Distancia: 8,2 Km
Desnivel [+]: 389 m
Desnivel [--]: 389 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 16
Desnivel [+]: 389 m
Desnivel [--]: 389 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 16
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
Por las leyendas, misterios y valor arqueológico que rodean al Monte Arabí, teníamos muchas ganas de conocerlo. Está situado al noroeste de Yecla (Murcia).
De él se han hecho diversos programas televisivos, el más conocido el de Cuarto Milenio que se puede ver aquí, en el que se muestran algunos de los enigmas que envuelven este mágico lugar y que recomiendo ver antes de realizar esta ruta.
Quedamos en el aparcamiento que hay cerca de la Casa del Guarda y una vez reunidos todos, iniciamos la ruta recorriendo una pista de tierra, en dirección noroeste, cerrada al tráfico por una barrera,
Dejando a nuestra derecha un área recreativa junto a la Casa del Guarda, giramos a la izquierda para continuar por otra pista de tierra que enseguida abandonamos para desviarnos, a la derecha, para localizar la primera de las sorpresas del día, la secreta Cueva del Tesoro.
Puede pasar desapercibida porque se trata de una minúscula sima circular de 0,6 metros de diámetro en su entrada, parecida a un irrelevante agujero en el suelo.
Pero tras el cual se oculta una cavidad de unos 10 metros aproximadamente por la que hay que ir rectando, en ligero descenso, con cierta dificultad hasta alcanzar una primera sala y varias galerías de no mucha profundidad en la que ya puede uno ponerse de pie.
Está asociada a numerosas leyendas populares, acerca de la existencia de un tesoro en su interior, de ahí su nombre, la más conocida asegura que, tras recorrer una serie de estrechos pasadizos, se llega a una gran puerta custodiada por dos vigilantes armados con mazas, tras la cual se encuentra un gran tesoro.
Además, se considera que conduce a través de una intrincada red de túneles hasta la cercana fortaleza del Arabilejo.
Quizá sean los mismos caballeros que en el siglo XIX cuentan que llegaron hasta el lugar, dejando sus monturas a cargo de unos labradores, internándose en la cueva, de la que salieron cargados de sacos, pagando a los vecinos que se habían encargado de sus monturas con monedas de oro de aspecto antiguo.
Nosotros no vimos ni puertas ni tesoros, pero sí fue divertido introducirse por el estrecho agujero como si fuésemos conejos.
De nuevo en la superficie, continuamos por la pista que bordea el Monte Arabí por su cara occidental, entre pinos carrascos, con algunas encinas y numerosas especies de flora, que fuimos viendo durante el recorrido, como coscoja, sabina negral, madroño, efedra, espino negro o jara blanca.
Al poco, pasamos junto a la Charca de la Cueva del Patriarca, un humedal creado para favorecer la conservación de los anfibios, amenazados por la falta de fuentes y charcas tradicionales, el uso de pesticidas en la agricultura o la introducción de especies exóticas.
Continuamos por la pista, ahora convertido en sendero, pasamos junto a curiosas formaciones rocosas antes de alcanzar, por una bonita senda rodeada de pino carrasco, el vértice geodésico que corona la cumbre del Monte Arabí, situado a 1065 metros de altitud.
De él Cayetano de Mergelina, en 1922 escribió: “La altura de su cumbre, lo agreste de sus hondonadas, y lo imponente de sus cinglas desgajadas, rotas y llenas de cavidades y abrigos, hubieron de llamar la atención de los primitivos, y fueron sus lomas suaves, asiento de pueblos, y sus rocas, lugar de santuarios, y sus cinglas, atalayas magnificas y puntos de segura defensa.”
Su gran estructura pétrea recuerda a una descomunal esfinge sin cabeza destacando sobre su entorno de forma significativa.
El paisaje es de una gran belleza y singularidad. Abundan las biocalcarenitas con intercalaciones de un mineral de cuarzo llamado “Jacinto de Compostela”.
Pero quizá lo más apreciable sean los fenómenos erosivos que han provocado la formación de grandes bloques redondeados, huecos, cuevas, abrigos, y enormes superficies de “panales” o alvéolos en las paredes rocosas.
Junto al vértice geodésico, con maravillosas vistas, tomamos el tentempié de media mañana. Bien descansados, iniciamos la bajada siguiendo la cresta, disfrutando de las imponentes panorámicas que ofrece.
Tras una cerrada curva que realiza el sendero, descendimos a tierras más llanas, pasando por el llamado Mar de Piedra, una llamativa lengua de roca que facilita bastante la bajada.
Nos desviamos a la izquierda para ir a contemplar la Pared De la Iglesia, un impresionante cortado vertical de gran altura al que se llega por un estrecho canal por el que hay que pasar con cuidado.
Recuperado el sendero principal, nos acercamos a contemplar la majestuosa Cueva de la Horadada, una impresionante y espectacular cavidad abierta en la roca, con un agujero en el techo.
La entrada es una gran boca frontal de unos 20 metros con unos 32 metros de fondo y unos 35 metros de altura máxima.
La roca del interior está modelada en nidos de abeja o alveolos, por efecto del viento. Se encuentra en la ladera del monte, rodeada por pinos y matorral con coscojas, enebros, jaras, etc. que se presta a ser fotografiado desde todos loa ángulos posibles.
De allí descendimos hasta llegar a las Pinturas Rupestres Cantos de Visera, donde se encuentran dos abrigos rocosos con pinturas rupestres.
Fueron descubiertos en 1912, separados uno de otro por una quincena de metros, en unos peñascos caídos del farallón oriental del Monte Arabí a unos 800 m de las pinturas del abrigo del Mediodía.
En ellos se pueden contemplar algo más de un centenar de figuras pintadas en una amplia variedad estilística al estilo naturalista del arte levantino, 7.000 años antes del presente.
Se representan toros, caballos, ciervos y otras figuras de estilo esquemático, como líneas, cruces o puntos, en una secuencia pictórica situada entre el VI y el II milenio a.C, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998.
A pocos metros se encuentra el Dinosaurio, una formación rocosa con un increíble parecido a un dinosaurio bebé al que alguien le ha puesto un simpático ojo para darle aún más parecido. Las fotos junto a él fueron inevitables.
Bordeando la cerca de barras de hierro que rodea el yacimiento, ascendimos por la cornisa de los acantilados hasta el Mirador de la Escalera, con espectaculares vistas de las sierras que dan al sur como la de Santa Bárbara, del Cuchillo, Salinas o de la Magdalena.
En ligero ascenso hacia el sur, alcanzamos otra curiosa formación rocosa, la Piedra del Corazón, una oquedad con fascinante apariencia de un voluminosos corazón que de por sí atrae a mucha gente, por la supersticiosa creencia de facilitar el amor a quien la toque.
Nuevamente las cámaras echaban humo fotografiándonos junto a ella.
A pocos metros, un cartel nos obliga a abandonar el sendero y desviarnos por el nuevo trazado del PR-MU 91 por estar la zona del Yacimiento de la edad de Bronce Monte Arabilejo en proceso de restauración.
Este cerro, llamado también de los Moros, es una colina acantilada separada del Monte Arabí por el Barranco de los Cantos. Quedan muy pocos restos de murallas y casas de un poblado amurallado de la Edad del Bronce. Está presidido por una gran roca con un enorme calderón natural, que forma una piscina natural, al que acuden diversos canalillos artificiales. Desde la planicie hay una fantástica vista del Monte Arabí y de los alrededores.
Las cazoletas se encuentran en un afloramiento calizo, a lo largo de una gran planicie rocosa que se extiende a lo largo de más de 340 metros, con una anchura media de unos 25 metros.
Están dispuestos en una sucesión de más de 50 grupos sin aparente nexo de unión y alternando las cazoletas hemisféricas o circulares con canalillos artificiales serpentiformes y grandes calderones, productos de la erosión natural. Como ocurre con otros yacimientos, como Morra de los Moros o Solana de la Pedrera, desde la planicie rocosa se domina un territorio muy amplio.
La interpretación más generalizada es que se trata de una instalación de fontanería primitiva destinada a almacenar el agua de lluvia. Desde una perspectiva religiosa, estos grabados tendrían relación con los ritos espirituales asociados al agua.
Otra teoría sugiere que se trata de un calendario astronómico que serviría incluso para predecir eclipses, lo que supondría la existencia de conocimiento científico en el asentamiento humano del Arabilejo, o al menos en algunos de sus individuos, confirmando la ancestral costumbre humana de estudiar y observar los fenómenos astronómicos.
Continuamos en cómodo paseo hasta alcanzar la Casa del Guardia, lugar rehabilitado en el que se encuentra una fuente y mesas para picnic.
Un poco más abajo se encuentra el aparcamiento donde habíamos dejado los coches, dando así por terminad esta fantástica ruta cargada de leyendas yacimientos arqueológicos y otros lugares de interés.
Un arroz en el bar El Chato de Yecla y paseo posterior por el pueblo, puso el broche final a esta excursión que se merece de sobra la máxima nota, 5 estrellas.
Paco Nieto
FOTOS
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