Mostrando entradas con la etiqueta PR-18. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PR-18. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de mayo de 2022

Excursión X339: Chorros del arroyo Simón y Manzanares

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Pedriza
Final: La Pedriza
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13,7 Km
Desnivel [+]: 727 m
Desnivel [--]: 727 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Quería Juan mostrarnos algunos de los rincones con más agua y bellos de La Pedriza, en parte, poco transitados. En los chorros del Manzanares ya habíamos estado, pero nos esperaban otros desconocidos para el grupo.

Quedamos en el último aparcamiento de la Pedriza, pasado el de Cantocochino y el de la Rana. Las Machacaderas se llama, singular nombre.

Tenía ganas de volver a recorrer los majestuosos chorros del Manzanares. Una espectacular sucesión de saltos de agua y pozas cristalinas del recién nacido río.

Para ir en su búsqueda, echamos a andar por la pista que remonta el río Manzanares dejándolo a nuestra derecha. El día se presentaba veraniego, a pesar de estar en primavera, porque la temperatura iban a estar más acorde con las del estiaje, pero el sonido del agua de fondo, nos refrescaba.

Disfrutamos contemplando la densa vegetación de ribera del río, como fresnos, sauces, e incluso algún tejo se puede ver.

Pasamos junto al Prado de las Zorras, de donde seguramente procedían unas vacas que parecían querer apoderarse de la pista, pero que finalmente se apartaron a nuestro paso.

En la primera curva cerrada que da la pista, atrochamos siguiendo rectos por una senda que desde cierta altura sigue el meandro que el río realiza en las proximidades de la Charca Verde, precioso remanso de agua que desde aquí aún resultaba más bello.

En un roquedo paramos para fotografiarla desde este privilegiado mirador.

Comentamos los baños que más de uno nos habíamos dado en ella cuando no estaba prohibido.

El deterioro que iba adquiriendo en sus zonas más visitadas y el turismo irresponsable, que alteraba el cauce del río dejando basura por las orillas, provocó la decisión de tomar esa drásticas medida.

Entramos en un paraíso de densa vegetación en la que el pino se iba imponiendo conforme avanzábamos, unas cabras se asomaban al río desde los riscos. Al poco, llegamos a la pista que habíamos dejado, coincidente con el PR-M18, a escasos metros del puente del Francés, al que algunos nos asomamos.

Por esta pista forestal regresaríamos, horas más tarde.

Tras reagruparnos, continuamos la marcha, subimos las escaleras de piedra que salen a la izquierda, por las que continua el PR-M18, justo donde hay un cartel, advirtiendo de la prohibición de la práctica del barranquismo, ya que hace muchos años esta zona era el único lugar en la Comunidad de Madrid donde se podía practicar.

Enseguida pasamos junto a una fuente perfectamente encajada entre piedras, aunque sin apenas agua.

La bonita senda que discurre a media ladera, con el sonido del río a nuestra derecha, que de vez en cuando nos ofrecía unas espectaculares vistas de sus cantarinas cascadas y aguas transparentes de sus pozas.

Seguimos las marcas blancas y amarillas, sobre los árboles y de vez en cuando sobre rocas, adentrándonos en la zona más abrupta. que no la de mayor desnivel, donde la tupida vegetación, sobre todo los helechos, peonías y las jaras en flor, ponían la nota de color.

Al poco, alcanzamos el Puente del Retén, que tiene una bonita charca de agua cristalina a su izquierda. Este renovado puente llegó a estar muy deteriorado y una escuela-taller lo restauro en el 2005.

Una vez lo cruzamos, seguimos por el antiguo PR-18 para asomarnos a ver el arroyo de Simón, a lo lejos se une a él el arroyo de la Mata, que le entrega sus aguas por su margen derecha. 

De regreso comenzó la parte de mayor desnivel, entre pinares y durante un kilómetro aproximadamente se ascienden unos 200 metros. Seguimos los hitos y marcas del PR de la zigzagueante senda hasta la altura donde el rugir del agua comienza a dejarse sentir.

Un pequeño sendero que sale a la izquierda, con unas marcas en las piedras, nos indica que varios metros más abajo, al pie de de un denso pinar y de la loma de Cerro Ortigoso, se encuentra la cascada de los Chorros del Manzanares, una larga hilera de pequeñas cascadas que se suceden unas a otras y que hacen de este lugar un rincón único y especialmente bello.

Tras las múltiples fotos, volvimos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el PR-M18, por el que continuamos ascendiendo, para enseguida internándonos en el pinar, para unos pocos de metros más adelante desviarnos a la izquierda y alcanzar otro de los rincones más conocidos, una sucesión de varios saltos de agua que hacen de este sitio un lugar con mucho encanto.

Contemplándolos, paramos a tomar el tentempié de media mañana mientras nos deleitamos con el melodioso sonido del agua al chapotear de poza en poza hasta caer en la más grande, que teníamos a nuestros pies.

Recuperamos el sendero y proseguimos el ascenso unos metros más por el estrecho sendero del PR-M18, abandonándolo enseguida para seguir otro, menos perceptible, que sale en dirección norte, a nuestra derecha y que va a dar a la pista llamada de las zetas.

Ahora, en cómodo paseo y sin pendiente, seguimos por la pista, que en su primera curva, rebasa el arroyo de la Mata, recién nacido un poco más arriba, en la cara sur de la Sierra del Francés. Aprovechamos para llenar las cantimploras con su fresquita agua.

Un poco más adelante, justo antes de la siguiente curva, paramos a contemplar el Árbol Singular 144, el pino Albar de la Sierra del Francés, árbol corpulento, conformado por dos grandes troncos verticales a partir de los 5 metros, que se van soldando a medida que crece en grosor. Hace más de 15 años le cayó un rayo, superando la herida. Es un ejemplar originario de los que poblaron la Pedriza. tiene unos 200 años. Intentamos abrazarlo y necesitamos juntarnos cuatro para conseguirlo. Junto a él un retorcido tronco seco se asemejaba a un ave intentando echar a volar, o eso me pareció.

Proseguimos y enseguida alcanzamos el arroyo de Simón, que bajaba con mucha agua. Aquí dejamos la pista para remontarlo, con fuerte pendiente, y contemplar sus impresionantes chorreras, que en verano suelen menguar hasta quedarse en nada.

Casi 100 metros de altura más arriba, alcanzamos otra pista, en el que iba a ser el punto de me mayor cota de la ruta.

Con el consuelo de que ya solo nos quedaba bajar, seguimos esta pista hasta dar con la que habíamos dejado, justo en el Mirador Danvila, un roquedal con buenas vistas situado en las Losillas. 

Buscamos una sombra entre las rocas para comer, pero el sol estaba en ese momento en su zenit, por lo que no había donde resguardarse.

Descendimos en busca de árboles, y encontramos unos pinos un poco más abajo, que sí nos proporcionaron la sombra deseada, eso sí, estaban plagados de nidos de procesionaria, en compensación las vistas hacia el valle y la cuerda de los Porrones eran espectaculares.

Tras el descanso, en lugar de seguir por la cómoda pero aburrida pista, Juan nos tenía preparado un descenso que a priori podríamos calificar con tres palabras que le gustan mucho: por un abismo escabroso y abominable, al que añadiría tenebroso, pero que nos ahorraba más de un kilómetro de pista.

Con cuidado, descendimos la fuerte pendiente, que al final resultó no ser tan tenebrosa y más divertida de lo esperado.

Salimos a la pista que habíamos dejado y continuamos el descenso hacia la última sorpresa del día, justo en la curva siguiente, nos esperaba un roquedal que ofrece unas vistas espectaculares de las cascadas del arroyo del Chivato.

Nos encaramamos a lo más alto del pedrusco desde donde se tienen las mejores panorámicas. Debajo, contemplamos el hermoso porte del Tejo del Arroyo del Chivato, situado en su ribera izquierda.

Su copa es globosa, armoniosa y bien distribuida. Destaca el color de su follaje frente a los pinos que tiene de vecinos. Se calcula que tiene más de 300 años de edad.

Tras el breve descanso, continuamos el descenso por la pista, rectos hacia el puente del Francés, recortando tres zetas por senda que atajan considerablemente el recorrido a través de los pinos.

Al llegar al puente, contemplamos lo caudaloso que bajaba el río Manzanares, tras recoger las agua de los arroyos que habíamos contemplado durante la ruta.

Desde aquí regresamos siguiendo la pista y veredas por donde esta mañana habíamos pasado, con la sorpresa de que nos topamos en el sendero con una cabras, vigiladas por un hermoso ejemplar de macho cabrío o cabrón, con perdón,  que nos miró, celoso, con cara de muy pocos amigos.

Nos fuimos antes de que se lo tomara a mal y la emprendiera con nosotros..

Al llegar a los coches y comprobar que los bares de la Pedriza estaban cerrados, nos fuimos a Manzanares el Real a tomarnos las cañas de fin de ruta.

Lo hicimos en Volapié, frente a la iglesia de Nuestras Señora de las Nieves, muy bien atendidos y agasajados con ricos aperitivos, ¿Qué más se puede pedir a la excursión?. Sí, una cosa, poder calificarla por encima de 5 estrellas, pero parece ser que esa es la máxima nota posible, una pena, porque se merecía más.
Paco Nieto

P.D.: En esta ruta, una de nuestras participantes perdió unas gafas graduadas, si alguien al hacerla las encuentra, agradeceríamos mucho se pusiese en contacto con nosotros.

lunes, 26 de febrero de 2018

Excursión X129: Cerro Ortigoso desde Canto Cochino

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino. La Pedriza

Final: Canto Cochino. La Pedriza
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,2 Km 
Desnivel [+]: 914 m 
Desnivel [--]: 914 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL

* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Unir recorridos por la Pedriza y la Sierra de los Porrones es sinónimo de garantizar excelentes vistas de ambas, amén de pasar una jornada inolvidable. Y eso es lo que hicimos en esta espléndida mañana de lunes, en la que nos encaminamos a Canto Cochino para aprovechar este soleado día.

Desde Canto Cochino ascendimos, en dirección noroeste por la senda que transita por la loma de las Casiruelas, sorprendiéndonos enseguida un tramo en el que había una gran cantidad de enormes pinos "tronchados" que encontramos a nuestro paso, al parecer afectados por el Tomicus Destruens, un escarabajo que se alimenta y desarrolla en el tronco de los árboles, debilitando sus troncos.

El sendero culebrea entre jaras, arizónicas, pinos de repoblación y un par de arroyos secos, alcanzando a los 2,5 Km del inicio la fuente de las Casiruelas, que en contra de lo habitual, se alza encima de unas rocas y cuya pila tenía el agua congelada.

A pocos metros de la fuente, cruzamos la pista forestal que viene de Canto Cochino y que circunda, tras incontables revueltas, la Umbría de la Garganta hasta regresar de nuevo a Canto Cochino. Junto a ella se encuentra el Mirador de la Pedriza, que como su nombre indica tiene unas excelentes vistas de ella. Un panel informativo pone nombre a cada uno de los riscos y collados que desde él se contemplan.

Continuamos por una bonita senda con muchas zetas que suavizan los casi 300 metros de desnivel en poco más de un kilómetro del ascenso por la Umbría de la Garganta hasta alcanzar el PR-M16, previo cruce de la pista dos veces más, momentos en los que aprovechamos para reagruparnos y recuperar fuerzas.

Al poco de seguir el mencionado PR, lo abandonamos para subir campo a través unos 100 metros hasta alcanzar la Cuerda de los Porrones.

Fue justo donde se encuentra el Cancho Mágico, en plena divisoria de la Sierra de los Porrones, como también se la conoce, donde es mucho Guadarrama el que se contempla a la redonda: las cimas de Cuerda Larga, la Pedriza, el embalse de Santillana y los pueblos de El Boalo, Cerceda y Mataelpino acurrucados en la ladera de la Maliciosa.

Llevamos 6 Km recorridos, y con tan estupendas vistas continuamos por la Cuerda en dirección noroeste, bordeando el Cancho Porrón y el collado del mismo nombre, poco antes de enlazar de nuevo con el PR-M16, al que enseguida dejamos para continuar, en dirección norte hacia el Collado de los Pastores.

Continuamos siguiendo una senda apenas marcada por hitos que enseguida se interna en un frondoso pinar hasta alcanzar de nuevo la pista forestal, al pie de una caseta con antenas de los servicios de emergencias, y por la que seguimos unos 200 metros antes de alcanzar nuestro objetivo.

El Collado de los Pastores es el punto más alto de la ruta de hoy, está situado a 1.748 metros, entre la Maliciosa Baja y el cerro de las Barreras, lo que le permite disfrutar de unas vistas excepcionales, prueba de ello son los 4 paneles informativos a los que han tenido que recurrir para describir todo su entorno.

Desde él, pudimos contemplar, la Bola del Mundo, la mencionada sierra de los Porrones, de donde venimos, la garganta por la que el Manzanares baja desde su cuna hasta el embalse de Santillana, formando el mayor conjunto de cascadas de Madrid; allende el río, la Cuerda Larga y la jungla granítica de la Pedriza, derramándose sobre la llanura en una catarata geológica, de pura roca; y, en las alturas, volando sin mover una pluma, como ángeles extasiados, los buitres leonados.

Tras dar cuenta de los bocadillos en este privilegiado mirador, continuamos unos 200 metros en dirección noreste hacia el Cerro de las Barreras, que con 1.772 metros de altura sería la mayor cota de la ruta y, por tanto, también con unas vistas que quitaban el hipo, accesibles después de una corta trepada. Hemos recorrido ya 7,6 Km.

Tras las múltiples fotos desde él, descendimos en dirección noreste, bordeando la cara sur de los dos cerros siguientes hasta alcanzar el Cerro Ortigoso, a 8,8 km del inicio, que es como un balcón entre el cielo níveo de las cumbres pedriceras y el infierno de la llanura.

Un balcón para solitarios, que se acercan como nosotros de buena mañana a la Pedriza a conocer las mocedades del Manzanares y escuchar el grito del agua recién nacida en los neveros de Cuerda Larga, despeñándose a sus pies.

Su prominente cima redondeada a 1.653 metros de altura no invita a ser conquistada, por lo que nos conformamos con las vistas desde su cerro anterior, que con 9 metros menos, tampoco son de desmerecer. Tras deleitarnos con ellas, buscamos una salida hacia el noreste, sorprendiéndonos que ésta resultase ser pasar bajo un túnel formado de manera natural por los enormes bloque graníticos.

Continuamos por un tenue sendero que se precipita hacia el este en busca de un muro de piedra que corre hacia el Collado Ortigoso. Sin cruzar el muro hasta alcanzar el collado, descendimos 200 metros en un kilómetro, en lo que eran ya 10 Km de recorrido desde el inicio. 

En su extensa pradera estuvimos buscando una fuente que viene dibujada en todos los mapas, pero que no fuimos capaces de encontrar.

Recuperado el sendero, tras volver a saltar el muro, tocaba otro descenso fulgurante, unos 180 metros en menos de un kilómetro entre pinos, con resbaladizo suelo debido a las hojas y piñas caídas.

Así hasta alcanzar el PR-M18, que a nuestra izquierda sube hacia los Chorros y a la derecha desciende paralela al río Manzanares, pasa junto a una fuentecilla, de la que apenas manaba un hilillo de agua, y busca la pista forestal, justo en la curva del puente del Francés.

Continuamos por la pista unos 400 metros, abandonándola a la izquierda por una senda que se acerca al río y conecta con la que desciende a la preciosa Charca Verde, donde daban ganas de quedarse hasta el atardecer, lo que sin duda harían las parejas que tomaban el sol junto a sus cristalinas aguas.

Pero como no podíamos quedarnos mucho tiempo en este paraíso, un oasis tras 12,6 Km de andadura, continuamos el descenso, tras convencer a una de nuestras mascotas para que cruzase el río, tras haberlo hecho antes por su cuenta.

Pegados a la orilla del río, en poco tiempo alcanzamos el Puente del Vivero, por el que cruzamos el río Manzanares, al que acompañamos por su margen izquierda.

Al poco, pasando junto al puente Cola de Caballo, hasta alcanzar el Puente de las Ranas, por el que volvemos a cruzar el río, junto al segundo aparcamiento de la Pedriza.

En agradable paseo retornamos a Canto Cochino, inicio y final de nuestra bonita y exigente excursión, que se ha merecido 5 estrellas.
Paco Nieto