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domingo, 7 de agosto de 2022

Excursión X349: Anochecer en el Maigmó

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Mirador de Alicante
Final: Mirador de Alicante
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 4,1 Km
Desnivel [+]: 384 m
Desnivel [--]: 384 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta














PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Tenía ganas de coronar el Maigmó para seguir completando la lista de cumbres más altas de Alicante a las que he subido, que detallo en este enlace.

La Sierra del Maigmó es una formación montañosa del interior de la provincia de Alicante, tiene una altitud máxima de 1296 m, en el pico del mismo nombre, y ocupa una superficie de aproximadamente 1280 ha.​ Su pico es la séptima cumbre más alta de Alicante.

Pocas otras le hacen sombra por la zona donde se alza este coloso, en el corazón del Paraje Natural del Macizo del Maigmó, siendo su visión omnipresente desde todo el Campo de Alicante.

De la cumbre del Maigmó parte una rama septentrional con el Alto del Maigmonet, de 1182 m, la Motllonera, de 1134 m, y el Alto de la Chimenea y del Guisop, de 1249 m, donde se dirige en dirección norte, terminando en el collado del Portell y enlazando con el Despeñador, de 1260 m. En su zona sur no sobrepasa los 900 m y enlaza con la Sierra del Cid y la Sierra del Ventós.​

La Sierra del Maigmó se encuentra entre los términos municipales de Petrel, Tibi, Castalla y Agost, lindando en su cumbre los tres últimos términos municipales. Separa las comarcas del Medio Vinalopó, al oeste, y de la Hoya de Castalla, al este.

El nombre de Maigmó procede del árabe, ya que los musulmanes asentados en el levante denominaban Maymó a la actual población de Agost, manteniéndose actualmente el topónimo para designar la sierra que se extiende al norte de esta población.

Por si subir a esta mítica cumbre no fuese ya de por sí suficiente atractivo, lo íbamos a hacer a la caída de la tarde, para así poder contemplar la puesta de sol desde su cumbre. ¡Ahí es nada!

Quedamos en el amplio aparcamiento de la muy frecuentada área recreativa del Balcón de Alicante, otro de los emblemáticos lugares que quería conocer, por ser lugar de inicio de varias rutas de senderismo y también meta de los aficionados al ciclismo.

Desde sus dos privilegiados bancos se puede contemplar toda la llanura de Alicante, la Sierra Grossa y detrás el mar hasta más allá de los confines de Santa Pola. Solo por esto ya merece una visita.

Tras la foto de grupo en el Balcón, echamos a andar descendiendo lentamente por la carretera que habíamos traído para llegar al área recreativa, rodeados de pinos y con vistas al extenso valle que forma el río Montnegre.

Pasado algo más de un kilómetro, dejamos la carretera para seguir por una pista de tierra que sale a la izquierda con moderada pero constante pendiente en dirección suroeste, cortada al tráfico por una barrera. La pista realiza una cerrada curva y cambia de dirección hacia el sur hasta alcanzar el collado de la Xau.

Desde el collado se tienen unas magníficas vistas del Maigmonet, la Sierra del Cid y del Maigmó, nuestro siguiente objetivo.

Para llegar a su cima desde el collado, seguimos una estrecha y atrevida senda que serpentea por su cara oeste, ganando 200 metros en poco menos de un kilómetro, con un par de tramos de grapas y cadenas y alguna que otra trepada aérea que aportan un plus de adrenalina a la ruta.

Por ello, al comienzo de la excursión se formaron dos grupos, uno que subiría por el trayecto más fácil y apto para todos los públicos, coincidente con el que luego utilizaríamos todos en la bajada, de poco menos de un kilómetro, y este segundo, que hacia la ruta completa con paso por las cadenas al final de ella, al que me apunté.

Conforme ascendíamos el sol se fue precipitando hacia su inexorable y lenta agonía en el horizonte, rodeado de un áurea de plata y oro que le daba un encanto especial.

Estaba previsto que lo viéramos ponerse desde el vértice geodésico de la cumbre, pero a un chico que venía en nuestro grupo se le atragantó la trepada por las cadenas y hubo que esperar a que se le pasara el pánico, además de ayudarle a subir lentamente. Son unos ocho metros de trepada vertical para gente sin vértigo.

A pocos metros de la cima, el sol se ocultó lentamente, dejando un cielo de sangre, tras la Sierra del Maigmó, preciosa secuencia que recogí en mis fotos.

Una nueva trepada, ésta más asequible, y un paso angosto donde las carrascas hacen de quitamiedos para llegar a una cornisa de la que tenemos que destrepar ayudados por otro trozo de cadena, que conviene descender de cara a la pared, a espaldas del abominable vacío.

Desde este punto hay varias posibilidades para alcanzar la cumbre, la clásica la remonta por la izquierda con la ayuda de una grapa. Nosotros lo hicimos por la derecha, rodeamos la cumbre por otro estrecho paso que llega a unos riscos que facilitan el acceso final a la cima.

Con un pequeño salto en la cresta para llegamos al vértice geodésico del Maigmó (1.296 m.).

Desde la cumbre, las vistas eran espectaculares, tanto de las montañas cercanas del alrededor (Cabezón de Oro, Puig Campana, Peña Migjorn), como de la planicie de Alicante y el mar al sureste.

Entre las fotos y las vistas, se me hizo muy breve el tiempo en la cima, pero la noche, sin apenas luna hacia muy oscura la bajada y enseguida iniciamos el descenso ataviados con frontales y linternas.

Para descender hay dos opciones, bajar por la cara sur, más complicado, o por la cara norte, algo más sencillo y menos peligroso en principio.

Opté por la primera sin saber muy bien dónde me metía, pero salvo algún escalón que exigía algo más de destreza, no me pareció excesivamente complicado, eso sí, las piedras sueltas hicieron que tuviéramos que extremar la atención por el descarnado sendero que las lluvias torrenciales desmoronan, máxime siendo de noche, para evitar resbalones que acabaran en accidentes.

Algo más adelante llegamos a un pequeño rellano, donde poco antes confluyen los dos posibles descensos, y con la senda ya más reconocible y amplia, alcanzamos el área recreativa del Balcón de Alicante, punto de inicio y final de la ruta.

Allí los que tenían prisa se marcharon y el resto nos comimos los bocadillos en las mesas de piedra que hay distribuidas por el recinto, dando así por terminada esta corta pero entretenía y exigente ruta, una con las mejores puestas de sol de la comarca y a la que le otorgo 4 estrellas.
Paco Nieto


jueves, 3 de agosto de 2017

Excursión X109: Río Cambrones

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Ildefonso
Final: San Ildefonso

Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 275 m 
Desnivel [--]: 275 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Iniciamos la ruta en la explanada del Palacio de la Granja, en la calle Alameda, continuando por la calle Infantes, la calle de la Reina y Puerta de la Reina, saliendo al Museo del Vidrio, descendiendo por la calle Pocillo, hasta la la Fábrica de Vidrio.

Allí nos desviamos por el camino de la Mata de la Sauca, cruzando el arroyo del Chorro Grande y enseguida el del Chico, pasando por la entrada a ésta finca de la Junta de Castilla y León, ahora cerrada.

Continuamos por el Rancho de Berrueta, hasta llegar a una pasarela de hierro que sale a nuestra derecha y que da acceso a una senda muy agradable y con mucha sombra que se acerca al río Cambrones hasta cruzarlo por un puente de madera, remontamos el río Cambrones hasta alcanzar una caseta y acequia de captación de agua.


Continuamos por una senda que remonta el río Cambrones por su margen derecha, acercándonos al mismo para bañarnos en la Caldera Primera, muy bonita con una pequeña cascada al fondo y que según algunos estaba helada, lo que no le importo en absoluto a los peludos de Sol, Twitter y Vito, que se lo pasaron en grande, lo único malo fue que a Antonio le picó una avispa al mover una piedra bajo la que había un avispero.


Tras el baño volvimos a tomar la senda, ascendiendo una fuerte pendiente para salvar una gran roca, descendiendo por su margen izquierda para acercarnos a ver la Caldera Segunda y las espectaculares marmitas de gigante que la rodean, forjadas por las fuerza del agua y el roce de las piedras, cuan buril de maestro alfarero.


Seguimos por la senda que remonta el río, que pasa por un tramo de rocas con cierta dificultad de transitar, especialmente si el río llevase mucha agua, y que al poco nos llevó junto a la Caldera Tercera, en la que enseguida nos zambullimos, disfrutando de sus casi tres metros de profundidad, su marmita en forma de jacuzzi secretamente oculta junto a su cascada, en la que es un placer meterse para olvidarse del mundo.

Desde lo alto de las rocas que la encajan es una delicia tirarse una y otra vez a sus cristalinas aguas. A punto de irnos, llegaron Vicente, Pepe y su familia al completo, que pensaban pasar allí el día.


Volvimos a retomar la senda principal que remonta el río, primero algo separada del mismo, y después muy pegada a él, pasando por una fuentecilla de la que emanaba un hilillo constante de agua, poco antes de alcanzar una poza con cascada detrás de una gran roca, situada junto al vado por el que cruzamos para cambiar de orilla del río.

Por el otro lado, la senda obliga a remontar el repecho de la margen izquierda del río, algo empinado, pero sin mayores dificultades, alcanzando al poco a la Caldera del Guindo, en la que había gente bañándose, por lo que la dejamos bordeándola por la derecha, otro repecho nos colocó encima de la Caldera de Enmedio, de dificil acceso, lo que hace que nadie se atreva a meterse en ella. 
Nada más rebasarla, llegamos a la Caldera Negra, la última de nuestro recorrido y en la que fue inevitable volver a bañarnos, a pesar de lo profundo de sus aguas, de ahí el nombre, y de lo fría que estaba.


Mientras nos refrescábamos, uno de los peludos de Sol hizo una de las suyas, se comió el bocadillo de una pareja que lo había dejado tranquilamente en su mochila. Tuvimos que compensarlos con fruta y lo que pudimos reunir para ellos.


El regreso lo hicimos volviendo sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al puente de madera, y la pasarela que accede a la pista que baja hacia San Ildefonso, cruzando el arroyo del Chorro Grande por el Puente de la Princesa, calle del Pocillo, Puerta de la Reina y Parador Nacional, regresando así al punto de inicio, la explanada del Palacio de la Granja, a la que llegamos con hambre y sed después de tanto baño.

En el bar Segovia, junto a la verja de entrada, comimos muy bien atendidos por Belén y Ricardo, dando así por terminada esta bonita y refrescante ruta que se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS