martes, 19 de septiembre de 2017

Excursión X112: Integral de Siete Picos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada

Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 14 Km 
Desnivel [+]: 784 m 
Desnivel [--]: 784 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Se nota que nos hemos reincorporado, descansados y con ganas de superar la temporada anterior, pues tras la ruta exigente de la semana pasada, a Cueva Valiente; hoy vamos a realizar, los Siete Picos y regresar por el PR-M8Senda Pata la Cabra. y Senda Herreros.

Partimos de los 1.821 metros, del Puerto Navacerrada, siguiendo la pista asfaltada que lleva a la residencia militar de Los Cogorros. Justamente en la puerta, por la izquierda se inicia el Camino Schmid

Andamos unos metros por ella y en la primera bifurcación, la dejamos, continuando por el ramal de la izquierda (señalado con puntos rojos en los árboles) que nos lleva al extremo oeste, de la Pradera de Siete Picos (2,32km), punto de encuentro con la Senda Herreros, por la que regresaremos.

Desde la dirección que traemos, giramos un poco a la derecha y ascendemos con rumbo oeste. Y cumpliendo el pacto con Paco, se pone a la cabeza José Luís, marcando el ritmo y persiguiendo el rastro de hitos y algunos puntos rojos, sobre los árboles. Pero la promesa dura poco ¡es que hay algunos componentes! que parece que en las subidas se les active el turbo.

El caso es que subimos casi doscientos metros, en solo ochocientos de recorrido, para arribar a la cuerda de los picos, muy cerca del séptimo, también llamado Somontano, el cual alcanzamos (1:16h – 3,45km - 2.138m).

Trepamos hasta la cima, con su vértice geodésico, como corresponde al punto más alto de la zona y aguantando el frío viento, nos hacemos la foto de grupo, echamos un vistazo a la interminable panorámica y bajamos echando leches, donde creo que los “lentos” fueron los primeros.

Pasamos el sexto pico, apenas doscientos metros más adelante, y con otros tantos llegamos al quinto, que lo bordeamos por el lado madrileño, ya que el resto del conjunto, del dos al siete, se pasa por territorio segoviano.

Dejamos atrás el cuarto y llegamos al tercero, con ganas de ver la Ventana del Diablo. Y no sólo la vemos ¡si no que pasamos por ella! Cuatro pasos nos separan del segundo pico, llegamos hasta su base, pero desechamos subir a las cimas, pues en realidad son dos montículos, separados unos metros.

Nuevamente en la ruta, comenzamos la bajada hacia el primer pico, en las proximidades de la Pradera de Majalasna. Pasamos una especie de collado, incorporándose por la derecha la Senda de los Alevines, con la que compartimos unos metros.

La dejamos para encaminarnos al Pico Majalasna (primero de los siete picos). Sin pérdida llegamos a su base y encontramos la manera de pisar su cima. Más fotos y contemplación de las vistas.

Descendemos y en la Pradera de Majalasna, hacemos la parada para el tentempié, finalizado con el cafelito bien calentito, acompañado de “medicina y pastitas”, no todo va a ser andar.

Reiniciamos la marcha, cruzando la pradera y enfilando la adecuada Senda de los Alevines, si exceptuamos algún pequeño tramo. Descendemos los 240 metros de desnivel, que nos separan de la carretera de la Republica, entre pinos, en los que vemos las marcas, blanco y amarillo del PR. A poco más de la mitad del recorrido, pasamos una pequeña fuentecita a la derecha del sendero, con su pequeño chorrito.

En la Pradera de Navarrulaque (3:34h – 7,75km –1.660m), no queremos dejar de acercarnos al, Refugio del mismo nombre, sorprendiéndonos por encontrar su fuente ¡seca!, pues para todos, es la primera vez que nos ocurre.

Retrocedemos al cruce de la carretera de la Republica, con la Senda Alevines, por la que bajamos, el GR-10 y Vereda de la Encinillas, que aparece por la derecha, y entre ambas arranca el PR-M8, Senda Herreros o Senda de Pata la Cabra.

El origen de este apodo, es desconocido, algunas creencias apuntan a que el nombre, se debe a los cabreros que en tiempos pasados, traían a pastar su ganado, por estos parajes. Lo cierto es que el trazado desde la Pradera de Siete Picos a la de Navarrulaque, se asemeja a una pata.

En el inicio hay un gran banco, con una leyenda en uno de sus respaldos, recordando a Enrique Herreros, personaje con una gran dimensión cultural, en la España del siglo pasado. Montañero, en primer lugar, por lo que nos atañe, humorista, dibujante cartelista, periodista y cineasta. Esta ruta fue trazada por él, de ahí este simple monumento, dedicado por el círculo Aurrulaque.

Así que mentalizados del duro trayecto que nos espera, atacamos esta travesía, en principio por un amplio camino, que pronto adapta las dimensiones naturales, de una senda de montaña. Con pequeñas subidas y bajadas y con esporádicas vistas del Concavo de Siete Picos, conocido también como Hoyo del Terradillo y Pozo de la Nieve.

En un kilómetro, tras una curva a la izquierda, tenemos las Rocas de Laín Entralgo, un mirador situado casi en el centro, del hueco de los Siete Picos que la agrupación Aurrulaque, perteneciente al Club de Senderismo de Peñalara, dedicó a este personaje.

Dos pequeños bolos de granito, están grabados con el año del homenaje, uno y el otro, parte de la carta que el intelectual escribió a Luis de Rosales, a propósito del Guadarrama. Y desde el banquito, se tiene una espectacular imagen de la vertical del hueco, así como de las rocas situadas abajo, que hacen de asiento natural. Sobre la lancha, se encuentra el petroglifo de un dragón.

A medida que nos acercamos al centro de la curvatura, la senda se hace más estrecha, gana altura y entra en zona boscosa, aparecen los robles y pasamos junto a la fuente de los Acebos, a la izquierda y unos esplendidos ejemplares de esta especie arbórea, a la derecha, muy cerca del arroyo Pradillo (4:14h - 8,28km – 1.720m), reguero que junto al arroyo de la Venta y el arroyo del Regajo del Puerto, conforman el nacimiento del río Guadarrama.

Y aquí se acaban las contemplaciones, comienza la dura realidad de esta sinuosa travesía por la vertiente sur de Siete Picos. Es sobre la zona de Los Riscos de Cueva Lirón, donde muestra su cara más abrupta y al mismo tiempo; más singular y bonita. Ascendiendo en constante zigzag, con exigentes y continuos repechos.

Cada metro es una aventura, en que hay que extremar la atención, para no perder de vista; los hitos y marcas del PR. Así como ayudándose de las manos, para superar algunos tramos.

La Senda Herreros, no es recomendable sin experiencia y dotes de orientación, exigiendo un buen nivel físico. Helada o con nieve, la travesía puede resultar muy peligrosa, haciéndose necesario ir equipado con crampones y piolet.

Pero como no hay mal que cien años dure, lo más duro acaba, cuando estamos bordeando el séptimo pico. Setenta metros más arriba de la Pimpolla Negra, donde volvemos a ver las cimas de La Bola del Mundo y La Maliciosa.

El nivel se relaja y la senda gira a la izquierda, para recorrer la ladera Sureste del séptimo pico. Casi manteniendo el nivel, aunque con las lógicas subidas y bajadas, la senda se estrecha y tiene raíces, que hay que evitar, para no sufrir un percance, que nadie desea.

Por fin la senda se allana y ensancha, cuando olemos la proximidad de la Pradera de Siete Picos, en la que aparecemos, en el punto mencionado anteriormente (5,34h - 11,6km - 1.950m). Proseguimos por la parte Sur de esta explanada, persiguiendo las marcas del PR-M8, pasamos junto al roquedal, del Alto del Telégrafo, sobre el que vemos la silueta de la Virgen de las Nieves.

Continuamos hasta la antena y tomamos la senda que parte a la derecha, que baja rodeando la pista de esquí para principiantes. Sufriendo los últimos metros del PR-M8, puedo decir que odiado por algunos, según clamores que me llegaban.

Estos metros finales son un pedregal, que no hace más que aumentar el cariño que me tenían, los murmuradores. Que gritan ¡al parecer no hemos tenido suficiente con la Pata la Cabra! Pero lo hemos logrado, desembocamos en la calzada asfaltada y nos vamos derechos a por la fresca cerveza, que calme la sed y apague los resquemores.

La Puntuación que se merece es la máxima, por lo que le doy un cinco, sobre cinco.
Cristóbal López

martes, 12 de septiembre de 2017

Excursión X111: Cueva Valiente

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León

Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 16,6 Km 
Desnivel [+]: 859 m 
Desnivel [--]: 859 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Primera ruta tras las vacaciones de verano, con ganas de explorar nuevos caminos y la recompensa de venir con nosotros Fernando, tras su año de opositor en el que no se ha dejado ver, suerte con la nota.

Iniciamos la excursión en el puerto del Alto del León, sorprendidos por un desapacible viento, lo nublado que estaba el cielo y el frío que hacía: ¿alguien ha echado ropa de más?...pues habrá que apañarse con lo puesto.

Con la esperanza de que al caminar entrásemos pronto en calor, enfilamos hacia las antenas del ejército que coronan este puerto.

Al llegar al Camino del Viacrucis, la carretera que sigue hacia Peguerinos, nos desviamos a la derecha, dejando de frente la senda que sube a Cabeza Líjar, el GR-10, continuando por una senda, que tras pasar por una puerta alambrada, se dirige plana hacia el oeste por un frondoso pinar.

Resguardados del gélido viento y sin cuestas a la vista, nuestro ánimo mejoró mucho, máxime cuando incluso descendíamos, camino del arroyo de la Gasca (sin agua) ¿qué más se podía pedir?.

Y aún bajamos más, al llegar a la Cañada Real Leonesa, el Camino de la Peña del Águila y al arroyo Mayor, el punto de menor cota de la ruta. Pero claro, tantas facilidades tenían un precio: ahora teníamos que recuperar los placenteros metros perdidos.

Pagamos con creces el relajo hasta ahora conseguido con una inacabable cuesta que seguía el arroyo del Secal, que como su nombre indica estaba más seco que la mojama, eso sí, piedras tenía para aburrir.

Fueron unos 400 metros de constante ascenso, solo aliviados por un despejado rellano, en el que unos riscos hacen de mirador natural de la planicie segoviana, con El Espinar a sus pies. Allí nos hicimos la primera foto de grupo.

Sin más remedio que continuar ascendiendo, por fin llegamos a un alto de inmejorables vistas, conocido como el Peñoncillo, por unas rocas que parecen eso. Aún nos quedaban desde aquí unos 150 metros para alcanzar la cumbre de Cueva Valiente, pero antes queríamos conocer la escondida cueva que da nombre a esta zona.

Con la ayuda de un lugareño que sube por aquí casi todos los días desde El Espinar, descubrimos, con no poco esfuerzo, tan camuflado secreto.

Parece ser que ya de hace tiempo subir a la cueva era una prueba de valor, y el cerro se llamaba prueba valiente como se aprecia en mapas de 1849.

Y no solo era subir a la cueva, había que dormir una noche en ella, en una zona llena de bandoleros, como Juan Peña, por lo que no solamente era lidiar con los imaginario, si no con lo real de un trabuco por la espalda para robarte incluso las sandalias.

En este vídeo nos hablan de esta cueva granítica de casi 20 metros de profundidad, a la que algunos atribuyen un origen minero, que no natural.

Volvemos sobre nuestros pasos para recuperar la senda que traíamos para ascender los cien metros que nos quedan hasta alcanzar la cumbre de Cueva Valiente, que a pesar de su modesta altitud es uno de los miradores más generosos del Sistema Central. Las vistas que regala se extienden desde la lejana Sierra de Gredos, al Oeste, hasta la porción central de la Sierra de Guadarrama, con el Peñalara, Montón de Trigo y La Peñota, como referencias más fácilmente identificables.

Bajo las rocas de la cumbre se localiza un coqueto refugio de piedra. Originalmente fue un puesto del frente durante la Guerra Civil Española. Reconstruido hoy es un excelente resguardo para los días invernales.

El punto culminante, donde hay un vértice geodésico, se alcanza por una corta trepada que arranca junto al refugio. Ya en lo más alto, sólo queda contemplar el referido paisaje, mientras nos hacemos las fotos de rigor.

El regreso lo iniciamos tras dar cuenta de los bocadillos al pie del refugio, descendiendo algo más de 200 metros hasta el Collado del Hornillo, desde allí seguimos la antigua carretera a Peguerinos, en este tramo aún asfaltada, en dirección al collado de la Cierva o de la Mina.

En el collado dejamos la carretera para seguir el GR-10, que enseguida asciende a Cabeza Líjar, mirador de privilegiadas vistas, tanto a la zona segoviana como a la madrileña.

El descenso hasta el puerto del Alto del León, final de nuestra ruta, no tiene pérdida, solo hay que seguir el GR-10, hasta el Collado de la Gasca y el Cerro Piñonero.

Por esta aventura tan emocionante y repleta de contrastes y espectaculares vistas, esta ruta se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJE

martes, 15 de agosto de 2017

Excursión X110: Arroyo de Trofas

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14 Km
Desnivel [+]: 568 m
Desnivel [--]: 568 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 2

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
El arroyo de Trofas nace en el término de Hoyo de Manzanares, en la Sierra del Hoyo. Se adentra después en el municipio de Torrelodones, a través del núcleo de población Los Peñascales. Aquí pasa por la urbanización arroyo de Trofas, a la que da nombre.

Sin salir de Los Peñascales, es retenido en el embalse de Gabriel Enríquez de la Orden. Cruza posteriormente la valla del Monte de El Pardo, enclave perteneciente al término de Madrid, donde amplía su valle. Por este paraje transita hasta su desembocadura en el río Manzanares, cerca de la línea de ferrocarril Madrid-Ávila-Segovia, a varios kilómetros del pueblo de El Pardo.

Es la segunda corriente fluvial más importante del Monte de El Pardo, después del río Manzanares. De ahí su importancia ecológica, ya que actúa como corredor biológico que conecta la Sierra del Hoyo y el citado monte. De él se benefician numerosas especies de mamíferos, aves y, sobre todo, reptiles y anfibios, protegidos en la Comunidad de Madrid.

A pesar de su relevancia ambiental, diferentes asociaciones ecologistas han denunciado reiteradamente la alta contaminación de sus aguas, provocada por los vertidos de los dos primeros municipios por los que discurre.

Y para pasear junto a gran parte de su recorrido por Torrelodones, realizamos esta ruta, iniciándola en el pequeño aparcamiento que hay entre el cruce de la Avenida del Monte y la Avenida del Lago, a los pies de la presa del embalse de los Peñascales que retiene las aguas del arroyo de Trofas.

Cruzamos el puente para seguir por la Avenida del Monte unos metros para enseguida desviarnos por la la Avenida Arroyo de Trofas, que surge a nuestra derecha. Por ella acompañamos al arroyo en su descenso hasta la valla del Pardo, por la que se interna.

Un rústico puentecillo permite cruzarlo, poco antes de llegar, y ya junto a la valla, unas piedras permiten recuperar la otra orilla.

Junto a la tapia de piedra, subimos por una senda paralela a él, desviándonos un poco a la izquierda para ver restos de trincheras y nidos de ametralladoras, vestigios de la Guerra Civil, construidos por las tropas republicanas para proteger el acceso a Madrid.

Desde allí, continuamos subiendo por la senda junto al muro, hasta salir a la Av. del Pardo, junto a la “Casa del Hito”, una de las puertas de entra al Pardo, habitualmente cerrada.

No lejos de aquí se encuentra el El Pendolero, famosa finca que perteneció a la familia de Antonio Maura, el que fuera varias veces presidente del consejo de ministros y otros cargos políticos con Alfonso XIII.

Continuamos por la carretera del Pardo hasta llegar al arroyo de Trofas, que cruza la carretera para dirigirse al embalse de los Peñascales por una serpenteante y corta senda, bien señalizada, que deja el arroyo a nuestra derecha.

Es un entorno muy bello, rodeados de vegetación de ribera. En algunos tramos existen escalinatas de piedra y madera. A mitad del descenso, llegamos hasta una enorme mole de granito que engulle el sendero y a la que se le ha anclado una cadena para poder agarrase y cruzar ese tramo con mayor seguridad.

Poco más abajo, alcanzamos el embalse de los Peñascales o de Gabriel Enríquez de la Orden, como se le denomina oficialmente. Fue construido en 1962 con el fin de abastecer de agua potable a las urbanizaciones del entorno, en los años 80 quedó en desuso.

Su nombre es en honor al que en los años 20 del pasado siglo comprara todas estas tierras conocidas como Monte Berlín para construir una industria agrícola y ganadera, para la cual creó una red de suministro de agua, captaciones y presas que no dieron mucho fruto debido a las condiciones adversas del clima en esta zona.

Consiguió montar una enorme granja avícola en la que llegó a tener diez mil gallinas ponedoras, tras la Guerra Civil, Gabriel Enríquez siguió con su granja avícola pero poco a poco fue perdiendo producción y acabó vendiendo estos terrenos para la creación de las urbanizaciones que existentes en la actualidad, el humedal artificial que ha quedado en su honor está protegido y es de gran valor ecológico.

Recorrimos la margen izquierda del embalse, haciendo una parada en uno de los puestos que los pescadores han habilitado para sus pacientes esperas.

Al llegar al muro de la presa, descendimos por una escalinata que da paso a una senda paralela al arroyo, hasta llegar de nuevo al aparcamiento, dando así por finalizado este bonito paseo con el agua como protagonista y que califico con 3,5 estrellas.
Paco Nieto

jueves, 3 de agosto de 2017

Excursión X109: Río Cambrones

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Ildefonso
Final: San Ildefonso

Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 275 m 
Desnivel [--]: 275 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Iniciamos la ruta en la explanada del Palacio de la Granja, en la calle Alameda, continuando por la calle Infantes, la calle de la Reina y Puerta de la Reina, saliendo al Museo del Vidrio, descendiendo por la calle Pocillo, hasta la la Fábrica de Vidrio.

Allí nos desviamos por el camino de la Mata de la Sauca, cruzando el arroyo del Chorro Grande y enseguida el del Chico, pasando por la entrada a ésta finca de la Junta de Castilla y León, ahora cerrada.

Continuamos por el Rancho de Berrueta, hasta llegar a una pasarela de hierro que sale a nuestra derecha y que da acceso a una senda muy agradable y con mucha sombra que se acerca al río Cambrones hasta cruzarlo por un puente de madera, remontamos el río Cambrones hasta alcanzar una caseta y acequia de captación de agua.


Continuamos por una senda que remonta el río Cambrones por su margen derecha, acercándonos al mismo para bañarnos en la Caldera Primera, muy bonita con una pequeña cascada al fondo y que según algunos estaba helada, lo que no le importo en absoluto a los peludos de Sol, Twitter y Vito, que se lo pasaron en grande, lo único malo fue que a Antonio le picó una avispa al mover una piedra bajo la que había un avispero.


Tras el baño volvimos a tomar la senda, ascendiendo una fuerte pendiente para salvar una gran roca, descendiendo por su margen izquierda para acercarnos a ver la Caldera Segunda y las espectaculares marmitas de gigante que la rodean, forjadas por las fuerza del agua y el roce de las piedras, cuan buril de maestro alfarero.


Seguimos por la senda que remonta el río, que pasa por un tramo de rocas con cierta dificultad de transitar, especialmente si el río llevase mucha agua, y que al poco nos llevó junto a la Caldera Tercera, en la que enseguida nos zambullimos, disfrutando de sus casi tres metros de profundidad, su marmita en forma de jacuzzi secretamente oculta junto a su cascada, en la que es un placer meterse para olvidarse del mundo.

Desde lo alto de las rocas que la encajan es una delicia tirarse una y otra vez a sus cristalinas aguas. A punto de irnos, llegaron Vicente, Pepe y su familia al completo, que pensaban pasar allí el día.


Volvimos a retomar la senda principal que remonta el río, primero algo separada del mismo, y después muy pegada a él, pasando por una fuentecilla de la que emanaba un hilillo constante de agua, poco antes de alcanzar una poza con cascada detrás de una gran roca, situada junto al vado por el que cruzamos para cambiar de orilla del río.

Por el otro lado, la senda obliga a remontar el repecho de la margen izquierda del río, algo empinado, pero sin mayores dificultades, alcanzando al poco a la Caldera del Guindo, en la que había gente bañándose, por lo que la dejamos bordeándola por la derecha, otro repecho nos colocó encima de la Caldera de Enmedio, de dificil acceso, lo que hace que nadie se atreva a meterse en ella. 
Nada más rebasarla, llegamos a la Caldera Negra, la última de nuestro recorrido y en la que fue inevitable volver a bañarnos, a pesar de lo profundo de sus aguas, de ahí el nombre, y de lo fría que estaba.


Mientras nos refrescábamos, uno de los peludos de Sol hizo una de las suyas, se comió el bocadillo de una pareja que lo había dejado tranquilamente en su mochila. Tuvimos que compensarlos con fruta y lo que pudimos reunir para ellos.


El regreso lo hicimos volviendo sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al puente de madera, y la pasarela que accede a la pista que baja hacia San Ildefonso, cruzando el arroyo del Chorro Grande por el Puente de la Princesa, calle del Pocillo, Puerta de la Reina y Parador Nacional, regresando así al punto de inicio, la explanada del Palacio de la Granja, a la que llegamos con hambre y sed después de tanto baño.

En el bar Segovia, junto a la verja de entrada, comimos muy bien atendidos por Belén y Ricardo, dando así por terminada esta bonita y refrescante ruta que se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS