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domingo, 2 de octubre de 2022

Excursión X362: Sierra de Bernia por el Forat y Fuerte Militar

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Casas de Bernia
Final: Casas de Bernia
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 11,6 Km
Desnivel [+]: 813 m
Desnivel [--]: 813 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 3

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La Sierra de Bernia no es de las más altas de la provincia de Alicante, pero sí posee uno de los perfiles más impresionantes de su orografía. Su escarpada espina dorsal dibuja la frontera natural entre las dos Marinas sobre el cercano Mediterráneo y, para compensar, esconde una singularidad geológica única: el forat.

Con un día esplendido, completamente despejado, acometimos el reto de ir a conocer esta sierra tan especial.

Quedamos en Casas de Bernia, un conjunto de caseríos, pedanía de Xaló, situadas al norte de la Sierra de Bernia, a las que se llega desde Benissa, por una sinuosa carretera que pasa por la pedanía de Pinos. Conocida como la sierra de los bandoleros, porque durante el siglo XIX, era habitual la presencia de bandoleros en la Marina Alta, que se dedicaban a asaltar los transportes y atemorizar a la población, utilizando la sierra como refugio, dada su agreste orografía.
La Sierra de Bérnia es la frontera natural entre las comarcas de la Marina Baixa y la Marina Alta. Las espectaculares rutas de senderismo que se pueden realizar alrededor de ella, son sin duda unas de las más bonitas, interesantes y con mejores vistas de la geografía alicantina, que conforma un conjunto montañoso perteneciente a la Cordillera Prebélica. Tiene una extensión de unos 11 km de oeste a este, perpendicular a la costa mediterránea.

En el aparcamiento se tiene una magnífica panorámica de la Sierra al completo, desde la que se aprecia que está ligeramente partida en dos por el collado del Portixol.

Iniciamos la ruta por camino ancho, cómodo y sin apenas desnivel, siguiendo el PR-CV7, hasta alcanzar la Font de Bernia, preciosa fuente en un rinconcito idílico.

El PR deja la cómoda pista desviándonos a la derecha por unas escaleras que dan paso a un estrecho sendero que rápidamente gana altura y vistas del valle y la costa.

Al fondo se divisa la imponente silueta de Cabo de la Nao, y más cerca varios picos llamados Tossal, con diferentes apellidos. El más picudo, el Tossalet del Castellet.

Superarnos dos zonas con pequeñas trepadas, siempre al pie de las impresionantes paredes verticales de la cresta de Bernia. Pasamos junto a abrigos rocosos que en tiempos fueron refugio de ganado y, un poco más arriba, llegamos a uno, con cueva incluida, donde nos afanamos en hacer fotos aprovechando el marco de fondo que nos brindaba su gran apertura.

A pocos metros, alcanzamos el gran muro norte de la Sierra, que parece infranqueable, pero la naturaleza ha querido facilitar el paso abriendo El Forat (Agujero), un túnel de formación kárstica, que gracias a la disolución de la roca caliza por efecto del agua, ha creado de forma natural este pasadizo, de unos 20 metros de longitud, que nos permite cruzar de una vertiente a otra la Sierra.

Como conejos en madriguera, nos fuimos introduciendo uno a uno por el estrecho paso, sobre todo al inicio, por el que tenemos que gatear o ir en cuclillas y sin las mochilas a la espalda, en parte de su recorrido, dada la escasa altura que posee.

Salimos al lado sur de la sierra, por una amplia bóveda y excepcional balcón, donde el azul del Mediterráneo y la amplitud de sus vista nos hace pensar que merece la pena todo esfuerzo para llegar aquí y poder contemplar tan maravillo lugar.

De siempre ha sido utilizado por pastores para cambiar de vertiente el ganado, buscando el frescor de los pastos de la cara norte, mucho más húmeda. Desde este lado, el túnel por el que hemos venido parece la boca de una serpiente.

Mientras tomábamos algo, nos extasiamos con las sorprendentes vistas que desde esta cueva se tiene de la Bahía de Altea y los perfiles de la Serra Gelada y, más a la derecha, el Puig Campana y la Sierra de Aitana.

Tras las múltiples fotos de rigor, continuamos por la derecha el sendero PR-CV7 que con ligera pendiente recorre, hacia el oeste, la base de los farallones de la cresta de la Sierra de Bernia.

No andamos mucho cuando alcanzamos la indicación del sendero que sube al Abrigo de la Peña de la Ermita del Vicari, con pinturas rupestres, con paneles didácticos y mirador, enclave en el que nuestros antepasados de finales del Neolítico, hace más de 5.000 años, plasmaron en sus paredes pinturas esquemáticas con formas antropomorfas, trazos con puntos, triángulos, soles y signos, que lamentablemente están muy deteriorados por estar a la intemperie. En este vídeo podemos contemplarlo. Por abajo se adivina la ermita que le da nombre.

El sendero pasa por el Cantalar de la Tia Betriu, una de las pedreras al que sigue un caos de rocas, solo varios grupos de encinas suavizan el agreste paisaje, eso sí, siempre con estupendas panorámicas hacia el mar y las montañas colindantes.

Pasados algo menos de dos kilómetros desde el Forat, alcanzamos el Cantalar del Rellonge, otra pedrera, Continuamos bordeando la loma hasta alcanzar un desvío a la derecha que se dirige al Fuerte de Bernia, al que llegamos tras pasar primero por la fuente del Fuerte.

El Fuerte de Bernia
es una construcción militar renacentista erigida por orden del rey Felipe II en el año 1562 para defender las costas de los ataques otomanos situada al pie de la impresionante cresta calcárea.

Por una parte, pretendía tener un importante papel disuasorio frente a las posibles revueltas de la población morisca de la época. Además, se utilizaba como defensa frente a los ataques de piratas berberiscos, habituales en la época.

Es por eso que, cuando en el año 1609 se decreta la expulsión de los moriscos, el Fuerte de Bérnia pierde su principal utilidad. Así, en 1613, la fortaleza se desmantela por orden de Felipe III. En este enlace se tiene mucha más información.

Visitamos sus bastiones. la muralla, torreones y habitáculos embovedados, que nos sirvieron de refugio para descansar un rato con sombra antes de iniciar la subida a la cima.

No es fácil, pues hay que superar, por terreno pedregoso, un desnivel positivo de unos 300 metros en apenas 1,2 kilómetros, lo que da idea de la verticalidad de esta parte de la ruta.

Una encina sirve de faro. Al llegar a ella giramos a la izquierda hasta alcanzar un emocionante paso con cadena, un paso estrecho en el que hay que realizar una pequeña trepada. Tuve que convencer a uno de los integrantes, con un poco de vértigo, de que podía hacerlo y con un poco de ayuda, lo consiguió. Aunque no es un tramo con excesiva dificultad técnica, no es recomendable para los no habituados a trepar riscos.

A este paso sigue otro estrecho, con cuerda, pero menos aéreo, que da acceso a la cresta. En dirección este, en unos 400 metros alcanzamos la cumbre, en la que se encuentra el vértice geodésico de Bernia, situado a 1126 metros de altura.

Desde aquí se tienen imponentes vista, al este del Peñón de Ifach y Calpe, al sur de la Bahía de Altea, Sierra Gelada (Helada), Benidorm, Playa de San Juan, Cabo de Santa Pola, el de Palos. Cerrando el marco, al suroeste, el Puig Campana y al oeste, el Macizo de Aitana y lo más sorprendente, en días claros y con buena agudeza visual, siguiendo la costa hasta se puede divisar Ibiza.

Con estas imponentes panorámicas nos tomamos los bocadillos antes de iniciar la bajada regresando sobre nuestros pasos.

Al rebasar la solitaria encina, giramos a la derecha para descender, por otra empinada pedrera, hacia el Collado de Xaló, o de L'Orenga, estratégico paso que da acceso, nuevamente, a la vertiente norte de la sierra.

Desde aquí, es todo bajada, dejando un escarpado barranco a nuestra izquierda, hasta llegar de vuelta a las bucólicas Casas de Bernia, tras conectar el bonito sendero con una ancha pista que pasa por cultivos de vid.

Al fondo, divisamos las poblaciones de Tàrbena y Bolulla. Más cerca el Planiol, Alto de l'Aspre y el Morro de l'Aspre.

Celebramos el exitoso final de ruta en la terraza del bar-restaurante Sierra de Bernia, después de disfrutar de los muchos alicientes y estupendas panorámicas a uno y otro lado de su arriscada cresta y que bien merece un 5.
Paco Nieto

domingo, 24 de abril de 2022

Excursión X335: Circular por la Sierra de Bernia oriental

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Font de la Barca. Altea
Final: Font de la Barca. Altea
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 8,6 Km
Desnivel [+]: 571 m
Desnivel [--]: 571 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 4

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La Sierra de Bernia es un conjunto montañoso perteneciente a la Cordillera Prebética, situado en la provincia de Alicante. Tiene una extensión de unos 11 km de oeste a este, perpendicular a la costa mediterránea.

Durante el siglo XIX, era habitual la presencia de bandoleros en la Marina Alta, los cuales se dedicaban a asaltar los transportes y atemorizar a la población, utilizando la sierra como refugio, dada su agreste orografía.

Iniciamos la ruta en el aparcamiento del área recreativa de Font de La Barca, tras subir unos 7 km desde Altea la Vella, por una empinada y zigzagueante carretera que en su tramo final pasa a ser pista de tierra, por la que hay que ir con cuidado, dado su estado.

La Font de La Barca cuenta con mesas para la merienda con espectaculares vistas de la bahía de Altea. Desde allí sale una amplia pista forestal, bastante plana, señalizada como PR-CV 436, que recorre de oeste a este la loma de la Sierra de Bernia en agradable paseo por el frondoso pinar de Calces.

Las vistas de todo este tramo son preciosas, a la derecha el mar, que se asoma en cada claro del pinar y a la izquierda la serpenteante cresta de la cara sur de la Sierra de Bernia, que contemplamos desde todos sus ángulos y con todos los marcos imaginables.

A poco menos de 2 km, pasamos junto a la ermita del Vicari, una muestra de la arquitectura tradicional de montaña y de las tradiciones religiosas y culturales de Altea hasta mediados del s. XX. Tiene un importante valor histórico y etnográfico.

Se encuentra en el cruce de dos importantes rutas en transito de la ladera Sur de la Sierra. El camino que subía a el Forat desde Altea, bordeando el Barranc de Masit y la pista forestal que atraviesa la Sierra de Este a Oeste, por la que caminamos.

En la actualidad, por desgracia, se encuentra en un avanzado estado de abandono.

La pista, que tiene varios desvíos por ambos lados, a los que no hacemos caso, finaliza en una especie de rotonda, entroncando de frente con la senda que se dirige a la fuente de Rostoll. a la que enseguida llegamos nada más desviarnos a la derecha por un sendero que baja hacia ella.

La fuente tiene un alargada pileta a modo de abrevadero, con un caño del que salía bastante agua, que nos sirvió para rellenar las cantimploras con su cristalina agua.

Unos metros más adelante nos encontramos con el cruce del exigente sendero que desciende hacia la urbanización Altea Hills, por el que en un principio pensábamos subir, pero sus más de 200 metros de desnivel y escarpado trazado nos hicieron cambiar de idea y salir desde la Font de la Barca.

Desechamos, pues, ese sendero y continuamos por la izquierda siguiendo otro que enseguida llega a la casa Rostoll, situada en un enviable mirador, rodeado de árboles y con una terraza, con mesas y sillas, asomada al mar que invitaba a quedarse contemplando el horizonte todo el día, haciendo allí la comida, merienda y cena.

Detrás de la casa, en dirección norte, comienza la empinada subida hacia la cresta, siguiendo una desdibujada senda, sin hitos, que conecta, cien metros de altura más arriba, con la senda que recorre los acantilados de la cara sur de la cresta.

Nos desviamos a la izquierda, para seguirla hacia el oeste, acercándonos a las verticales paredes calizas de la Sierra. Una trepada nos permite alcanzar un collado, ya en plena cresta, con infinitas vistas hacia el norte y sur de la cresta.

Desde allí, continuamos el ascenso unos metros más hasta alcanzar la parte superior del Arc de Bernia, un pequeño arco que precede al verdadero y mucho más grandioso, que se encuentra unos metros más abajo.

Co este pequeño arco de fondo y las espléndidas vistas hacia la bahía de Altea, paramos a tomarnos el tentempié de media mañana. Y mientras los demás terminaban, subí hacia las Penyes del Portitxol todo lo que un escueto sendero permite. porque se llega a un precipicio por el que es imposible continuar, el punto de mayor cota de la ruta.

Desde este privilegiado mirador se tienen unas imponentes vista al este del Peñón de Ifach y Calpe, al sur de la Bahía de Altea, Sierra Gelada (Helada), Benidorm, Playa de San Juan, Cabo de Santa Pola, en días claros y con buena agudeza visual, siguiendo la costa hasta el Cabo de Palos. Cerrando el marco, al suroeste, el Puig Campana y al oeste, el Macizo de Aitana.

De regreso al Arco, bajé a ver el principal descendiendo, con cuidado, unos cuatro metros hasta la parte superior de él. El espectáculo es único, es increíble lo que el agua y la erosión, con paciencia, ha sido capaz de crear.

Descender este segundo arco, ya no es tan fácil, se necesita la ayuda de una cuerda para salvar la gran altura que tiene, por lo que decidí regresar trepando hasta alcanzar de nuevo la cresta.

Buscamos otra forma de descender que no fuera la de regresar por la senda que habíamos traído, pegada a los acantilados hasta bordear por completo la Sierra por el Passet, un espectacular collado, situado en el extremo sureste de la Sierra, con la particularidad de que por él pasa el Meridiano de Greenwich.

Consultando el mapa, vimos que una senda descendía la cara norte de la Sierra desde el collado en que nos encontrábamos. 

La localizamos y la seguimos sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Resultó ser más factible de lo esperado, aunque tenía algunos tramos en los que había que destrepar con ayuda de las manos, pero finalmente se hizo hasta divertido su descenso.

Una vez superamos la parte más abrupta del despeñadero, descendimos hasta alcanzar la pedrera que sube al Arco, que se encuentra al fondo de ella, en un amplio y recogido rincón, muy inhóspito y solitario, de gran belleza salvaje.

Al fondo, sobresale el colosal arco y a su derecha, un gran abrigo cueva de forma trapezoidal y una pequeña gruta con una entrada muy angosta.

Con bastante fatiga subimos y descendimos la pedrera, por la que es fácil resbalar, al mover las piedras sueltas.

Por fin la cruzamos y seguimos por la senda, algo más cómoda que se dirige hacia el oeste, atravesando en su primera parte otra pedrera.

La senda discurre a la sombra de los altos y verticales paredones de la cara norte de la Sierra de Bernia, pasa junto a un imponente pino y tejo, pegados a la pared, y alcanza, en su extremo, el sendero PR-CV 7 que sube al Forat, un túnel de unos 20 metros de longitud, que forma una cueva natural que atraviesa la Sierra por un estrecho paso, sobre todo al inicio, por el que tenemos que gatear o ir en cuclillas y sin las mochilas a la espalda, en parte de su recorrido, dada la escasa altura que posee.

Sale al lado sur de la sierra, por una amplia bóveda y excepcional balcón, donde el azul del Mediterráneo y la amplitud de sus vista nos hace pensar que merece la pena todo esfuerzo para llegar aquí y poder contemplar tan maravillo lugar que de siempre ha sido utilizado por pastores para cambiar de vertiente el ganado, buscando el frescor de los pastos de la cara norte, mucho más húmeda. Desde este lado, el túnel por el que hemos venido parece la boca de una serpiente.

Nos extasiamos con las sorprendentes vistas que desde esta cueva se tiene de la Bahía de Altea y los perfiles de la Serra Gelada y, más a la derecha, el Puig Campana y la Sierra de Aitana.

Tras las múltiples fotos de rigor, intentando evitar el numeroso gentío que se agolpaba en la cueva, continuamos por la derecha el sendero PR-CV 7 que recorre, hacia el oeste, la base de los farallones de la cresta de la Sierra de Bernia, y que con ligera pendiente se dirige hacia el punto de inicio de nuestra ruta.

No andamos mucho cuando alcanzamos la indicación del sendero que sube al Abrigo de la Peña de la Ermita del Vicari, con pinturas rupestres del Neolítico, con paneles didácticos y mirador, enclave en el que nuestros antepasados, hace más de 5.000 años, plasmaron en sus paredes pinturas con formas antropomorfas, trazos con puntos, triángulos, soles y signos, que lamentablemente están muy deteriorados por estar a la intemperie. En este vídeo podemos contemplarlo.

Por abajo se adivina la ermita que le da nombre y se intuye el camino que a primera hora seguimos por el pinar de Calces.

El sendero pasa por varias pedreras y un caos de rocas solo varios grupos de encinas suavizan el agreste paisaje, eso sí, siempre con estupendas panorámicas hacia el mar y las montañas colindantes.

Pasados algo más de dos kilómetros desde el Forat, alcanzamos el desvío hacia las ruinas del Fuerte de Bernia, una construcción militar renacentista erigida por orden del rey Felipe II en el año 1562 para defender las costas de los ataques otomanos.

Bajamos hacia la Font del Runar, una curiosa fuente que se encuentra protegida por una puerta metálica, en la que hay una pequeña oquedad recubierta de musgo, donde el agua fresca y de gran calidad, rezuma intermitentemente de la roca, siendo recogida en una pileta y el sobrante conducido a un cercano deposito existente más abajo.

Unos chicos extranjeros estaban descansando en sus aledaños, aprovechando el rellano que la precede.

Continuamos, el descenso y unos metros antes de alcanzar el deposito de agua, para evitar el asfalto, nos salimos por la izquierda, buscando una imperceptible senda hacia la casa que limita con el Área Recreativa de la Font de la Barca donde habíamos dejado los coches.

Celebramos el fin de la ruta comiendo de menú en la amplia terraza del bar Ripoll de Altea la Vella, dando así por finalizada esta magnífica excursión que se merece la nota máxima, 5 estrellas.
Paco Nieto