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martes, 14 de junio de 2022

Excursión X344: Camino Francés. Etapa 2. Roncesvalles - Zubiri

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Roncesvalles
Final: Zubiri
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 23,2 Km
Desnivel [+]: 375 m
Desnivel [--]: 818 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Para nuestra segunda etapa del Camino, volvimos a madrugar y tras desayunar y dejar preparadas las maletas para su recogida, echamos a andar nada más clarear la mañana.

Me sentí especialmente feliz por haber dormido en Roncesvalles, nombre que me evocaba épicas batallas mitificadas por mi imaginación de cuando era un niño.

Junto a la carretera, un cartel nos informa de la ruta que nos espera hasta Zubiri. El perfil parece ser bastante plano, nada que ver con el de nuestra primera etapa de ayer.

Otro cartel nos indica que estamos a "solo" 790 Km de Santiago de Compostela, ¡ya nos queda menos para lograr nuestro objetivo!, ¡hay que ser optimistas!

Dejamos atrás la Colegiata y su bella iglesia para continuar por una llana y agradable senda, marcada como GR-65, que discurre paralela a la carretera, en la que a 300 metros se encuentra La Cruz del Peregrino, un cruceiro gótico del siglo XIV. Lugar de comienzo para muchos peregrinos de la ruta jacobea.

Caminamos rodeados de una densa vegetación, compuesta de pinos, hayas y abedules por el llamado Bosque de Sorginaritzaga o Robledal de las Brujas.

Según cuenta la leyenda, en este enclave, allá por el siglo XVI se celebraron famosos aquelarres y exorcismos que motivaron persecuciones y quemas en la hoguera a 9 personas. Con el fin de purificar el lugar se levantó la Cruz Blanca, símbolo de protección divina en el camino, que hasta 1830 era vía principal entre Roncesvalles y Burguete.

A esta cruz, se le llama así por el color original de la piedra y, según otra leyenda, en realidad conmemora el lugar donde murió o fue enterrado Roldán tras la emboscada que sufrió una parte del ejército de Carlomagno, tras su invasión de la Península en el año 778. Fue abatida en 1794 por las tropas napoleónicas y repuesta el 24 de septiembre de 2006, según reza la inscripción que hay en su base.

A pocos metros de la cruz, cruzamos la carretera de Roncesvalles, la N-135 y paramos a comprar fruta y otras cosas en el supermercado que hay junto a ella, donde tienen de todo.

Continuamos por una bonita y sombreada senda y, sin apenas darnos cuenta, estábamos entrando en Burguete, denominada así porque su población surgió como un pequeño burgo o pueblo en el llano situado a los pies del vecino hospital de peregrinos de Roncesvalles,

Recorrimos su calle principal, hasta llegar a la plaza donde se ubica la Iglesia de San Nicolás de Bari, de origen medieval, aunque a lo largo de los años sufrió sucesivas reconstrucciones, siendo la última entre los años 1948 y 1965.

Nos sorprendió su monumental fachada, con portada de estilo barroco clásico del año 1699, que se remata con una espadaña en forma piramidal flanqueada por pináculos en cuyo centro se encuentra un gran rosetón en el que está incrustado el reloj. Las 9:05 marcaba a nuestro paso.

Continuamos y, al llegar a las oficinas del Banco de Santander, giramos a la derecha. Un gato apoyado en el portón de una casa con un pequeño jardín nos mira sin asustarse, se ve que está acostumbrado al trasiego continuo de peregrinos.

Por una pasarela de madera, en la que nos hicimos la foto de grupo, cruzamos el arroyo Xorinaga para seguir una pista de tierra que cruza extensos prados en los que se amontonaban la paja empacada en grandes rulos entre los que sesteaban las vacas y algunos caballos.

Un cartel nos indicaba que nos quedaban 18 Km para llegar a Zubiri. Aquí, unas unas vacas en el camino pareció no importarles mucho nuestra presencia y tuvimos que pasar entre ellas.

La pista cruza un par de regatos y pasa a ser sendero. Por una gran piedra pasamos sobre el Barranco de Muhako Larrea, un pequeño arroyo con poca agua, y nos internamos en un espeso hayedo rodeado de helechos.

Unos caballos, con un precioso potrillo de color canela, se acercaron a vernos, o seguramente más seguro, a que le diéramos algo de comer.

Cruzamos otro pequeño arroyo y caminamos paralelos a él rodeados de hayas, algunas con grandes troncos que delataban sus muchos años.

El sendero pasa a ser pista a poco de llegar a las primeras casas de Espinal. Una curiosa fuente con cascaditas en piedra y un pequeño pilón nos recibe a sus puertas. Es este un pueblo de casas vistosas, blancas con techos teja o pizarra muy adornadas en ventanas y balcones con flores, todo muy cuidado.

Fundó la localidad el rey Teobaldo II de Navarra en 1262 para proteger a los peregrinos que hacían el Camino de Santiago.

La moderna iglesia tiene una espigada torre y techos de marcado estilo alpino a prueba de nevadas, es de 1961. En su cementerio se exponen más de 25 estelas funerarias medievales, piedras que identificaban las tumbas de cada casa y tienen forma de moneda.

Continuamos por la carretera de Roncesvalles, N-135, aquí llamada calle de San Bartolomé, en honor al patrón del pueblo, y a pocos metros giramos a la derecha para acercarnos a un bar a reponer fuerzas y tomarnos unos cafés sentados en su pequeña y acogedora plaza, junto a las instalaciones del frontón. En ese momento cayeron cuatro gotas para refrescar el ambiente.

El dueño del bar nos hizo una completa ficha de dónde veníamos, a qué nos dedicamos y otros detalles que lleva apuntados de todos los que pasan por allí. Según sus estadísticas, lo que más viene son maestros o profesores y los motivos religiosos o espirituales se imponen al meramente turístico.

Aquí coincidimos con unos jóvenes de Cádiz, muy simpáticos que se conocían nuestra historia, nuestro grupo de senderismo y otros detalles. Podía parecer sorprendente, pero tenía su explicación, habían coincidido con parte de nuestro grupo que iba adelantado respecto a nosotros y les habían puesto al día de nuestros pormenores.

Reconfortados con la pequeña tregua, proseguimos el camino, retomamos la carretera para al poco dejarla a nuestra izquierda por una pista cementada que continúa por otra de tierra a la derecha, rodeada de verdes prados.

La pista se prolonga por un sendero de montaña que atraviesa un joven hayedo que da paso a otro más antiguo y alcanza, en suave ascenso, el alto de Mezquiritz, para reencontrase con la carretera a la altura de un hito cubierto de flores dedicado a La Virgen, donde una lápida señala: "Aquí se reza una salve a Nuestra Señora de Roncesvalles".

Cruzamos la carretera y, de frente, tomamos un angosto camino que atraviesa un frondoso bosque de hayas enormes, que nada tiene que envidiara a otros más famosos como el de Irati. A través de la frondosidad de su vegetación, nos sumergimos en el medioevo y con cada pisada sentimos el caminar de los peregrinos predecesores desde siglos atrás.

Vadeamos, con la ayuda de unos altos pilones instalados en su orilla, el Barranco Sorabil, una de las fuentes del río Erro que da nombre al valle donde nos encontramos.

Varios tramos enlosados de cemento a modo de calzada, construidas para evitar las zonas que solían embarrarse, nos acercan a localidad de Viscarret-Guerendiáin (Bizcarreta). Afortunadamente, lo primero que nos encontramos al llegar a al pueblo es un agradable bar, con una amplia terraza, donde paramos a tomarnos unos pichos de tortilla con unas refrescantes cañas que nos supieron a música celestial.

Con reanudado entusiasmo nos volvimos a poner en marcha, cruzamos el bello pueblo de solariegas casas adornadas con flores y, siguiendo las conchas jacobeas incrustadas en la acera y las flechas amarillas, salimos al puente que cruza el Barranco Saldasoain, otra de las fuentes del río Erro.

Pasada esta encrucijada de caminos y dejando atrás el lúgubre cementerio, continuamos por un sendero que en apenas 2 km nos llevó rápidamente a Lintzoain, un pequeño y pintoresco pueblo con posada para los peregrinos.

Aunque es posible desde aquí llegar a la población de Erro, el Camino oficial de Santiago sigue a la altura del frontón por una empinada pista de cemento que nos llevó directamente al puerto de Erro sin pasar por esta localidad, que nos quedó a la izquierda, en el fondo del valle.

A mitad de camino encontramos el Paso de Roldán, tres grandes losas de piedra que la tradición popular atribuye al paso por el lugar del legendario personaje galo que perdió su vida en Roncesvalles. Según esta tradición, la losa de mayor tamaño de la medida de los pasos de Roldán; la mediana son los pasos de su mujer; y la tercera, los pasos de sus hijos.

El Camino discurre por sendas entre pinos, robles y abedules. Tras cruzar la carretera en lo que es el puerto de Erro, lugar con buenas vistas del valle, pasamos junto a las ruinas de la Venta del Puerto, posada que fue de peregrinos y caminantes, sustituida hoy día por una equipada camioneta con improvisada pero agradable terraza en la que paramos a refrescarnos. Con el calor que hacia, nos supo a gloria las cervezas y refrescos que nos tomamos.

Era precisamente en este tramo de Viscarret a Pamplona, uno de los más temidos por los peregrinos medievales, debido a la presencia de manadas de lobos y de osos que habitaban en los frondosos bosques de robles y hayas de la zona, así como de los numerosos maleantes y salteadores que solían frecuentar estos parajes

Tras el breve descanso, descendimos por una angosta y empinada senda, con algunos tramos de resbaladizas piedras, rodeada de vegetación que hacia más llevadero el calor hasta llegar a Zubiri, a la que accedimos por su puente sobre el río Arga, llamado de la Rabia.

Quizás fuera una vía pecuaria antaño, de la que ha quedado la tradición oral y el nombre en referencia a la propiedad curativa de la enfermedad de la rabia a todo animal que lo cruzara rondando el pilar central del puente tres veces.

Estas propiedades se atribuían al descubrimiento de los restos mortales perfumados de Santa Quiteria (abogada contra la rabia) al construir el pilar central del puente. Zubiri significa en euskera "el pueblo del puente", nunca hubieran encontrado otro nombre más apropiado.

En uno de sus bares comimos y poco tardamos en dirigirnos al río para darnos un refrescante baño en sus tranquilas aguas, junto a un viejo puente de madera.

Tras una sesión de relajamiento junto al agua fuimos a instalarnos a nuestros respectivos hoteles, repartidos unos en el Hostal Gautxori, otros en la Pensión Usoa, muy cerca del puente.

Los que estábamos más retirados, en el hostal, pasamos junto a la iglesia parroquial de San Esteban, del siglo XIII, de estilo románico de transición al gótico. Fue utilizada como cuartel en las guerras carlistas en 1836, donde quedó prácticamente destruida.

Una cena en el bar del polideportivo, puso el punto final a la jornada, solo ensombrecida por la marcha precipitada hacia Madrid que tuvo que hacer una compañera por asuntos familiares.

Por lo bonito del recorrido, los pueblos y hayedos por los que pasamos y lo ameno que se nos hizo, a esta etapa le otorgo 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 14 de junio de 2021

Excursión X290: Cova Tallada

FICHA TÉCNICA

Inicio: Denia
Final: Denia
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 4,2 Km
Desnivel [+]: 143 m
Desnivel [--]: 143 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas y agua:
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La idea era acercarnos a Denia para visitar la Cova Tallada, después subir al faro del Cabo de San Antonio y contemplar los molinos de la Plana, pero el intenso calor y lo bien que se estaba en el agua en la cueva nos hizo desistir de la segunda parte de la ruta, que no estaba el día para sofocones.

Una vez reunidos en el aparcamiento que hay junto al restaurante Mena, echamos a andar en dirección sureste, siguiendo la carretera que bordea los acantilados de la costa.

Dejamos a la izquierda el mirador de avistamiento de cetáceos, en el que, además de unas estupendas vistas, hay carteles con las especies más frecuentes que se pueden divisar, habitualmente delfines mulares, el más común en todo el mundo, pueden llegar a nadar a unos 35 km/h, aunque también se avista el rorcual común, la segunda especie de ballena más grande del mundo, cada ejemplar puede llegar a medir 24 metros y a pesar más de 80 toneladas, solo es superada por el rorcual azul.

Pocos metros más adelante, seguimos por la calle que sale a la derecha, donde un cartel nos anuncia que estamos en el buen camino para ir a la cueva. Un nuevo giro, a la izquierda, nos sitúa en una cuesta, en la que, al final, nos sale la senda que lleva a ella.

Un marco con la leyenda "Denia, una obra de arte" sirve para encuadrar el bello paisaje que nos surge delante. Tras las diversas mejoras que se han realizado en el sendero, éste cuenta con muros de piedra, cuerdas, escalones y otras medidas que han ayudado a mejorar la seguridad del trayecto, que no llega a los 700 metros, pero que tiene zonas con cierto riesgo, al ser escarpadas y con pendiente.

Enseguida alcanzamos un mirador de preciosas vistas de los acantilados y calas recónditas, una de ellas nudista. Un poco más adelante, el muro de protección da paso a unas escaleras de cemento por las que descendemos con la ayuda de una barandilla de madera.

El sendero se vuelve más agreste y el calor aprieta, no hay sombras, nos espera una bajada por escalones de fuerte pendiente, afortunadamente no muy aérea.

Al llegar abajo, paramos a hidratarnos, el calor es sofocante. Solo nos refresca la contemplación del mar, que con sus transparentes aguas de colores turquesa nos invitan al baño. Estamos demasiado altos aún para llegar a ella.

En la escarpada ladera, destaca en lo alto la Torre del Gerro, una torre vigía construida en el siglo XVI para proteger esta parte de la costa de los incesantes ataques de los piratas.

Su nombre procede de su forma de jarra o jarro (gerro, en valenciano). Se eleva 125 metros sobre el nivel del mar y es un bien patrimonial de gran valor histórico en este preciado entorno natural de las estribaciones del Parque Natural del Montgó.

Llegamos al tramo en el que una cadena y un pasillo de piedra y cemento facilita el paso del inclinado talud. Toca ahora descender, entre matorral y palmitos hasta llegar a otra fuerte bajada, en la que una cuerda facilita el descenso a fin de evitar riesgos.

Una señal nos indica que solo nos quedan unos metros para llegar a la Cova Tallada, solo tenemos que descender con la ayuda de una cadena y bordear una gran roca para alcanzar, por fin, una de las entradas a la cueva, enclavada en las paredes de los acantilados del Cabo de San Antonio.

La Cova Tallada, debe su nombre al hecho de ser utilizada como cantera para extracción de piedra tosca desde el siglo XVI (la arquitectura del centro de Jávea está llena de esta piedra), aunque se han encontrado en su interior, restos de la época musulmana (S XI-XII).

Sus casi 400 metros de recorrido, consta de partes inundadas por el agua del mar y de salas secas. Mide alrededor de 75 metros de ancho y 15 metros de altura media, aunque en algunas zonas la altura llega a 40 metros.

La piedra tosca es una roca calcárea que se originó hace miles de años en la costa alicantina. Tiene una textura porosa y rugosa, y es una piedra rara, que se encuentra en muy pocas zonas del mundo. Su color pardo da calidez y se ve en fachadas del centro histórico de Jávea (Iglesia Fortaleza de Sant Bertomeu y algunas torres del castillo de Denia).

El acceso a la Cova Tallada se puede hacer sin mojarse los pies, siempre y cuando el oleaje sea débil, en otro caso no habría más remedio que mojarse, pues hay que salvar un pequeño tramo de rocas y utilizar las dos manos para ir agarrándose en la parte superior de las mismas. En este vídeo se aporta más información.

Entrar en la cueva fue todo un espectáculo, no la imaginaba tan grande, a pesar las fotos que de ella había visto. Se necesita bastante tiempo para explorarla, ya que hay muchas salas, unas secas y otras inundadas de agua, algunas oscuras en las que se necesita iluminación con linterna o frontal.

Por todas partes de su interior se pueden encontrar marcas de cortes de cinceles en las rocas, en el suelo, dentro del agua, en las paredes, en el techo...una maravilla de la que no sabíamos cómo irnos.

Bajo su inmensa bóveda nos tomamos el tentempié mientras, al fresco de su brisa, nos recuperábamos de la solanera soportada hasta llegar a su acceso.

Unos refrescantes baños y una exploración rápida de la cueva, además de las infinitas fotos, muchas de ellas de bellos contraluces, hicieron las delicias del personal antes de iniciar el regreso.

Desandamos el entretenido pero algo peligroso camino que, eso sí, ya bien fresquitos, se nos hizo más llevadero que el de ida y eso que, lógicamente, ahora tocaba subir en lugar de bajar.

Como opción al llegar a la carretera se puede bajar a una bonita cala rocosa que también tiene una pequeña cueva.

Nosotros preferimos rematar bien el día, degustamos una riquísima paella en el restaurante Mena, desde el que teníamos unas excelentes vistas del mar, de los acantilados y parte de la ruta que habíamos seguido, dando así por finalizada esta estupenda excursión que tendremos que repetir completa con menos calor y a la que le otorgo 4 estrellas.
Paco Nieto

P.D.: Si alguien quiere hacer esta ruta, debe tener en cuenta que del 5 de junio al 30 de septiembre está prohibido el acceso sin reserva bajo sanción. En esta web se puede tramitar la reserva.