miércoles, 3 de julio de 2019

Excursión X188: Pico Aragüells

FICHA TÉCNICA
Inicio: Refugio de Coronas
Final: Refugio de Coronas
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 9,5 Km 
Desnivel [+]: 1078 m 
Desnivel [--]: 1078 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Nos disponemos a la tercera jornada pirenaica, la central y también a priori la más dura, como así se confirmaría a lo largo del día. Tampoco la más bonita, aun siéndolo bastante, y la única en que la ida (todo subida) y la vuelta (todo bajada) iban a ser por el mismo camino. No sería la más larga (aprox 10km), pero si la que mayor desnivel acumularía (unos 1100 metros) y con la mayor pendiente media en la subida (superior al 20%), a lo que sumaremos la dificultad del terreno (piedras, rocas, nieve, etc..) y las incidencias meteorológicas (santo tormentón que nos cayó).

Ya desde la preparación de las excursiones ésta se planificó con dudas, el gran reto sería subir al Aneto, con más de 3400 metros de altura, si bien para ello sería necesario madrugar en exceso (he llegado a oír que a las 4h30’ de la mañana), para poder empezar a caminar cuanto antes. Pero, finalmente se opto por el plan B: El Pico Aragüells (‘solo’ 3048m). Cerquita del Aneto, pero casi 400 metros más ‘bajito’, menos exigente, y sobre todo: sin necesidad del mencionado madrugón. Como veremos, la elección fue un acierto.

Bueno, el caso es que iniciamos el día madrugando un poquito, ya que debíamos salir del hotel a las 8h40’ (tampoco es para tanto ¿no?), con el fin de llegar en coche a tiempo de coger un autobús en “Plan de Senarta” que salía a las 9h15’. A este llegaríamos por la carretera que va a Llanos del Hospital. Pero antes desayunaríamos ‘como Dios manda’ y nos provisionaríamos con los fantásticos bocadillos que nos preparaban cada mañana en el hotel. 

Cuando llegamos al autobús descubrimos que también lo iban a utilizar un grupo grande de excursionistas mayores (incluso más mayores que nosotros), por lo que el chófer nos ofreció meternos en un pequeño minibús que salió antes y que además era mas rápido.

El motivo por el que había que subir en bus fue que nos separaban 9 km hasta el punto de inicio de la marcha: El “Puente de Coronas”, junto al “Refugio de Pescadores de Vallibierna”. Y que estos se hacían por una pista que estaba en un estado bastante abandonado y que además tiene prohibido el acceso a vehículos particulares durante buena parte del año. Adecuada medida para preservar mejor la naturaleza, pero seguro que también por lo peligroso del camino, muy estrecho, labrado en las paredes casi verticales de la montaña en medio del precipicio y en el que resultaría complicado que dos vehículos se cruzasen.

Tardamos casi 40’ en subir esos 9 km, mucho, debido a la lentitud a que obligaban las características del camino. Íbamos solos en el minibús, con la excepción de un señor muy mayor que iba a pescar y que nos comentó que llevaba 70 años subiendo para ello a ese sitio: Andando, en mulo, y una vez construida la pista en carro, coche o autobús, como en esta ocasión. 

Cuando dejamos el minibús y recoginos las mochilas y bastones (que venían en el autobús grande) comenzamos a caminar desde “Puente de Coronas”, a 1985 metros de altitud. Inmediatamente atravesamos un campamento de chavales, y caminamos por una zona de bosque, buen camino, y pendiente en continuo crecimiento.

Tras unos 2 km aproximadamente, siempre en ascenso, se iba difuminando el bosque, y la vegetación terminó por desaparecer casi del todo. Seguimos el ascenso en paralelo al río/cascada, que vierte desde el Pequeño Ibón de Coronas, ayudándonos a subir con sus bonitas vistas y el agradable ruido de sus aguas.

En este tramo vimos varias marmotas, que nos observaban con curiosidad, pero con más indiferencia de lo que lo hacíamos nosotros a ellas, sin duda estaban acostumbradas a presencia humana en su territorio.

En esta primera fase del ascenso el terreno era muy empinado y nuestro pequeño grupo, éramos 8, caminaba muy desagregado. Nos llevaría al “Pequeño Ibon de Coronas”, el primero de los ‘puntos clave’ de la jornada. Llevábamos unos 3 km andados y ya habíamos ascendido en torno a 650 metros. 

Al Ibón llegamos con sol y algo de nubes, incluso hubo quien (yo) se planteó el baño, o al menos meter los pies en el agua, que estaba demasiado fría, más que en los ibones de la jornada anterior. Además, en un pispas se encapotó el cielo y la bajada de temperatura me quito la idea de la cabeza. Nos reagrupamos, comimos algo, poca cosa, nos hacemos un sinfín de fotos, a nosotros y al paisaje. 

Continuamos la marcha, si bien no todos la reanudamos a la vez, ya que Olga en vez de recoger los trastos y arrancar se entretuvo en enviar un mensaje de voz protestando contra la dureza de la jornada. El ascenso hacia el “Gran Ibón de Cadenas”, el segundo punto clave, era cada vez más complicado, ya no había camino: Dábamos brincos de roca en roca, siguiendo las señales que nos indicaban perfectamente por donde dirigirnos.

Pasamos un primer tramo por nieve que ya estaba presente, blanda, por lo que, al menos por ahora, no eran necesarios los crampones, al contrario, a veces hundíamos la pierna.

La visión de este Ibón nos dejó boquiabiertos, aparecía con un tono azul turquesa, muy grande y con sus aguas parcialmente heladas, rodeado casi en su totalidad de nieve, y con El Aneto al fondo y el Aragüells a la izquierda.

En fin una maravilla. Lógicamente aquí tuvimos una nueva tanda de fotos. Llevamos algo más de 4 km y cerca de 800 de desnivel.

A nuestra izquierda y ya bastante cerca teníamos el Pico Aragüells, que yo definiría como ‘un afilado montón de rocas’, al que casi habría que trepar para alcanzar su cumbre. Pero antes deberíamos llegar a su base, al “Collado de Cregüeña”. Seguimos el camino, bueno todos no, es que Olga tenía que recoger la mochila y hacerse fotos, o vete tú a saber qué. De nuevo brincamos de roca en roca y cruzar nuevos tramos de nieve, para esta parte ya alguno de nosotros usó los crampones. 

Nos reunimos de nuevo en el “Collado de Cregüeña”, a 2914 metros de altitud, y con casi 5 km y 900 m de desnivel. Desde él podemos contemplar, al otro lado, el impresionante “Ibón de Cregüeña”, que si no me equivoco es el más grande de los Pirineos.

El cielo estaba totalmente encapotado, e incluso empezamos a escuchar lejanos truenos, todo apuntaba a que íbamos a tener tormenta o al menos que iba a estar cerca. En este crítico momento, una parte del grupo decide proseguir y subir a la cumbre del Aragüells (3048 m), del que solo nos separaban unos 100 metros de desnivel casi vertical y de rocas. Otros, yo entre ellos, nos quedamos en el Collado tomando el bocadillo. 

Apenas inician el ascenso final escuchamos más truenos, cada vez más cerca, y empiezan a caer las primeras gotas. La cosa se ponía fea. Es por ello que nuestro jefe Antonio, que también se quedó en el Collado, decide con buen criterio que nos acabemos el bocata a toda prisa y nos larguemos cuanto antes. El caso es que él se acaba el bocata e inicia el descenso, y Olga y yo, con sólo medio bocata comido salimos tras él, bueno, una vez que Olga reconstruyó su mochila, claro. Mientras que los 5 restantes prosiguen el ascenso al pico. 

Decidimos que por seguridad, las piedras esas por las que brincábamos estaban mojándose, haríamos por la nieve todo lo que fuera posible. Cuando la alcanzamos nos ponemos los crampones, que si bien no eran del todo necesarios, sí nos permitirían caminar más rápido y con más seguridad. 

A ver, en multitud de ocasiones hemos caminado por la Sierra de Guadarrama con nieve, nevando, lloviendo, con ventiscas y tormentas, lo que nos podría llevar a pensar que ya estábamos acostumbrados a estas situaciones.

Pero, es que cada tormenta es cada tormenta, y cada montaña es cada montaña, y desde luego, no es lo mismo Peñalara, o Abantos, que esta zona de los Pirineos, de roca y a 3000 metros. En fin, que estábamos de verdad preocupados.

Tras varios tramos de nieve/roca alcanzamos de nuevo el “Gran Ibón de Coronas” y observamos que el resto del grupo ya había iniciado el descenso. Olga y yo íbamos a matacaballo siguiendo a Antonio, que nos metía prisa tratando de salir de la tormenta lo antes posible, que a estas alturas ya era de fuerte lluvia, incluso granizo y un sinfín de truenos.

El caso es que no tuvimos tiempo ni para hacer una foto de Olga con crampones y pantalón corto. Su aspecto era de lo más gracioso. Procuramos evitar los bastones y separarnos un tanto unos de otros por si algún rayo se antojaba de nosotros. En este sentido, posteriormente, una vez reunidos de nuevo todos, los que estuvieron en la cumbre nos comentaron como sentían el ruido de los campos eléctricos en los bastones con solo ponerlos horizontales, ni pensar en lo que hubiera sucedido si los alzan en vertical por encima de la cabeza.

Un rato después, ya en las proximidades del “Pequeño Ibón de Coronas” nos alcanza Ángel, el más adelantado del resto, y se paró aprovechando una oquedad en una roca y comer algo. Poco después nos adelanta Enrique, como un cohete.

Seguimos el descenso, ya por debajo del Pequeño Ibón y ante la tromba que seguía cayendo y calados hasta los huesos nos metemos en un minúsculo refugio/vivac, y cuando estamos en él nos adelanta el resto.

Salimos y ya seguimos juntos, bueno menos Olga, que por algún motivo extraño tarda un pelín más en arrancar del refugio ¿cambiarse de ropa, apañar la mochila?. Tenemos suerte, un momento después paró la tormenta, e incluso salió el sol, lo que permitió que se secara algo la ropa, pero no así ni muchos menos las botas, totalmente encharcadas.

Algo más abajo y al perder de vista a Olga, y ya en la zona en que empezaba el arbolado, me espero a ver si llega. Tarda mucho, por lo que retrocedo algo para salir a su encuentro, pero nada, que no llega. 

El caso es que teníamos que arrear, ya que corríamos riesgo de perder el autobús para bajar desde el “Puente de Coronas”. Antes de verla ya sabía que estaba cerca, se la oía canturreando algo así como ´todos los días sale el sol, chipirón’. ¡La que nos había caído, empapados, con prisa, y ella caminando solita, a su bola y canturreando lo del chipirón!, más feliz que un regaliz. Cuando llega va y me cuenta que se ha caído tres veces, y me suelta algo así como ¡todo me hace chop-chop menos el cho...!. 

En fin, creo que consigo ‘que se ponga las pilas’ y ya caminamos rápido tras el resto del grupo. Hemos pasado del tormentón al sol y al calor. Con el calor llegan las moscas, que se encaprichan en especial en la cabeza de Olga (he grabado un pequeño vídeo que lo evidencia, supongo que la canción del chipirón les gustaba mucho a estos bichos).

Y llegamos por fin al “Puente de Coronas”, nos sentamos en el pequeño “Refugio de Pescadores de Vallibierna”, en el mismo sitio en que nos había dejado el bus por la mañana. Que por cierto, aún nos tocaba esperar un rato, resulta que no era a las 18h00’, sino que a las 18h30’. Prudente margen que nos ocultó Antonio, no vaya a ser que nos relajáramos en exceso.

Aprovechamos para estirar un poco, o para cambiar de calcetines (empapados por secos), y comentar las anécdotas del día. Los que llegaron a la cumbre nos cuentan lo de los campos eléctricos que detectaron y oyeron allí arriba, y las estupendas vistas que allí tenían y el riesgo que corrieron y lo imprudentes que fueron al subir, si bien no tuvieron ninguna incidencia. 

El autobús nos baja al “Plan de Senarta”, donde nos esperaban los coches. Ya sólo quedaban los nuestros, se ve que otros fueron más prudentes que nosotros ante la tormenta.

Llegamos al hotel, ponemos las ropas y mochilas a secar como podemos, y claro, las botas. Para estas utilizamos papel de periódico. Excelente método que alguno se sabía y que resultó de lo más eficaz. A la mañana siguiente las botas estaban listas para una nueva excursión. 

Nos sentamos en las mesas de entrada al hotel a tomar algo antes de la cena y a comentar la jornada, y aquí no faltó una merecida regañina para los que bajaron del Aragüells a lo bestia, en plan Rambo, olvidándose de los que iban más despacio y la difícil situación que hubieran tenido en caso de algún resbalón grave o accidente. 

Cenamos como reyes, nos tomamos una copichuela y quedamos todos listos para una nueva jornada, la que sería mas bonita y concurrida: El Pico Salvaguardía, que ya será otra historia.

Excelente jornada, como todas las que tuvimos, si bien esta pelín menos bonita, ya que su fin era una cumbre y no la belleza del paisaje, con la aventura extra de la tormenta, bueno, y las moscas en la cabeza de Olga. La dejaré en 4 sicarias.
Jorge Montero

martes, 2 de julio de 2019

Excursión X187: Ibones de Batisielles, Perramó y Escarpinosa

FICHA TÉCNICA
Inicio: Parking de Estós
Final: Parking de Estós
Tiempo: 9 a 10 horas
Distancia: 25,3 Km 
Desnivel [+]: 1434 m 
Desnivel [--]: 1434 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5+
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Para nuestro segundo día por Pirineos, había propuesto subir a los Ibones de Batisielles, los conocí hace 7 años en un día de tormenta y quería poder contemplarlos en toda su plenitud sin la molesta lluvia, más bien diluvio, que le quitó algo de encanto a estos rincones tan fascinantes del Parque Natural de Posets-Maladeta.

Bien temprano nos acercamos al aparcamiento que hay a la entrada del valle de Estós, ilusionados porque el día es espléndido y vamos a poder disfrutar del que es considerado uno de los parajes más bonitos del valle de Benasque.

Echamos a andar en dirección norte hacia los barracones. Detrás parte una pequeña senda que se adentra en el bosque y que enlaza en pocos metros con la pista que conduce hasta el refugio de Estós.

Continuando por la pista, que sigue el recorrido del GR-11, la gran ruta que cruza los Pirineos, en paralelo al curso del río Estós, que nos queda a la izquierda. Pasamos frente a las bellas cascadas que forman el barranco de la Canal de Marsal y, a continuación, el azulado embalse de Estós, donde se remansan las bravas aguas del río.

La pista, al principio protegida por un muro de hormigón, se acerca al río conforme se abre el valle, permitiendo estar junto a su lecho, donde el agua rompe con fuerza a su paso entre grandes rocas.

A poco más de un kilómetro del inicio, llegamos a la Palanca de Aiguacari, bonito puente de madera que cruza al otro lado del río. Allí nos reagrupamos contemplando la belleza del agua corriendo con prisa hacia el embalse.

Continuando por la pista, ahora en dirección noroeste, cruzamos un paso canadiense con portillón para el ganado, y en suave ascenso llegamos a la Cabaña de Santa Ana, ubicada en un pequeño prado y con unas vistas excelentes del valle que me fue muy grato volver a contemplar.

En su interior una chimenea puede aliviarnos del frío, en caso necesario, en alguna ruta invernal.

Seguimos ascendiendo, casi sin darnos cuenta, hipnotizados por la contemplación de las cumbres, todavía con nieve, de la Tuca de O, los Picos Sellam, el Portillón y el Perdiguero. Y de pronto llegamos a la fuente de Coronas, ingeniosamente construida a base de troncos de árbol.

Un poco más adelante, a 3,5 km del inicio, alcanzamos el desvío señalizado hacia el valle de Batisielles. Un rústico banco de madera ayudó a esperar cómodamente a los más rezagados.

Dejamos el GR-11 y ascendemos por el sendero que se abre a nuestra izquierda, señalizada como GR-11.2, que se adentra en el bosque en dirección a los ibones, plagado de hayedos y pinos negros.

El precioso camino que serpentea entre arboles y riachuelos, con fuerte pendiente, cruza la Palanca de Carboneros, un puente de hierro sobre el Barranco de la Aigüeta, hasta alcanzar los llanos y pradera del idílico Ibonet de Batisielles, cruce de caminos junto a una pequeña cabaña.

Aquí nos hicimos la foto de grupo con la ayuda de una familia que estaba disfrutando de tan bello paraje. Desde este punto, se nos ofrecen varias alternativas para completar la excursión.

Elegimos la más exigente, ascender hasta el Ibón grande de Batisielles, al que se llega tras superar una pedrera con magníficas vistas mires a donde mires y con las Agullas de Perramo, como faro.

Caminamos entre escasos pinos y verdes mantos de matorral plagados de vistosas florecillas rojas.

Tras un par de amplias curvas, superamos los más de 300 metros de desnivel que hay desde el Ibonet, para toparnos con la impactante panorámica del imponente Ibón Grande de Batisielles.

Acalorados por la gran cuesta, no tardamos mucho en darnos un refrescante chapuzón, al que al poco se unió un grupo de argentinos. Fue muy gratificante estar en tan bello lugar, rodeados de altos riscos veteados de nieve que daban un espléndido aspecto alpino a esta joya del Pirineo Aragonés.

Bien fresquitos continuaremos avanzando ascendiendo 120 metros más en dirección suroeste por una estrecha senda que pasa junto a un salto de agua y que nos llevó al Ibón de L'Aigüeta de Batisielles y los pequeños laguitos que lo rodean, bajo la majestuosa presencia de las enormes agujas de las Agulles de Perramó que contemplamos desde el borde del agua.

Alcanzada la máxima cota de la ruta, iniciamos el descenso hacia el Ibón de Perramó, superando un extenso pedregal, con grandes bloques de granito y gleras, que nos obligó a extremar los cuidados, dejamos a nuestra derecha el precioso Ibón de la Tartera de Perramó y recorrimos pequeños lagos, praderas y riachuelos que enlazan unos con otros en una sinfonía de color y sonidos hasta alcanzar el recóndito Ibón de Perramó.

Rodeado por las altas cumbres de d'Ixeia, cuya cima principal alcanza los 2.837 m de altitud, de la que bajaban neveros hasta tocar sus esmeraldas aguas, este enorme ibón nos alivió el calor acumulado en el canchal.

Sensiblemente más fría el agua que en el anterior, no pudimos resistir mucho, lo que aprovechamos para tomarnos los bocadillos.

Tras el descanso, regresamos sobre nuestros pasos para al poco desviarnos a la derecha, donde comenzamos un fuerte descenso, de 230 metros con gran pendiente, por el barranco de Perramó hasta los Ibones de la Escarpinosa.

Superado el desnivel, nos acercamos a contemplar primero el ibón verde de la Escarpinosa, que nos sale hacia el este, y un poco más abajo, pasamos unas pasarelas de madera para llegar al precioso ibón azul, donde paramos para darnos el último y quizás más gratificante de los baños, en un entorno imposible de mejorar. 

Obligados por la hora, nos costó dejar este bellísimo rincón, continuamos descendiendo por el Barranco de la Aigúeta, deleitados por el sonido del agua al precipitarse por varias cascadas, rodeados de orquídeas, gencianas, lirios, narcisos y docenas de pequeñas y grandes flores de mil formas y colores diferentes, hasta enlazar de nuevo con el Ibonet de Batisielles, donde de nuevo nos planteamos por dónde proseguir.

Las dos opciones para realizar el regreso son o volver por donde habíamos subido esta mañana, la más corta, o dirigirnos hacia el refugio de Estós.

Esta opción es más larga pero ofrecía el atractivo de no repetir recorrido y convertir la excursión en un itinerario más circular, ni que decir tiene que optamos por la más larga, no queríamos que el sueño terminarse.

Continuamos por el sendero marcado con señales rojas y blancas correspondientes al GR-11.2 que nace al pie de la cabaña del Ibonet de Batisielles.

Al principio con un poco de pendiente, pero que enseguida apenas tiene desnivel, pasando a ser prácticamente descendente hasta llegar al Barranco de Montidiego, donde sube un poco al pasar por las Riberetas de Justo y alcanzar al poco el refugio de Estós, tras cruzar por un puente el río que le da nombre.

Este último tramo solo lo realizó Ángel, que gustosamente se acercó hasta el refugio a por cervezas, el resto acortamos el recorrido descendiendo por el Barranco de Montidiego hasta alcanzar la pista del GR-11

Desde el refugio, el descenso se realiza siguiendo en todo momento este GR, que pasa por el Barranco del Forau de O, la Pleta de Cantal y la mítica cabaña del Tormo o Turmo, donde nació la famosa canción 20 de Abril de Celtas Cortos.

Reunidos todos de nuevo, celebramos con las ansiadas cervezas el reencuentro.

Ya solo nos quedaba descender por la placentera pista hasta dar con camino conocido, dejar atrás la cabaña de Santa Ana, la Palanca de Aiguacari y el embalse de Estós, para llegar de nuevo al aparcamiento desde donde habíamos iniciado esta preciosa y larga aventura que se merece la máxima nota y algo más.
Paco Nieto

lunes, 1 de julio de 2019

Excursión X186: Las Tres Cascadas de Cerler

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cerler
Final: Cerler
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 7 Km 
Desnivel [+]: 332 m 
Desnivel [--]: 332 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Con gran ilusión por poder descubrir algunos de los innumerables encantos del valle de Benasque, nos trasladamos desde Madrid a estas tierras de Huesca, deseosos de recorrer, en cinco días, cinco rutas por los Pirineos que llevábamos meses elucubrando.

Salimos temprano, para hacer más corta nuestra espera, y antes de las dos de la tarde ya estábamos a las puertas de este inmenso paraíso. Comimos en la terraza del bar del camping Bellavista, poco antes de llegar a Graus, con unas bonitas vistas del embalse de Barasona.

Una vez llegamos al Hotel Eriste y dejamos las maletas, nos trasladamos a Cerler, inicio de nuestra ruta de hoy, elegida cortita por el poco tiempo que teníamos después del largo viaje, pero que resultó mucho más interesante y bella de lo que esperábamos.

El objetivo era conocer las cascadas del Boom, siguiendo la ruta de las 3 cascadas, que une la localidad de Cerler con la zona de desagüe de la collada de Ardonés (2507 m), entre Tuca Royero (2544 m), Tuqueta Blanca (2607 m) y Tuca Redondo (2588 m), cuyos canales de desagüe en el fondo de la garganta, han hecho una gran labor de excavación y de erosión, dando origen a los tres saltos de agua.

Comenzamos el recorrido, en dirección sureste, por un sendero empedrado, señalizado con marcas amarillas y blancas de pequeño recorrido, entre densa vegetación. Dejando atrás los edificios de la población, fuimos ganando altura hasta alcanzar la singular Ermita de San Pedro Mártir, patrón de Cerler, junto a ella, unas mesas de madera invitaban a la contemplación del valle.

Frente a nosotros, el omnipresente cerro de Cerler, que con sus 2409 metros se señorea presuntuoso en solitario entre el Barranco de Ardonés y el del Ampriu. A nuestra derecha, la vista alcanza a ver Eriste y su vecino embalse de Linsoles.

Seguimos el recorrido saliendo a una zona bastante desforestada paralelos al río Ardonés, que a partir de este momento nos acompañó gran parte del recorrido. Poco antes de alcanzar el puente del Vadiello, se le unen las aguas procedente del Barranco del Ampriu, zona conocida como Palanca del Molino.

Cruzamos el puente de hormigón con barandillas de hierro y giramos a la izquierda, para remontar, en dirección noreste, la margen izquierda del Ardonés, esto es, con el río a nuestra izquierda.

Conforme avanzamos, el paisaje cambia y la ruta se va poniendo cada vez más interesante, dejamos a la izquierda otro puente, que no cruzamos, y nos vamos acercando a las cascadas, que ya comienzan a verse al fondo del valle.

Pasamos junto una represa de retención de sedimentos, punto en el que la senda se empina y gana altura, a la vez que bordea un denso bosque de pinos negros a media ladera, donde el valle del Barranco de Ardonés se cierra sensiblemente. El estruendo del agua al caer delata que estamos próximos a la gran cascada, la de Ardonés, la primera y más espectacular de las tres del recorrido, y que de repente asoma frente a nosotros colosal e imponente.

La sesión de fotos empapándonos con el agua pulverizada y que propiciaba efectos arcoíris, no se hizo esperar. Nos costó reanudar la marcha porque el lugar invitaba a quedarse allí una eternidad.

El sendero cambia de vertiente en el barranco, a los pies de esta cascada, mediante una pasarela de cuadradillo metálico a la que llegaba el agua en forma de suave refrescante rocío, y que con todo y con eso, sirvió de fondo para más fotos, aunque nos mojáramos.

Una vez cruzado el puente hicimos una pequeña bajada por terreno rocoso y algo resbaladizo por el agua que desprende la cascada. Para evitar problemas hay un cable que asegura los escasos metros comprometidos, facilitando el paso.

Inevitables también fueron las fotos desde esta otra perspectiva de esta maravilla. Enseguida encontramos la segunda cascada, que baja desde el Barranco del Clotet y sin ser tan espectacular como la de Ardonés, es la más alta de las tres y también muy bonita, aunque llevaba poca agua, en primavera seguro que es más llamativa.

Al poco, abandonamos momentáneamente el sendero para acercarnos a los pies de la tercera cascada, la que baja del Barranco de la Mascarada y que no desentona en absoluto con las otras dos, aunque tampoco llevaba mucha agua.

Proseguimos nuestro camino, era inevitable no volver la vista atrás a contemplar las tres cascadas a la vez. Una panorámica de gran belleza.

Conforme descendemos, se amplia el valle, entre densos pastizales, con excelentes vistas hacia el oeste, permitiendo ver las impresionantes cumbres las tucas y agujas de Ixeia y del macizo de Posets, visibles durante la mayor parte del regreso, así como el Pico de Cerler, que ahora nos queda a nuestra izquierda.

Nos sorprenden las terrazas de Paluenga, antiguos prados de siega que aún dejan ver la estructura de bancales, cada vez más deteriorada desde que dejaron de cultivarse y, el paso de los años, va rompiendo su estructura.

Toda esta zona del Ampriu se cultivaba con cereales hasta bien mediado el siglo pasado, lo que hacia que fuese necesario aterrazar el terreno para conseguir la formación de un suelo mejor. Además, lo frágil de este terreno, asentado sobre materiales de morrenas glaciares, hace que sea fácilmente erosionable.

Pasamos por una bonita zona de abedules poco antes de vadear el Barranco Alto, donde un numeroso grupo de ovejas pastaban la verde hierba de su rivera.

Pasamos junto a una borda, que es como en el Pirineo llaman a las edificaciones donde se resguarda el ganado o se almacenan productos agrícolas, especialmente comida para los animales. Un poco más adelante, me emocioné al ver en uno de los claros del bosque al majestuoso Perdiguero, mi primer tresmil.

La senda se encaja entre muros de piedra poco antes de entrar en Cerler, donde finalizamos la ruta, celebrándolo en la agradable terraza del hotel HG Cerler, finalizando así esta preciosa, sencilla y fotogénica ruta que nos sirvió para calentar las piernas de cara a todo lo que nos esperaba en los cuatro siguientes días y que bien se merece 4 estrellas.
Paco Nieto