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lunes, 4 de mayo de 2026

Excursión X568: Silla del Diablo y la Tortuga desde Hoyo de Manzanares

FICHA TÉCNICA

Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,8 Km
Desnivel [+]: 568 m
Desnivel [--]: 568 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 5

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La jornada comenzó en Hoyo de Manzanares, donde aparcamos junto al restaurante El Cerrillo, punto de partida y también de regreso de una ruta que acabaría regalándonos algunos de los rincones más bellos y sorprendentes de esta sierra madrileña.

Desde allí nos dirigimos hacia el centro del pueblo, atravesando la Plaza de Cervantes, continuamos por la carretera que conduce hacia La Berzosa, pasando cerca de la plaza de toros, hasta que abandonamos el asfalto para internarnos de lleno en el monte, mientras dejábamos atrás las últimas casas y teníamos a nuestra derecha los imponente picos de los Picazos.

Pronto alcanzamos la zona de Los Lanchares, uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes conocen bien la sierra. El paisaje aparecía cubierto por extensas manchas de jaras en plena floración. Sus flores blancas, abundantes y luminosas, cubrían el terreno de tal forma que por momentos daba la impresión de que una nevada tardía hubiera cubierto las laderas. Era una imagen espectacular que invitaba a detenerse una y otra vez para contemplarla.

Siguiendo la senda llegamos al arroyo del Cuchillar, que cruzamos para acercarnos a la cascada del Covacho. Aunque el caudal no era especialmente abundante, el agua corría lo suficiente para crear un rincón fresco y agradable. El murmullo del agua, la vegetación que la rodea y la tranquilidad del entorno convertían aquel lugar en una parada obligada y muy agradecida.

Tras disfrutar de la cascada regresamos sobre nuestros pasos y volvimos a cruzar el arroyo de Peñaliendre. A partir de ahí comenzó una de las subidas más exigentes de la jornada. El camino ascendía por una zona bastante erosionada por el paso del agua, que en realidad actúa como cauce natural durante los episodios de lluvia. El terreno, irregular y algo embarrado, obligaba a caminar con atención.

El esfuerzo tuvo recompensa al llegar a la Casa de Peñaliendre y al cercano Mirador de Peñaliendre. Desde allí se disfruta de una magnífica panorámica sobre el valle y gran parte del entorno serrano. Es uno de esos lugares donde resulta inevitable detenerse unos minutos para contemplar el paisaje y recuperar el aliento, mientras tomábamos algo y disfrutábamos de este entorno especialmente agradable.

Nos sorprendió ver unas cuantas peonias en flor cerca del mirador y el vuelo de un helicóptero Chinook en prácticas.

Continuamos después hacia el arroyo de Peña Herrera, donde los gamones se contaban por cientos, añadiendo una nota de color al verde entorno de la ribera del arroyo. El sonido del agua, la sombra y la sensación de aislamiento creaban un ambiente verdaderamente encantador.

Reanudamos la marcha ascendiendo hacia el muro que marca el límite entre el término municipal de Hoyo de Manzanares y los terrenos de la Academia de Ingenieros. Allí nos desviamos hacia la derecha para visitar uno de los enclaves más curiosos de la ruta: la Silla del Diablo.

La formación rocosa recibe este nombre por su peculiar silueta. Dos prominencias recuerdan a unos cuernos y, además, una plataforma natural semejante a un asiento da la impresión de estar ante un diabólico trono pétreo.

Como manda la tradición senderista, no faltó la fotografía de rigor sentados en aquella singular roca. Además, el sendero de aproximación nos permitió descubrir una variante que resultó muy interesante y desconocida para algunos de nosotros.

Tras regresar a la senda principal continuamos por la zona de Los Serrejones hasta alcanzar el Estepar, la máxima elevación de la Sierra de Hoyo con sus 1.404 metros de altura.

La cumbre está señalada por un vértice geodésico cuadrangular y una cruz de hierro.

Bajo esta última se encuentra una pequeña hornacina que alberga una imagen de la Virgen, detalle que llama la atención de cuantos llegan hasta allí. Una vez más, las vistas justificaban sobradamente el esfuerzo realizado.

Desde El Estepar iniciamos el descenso hacia las ruinas del antiguo telégrafo óptico. Hoy apenas quedan restos de aquella construcción que formó parte de una red de comunicaciones anterior a la llegada del telégrafo eléctrico. Aun en su estado de deterioro, resulta fácil imaginar la importancia estratégica que tuvo este lugar en otros tiempos.

La ruta continuó en dirección a La Tortuga, una de las rocas más emblemáticas de la sierra, cuya forma recuerda claramente al animal que le da nombre. Tras pasar bajo ella y recorrer algunos vericuetos donde conviene prestar atención para no perder el camino, alcanzamos un magnífico mirador natural desde el que se obtiene una de las estampas más características de la zona: la silueta completa de La Tortuga recortándose sobre el paisaje.

Muy cerca nos acercamos también a contemplar el belén serrano que durante algún tiempo había permanecido destruido y que, afortunadamente, parece haber sido recuperado gracias al esfuerzo de quienes mantienen viva esta tradición.

Llegamos después al collado del Portachuelo, desde donde iniciamos el regreso hacia Hoyo de Manzanares por un sendero con bastante pendiente y pedregoso.

Fue probablemente uno de los tramos más delicados de toda la jornada.

La pendiente, unida al terreno suelto, provocó algún resbalón y algún susto, aunque afortunadamente sin consecuencias más allá del sobresalto. La prudencia y el cuidado permitieron superar el descenso sin problemas.

Más abajo alcanzamos otro excelente mirador natural sobre afloramientos graníticos, desde donde volvimos a disfrutar de amplias vistas del entorno.

Pasamos junto a un viejo alcornoque y un vivac,  continuando hasta una antigua cantera, hoy transformada por el tiempo en una alargada lámina de agua que aporta un atractivo sorprendente al paisaje.

La ruta prosiguió atravesando una extensa dehesa. Tras cruzar un portón comenzamos el tramo final hacia el pueblo, pasando junto a la colonia Vindel y las instalaciones deportivas municipales. Poco después entrábamos en la Plaza Mayor de Hoyo de Manzanares, cerrando así el círculo de una jornada llena de paisajes, curiosidades geológicas, historia y magníficas panorámicas.

Y como toda buena ruta merece una celebración a la altura, regresamos al restaurante El Cerrillo, donde compartimos un estupendo menú que puso el broche perfecto a una excursión tan completa como hermosa.

Una jornada de senderismo que combinó naturaleza, patrimonio, rincones poco conocidos y algunos momentos de aventura, dejando el recuerdo de una de esas rutas que invitan a regresar una y otra vez a la Sierra de Hoyo de Manzanares. y a la que le otorgo 4 estrellas,
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 21 de mayo de 2018

Excursión X137: Los secretos de la Sierra de Hoyo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares

Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,2 Km 
Desnivel [+]: 636 m 
Desnivel [--]: 636 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Como parecía que por la zona norte de Madrid iba a llover esta mañana, elegimos la Sierra de Hoyo para caminar hoy, en las que las previsiones de agua eran más benignas.

Iniciamos la ruta en la Plaza Mayor de Hoyo de Manzanares, continuando en dirección al camino de Manzanares, dejando el polideportivo a nuestra izquierda y el Parque de la Cabilda a la derecha, hasta alcanzar la urbanización de Navagrande, donde contemplamos el primer enigma del día: la fantasmagórica construcción inacabada que se encuentra al oeste de la misma. 

Saltamos un murete de piedras con la ayuda de unos escalones estratégicamente situados y nos adentramos en la dehesa Las Viñas, en la que unos forestales de la Comunidad estaban quemando ramas para sanear el monte, lo que nos sorprende gratamente.

Proseguimos en dirección norte hasta llegar a una cantera de pórfidos, en forma de gran grieta llena de agua, abandonada desde 1985. Es una roca formada a partir de la solidificación del magma, es decir una masa fluida de origen tectónico a temperaturas muy elevadas en el interior de la corteza terrestre. Se usa profusamente en la pavimentación de calles.

La remontamos para contemplarla desde arriba y continuamos hacia el este, pasando por un vivac, remontamos una enorme roca, de excelentes vistas hasta dar con la senda principal, tras salir a un claro con una gran piedra a modo de hito.

Entre jaras continuamos por la senda marcada con hitos de piedras que en dirección norte zigzaguea hacia el Collado del Portachuelo, que alcanzamos tras pasar por grandes lanchares, rocas cubiertas de musgo, un par de miradores naturales y un espeso encinar con algún que otro alcornoque y muchos robles. 

Poco antes de llegar al collado nos acercamos a contemplar uno de los secretos escondidos en esta sierra, un Belén que ponen todos los años tras unas rocas junto a un privilegiado balcón, lugar de impresionantes vistas hacia el sur, donde paramos a descansar y hacernos fotos subidos a las rocas. 

De allí, continuamos en dirección oeste hacia el Collado del Portachuelo, y tras alcanzarlo, a pocos metros de él, nos desviamos a la izquierda, descubriendo otro de los secretos del día, un Belén incrustado en una roca, con un pequeño altar junto al que han instalado una mesa y asientos de piedra, y a su lado, otro mirador hacia sur con impresionantes vistas. Este lugar invita a quedarse, pero tenemos que continuar.

Proseguimos recorriendo el cordal de este a oeste, pasamos junto a un par de miradores naturales, de estupendas vistas hacia el norte, contemplado desde Siete Picos a la Cuerda Larga y la Pedriza, semiocultos por las nubes que comenzaban a conquistar tan altas cumbres. 

Al poco, tras un repecho, alcanzamos otro de los tesoros de esta sierra, la Tortuga, a la que llegamos por un estrecho paso que separa el cuello de la gran mole que hace de caparazón, al que no pudimos resistir subir. Trepada dificultada por un paso de chimenea que nos hace ir con sumo cuidado, pero recompensados por las vistas que desde arriba se tienen.

Continuamos hacia el sureste, por una imperceptible senda entre riscos y robles, bastante empinada, que nos obliga a destrepar un par de rocas para llegar unos metros más adelante a una bonita pradera, que hace de estupendo mirador de la Tortuga. Al fondo unas rocas proporcionan unas magníficas vistas hacia el sur.

Tras un breve descanso, continuamos por una senda que surge en dirección noroeste. Recorrimos los 500 metros que nos separaban de El Estepar, al que ascendimos, tras dejar a nuestra izquierda las ruinas de la antigua torre del Telégrafo Óptico que se instaló en esta cima. 

Alcanzados los 1403 metros de altura de El Estepar, el pico más alto de la Sierra del Hoyo de Manzanares. Contemplamos la cruz blanca que lo corona, la pequeña imagen de la Virgen, un pequeño buzón y el vértice geodésico de esta cumbre, en la que descansamos y dimos cuenta de los bocadillos, mientras teníamos unas vistas infinitas de todo su entorno.

Tras el descanso, descendemos con cuidado por la escalinata de piedras y continuamos en dirección noroeste, hacia otra de las sorpresas del día, la Silla del Diablo, por una senda que recorre los Serrejones, la parte más llana de la sierra.

Al aproximarnos al roquedal, nos desviamos a la izquierda, ascendiendo por una borrosa senda, señalizada con hitos de piedra que en dirección suroeste remonta hasta alcanzar una pradera donde, a mano derecha, se alza esta singular silla rematada por una roca transversal que parecen unos cuernos, de donde quizás le venga el nombre. 


Desde los 1366 metros de este satánico trono se tienen unas estupendas vistas de los últimos perfiles abruptos de la Sierra de Hoyo, con el Canto Hastial y a su izquierda, el desde aquí minúsculo Pico del Águila.

Quisimos buscar también el Balcón del Diablo, pero el tiempo y las tupidas jaras que había que atravesar para acercarse a él, nos hicieron desistir. Descendimos en busca de la senda que habíamos dejado y una vez en ella, continuamos en agradable paseo descendente, junto a una valla de piedras, hasta llegar al desvío que a mano izquierda desciende hacia el sur en busca del arroyo de Peña Herrera.

A unos 300 metros de haber comenzado el descenso, la senda se encuentra con otra que viene por la izquierda de la Casa de Peñaliendre, otro de los secretos del día, y a la que llegamos enseguida tras un corta cuesta.

La casa está en un lastimoso estado, con el tejado desplomado y paredes en ruinas, que le dan un aspecto romántico. En la cara sur, a muy pocos metros, un mirador circular   ofrece unas hermosas vistas mientras nos recreamos con ejemplares de loníceras, ailantos, jaras, romero, viboreras, robinias, escrofularias, salsifís, férulas, gallocrestas, biscutelas y peonías.

Desde la casa descendemos hacia el oeste, en busca del arroyo de Peñaliendre, al que seguimos por su margen izquierda  por la senda conocida como Camino a la Casa del Monte, muy erosionada por el agua en su parte alta, y modelada con curiosos pasadizos que la hacían muy atractiva.

Al alcanzar el Camino de Villalba, giramos a la derecha, para continuar por él, vadeamos el arroyo de Peñaliendre y continuamos unos 200 metros más hasta alcanzar la cascada del Covacho, idílico rincón en el que el arroyo de Peña Herrera precipita sus aguas.

Sacadas las oportunas fotos regresamos sobre nuestros pasos por el Camino de Villalba, cruzando de nuevo el arroyo de Peñaliendres y a continuación el del Cuchillar, para luego continuar por el Alto de los Lanchares, pasando junto al depósito de agua, para entrar en  Hoyo de Manzanares por la urbanización de Los Picazos y la Plaza de Toros hasta llegar de nuevo a la Plaza Mayor, finalizando así esta bonita excursión circular en la que hemos descubierto muchos de los secretos que guarda la Sierra de Hoyo.

Por todo lo relatado, esta ruta se merece 5 estrellas.
Paco Nieto