sábado, 19 de febrero de 2022

Excursión X324: Embalse de la Cierva y Fuente Caputa

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Embalse de la Cierva
Final: Embalse de la Cierva
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,1 Km
Desnivel [+]: 341 m
Desnivel [--]: 341 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Nueva ruta por tierras murcianas, región que guarda muchos rincones por descubrir. En esta ocasión quedamos cerca del municipio de Mula para recorrer la ribera del embalse de la Cierva y acercarnos a conocer Fuente Caputa y parte de la Rambla de Perea. Aparcamos en una explanada que hay junto a las ruinas de la Casa del Guarda, a nuestra izquierda, a unos 250 metros antes de llegar a la presa de la Cierva, antes llamada del Corcovado.

A ella nos dirigimos para cruzarla por la carretera que hay sobre su muro. Tiene una altura desde cimientos de 62 metros y una longitud de 190 m. Fue construida en 1929 para regular la Cuenca del Segura que es, a lo largo de la historia, la que más catástrofes ha sufrido como consecuencia de las inundaciones, en ella bastante habituales.

Posteriormente se realizaron obras de recrecimiento de la presa entre 1988 y 1996, momento en el que alcanzó sus características actuales, en la que alcanza una superficie de 58 ha. Nada más cruzar la presa, giramos a la derecha para bajar por unas escaleras y seguir por un bonito sendero junto a las quietas y apacibles aguas del embalse.

El sendero nos introduce en un pequeño y precioso cañón de altas paredes, con abundantes eucaliptos y pinos que hacen agradable el caminar por su sombra y la alfombra que sus hojas proporcionan a lo largo de toda esta senda. En unas rocas que se introducen el agua tenemos unas magníficas vistas de la presa y el embalse. Al llegar a la zona conocida como El Herrero, la senda da paso a un camino de tierra que transcurre por una zona árida, con pinos pequeños, monte bajo, matas de esparto, romero y zonas despejadas.

Aunque hay múltiples posibilidades, nosotros seguimos los senderos más próximos al embalse, muy marcados por el paso de otros senderistas y señalizados por mojones de piedras. 
En ocasiones tenemos que ascender un poco, en otras desciende o bordea algún saliente, pero siempre con bonitas vistas del agua. Finalmente llegamos a la cola del embalse, justo donde el río Mula desemboca en el embalse.

Tras las fotos de rigor, continuamos por la izquierda, junto a un canal de riego y cultivos de almendros, algunos ya en flor, acabando en una pequeña presa, que utilizamos para cruzar el río Mula. 
Este río nace en las llamadas Fuentes de Mula, en la zona serrana del término municipal de Bullas,y desemboca en la margen derecha del río Segura, entre los municipios de Alguazas y Las Torres de Cotillas, tras un recorrido de 64 kilómetros.

Tras cruzar el río, continuamos hacia nuestra derecha en dirección este, para enseguida girar a la izquierda por unos campos de almendros que acaban junto a la autovía RM-15. Pasamos bajo ella por un túnel de hormigón y continuamos hacia el este, para desviarnos a los poco metros por un sendero que asciende con fuerte pendiente hacia el norte.

A mitad de camino pasamos junto a un depósito de agua y una tubería de abastecimiento. Por terreno seco y árido, entre arbustos, alcanzamos una cómoda pista en la Majada de las Vacas, junto a una casa forestal en ruinas. Por ella iniciamos un largo descenso en dirección noroeste, por el llamado Cordel de la Huerta, una vía pecuaria de 37,61 metros de anchura, según rezaba un cartel, rodeada de un bosque de pinos.

Un giro a la derecha nos puso rumbo noreste, en dirección hacia la Rambla de Perea. Este tramo resultó muy agradable, rodeados de pinos carrascos por entre los cuales comenzamos a ver las enormes pozas de Fuente Caputa. La pista llega hasta un puente donde se encuentra una gran charca azul, en ella estaba bebiendo un nutrido número de ovejas. 

Bordeamos un aparcamiento que hay junto al puente y nos acercamos a otra de las charcas, en la que el agua tenía tonalidad esmeralda. En este tramo del curso de la Rambla Perea, se suceden las pozas, ideales para darse un baño en verano. Estas piscinas naturales se encuentran a diferentes alturas y el agua salva estos desniveles con pequeños saltos y cascadas.

Estas fuentes llevan agua todo el año, gracias a los pequeños manantiales que se filtran en las rocas porosas. El origen del nombre de Fuente Caputa proviene de la época romana y su significado es «cabeza del agua», "caput" (cabeza) y la a de "aqua"Descendemos el bello barranco por su margen derecha, que por momentos se aleja un poco del agua para salvar una zona rocosa en la que han instalado una cadena de apoyo.

Durante el recorrido se puede observar una vegetación típica de rambla (tarays, juncos y adelfas), en las laderas (pinares, romeros y tomillos) y la fauna característica de la zona (sapos, ranas, conejos, lagartijas…). 
Entre grandes pinos llegamos a una lagunilla, antesala de la Poza Grande de Fuente Caputa, una enorme piscina natural con una cascada al fondo. Desde aquí se pueden contemplar las mejores vistas de este espacio natural.

Nos quedamos extasiado contemplando el agua y el contraste del acueducto que da servicio al Canal del Segura en el cielo frente a nosotros. Mejor sitio para tomarnos los bocadillo no pudimos encontrar. Está declarado lugar de Interés Comunitario por los valiosos hábitats que alberga. Fuente Caputa es también Lugar de Interés Geológico por sus formaciones pétreas, no en vano, el curso de agua se encajona entre paredes calizas, areniscas y margas marinas, y discurre de charca en charca dando lugar a un humedal que lo ha convertido en Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Tras el relajante descanso, continuamos el descenso en dirección este. De nuevo unas cadenas facilitan el paso. Cruzamos el barranco bajo el colosal acueducto y fuimos a dar a una pista asfaltada rodeada de pinos. Poco después la abandonamos para seguir a la izquierda un sendero que vuelve a cruzar el barranco un poco más adelante y discurre junto a acequias de agua.

Tras una larga curva, pasamos junto a Casa Perea, lamentablemente en amenazante estado de ruina, y un poco más adelante, nos desviamos a la izquierda para visitar la Casa de las Palmeras, también en estado ruinoso. Retomado el sendero, continuamos descendiendo la Rambla de Perea, ahora en dirección noreste, pasando por una espectacular zona de verticales acantilados en los que había gente haciendo escalada. Cruzamos por última vez la rambla y al llegar a unas casas en ruinas, giramos hacia el sur y después al suroeste.

Entre matorral bajo, vamos ascendiendo por una pista de tierra mientras contemplamos a nuestra derecha el barranco por donde habíamos venido. Más adelante, conectamos con el Cordel de la Huerta, por el que seguimos unos metros para luego salirnos a la derecha para seguir un sendero en dirección suroeste.

Desde aquí, recuperamos las vistas del embalse de la Cierva y el enorme puente de la autovía para salvar este tramo del embalse. Salimos del marcado sendero hacia la izquierda, iniciamos la bajada por la Artichuela, por terreno áspero y poco estable, en el que hay que ir atentos a donde pisamos porque la pendiente es muy pronunciada, el sendero se pierde un poco y está bastante roto, por lo que es bueno seguir el track para no desviarse.

Por fin acabamos el descenso, pasamos la autovía por debajo de los colosales puentes y continuamos bordeando el embalse por la orilla opuesta a la del inicio de la ruta. Las vistas del embalse tras cada revuelta a su sinuosa orilla son impresionantes.

El sendero pasa a ser camino de tierra y luego conecta con una carretera asfaltada que nos lleva directamente a los coches, dando así por terminada esta estupenda excursión con el agua como protagonista, que bien merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 14 de febrero de 2022

Excursión X323: Charcas de los Camorchos y Cruz del Pan de Hoyo de Manzanares

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,4 Km
Desnivel [+]:  230 m
Desnivel [--]: 230 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 11

MAPAS 
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TRACK
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RESUMEN
Como era el día de los enamorados, decidimos hacer una ruta corta para poder estar a tiempo en casa y ésta de la Cruz del Pan era idónea para recorrer las praderas de Hoyo de Manzanares en todo su conjunto. Comenzamos la ruta en la Plaza de Cervantes, donde nos hicimos la foto de grupo, bien abrigados porque hacia bastante frio. Callejeamos en dirección suroeste hasta llegar a la Avenida de los Cantazos, por la que seguimos hasta dar con un camino de tierra, dejando atrás el pueblo.

Nos internamos en el Monte de Los Altillos, con numerosos ejemplares de vegetación típica mediterránea: encinas, enebros y etapas de degradación del encinar (jaras, torviscos). En sus praderas se construyeron los escenarios donde se rodaron numerosas películas de Oeste, como "Por un puñado de dólares" o "La muerte tenía un precio", llegando a levantarse incluso un fuerte, Fort Jackstone, para rodar "Séptimo de Caballería" o calles completas para rodar "Tiempos de Chicago", de lo que hoy día no queda nada.

Giramos a la derecha, para dirigirnos al Mirador de la Berzosa, entre cantuesos, jaras pringosas, tomillos, torvisco. Desde este roquedal se divisa el Palacio del Canto del Pico y, un poco más adelante, de frente, la Cruz del Valle de los Caídos, el Monte Abantos y parte de la Sierra de Guadarrama. En su base hay bancos y mesas de madera desde el que disfrutamos de sus fabulosas vistas.

Tras las numerosas fotos, bajamos por un camino estrecho que pasa a través de un canchal en dirección sureste, dejando a la derecha los cables de alta tensión. Entre los canchales discurre un arroyo de temporada con corujas. Seguimos la senda hasta llegar a una bifurcación que se debe ignorar, caminando por los enormes canchales y atravesando una zona de jaras muy frondosa y un bosquecillo de enebros. Descendimos hasta alcanzar el arroyo del Cura, donde se encuentran enebros, juncos, torvisco y viejos chopos con ramas caídas.

Cruzamos el arroyo, que iba casi sin agua y a la izquierda, pasamos junto a una lagunilla, también casi seca. De frente, en dirección sur, avanzamos hacia el Camocho, un promontorio rocoso con excelentes vistas de todo el entorno. En su zona sur contemplamos una falla existente de corta longitud, que llega a retazos hasta el término municipal de Torrelodones.

Giramos a la izquierda para aproximarnos Charcas de los Camorchos, a las que se accede por una puerta de una valla. Son éstas unas charcas estacionales, rodeadas de junqueras que en verano merman su ahora abundante agua, donde se acogen anfibios como la rana, el sapo común, tritón, etc. Están incluidas en el Inventario Nacional de zonas Húmedas.

Junto a sus quietas aguas, cristalinas como un espejo, tomamos el aperitivo de media mañana, reanunando la marcha en dirección norte. Pasamos junto a la prolongación de la falla y dejando atrás la cerca de las charcas, llegamos a otra más pequeña, pero igual de bonita. Nos internamos en las praderas de Veri, plagadas de enebros. Pasamos junto al área recreativa del Berzalejo, donde se encuentra un pilón con un cartel que avisa de su uso solo pecuario.

Continuamos por el camino en dirección norte, de frente se encuentra el Pico de La Cruz del Pan, al que llegamos girando a la izquierda al llegar a una intersección. Un cartel avisa de que en esta parte de la ruta hay colmenas de abejas, por lo que hay que tener cuidado para no incomodarlas. Con el objetivo conseguido, volvimos sobre nuestros pasos para retomar el sendero, que teniendo como referencia al frente la sierra de Hoyo, con Los Picazos y la Tortuga, nos lleva de vuelta a los decorados, ahora por su lado más oriental.

Pasamos junto a dos pilones construidos para los rodajes y retomamos el camino hacia el pueblo, siguiendo el mismo itinerario que nos trajo hasta aquí pero en sentido contrario.

En la terraza de Casa Chaqueta, en el centro del pueblo, nos tomamos las cervezas de celebración de fin de ruta, merecedora de 4 estrellas por lo agradable del recorrido y el excelente sol que hemos tenido, haciendo muy placentera la fría mañana.
Paco Nieto

lunes, 7 de febrero de 2022

Excursión X322: Cabeza Mediana y Cerrito Sarnoso

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: M-604. Km 38,2. Rascafría
Final: M-604. Km 38,2. Rascafría
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,5 Km
Desnivel [+]:  533 m
Desnivel [--]: 533 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS 
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RESUMEN
Llega otro lunes y como Paco, nuestro guía y organizador de todas las salidas no está, José Luis nos ofrece hacer una bonita excursión por Cabeza Mediana y Cerrito Sarnoso. Nos apuntamos siete a la sugerente propuesta, hace bastante frío y vamos abrigados. Hemos quedado en un pequeño parking que hay en la carretera M-604 km 38,2 y decidimos empezar pronto para así poder terminar comiendo en algún restaurante de la zona.

Empezamos la ruta por la parte derecha del arroyo de la Laguna de Peñalara, en una subida bastante agradable entre bosque de pinos, llega un momento en que hay que cruzar el arroyo y dudamos por dónde hacerlo pero encontramos un sitio que más o menos nos dejó vadearlo sin mojarnos las botas. Seguimos por el GR-10.4 o Camino Viejo del Paular y a unos 100 metros giramos hacía la derecha hasta que llegamos a la Sillada de Garcisancho. 

Continuamos por el GR-10.4 y llegamos hasta el km 1 de la ruta y un poco más adelante nos encontramos con la charca de los Plumeros, muy bonita. Seguimos nuestra ruta y un kilómetro más adelante nos alcanzamos el arroyo de la Umbría que lo cruzaríamos dos veces, tras un descenso de 150 metros de desnivel. A unos 200 m pasamos por encima del túnel del AVE que va de Madrid a Segovia. Hacía el km 3,5 llegamos al Rincón de los Condenados, curioso nombre para tan bello lugar.

Seguimos en ligera pendiente de descenso hasta llegar al km. 4 y unos metros más adelante torcimos hacía la izquierda para visitar la laguna de Matalascuevas, que estaba totalmente congelada y aprovechamos a hacernos fotos ya que el día y el paisaje estaba precioso. Volvemos a coger el camino que dejamos y empezamos una subida de unos 400 metros que nos llevó hasta la siguiente laguna, también muy bonita y más grande, donde repetimos las fotos. 

Ya después de 4 km y bastante sol, nos empezamos a quitar los abrigos. Seguimos la ruta hacia el este y a 200 metros cruzamos el arroyo de Navalahuesa.

Llegamos a la mitad del recorrido y empieza una subida larga y tendida de 200 metros de desnivel en la que nos encontramos con otra laguna y más adelante con el Collado Carretero.

Seguimos por la pista hasta cruzar el arroyo Orégano y al llegar al kilómetro 6 torcemos hacia la derecha para así llegar, en unos pocos metros, al vértice geodésico de Cabeza Mediana (1.693m) donde aprovechamos para hacer las fotos pertinentes de grupo y también a tomar la media mañana y así recuperarnos un poco de la larga subida. Fue un momento muy especial por las preciosas vistas que estábamos contemplando.

Tras el descanso, continuamos la ruta, descendiendo durante un kilómetro muy agradable hacia la Silla de Malabarba, curioso nombre, hasta que vemos de frente otra subida que nos queda de un poco menos de un km. hasta llegar a Cerrito Sarnoso. Una vez allí ya es todo bajada hasta el mismo punto que pasamos en la ida, la Sillada de Garcisancho. Desde ahí, como alternativa para no volver por el mismo sitio, decidimos volver por el margen contrario del arroyo de Peñalara.

Teníamos un poco de prisa ya que teníamos hambre y queríamos llegar al restaurante de Navacerrada lo antes posible.

Como resumen, fue una ruta preciosa y con una temperatura buenísima. Le otorgo una nota de 4 estrellas.
Teresa Abella

FOTOS

sábado, 5 de febrero de 2022

Excursión X321: La Azohía y baterías del Cabo Tiñoso

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: La Azohía
Final: La Azohía
Tiempo: x a x horas
Distancia: 25,3 Km
Desnivel [+]: 1080 m
Desnivel [--]: 1080 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 2

MAPAS 
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PERFIL
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TRACK
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RESUMEN
Esta ruta la planeamos como complemento de la que realizamos por las Baterías Militares de Portmán, que tuvimos ocasión de conocer en esta excursión, ambas pertenecientes al sistema defensivo de la bahía y puerto de Cartagena, las primeras, en su flanco norte, y éstas otras situadas al sur.

Quedamos en el aparcamiento que hay cerca del pequeño puerto de La Azohía, junto a la iglesia del pueblo, para realizar esta exigente ruta, por su longitud y desnivel acumulado, con poca sombra, por lo que no se debe hacer con calor, a su favor, se tienen unas vistas estupendas del cabo Tiñoso, con el mar de fondo, aparte de la singularidad de los fortines construidos para albergar los cañones que custodiaban la bahía.

El nombre de La Azohía procede del árabe: "Al-zawiya", en castellano: "el rincón" o "el monasterio", está enclavada en una zona natural con un pequeños asentamientos de población, de casas blancas encaladas agrupadas y sin núcleos urbanos definidos, desde su entrada a lo largo de tres kilómetros, hasta el puerto pesquero, y la barriada de pescadores, o Caseríos de La Azohía.

Destacan entre sus atractivos su bella bahía, sus aguas mansas, y tranquilas, y su puntos de vigilancia de costas, e infraestructura militares, salpicadas por el terreno, y destacando algunas como la torre de Santa Elena y las Baterías de Cabo Tiñoso, además de la Batería de Castillitos. Echamos a andar en dirección noreste por la rambla de Azohía, bordeando la Iglesia de la Inmaculada Concepción, construida a escasos diez metros de la orilla del mar, junto al espigón portuario;

Un cartel nos recuerda, que ya en tiempo de los romanos, se practicaba la pesca con almadraba, arte pesquero del atún, consiste en situar dos barcos entre los que se cala una red somera, sujetada con un palangre en la que se recogen los peces. Dejamos la pista de tierra por la que habíamos subido al alcanzar una finca con almendros en flor, que bordeamos, Un cartel informa de la situación de las baterías.

Giramos hacia el sureste siguiendo un agreste sendero que va realizando una amplia curva en constante ascenso. Al alcanzar un edificio rectangular en ruinas, descendimos un poco para ir a visitar la primera de las baterías de la jornada, la Batería de Loma Largafue artillada en 1935, está compuesta de cuatro barbetas en línea, correspondientes a los cuatro obuses que allí se emplazaron.

Se construyeron tras una pequeña elevación, excavadas en la roca, por lo que se dispusieron muros de contención construidos en hormigón que, adaptados a la media circunferencia de la barbeta, caracterizan a este puesto artillero. Con un alcance de 11.320 metros, tenía por misión principal la defensa de las playas cartageneras de la Azohía, la Chapineta, San Ginés e Isla Plana. Fue desartillada en 1940, y sus cuatro piezas enviadas a Ceuta para reforzar el despliegue de la artillería de costa del Estrecho de Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial.

También encajado en la montaña, semienterrado está situado el depósito de municiones, dispuesto a la entrada de la batería, así como un edificio que daba servicio al puesto. En el extremo norte parece que se colocó un refugio antiaéreo. El resto de dependencias de la batería se situaron en un acuartelamiento cercano construido en los años cuarenta del siglo XX, ideado para dar servicio a la tropa destinada en todos los emplazamientos artilleros situados en cabo Tiñoso y que, sin embargo, no se llegó a utilizar.

Continuamos a la derecha por la carretera RM-E23 unos doscientos metros para, en la primera curva, desviarnos a la derecha por un sendero que, tras varias amplias curvas, cruza de nuevo la carretera. La vegetación se reduce a arbustos y palmitos. Un modesto montículo de piedras recuerda a un senderista con este texto: "En el camino he vivido parte de mi historia, y en el camino sigo, con vosotros siempre. In memoriam". Emotivo epitafio para cualquier amante de los caminos.

Desde allí descendimos, en dirección este, hacia el Bolete Grande, desgarrado acantilado con estupendas vistas de las calas del Cantalar. Con la distracción de contemplar un crucero que surcaba la bahía, fuimos descendiendo las empinadas zetas hasta conectar con el GR-92, el sendero de Gran Recorrido del Mediterráneo, que va de Portbou (Gerona) hasta Tarifa (Cádiz), a través de una ruta costera de más de mil kilómetros.

Por él seguimos descendiendo hasta llegar a la punta de las Chapas y Cala Salitrona, cuyas aguas transparentes invitaban al baño y eso que no era época. Aquí nos cruzamos con uno que estaba haciendo el camino al revés que nosotros, pero ¡¡¡en patinete!!!. No nos lo podíamos creer, en medio de la nada, con senderos pedregosos y en patinete eléctrico, si no lo veo no lo creo.

Continuamos por el GR-92, iniciando un empinado ascenso con extraordinarias panorámicas de la acantilada costa y el inmenso mar y que nos llevó a la Batería de Castillitos, quizás la más conocida de todas las del Cabo Tiñoso. La batería fue construida y artillada entre 1933 y 1936 según como se proyectó en el año 1926, durante el programa de dotación de un cinturón defensivo a la estratégica plaza de Cartagena por la dictadura de Primo de Rivera.

Fue dotada con dos cañones de costa de la empresa británica Vickers-Armstrong, del modelo 38,1/45 cm (quince pulgadas). Estas piezas tenían la potencia suficiente como para disparar un proyectil de casi una tonelada a 35 kilómetros.​ Su labor era proteger la entrada a la bahía de Cartagena junto a su gemela, la Batería de Cenizas situada en el cabo Negrete, en un fuego cruzado que impidiese la entrada de elementos hostiles.

Durante la guerra civil española realizó una descarga contra la armada franquista en abril de 1937, si bien la presencia de las fortificaciones que rodeaban la ciudad bastó para mantener alejado a cualquier buque enemigo.​ Permaneció en servicio hasta 1994. Desde entonces la batería se vio abandonada y víctima de un progresivo deterioro, con sus cañones inutilizados, hasta que en 2009 el Ministerio de Medio Ambiente decidió hacer una inversión con la que se restauró la fortificación y se hizo visitable.​

El nombre de 
Castillitos le viene de su fachada, construida imitando un castillo medieval, siguiendo un estilo historicista con influencias del eclecticismo y el modernismo, corrientes en boga en aquel momento.​ La arquitectura de la batería tiende a ocultarse excavando en la montaña o imitar la textura de la roca para impedir su visión desde la lejanía. Una vez dentro del complejo, cada pieza de artillería cuenta con una sala de máquinas, almacenes de pólvora y repuestos y una cámara de carga. También tiene un aljibe.

Tras parar a comer los bocadillos, recorrer las diferentes dependencias y subirnos a los cañones para las fotos, nos dirigimos a la Batería de Jorel. Está situada en la misma punta del Cabo Tiñoso, es complementaria a la de Castillitos, es considerada una prolongación de ésta. Se la denominó "Jorel" porque en el mismo sitio donde se ubicó la batería, los pescadores de la zona tenían sus referencias para la pesca del “jurel”.

Las obras comenzaron en 1929 y entre los años 1931 y 1932 se instalaron cuatro piezas Vickers de 15,24, tres de las cuales permanecen en sus asientos originales mientras que la cuarta fue desmontada para ser expuesta en el Museo de Artillería de Cartagena.  En mayo de 1933 se concluyeron las obras con la explanación y la recepción definitiva.

Durante la Guerra Civil su participación en la defensa de la bahía de Cartagena y de su Arsenal Militar fue activa, siendo su potencial armamentístico complementario al instalado en las baterías de Castillitos y el Atalayón, con lo que creaban una cortina de fuego prácticamente infranqueable. En 1994 queda fuera de servicio. Actualmente, esta batería y todas las demás, son propiedad del Ministerio de Defensa, está declarada Bien de Interés Cultural y están abiertas al público.

Tras las fotos de rigor, volvimos sobre nuestros pasos y nos dirigimos a la Batería del Atalayón, situada por encima de las anteriores, en una impresionante aguja rocosa con el mismo nombre, que se alza 349 m sobre el nivel del mar, en la pendiente del litoral y con amplias vistas panorámicas de toda la costa. Domina un extenso espacio costero que se extiende, como poco, desde la isla de Escombreras hasta el Puerto de Mazarrón.

El emplazamiento de artillería antiaérea del Atalayón fue construido como consecuencia del Plan de Defensa de 1926, que disponía una considerable modernización de las defensas de la plaza de Cartagena y su base naval. Aquí se montaron las defensas antiaéreas que daban cobertura a las baterías, con sus piezas de 105 mm, cubría los posibles ataques de aviones enemigos a las baterías de Castillitos y El Jorel. De nuevo en la carretera RM-E23, coincidente en este tramo con el GR-92, continuamos el descenso por él en dirección oeste, pasamos por el Collado de Juan Catalina, donde comenzamos a ascender de nuevo.

Poco después de dejar una casa abandonada, el GR-92 deja la carretera para continuar por una senda que aparece a la izquierda, con un paisaje agreste y de escasa y resistente vegetación como el existente en toda la zona. Al poco abandonamos el GR para desviarnos a la derecha y subir por una estrecha y empinada senda, y con la ayuda de algunos hitos de piedras, alcanzar al vértice geodésico de la Picadera, situado a 405 m, donde visitamos también los dos puestos de vigilancia allí instalados.

Volvimos sobre nuestros pasos para retomar el GR-92, dejando a nuestra derecha el Cerro de los Siete Cucones, coronado por varias antenas militares. Unos metros más abajo pasamos junto a un coche achatarrado que vaya usted a saber cómo acabó allí. Y otro poco más abajo, llegamos al Collado de de los Siete Cucones, con estupendas vistas de la Azohía y todo el litoral.

Continuamos el descenso hacia el Alto de la Panera, dejando a nuestra izquierda la serpenteante y muy empinada senda que desciende hacia la Cala Muñoz. También contemplamos "la garita", antiguo puesto de vigilancia. Divisando desde la falda del litoral las continuas calas de la costa, nos fuimos acercando a la Torre Santa Elena. Se levantó entre los años 1556 y 1598, bajo el reinado de Felipe II, dentro del sistema de vigilancia costera, era una de las atalayas realizadas para evitar los ataques de los piratas berberiscos desde el norte de África.

Fue reformada en el siglo XVIII, permaneció en activo hasta principios del siglo XIX, fecha en la que perdió valor militar. Declarada Monumento Histórico Artístico, restaurada durante la década de 1990, cuenta en sus almenas con un cañón de gran alcance del 1742 fabricado en Italia. Está construida en mampostería y tiene forma hexagonal; consta de dos plantas, comunicadas por una escalera de caracol, con techo abovedado y aljibe. Se encuentra mirando hacia el golfo de Mazarrón y a casi 100 metros sobre el nivel del mar.

Bajamos al mirador que hay bajo la torre, desde el que se tienen unas excelentes vistas. Desde allí, en tranquilo paseo junto a la orilla del mar nos dirigimos hacia La Azohía, por las calles de este pueblecito de pescadores llegamos el espigón creado en 1931, como desembarcadero de las grandes piezas Vickers, para armar las baterías que habíamos visitado.

Dimos así por finalizada esta larga pero fantástica ruta llena de historia y espectaculares vistas que bien merece 5 estrellas.
Paco Nieto

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