domingo, 31 de mayo de 2026

Excursión X574: Camino Francés. Etapa 28. Las Herrerías - Triacastela

FICHA TÉCNICA

Inicio: Las Herrerías
Final: Triacastela
Tiempo: 9 a 10 horas
Distancia: 30,5 Km
Desnivel [+]: 880 m
Desnivel [--]: 893 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable:
Valoración: 5
Participantes: 5

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Para afrontar esta larga etapa del Camino de Santiago, en la que se entra por fin en Galicia, nos levantamos muy temprano y a las 6h, todavía de noche, ya estábamos saliendo de Las Herrerías, pero sin desayunar, a esas horas no había nada abierto.

La fama de etapa muy dura, en la que se salva un desnivel de 630 metros en 9Km, uno de los más agotadores del Camino, y los más de 30 Km de recorrido, justificaban el madrugón para no tener que añadirle el del calor, además después de la ruta teníamos que regresar a Madrid.

En La Herrerías habíamos dejado definitivamente la carretera N-6, ahora, bajo la tenue luz de las farolas, pasamos junto a un área de descanso al lado del río Valcarce y de la fuente de Quiñones, y a la altura de un mesón, nos adentramos, a la izquierda, por una pista asfaltada conocida como Camino a la Faba. Este pequeño barrio que queda a la salida del pueblo aún lleva el nombre de Hospital, por haber existido antaño un hospital llamado de los ingleses.

Pasado éste, cruzamos por última vez el río Valcarce, a estas alturas todavía riachuelo, por un puente de cemento y afrontamos ya los primeros repechos duros del ascenso al Cebreiro.

Pero a mi, lejos de asustarme la subida, me envalentonó y al ver que Ángel, que iba en cabeza, se enrollaba con una peregrina y perdía fuelle, me puse el primero y me hice la subida hasta La Faba en solitario.

Antes, cruzamos por un puente de cemento el arroyo de Lamas, que desciende del puerto de Piedrafita y que en este punto se une al de Mazaco para formar el río Valcarce.

Dejamos el asfalto para tomar un camino de tierra que sale a la izquierda (LE-4101) e iniciamos el ascenso por la vertiente contraria del valle.

Los primeros 500 metros son los más duros y espectaculares. El bosque de robles, castaños y nogales forma una bóveda sobre el Camino que provoca que éste permanezca humedecido durante buena parte del año.

Durante los meses de otoño un manto de hojas rojizas tapiza este trecho de la ruta, confiriéndole un aspecto casi encantado.

El encajonado valle se abre un poco en cada curva y permite ver, literalmente colgados de estas abruptas laderas, las pequeñas aldeas por las que discurre el sombrío camino, que rodeado de castaños centenarios, lo hace tan gratificante que se olvida uno de lo dura que es la subida, lo que seguro acabará siendo uno de los recuerdos que guarde como más emotivos.

Poco a poco, la pendiente disminuye y la superficie del camino se hace más regular. El bosque se abre y da paso a las primeras huertas. Es ya, por fin, la entrada de La Faba. Un desvío a la derecha nos conduce a su iglesia de San Andrés.

Al contrario que en la mayoría de los pueblos la iglesia está en la parte baja de la población y las casas en la parte alta, es la última parroquia de la diócesis de Astorga.

Fue construida en los siglos XVI y XVIII, con una mezcla de dos épocas, el renacimiento y barroco. Tiene una gran espadaña, retablos barrocos y dos pilas, una bautismal con gallones, y otra de agua bendita de amplia proporción y pie bajo, con igual decoración realizadas con piedras enterizas de sillería, y una escultura en bronce de Santiago Peregrino, donada por Diana de Orleans, princesa francesa viuda de Carlos, duque de Wurtemberg.

En su lado derecho, se localizan muchas sepulturas de peregrinos (el resto de vecinos se enterraba a la izquierda). La historia recuerda, a partir de una placa, que fue en este lugar donde fallecieron de peste un grupo de caminantes alemanes. Es esta la razón que llevó en la actualidad a unos voluntarios de la Asociación Ultreia de Amigos del Camino de Alemania a gestionar de forma rotatoria el albergue parroquial de La Faba, que abre desde marzo hasta octubre.

Continué por la calle central y en el cruce con la carretera que viene desde Las Herrerías, junto a una fuente, nos reencontramos todo el grupo. Habíamos ascendido 200 metros en 4,5 Km desde el inicio.

Tras un pequeño descanso, retomamos el camino cruzando la calle que busca las últimas casas de piedra y pizarra.

A la salida nos esperaba otro duro repecho empedrado de no más de 150 metros para continuar después por un cómodo camino.

En pocos kilómetros pasamos de lo más profundo del valle o lo más alto del monte y todo cambia, la vegetación, el paisaje y las vistas. Un tramo que sigue siendo duro pero al mismo tiempo de los más bonitos e interesantes del Camino.

Así es, el bosque desaparece por completo y se puede ver ya con nitidez la redondeada cumbre de O’Cebreiro teñida de rojo por el sol. Son la 7:30h y la imagen es espectacular.

Sólo los tojos, helechos y las retamas, perfilan un horizonte increíble. Varios caminos parten a uno y otro lado de nuestra ruta, pero nuestras dirección es siempre la misma: hacia arriba.

Me quedé un poco rezagado haciendo fotos y tuve que acelerar el paso para alcanzar al grupo. Antes de afrontar el tramo final del ascenso pasamos por el último poblado leonés, Laguna de Castilla. Hemos recorrido 2,4 Km y ascendido unos 250 metros. En la terraza del bar del Albergue La Escuela paramos a desayunar y descansar un rato.

Como anécdota, mientras Jorge pedía los cafés en la barra, Ángel vio una gorra en el suelo y preguntó si era de alguien, al no obtener respuesta, pensó que se la había dejado algún peregrino y la dejó en la entrada. Mucho más tarde Jorge se dio cuenta que no tenía la gorra atada a la mochila y la dimos por perdida, sin embargo una llamada que hice al día siguiente al bar, sirvió para que me confirmaran que la habían guardado y como mi primo Patxi iba a pasar por allí una semana más tarde, se encargó de recogerla, todo esto para sorpresa de Jorge, que no sabía nada y así pudo recuperarla. Historia con final feliz.

Todavía nos quedaba otro trecho parecido para alcanzar la cima, así es que echamos a andar, dejamos atrás una bonita fuente, continuamos por un camino que sale a la izquierda de la pista y 1,2 Km después, llegamos al gigantesco Mojón Os Santos, de piedra colocado a la vera del camino que nos advierte del final de Castilla-León, que entramos en Galicia y que quedan 152,5 kilómetros hasta la meta. Las fotos junto a tan especial hito no se hicieron esperar.

Continuamos por el camino de tierra con mediana de hierba que, a media ladera, nos conduce hasta la misma entrada de O’Cebreiro. Desde este momento y hasta Santiago encontramos un mojón indicativo cada 500 metros (excepto en la variante de la ruta que enlaza Triacastela con Sarria por Samos) en una especie de cuenta atrás que anima a los peregrinos.

Entramos en O’Cebreiro, nos recibe un crucero y el monumento a la Peregrina Descansando, una bonita escultura en bronce, colocada en el año 2018.

Representa a una mujer peregrina sentada sobre un murete de piedras, descansando mientras observa las estupendas vistas del valle y las montañas que la rodean.

La espectacularidad del paisaje, la sensación de sentirnos ya a las puertas de Compostela, aunque aún quede un buen trecho, y el impacto que provoca la llegada a O’Cebreiro compensan el esfuerzo de ascender a estos montes.

Hemos dejado atrás el fértil Bierzo y el valle de Valcarce. Desde La Laguna hemos recorrido 2,4 Km y subido 155 metros.

El topónimo O´Cebreiro (oficialmente Santa María do Cebreiro) procede del término latino vulgar ecĭfĕrus, que a su vez deriva del latín clásico equĭfĕrus (caballo salvaje), haciendo referencia a los caballos salvajes que antiguamente habitaban las sierras del Caurel y de los Ancares. Contrasta la silueta dentada de las sierras del norte con el relieve redondeado de las que se extienden hacia el sur.

No sólo es uno de los enclaves más antiguos de la ruta jacobea, sino también uno de los más entrañables e interesantes.

La trascendencia histórica de este pequeño poblado, declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional, se deriva de su estratégica situación, su hospital se encontraba al final de una de las más duras etapas del Camino, y de su peculiar arquitectura prerromana.

Se conservan en O’Cebreiro cuatro pallozas; construcciones de planta oval y muros de piedra de poca altura, con techo cónico recubierto de paja de centeno trenzada, en las que hombres y ganado compartían el mismo espacio vital. Alguna de estas pallozas, mantienen su estado original, incluidos todos sus enseres, pueden ser visitadas por los peregrinos. Otras, desprovistas de mobiliario, fueron utilizadas durante muchos años como humilde refugio. 

La iglesia de Santa María la Real de O’Cebreiro, levantada entre los siglos IX y X es uno de los pocos ejemplos que aún quedan en Galicia del arte prerrománico con clara influencia astur. El edificio consta de tres naves terminadas en sendos ábsides rectangulares. 

Su exterior es también sobrio con una puerta adintelada que se cubre con un pequeño pórtico en donde se abre un arco de medio punto. 

Un torreón se levanta a la derecha, con un campanario cubierto con una pequeña cúpula.

El altar mayor está presidido por una réplica de Cristo crucificado, cuyo original se encuentra en el Museo de Arte Sacro de Madrid, pero no es en la nave central donde se encuentran los elementos de atracción para los devotos del lugar. 

Son las naves laterales las que custodian los elementos más venerados del templo. En la capilla situada a la derecha del altar mayor se encuentran la imagen románica sedente de Santa María la Real, que en realidad se trata de la Virgen de Los Remedios, junto a la vitrina que contiene el cáliz y la patena del milagro de O´ Cebreiro.

Según la tradición, aquí se hizo real un milagro: La conversión de vino en sangre durante la celebración de una Eucaristía realizada por un clérigo incrédulo.

Por el año 1300 un hombre, Juan Santín, que vivía en un pueblo que distaba media legua de la iglesia de O’Cebreiro, la aldea de Barxamaior, era tan devoto que no cesaba de ir a misa por la lluvia, el viento o el frío. Un día se desató una furiosa tormenta y el sacerdote de la Iglesia pensó que ningún fiel acudiría y por entrar solamente este fiel, para burlarse de él exclamó "¡Cuál viene este otro con una grande tempestad y tan fatigado a ver un poco de pan y de vino!" y dijo que su presencia "no había merecido la pena". Dios, entonces, para castigar la falta de fe y caridad del cura, cuando estaba consagrando el pan y el vino, realizó el milagro de convertir la hostia y el vino en carne y sangre.

El cáliz, donde se hizo el milagro, se conserva hoy en el interior del templo. Hay quién incluso cuenta que esta copa es el Cáliz de la Última Cena y que fue traído hasta aquí por algún caballero de la leyenda del Santo Grial. Incluso los Reyes Católicos donaron un relicario para guardar el cáliz en una visita de ellos a la ermita, cuando realizaron la peregrinación a Santiago.

Este cáliz es todo un símbolo de Galicia ya que se encuentra representado en el centro del el escudo de la comunidad. Los mausoleos de los protagonistas del milagro se encuentran en la capilla, junto a una talla de la Virgen del siglo XII y que según cuenta la tradición, inclinó la cabeza para adorar el milagro y que el niño abrió los ojos por el mismo motivo. Otra curiosidad de la imagen, es que se encuentra anclada a la peana por unos candados, debido a varios intentos de robo.

En la capilla del lateral contrario, dedicada a San Benito patrono de los fundadores, se encuentra enterrado D. Elías Valiña Sampedro, párroco de O’Cebreiro desde 1959 hasta 1989, periodo que dedicó a la recuperación de la entonces deprimida comarca y desde 1984 a la señalización y rescate, del casi perdido Camino Francés de Santiago. Fue uno de los estudiosos de la ruta y el primer voluntario en marcar las rutas xacobeas con pintura amarilla. Un busto junto a la iglesia nos recuerda a Elías Valiña, que falleció en el año 1989, a la edad de 60 años.

Me sobrecogió sobremanera contemplar el interior de la iglesia, desde los cristales de la puerta, entrando tres rayos de sol desde los ventanucos del ábside, parecía una imagen celestial, imposible de olvidar.

En una de las tiendas que hay frente a la iglesia sellamos las credenciales.

Para salir de Cebreiro, antes se hacía por el arcén de la carretera que va a Triacastela, ahora se ha habilitado un precioso camino que va unos metros por encima de ella. Otra opción es tomar una senda a la izquierda,  por la parte superior del albergue, que discurre por un agradable bosque, y aunque asciende a una pequeña colina, y es algo más larga, también es muy agradable. 

Un cartel describe las dos opciones, la primera de 2.840 metros sin subida, indicada como recomendable, y la segunda de 2.930 metros con subida. Nosotros seguimos la  opción recomendada, Patxi eligió la segunda y le gustó mucho. Enseguida por un leve descenso y con unas maravillosas vistas de un mar de nubes sobre el valle, llegamos a Liñares, pequeña localidad que nos recibe con una fuente con doble pilón donde nos refrescamos. Hemos recorrido 3,4 Km desde O’Cebreiro.

Entramos en la iglesia de San Esteban, del siglo VIII con una vieira en la portada, es del mismo estilo que la de O’Cebreiro, pero más simple.

Esta tipología se repite en prácticamente la totalidad de las iglesias que jalonan el Camino en su entrada a Galicia, utilizando la piedra de la zona. La fachada, tiene una torre, que hace de frontis, de tres cuerpos.

El primer cuerpo constituye un cabildo que resguarda la puerta, enmarcada por un arco de medio punto, el segundo tiene cuatro vanos y el superior está coronado por cuatro pináculos.

Tiene un retablo barroco en el interior. Antiguamente esta iglesia estaba ligada al desaparecido Monasterio de O’Cebreiro.

Por una pista, bien protegida de abedules, subimos algo menos de un kilómetro hasta el Alto de San Roque (1.270 m.) donde nos recibe un monumento al peregrino de bronce, del escultor Acuña, q
ue parece caminar contra el viento.

Es otro de los puntos más emblemáticos del Camino, así es que toca hacernos las pertinentes fotos.

Una senda a la derecha de la carretera, 
especialmente diseñada para caminantes, por entre prados plagados de margaritas y monte bajo helechos, retamas y tojos, tras un agradable y reconfortante descenso y una pequeña subida, llegamos Hospital de la Condesa, dejando momentáneamente la carreteraEl paisaje no puede ser más bonito. Hemos recorrido 2,6 Km desde Liñares.

El nombre de Hospital da Condesa se debe a la existencia de un antiguo hospital en el lugar, uno de los más conocidos y antiguos del Camino Francés, fundado por Doña Egilo en el siglo IX, esposa del Conde Garzón, reconocido por repoblar El Bierzo.

En el Mesón O Tear paramos a tomar café antes de continuar, pasar junto a una fuente y llegar a la iglesia de San Juan, citada ya en el siglo XII, es también similar a la de O’Cebreiro.

Sin apenas adornos al exterior y hechas mediante pizarra. El presbiterio tiene un arco triunfal y bóveda de medio punto. En el frontis existe una torre, accesible por una escalera exterior.

Salimos del pueblo por un andadero pegado a la carretera LU-633 durante algo menos de un kilómetro, desaviándonos a la derecha por una pista en dirección a Sabugos.

La pista enseguida la abandonamos, por la izquierda, para ascender por un camino de piedra suelta con estupendas vistas del verde valle en el que pastaba tranquilamente un rebaño de vacas rubias gallegas.

Tras cuatrocientos metros de duro repecho y otros cuatrocientos de sombreado camino, bordeado de numerosas flores y muros con musgo, alcanzamos una buena pista, que nos sitúa ya en Padornelo. Hemos recorrido 2,4 Km desde Hospital de la Condesa.

Nos recibe la iglesia de San Juan, del siglo XV, el único vestigio de la presencia de los Caballeros de San Juan de Malta en esta zona, es de marcado estilo rural, planta rectangular, muros de mampostería, tejado a dos vertientes cubiertas de losa y coronadas por un campanario de remate triangular, cuenta con entrada lateral bajo un espacio cubierto. En el interior destaca un retablo barroco de un solo cuerpo que se levantaba en el solar que hoy ocupa el cementerio parroquial.

Enfrente hay una fuente con pilón de la que manaba un buen chorro de agua. Salimos del pueblo por una empinada pista empedrada que se dirige al cementerio y después pasa a ser de tierra. Son 600 metros de duro repecho que nos ponen a prueba las fuerzas para alcanzar el Alto do Poio, que con sus 1.337 metros se constituye en el punto más elevado del Camino de Santiago en Galicia.

El bar del Albergue del Puerto estaba muy concurrido. Volvimos la vista atrás para echar un último vistazo al ya lejano Cebreiro y a la sierra de los Ancares antes de cambiar de vertiente para afrontar el descenso al valle y perderlos definitivamente de vista.

Seguimos 300 metros por la carretera, donde parte por la derecha un camino de tierra paralelo a ésta que asciende unos 40 metros por un pequeño altiplano hasta la falda de Tesos dos Garbanzos.

Allí alcanzamos
 el punto más alto de la ruta, 1.365 metros. Nos esperaban ahora 700 metros de constante descenso hasta TriacastelaEntre helechos y viñas, por buen camino, bajamos hasta llegar a Fonfría. Hemos recorrido 3,4 Km desde el Alto do Poio.

En Casa Nuñez paramos a tomar unas cervezas mientras descansamos un rato viendo pasar las vacas.

Pasamos junto a la 
iglesia de San Juan, que fue construida en el siglo XVI, sufre importantes reformas posteriores. La puerta lateral derecha, en arco de medio punto con dovelas que descansan sobre las jambas, parece indicar la época en la que se erigió. El campanario, también rehabilitado, que está formado por una sola pared con huecos para las campanas y está coronado por un remate triangular. El aspecto original se conserva tan bien que podría casi pensarse que es románico. 

San Xoán de Fonfría
tuvo un hospital de peregrinos que ya no existe en la actualidad. Antiguamente los peregrinos recibían fuego, sal, agua de la fuente de esta localidad, de ahí el nombre del pueblo, una cama y dos mantas para dormir. 

Salimos por su calle central y continuamos por un camino de tierra, paralelo a la carretera.

El contraste del intenso azul del cielo con el verde de las praderas es impresionante.

Al final de la curva nuestro camino cruza la carretera y enfila un descenso por agradable camino, rodeado de vegetación, que nos deja a la entrada de Viduedo. Hemos recorrido 2,4 Km desde Fonfría.

Pasamos junto a la rústica Ermita de San Pedro, también conocida como de Los Abedules, tiene fama de ser la más pequeña del Camino. La fachada tiene una puerta con arco de medio punto. Espadaña coronada por un campanil.

Posee un retablo neoclásico con imágenes del s. XVI y s. XVII en el interior. Posee un amplio atrio con tres originales arcos de acceso. 

Atravesamos su calle central para seguir a media ladera por una buena pista de tierra.

La panorámica se abre ahora a nuestra derecha, ofreciéndonos una aérea vista del valle que configura un multicolor damero formado por infinidad de minúsculas parcelas, cada una con una tonalidad diferente. El camino se transforma en un magnífico mirador.

A partir de aquí comienza el tramo de mayor pendiente, por una zona de monte bajo y helechos, con flores de gran colorido predominando el amarillo y con 
vistas espectaculares sobre los monte Caldeirón y Oribio

Tras una doble curva muy cerrada encontramos ya las primeras casas de Fillobal. Hemos recorrido 3 Km desde Viduedo.

En la estupenda terraza del bar del Albergue O Solpor paramos a comer, porque eran ya casi las 15h.

Cerca de aquí se encuentra la cueva prehistórica de Eirós y un gigantesco hombre de las cavernas, situado a la salida del bar, hace de reclamo para fomentar su visita. Junto a él fue inevitable hacernos fotos.

Tras la relajada pausa, continuamos el descenso, con estupendas vistas al principio, para luego internarnos por un túnel natural formado por las ramas de los avellanos.

Pasamos junto a un área de descanso antes de cruzar la carretera y seguir entre carballos y avellanos. Enseguida llegamos a Pasantes. Hemos recorrido 1,5 Km desde Fillobal.

El Camino pasa junto a la pequeña ermita de los Remedios, del siglo XVIII con espadaña triangular que alberga una campana. A la salida entramos en un imponente bosque de castaños centenarios. Sus ramas se extienden hasta el infinito ocultando el cielo durante el verano, mientras que en otoño sus hojas cubren el propio Camino con un tapiz multicolor hasta llegar a Ramil. Hemos recorrido 1,4 Km desde Pasantes.

Lo más significativo de esta aldea es un anciano y enorme castaño (Castaño de Ramil). situado a la entrada y que según la tradición hay que abrazar para tener suerte. Eso hicimos uno por uno antes de proseguir por una corredoira empedrada entre castaños y arbustos, que dan cobijo y buena sombra que nos deja a la entrada de Triacastela, después de 700 metros.

Un banco a la entrada con el nombre del pueblo propicia las fotos que celebran la llegada de los peregrinos y en nuestro caso, el final de esta intensa y emotiva escapada a la que le otorgo 5 estrellas..

Recogimos las maletas en el albergue Atrio y esperamos al taxi que nos llevaría a Rabanal del Camino, donde teníamos el coche.

Durante el largo trayecto, Enma nos contó anécdotas del Camino, ya que junto a su hermano Jorge, llevan muchos años llevando y trayendo peregrinos, que con sus historias les da para escribir una novela, su teléfono es el 663500933.

Con ella nos hicimos una foto de despedida antes de iniciar el regreso a Madrid. Ya estamos deseando volver.
Paco Nieto

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

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