Distancia: 9,7 Km
Desnivel [+]: 412 m
Desnivel [--]: 412 m
Desnivel [+]: 412 m
Desnivel [--]: 412 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 7
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 7
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
Nos reunimos en Camorritos, junto a la estación del tren de Cercedilla al Puerto de Cotos que está en pleno proceso de renovación. Esta colonia fue construida en 1923 por la compañía de la nueva línea férrea, la Sociedad de Iniciativas del Guadarrama. Debido a la personalidad de sus creadores, miembros del Club Alpino Español y la Institución Libre de Enseñanza, pronto alcanzó un gran éxito como lugar de veraneo entre aquellos que buscaban un retiro en la naturaleza.
Se edificó siguiendo modelos alpinos con villas de paredes de piedra y madera, en las que trabajaron afamados arquitectos de la época. Tal como reza en una placa, José de Aguinaga, ingeniero del Eléctrico del Guadarrama e impulsor de la colonia, están ligados a este lugar, ahora envuelto en líos judiciales. Aquí más información.
Iniciamos la ruta con las mochilas ajustadas, ganas de caminar y la ilusión de reencontrarnos con la nieve. Ascendimos por el Camino de las Encinillas, señalizado con las marcas del GR-10. Un comienzo amable que pronto nos iría mostrando la otra cara del invierno.
Conforme subíamos, la nieve empezó a aparecer tímidamente, primero en pequeños restos a los lados del camino, después cubriendo cada vez más el paisaje, hasta hacerse claramente protagonista.
Al salir de la urbanización y cruzar la Vereda de la Teja, el entorno comenzó a cambiar a cada paso, envolviéndonos en un silencio blanco que invitaba tanto a la contemplación como al respeto, por eso la mayoría nos pusimos los mini crampones.
Nuestro objetivo era visitar los petroglifos más conocidos del valle de la Fuenfría: el dragón, el buitre y el zorro.
Al poco, dejamos la vereda para seguir por un sendero que enseguida alcanza la fuente Loma del Viento, que queda a la izquierda, pero de la que no manaba ni gota de agua, sin duda estaría convertida en hielo.
Enseguida cruzamos el arroyo del Polvillo, donde el agua sí corría con constancia, ajena al frío que ya se dejaba notar. Continuamos ascendiendo y la nieve se hacía más abundante, mientras el cielo comenzaba a nublarse ligeramente, añadiendo un punto de misterio al recorrido. Los árboles, cubiertos de nieve, daban un toque navideño al recorrido.
Así alcanzamos la senda Herreros (PR-M 8), camio más ancho totalmente cubierto de nieve. Giramos hacia la derecha para llegar a la zona de las rocas de Laín, bonito paraje desde el que se disfruta de las hermosas vistas de los Siete Picos y su entorno, al estar situado casi en el centro, del hueco o cóncavo de los Siete Picos, que durante gran parte de la Edad Media fue conocido como "Sierra del Dragón" por la silueta de esta montaña, que se asemeja al dorso dentado de estos seres mitológicos tan del gusto de esa época.
Dos pequeños bolos de granito, están grabados con el año del homenaje de la agrupación Aurrulaque, del Club de Senderismo de Peñalara, a Pedro Laín Entralgo, que fue médico, historiador, ensayista, filósofo y amante de la naturaleza, y en el otro, se halla parte de la carta que el intelectual escribió a Luis de Rosales, a propósito del Guadarrama.
Junto a la roca, en un canchal se encuentra el petroglifo del dragón, en referencia a cómo se le conocía antaño a Siete Picos, por sus crestas, que se asemejan a las de este mitológico animal, pero desgraciadamente esta vez la montaña decidió guardárselo para sí: la nieve lo cubría por completo, ocultándolo bajo su manto blanco, que aquí, al descubierto, era especialmente notorio.
Seguimos por el Camino de la Pata la Cabra (PR-8) hasta llegar a la fuente de Ignacio, que llevaba abundante agua.
A partir de ahí, la nieve empezó a complicar seriamente el avance. Cada paso requería más esfuerzo, y llegó un momento en que caminar se volvía verdaderamente exigente.
Alcanzamos la fuente de los Acebos, donde la nieve alcanzaba en algunos puntos casi medio metro y nos hundíamos al avanzar. A la izquierda de la fuente, junto al arroyo Pradillo, aprendiz de río, crecen unos esplendidos ejemplares de acebos, de aquí su nombre, y a la derecha, el incipiente arroyo Pradillo, que junto al arroyo de la Venta y el arroyo del Regajo del Puerto, conforman, aguas abajo, el río Guadarrama.
Regresamos por el mismo camino de la Pata de la Cabra. El origen de este apodo, es desconocido, algunas creencias apuntan a que el nombre, se debe a los cabreros que en tiempos pasados, traían a pastar su ganado, por estos parajes. Lo cierto es que el trazado desde la Pradera de Siete Picos a la de Navarrulaque, se asemeja a una pata de cabra.
Pasamos de nuevo por las Rocas de Laín, con mucha nieve enlazamos con la Senda Herreros, pasado el arroyo del Polvillo, y llegamos a un alargado banco medio cubierto de nieve, con una leyenda en uno de sus respaldos, recordando a Enrique Herreros, personaje con una gran dimensión cultural, en la España del siglo pasado. Montañero, en primer lugar, por lo que nos atañe, humorista, dibujante cartelista, periodista y cineasta. Esta ruta que conecta la Pradera de Navarrulaque con la Pradera de Siete Picos, fue trazada por él, de ahí este simple monumento, dedicado por el círculo Aurrulaque.
Al llegar a la Pradera de Navarrulaque, nos detuvimos para hacernos una foto de grupo, con la complicidad de un ciclista que descansaba por allí, junto al granítico hito de la Puerta de la Fuenfría, que conmemora la declaración de Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en 2013. Aquí se cruza el GR-10 con la Carretera de la República. Enfrente unas rocas a modo de mesa conmemoraron, en el Aurrulaque de 2002, el año Internacional de las Montañas.
Muy próximo, se encuentra el bonito refugio Aurrulaque, donde hicimos una breve parada, para tomar el tentempié de media mañana, a buen recaudo del viento, al arrullo del sonido del agua de su fuente, en la que un sombrero homenajea a Antonio Sáenz de Miera (1935-2021), escritor, jurídico y empresario español nacido en Cercedilla y comprometido con la defensa de la naturaleza. Promovió la declaración del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama.
Fue también promotor de la fiesta montañera del Aurrulaque, en la que todos los años se adorna el valle con un monumento nuevo. Aquí más información sobre su figura.
El Aurrulaque, nombre que se da a los montes comunales de Cercedilla, nació, como iniciativa de la Fundación Cultural Cercedilla, en 1984 con el objetivo de disfrutar del paisaje y fomentar el senderismo haciendo una marcha y un acto colectivo cada verano.
Tras el descanso, continuamos para unos metros más arriba, visitar. medio cubierto de nieve. el Monumento a los Primeros Caminantes de la Sierra de Guadarrama, singular y alegórico: siete traviesas de madera colocadas en artístico semicírculo apuntando a los Siete Picos. Monumento a ganaderos, cabreros, leñadores, maestros, geólogos, escritores, pintores y pioneros del montañismo.
Y siguiendo la Carretera de la República, a la derecha, nos acercamos a ver la hora en el Reloj de Cela, que si hay sol, la da con precisión astronómica desde el Aurrulaque de 1995, donde se declaró "caminante de la Sierra del Guadarrama antes que Nobel" y que dio cuenta de sus correrías por estos parajes en Cuaderno del Guadarrama, publicado ese mismo año. Sí había sol, pero estaba cubierto de nieve, que parecía haber detenido el tiempo, recordándonos que este día no importaban las horas.
Continuamos un poco más adelante, hasta dar a la izquierda con el mirador de Vicente Aleixandre, levantado sobre unas rocas en forma de quilla de barco en el Aurrulaque de 1985, y desde el que se domina una magnífica vista de la inconfundible silueta de Siete Picos, en esta ocasión la niebla envolvía la montaña, creando una atmósfera íntima y algo misteriosa.
Grabado en la roca que hay, a la derecha de la escalera de subida al mirador se puede leer el emotivo poema de Vicente Aleixandre dedicado a este paraje al que adoraba: "Sobre esta cima solitaria os miro/ campos que nunca volveréis por mis ojos/ Piedra de sol inmensa, eterno mundo/ y el ruiseñor tan débil que en su borde lo hechiza."
Seguimos, entre rocas escritas con poemas de varios poetas, que perlan la zona, como el de J. García Nieto: “Afila Siete Picos en la sombra / su aguda dentellada”, a Gabriel García Tassara “Cumbres de Guadarrama y de Fuenfría / columnas de la tierra castellana”.
Continuando por la bonita senda, llegamos al mirador de Luis Rosales, desde el que se divisa el vértice geodésico que hay a su derecha.
El mirador fue inaugurado en el Aurrulaque de 1986, en homenaje a este poeta, que veraneaba en Cercedilla.
Allí pudimos deleitarnos con las hermosas vistas del paisaje y disfrutar de su famoso poema dedicado a su amada Cercedilla: “Las noches de Cercedilla / las llevo en mi soledad / y son la última linde / que yo quisiera mirar”.
En su pequeño escondite, un recinto cerrado a modo de buzón, incrustado en la roca, había varios cuadernos en los que los visitantes dejan sus mensajes y firma.
El grupo de Senderismo de Montaña Trotamontes, hasta el año 2010, recopilaba estos mensajes y los ponía en su web, para darles visibilidad. En más de una ocasión pude leer ahí lo que días antes había escrito en el libro de visitas del mirador. Aquí enlace a él.
De allí nos dirigimos a la Senda Sevillano, llamada así en honor a Alberto Sevillano Herrera, residente frecuente en Cercedilla, miembro fundador de la Peña de los Lunes Amigos de la Montaña, en los años 80 junto a otros compañeros del por entonces Banco Exterior de España (BEX), que remarcó la antigua subida a Navarrulaque por la vertiente de “La Cancha”. Está señalizada con hitos de piedras desde su comienzo en la conocida como Piedra de Pablo, hasta el Mirador de Luis Rosales.
Tras una bajada pronunciada, nos desviamos a la izquierda para visitar el petroglifo del zorro, situado sobre un promontorio rocoso con magníficas vistas de Cercedilla y todo el valle. Esta vez sí era visible, libre de nieve. Nos hicimos fotos junto a él, celebrando el encuentro.
Continuamos por la Senda Sevillano hasta alcanzar la Piedra de Pablo, esta roca es conocida así en honor a otro antiguo compañero del BEX y también residente en Cercedilla y senderista por largos años, Pablo Sangüesa Arribas.
Frente a ella se encuentra un túmulo de piedras que Sevillano comenzó a acumular en homenaje a su amigo Pablo, fallecido en 1988, y también rememorar el rescate que al propio marcador de la Senda le hicieron los bomberos cuando bajando por ella en 2003 una caída le produjo la rotura de la cadera izquierda, falleció en el 2022. Es tradición en la familia Sevillano y Sangüesa añadir una nueva piedra cada vez que se llega al lugar, tradición que a lo largo de los años ha creado un importante hito en la senda.
Tras colocar una piedra más al montículo, proseguimos la senda, pero enseguida giramos a la izquierda para continuar por la Vereda de la Teja. A medida que descendíamos, la nieve iba desapareciendo poco a poco. Cruzamos el arroyo de la Teja, donde nos esperaba un simpático muñeco de nieve que nos regaló una de las fotos más divertidas del día.
La jornada no terminó ahí. Nos desplazamos al aparcamiento subterráneo de Cercedilla para poner el broche final con un excelente menú en el restaurante El Rincón de la Cuchara, celebrando la ruta, la compañía y un día de montaña intenso, exigente y profundamente vivido.
Un día de nieve, decisiones compartidas, historia grabada en piedra y recuerdos grabados en la memoria, que bien merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto
FOTOS































No hay comentarios:
Publicar un comentario