martes, 8 de enero de 2019

Excursión X159: Garganta del río Cofio desde La Paradilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
La Paradilla
Final: La Paradilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,5 Km 
Desnivel [+]: 491 m 
Desnivel [--]: 491 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Volvemos a acercarnos a La Paradilla, una pequeña población que pertenece a Santa María de la Alameda, y que está situada en el kilómetro 40,9 de la carretera M-505, que se dirige a Ávila.

Hoy tocaba recorrer la garganta del río Cofio para conocer el impresionante desfiladero que este río ha labrado entre riscos y cerros.

Iniciamos la ruta en esta mañana fresquita, pero con un cielo despejado, descendiendo por un camino en dirección sureste hacia el valle por el Camino de Robledo.

Enseguida lo dejamos para continuar por otro que nos sale a la derecha en dirección sur. Pasamos un portón y proseguimos entre vallas de piedra hacia el Barranco de La Paradilla, un arroyuelo que nace apenas 600 metros más arriba y que entrega su escasa agua al río Cofio, 1600 metros más abajo, tras tallar un pequeño y vistoso despeñadero.

Cruzado el arroyo, la senda asciende un repecho, acercándose a una valla metálica de gran altura, donde de nuevo descendemos entre rocas para cruzar sobre un túnel las vías del ferrocarril del Norte, utilizadas actualmente para unir Madrid con Ávila.

Al poco vadeamos el arroyo de la Casa, que nace dos kilómetros más arriba a los pies de un espolón del Cerro de San Benito y que 400 metros más abajo se une al Barranco de la Paradilla.

Dejamos atrás otro portón y pasamos junto a un cochambroso cercado en el que había un coche oxidado, mientras contemplábamos de frente el risco de Santa Catalina.

Al poco, tras un par de zetas, alcanzamos el inicio de la garganta, a los pies del Cerro Corrales, justo donde estaba la presa de Robledo, que el 29 de septiembre de 2014, fue demolida usando más de una tonelada de explosivos. En este enlace se puede ver el momento de la voladura.

Tenía 22,7 metros de altura, 60 metros de coronación, 9.000 m3 de hormigón y 220.000 m3 de volumen de embalse, que abasteció de agua a Robledo de Chavela hasta 1990. Ha sido una de las de mayores dimensiones puesta fuera de servicio en España, culminando así el proceso de restauración de la conectividad ecológica e hidrológica del río Cofio.

Contemplados los restos de la presa, iniciamos el remonte de la margen izquierda del río, al principio siguiendo una pista de pescadores que acaba en una valla con una singular puerta a modo de parrilla que demuestra lo imaginativo que es el personal.

Seguimos lo más próximos al cauce del río, salvando zarzas y arbustos que en ocasiones entorpecían el paso e incluso nos obligaba a remontar un poco la ladera en busca de mejor paso.

A nuestra izquierda, el río forma estupendas pozas que nos hacen pensar en visitarlas en verano. Rebasado el segundo meandro, pasamos por una estupenda praderita en la que nos hacemos fotos junto al río.

Al poco, cruzamos el resultado de la unión del arroyo de la Casa con el del Barranco de La Paradilla, momento en que nos tenemos que separar del río por encajonarse demasiado y así facilitar el paso. Aprovechamos para tomar el bocadillo y descansar un rato.

Durante todo el recorrido tuvimos oportunidad de contemplar el efecto devastador del incendio provocado a finales de agosto del 2012, que calcinó más de 1500 hectáreas y que supuso la evacuación de 2000 vecinos. Actualmente el entorno está en proceso de recuperación, siendo una de las 5 Zonas de Especial Conservación (ZEC) en la Comunidad de Madrid. Este es uno de los muchos enlaces sobre la catástrofe.

De nuevo en marcha, pasado un arroyuelo, nos volvemos a acercar al río. Gran error porque nos esperaba el paso más complicado del recorrido. Lo mejor hubiese sido continuar por el acantilado, como hizo uno de nosotros, o bien buscar un paso más cómodo junto al río.

Salvado el farallón, nos relajamos contemplando el río en un remanso con una gran poza y una pradera que invitaba al descanso, pero había que continuar.

Con la vista puesta en el viaducto de la carretera M-505, famoso por practicarse en él puenting, como puede verse en este enlace, polémico tras varios accidentes, el último con muerte incluida.

Nos alejamos del río progresivamente ganando altura hasta alcanzar el Camino de los Gallegos, atravesamos una urbanización, pasamos sobre el túnel de la Paradilla y paralelos a la carretera llegamos a las primeras casas de la Paradilla, dando así por cerrada esta bonita ruta que se merece 4 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 17 de diciembre de 2018

Excursión X158: Las Dehesas de Guadarrama

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
Guadarrama
Final: Guadarrama
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 16,7 Km 
Desnivel [+]: 521 m 
Desnivel [--]: 521 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Lo que iba a ser un corto paseo por las dehesas de Guadarrama y Los Molinos acabó en una larga excursión con varios alicientes añadidos sobre la marcha.

Iniciamos la ruta en el aparcamiento del área recreativa del Gurugú, situada a la salida de Guadarrama por la antigua N-VI en dirección al puerto del Alto del León. Descendimos hacia la carretera, jalonada por enormes hitos cilíndricos acabados en cono, llamados "picutos", que siempre han llamado mi atención.

Están enfrentados de dos en dos, situados a ambos lados de la carretera por el Alto del León entre Guadarrama, antiguo Camino Real de Castilla, el primero en la salida lado Segovia, y el último en San Rafael en la entrada lado Madrid, formando un total de cinco pares.

Aunque pudiera parecer que servían para señalar el camino cuando estuviera nevado, su verdadera función era impedir la circulación nocturna mediante el cierre con cadenas y evitar así el robo de madera, la caza furtiva y el esquivar el pago del peaje establecido. En este enlace se de mucha información sobre este tema.

Giramos a la izquierda para seguir por la calle Canfranc y salir a la urbanización Miranieve, donde enlazamos con el Cordel de la Calleja de los Poyales, de arraigada tradición trashumante, dejamos a nuestra derecha Prado Herrera, con extensas fresnedas, con sus troncos exageradamente gruesos en comparación con el enclenque ramaje, el cual suele cortarse al cero cada poco para alimentar al ganado en invierno, dejándolos trasmochos.

Cruzamos el arroyo del Tejo, que poco antes de dos kilómetros aguas abajo desemboca en el río Guadarrama. En el Descansadero de la Calleja de los Poyales paramos junto al abrevadero del Rasillo, situado en una extensa pradera que lucía un hierba recién cortada.

Unos pocos de metros más adelante dejamos la vía pecuaria para seguir por nuestra derecha, bordeando la finca de los Poyales, donde numerosos caballos, muchos blancos, retozaban a lo lejos. Continuamos en dirección noroeste hasta cruzar el Cordel del Toril, que en este tramo sirve de límite con Los Molinos.

Un poco más adelante el camino estaba lleno de charcos, consecuencia de las últimas lluvias, mientras nos recreamos con las bucólicas imágenes de los fresnos en las dehesas.

Amantes de la humedad, el fresno formaba antaño apretadas masas en las jugosas navas del piedemonte guadarrameño. Fresnedas que fueron pronto adehesadas, esto es, cercadas y aclaradas para favorecer el desarrollo de pastizales, y que, estabilizadas desde hace siglos, trazan la amistosa frontera entre el hombre y la sierra desde El Escorial hasta Guadalix, pasando por Manzanares el Real.

Enseguida divisamos a nuestra derecha otro abrevadero, éste en el interior de la Dehesa, a la que se accede por un portón sin candado. Junto a ella nos hicimos la foto de grupo.

Y un poco más adelante, al otro lado del camino, se encuentra una fuente entre las rocas, cercana a la Ermita Virgen del Espino, a la que nos acercamos a continuación.

Desde 1962 se alza sobre un mogote granítico, coronada por una campana con enormes vistas: de la Peñota, de Siete Picos, de la Bola del Mundo, de la Maliciosa, etc.

También un ejército de chalés que, desde Villalba hasta Cercedilla, han desalojado a las fresnedas de las frescas riberas del curso alto del Guadarrama.

Continuamos hacia el norte, dejando a nuestra izquierda Prado Montero, cruzamos el arroyo de las Atalayas, llegando al pequeño embalse de los Irrios, que dejamos a nuestra derecha tras acercarnos a su presa, para seguidamente cruzar por un puente de piedra las vías de ferrocarril, continuando, tras cruzar un portón, en ascenso por una bonita pista entre pinos en la zona conocida como los Barrancos.

Alcanzada la máxima cota del día, iniciamos el descenso hacia la estación de Tablada, a la que llegamos al enlazar con la calle de la Estación. Allí nos tomamos el tentempié de media mañana mientras esperábamos ver llegar a un tren de cercanías procedente de Cercedilla.

Tras el paso del tren, cruzamos las vías y descendimos con fuerte pendiente siguiendo el cauce de un arroyuelo, que nos conectó con el Cordel de Valladolid desde el cual, en dirección sureste, nos hace retomar la Dehesa de los Poyales, que rodeamos pasando junto a una fuente abrevadero de tres pilones.

Volvemos a cruzar el arroyo del Tejo y al poco, pasamos entre unas instalaciones abandonadas en El Retamar, a nuestra izquierda y un Sanatorio Militar, a nuestra derecha, descendiendo por un estrecho y pedregoso paso.

Como íbamos bien de tiempo, a alguno se le ocurrió subir a un cerro rematado con una cruz, para lo cual dejamos la espléndida pista para desviarnos a la derecha, cruzar la antigua N-VI y ascender por una pista que al final se estrecha y complica con jaras y zarzas.

Tras la fuerte pendiente, por fin alcanzamos el cerro de las Encinillas y su enorme cruz de piedra, con una inscripción que indica "Cruz de los Sanatorios 1952", algo borrosa, desde la que se tienen unas magníficas vistas de las dehesas.

Después de la fotos de rigor, regresamos por la pista, cruzamos de nuevo la N-VI y volvemos a conectar con el Cordel de Valladolid, que nos lleva a las primeras casa de la urbanización Monte Pinar.

Continuamos por la avenida de las Acacias hasta llegar de nuevo al aparcamiento del área recreativa del Gurugú, donde finalizamos esta excursión que bien se merece 4 estrellas.

En el restaurante Entrevías Casa Isidro de Villalba celebramos con una estupenda paella la finalización de esta ruta y brindamos con todos los compañeros que pudieron acercarse, por las fiestas y por más excursiones el año que viene.
Paco Nieto

martes, 11 de diciembre de 2018

Excursión X157: Puerto de Malagosto desde Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
Rascafría
Final: Rascafría
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 19,7 Km 
Desnivel [+]: 932 m 
Desnivel [--]: 932 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Con un día frío y algo de niebla nos acercamos a Rascafría para iniciar en la plaza del ayuntamiento esta larga excursión, con el grupo bastante mermado por cuestiones de salud.

Salimos de la plaza girando a la izquierda por la carretera M-604, la que va hacia Lozoya, enseguida nos desviamos a la derecha por la M-611, la carretera que sube al puerto de Canencia.

La abandonamos a los pocos metros por el Camino Natural Valle del Lozoya, que recorre la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama, por un valle salpicado de pinares centenarios, que cuenta con la presencia constante del río Lozoya.

El camino comienza en el Puente del Perdón, junto al Monasterio de Santa María de El Paular y termina en El Cuadrón, tras 31,7 km de recorrido, 605 m de subida y 455m de bajada, pero que en estos primeros tramos es completamente llano.

Tras dejar atrás el cementerio de Rascafría, continuamos por una vía pecuaria que atraviesa la urbanización “Los Grifos” por un agradable paseo entre fresnos, rebollos y avellanos hacia Oteruelo del Valle, previo cruce del arroyo del Gallinero y el arroyo Entretérminos, que llevaba bastante agua, lo que nos obligó a utilizar la bonita pasarela que lo salva. Por nuestra derecha contemplamos cómo el sol remonta por la Sierra de la Morcuera entre la niebla, creando unos bonitos contraluces.

Entramos en Oteruelo del Valle por la plaza de la Fragua, donde su antiguo potro de herrar nos evoca un pasado que se remonta a la época medieval, cuando estos pueblos del valle surgieron ligados a la repoblación de la sierra llevada a cabo por cuadrillas segovianas, integrados en el "Sexmo de Lozoya" como unidad administrativa de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia. Tras la reestructuración provincial realizada en 1833, pasaron a formar parte de la provincia de Madrid.

Salimos del pueblo por la avenida de La Paz, cruzamos la carretera M-604, y por el camino que sale a la izquierda, en dirección noroeste, continuamos entre dehesas con caballos que se nos acercan y vacas paciendo tranquilamente en la hierba.

Mirando hacia atrás contemplamos el embalse de Pinilla, medio oculto por la niebla y hacia la izquierda la imponente silueta de Peñalara, con toda su cumbre nevada, que la hace parece aún más grandiosa.

Entre fincas, por camino llano, pasamos junto a un estanque que un pequeño arroyo llena de agua para el ganando. Aquí, sin camino evidente que seguir, tratamos de buscar el olvidado PR-20, giramos hacia el norte, iniciando el ascenso hacia el puerto de Malagosto, entre jóvenes robles y fresnos.

Conforme ascendemos, las vistas del valle ganan en belleza, a la vez que nos enredamos en zarzas y matorrales, que sin una senda evidente, tratamos de superar buscando los pocos claros que la loma ofrece en esta zona conocida como la Pared Cimera, vaya usted a saber por qué.

Pasamos una cerca entre fresnos, con portón abierto, y alcanzamos, tras sortear matas y zarzas, una praderita en la que destacaba un precioso acebo cargado de bolitas rojas cuan árbol de Navidad desde donde se tenía una amplia panorámica del valle del Lozoya y del recorrido que habíamos realizado hasta llegar hasta aquí. Continuamos entre zarzas, buscando la casi inexistente senda.

Un poco más arriba, tras saltar un murete de piedras rematado con alambrada, alcanzamos el Camino de Segovia, que une el puerto con Alameda del Valle y que visto lo visto, quizás hubiese sido mejor haberlo ascendido desde allí, aunque hubiese supuesto unos cuántos kilómetros más.

Por el despejado camino, que se agradece sobremanera, ascendimos por la Loma de Peñas Crecientes, desde las que tenemos unas excelentes vistas del Valle del Lozoya.

Contemplamos la Cuerda Larga, Sierra de la Morcuera, Peñalara y del cercano Hoyo Borrascoso, unos de los vestigios de circos glaciares que pueblan la cara sur de los Montes Carpetanos.

Tras las pertinentes fotos con tan espléndidas vistas, descendimos al Collado de Vihuelas, dándonos así un pequeño respiro tras la subida, antes de afrontar el empinado tramo que nos faltaba para llegar al puerto de Malagosto, situado a 1.928 metros de altura.

En el alto, una inscripción en piedra recuerda las andanzas del Arcipreste de Hita por este lugar, que en su en su libro de Buen Amor, s. XIV, cita como puerto ‘Malangosto’ en su cántiga de la “serrama de Malangosto” (959): “Passando una mañana / el puerto de Malangosto / salteóm una serrana […]”.


Sin embargo, los expertos sostienen que "agostar" significa pastar el ganado durante el verano en las dehesas; y agostaderos se llama a los sitios o pastos donde agosta el ganado. Así que Malagosto significa en realidad mal sitio de pastos o mal sitio para pastar el ganado o mal agostadero.

La famosa romería del Cristo de Malagosto se celebra el primer domingo de agosto en este puerto, en la que dicen es la romería más alta de Europa.

Resguardados del gélido viento tras las rocas del muro de separación de Madrid y Segovia, dimos cuenta de los bocadillos, esta vez sin el apreciado vino de Jorge, mientras nos deleitábamos con las magníficas panorámicas que desde aquí se tienen.

De nuevo en marcha, tomamos el PR-32 en dirección sur, ascendiendo la cuerda carpetana junto a la alambrada que marca los límites de Segovia con Madrid.

Al poco alcanzamos la cota de mayor altura del día, Las Poyatas, con 2.013 metros, en la que había un todo terreno rotulado con "Sierra de Guadarrama. Parque Nacional", el primero que veo con tal inscripción.

Dejando el puerto de las de las Calderuelas unos 300 metros a nuestra derecha, abandonamos el PR- 32 para descender por el PR-35 hacia Rascafría, coincidente durante un par de kilómetros con un amplio cortafuegos, con excelentes vistas de Peñalara y la Cuerda Larga.

Poco después de cruzar una pista, la senda se interna de frente en un frondoso pinar, pero su rastro se puede seguir sin problemas gracias a los hitos y lo que parece un cauce de un arroyuelo hasta alcanzar el Raso de la Cierva.

El lugar no tiene pérdida, porque desde bien lejos se ve la torreta de vigilancia contra incendios que ahora estaba cerrada.

Junto a ella, se encuentra el mirador de las Caseruelas, con una caseta desde la que se se tienen amplias vistas del Valle del Lozoya, el ramillete de pueblos de su orilla, destacando en primer término el Monasterio de Santa María del Paular, y al fondo el embalse de Pinilla.

Sin abandonar el PR-35, ahora convertido en amplia pista, un par de zetas nos lleva a las Matillas y unas cuantas curvas nos pone a pie de un hermoso robledal salpicado de hermosos ejemplares de pino en la zona conocida como las Cayadas, donde dejamos momentáneamente el PR-35 para enlazar un poco más abajo de nuevo con él.

Pisando un manto de hojas caídas, con el arroyo del Artiñuelo cercano, a nuestra derecha, entramos en Rascafría por la calle del Reventón y a continuación por la de la Amargura, la primera seguramente en referencia al palizón que nos hemos dado y la segunda a lo que sentiremos pronto al estar lejos de este entorno tan precioso.

En uno de los bares de la plaza celebramos el fin de ruta y brindamos por la pronta recuperación de los compañeros que hoy no nos han podido acompañar a esta exigente ruta que se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto