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viernes, 6 de octubre de 2023

Excursión X429: Camino Francés. Etapa 6. Estella - Los Arcos

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Estella
Final: Los Arcos
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 22.1 Km
Desnivel [+]: 456 m
Desnivel [--]: 427 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 8



MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Salimos temprano, aún de noche, del hotel Estella Rooms, donde pasamos la noche, situado junto a la iglesia de San Pedro de la Rúa. Un cartel nos indica que estamos a 665 km de Santiago. Antes de las 8 de la mañana estábamos desayunando en Ega Pan, después de recorrer la calle Logroño y pasar bajo el arco de la Puerta de Castilla (o Portal de San Nicolás), la única en pie de las que tenían las murallas de la ciudad medieval.

Data de los siglos XII o XIII, con remodelaciones en el siglo XVI. Esta puerta, que engloba un resto de muralla, tiene un arco de medio punto rematado por frontón triangular con estrella dentro del círculo, aludiendo al escudo de la ciudad.

Nada más rebasar una rotonda, a la izquierda se encuentra el Albergue Capuchinos, en el que los peregrinos ultimaban, unos sus mochilas, otros sus bicicletas, antes de retomar el Camino. Al fondo de una verde explanada, con una cruz de piedra, se encuentra la basílica de Nuestra Señora de Rocamador, construida en la segunda mitad del siglo XII. De la antigua basílica sólo permanece el primitivo ábside semicircular con cubierta de bóveda de horno y un pequeño tramo corto de la capilla, con cubierta de medio cañón, todo ello de hermosos y bien escuadrados sillares.

En el acceso hay un doble arco que apoya a cada lado, el exterior en un pilar con un pequeño capitel y el interior en una ménsula con un gran capitel, todos ellos decorados con esquemáticas hojas con las
puntas vueltas, de una labra muy delicada.

Al exterior el ábside esta dividido por dos semi-columnas terminadas en capiteles con una decoración vegetal a base de roleos y hojas mezcladas con piñas. Hay también una hermosa colección de canecillos figurados de gran calidad.

Pasada una gasolinera, la etapa toma rumbo suroeste hasta Ventosa, donde enfila en dirección de poniente hasta la misma Compostela. Esta es de nuevo, una etapa prácticamente llana, con una pequeña subida a mitad del recorrido.

Bordeamos una segunda rotonda, atravesamos un pequeño parque y por una buena pista, en suave pero continua ascensión nos sitúa poco después en Ayegui, al que llegamos por las calle de Camino de Estella, pasando por la fuente del Piojo, y a continuación por la calle Camino de Santiago, como era de esperar. Curiosamente, aquí se encuentra el kilómetro 100 del Camino.

Ayegui, es prácticamente un barrio de Estella, las últimas edificaciones de la una se dan la mano con las primeras de la otra.

Pasamos junto a su iglesia de San Martín de Tours, de los siglos XVII y XVIII, con una intensa remodelación neoclásica llevada a cabo a finales del siglo XVIII. A principios del siglo XX se añadió una capilla en el lado del Evangelio.

La portada es un arco de medio punto con grandes dovelas y pertenece a la primitiva construcción. A los pies del templo se encuentra la torre construida a principios del siglo XVII.

Dejamos la carretera por un camino que sale a la izquierda, en dirección al Monasterio de Irache, y a los pocos metros, a la derecha vemos una pequeña aglomeración de peregrinos que hacían cola para sellar y comprar algo en la Fragua de Ayegui, un curioso lugar en el que se mezclan, sin aparente orden, todo tipo de adornos, herramientas y utensilios realizados en hierro.

Un poco más adelante llegamos a un singular lugar esperado por todos, la “Fuente del vino”. Cuenta la historia, que los monjes del Monasterio de Irache recibían a los peregrinos que acudían al hospital con un vaso de vino y con el fin de mantener la tradición, las Bodegas Irache, instalaron en 1991 una fuente con dos grifos, uno da agua y el otro vino, para calmar nuestra sed. Todas las mañanas la abastecen con 100 litros diarios de vino tinto joven.

Junto a la fuente hay un letrero en el que puede leerse: "¡PEREGRINO!, si quieres llegar a Santiago, con fuerza y vitalidad, de este gran vino echa un trago, y brinda por la Felicidad”.

Y otro con las normas de uso: "A beber sin abusar, te invitamos con agrado, para poderlo llevar, el vino ha de ser comprado".

La fuente dispone de una webcam para ver las 24 horas del día, en tiempo real, a los peregrinos que la visitan. Aquí el enlace.

Reconfortados por el vino, que está más bueno de lo que esperaba, proseguimos con mejor ánimo el camino, para, un poco más arriba, acercarnos al Museo del Vino de la bodega, pero cuando llegamos estaba cerrado.

Enfrente, en la misma falda del Montejurra, se encuentra el Monasterio de Santa María la Real de Irache, uno de los monasterios benedictinos más antiguos de Navarra.

Por este lugar ya pasaban los peregrinos antes de la fundación de Estella y aquí se encontraba uno de los principales hospitales de la ruta jacobea fundado por García de Nájera. Fue también sede de la primera Universidad de Navarra.

El conjunto lo forman una iglesia románica del siglo XIII y un claustro renacentista, en el que se da la curiosa circunstancia de que una parte del mismo (norte y oriental) se construyó antes del Concilio de Trento y el resto después.

El resultado es una primera zona en la que abundan las tallas de inspiración clásica (frecuentes desnudos y detalles anatómicos), y una segunda, decorada casi exclusivamente con escenas religiosas, esculpidas en piedra con minuciosidad casi de orfebre.

De estilos medieval, renacentista y barroco, monasterio benedictino de origen remoto y confuso, aunque documentado por primera vez el año 958, bajo el abad Teudano. Puede pensarse que fuera fundado por Sancho I Garcés (865-905-925) tras la conquista de Monjardín en el año 908.

Durante el siglo XI se fue engrandeciendo por su ubicación estratégica en el Camino. Fue a finales del siglo XI cuando el monasterio alcanzó su máxima prosperidad con el abad San Veremundo.

El rico y grandioso claustro plateresco,  uno de los más ricos del Renacimiento navarro, fue construido en el siglo XVI así como el coro alto y la sacristía, agregándose otro claustro a los pies de la iglesia en el siglo XVII cuando se construye también la capilla barroca de San Veremundo. Fue declarado Monumento Nacional en 1887. Desde 1986 el monasterio se halla bajo titularidad del gobierno foral de Navarra y desde 1984 alberga los fondos de un proyectado museo etnográfico.

Desde el mismo Monasterio de Irache, retomamos la pista y al poco nos desviamos a la derecha hacia el camping de Irache, de seguir de frente iríamos a Luquin.

Por zona urbanizada de chalés, en la que a la derecha se sitúa una fuente con bancos, nos dirigimos de nuevo a la carretera NA-1110, que cruzamos en dirección a Azqueta.

Dejamos el camping a nuestra derecha, y pasamos bajo un túnel la carretera NA-132-B. Por pistas de tierra bastante sombría, gracias a la arboleda, sobre todo espléndidas encinas, que hay junto al camino, superamos entre tierras de cultivos el resto de los cinco kilómetros que separan Irache de Azqueta.

Con ligera pendiente, entramos en Azqueta. Seguramente su nombre deriva del vasco haitz ‘peña’, y el sufijo -keta que indica lugar, y significaría ‘lugar de peñas

Mientras unos se fueron a buscan el bar, otros nos acercamos a su iglesia de San Pedro. Estaba cerrada, pero una señora que estaba cuidando sus macetas en la casa de enfrente, se ofreció amablemente a dejarnos las llaves para que la pudiéramos contemplar.

Es de estilo gótico tardío, reformado en el siglo XVI y en el siglo XVI, que le confirieron el aspecto gótico-renacentista que ofrece actualmente. Otras reformas se acometieron en 1745 para remodelar la capilla mayor. En 1949 se reformó el coro y el tramo de los pies de la iglesia.

La torre es moderna, construida en 1949, seguramente aprovechando estructuras medievales. Consta de un  fuste y dos cuerpos. En el fuste se encuentra la puerta adintelada de acceso al templo y una ventana de medio punto.

La cabeza del presbiterio está ocupada por un retablo mayor romanista de principios del siglo XVII, bajo la advocación de San Pedro. A los pies de la iglesia se encuentra una pila bautismal románica en la que Jorge se sintió rebautizado.

Tras la visita, nos reunimos con el resto del grupo en el bar Azketako, en cuya terraza tomamos café con el esbelto cerro de Monjardín, coronado por el Castillo de Deyo, de fondo.

Más descansados, retomamos el Camino y salimos del pueblo descendiendo por la derecha hacia una vaquería que tenía un huerto con árboles frutales, sobre todo melocotoneros cargados de frutos. La pista gira después a la izquierda y sube hasta unas lindes de viñas y tierras de cultivo sorprendentemente muy verdes.

A nuestra derecha, la volcánica silueta del cerro de Monjardín, siempre presente, y de frente la estilizada torre barroca de la iglesia de Villamayor de Monjardin. Pero antes, otra sorpresa nos esperaba a la derecha del Camino, la fuente medieval de los Moros

De lejos, parecía una ermita medieval, pero al llegar se descubre enseguida que se trata de un aljibe cubierto con una bóveda de cañón, al que se accede atravesando una fachada de doble arco y bajando una cuidada y empinada escalinata, donde el agua brota por debajo del nivel del suelo.

Pese a su nombre, no tiene nada que ver con la época árabe. Este aljibe medieval, construido hacia el año 1200, fue pensado para refrescar y permitir el lavado de los peregrinos que realizan la ruta jacobea.

Permaneció cerrado desde el siglo XIX hasta 1991, por lo peligroso que era el acceso a los animales. La fuente fue restaurada por la Institución Príncipe de Viana.

Allí nos hicimos un montón de fotos antes de continuar la subida a Villamayor de Monjardin donde visitamos su iglesia de San Andrés Apóstol, de estilo románico tardío del siglo XII, en cuyo interior se guarda una Virgen sedente con el Niño, un capitel con una escena de lucha entre dos caballeros armados que se supone que son Ferragut y Roldan, y una cruz procesional recubierta de plata. La torre es de estilo barroco-riojano del siglo XVIII. De construcción de estilo románico rural con avances al protogótico, de finales del siglo XII.

La portada principal del siglo XII, abierta en el muro de los pies, es de bellas proporciones y forma un arco de medio punto con cuatro gruesas arquivoltas. Conserva herrajes medievales. Antecede a la portada un pórtico rectangular con arcos de medio punto.

La historia del municipio está ligada al castillo, situado en lo alto del pueblo. Sirvió de gran baluarte ante la invasión morisca y fue tomado por el rey Sancho Garcés I en el año 908.

Al nombre de Villamayor, muy común, se le añadió en 1908 el del vecino monte de Monjardín, para así distinguirlo de otras muchas poblaciones homónimas. La tradición afirma que el nombre del monte proviene del monarca navarro Sancho Garcés que fue enterrado a su muerte en el castillo de San Esteban de Deyo, fortaleza situada en la cima del monte. Monjardín provendría según esta tradición de Mons Garcini, es decir, Monte de Garcés.

Mientras el resto descansaba en el bar Markiola, junto a la iglesia, subí a la plaza Mayor, desde donde se tienen bonitas vistas del pueblo y la iglesia. En un lateral se sitúa un monumento a Sancho Garcés, en otro una fuente de dos caños y en la parte superior un albergue.

Hay otro frente a la iglesia, al que recomiendo ni asomarse, dada la "amabilidad" de la señora malhumorada que lo lleva.

Repuestas las fuerzas, descendimos en busca de la salida, pasamos junto a una bonita casa blasonada con flores y girasoles y continuamos por una pista hacia el sur, que desciende a la derecha, por otra larga pista, con chopos a nuestra derecha que no dan sombra, los tenían que haber colocado a la izquierda para mitigar los efectos del sol, que ya se hacía notar más de lo deseado.

Al final de la bajada, pasamos junto a una alberca y una construcción en piedra con una estatua encima que según parece se llama corral del Santo. A nuestra izquierda, paralelos a nosotros discurre el arroyo Bueno.

Al cruzar la carretera NA-7400, paramos en una fuente con buena sombra a refrescarnos. Se estaba tan bien que nos costó volver al seco camino, bordeado también de secos cultivos.

Un cartel nos indica que estamos a 9 km, intenté que no lo viera Tere, para que no se desesperara, pero acabó por descubrirlo, para su desesperación.

Este tramo se hace largo y solitario por un camino de tierra entre amarillentos campos de rastrojo asolados por el aplastante sol, sin sombras, que se hace interminable. Sólo un pequeño respiro rompe la monotonía, tras cruzar el Riomayor, en una curva del camino, junto a unos árboles, había una camioneta aparcada en la que sirven todo tipo de bebidas y algo de comida.

Nos supieron a gloria las cervezas, refrescos y aperitivos que nos tomamos bajo la sombra de de unos pocos árboles, que nos dieron fuerzas para continuar.

A la izquierda, contemplamos una sucesión de protuberancias en la falda del alto, que se llaman los Cogoticos. El Camino gira 90º a la izquierda y se dirige hacia ellos, bordeándolos tras otro giro, ahora a la derecha, hasta el final.

De forma aleatoria hemos cruzado campos secos y otros verdes sin aparente causa que lo justificara y algún que otro viñedo. A estas alturas, el grupo se había partido en dos.

En las proximidades del río Cardiel, pasamos junto a un pinar que rompe la monotonía del paisaje. Es una zona agradable y verde que parece el paraíso. Por una pasarela de madera cruzamos el río y proseguimos por una amplia pista de tierra que nos lleva al inicio de la larguísima calle Mayor de Los Arcos.

No se ve el pueblo hasta que se está encima de él, una colina nos lo tapa, se accede por su parte trasera y la fuente que a la entrada nos recibe es como una bendición del cielo, pocos peregrinos pasan sin refrescarse en ella y recuperar un poco el aliento.

Esta pequeña localidad posee una gran cantidad de casas blasonadas, que es posible visionar siguiendo la ruta de los escudos, que las recorre, pasamos por alguna de ellas antes acabamos en la plaza de la iglesia parroquial de Santa María.

Como era la hora de comer, nos fuimos directos al restaurante Mavi antes de registrarnos en el Hotel Mónaco, que está justo enfrente, donde nos hospedaríamos.

La villa tuvo antiguamente el nombre de Urancia, según refiere la crónica de Turpin (siglo XII) en la que se dice «Urancia que dicitur Arcus». Sus moradores destacaron en el manejo del arco en la Batalla de Valdegón o de los tres Sanchos (1067), librada por tres primos carnales, primogénitos de tres hijos de Sancho Garcés III, el Mayor, por lo que Sancho el de Peñalén dio escudo con arcos y flecha a la villa, que desde entonces se llamó Los Arcos.

Cruce de caminos reales, gozó de mucho esplendor y su emplazamiento sobre el camino de Santiago debió de contribuir a un rápido desarrollo. Fue también un importante punto de paso de comercio entre Castilla y Navarra.

Tras el reponedor almuerzo, y una pequeña siesta, nos fuimos a conocer un poco la localidad.

Lo primero fue acercarnos a la iglesia de Santa María. Tuvimos la suerte de dar con Victoria, la guía de la iglesia, su madre era de Madrid, ella de Cáceres y estuvo encantada de mostrarnos todas las maravillas que encierra este monumental templo, en el que se mezclan armónicamente construcciones y estilos sucesivos de los siglos XII, XIII, XVI, XVII y XVIII: románico tardío y protogótico, renacimiento y barroco.

En el interior lo más destacable es la capilla bautismal, del siglo XII, y el claustro gótico flamígero del siglo XV. En el pórtico una talla de la virgen es iluminada por el sol una vez al año, el 15 de junio. Es considerada como una de las grandes iglesias de Navarra.

En el lado del Evangelio se sitúa la hermosa portada de arco de medio punto flanqueado por columnas corintias, del siglo XVI, de factura delicada y armoniosa, de estilo plateresco avanzado, de hacia 1560. que en vez de arquivoltas luce un artesonado.

Presenta un solemne arco de medio punto con cabezas de querubines, sobre pilastras cajeadas y con tondos en sus enjutas. Encuadrando el arco pares de columnas acanaladas, colocadas en diagonal, para adaptarse al escorzamiento de los paneles laterales, encima de los cuales monta un entablamento, cuyo friso superior aparece invadido por grutescos de fina ejecución, en los que se entremezclan seres monstruosos, mascarones y otros motivos platerescos.

Delante de la portada se levanta un solemne pórtico de sillería de siete arcos de medio punto, del siglo XVIII, que destaca por su clasicismo y severidad. Se cubre por bóvedas aristadas separadas por potentes arcos fajones.

La torre, una de las más bellas del Renacimiento navarro en estilo plateresco con elementos de corte goticista, fue construida en el siglo XVI.

La reforma barroca abarcó muy principalmente la decoración interior. La decoración de yeserías y pinturas, sillería manierista y los numerosos retablos dorados y repletos de imágenes, forman uno de los conjuntos más sorprendentes del Barroco navarro, por riqueza y espectacularidad.

El hermoso claustro que posee esta iglesia es tardogótico de mediados del siglo XVI. Las arcadas tienen rica tracería flamígera cubriéndose las galerías con bóvedas de crucería con nervios que confluyen en claves decorativas.

Preside el templo un gran retablo mayor del tercer cuarto del siglo XVI, constituyendo uno de los primeros y excepcionales ejemplos de retablo barroco navarro. Su traza es todavía de tipo romanista, bien ordenada para ajustarse a la forma poligonal de la cabecera. La iconografía de los relieves y de las tallas es estilísticamente de un naturalismo típico del momento. Algunas tallas son monumentales, como las de los Apóstoles. Debe destacarse la hermosa talla de la Virgen sedente de ojos almendrados con el Divino Niño, que habría pertenecido a la antigua iglesia románica.

Su trono es barroco del siglo XVIII. Es una Virgen Negra de madera policromada. De estilo gótico, del último tercio del siglo XIII o principios del XIV con reminiscencias románicas que ya se veneraba en la primitiva iglesia.

El pueblo de Los Arcos la conoce como la "morenica de los ojos zarcos".

A mediados de ese siglo se añadieron al retablo mayor dos retablos laterales a modo de alas, de idéntica traza y muy delicada decoración. Para más imágenes, aquí un vídeo de esta histórica iglesia.

Nos sorprendió la pasión con que un peregrino rezaba de rodillas tanto en el claustro como ante el Cristo situado en el pórtico, nos contó que era francés y que el Camino lo hace por fe y devoción, lo comenzó en Lourdes y llegará hasta donde pueda de albergue en albergue.

Tras dar una vuelta por el casco histórico y tomar unas cañas en el bar El Camino de la plaza, cenamos de nuevo en la terraza del restaurante Marvi y nos fuimos prontito a la cama. Por cierto, como por la noche, en cuanto se fue el sol, refrescó mucho, me agarré un buen constipado que me acompañó durante lo que quedaba de Camino y algunas semanas más.

A esta segunda etapa del Camino, la 6ª desde el inicio, le otorgo otras 5 estrellas, como no podía ser menos.
Paco Nieto

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

jueves, 5 de octubre de 2023

Excursión X428: Camino Francés. Etapa 5. Puente la Reina - Estella

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puente la Reina
Final: Estella
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 25,8 Km
Desnivel [+]: 484 m
Desnivel [--]: 404 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Tras realizar el año pasado las cuatro primeras etapas del Camino Francés, ya había ganas de retomarlo de nuevo. Pensamos hacerlo a finales de mayo, pero esta fecha no tuvo mucho éxito, finalmente lo fijamos para primeros de octubre.

Aún así, algunos de los que participaron en la primera escapada no pudieron acompañarnos y otros se unieron por primera vez a la aventura, total seríamos 8 participantes.

Salimos de Madrid hacia Puente la Reina el miércoles 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, onomástica de mi primo Patxi y mía, lo que celebramos invitando al resto al desayuno que hicimos en el Asador Como en Casa, junto a la gasolinera del pueblo de Milagros, a mitad del viaje.

En Nájera, final previsto de esta nueva escapada, dejamos los coches y tras comer a toda prisa en el restaurante Trece, cogimos el autobús que nos llevaría a Logroño, donde esperamos a la salida del que nos llevaría finalmente a Puente la Reina, donde habíamos acabado nuestra cuarta etapa el año pasado.

Dejamos las maletas, la mitad en el Hotel Jakue, la otra mitad en el albergue anexo a este hotel, ambos muy recomendables y con personal amable y dispuesto a ayudar en todo. A las 18:30h quedamos en la puerta del hotel para dar un paseo por el casco histórico

Puente la Reina está a 728 km de Santiago y fue fundada por y para las peregrinaciones, cuenta con el símbolo más representativo del camino de Santiago a su paso por Navarra: el Puente de los Peregrinos construido en el siglo XI. Aquí se junta el Camino Francés y el Aragonés, procedente de Jaca y Somport.

Del hotel nos dirigimos al Albergue gestionado por los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, Padres Reparadores, fundado en 1443 como hospital de peregrinos, allí sellamos nuestras credenciales y compramos compostelanas para los nuevos y alguno más.

Por un arco, entramos en el casco histórico, que ha sido declarado Bien de Interés Cultural. La antigua aldea vasca llamada Garesch, Garex o Garez ("Trigales", según algunas fuentes) fue poblándose en la Edad Media gracias a su situación estratégica y la política de repoblación con gentes del norte contra el enemigo común musulmán.

Alfonso I el Batallador le concedió privilegios y fueros y favoreció su repoblación por parte de los francos, pero el impulso definitivo llegó con la construcción del puente sobre el río Arga, para facilitar el paso de los peregrinos.

La villa surgió durante la segunda mitad del siglo XI. Como su nombre indica de manera inequívoca, debe su existencia a un puente. Más difícil resulta explicar a qué reina se debe; es opinión muy generalizada, aunque nada rigurosa, el identificarla con Doña Mayor, esposa de Sancho III el Mayor de Navarra. Más credibilidad histórica tiene la atribución a doña Estefanía, consorte de García el de Nájera.

La estructura de la población es de tipo bastida con tres calles paralelas; aún pueden verse entre las casas varios torreones de sus murallas al sur de la villa.

El primer monumento que nos encontramos al entrar en la villa, es la iglesia de Santa María de la Vega (hoy conocida como iglesia del Crucifijo). Tiene dos naves, es de estilo popular románico y de fundación templaría, del siglo XII, con ampliación de finales de la Edad Media.

La imagen de Cristo Crucificado doloroso que se venera aquí es una hermosa talla, atribuida a una ofrenda de un peregrino renano -según opinión generalizada-, que corresponde al siglo XV (1315-1320). Éste, ocupa el ábside de la nave gótica, en el que se funden dos corrientes estilísticas europeas de modelos de la Alemania renana y de la Italia del Trecento.

La forma en "Y" de la cruz coincide con los modelos renanos, como el de Santa María en Colonia. Mientras que los largos mechones de la cabellera partida con raya en medio, el fino tratamiento de los rasgos faciales de Cristo, su vientre hundido y la posición cruzada de los pies, indican la corriente italiana.

A la primera nave románica de finales del siglo XII se le añadió por el lado del Evangelio en el siglo XIV una segunda nave gótica, que se edifica después de la supresión de los Templarios, decretada en 1312 por el heredero de la corona de Francia y rey de Navarra, Luis I (1289-1305-1316), cuando la iglesia templaría se convierte en parroquia.

La hermosa portada es de principios del siglo XIII, abocinada por tres arquivoltas apuntadas que se elevan sobre otras tantas columnas y capiteles a cada lado, labrados con variado diseño que sirve de catequesis de contenido moral y teológico, advirtiendo a los peregrinos del peligro de la lujuria y el pecado, que en nuestro caso ni falta hacía recordarlo ja, ja.

La torre, de origen medieval correspondiente a la construcción de la nave gótica, se eleva a los pies adosada al muro hastial de la nave románica.

Fue objeto de sucesivos recrecimientos posteriores, iniciados a principios del siglo XVII, como pone en evidencia el cambio de sillar. En este enlace se dan más detalles de la iglesia.

Junto a la iglesia se emplaza el Convento de los Padres Reparadores quedando ambos edificios unidos por un tramo porticado a modo de atrio o vestíbulo, posiblemente de origen gótico, aunque fue destruido en el siglo XIX, conservándose los arranques de las cubiertas. El que se conserva actualmente corresponde a la restauración de 1951, cubierto por una bóveda de crucería. El convento ocupa el emplazamiento que antiguamente tuvo el hospital de los Templarios y que más tarde fue restaurado y ampliado al hacerse cargo del mismo en el siglo XV la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.

Tras dejar constancia de nuestro paso en el libro de visitas de la iglesia, continuamos el paseo recorriendo la Calle Mayor, en la que peregrinos y residentes ocupaban las terrazas existentes en su empedrada calzada.

Pronto llegamos a otro lugar emblemático, la portada de la parroquia de Santiago el Mayor del siglo XII, la primera de una serie de tres excepcionales pórticos polilobulados, de clara influencia islámica, que encontraremos en Cirauqui y Estella.

En el interior destaca un enorme retablo, dedicado a Santiago, del siglo XVIII, una popular talla gótica de cedro del siglo XIV representando a Santiago Peregrino, el “Beltza” (negro, en euskera), debido al humo de las velas que siempre están encendidas a sus pies y la talla gótica de Santa María del Rosario del siglo XIV.

Construcción de origen tardomedieval del siglo XVI, ampliada en la primera mitad del XVIII con una serie de capillas barrocas añadidas a ambos lados de la nave, y otras reformas.

Presenta planta de nave gótica de tres tramos, más cabecera pentagonal. En los tramos segundo y tercero de la nave, del lado del Evangelio, se abren dos capillas laterales, la primera de época barroca cubierta con bóveda de lunetos y la segunda de época anterior cubierta con bóveda de cañón apuntado.

El coro se emplaza a los pies de la nave, sobre un arco de medio punto de embocadura, conserva una sillería barroca del siglo XVIII, contiene un órgano, que es una joya del barroco navarro del siglo XVII.

La portada es tardogótica del siglo XVI y se abre a los pies de la nave. Está formada por cuatro arquivoltas ligeramente apuntadas y baquetonadas con capiteles lisos corridos. La torre queda emplazada formando ángulo entre el lado de la Epístola y el muro hastial.

En el sotacoro se ubica un retablo de Cristo Crucificado, de la segunda mitad del siglo XVIII, de estilo rococó avanzando hacia lo neoclásico. Más información en este vídeo.

Continuamos por la calle Mayor, que constituye de por sí un interesante conjunto monumental.

Aún se conserva en Puente la Reina la tradición de tocar cuarenta campanadas al anochecer, tradición que antaño servía para avisar a los peregrinos cercanos a la villa de que se iban a cerrar las puertas de la ciudad.

Pasamos junto a la Plaza Julián de Mena, general que donó parte de su herencia a su pueblo natal, antes se denominaba Plaza Mayor, donde se ubica el ayuntamiento. Según algunos documentos del siglo XVI ya se mencionaba este espacio como Plaza del Toro por celebrarse aquí diversos festejos taurinos. Su actual forma rectangular la toma a lo largo del siglo XVIII con la construcción de un edificio llamado Casa del Regadío o de los Cubiertos (soportales) y que fue destinado en sus plantas superiores a Ayuntamiento y la planta baja a mercado.

Al final de la Calle Mayor encontramos el puente de los Peregrinos, que aunque con reformas, es el mejor de los medievales de la ruta. Todavía conserva la puerta que lo integraba en la fortificación de la ciudad.

Atraviesa el río Arga y siempre ha caracterizado a la villa y es el más bello ejemplar de época medieval que se conservan en Navarra y el más importante de cuantos se cruzan a lo largo del Camino de Santiago.

Se remonta a mediados del siglo XI su construcción, bajo el reinado de García III Sánchez “el de Nájera” (1020-1035-1054) y el patrocinio de su madre y/o de su esposa, las reinas Munia de Castilla y Estefania de Foix-Bigorre, para facilitar el paso sobre el río Arga de los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela.

Construido en sillar y sillarejo, tiene una longitud de 110 metros con una anchura de 4 metros. Su calzada adopta una disposición en forma de "lomo de dromedario" con una fuerte inclinación hacia ambos extremos, como corresponde a los puentes medievales.

Consta de seis arcos circulares de medio punto y distinto radio, que abarca desde los 20 metros el mayor hasta los 6 metros del más pequeño. Entre ellos se abren unos arquillos a modo de respiraderos para aliviar en las avenidas y aligerar la obra. A ambos lados se disponen cuatro tajamares triangulares, cuyo vértice alcanza la base de dichos arquillos.

El puente estuvo defendido por dos torreones, uno que lo unía con la Rúa Mayor de los Peregrinos y el otro levantado en el lado opuesto.

En el centro, coincidiendo con su parte más elevada, se construyó una torreta a modo de capilla que custodiaba la imagen renacentista de la Virgen del Puy, labrada en piedra a principios del siglo XVI, muy venerada en Puente la Reina. Un extraño prodigio convertido en hermosa leyenda se produjo en este lugar hasta el siglo XIX. De cuando en cuando un “txori” (pájaro, en euskera) acudía a la imagen y le limpiaba las telarañas y lavaba la cara trayendo agua del río en el pico.

Con motivo de estos sucesos, la población los celebraba con cohetes y redobles de campanas. Pese al tumulto que se armaba, el “txori” cumplía su misión con absoluto aplomo.

En 1843, en previsión de ensanchar el puente, la imagen de la Virgen del “Txori” fue desmontada y llevada en procesión hasta la cercana iglesia de San Pedro, donde actualmente preside uno de los retablos del lado del Evangelio. El edifico es del siglo XV de construcción tardo-medieval sobre una primitiva iglesia del siglo XII, poseyendo una nave gótica y la portada del siglo XVI. Durante el siglo XVIII se amplió en estilo barroco y se restauró la torre por el estado ruinoso de la medieval.

Contiguo al puente se encuentra la Casa del Vínculo, de estilo italiano, es del siglo XVII, utilizada como depósito de trigo y cárcel, hoy día acoge la oficina de turismo. 

De allí nos fuimos a fotografiar el puente desde la orilla del río, obteniendo unas bonitas imágenes de reflejos. Me llamó la atención un mural en uno de los soportales de un edificio que homenajeaba a Alba, una médica nacida aquí, víctima de una ejecución extrajudicial a cargo del ejército salvadoreño al final de la guerra civil en El Salvador. Aquí se puede saber más de su triste historia,

Tras las fotos, recorrimos el Paseo de los Fueros, donde se exponen curiosas estatuas y unas tumbas pertenecientes a un antiguo cementerio medieval. En una de sus terrazas, la del bar La Droguería, paramos a cenar.

De vuelta, volvimos a fotografiar el puente, ahora de noche, si cabe más bello aún que de día. Nos fuimos pronto a la cama para estar descansados en nuestra primera ruta, que iniciamos a las 8, tras dejar las maletas y desayunar.

Volvimos a pasar por los lugares que recorrimos ayer, ahora mucho más de prisa y con la calle Real casi vacía.

No hay mejor forma de decir adiós a Puente la Reina que a través de su impresionante puente medieval, que en la fresca mañana estaba rodeado de una ligera niebla que le hacía aún más enigmático y cautivador y nos trasladaba en el tiempo a siglos pasados.

Cruzamos la carretera NA-1110 en dirección a Logroño, Para continuar por el Camino Viejo a Mañeru, del que estamos a poco menos de 5 km, distancia que se cubre por caminos y veredas entre tierras baldías y campos agrícolas regados por el agua del río Arga.

Enseguida alcanzamos el Convento de las Comendadoras del Santo Espíritu, fundo probablemente en 1268 por la rama femenina de la orden hospitalaria de Sancti Spiritus. En el siglo XVIII fue reformado, dado el lamentable estado de ruina en el que se encontraba.

Posee una iglesia de planta rectangular y cabecera poligonal, aprovechando que estaba abierta, pasamos a ver su exuberante decoración barroca, con retablos de estilo rococó con mucho colorido. Un hermoso claustro organiza las dependencias de las monjas, dedicadas al rezo y a la elaboración de dulces.

Unos metros más adelante, a la izquierda, se encuentra una zona de descanso, árboles, mesas y una fuente cargada de simbología compostelana.

Continuamos por el camino, que se acerca al río Arga por última vez, internándose en parajes en los que se alternan las zonas llanas con otras de continuos subibajas en este primer tramo de etapa, con excepción del fuerte repecho que sube a la colina donde estaba el monasterio de Bargota de la Orden del Temple.

Tenía una capacidad para que vivieran en comunidad entre diez y quince frailes, una iglesia, y el principal hospital sanjuanista del reino de Navarra.

Este último fue receptor de múltiples donaciones durante todo el siglo XIII, mientras que la Iglesia del conjunto monástico fue elegida por numerosos donantes como lugar de sepultura. Cayó en decadencia desde el s. XVI siendo en buena parte demolido en el s. XVIII. En los últimos años se han venido llevando a cabo intervenciones arqueológicas para iniciar su recuperación, que a pesar de todo, conserva muy bien la planta de todo el conjunto, así como gran número de dependencias, simplemente cubiertas por los escombros. Para más información sobre los trabajos que se están llevando a cabo para recuperar este entorno, pincha aquí.

Tras una última subidita, pasamos por un pinar y nos situamos al mismo nivel que la carretera A-12, que va siempre a nuestra derecha. Al final del repecho ya se ven las primeras casas de Mañeru, pueblo al que llegamos por una buena pista.

Bordeamos una rotonda plagada de flores. Un crucero del siglo XVI, nos da la bienvenida al pueblo con casas blasonadas. Cruzando un puente pasamos junto al antiguo lavadero y llegamos a la iglesia de San Pedro, del siglo XVIII, reconstruida sobre otra de posible origen medieval. Sustituye a un primitivo templo de los siglos XVI y XVII del que se aprovechó el tramo de los pies.

Es de estilo barroco tardío, de planta de cruz latina muy original, con un amplio crucero cubierto por una media naranja con linterna.

La portada neoclásica se compone de una puerta adintelada que alberga en una hornacina una escultura sedente de San Pedro revestido de Pontifical, del siglo XVI. La torre que se levanta a los pies del templo se compone de un primer cuerpo del sigo XVI, sobre el que se eleva un cuerpo de campanas, barroco, del siglo XVIII.

Callejeamos hasta llegar al albergue El Cantero, situado en ubicado en una Casa-Palacio del siglo XVII de reconocible sabor medieval, donde nos tomamos unos cafés, amén de sellar nuestras credenciales y echar unos tragos de agua de un refrescante botijo.

Abandonamos el pueblo por la calle “Forzosa”, que así la llaman humorísticamente, porque conduce al cementerio, que dejamos a la izquierda.

Desde este pueblo, se divisa ya nuestro siguiente destino: Cirauqui, de casas blancas encaramadas a un cerro.

Los tres kilómetros que separan estos dos pueblos se recorren atravesando numerosos viñedos por estrechos senderos, en los que Ángel no paraba de buscar, sin mucho éxito, racimos olvidados que llevarse a la boca.

Entre campos de labor y viñas entramos en Cirauqui, otro de los pueblos más bonitos del Camino de Santiago.

Con sus casas blasonadas circundando un otero y sus estrechas y empinadas calles de sabor medieval entramos en el pueblo por un arco ojival, perteneciente al antiguo recinto fortificado medieval, hasta alcanzar su plaza porticada. Pasando un arco, accedimos a la Casa Consistorial, que alberga en su entrada una gran pila bautismal.

Por una estrecha calle empinada se llega a la iglesia de San Román, segunda que encontramos con una magnífica portada polilobulada, un ejemplo de la fusión de estilos musulmanes, románicos y cistercienses.

Es del siglo XI, reconstruida en el siglo XVII, su portada es similar a la de Santiago el Mayor en Puente la Reina y a la de San Pedro de Estella.

La torre tiene planta rectangular con ventanas geminadas de arcos apuntados en los frentes mayores. En él apoya un recrecimiento posterior de sillarejo que remata en la línea del contrafuerte mayor en un templetillo poligonal moderno.

Entre la portada y la torre se encuentra una gran hornacina de arco de medio punto más un segundo cuerpo de arco rebajado que se decora con bolas Reyes Católicos del siglo XVI y que se hizo probablemente al construir el coro. El presbiterio está presidido por el retablo de San Román de estilo barroco realizado entre 1702 y 1706. En este vídeo podemos conocerla mejor.

Tras subir por las empinadas calles de Cirauqui, descendimos la vertiente sur del cerro sobre el que se asienta este precioso pueblo, dando a dar con el trazado de la antigua calzada romana, cuyo empedrado asoma semioculto por el paso del tiempo, aunque muy bien conservada. 

Se conservan unos 300 metros de trazado, que definen el marcado carácter histórico de la villa, vestigios de lo que fue una gran ruta imperial.

Al final de la bajada, cruzamos el vetusto puente romano, de un solo arco, con una longitud de 8 metros y una anchura de 2.5, que salva el regacho de Iguste, apenas sin agua.

Tras un breve ascenso nos situamos junto a la A-12, que cruzamos para seguir de frente por un buen camino de tierra. Un poste nos indica que estamos a 12,8 km de Estella y a 5,3 km de Lorca.

Entre viñedos y olivos alcanzamos el puente Dorrondoa, con un solo ojo sobre el regacho del mismo nombre. 

Su nombre responde al término “junto a la torre” del vasco dorre “torre” y ondo “junto a”, quizás porque hace años junto al puente hubiera una torre, tal vez para cobrar impuestos a los que usaban ese puente cuando caminaban a Santiago.

Un poco más adelante, el camino se interna en un olivar y para nuestra sorpresa nos encontramos un puestillo con fruta y bebida fría para los que necesiten o quieran coger algo, siempre a donación. 

Junto al puesto, se puede disfrutar de un agradable descanso bajo la sombra de los olivos en mesas y sillas, todo ello auspiciado por Olive Gard-Zen, un proyecto socio cultural abierto, destinado a ayudar a los peregrinos, limpiando la calzada romana, reconstruyendo muros, reparando el camino, etc, del que Iván es uno de sus artífices, además de super amable.

Tras un breve descanso en este singular lugar, continuamos en dirección a lo que en otro tiempo fuera el poblado de Urbe, del que hoy sólo quedan unos cuantos montones de piedras a ambos lados del camino. Iniciamos un ameno descenso por un buen camino agrícola de tierra rojiza paralelo a la carretera, a la que, en ocasiones, asoman los restos de la calzada.

Pronto cruzamos bajo la A-12 dos veces y, a continuación, bajo el viaducto del canal del cercano embalse de Alloz, un mar de aguas salinas alimentado por los ríos Salado y Ubagua. Fue construido en 1939.

Abandonamos el asfalto para tomar un camino de tierra que salva el río Salado por un pequeño puente de dos arcos, muy bien conservado.

Este puente evoca uno de los pasajes más conocidos del “Códice Calixtino”. Aquel en el que Aymeric Picaud advierte “¡cuidado con beber en él ni tú ni tu caballo!. Pues es un río mortífero. Camino de Santiago, sentados a su orilla, encontramos a dos navarros afilando los cuchillos con los que solían desollar las caballerías de los peregrinos que bebían de aquel agua y morían. Les preguntamos y nos respondieron mintiendo que aquella agua era potable, por lo que dimos de beber a nuestros caballos, de los que al punto murieron dos, que los navarros desollaron allí mismo".

Sin duda, exageraba un poco Aymeric, ya que si bien el agua de este río es ligeramente salada, nunca ha sido tan maligna como la pintaba.

Pasado el río Salado, una cruz en el suelo rinde homenaje a un peregrino fallecido aquí en su intento de llegar a Santiago. Por una pista de cemento, enseguida pasamos por debajo de la A-12 para salir a un tramo con buena sombra de robles donde había otro puesto de fruta y bebidas, que nos vino bien para refrescarnos y poder charlas con algunos peregrinos ya conocidos a fuerza de encontrárnoslos en el Camino.

Tras el breve descanso, enfilamos un camino de tierra que nos aupó hasta la calle Mayor de Lorca, donde nos recibe, a la derecha, su iglesia de San Salvador, de estilo románico tardío, del siglo XII, transformada en los siglos XVIII, XIX y XX.

A los pies de la iglesia se sitúa la pila bautismal de piedra, de origen románico medieval. La sacristía conserva una talla romanista de Cristo Crucificado de hacia 1600.

Hacia la mitad de su rectilínea calle Mayor nos encontramos una curiosa fuente con pilón de aguas cristalinas para el descanso del peregrino. Posee dos albergues privados y se halla íntimamente ligada a la ruta jacobea. Ya en el siglo XIII albergaba un hospital de peregrinos.

En uno de los albergues paramos a tomar café, reanudando el camino entre casas con flores y huertos de enormes calabazas, enlazando a continuación con una pista de cemento que nos situó en la carretera general, y por un camino seguimos paralelos a la carretera.

Al poco, nos desviamos a la izquierda para seguir por un camino entre campos de labranza. Pasamos por un túnel bajo la A-12, donde nos reagrupamos antes de entrar en Villatuerta.

Esta localidad, recibe al peregrino con un itinerario urbano que le rinde honores. Primero por la calle Camino de Santiago y después por la Plaza del Peregrino, se llega al entorno de la calle San Ginés, que conduce al puente románico-medieval que divide el pueblo.

Aquí dudamos entre tomarnos unos bocadillos en un parque junto al puente o buscar un bar donde disfrutar de algo más. Al final optamos por lo segundo y tras cruzar el puente buscamos el que nos dijeron era el bar más cercano.

Por la calle Nueva llegamos al ayuntamiento y a las espaldas de éste, al bar Rebote, situado frente al frontón del pueblo, de ahí el nombre. Cervezas, ensaladas, bocadillos, hamburguesas y cafés sosegaron nuestros cansados cuerpos y alguno hasta dio una cabezadita.

Reconfortados y más animados, descendimos hacia la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora y su plaza contigua, que acoge la estatua de San Veremundo, abad del monasterio de Santa María la Real de Irache, en la segunda mitad del siglo XI, y patrón del Camino de Santiago en Navarra, y de quien Villatuerta presume ser su cuna, en reñida competencia con Arellano, que también se atribuye ese honor.

La iglesia, de origen románico de hacia 1200, fue destruida probablemente en el incendio de 1378 cuando los castellanos asolaron la villa, en tiempos de las guerras entre Carlos II de Navarra Evreux (1332-1349-1387) y los Trastamara de Castilla.

Se reconstruyó en estilo gótico, llevándose después a cabo diversas obras en los siglos XVI y XVIII para completar el edificio que actualmente contemplamos.

Del románico se conserva la torre y una portada del muro de la Epístola, con arco de medio punto y abocinada con dos arquivoltas. El resto de la fábrica interior del templo con sus muros y las cubiertas son de estilo gótico.

Preside el templo un retablo mayor en estilo romanista tardío ya superado por elementos naturalistas, construido a mediados del siglo XVII para sustituir otro anterior. En este vídeo nos cuentan más detalles sobre ella.

Abandonamos el pueblo por una pista de cemento hasta encontrar una senda en dirección a Estella, bordeando campos y huertas. Un cartel nos alerta de que a la izquierda queda la ermita de San Miguel, (siglo X), a la que nos acercamos por un sendero que atraviesa una zona de descanso con mesas rodeada de olivos cargados de aceitunas.

Tiene una sola nave con espadaña de un solo arco y está bien conservada.

En su sobrio interior destaca una gran cruz bajo la cual se agolpan un montón de mensajes en papel, estampas de santos, poemas, fotos y ofrendas que los peregrinos han ido dejando sobre el altar. Conmociona ver tanta devoción. Se ha convertido en una referencia para los peregrinos.

Sellamos nuestras credenciales y retornamos al Camino volviendo sobre nuestros pasos los poco más de 100 metros que nos separaban de él.

Bajamos a una zona recreativa y de descanso con singular fuente en forma de puente, al pie de la NA-132, carretera en la que falleció atropellada, en la tarde del 2 de junio de 2002, la peregrina canadiense Mary Catherine Kimpton. Un monumento de piedra con el lema «Pueda ella caminar siempre sobre los campos de oro» recuerda este trágico accidente, que forzó a las autoridades a evitar que el trazado cruzase la carretera.

En la actualidad, un paso subterráneo por el que pasamos lo evita, ¡qué pena no haberlo puesto antes!.

Son muchos los peregrinos que por accidentes o problemas de salud pierden la vida y en su recuerdo están proliferando a lo largo del Camino todo tipo de homenajes en forma de cruces o monumentos, quizás esta devoción viene estimulada por el éxito de la película The Way, en la que el protagonista peregrina portando las cenizas de su difunto hijo, muerto cuando iniciaba el Camino. En este artículo hablan de ello y en este enlace se registran todos los fallecimientos, año a año.

Continuamos y pasamos un puente metálico sobre el río Ega, por cuya orilla, cargada de una tupida vegetación de ribera, llegamos a las mismas puertas de Estella, Lizarra en euskera, proveniente de "lizar", ‘fresno’ en euskera, relacionada con la abundancia de este árbol en las márgenes del río Ega y el sufijo ara ‘lugar de’.

El nombre castellano procede del latín stella (estrella) y aparece citado en 1072, cuando se menciona a Lope Arnalt como «merino in Stella».​

Su etimología procedería del topónimo Lizarra, que mal empleado por la nueva población de San Pedro de la Rúa, de origen francés, se transformaría en el vocablo vasco izarra (estrella), que en latín sería stella y que en romance derivó en «Estella». Una estrella de ocho puntas constituye, desde la Edad Media, el escudo de la ciudad.

Estella se asienta en las faldas de Montejurra (el monte santo de los tradicionalistas). Fue fundada en el año 1090 por Sancho V a fin de favorecer el asentamiento de francos en el emplazamiento de la antigua Lizarra.

Estos orígenes favorecían el hecho de que los peregrinos franceses encontrasen en Estella una acogida verdaderamente generosa. Así, el propio Aymeric Pícaud, poco amante de estas tierras, al referirse a Estella dice “que es fértil en buen pan, óptimo vino, carne y pescado, y llena de toda suerte de felicidades”, y el agua de su río Ega “es dulce, sana y muy buena”.

Una inscripción en la fuente de los Peregrinos, antes de entrar en la villa recuerdan esas palabras. Frente a la fuente se encuentra la Cruz de Ordoiz, labrada en piedra sobre un pedestal en forma de columna.

Lo siguiente que nos encontramos es un albergue, en el que un termómetro al sol marcaba 40 ºC, y la iglesia del Santo Sepulcro, de estilo románico tardío del siglo XII, con portada gótica de aspecto monumental, del siglo XIII, uno de los mejores ejemplares de la escultura bajomedieval, tiene un Santiago Peregrino delante de la portada, y en el dintel se halla representada la Ultima Cena. En el interior está la pila bautismal gótica del siglo XIII.

Fue una de las parroquias más antiguas de la ciudad, de la que consta que en 1123 era sede de la cofradía del Santo Sepulcro.

Su arruinada fábrica muestra las huellas de un largo proceso constructivo que, iniciado en el románico, no se concluyó hasta el siglo XVI. Fue suprimida como parroquia en 1881.

El mensaje cristológico descansa en el tímpano dividido en tres registros:
- La Última Cena como representación única en el dintel.
- Las Tres Marías ante el sepulcro vacío, el Descenso de Cristo al Limbo -Anástasis-
- La aparición a la Magdalena -Noli me tangere- en el registro intermedio; y la Crucifixión en el superior.

Coronan la portada sendos grupos de seis hornacinas a cada lado, que cobijan un apostolado y, ante la puerta, a modo de guardianes, las figuras exentas de Santiago (en hábito de peregrino jacobeo) y de san Martín de Tours (vestido de obispo y en actitud de bendecir).

La cabecera de la nave del Evangelio está presidida por un retablo barroco de mediados del siglo XVII. La hornacina del ático alberga una talla de Cristo Resucitado de estilo barroco popular contemporánea del retablo. La policromía es posterior, de época neoclásica. En este vídeo se pueden ver más detalles de ella.

De allí nos acercamos a contemplar por fuera, tras una buena subidita, el Convento de Santo Domingo. Se fundó en 1259 para los frailes dominicos por orden y a costa del rey Teobaldo II de Navarra. Pasó a dominio público en 1839, y en la actualidad, tras una profunda restauración, es una residencia de ancianos del Gobierno de Navarra. 

Se conservan la iglesia y un cuerpo del monasterio, ambos de estilo gótico y de nave única.

Descendimos y cruzamos por un túnel la carretera, saliendo directamente a la calle de la Rúa, donde se encuentra el Museo del Carlismo y el Albergue Municipal. La cruzamos y continuamos por el Puente de la Cárcel, sobre el río Ega.

El primitivo puente fue construido en época medieval, junto a la cárcel de la ciudad, pero fue destruido en 1873 debido a las Guerras Carlistas. Reconstruido totalmente, en 1975 sufrió una nueva remodelación, con la que adquirió su actual aspecto.
 
Tiene un solo arco de medio punto rebajado de estilo románico y dos significativas pendientes, que hacen su acceso muy difícil a las caballerías. A la entrada del puente existía un Hospital fundado en el siglo XII.

Nosotros continuamos de frente, para enseguida girar a la izquierda, por la calle Julio Ruiz de Arda, pasamos por delante del Palacio de los Eguía y las callejas con arcos que bajan al río y que me recordaban a la calle Cabezas de mi Córdoba natal, A continuación enfilamos la calle Zapatería hasta llegar a la Iglesia de San Miguel.

A este formidable conjunto monumental del románico del siglo XII se accede por unas empinadas y amplias escaleras de piedra, ya que se levanta sobre el primitivo núcleo de Lizarra.

En el año 1145 se tiene ya noticia de la existencia de una iglesia dedicada a San Miguel, ubicada en la cima de un escarpe rocoso, «La Mota», bien dotado para la defensa del burgo. Sin embargo, los restos más antiguos conservados evidencian una construcción posterior a esta fecha, seguramente entre 1187 y 1196, durante los reinados de Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte. Las obras se dilataron en el tiempo, con lo que se yuxtapusieron varios estilos en el mismo edificio.

El exterior presenta aspecto de fortaleza. Se accede al interior mediante dos puertas situadas en los lados de la Epístola (sur) y del Evangelio (norte). La puerta meridional es muy sencilla, con arquivoltas apoyadas en capiteles decorados con vegetales estilizados y algunas cabecitas (s. XIII). Mayor interés reviste la portada septentrional que muestra una de las mejores iconografías del románico tardío español. Se trata de un gran arco de medio punto con tímpano decorado que se abocina mediante cinco arquivoltas figurativas más una sexta exterior de encuadre.

Centra la portada un tímpano con una mandorla en forma de cuadrilóbulo, con el Pantocrátor sedente bendiciendo. A ambos lados de la portada se distribuyen elementos arquitectónicos y relieves sobresaliendo las situadas en las jambas bajo la línea de imposta, representándose a la izquierda a San Miguel alanceando al dragón. En el lado opuesto se localizan los relieves de las tres Marías en el sepulcro ante dos ángeles.

Sobre estas escenas se localizan sendos arcos apuntados de finales del siglo XII, el de la derecha semioculto por la bóveda del pórtico, que apoyan sobre capiteles con animales y cobijan cuatro estatuas columnas cada uno representando apóstoles y profetas.

Preside el presbiterio un gran retablo mayor en artesa adaptado al ábside, de estilo barroco, de finales del primer tercio del siglo XVIII. 

El gran óvalo del retablo cobija una interesante talla de San Miguel venciendo al demonio, de principios del siglo XVI y estilizadas proporciones goticistas, resto del primitivo retablo que tuvo la iglesia. Más información podemos obtenerla en este vídeo.

En el exterior, a unos metros de la cabecera y unida a ella mediante un arco apuntado, se ubica la pequeña capilla gótica de San Jorge, de nave única trapezoidal, cubierta con bóveda de crucería simple con clave central decorada con una Anunciación.

Después de visitar el interior de la iglesia, descendimos por otras escaleras hasta dar de nuevo con la calle Zapatería, continuando por la calle Real y la plaza de los Fueros hasta alcanzar la Iglesia de San Juan Bautista.

Iniciada a finales del siglo XII y consagrada en 1187, conserva la portada norte de estilo románico. Fue muy renovada durante el siglo XIV, al que pertenece la portada sur de estilo gótico, y durante el siglo XVI. En su interior destaca su retablo mayor renacentista.

El 26 de diciembre de 1846 se desmoronó una torre, que se llevó por delante la fachada y parte de la bóveda central. La fachada actual se construyó durante el siglo XIX en estilo neoclásico. Las dos torres se completaron en 1901.

La fachada tiene algún parecido con la de la iglesia de Trinità dei Monti, situada en la Plaza de España de Roma, especialmente su cuerpo central con dos relojes laterales y un ventanal central de medio arco. Tiene un total de 28.9 m de altura.

En la plaza de los Fueros, frente a su fachada paramos a tomar unas cervezas en la terraza del bar San Juan.

Por la calle de San Andrés nos acercamos a la Estación, en cuyo bar cenaríamos más tarde. Continuamos bordeando el Convento de San Clara, un edificio que fundado por las clarisas hacia los años 1289-1290.​ El actual edificio está emplazado extramuros del burgo medieval, hoy Parque de Los Llanos, por el que continuamos hacia el Puente del Azucarero, estructura de piedra del puente con 5 ojos de medio punto entre pilares y barandilla metálica. Como curiosidad, tiene una bola que marca el nivel de agua, cuando hay riadas y sobrepasa esa bola, se inundan las calles de Estella.

Continuando de frente, llegamos a la Plaza de San Martín, centrada por su popular fuente de los Chorros, o de la Mona, de inspiración renacentista, data de la segunda mitad del siglo XVI.

Tiene un pilar circular y de él emerge columna con capitel de cabezas, en el que asienta una gran bola escamada, a cuyos frentes se adosan cuatro mascarones para los caños, colgando entre ellos guirnaldas de frutos. Remata la fuente un león portando el escudo de Estella-Lizarra.

Está flanqueada por el antiguo Ayuntamiento, actualmente la sede de la Oficina de Turismo. La fachada es barroca y presenta columnas y pilastras clásicas con capiteles compuestos y conserva dos escudos de la ciudad.

Al otro lado está la casa de Fray Diego y el Palacio de los Reyes de Navarra del siglo XII, en la que se puede contemplar el famoso capitel románico que representa la batalla de Roldán con el gigante Ferragut.

De allí, subimos a conocer la Iglesia de San Pedro de la Rúa, tercera y última que encontramos con el pórtico polilobulado del siglo XII, como la de Santiago en Puente la Reina y San Román en Cirauqui.

En su interior se guarda una talla románica de Cristo procedente de la iglesia del Santo Sepulcro. Aún así, lo más destacable de este recinto es su impresionante claustro que también tuvimos la suerte de contemplar.

Ubicada en lo alto de un encrespado risco, se accede al templo a través de una escalinata que conduce a la puerta principal. Fue la primera parroquia de Estella y goza del título de iglesia mayor de Estella, conferido en 1256 en tiempos del reinado de Teobaldo II de Navarra. Su antigüedad se remonta a la propia fundación de la ciudad hacia el año 1090.

Desde un principio perteneció la iglesia al monasterio de San Juan de la Peña, enclavado en Aragón, por donación del rey de Aragón y de Navarra Sancho I Ramírez (1042-1063-1076-1094). En esta iglesia juraban los reyes de Navarra los fueros y privilegios de Estella.

El actual edificio comenzó a ser construido en el último cuarto del siglo XII sobre un edificio primitivo, en un estilo románico tardío y protogótico con influencias cistercienses.

Las obras continuaron durante el resto del siglo XII y comienzos del XIII. Durante el siglo XIV se repusieron las bóvedas de las naves laterales que se conservan. De esta centuria datan también los grandes ventanales góticos de la iglesia. Desde mediados del siglo XVI el edificio amenazaba ruina y la situación empeoró cuando se demolió el cercano castillo en el año 1572. En 1609 se acuerda el derribo de las bóvedas centrales y construcción de unas nuevas.

Al exterior, la iglesia muestra una complicada volumetría, fruto de las diversas etapas constructivas, mereciendo mención especial el triple ábside de la cabecera.

En el interior del templo se conserva un importante conjunto de tallas, retablos y pinturas, a menudo proceden-tes de iglesias y conventos desaparecidos de Estella, entre las que cabe destacar el retablo de la Virgen del Rosario (primera mitad del siglo xvii), en cuya hornacina central se encuentra una imagen de la Virgen de la O, que data del siglo XIV.

El claustro románico tardío, de finales del siglo XII y principios del siglo XIII, representa uno de los conjuntos de mayor riqueza escultórica del Románico navarro.

En la demolición del cercano castillo en 1572, el claustro perdió dos de sus cuatro alas. La torre confiere a la iglesia un aspecto de fortaleza habiendo sido reformada su zona media en el siglo XIV.

Sus capiteles, de primer orden en cuanto a calidad escultórica, acogen manos de distintos artistas que nos muestran la importancia del Camino de Santiago en la difusión de nuevas formas estéticas.

Se alternan elementos historiados de la vida de Santos (entre ellos, la historia de San Andrés) y de Cristo (Anunciación, Encarnación, Pasión y Resurrección), junto a formas simbólicas de animales (arpías, sirenas aladas, esfinges) y vegetales.

Es de destacar que las columnas son de doble fuste monolítico, salvo uno de ellos, que es cuádruple y torsado, a semejanza del existente en el cercano Monasterio de Santo Domingo de Silos. Más información podemos obtenerla en este vídeo.

Cerca de esta plaza está nuestro hotel, Estella Rooms, al que nos fuimos a dormir no muy tarde tras cenar y dar un paseo por la ciudad.

Como no podía ser de otra forma, 5 estrellas (o estellas) le otorgo a esta ruta, nuestra 5ª etapa del Camino y 1ª de esta nueva escapada.
Paco Nieto

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