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lunes, 9 de enero de 2023

Excursión X381: La Tortuga y Silla del Diablo

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,1 Km
Desnivel [+]: 650 m
Desnivel [--]: 650 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Para nuestra segunda ruta del año, elegimos recorrer los rincones más relevantes de la Sierra de Hoyo, que es la que nos pilla más cerquita de casa a la mayoría del grupo. El día casi despejado, aunque con un poco de viento, invitaba a caminar.

Quedamos en la Plaza Mayor de Hoyo de Manzanares, a su lado, en la Plaza de la Caldereta, algunos esperaban tomando un café calentito para mitigar el frío.

En su rectangular y porticada plaza todavía estaban colocados los adornos navideños, lo que aprovechamos para hacernos algunas fotos graciosas.

Saliendo por la parte trasera del Ayuntamiento, pasamos junto a la fuente del Caño, lugar donde cada 9 de septiembre, en el marco de celebración de sus fiestas patronales en honor de la Virgen de la Encina, colocan sus famosos calderos para el guiso de toro de lidia, cuya receta de ajos, aceite, coñac y algún ingrediente más constituye uno de los secretos mejor guardados de la localidad desde el s. XVIII. Aquí algunas fotos que tomé de esta fiesta hace unos años.

Continuamos en dirección a la calle de las Eras, dejando el polideportivo municipal a nuestra derecha, hasta alcanzar la Dehesa La Viña, a la que accedemos saltando un murete de piedras con la ayuda de unos escalones estratégicamente situados.

Proseguimos en dirección noreste hasta llegar a un promontorio rocoso con excelentes vistas de la planicie madrileña con sus inconfundibles torres al fondo.

Desde aquí también se contempla la urbanización de Navagrande, la fantasmagórica construcción inacabada que se encuentra al oeste de la misma. Mejor lugar para hacernos la foto de grupo no podíamos encontrar.  

Continuamos en dirección norte, por bellos senderos entre encinas hasta dar con una portilla que nos situó junto a una cantera de pórfidos, en forma de gran grieta llena de agua, abandonada desde 1985. Es ésta una roca formada a partir de la solidificación del magma, es decir una masa fluida de origen tectónico a temperaturas muy elevadas en el interior de la corteza terrestre. Se usa profusamente en la pavimentación de calles.

Tras las fotos en la enorme raja, de unos 150 metros de longitud por 4 de ancho, la bordeamos y la remontamos por su cara norte para contemplarla desde arriba, desde donde impresiona aún más su profundidad.

Aquí Teresa y Jorge I optaron por ascender por una vereda que sale, en dirección norte, directa a la Tortuga.

El resto, continuamos hacia el este, pasando junto a un vivac, construido al cobijo de una enorme roca que pone techo a este abrigo natural.

Más arriba, pasamos bajo unos hermosos ejemplares de alcornoques, descarnados de corcho en sus zonas más accesible, algunos comentaron jocosamente que lo habían utilizado para hacer los tapones del cava que habíamos bebido estos días.

Tocaba subir ahora por un empinado lanchar, donde una enorme roca parecía querer rodar ladera abajo, menos mal que la fuerza de Jorge M se lo impedía, ja ja.

Desde allí, se tienen unas excelentes vistas. Girando hacia el este, buscamos la senda principal, tras salir a un claro con una gran piedra a modo de hito.

Entre jaras seguimos una empinada senda marcada con hitos de piedras, que en dirección norte zigzaguea hacia el collado del Portachuelo, que alcanzamos tras pasar por grandes lanchares, rocas cubiertas de musgo, un par de miradores naturales y un espeso encinar con algún que otro alcornoque y muchos robles.

Poco antes de llegar al collado nos acercamos a contemplar uno de los secretos ocultos en esta sierra, un escondido Belén que ponen todos los años tras unas rocas junto a un privilegiado balcón, lugar de impresionantes vistas hacia el sur, la pena fue contemplar que lo habían destruido.

No soy muy partidario de que se coloquen artefactos y simbologías en las montañas, pero este estaba en un lugar poco visible y no molestaba a nadie, le daba una singularidad al lugar, una pena. menos mal que otro aún lo han respetado, ya no digo ni dónde está.

Desde el collado del Portachuelo disfrutamos de unas magníficas panorámicas de toda la Sierra y de una estupenda vista de la tortuga, perfectamente reconocible con su caparazón y largo cuello.

No es el único mirador, más adelante otros roquedos gozan también de privilegiados miradores naturales con  excelentes vistas hacia el norte, contemplado desde Siete Picos a la Cuerda Larga y la Pedriza..

Al poco, tras un repecho, alcanzamos otro de los tesoros de esta sierra, la Tortuga, a la que llegamos por un estrecho paso que separa la alargada roca que simula el cuello, de la gran mole que hace de caparazón.

La salida es hacia el sureste, descendiendo por una intrincada y difuminada senda entre riscos y robles con precioso musgo, bastante empinada, que nos obligó a destrepar un par de rocas para llegar unos metros más adelante a una bonita pradera, que hace de estupendo mirador de la Tortuga.

Al fondo unas rocas proporcionan unas magníficas vistas hacia el sur.

Una vez reunidos, continuamos por una senda que sale en dirección noroeste y que enseguida llega a lo que queda de una antigua torre del Telégrafo Óptico que se instaló en esta cima. Allí nos esperaban para tomar el tentempié nuestros dos compañeros adelantados.

Tras el breve descanso, enseguida alcanzados los 1.403 metros de altura de El Estepar, el pico más alto de la Sierra del Hoyo de Manzanares.

Nos acercamos a la cruz blanca que lo corona, la pequeña imagen de la Virgen, un pequeño buzón y el cuadrangular vértice geodésico de esta cumbre con esplendidas vistas e todo su entorno.

No estuvimos mucho rato, enseguida descendimos con cuidado por la escalinata de piedras y continuamos en dirección noroeste, hacia la Silla del Diablo, por una senda que recorre los Serrejones, la parte más llana de la sierra.

Al aproximarnos al roquedal, unos cuantos nos desviamos a la izquierda, ascendiendo por una borrosa senda, señalizada con hitos de piedra que en dirección suroeste remonta hasta alcanzar una pradera donde, a mano derecha, se alza esta singular silla rematada por una roca transversal que parecen unos cuernos, de donde quizás le venga el nombre.

Sentados en su satánico trono, situado a 1.363 metros de altura, se tienen unas estupendas vistas de el Canto Hastial y a su izquierda, el desde aquí minúsculo Pico del Águila, las últimas cimas de la Sierra de Hoyo.

Como había leído que cerca había un pasadizo a través de una inmensa grieta de una enorme roca, fuimos a buscarlo y efectivamente, descendiendo hacia la izquierda lo encontramos. Fue emocionante pasar por el estrecho pasadizo, que obliga a ir de perfil.

Al otro lado hay una especie de explanada con estupendas vistas, el balcón del Diablo, creo que se llama. Lo malo fue descender de allí, hay que hacerlo destrepando con cuidado unas rocas, en las que llevar la mochila a cuestas no es muy aconsejable.

Superado este escabroso tramo, bajamos en busca de la senda que habíamos dejado y una vez en ella, continuamos en agradable paseo descendente, junto a una valla de piedras, hasta llegar al desvío que a mano izquierda desciende hacia el sur en busca del arroyo de Peña Herrera.

A unos 300 metros de haber comenzado el descenso, la senda se encuentra con otra que viene por la izquierda de la Casa de Peñaliendre, otro de los sitios emblemáticos del día, y a la que llegamos enseguida tras un corta cuesta.

La casa está en un lastimoso estado, con el tejado desplomado y paredes en ruinas, que le dan un aspecto romántico. En la cara sur, a muy pocos metros, un mirador circular ofrece unas hermosas vistas.

Tras las inevitables fotos, descendimos hacia el este, en busca del arroyo de Peñaliendre, al que seguimos por su margen izquierda por la senda conocida como Camino a la Casa del Monte, muy erosionada por el agua en su parte alta, y modelada con curiosos pasadizos que la hacían muy atractiva.

Al alcanzar el Camino de Villalba, nos esperaba el resto del grupo, giramos a la derecha, para continuar por él, vadeamos el arroyo de Peñaliendre y continuamos unos 200 metros más hasta llegar a la cascada del Covacho, idílico rincón en el que el arroyo de Peña Herrera precipita en suave caída sus aguas.

Tras las fotos, regresamos sobre nuestros pasos por el Camino de Villalba, cruzando de nuevo el arroyo de Peñaliendre y a continuación el del Cuchillar.

Proseguimos, por cómoda pista, hacia el Alto de los Lanchares, pasando junto al depósito de agua, para entrar en Hoyo de Manzanares por la urbanización de Los Picazos y la Plaza de Toros hasta llegar de nuevo a la Plaza Mayor.

De allí nos fuimos al restaurante el Cerrillo, donde la mayoría nos quedamos a comer un delicioso menú, finalizando así esta bonita excursión circular en la que hemos recorrido muchos de los bellos rincones que guarda la Sierra de Hoyo.

Por todo lo relatado, esta ruta se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 28 de diciembre de 2020

Excursión X255: Cascada del Covacho y Silla del Diablo

FICHA TÉCNICA

Inicio: La Berzosa. Hoyo de Manzanares
Final: La Berzosa. Hoyo de Manzanares
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 17,7 Km 
Desnivel [+]: 631 m 
Desnivel [--]: 631 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Dentro de las múltiples posibilidades que ofrece la Sierra de Hoyo para realizar rutas, esta es una de las que tiene mejores vistas, al discurrir por la parte más occidental de ella, añadiendo a su valor paisajístico la bonita cascada del Covacho.

Y para comprobar todas estas bondades, nos reunimos en el aparcamiento del Parque de la Berzosa, situado al norte de esta urbanización perteneciente al término municipal de Hoyo de Manzanares, echamos a andar buscando la pista de tierra que sale a la izquierda, en dirección norte, encajonada entre una valla metálica y un muro de piedra y que de frente va a dar a un depósito de agua del Canal Isabel II.

Giramos de nuevo a la izquierda, para seguir en dirección noroeste la pista que poco a poco se va internando en un bosque de encinas cada vez más espeso, conforme se va adentrando en los llamados Corrales de Julia.

Ya en lo más denso de este vergel, nos encontramos a la izquierda un pilón de cuya fuente surgía un buen caño de agua, en el que nos hicimos las fotos de grupo.

Entre berrocales graníticos, continuamos por la senda que deja una cerca metálica a la derecha y que al poco se acerca a una tapia de piedra y la cruza, continuando en suave descenso hasta alcanzar, entre más encinas y jaras, el arroyo del Cuchillar, que llevaba más agua de lo que esperaba.

Por la agradable senda continuamos hasta alcanzar el camino principal que une Villalba con Hoyo de Manzanares, cerca de una de las torres de descompresión del canal de Navacerrada, enseguida, entre acacias, fresnos, olmos y zarzamoras, fuimos a dar con el arroyo de Peñaliendre, éste con mucha más agua que el anterior, y un poco más adelante, en línea recta, con la bonita cascada del Covacho y el precioso rincón donde se ubica.

Nos recreamos durante un buen rato contemplando este bello salto de agua de varios metros y su poza de aguas cristalinas, incrustada entre el Cerro Lechuza y el Cerro Covacho, que producen las aguas del Arroyo de Peña Herrera que nace, a poco menos de dos kilómetros de aquí, en la Sierra de Hoyo y que poco más abajo junta sus aguas con el arroyo de Peñaliendre para formar el arroyo Peregrinos.

Junto a esta pequeña cascada se encuentra un banco y una mesa de piedra, donde paramos a reponer fuerzas mientras nos hacíamos fotos con la cascada de fondo.

Nos costó dejar este sitio tan agradable, escuchando el rumor del agua al caer de la cascada. Regresamos sobre nuestros pasos hasta que pocos metros más allá de la torre de descompresión del canal por la que habíamos pasado antes, giramos a la izquierda para remontar por el Camino de la Casa del Monte.

Más que camino, es un sendero que conforme asciende se va estrechando a la vez que se encajona entre matorrales, por lo que parece el cauce de un arroyo, que nos hacia caminar tratando de esquivar el agua. En realidad es el surco que ha formado el agua del manantial de la Navata, una surgencia que en verano suele desaparecer.

Cuando la pendiente amaina un poco, la senda gira a la izquierda, salva el arroyo de Peñaliendre por un puente y enfila hacia el oeste para al poco, alcanzar lo que queda de la Casa de Peñaliendre. La casa está en un lastimoso estado, con el tejado desplomado y paredes en ruinas, que le dan un aspecto romántico. En la cara sur, a muy pocos metros, un mirador circular que nos ofreció unas estupendas vistas.

Por detrás de la casa, la senda desciende en dirección noroeste, pero al llegar a la vaguada, la dejamos para seguir hacia la derecha por un sendero, poco visible, al que los hitos de piedra ayuda a no perderlo. Poco a poco remontamos la loma de la cara sur de la sierra, con bonitas vistas del valle.

Al alcanzar la cresta, giramos a la izquierda, para conectar con el sendero principal que recorre la cuerda. Al poco lo abandonamos para ascender, con fuerte pendiente, hasta alcanzar una pradera donde, a mano derecha, se alza la singular silla rematada por una roca transversal que parecen unos cuernos, de donde quizás le venga el nombre de Silla del Diablo. 

Desde los 1.366 metros de este satánico trono, se tienen unas estupendas vistas de los últimos perfiles abruptos de la Sierra de Hoyo, con el Canto Hastial y a su izquierda y el, desde aquí, minúsculo Pico del Águila.

Hechas las fotos de rigor en tan diabólico púlpito, descendimos esquivando rocas y maleza, en busca de la senda que habíamos dejado y una vez en ella, continuamos en agradable paseo descendente, junto a una valla de piedras, hasta llegar al paso que cruza el muro, donde nos dejaron dos compañeros que tenían prisa por volver.

El resto, seguimos por la senda que asciende paralela al muro hasta alcanzar Canto Hastial, un conglomerado granítico situado en el extremo occidental de la Sierra situado a 1.374 metros de altura, con bonitas vistas a todo el valle y en la que hay instalada una gran antena.

Refugiados del viento en una de sus rocas situadas más al sur, paramos un momento a descansar. Nos esperaba un entretenido descenso hacia el Pico del Águila, al que llegamos siguiendo unos hitos de piedras. Allí nos encontramos con dos chicas que andaban un poco perdidas tras quedarse sin batería en el móvil.

Todos juntos descendimos en busca de la Senda Piqueras, que en dirección sur zigzaguea por el Alto del Vallejo hacia el encuentro con el nacimiento del arroyo del Endrinal, donde paramos a dar cuenta de los bocadillos.

Tras reponer fuerzas, aligeramos el paso para, vaguada abajo, alcanzar a los más adelantados. Una cuesta nos puso dirección hacia el cerrillo del Hilo Blanco, y bordeando la cara oeste del Cerro Lechuza, hasta dar con el camino de Torrelodones a Moralzarzal, descendiendo desde allí en dirección sur hasta llegar al arroto Peregrinos.

Al inicio, pasamos junto a una casa abandona, que nos queda a la derecha, donde, según cuentan, apareció un hombre ahorcado, la verdad es que el lugar no puede ser más decadente.

Al arroyo Peregrinos se le une en este punto el arroyo del Cuchillar, creando un humedal, entre fresnos y chopos, con una gran charca de especial belleza, que contrasta con el siguiente tramo de la ruta, mucho más árido, que en dirección sureste nos llevó, entre encinas jóvenes y matorral hasta las explanadas del Parque de la Berzosa.

Al llegar de nuevo el aparcamiento, nos fuimos con los coches a celebrar el fin de la excursión al bar Chaqueta de Hoyo de Manzanares, terminando del mejor modo posible esta entretenida excursión que bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 21 de mayo de 2018

Excursión X137: Los secretos de la Sierra de Hoyo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares

Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,2 Km 
Desnivel [+]: 636 m 
Desnivel [--]: 636 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Como parecía que por la zona norte de Madrid iba a llover esta mañana, elegimos la Sierra de Hoyo para caminar hoy, en las que las previsiones de agua eran más benignas.

Iniciamos la ruta en la Plaza Mayor de Hoyo de Manzanares, continuando en dirección al camino de Manzanares, dejando el polideportivo a nuestra izquierda y el Parque de la Cabilda a la derecha, hasta alcanzar la urbanización de Navagrande, donde contemplamos el primer enigma del día: la fantasmagórica construcción inacabada que se encuentra al oeste de la misma. 

Saltamos un murete de piedras con la ayuda de unos escalones estratégicamente situados y nos adentramos en la dehesa Las Viñas, en la que unos forestales de la Comunidad estaban quemando ramas para sanear el monte, lo que nos sorprende gratamente.

Proseguimos en dirección norte hasta llegar a una cantera de pórfidos, en forma de gran grieta llena de agua, abandonada desde 1985. Es una roca formada a partir de la solidificación del magma, es decir una masa fluida de origen tectónico a temperaturas muy elevadas en el interior de la corteza terrestre. Se usa profusamente en la pavimentación de calles.

La remontamos para contemplarla desde arriba y continuamos hacia el este, pasando por un vivac, remontamos una enorme roca, de excelentes vistas hasta dar con la senda principal, tras salir a un claro con una gran piedra a modo de hito.

Entre jaras continuamos por la senda marcada con hitos de piedras que en dirección norte zigzaguea hacia el Collado del Portachuelo, que alcanzamos tras pasar por grandes lanchares, rocas cubiertas de musgo, un par de miradores naturales y un espeso encinar con algún que otro alcornoque y muchos robles. 

Poco antes de llegar al collado nos acercamos a contemplar uno de los secretos escondidos en esta sierra, un Belén que ponen todos los años tras unas rocas junto a un privilegiado balcón, lugar de impresionantes vistas hacia el sur, donde paramos a descansar y hacernos fotos subidos a las rocas. 

De allí, continuamos en dirección oeste hacia el Collado del Portachuelo, y tras alcanzarlo, a pocos metros de él, nos desviamos a la izquierda, descubriendo otro de los secretos del día, un Belén incrustado en una roca, con un pequeño altar junto al que han instalado una mesa y asientos de piedra, y a su lado, otro mirador hacia sur con impresionantes vistas. Este lugar invita a quedarse, pero tenemos que continuar.

Proseguimos recorriendo el cordal de este a oeste, pasamos junto a un par de miradores naturales, de estupendas vistas hacia el norte, contemplado desde Siete Picos a la Cuerda Larga y la Pedriza, semiocultos por las nubes que comenzaban a conquistar tan altas cumbres. 

Al poco, tras un repecho, alcanzamos otro de los tesoros de esta sierra, la Tortuga, a la que llegamos por un estrecho paso que separa el cuello de la gran mole que hace de caparazón, al que no pudimos resistir subir. Trepada dificultada por un paso de chimenea que nos hace ir con sumo cuidado, pero recompensados por las vistas que desde arriba se tienen.

Continuamos hacia el sureste, por una imperceptible senda entre riscos y robles, bastante empinada, que nos obliga a destrepar un par de rocas para llegar unos metros más adelante a una bonita pradera, que hace de estupendo mirador de la Tortuga. Al fondo unas rocas proporcionan unas magníficas vistas hacia el sur.

Tras un breve descanso, continuamos por una senda que surge en dirección noroeste. Recorrimos los 500 metros que nos separaban de El Estepar, al que ascendimos, tras dejar a nuestra izquierda las ruinas de la antigua torre del Telégrafo Óptico que se instaló en esta cima. 

Alcanzados los 1403 metros de altura de El Estepar, el pico más alto de la Sierra del Hoyo de Manzanares. Contemplamos la cruz blanca que lo corona, la pequeña imagen de la Virgen, un pequeño buzón y el vértice geodésico de esta cumbre, en la que descansamos y dimos cuenta de los bocadillos, mientras teníamos unas vistas infinitas de todo su entorno.

Tras el descanso, descendemos con cuidado por la escalinata de piedras y continuamos en dirección noroeste, hacia otra de las sorpresas del día, la Silla del Diablo, por una senda que recorre los Serrejones, la parte más llana de la sierra.

Al aproximarnos al roquedal, nos desviamos a la izquierda, ascendiendo por una borrosa senda, señalizada con hitos de piedra que en dirección suroeste remonta hasta alcanzar una pradera donde, a mano derecha, se alza esta singular silla rematada por una roca transversal que parecen unos cuernos, de donde quizás le venga el nombre. 


Desde los 1366 metros de este satánico trono se tienen unas estupendas vistas de los últimos perfiles abruptos de la Sierra de Hoyo, con el Canto Hastial y a su izquierda, el desde aquí minúsculo Pico del Águila.

Quisimos buscar también el Balcón del Diablo, pero el tiempo y las tupidas jaras que había que atravesar para acercarse a él, nos hicieron desistir. Descendimos en busca de la senda que habíamos dejado y una vez en ella, continuamos en agradable paseo descendente, junto a una valla de piedras, hasta llegar al desvío que a mano izquierda desciende hacia el sur en busca del arroyo de Peña Herrera.

A unos 300 metros de haber comenzado el descenso, la senda se encuentra con otra que viene por la izquierda de la Casa de Peñaliendre, otro de los secretos del día, y a la que llegamos enseguida tras un corta cuesta.

La casa está en un lastimoso estado, con el tejado desplomado y paredes en ruinas, que le dan un aspecto romántico. En la cara sur, a muy pocos metros, un mirador circular   ofrece unas hermosas vistas mientras nos recreamos con ejemplares de loníceras, ailantos, jaras, romero, viboreras, robinias, escrofularias, salsifís, férulas, gallocrestas, biscutelas y peonías.

Desde la casa descendemos hacia el oeste, en busca del arroyo de Peñaliendre, al que seguimos por su margen izquierda  por la senda conocida como Camino a la Casa del Monte, muy erosionada por el agua en su parte alta, y modelada con curiosos pasadizos que la hacían muy atractiva.

Al alcanzar el Camino de Villalba, giramos a la derecha, para continuar por él, vadeamos el arroyo de Peñaliendre y continuamos unos 200 metros más hasta alcanzar la cascada del Covacho, idílico rincón en el que el arroyo de Peña Herrera precipita sus aguas.

Sacadas las oportunas fotos regresamos sobre nuestros pasos por el Camino de Villalba, cruzando de nuevo el arroyo de Peñaliendres y a continuación el del Cuchillar, para luego continuar por el Alto de los Lanchares, pasando junto al depósito de agua, para entrar en  Hoyo de Manzanares por la urbanización de Los Picazos y la Plaza de Toros hasta llegar de nuevo a la Plaza Mayor, finalizando así esta bonita excursión circular en la que hemos descubierto muchos de los secretos que guarda la Sierra de Hoyo.

Por todo lo relatado, esta ruta se merece 5 estrellas.
Paco Nieto