jarosa, tuvimos que volver a la carreta, dado el caudal que llevaba, y una ves pasado el puente, volvimos a entrar para seguir recorriendo la orilla, como si de una playa se tratara.

Dejamos los restos de una espadaña, entre la carretera y el embalse, que corresponden a lo que quedó de la antigua Ermita de San Macario, que formaba parte de la aldea de La Herrería, desaparecida en el siglo XVII.

Con el agua a nuestra derecha, recorrimos los metros que nos separaban del dique, y por una última puerta, accedimos a la carretera, que nos devolvería al punto de partida, dando así por finalizada esta bonito paseo por los pinares y arroyos de la Jarosa, que bien merece 4 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 15 de febrero de 2021

Excursión X263: Cascadas del Valle de la Angostura

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,9 Km 
Desnivel [+]: 705 m 
Desnivel [--]: 705 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Con el deshielo y las abundantes lluvias de días pasados, sospechábamos que recorrer el precioso valle de la Angostura y admirar sus innumerables saltos de agua y pozas sería una buena opción de ruta, y así fue.

Quedamos en el aparcamiento público que hay frente al restaurante Los Claveles, porque el más amplio de la Isla estaba cerrado, algo que no acabo de comprender, será que en lugar de facilitar que se vaya a lugares abiertos y bien ventilados al aire libre, prefieren que estemos en centros comerciales o bares, un sin sentido.

Con un día excelente para caminar, comenzamos a remontar la margen izquierda del arroyo de la Angostura, una de las fuentes del río Lozoya, que como era de esperar bajaba con muchísima agua.

Al poco, ya se hacia sentir el estruendo del agua al caer del muro de la presa del Pradillo, que conforme nos acercábamos era cada vez más espectacular.

Esta presa sirvió para llevar el agua a los motores de la antigua fábrica de la luz, que hace años desapareció, y está sin uso desde entonces, pero crea una pequeña cascada bastante atractiva en cualquier época del año, y hoy sobremanera. Junto a ella nos hicimos las siempre bellas fotos para el recuerdo, continuando a su vera hasta el final del embalse, que parecía un espejo donde se reflejaban las nubes, dándole un aspecto muy romántico al valle. En este punto dos compañeros, que tenían prisa por volver, aligeraron el paso y ya no les vimos más.

El resto, proseguimos en suave ascenso, pasamos junto a la caseta de medición del caudal del río, igualmente en desuso, y pegados lo más posible al agua, seguimos la refrescante senda, entre robles y pinos, que al poco se acerca a una bonita poza, con un pequeño salto incluido, donde el agua se arremolina antes de caer con inusitada fuerza.

Aunque queríamos ir siempre junto al arroyo, la orografía de la ribera, repleta de majestuosos pinos, nos obligó a alejarnos en el tramo final, antes de llegar al precioso puente de la Angostura, uno de los más bellos de la sierra. Fue mandado construir por Felipe V para facilitar los viajes entre la Granja de San Ildefonso y el Monasterio del Paular. Continuamos remontando el valle, ahora con el arroyo de la Angostura siempre a nuestra derecha.

Enseguida paramos en una gran poza, quizás una de las más grandes de la zona, en la que me he bañado muchas veces, cuando estaba permitido. Proseguimos por la pista que sube junto al arroyo, abandonándola enseguida para poder ir más próximos al agua, aunque eso nos hizo pasar por alguna que otra zona encharcada que tuvimos que sortear con cuidado para no embarrarnos.

La sucesión de pozas y pequeñas cascadas no se hizo esperar, hasta 40 contabilizamos a lo largo del recorrido. En una grande que hay un poco antes de llegar al puente de los Hoyones, el agua se dividía en dos brazos antes de precipitarse en espectaculares saltos.

Continuamos el ascenso, cruzando el arroyo de Peña Mala, también con mucha agua, usando los puentes de madera. Dejamos sin cruzar el puente de los Hoyones y más adelante uno de bloques de hormigón que estaban inundados, para seguir, en agradable paseo por una senda que trascurre a cierta altura del arroyo por su ladera derecha, intentando estar siempre cerca del agua.

Cruzamos como pudimos el arroyo de las Cerradillas y con los primeros rastros de nieve, llegamos a una pista que enseguida dejamos, a poco de alcanzar un puente, para seguir por una borrosa senda, poco señalizada y cercana al arroyo de las Guarramillas hasta encontrar la poza y cascada que hay junto a unos tejos milenarios.

Accedimos al secreto y angosto callejón que va a dar a la cascada más interior, que con una gran cola de una decena de metros, solo se puede contemplar en toda de longitud desde este oculto rincón. Todos quedaron encantados.

Había que bordear el peñasco rocoso que da origen a esta bella cascada, subiendo una empinada cuesta que bordea los tejos y que da paso a un mirador natural con unas espectaculares vistas del valle, que desde aquí se antoja inmenso. 

Pero no fue fácil, había más de medio metro de nieve en la que constantemente nos hundíamos y tardamos un montón en superarlo. Solo las vistas compensaron el esfuerzo.

Una vez arriba, buscamos la senda que poco a poco se va acercando al arroyo de las Guarramillas, donde nos estaba esperando los compañeros que habían venido a hacer este último tramo desde el Puerto de Cotos.

Con bastante dificultad, alguna incluso recurriendo a descalzarse, vadeamos el arroyo, pasando a remontarlo por su orilla izquierda hasta alcanzar la poza de Socrátes, dejando atrás otras más pequeñas de gran belleza. Nunca la había visto tan exuberante, todo un espectáculo.

Esta apartada y recoleta poza no debe su nombre al sabio ateniense, sino a Sócrates Quintana, que salvo filósofo fue de todo a lo largo de su dilatada existencia (1892-1984): jugador del Atlético de Madrid, plusmarquista nacional de salto con pértiga, 800 metros y decatlón, pintor impresionista, grabador y funcionario de Hacienda.

También fue, desde 1914, un miembro hiperactivo del Club Alpino Español, y como delegado del albergue que dicha sociedad tiene en el Puerto de Cotos, se preocupó de acondicionar con un muro de contención, hoy día desaparecido, esta cercana poza para que los señores socios pudieran bañarse con una comodidad insólita para los inicios del pasado siglo.

Tras el breve descanso para hacer las fotos, continuamos el ascenso del valle, cruzando el arroyo un poco más adelante por una plataforma de madera, para seguir la senda del PR-27 e iniciar el regreso. Al llegar a lo que iba a ser el punto más alto de la ruta, un mirador natural previo al descenso hacia el arroyo de las Cerradillas, aprovechando unos troncos y un roquedal, paramos a comer los bocadillos.

Entre la pereza que da el tener el buche lleno y las prisas de algunos por estar a buena hora en sus casas, las tres horas de vuelta que nos quedaban, aunque todo en bajada y por pistas, se nos hacían eternas.

Gracias a que podíamos contar con el coche de los recién incorporados para bajar a los otros coches a la Isla, se decidió que lo mejor era volver y terminar la ruta en el Puerto de Cotos.

Y eso hicimos, regresamos por el PR-27 hasta cruzar de nuevo la plataforma de madera y, dejando el refugio del Pingarrón a nuestra derecha, por una senda que sigue a la izquierda, junto a un regato, alcanzamos la carretera de acceso a Valdesquí, por la que seguimos hasta el Puerto de Cotos, acercándonos al refugio de Cotos, habilitado en las instalaciones de la estación del mismo nombre a celebrar el fin de esta bella y acuática excursión.

Por lo disfrutado contemplando múltiples rápidos, cascadas y pozas profundas, más que muchas piscinas, a la sombra de los pinos albares, los tejos, los robles y los abedules esta ruta se merece la máxima nota, un 5.
Paco Nieto

jueves, 11 de febrero de 2021

Excursión X262: La Fuenfría por el Camino Viejo de Segovia

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Majavilán
Final: 
Majavil.an
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,2 Km 
Desnivel [+]: 432 m 
Desnivel [--]: 432 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Teníamos ganas de volver a pisar nieve y nos fuimos a buscarla por el Puerto de la Fuenfría desde las Dehesas de Cercedilla. Elegimos hacerlo por el Camino Viejo de Segovia, el más suave y bello de cuantos ascienden hasta el Puerto de la Fuenfría, y posiblemente el más desconocido, al menos si lo comparamos con el tradicional de la Calzada Romana, con mucha más pendiente, o la interminable, por larga, Carretera de la República.

Salimos desde el aparcamiento de Majavilán, dejando la piramidal fuente de sus cercanías a nuestra izquierda. Enseguida abandonamos la carretera para buscar la senda que sale a la derecha, pasa por un portón y, paralela al arroyo Majavilán asciende hasta cruzarle un poco más arriba., donde conecta con el camino que da nombre a esta ruta, coincidente con el PR-M30, por ello está señalizado con marcas blancas y amarillas.

Enseguida comenzamos a tener algo de nieve bajo los pies, que poco a poco se fue haciendo cada vez más presente, para alegría del grupo.

Antes de llevar un kilómetro recorrido, nos sale el sendero que, balizado con círculos rojos, dobla a la izquierda para trepar en zigzag hasta el collado de Marichiva, mientras que el nuestro continua de frente, reducido a un vereda que con moderada pendiente bordea la ladera occidental del valle.

En agradable paseo, recorrimos el tramo de subida hacia el puerto, entre pinos y peñascales con imponentes vistas entre nubes del Majalasna, el primero de los Siete Picos, atalaya de la ladera oriental, y a los tres grandes caminos (calzadas romana y borbónica y pista forestal), que a estas alturas todavía se arrastran por el fondo del valle.

El paisaje no podía ser más bello, al ya impresionante colorido de los pinos, los acebos, los serbales, el musgo y helechos, hay que añadir el formidable manto blanco que cubría la ladera. Todo ello amenizado con el sonido del agua, que con ímpetu inusitado bajaba de los regatos de Peña Bercial y Cerro Minguete, los dos guardianes de la ladera occidental del valle.

Vadeamos con la ayuda de unas piedras el arroyo de la Barranca y el Regato de la Peña.

Al cruzar el puente de madera que salva el arroyo que nace junto a la fuente de los Acebos, paramos a hacernos la foto de grupo, aprovechando el encuentro con un senderista que había fijado su meta precisamente allí.

Enseguida, otra pasarela de madera facilita el cruce de un arroyo y un poco más adelante, nada más vadear el recién nacido arroyo de la Fuenfría, cerca del puerto, descubrimos una señal de la calzada romana, que aquí se encuentra con el Camino Viejo de Segovia.

Al alcanzar la pista del Infante, a unos metros del alto de la Fuenfría, el espesor de la nieve era tal que nos llegaba a las rodillas, dificultando tremendamente el paso.

Esto nos hizo desistir de la idea que teníamos de volver por esta pista del Infante, que corre casi horizontal hasta el collado de Marichiva, desde donde bajaríamos por la empinada senda de los círculos rojos al punto de partida.

Por ello, en lugar de eso, seguimos por la derecha la conocida Carretera de la República, que con menos nieve, ofrecía un descenso menos agotador.

Previamente paramos a tomar el tentempié de media mañana en las grandes rocas que hay en un lateral del puerto, con excelentes vistas al valle por donde habíamos ascendido y cerros de la sierra, destacando el Montón de Trigo.

Procurando caminar en fila india para aprovechar las pisadas del anterior en la nieve, fuimos descendiendo hacia el Mirador de la Reina, que siempre regala las mejores panorámicas del valle.

Un poco más adelante, pasamos junto a la fuente de Antón Ruíz, bautizada así en memoria de un destacado miembro de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara y por donde baja el Camino Schmid a su encuentro con el Refugio Peñalara en la pradera de Corralillos, todo un símbolo del montañismo, hoy día tristemente abandonado.

Sin dejar el suave trazado de la Carretera de la República cruzamos el puente de Navazuela y con mucha nieve, llegamos a la pradera de Navarrulaque, donde se encuentra un hito de granito que conmemora la declaración de Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en 2013. Y cerca de allí, unas rocas a modo de mesa conmemoraron en el Aurrulaque de 2002 el Año Internacional de las Montañas.

Muy próximo a él, se encuentra la bonita fuente-refugio Aurrulaque, donde hicimos una breve parada antes de encaminarnos hacia la senda Victory, llamada así en honor de Antonio Victory, que fue presidente de la Sociedad Peñalara y gran conocedor de la Sierra de Guadarrama. La senda coincide con el PR-6 y discurre medio equidistante a la Carretera de la República, entre pinos de gran porte y sin grandes desniveles por el Poyal del Rubio.

La idea era acercarnos a la Ducha de los Alemanes, pero pasado el arroyo de Cerromalejo, donde me resbalé estrepitosamente al pisar unas ramas encharcadas, sin mayores consecuencias, afortunadamente, nuestra única chica hoy del grupo sugirió acortar la ruta para así poder llegar a tiempo a degustar un buen chuletón en el restaurante Alto del León.

Aceptada la propuesta, buscamos una senda que a la izquierda enseguida alcanza la Carretera de la República, para descender de frente por una senda, con gran pendiente, que zigzaguea entre pinos y rocas plagadas de musgo hasta alcanzar, tras un giro a la izquierda, una pista, ya sin nieve.

Ahora en cómodo paseo, seguimos la pista, alcanzamos el arroyo de los Acebos, que bajaba con mucha agua, formando un espectacular salto.

Enseguida cruzamos un puente de piedra sobre el arroyo de la Fuenfría y al poco, el histórico puente del Descalzo, que salva también este arroyo, para, un poco más adelante, llegar al aparcamiento donde iniciamos esta ruta, dando así por finalizada esta excursión, que tuvo su recompensa, con algunos suculentos entrantes y la afamada carne del restaurante del Alto del León, haciendo que este día lo recordemos para siempre con 4 merecidas estrellas.
Paco Nieto

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