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lunes, 1 de octubre de 2018

Excursión X151: Exploración Cerro de los Hoyos

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
Hueco de San Blas
Final: Hueco de San Blas
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 10,6 Km 
Desnivel [+]: 832 m 
Desnivel [--]: 832 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Por tercera vez me acerco a este apartado y poco visitado valle de origen glaciar que conforma el Hueco de San Blas. Somos 9, con Jesús, que nos acompañaba por primera vez en este grupo, además de nuestras mascotas Vito y Twwitter.

El objetivo de hoy, sin embargo no es visitar el valle en sí, si no explorar una parte del Cerro de los Hoyos, una de las paredes de Hoyo Cerrado, el circo glaciar que se formó aquí hace millones de años.

Y para disfrutar de este maravillo entorno nos acercamos desde Soto del Real, por una pista de tierra que rodea el embalse de los Palancares hasta llegar a una explanada que hace de aparcamiento, a poco de cruzar el arroyo del Mediano por un puente.

Desde el pequeño aparcamiento iniciamos la ruta en dirección noroeste, encontrándonos enseguida con una barrera que cierra el paso a vehículos por la pista forestal llamada “Senda de la Avutarda”, que seguiremos unos 1,5 km, para desviarnos por una senda que con gran pendiente nos sale por la izquierda, nos esperan unos 530 m de desnivel en unos 3 km de distancia (17,6 %), hasta alcanzar el collado de la Ventana.

El ascenso es entretenido entre altos pinos albares que proporcionan una agradable temperatura, realizando varias zetas que minimizan la pendiente para alivio de nuestras piernas. A unos 200 metros del inicio de la senda, alcanzamos una pista, que de seguirla a la derecha nos internaría un poco en Hoyo Cerrado y nos llevaría hasta Miraflores de la Sierra, y que de continuarla por nuestra izquierda, bordearíamos el cerro de El Lomo donde acaba tras un kilómetro de recorrido.

Nosotros la cruzamos y seguimos, incansables, por Senda Herrada, alternando roquedos y bosque de esbeltos pinos albares, producto de la repoblación de esta zona en el siglo pasado.

Mientras ascendíamos disfrutamos del embriagador olor a tomillo rastrero y de las vistas a nuestra derecha del omnipresente Cerro de los Hoyos y más arriba, La Cuerda Larga y La Najarra.

En los roquedos de la cresta de El Lomo paramos a contemplar las impresionantes vistas hacia el este y sur del Cerro de San Pedro y los embalses de Santillana y los Palancares en primer plano.

Tras el breve descanso, continuamos la ascensión, con más pendiente aún, pero suavizada por la belleza del paisaje con sus caprichosas e innumerables rocas de sugerentes formas, en la que unas cabras nos contemplaban a lo lejos. Así de entretenidos, intentado fotografiarlas, alcanzamos el Collado de la Ventana.

Seguimos a nuestra derecha unos pocos metros del PR-M1 y a los pies de nuestro objetivo, el Cerro de los Hoyos, paramos a tomarnos el tentempié de media mañana, preguntándonos por la manera de cruzar semejante apilamiento de rocas.

Repuestas las fuerzas, nos dirigimos en dirección noreste hacia el enorme roquedal, buscando una especie de brecha longitudinal por la que supuestamente pasa una senda, dejando a la derecha los riscos de la Miel y del Panal.

Sorteando grandes rocas que daban paso a claros de mejor andar, nos fuimos encajonando hasta topar con unas grandes rocas de dificil paso.

Tras intentar sin éxito sortearlas por arriba, no nos quedó más remedio que hacerle caso a un hito de piedras que parecía indicar que el único camino era subir por una estrecha chimenea por la que apenas cabíamos.

Pero sí, era por allí, y no sin dificultades fuimos pasando, pero nuestras mascotas se negaron a hacerlo, y a falta de alternativas se volvieron con Antonio y Sol.

El resto continuamos parando en un explanada de impresionantes vistas a la espera de saber si lo conseguían cruzar tras otro intento, pero no fue así, y proseguimos volviendo a toparnos con otro paso dificil, con trepada por una rampa de gran pendiente con un impresionante precipicio al final.

De haber conseguido los perros cruzar la chimenea, aquí se tendrían que haber dado igualmente la vuelta, porque la forma de descender el despeñadero, hubiese sido imposible para ellos.

Apoyándonos en unas rocas a modo de escalón y ayudándonos unos a otros conseguimos bajar a tierra firme, la de la cara norte del Cerro de los Hoyos.

Desde este lado, teníamos a la vista Hoyo Cerrado, un circo glaciar de libro, aún más reconocible, si cabe, que el de Peñalara.

Con estas soberbias vistas a nuestra derecha y los altos riscos del Cerro de los Hoyos a nuestra izquierda, ascendimos por una senda marcada con hitos de piedras hacia el collado de los Hoyos, dejando la Esfinge y la Aguja Singer a nuestra derecha.

Desde el collado descendimos a asomarnos al Callejón de la Esfinge, perfecta cara que contemplamos desde su lado más fotogénico. Regresamos unos metros y enlazamos con el PR-M1, que seguimos para dejarlo al poco para continuar por el Callejón de las Abejas, hasta el Puro, donde nos desviamos para enseguida alcanzar el Collado de la U, donde nos esperaban los que se habían dado la vuelta en el Cerro de los Hoyos.

Con las impresionantes vistas que proporciona el collado, paramos a tomarnos los bocadillos montañeros, amenizados por la bota de vino, y descansar un poco a la sombra de el Cocodrilo y el Cancho de la Ventana. Allí nos hicimos la foto de grupo.

Tras el descanso, enlazamos de nuevo con el PR-M1, que seguimos hasta el Collado de la Ventana, cerrando así la vuelta completa al Cerro de los Hoyos.

Al poco de rebasar el collado, para no volver por el mismo camino seguido a la subida, decidimos seguir una senda que en los mapas venía pintada con un grueso trazo azul pero que una vez situados en la zona, no encontramos ni rastro ella.

Siguiendo la hipotética senda, descendimos en dirección este, pegados a los límites del pinar y un roquedal, en una fulgurante bajada que dio paso a un extenso pinar, plagado de hojas y piñas secas que dificultaban sobremanera el descenso.

Al alcanzar la Loma de la Avutarda paramos a contemplar las bonitas vistas que un mirador natural proporcionaba del Hueco de Coberteros y el Jaralón.

El último tramo de gran pendiente por el sombreado pinar nos devolvió a la pista forestal del inicio de la excursión, justo donde se encuentra la barrera que impide el paso de los coches, alcanzando enseguida el aparcamiento donde habíamos dejado los nuestros.

Terminamos la inolvidable jornada en la plaza de Soto el Real, donde compartimos unas frías y reconfortantes jarras de cerveza para celebrar la finalización exitosa de esta exigente pero bonita ruta por la desconocida Pedriza Posterior. Excursión que bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 25 de septiembre de 2017

Excursión X113: La Pedriza por Prao Poyo, Hermanitos y la Bota

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino. La Pedriza
Final: Canto Cochino. La Pedriza

Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 14,4 Km 
Desnivel [+]: 1019 m 
Desnivel [--]: 1019 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc


RESUMEN
Hacer una ruta por La Pedriza, implica dificultad y si es por La Pedriza Posterior, al esfuerzo habría que añadir dotes de orientación. Y si a lo anterior, sumamos que vamos a franquear una zona, sin senda conocida, tenemos ante nosotros un reto, en el cual sabemos a la hora que comenzamos, pero muy posiblemente no acertaremos con la de regreso. Y eso es precisamente lo que nos ocurrió.

La Pedriza, es uno de los mayores conjuntos graníticos de Europa, con numerosos riscos, arroyos y praderas, por el que discurren infinitas sendas, siendo las más importantes y que están señalizadas el, GR-10, PR-M1, PR-M2, PR-M16 y PR-M18. Así como la, Senda Carboneros y Senda Maeso <ésta forma parte del PR-M1>.

El grupo, compuesto por seis buenos andarines, inició la marcha sobre las 09:40, desde Canto Cochino, teniendo como primera meta La Aguja del Sultán, casi al final del Callejón de las Abejas.


Tras cruzar el río Manzanares por el puente de madera, marchamos sobre el PR-M2, más conocido en este tramo, como La Autopista, no tanto por el suelo que pisamos, sino por la gran afluencia de personas que lo suelen transitar.

Acompañados del casi seco arroyo de la Majadilla, vamos ganando altura en dirección Norte, sobrepasado el desvío al Collado Cabrón, dejamos a la derecha, el camino que lleva al Refugio Giner.

Vencemos una primera pendiente, hasta un mirador; desde el que se contempla perfectamente el peñasco de El Pajarito. La vereda nos da un respiro y llaneando, dejamos un vivac, a la izquierda y unos metros más adelante, giramos a la derecha (2,9km), para cruzar el arroyo de los Poyos.


Esta vez no supone ninguna dificultad y no necesitamos utilizar la pequeña pasarela, que hay unos metros más arriba. A partir de aquí, ya se puede catalogar la subida, como “durilla”. Transcurre a poca distancia del arroyo y con las eses típicas para suavizar la pendiente. Hemos dejado a la derecha el peñasco de El Pájaro y Cancho Butrón. Al alcanzar una gran piedra a la derecha de la senda, vemos cómo se une por la derecha, el arroyo de la Ventana (3,52km).

Proseguimos con este, aguas arriba, la cuesta se endurece aún más, rebasamos el ramal que lleva a Cuatro Caminos y trescientos metros más adelante, cruzamos el seco cauce del arroyo de la Ventana (11h - 4,2km – 1.482m), entrando así en
el Callejón de las Abejas.

La senda por la que hemos subido, desaparece y tenemos casi que trepar; para remontar la pendiente, desértica y pedregosa, con rampas que alcanzan el 47%, hasta conseguir la bifurcación (4,67km – 1.652m), donde dejamos el “callejón”, en el que por cierto no hemos visto una sola abeja. Lo de los nombres en ciertos lugares, daría para una tesis.

Un esfuerzo más y pisamos un colladito, a pocos metros de la base de La Aguja del Sultán (11:45h), donde nos tomamos el merecido descanso y la primera de las manducas. Nuevamente en camino (12:15h), insistimos en la misma dirección, penetramos en zona boscosa y vamos girando hacia la izquierda. Pasamos a los pies de, Los Tres Hermanitos (5,2km – 1.761m), altas rocas que no pudimos contemplar, por el espeso pinar que lo rodea.


Unos metros después, finalizamos el giro que veníamos haciendo y enfilamos al Oeste, en busca del sendero principal; a través del nutrido pinar, donde intentamos dejar huella de nuestros pasos, para futuros andarines.

Luego de atravesar un kilómetro de zona boscosa, conservando la altitud, enlazamos con el sendero PR-M2 (13:14h – 5,99km). Lo seguimos a derecha unos trescientos metros y lo dejamos momentáneamente, para acercarnos a la roca conocida como ¡La Bota!, que ninguno conseguimos identificar; pues no fuimos capaces de ver; la bota de andar y menos, la bota de vino, ya que a sus pies, se pierde toda su perspectiva.

Desengañados, regresamos a la vía general y proseguimos subiendo, hasta arribar al Collado del Miradero o de Prado Poyo (14h – 6,88km – 1.882m), fotos, vista a todo nuestro alrededor y ¡segundo bocata!

Media hora más tarde, reanudamos la caminata siguiendo el PR-M1 para atacar Las Milaneras,  que pasamos por su lado oeste, bordeando Cancho Centeno hasta llegar al pie de Los Tres Cestos (15:15h – 6,62km).

Por la Portilla de los Tres Cestos volcamos al otro lado de la cuerda y nos enfrentamos a la difícil bajada de la Gran Milanera, con su rampa del 53%, que conseguimos dejar atrás, casi una hora más tarde, cuando llegamos a una bifurcación (16:10h - 9,25km – 1.570m), poco antes del Collado de la Romera.

Vista la hora, decidimos no pasar más apuros y tomar a la izquierda, la plácida senderita que entronca (9,56km), con la Vereda de los Forestales, en la zona de Los Llanillos, girando a la derecha, pasando por el Mirador de los Pinganillos, con espléndidas vistas del Pájaro y sus riscos adyacentes, hasta alcanzar el Collado Cabrón (17h - 11,7km – 1.304m).


En este cruce de caminos, desesperados por finalizar la ruta, continuamos por la senda de enfrente, el antiguo trazado del PR-M1, pasando a los pies de Peña Horcajo y el Cancho de los Muertos.

La bajada de kilómetro y medio, es vertiginosa y conectamos otra vez con el PR-M1 actual, en media hora (17:37h - 13,2km). Y desde allí, por la despejada vía, recorremos los quinientos metros que restan para llegar de nuevo al puente de madera sobre el río Manzanares y dar por concluida la ruta en el aparcamiento de Canto Cochino.

Por lo divertida que resultó ser esta ruta, a la par que exigente, le otorgo 4,5 estrellas sobre 5.
Cristóbal López

FOTO REPORTAJE