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jueves, 16 de junio de 2022

Excursión X346: Camino Francés. Etapa 4. Pamplona - Puente la Reina

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Pamplona
Final: Puente la Reina. Navarra
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 24,6 Km
Desnivel [+]: 462 m
Desnivel [--]: 567 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Nuestra cuarta y última etapa, por ahora, del Camino se presentaba calurosa, por eso madrugamos más aún que los días anteriores. Nos espera Puente la Reina, lugar de confluencia de las dos principales rutas españolas, la que entra por Somport y la que nosotros seguimos desde Roncesvalles.

Tras desayunar, sellar las credenciales y preparar el equipaje para su recogida, salimos del hotel Leyre de Pamplona a las 6:45, todos menos dos, a las que el pronóstico meteorológico les asustó y prefirieron hacer el trayecto en bus antes de perecer en el intento.

Los demás nos dirigimos callejeando hacia el suroeste en busca de la Ciudadela, que bordeamos por su cara sur. Esta fortificación, de antiguo uso militar, fue construida entre los siglos XVI y XVII por orden de Felipe II, acorde con el gusto renacentista italiano. Tiene forma de estrella de cinco puntas para así poder controlar todos los posibles ángulos de ataque, de los que en más de una ocasión tuvo que hacerse valer cuando era sitiada. En la actualidad se mantiene gran parte de ella en pie como jardín y con actividades culturales en sus edificios.

Abandonamos Pamplona por hermosas avenidas siguiendo las conchas compostelanas a través del campus de la Universidad de Navarra.

En tranquilo paseo llegamos hasta el río Sadar, que salvamos por el puente de Acella, construido en piedra calva, con bóveda de ladrillo y arco carpanel de bella estampa y en cuyo lugar sitúa la leyenda la batalla en la que Carlomagno derrotó al rey moro Aigolando.

Le sigue otro, sobre el río Elorz, al que el Sadar entrega sus aguas unos pocos metros antes. Caminamos junto a la carretera que se dirige a Cizur Menor, pasamos por un paso elevado sobre las vías del tren y en suave ascenso llegamos directamente al núcleo urbano de Cizur Menor.

Desde la carretera divisamos a nuestra derecha la iglesia de San Emeterio y San Celedonio, una construcción rural románica del siglo XII, que perteneció a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. Su torre forma un bloque prismático de gran empaque y escasa altura, que se levanta sobre el tramo de los pies de la nave.

Enfrentada a ella, a la izquierda de la carretera, se encuentra la iglesia de San Miguel Arcángel, también del siglo XII, es la única iglesia porticada románica del reino de Navarra. Tiene un aspecto de fortaleza por ser una encomienda de la Orden del Temple de San Juan de Jerusalén, que veló para que fuera destinada a la ayuda de los peregrinos que pasaban por allí camino del puerto del Perdón.

Llegó a contar con tres hospitales para peregrinos. En la actualidad es la Soberana Orden de Malta quien regenta el refugio de peregrinos de esta localidad, situado junto a la iglesia, en lo que fuera uno de ellos y monasterio.

Cruzamos un pequeño parque que surge a nuestra derecha, en el que los aspersores de riego hacían que se disfrutara de una buena temperatura y buscamos un sendero que conduce hasta una pista asfaltada y ésta a su vez a un buen camino de tierra, dejando a nuestra derecha Cizur Mayor.

Cruzamos la carretera que nos llevaría hasta Cizur Mayor, y seguimos de frente, por un tramo ascendente de tierra hasta pasar bajo la línea del tendido eléctrico y coronar una pequeña loma.

Desde aquí la panorámica se extiende ya sobre toda la llanura, dedicada en gran parte al cultivo de cereales, que rodea la capital navarra, en la que destacan pequeños montículos dominados casi siempre por pequeños grupos de edificaciones, hoy medio abandonadas en su mayoría.

En el horizonte se divisa el contorno de la Sierra del Perdón, con sus modernos molinos de viento, nuestra referencia permanente.

Cruzamos la carretera de Galar, la NA-6004, y continuamos por un buen camino que deja un campo de girasoles a la izquierda y se interna en una zona de toboganes de vegetación por la presencia de arroyos en la que se nota la presencia del agua.

Una bonita balsa a la izquierda del camino da fe de ello. La impermeabilidad del terreno hace que con lluvia se encharque abundantemente esta zona, pero sin llegar a formar el tan molesto barro.

A nuestra derecha se divisa la silueta de Guendulaín, enclavado en lo alto de una loma por la que el camino no asciende. En él destaca el palacio de los Condes de Guendulaín, que lamentablemente está en un penoso estado de abandono.

Un banco situado en el cruce con el camino que va al cementerio facilitó la espera a los más adelantados para así reagruparnos, junto a él hay una cruz cargada de recuerdos en la que figura "Koks Frans Belgie" en homenaje a un peregrino belga fallecido aquí.

Un poco más adelante llegamos a Zariquiegui, término de origen vasco, que significa "Lugar o colina de sauces". Proviene de la palabra vasca zarrika que significa "sauce" junto con el sufijo -egi `local' o (h)egi 'colina'.

A la derecha de la carretera nos recibe la iglesia de San Andrés, construcción de origen románico de la segunda mitad del siglo XII, según indican algunos vestigios que se conservan, como la puerta de ingreso y la pila bautismal. En el siglo XIV se llevó a cabo una profunda remodelación que le aportó su configuración actual.

La torre es de gran anchura y escasamente sobresale en altura por encima del tramo de los pies de la nave. Preside la cabecera un retablo mayor romanista de la primera mitad del siglo XVII. En ella nos sellaron la compostelana.

Cerca de la iglesia se encuentra el albergue y una zona de descanso con fuente, en la que rellenamos las cantimploras. Una tienda situada en las primeras casas del pueblo estaba repleta de peregrinos que, como nosotros, aprovecharon para tomar algo y hacer un breve descanso.

A la salida de Zariquiegui hay un ligero y corto descenso que nos llevó a un pequeño arroyo, conocido como Barranco de Zariquiegui al que le sigue otro un poco más adelante. Siendo el último que nos encontramos en un buen trecho.

Aquí comienza, entre algo de vegetación, la parte más empinada de la ascensión al Alto del Perdón, menos mal que no es muy larga, apenas llega a los dos kilómetros, pero puede hacerse muy dura en función de las condiciones del terreno, pues hay que superar un desnivel del 15% sobre un terreno pedregoso.

Nosotros subimos con el suelo completamente seco y mucho sol. Con el suelo embarrado, el panorama seguro que cambia radicalmente. El terreno arcilloso por el que discurre la mayor parte del ascenso se debe convertir en un auténtico barrizal por el que se haría muy difícil avanzar.

En este punto, a la izquierda del camino, se localiza la Fuente de la Teja o de Reniega, en la que, según la leyenda, el diablo disfrazado de caminante le ofreció a un cansado peregrino la posibilidad de refrescarse y de beber si renegaba de Dios, pero éste rechazó la oferta.

Entonces, el demonio le volvió a tentar, sugiriendo que tal vez bastaría con renunciar a la Virgen María para recibir el preciado líquido. Tampoco esta vez lo aceptó.

Como última oferta, Satanás apuntó que bastaría con renegar del apóstol Santiago para conseguir el agua. Pero el peregrino rehusó de nuevo la tentación y se puso a rezar pidiendo ayuda a las alturas. Entonces, el demonio desapareció entre una nube de azufre, y en su lugar apareció la cristalina fuente, donde el peregrino sació su sed. Nosotros no pudimos porque estaba seca.

Unos metros más adelante culminamos el ascenso al llegar al cruce con la carretera que asciende hasta la cumbre del monte El Perdón, repleta de potentes “ventiladores” que aprovechan el que aquí siempre hace viento.

Y efectivamente hacia una agradable brisa que nos refrescó de la calurosa subida. Este icónico paso está situado a 790 metros de altitud, mientras que la cima se halla, a nuestra izquierda, a 1.037m.

Desde 1996, uno de los grandes símbolos del Camino de Santiago es la escultura realizada por Vicente Galbete, que inmortalizó en chapa a un pelotón de peregrinos en su camino a Compostela.

En una de las figuras que integran la obra se puede leer: “Donde se cruza el camino del viento con el de las estrellas”. Junto a ella nos hicimos la foto de casi grupo, pues los más adelantados ya se habían ido cuando llegamos.

Desde este punto la panorámica se amplía de manera extraordinaria. Atrás quedan Pamplona y la cuenca del río Arga. De frente se divisan ya los poblados de Uterga, Muruzábal, Obanos, hacia los que nos dirigimos, y más al fondo las cumbres del Arnotegui y Montejurra.

A la izquierda de la carretera, en el 2017, se instaló un memorial en recuerdo y reconocimiento de las 92 personas asesinadas en la sierra del Perdón durante los años 1936 a 1937 por la represión que se hizo tras el golpe militar que desencadenó la Guerra Civil.

Está formado por un conjunto de 20 grandes piedras. Con una piedra central, que recuerda a todas las personas desaparecidas, y otras diecinueve colocadas alrededor en forma de espiral abierta que representan a cada unas de las localidades de las que algún vecino fue asesinado en ese lugar.

Más animados tras refrescarnos y tomar algo, cruzamos la carretera para inmediatamente descender por un sendero de tierra y piedras sueltas la ladera del cerro, con una empinada pendiente durante un par de kilómetros entre arbustos propios de monte bajo.

Si el ascenso del Perdón exige cierto esfuerzo físico, su descenso no lo desmerece. El firme es muy irregular, propicio para las lesiones, por lo que tuvimos que extremar las precauciones para no resbalar.

Superado este tramo, la pendiente decrece y el terreno se va convirtiendo poco a poco en una aceptable pista de tierra, rodeada de dorados campos de cereales a punto de recoger, por lo que caminar por aquí se convirtió en un verdadero placer.

Unos bancos a la sombra de unas encinas nos facilitaron además un pequeño descanso para reagruparnos.

Vadeamos el Barranco Txirria, que apenas llevaba agua, flanqueados por una chopera que se extiende a ambos lados del pequeño arroyo y, tras una corta cuesta, llegamos a unas encinas bajo las que se encuentra una hermosa imagen de la Virgen de Irunbidea.

Según parece, fue donada por un peregrino, José Lucas Fernández, madrileño y notario de profesión que, viniendo del Alto del Perdón, muy fatigado y al borde del desfallecimiento, decidió abandonar el Camino mientras reposaba en este lugar.

En ese momento, se le acercó una niña y al responderle que se llamaba "María" al preguntarle por su nombre, recuperó la esperanza, y encomendándose a la Virgen, sintió como, milagrosamente, el cansancio desaparecía, y las fuerzas volvían a sus piernas pudiendo así acabar el camino hasta Santiago.

El nombre de Irunbidea viene de Iruña (Pamplona) y bidea (camino), es decir, la Virgen del Camino de Pamplona.

Unos metros más adelante el camino llega a Uterga, donde a la derecha de un pequeño parque, en el que jugamos como críos, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construcción del siglo XVI, con obras y reformas posteriores. Estaba cerrada y no pudimos contemplar su retablo mayor, pero sí su pórtico de ladrillo que la cobija desde 1820. La torre, es del XVIII, a la que se le añadió el cuerpo de campanas y más recientemente la espadaña de remate.

Al final del pueblo se encuentra el albergue Casa Baztán, con una estupenda terraza y bar enfrente. Allí paramos a reponer fuerzas antes de que nos pasara lo que al peregrino de la Cruz de Irunbidea. También aquí pudimos sellar las compostelanas.

En su interior, en las paredes hay numerosas fotografías, algunas de personajes conocidos y un cartel del documental dirigido por Lydia B en el año 2017 "Walking The Camino: Six Ways to Santiago", en el que a través del relato de sus seis protagonistas, evoca, a la vez que inspira realizar el Camino a los que lo ven. Aquí se puede acceder al tráiler oficial.

Pero la película que verdaderamente ha descubierto el Camino al mundo, ha sido la que realizó Martin Sheen en el 2009 y estrenada un año más tarde en EE.UU con el nombre de "The Way", de hecho la mayoría de los peregrinos extranjeros que nos encontramos en el Camino nos contaron que fue al verla cuando decidieron venir a hacerlo.

Está interpretada por Martin Sheen -cuyo nombre real es Ramón Antonio Gerardo Estévez- y fue dirigida por uno de sus hijos, Emilio Estévez, quien también interpreta a su hijo en la ficción.

Trata la historia de un reconocido oftalmólogo de California que un día recibe una llamada informándole de la muerte de su hijo, Daniel, en los Pirineos. Tom viaja a Europa para hacer todos los preparativos propios de una defunción pero, durante su estancia, descubre que Daniel estaba haciendo el Camino de Santiago y no pudo pasar de la primera etapa, en Jean Pied de Port. Decide entonces ayudar a su difunto hijo a terminar el Camino de Santiago, llevando sus cenizas en una caja. Aquí el tráiler de la emotiva película y aquí la película completa.

Entre vides y campos de cultivo, enseguida recorrimos los dos kilómetros que nos separaban de Muruzábal, una antigua villa de señorío realengo. En 1407 el rey Carlos III la incluyó dentro del vizcondado creado en favor de su hermano Leonel.

Nada más entrar, nos fuimos directos a la fuente situada a espaldas de su iglesia de San Esteban a refrescarnos y echarnos el agua por encima, tal era el sofoco que llevábamos.

Mientras los demás descansaban a la sombra de los árboles del pequeño parque, me acerqué a ver la iglesia. Una amable señora que custodiaba el templo y sellaba las credenciales se ofreció a darme todo tipo de detalles sobre la iglesia.

Es de construcción gótica de las primeras décadas del siglo XIV, con posteriores ampliaciones. El interior del pórtico se cubre por tres bóvedas de arista y cobija una portada gótica del siglo XIV de acceso al templo, abocinada por cuatro arquivoltas apuntadas y guardalluvia exterior.

En el interior se conserva el retablo mayor de estilo romanista, del siglo XVIII. En él se haya colocada una talla de la Virgen con el Niño, del siglo XVI, procedente de Eunate. La hornacina central alberga dos tallas de los Santos Juanes, de estilo gótico de la segunda mitad del siglo XV. La talla renacentista de Cristo Crucificado corresponde al segundo tercio del siglo XVI.

Me llamó la atención la bonita y detallista maqueta que hay de la Iglesia de Santa María de Eunate, de estilo románico, construida en el siglo XII y muy peculiar por ser de planta octogonal, muy similar a la de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, lo que la ha atado de forma fantasiosa a los caballeros templarios. El Camino Aragonés pasa por ella poco antes de llegar a Obanos.

A la salida, una cruz de hierro a la derecha de la carretera nos indica el lugar del que parte un estrecho camino por el que descendimos entre una tupida vegetación. Por un túnel, pasamos bajo la carretera NA-601 y poco después, tras un pequeño repecho, nos situamos junto a las primeras casas de Obanos.

En una amplia plaza, se encuentra su iglesia de San Juan Bautista, de construcción neogótica ojival, llevada a cabo en 1912, sustituyendo a otra iglesia anterior posiblemente de origen gótico que se conservaba en mal estado y resultaba insuficiente.

La nueva construcción utilizó algunos elementos de la antigua como la portada, los arcos del pórtico y la bóveda del coro colocada sobre el presbiterio. La torre se encuentra adosada a los pies de la nave y consta de un fuste cúbico y cuerpo de campanas con arcos apuntados.

Como estaba cerrada no pudimos contemplar su retablo mayor, dedicado a San Juan Bautista, de estilo neogótico, pero se puede contemplar en este vídeo.

En el camino de salida, pasamos junto a la la Ermita de San Salvador, punto en que se unen las dos rutas jacobeas pirenaicas del camino de Santiago, la procedente de Somport (Camino Aragonés) y la que nosotros seguimos desde Roncesvalles (Camino Francés) y en cuya encrucijada se ha levantado un espigado monumento a los Caminos.

Abandonamos Obanos descendiendo por un camino de tierra, que discurre por entre una plantación de viñas y huertas, paralelo al río Robo, y que pronto nos deja en la entrada de Puente la Reina, en el albergue y hotel Jakue, donde sellamos nuestras credenciales.

Enfrente, junto a una rotonda de la N-111 se ha colocado un monumento al peregrino en el que pueden leerse las palabras de Aymeric Picaud “Desde aquí todos los Caminos a Santiago se hacen uno sólo”.

Cansados y hambrientos, ahora con el grupo de nuevo reunido, buscamos un sitio cercano para comer que tuviese aire acondicionado.

El Asador El Fogón de Etayo reunía los requisitos y en él nos dimos un buen homenaje que puso punto final a nuestra primera parte del Camino, lo que celebramos brindando por poder reanudarlo pronto, total ¡solo nos quedan 672 Km!

Después, unos regresamos a Madrid, mientras que otros decidieron pasar el fin de semana en San Sebastián, buscado su famosa playa para aliviar la asfixiante ola de calor.

Por lo bonito del recorrido y el emocionante e icónico paso del Alto del Perdón, esta ruta se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

FOTOS RESUMEN DE LAS 4 ETAPAS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

miércoles, 15 de junio de 2022

Excursión X345: Camino Francés. Etapa 3. Zubiri - Pamplona

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Zubiri
Final: Pamplona
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 27,7 Km
Desnivel [+]: 384 m
Desnivel [--]: 445 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
La noche en Zubiri la pasé dormido como un troco, no sé si por el cansancio acumulado de las dos primeras etapas, en las que recorrimos un total de casi 50 Km, o por el confortable y silencioso entorno del hotel.

Como de costumbre ya, desayunamos temprano, sellamos las credenciales y a poco más de las 7:30 echamos a andar en busca del resto de compañeros, que nos esperaban en el Puente de la Rabia. Reunidos todos, nos hicimos la foto de grupo en su pretil. Un poste nos indica que estamos a 5,5 Km de Larrasoaña.

Saliendo del puente, giramos a nuestra derecha para seguir un estrecho camino que transcurre paralelo al río Arga por su margen izquierda. A partir de aquí, acompañaríamos al río hasta Pamplona. 

Cruzamos el Barranco de Otsagain, un pequeño arroyo que vadeamos sin problemas con la ayuda de unas piedras, pero que en caso de más caudal, se puede sobrepasar por un puente lateral.

El camino alterna tramos asfaltados con tierra. Pasamos por detrás de la fábrica de magnesitas, con sus humeantes chimeneas. La empresa Magna (Magnesitas Navarra S. A.) lleva más de medio siglo explotando el rico yacimiento de magnesitas de la zona. Muchos se quejan de la contaminación que ello supone, con residuos que ofrecen una imagen desoladora de su entorno, mientras que para otras familias representa la principal fuente de ingresos. Polémicas aparte, la agresión visual al Camino de Santiago es incuestionable, y hace que se esté deseando dejarlo atrás.

Superado este tramo ascendente, bajamos al encuentro del arroyo del Barranco Etxondola, que cruzamos por un puente. Continuamos por un estrecho sendero de piedra, castigado por el paso de los años, a la orilla del río Arga, y a cobijo de un pelotón de hayas, que conduce hasta las minúscula localidad de Ilárraz, apenas unos caseríos de bella estampa en la que hay una fuente a la que todos acudimos a refrescarnos, aunque el agua no estaba especialmente fría.

Un poco más adelante llegamos a la Abadía de Santa Lucía, a medio camino entre Ilárraz y Esquíroz. Su iglesia era compartida por ambas poblaciones, aunque ya no está en uso. A ella nos acercamos a sellar nuestras credenciales, atendiendo a un cartel que lo anunciaba.

Su construcción es de posible origen medieval, totalmente transformada en el siglo XVI y al exterior presenta muros de sillar con contrafuertes y una torre de sillarejo sin desarrollo, a los pies sobre la nave. Tiene un pórtico adintelado que cobija la puerta de arco levemente apuntado con grandes dovelas, característico del siglo XVI.

El trayecto de Ilárraz a Esquíroz se hace por una estrecha carretera que une ambas poblaciones. Un formidable caserío preside la entrada al pueblo. Esquíroz ya era citado en las crónicas del siglo XIII, desde entonces, poco ha crecido.

Pasamos junto a una casa con escandalosas ocas en su jardín, que se abalanzaron tras una valla sobre nosotros.

Descendimos por una senda recubierta por un túnel de vegetación al arroyo del Regato Setoaingo, que cruzamos por un puente con barandillas de madera. Pasamos junto a una granja para enseguida cruzar la carretera que va a Irure, la NA-2337.

El bello y sombreado sendero busca desde este punto la orilla del río Arga, que acabamos cruzando por el Puente de los Bandidos del siglo XIV, llamado así por ser escondite habitual de bribones y rufianes que en la antigüedad desplumaban a los peregrinos.

Algunos cruzamos el puente y nos acercamos a ver la iglesia de San Nicolás de Bari, de construcción medieval posiblemente del siglo XIII, con transformaciones en la cubierta intervenidas en el período barroco, que le confieren su aspecto actual.

El pórtico cobija dos puertas, una abierta bajo el coro y otra en el lado de la Epístola.

La primera está formada por un arco apuntado con dos arquivoltas, de origen medieval. La otra puerta es un simple dintel sobre ménsulas. La torre es de época medieval y se alza sobre el último tramo de la nave, aunque pudo haber sido rehecha en época barroca al mismo tiempo que la cubierta de la nave.

Esta villa fue residencia de Doña Urraca, hija de Sancho de Peñalén.

Existió en Larrasoaña un monasterio dedicado a San Agustín que en 1049, durante el reinado de García III Sánchez "el de Nájera" fue donado al monasterio de Leyre, se considera el origen del pueblo.

En la actualidad acoge un remodelado albergue municipal, en el que nos sellaron la credencial. Volvimos sobre nuestros pasos, y cruzamos de nuevo el puente para continuar el camino por la media ladera de los montes.

Enseguida cruzamos por un puente de piedra el Regato de Abalde a la entrada de Aquerreta, apenas un puñado de casas entre las que destaca su iglesia de la Transfiguración de Nuestro Señor, del siglo XVIII con origen medieval, reconocible por la torre y la puerta de acceso. Su configuración actual se debe a las reformas del siglo XVIII, época a la que corresponde la cubierta. Junto a ella hay una fuente con pilón en la que se agolpaban varios peregrinos para beber.

Aquí iniciamos un recorrido por sendas y pistas, ignorando la carretera que sale de Aquerreta, la NA-2338, y que más tarde se atraviesa, poco después de cruzar el Regato de Legarre.

Lentamente el sendero se va acercando al río Arga, entre una densa vegetación por el interior de un espeso bosque en el que abundan los robles. Siguiendo su ribera, llegamos a Zuriáin, tras cruzar un puente de cemento.

En la terraza del bar "La Parada de Zuriain" nos estaban esperando los más avezados del grupo.

Mientras se tomaban algo, saqué fuerzas para subir por las empinadas calles del pueblo hacia la parte más alta, desde donde se tenían unas bonitas vistas.

Tras contemplar varios caseríos y el rehabilitado lavadero del pueblo, continué subiendo en busca de la iglesia de San Millán, de estilo gótico del siglo XIV, construcción posiblemente de origen medieval, con reformas en el último tercio del siglo XVI. Tiene muros de excelente sillería con tres contrafuertes. La portada consiste en un sencillo arco de medio punto. La torre se levanta sobre el coro con un cuerpo rectangular.

De vuelta al bar, y tras los reparadores cafés y refrescos continuamos el camino, que durante 600 metros sigue junto a la carretera N-135, para luego dejarla por la izquierda para seguir a la que conduce a Ilúrdoz. Cruzamos por un largo puente el río Arga y a continuación el Arralaka, para enseguida dejar la carretera y continuar a la derecha por un agradable sendero de tierra rodeado de vegetación, paralelo al río Arga que pronto llega a Iroz.

Una estupenda fuente con tres caños de agua nos recibe a su entrada, cruzamos por un puente un arroyo y a continuación la iglesia de San Pedro, del siglo XIII, su monumento más notable.

Reconstruida hacia 1920, tiene muros de sillarejo, con la portada de arco de medio punto. La torre se adosa al tramo de los pies de la nave. Estaba cerrada y no pudimos ver su retablo rococó que al parecer posee.

Tras cruzar Iroz, pasamos nuevamente al otro lado del río por un precioso puente de piedra bajo el que se estaban bañando algunos peregrinos. 

Estuvimos tentados de hacerlo, pero continuamos por el área recreativa del Parque Fluvial que hay junto al río, muy agradable y con mucho arbolado, que agradecimos por el ya sofocante calor.

Cruzamos un arroyo y, a la sombra del arbolado del río a nuestra izquierda, y un seco sembrado a nuestra derecha, bordeamos las casas de Zabaldica. Su iglesia de San Esteban, del siglo XIII, es una de las más antiguas de la zona y de las pocas que se conservan casi sin reformar.

Pasando bajo la carretera N-135 por un túnel, llegamos a un merendero que hay con monumental fuente en Zabaldika de abajo.

En ella nos refrescamos mientras decidíamos si subir por la soleada y recalentada senda hacia Arleta, o seguir por el sombreado y agradable camino pegados al rio, hacia Huarte.

A mi esta decisión me recordó a esta famosa escena a la hora de elegir el menú en La Vida es Bella, en la que el protagonista dirige hábilmente las respuestas del cliente por la forma de exponer cada plato.

Y, como no podía ser de otra manera, por unanimidad elegimos la segunda opción, cruzamos por un puente el río Arga y antes de salir a la carretera giramos a la derecha, justo donde hay un cruceiro, para seguir de nuevo los meandros del río.

No pude resistirme más y me di un baño en el río al ver en el agua a una pareja de australianos con tres niños que estaban haciendo el Camino en bicicleta, con los que coincidimos a la salida de Roncesvalles y en Zubiri.

Los del grupo de cabeza nos avisaron que un poco más adelante, después de pasar bajo la carretera PA-20, había unas estupendas cascadas con una gran poza, allí nos fuimos a bañamos todos. El bonito y relajante salto de agua lo forma la presa de Huarte, donde confluye el río Arga con el Urbi.

Precisamente el nombre de Huarte proviene de la expresión en lengua vasca "ur arte" (entre aguas), ya que el río Arga traza una curva que rodea el pueblo por este, sur y oeste, donde se le une el Ulzama, cercándolo completamente.

En el área recreativa de Zokorena estuvimos un buen rato a remojo, perezosos por continuar, sabiendo el calor que nos esperaba. Obligados por el reloj, por fin no pusimos de nuevo en marcha, dejamos este precioso rincón y cruzamos por sendos puentes de madera el Urbi y el Arga para adentrarnos en Huarte, siguiendo las flechas amarillas compostelanas que nos llevaron al puente de cemento con pretil de piedra sobre el río Arga.

A partir de aquí, volvimos a caminar junto al río y su Parque Fluvial, bordeando la cara sur del Monte Miravalles. Un nuevo puente, éste de madera, vuelve a cruzar el río Arga, pasamos por un túnel bajo una carretera y llegamos al Molino de San Andrés, junto a él, el río Arga recibe las aguas de su afluente el Ulzama, en la cercana ermita de la Trinidad confluyen dos ramales jacobeos, el Camino francés y el procedente del Baztán.

Desde su construcción en 1541 hasta la segunda década del siglo XX, el Molino aprovechó la fuerza de la corriente, para moler trigo, maíz y otros cereales. Hoy día acoge el Centro de Información y Educación Ambiental del Parque Fluvial y un bar con una agradable terraza.

A pocos metros, cruzamos por otro puente de madera el río Ulzama, que en este punto entrega sus aguas al río Arga.

Continuamos caminando por la ribera derecha de éste, pasamos bajo una carretera y, recorriendo el Parque de la Nogalera de Burlada, llegamos al Puente Viejo, que no cruzamos.

Al pasar junto a las instalaciones de la piscina municipal, nos dio tanta envidia ver a la gente bañándose mientras nosotros estábamos acalorados, que no dudamos el hacer un alto y dar por buenos los 10,5 € que nos costó pasar la tarde en ella, además de aprovechar para comer en su bar.

La decisión no pudo ser mas acertada, nos lo pasmos genial, nadando, tirándonos como críos por los toboganes, uno de ellos espectacular, y disfrutando de las sombras del complejo.

Tras más de cinco horas de relajamiento, nos volvimos a poner en marcha, retomando el camino junto al río. Pasamos bajo un túnel otra carretera y siguiendo los meandros de la ribera, llegamos a la Pasarela del Arga.

Las pasarelas fueron construidas para facilitar las comunicaciones del cada vez más populoso barrio de la Magdalena con Villava y Burlada, uno al norte y el otro al sur.

Hacia los años 50, consistían en hileras de bloques de hormigón separados entre sí, sobre los que se colocaban tablones de madera para facilitar el paso.

Sin embargo, las tablas se las solía llevar el río en sus crecidas, por lo que los viandantes cruzaban el río saltando de bloque en bloque, tal como inmortalizó el cineasta Montxo Armendáriz en su película Secretos del corazón. En el año 2000 fueron sustituidas por las pasarelas actuales, más seguras pero con menos encanto.

Siguiendo el río, llegamos al Puente de La Magdalena, del siglo XIII, el más importante de los cuatro medievales que cruzan el Arga a su paso por Pamplona.

Fue construido en el siglo XII y posteriormente reformado en el XIX. Consta de tres grandes arcos ligeramente apuntalados, en su cabecera se levanta un cruceiro. Cuando llegamos a su arco principal, unos policías locales les estaban recriminando a unos chavales que se tirasen desde él, por el peligro que ello conllevaba.

El camino bordea la muralla para entrar en el casco antiguo de Pamplona por el Portal de Francia.

Esta puerta fue construida en 1553 por el virrey duque de Alburquerque, es el que mejor se conserva de las seis que tenía el antiguo recinto amurallado de la ciudad. Los peregrinos que llegaban del país vecino, entraban y salían de la ciudad por él, de ahí su nombre. De las dos puertas principales que conforman el portal, la interior conserva un escudo renacentista tallado con el águila bicéfala y las armas imperiales.

En 1553, tras la conquista de Navarra, el acceso fue reestructurado, lo que explica la presencia del escudo de Carlos V. Dos siglos más tarde se construyó un poco más abajo una segunda entrada con puente levadizo que estuvo en pleno uso hasta 1915.

Pamplona tiene un origen romano, fue fundada por el general Cneo Pompeyo Magno en el año 75, del que toma el nombre por derivación de "Pompelon". Fue invadida por vascones, visigodos y árabes, hasta convertirse en capital del Reino de Navarra.

Tras las fotos de rigor, continuamos por la Calle del Carmen hacia la Catedral de Santa María, construida en el siglo XV es sede de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela.

Fue construida en distintas épocas y estilos, conservándose hoy en día algunas de las dependencias románicas, pero predominando sobre todo las edificadas en estilo gótico (entre ellas la iglesia y el claustro) de los siglos XIV al XVI. La fachada oeste, de estilo neoclásico, se levantó a finales del siglo XVIII.

En ella entramos a admirar su nave, techos, crucero, presbiterio, capillas y retablos, todo arte...todo historia. Su impresionante claustro es según algunas guías, el más bello de Europa.

Continuamos por la calle Curia y Mercaderes hasta el Ayuntamiento, en la Plaza Consistorial, lugar desde el que se lanza el chupinazo que da comienzo a las Fiestas de San Fermín cada 6 de julio a las 12:00 horas. Inscrito en el dintel de su puerta reza el lema: “Patet ómnibus jauna, cor valde magis” (La puerta está abierta para todos, pero mucho más el corazón).

La ubicación del edificio se dispuso en 1423 por mandato de Carlos III de Navarra. Estaba localizado en un lugar sin edificar y equidistante de los distintos burgos de Pamplona. En esta misma ubicación se han sucedido varios edificios. En 1753 se derribó el primitivo y en 1755 se añadió la fachada de estilo rococó. Esta fachada es lo único que queda del edificio de entonces. Sin embargo tiene un gusto barroco en algunos detalles como son el balconaje de hierro y las esculturas alusivas de la Prudencia, la Justicia, Hércules y la Fama.

Desde allí nos acercamos por la calle Chapitela a la Plaza del Castillo, uno de los iconos más reconocibles de la ciudad. Estaba muy concurrida.

El centro de la plaza está ocupado desde 1943, por un quiosco de música de 18 metros de altura, elevado sobre tambor escalonado y cuya cúpula está sostenida por columnas de orden jónico. Al sur de la plaza, en el comienzo de la Avenida de Carlos III se encuentra la estatua dedicada al rey Carlos III el Noble.

Proseguimos en dirección a la plaza de toros, donde un termómetro en la acera marcaba 29 ºC, la ola de calor que azotaba España, se hacía notar también aquí. 

Cerca se encontraba nuestro alojamiento, el Hotel Leyre, donde nos dimos una merecida ducha antes de irnos a cenar por las tabernas de la ciudad.

Terminamos la jornada dando un paseo por el itinerario que siguen los corredores en los famosos encierros de la semana grande de San Fermín, que comienzan el 7 de julio, desde los corrales hasta la emblemática plaza de toros, un total de 875 metros.

Se inician en su primer tramo, el de la cuesta de Santo Domingo, con los corredores encomendándose a la imagen de San Fermín, el patrón de las fiestas, con un cántico en honor al santo que dice “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición”. Luego se lanza el cohete que anuncia el comienzo.

Nosotros hicimos un simulacro de encierro por la calle Estafeta, con fingimiento de toro incluido, para echamos unas risas.

Acabamos haciéndonos un montón de fotos en el monumento al Encierro, una escultura en bronce colado en la avenida Roncesvalles, mirando en dirección hacia la plaza de toros.

Así dimos por terminado este largo día, lleno de experiencias, arte, historia, baños y gastronomía que bien se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS