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lunes, 12 de diciembre de 2022

Excursión X377: Dehesas de Collado Villalba y Moralzarzal

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Collado Villalba
Final: Collado Villalba
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 15,1 Km
Desnivel [+]: 360 m
Desnivel [--]: 360 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Por votación popular salió realizar la comida de Navidad del grupo este día y había que buscar una ruta corta y a ser posible no muy lejos del restaurante que habíamos elegido para la celebración: el Gallinero, en Collado Villalba.

Antonio sugirió salir desde el propio restaurante, recorrer las dehesas de Villalba, llegar hasta Moralzarzal y regresar por las canteras de Alpedrete, y como nos iba a acompañar la lluvia, ésta pareció una buena opción.

Así pues, aparcamos a las puertas del restaurante y a la hora fijada, las 10, nos pusimos en marcha, atravesamos el recinto ferial en dirección a la pasarela que cruza la carretera M-601, que va al puerto de Navacerrada. La lluvia, no muy intensa hace que tengamos que sacar las prendas de agua y paraguas.

Desde el otro lado de la carretera nos dirigimos hacia la Dehesa de Collado Villalba, de titularidad municipal, por las que siempre vemos pasear a la gente cuando nos dirigimos a las rutas que realizamos por la Sierra de Guadarrama. Un cartel nos indica que estamos en la Cañada Real Segoviana.

Ocho siglos nos separan desde la primera delimitación de esta Dehesa por el Honrado Concejo de la Mesta. De unas 130 hectáreas originarias quedan en la actualidad 71,5 en el municipio de Collado Villalba con usos tan diversos como el recreativo-social, ganadero, silvestrista y micológico.

Ya los primeros pobladores en la Reconquista hacían vallados para proteger los rebaños como así lo recoge el origen en latín de la palabra dehesa: "defesa" o defensa. Para conseguir una dehesa, se ha tenido que aclarar previamente un bosque denso con la obtención de leña y estabilizado la vegetación para destinarla a pastizales para el ganado.

En el siglo XII, lo que hoy es Collado Villalba pertenecía a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia y había terrenos que se empleaban en el aprovechamiento de los vecinos para pastos, leña o caza.

Con la creación del Concejo de la Mesta por Alfonso X en 1273 se empezaron a crear caminos -cañadas, cordeles, coladas…- para delimitar el tránsito del ganado del terreno para los cultivos.

En el siglo XIV se entregó toda la Comarca al Señorío de Mendoza por servicios al rey hasta que cada pueblo adquirió su derecho propio de Villa alrededor del siglo XVII.

El uso de la Dehesa se explotó para sus dueños hasta que pasó a ser un beneficio para el ayuntamiento por su arrendamiento a los ganaderos. Actualmente no se paga ninguna tasa municipal.

Según el historiador local Enrique García de Herreros "esta Dehesa es una joya natural que da singularidad a Collado Villalba y una de las causas de la separación de los barrios históricos del municipio".

Según opinión de Antonio Leal, de familia ganadera de Zamora que llegó en los años 80 a Villalba, "no tiene piedras y es todo pasto". Cuenta con 200 vacas que usan la Dehesa para pastar entre abril y enero. El resto de meses se deja de usar para regenerar la hierba y traslada a su ganado a otra finca en las proximidades. El otro ganadero local es Javier, el más antiguo, que tiene una cabaña menor con 60 vacas.

Continuamos por el relajante recorrido, a la derecha tenemos el muro de piedra que delimita la despoblada Dehesa. Al poco, alcanzamos el puente de piedra que salva el arroyo de la Poveda, que da paso al parque del mismo nombre, una dehesa de encinas centenarias que forman este espacio, muchas de ellas catalogadas como árboles singulares de la Comunidad de Madrid debido a su porte y edad, salpicadas de arbustos y plantas aromáticas.

Al llegar al final, giramos al norte, y volvemos a cruzar el arroyo de la Poveda por otro puente, que sirve de refugio de pequeñas aves y pequeños  anfibios.

Tras recorrer de arriba abajo la Dehesa, proseguimos por su perímetro norte. Al llegar a la zona de merendero y kiosco de la Dehesa, cruzamos la carretera M-608, que se dirige a Moralzarzal y Cerceda.

Por una amplia acera y carril bici nos acercamos al Hospital de Collado Villalba, cruzamos por un puente de nuevo el arroyo de la Poveda y, en dirección norte, bordeamos el recinto hospitalario siguiendo una senda paralela al arroyo.

Pasamos junto al aparcamiento de la zona de urgencias del hospital, seguimos por el Camino de Alpedrete a Moralzarzal, que en muchos de sus tramos estaba encharcado, teniendo que avanzar con cuidado por los extremos de las balsas de agua que se habían formado las continuas lluvias de estos días.

Dejamos el arroyo del Cañal a nuestra izquierda, culpable también de tanta agua, y ascendemos muy suavemente por una cañada empedrada cercada por muretes de piedra a ambos lados, entre fincas de ganado, Cercas Viejas y Cerca de la Jara, ambas a la derecha. Los robles, ya deshojados, contrastaban con el verde de sus prados en los que pastaban mansamente las vacas.

Cruzamos un paso canadiense, cerrado por una barrera pero con portón de paso en su lateral  izquierdo y continuamos por el Camino de Alpedrete, entre cercas de piedra, encinas y rebollos a ambos lados. En una de las extensas dehesas de la derecha del camino figura un cartel de peligro por reses bravas, ahí mejor no entrar.

Al poco, llegamos a los primeros chalets adosados de las afueras de Moralzarzal y tras superar como pudimos una gran charca que inundaba el camino, alcanzamos la calle "Camino de Apedrete", como era de esperar. Dejamos atrás un colegio y subiendo por unas escaleras, llegamos a la plaza del ayuntamiento, adornada con motivos navideños.

En la terraza techada del bar La Plaza paramos a tomar café y unos bollos, yo me pedí un chocolate que me supo a gloria. Continuaba lloviendo, sin ser copiosa pero de manera constante.

Tras el descanso continuamos, en dirección oeste, callejeando hasta salir del pueblo por el parque de la Tejera, que bordeamos por su cara norte, subiendo por un callejón empinado que acaba en un portón con acceso a los Praduelos, una zona de encinas y enebros por la que nos internamos.

En dirección sroeste continuamos hasta dar con una pista, da la que nos desviamos al poco hacia la izquierda para descender junto al arroyo del Valle.

El lugar no podía ser mas bello, el agua corría dando pequeños saltos en cada escalón que encontraba a su paso. Las corujas que crecían en sus aguas daban fe de la pureza del agua.

Unas decenas de metros más abajo abandonamos el arroyo y ascendimos por la derecha siguiendo una senda que al poco nos deja a los pies de la fuente del Cornocal, que vislumbramos a lo lejos entre la niebla. Junto a su alargado pilón  nos hicimos la foto de grupo.

Había ahora que buscar la forma de descender hacia las canteras de Alpedrete, en dirección suroeste. Abandonamos el sendero hacia la izquierda y enseguida nos topamos con un chozo, 
 junto a unas lajas, en el que en una de ellas se lee Chozo del Cornocal. No es muy amplio, pero puede servir para cobijarse en caso de necesidad.

Entre robles y enebros continuamos el descenso hasta que nos topamos con un muro de piedra reforzado con una valla metálica inexpugnable. Cabían dos alternativas, remontar la valla hasta bordearla, lo que parecía una tarea incierta porque parecía no tener un fin cercano, o descenderla intentando encontrar un lugar de paso.

Elegimos la segunda opción porque el tiempo apremiaba y ésta, al menos, tenía un recorrido conocido.

En otra ocasión exploraremos la forma de enlazar con las canteras. Siguiendo un cortafuegos que desciende vertiginoso hacia el Camino de Alpedrete. Llegamos a él a la altura del portón por el que habíamos pasado horas antes, allí nos reagrupamos antes de continuar. 

Volviendo sobre nuestros pasos regresamos al hospital, ahora con el camino aún más encharcado que a la ida. Bordeamos el hospital por su lado oeste, el contrario que esta mañana, para salir a la pradera que hay frente al Tanatorio.

Tras cruzar la carretera M-608, nos internamos de nuevo en el Parque de la Poveda, que recorrimos hasta enlazar con el sendero que cruza el arroyo de la Poveda y va a dar a la pasarela de la M-601, que nos devolvió al recinto ferial y de ahí al los coches.

En el restaurante el Gallinero nos esperaban algunos de los compañeros que no habían podido venir a la caminata para celebrar, un año más, el haber recorrido juntos un montón de valles y montañas. No me imaginaba que entre todos me iban a sorprender con una chaqueta polar y unos palos, yo creo que con la intención de que siga haciendo rutas por aquí y no me vaya a Alicante. Gracias a todos por vuestro cariño y colaboración para hacer todo esto posible.

Por el recorrido tan bonito entre dehesas, el estupendo desayuno en Moralzarzal y el colofón final con la comida de celebración navideña, le otorgo 4,5 estrellas a esta excursión.
Paco Nieto

lunes, 21 de noviembre de 2022

Excursión X373: Pico Martillo y Cerro del Telégrafo

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Collado Villalba
Final: Collado Villalba
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 12,6 Km
Desnivel [+]: 461 m
Desnivel [--]: 461 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Anunciaban lluvias por todas partes a partir de las 12h y en la Sierra diluvios, así es que pensé que lo mejor era quedarse en casa, pero como teníamos unas horas de posible respiro, animé a José Luis a repetir una ruta cortita, cerca de casa, que habíamos hecho hace ya unos años, la sorpresa fue que al decirlo, el resto se animó y eso que más de uno vive lejos.

La ruta recorre la ladera este de Cabeza Mediana, llamado también Cerro del Telégrafo y sube a su cima previo paso por el Pico del Martillo. Iniciamos la ruta en el aparcamiento del hospital de Collado Villalba, situado a los pies de este montículo y que a estas horas tempranas estaba casi lleno.

Con el cielo muy encapotado, pero de momento sin lluvia, bordeamos el ala oeste y enseguida tomamos la pista que en dirección noreste arranca del aparcamiento de la zona de Urgencias. Dejamos el arroyo del Cañal a nuestra izquierda, totalmente seco, y ascendemos muy suavemente por una cañada empedrada cercada por muretes de piedra a ambos lados, entre fincas de ganado, Cercas Viejas y Cerca de la Jara, ambas a la derecha. Los robles, ya deshojados, contrastaban con el verde de sus prados.

Pasamos un portón y al llegar a la zona conocida como Prados de el Valle, seguimos una pista que al principio es de tierra y cuando se empina pasa a ser de cemento. Por el oeste parecía querer despejarse el cielo, pero no tardó mucho en comenzar a llover. 

Al poco, dejamos la pista, justo donde hay un depósito de agua, para seguir, por la derecha, un sendero que va por encima de la conducción de agua que alimenta el depósito.

No duró mucho el aguacero, dando paso a una fina niebla. El bonito sendero bordea entre endrinos las Laderas de Matarrubia, con bonitas vistas de Moralzarzal a nuestra derecha, que parecía estar tan cerca, que alguna apostaba por bajar a tomar un cafetito bien caliente para entonarnos.

No nos hubiera venido nada mal, porque la humedad de la niebla se calaba hasta los huesos.

Un pequeño desvío a la izquierda del sendero nos hizo estar a los pies del pico Martillo, y la Cruz de Mayo que hay en su parte más alta, adornada con una corona ya seca.

Allí nos agrupamos y tras las fotos de rigor, bajo lo que sí parece un martillo, continuamos el ascenso hasta dar con el sendero que habíamos dejado.

Ni que decir tiene que los expertos en setas no perdieron ocasión de ir rastreando el entorno, bajo las hojas y entre las rocas recubiertas de musgo, en busca de algún ejemplar que les alegrase la tibia mañana, pero no hubo suerte, casi todas las que vimos eran de las que solo se podían comer una vez o te hacen ver la vida de colores.

A mano izquierda del sendero se encuentra una caseta de vigilancia, con mesa y bancos de madera donde paramos a hacernos la foto de grupo.

Bajamos ligeramente hacia un colladito desde el que nos acercamos a contemplar la fuente de la Casa, muy cerca del mismo. Tiene dos pilones y un caño del que no manaba ni gota de agua.

Desde allí iniciamos un empinado ascenso por un cortafuegos que enseguida abandonamos para continuar por una cómoda pista que se interna en El Pinar.

A los 900 metros de haber tomado la pista, nos salimos de ella, para acercarnos a un mirador natural que sale a la derecha, que tiene unas vistas privilegiadas de la Maliciosa, Bola del Mundo, a la derecha Sierra de los Porrones, La Pedriza, y a la izquierda Siete Picos y la Mujer Muerta, pero desde el que hoy no veíamos a más de veinte metros.

Retomamos la pista, ahora algo más empinada, alcanzando a los pocos metros un paso canadiense, poco antes de llegar al vértice geodésico que indica que estamos en Cabeza Mediana.

Cabeza Mediana se alza a poco más de 350 metros de Moralzarzal, y su nombre lo dice todo, "cabeza", o sea roma, sin picos que la encresten y Mediana, es decir, no alta, ya que sólo cuenta con 1.330 metros de altura, pero con excelentes vistas en días despejados, que no era nuestro caso.

A cien metros al sur de la cima se encuentra un torreón cuadrangular de ladrillo, de unos diez metros de altura, muy reconstruido, que corresponde con la torre número 5 de la línea del telégrafo óptico Madrid-Irún.

Construido hacia 1846, al estilo del francés ideado por Claude Chappe en 1791, dotado de grandes brazos articulados y una bola, que según su disposición hacían referencia a los distintos fonemas, con los que se enviaban los mensajes cifrados de una torre a otra. La línea estaba compuesta por 52 torres, vía Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián, y fue diseñada por el ingeniero José María Mathé Aragua.

Francia llegó a contar con una red de 4.800 kilómetros y 556 estaciones que unían París con 29 ciudades. En España, no tuvo tanto éxito, pues su tardía implantación coincidió con el telégrafo eléctrico, comercializado por Samuel Morse hacia 1838.

Esta torre, se comunicaba con la número 4, situada en el cerro de Navalapiedra de Torrelodones, y con su siguiente, la última de las torres madrileñas de la línea Madrid-Irún, que se encontraba en el Puerto de Navacerrada, a casi 2.000 metros de altitud y de la que queda bien poco, aparte del nombre, Alto del Telégrafo. La primera estaba en el Cuartel del Conde Duque de Madrid. Puedes encontrar más información pinchando aquí.

Era tal la niebla, que a pocos metros la torre se difuminaba. Junto a ella, una chica que iba con su perro nos hizo de prisa unas fotos, porque un helador viento hacia desapacible permanecer allí durante más tiempo.

Iniciamos el descenso de regreso, acercándonos a la cerca que hay a la izquierda, que acabamos saltando al llegar a un portón.

Aquí unos cuantos se retrasaron un poco lo que les obligó a bajar por el cortafuegos que el resto preferimos esquivar internándonos en un precioso pinar, que con la niebla parece salido de un cuento de hadas.

El bosque da paso a unas praderas, conocidas como el Romeral, en las que unos toros con afilados cuernos parecían estar más interesados de la cuenta por nuestra presencia. La verdad es que imponían. Pero al acercarnos se hicieron a un lado, en señal de paz para nuestra tranquilidad.

Un poco más adelante, alcanzamos la fuente del Cornocal, construida en piedra, con un alargado pilón y un caño en su centro, del que tampoco salía agua.

Continuamos descendiendo hasta dar con el cortafuegos que habíamos evitado, eso sí solo tuvimos que seguirlo unos pocos de metros porque enseguida enlazamos con la pista por la que habíamos subido.

De nuevo comenzó a llover, como estaba previsto, lo que hizo que aceleráramos el paso. Cruzamos el portón que evita que se escape el ganado y regresamos por camino ya recorrido al aparcamiento del hospital donde habíamos dejado los coches.

En el burger que hay cerca del hospìtal celebramos el final de la ruta, que aunque pasada por agua, vino a demostrar que el grupo sale los lunes aunque haga bueno. Unos aperitivos y un rico bizcocho que habían traído los tricantinos pusieron el colofón a esta excursión a la que le otorgo 4 estrellas
Paco Nieto