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sábado, 24 de mayo de 2025

Excursión X526: Cueva Serrella, Pico de la Blasca y Molinos de Bañeres

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Bañeres 
Final: Bañeres 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,1 Km
Desnivel [+]: 519 m
Desnivel [--]: 519 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
De nuevo buscamos zonas de sombra con las que aplacar las cálidas temperaturas esperadas en este verano adelantado y la propuesta no podía ser mejor: los molinos de Bañeres que jalonan el río Vinalopó y, para mayor emoción, buscar la Cueva Serrella y subir al pico de la Peña de la Blasca, un 3x1 irrechazable, que prometía agua, sombra y espectaculares vistas.

Para no tener que mover coches y evitar de paso tener que pagar el aparcamiento de la zona recreativa del Molino de la Umbría, dejamos los coches frente a la Brasería La Moreneta, a las afueras del pueblo.

Hasta 1916 el municipio recibía el nombre de Bañeras. Se cree que el topónimo es de origen árabe, proveniente de Beni-Hares ("hijo de liebres"), o bien anterior y los árabes lo habrían llamado Bernirehes. Su denominación en valenciano es Banyeres de Mariola.

Esta vez no éramos muchos y enseguida iniciamos la marcha, descendiendo por la carretera CV-795, que une el pueblo con Alcoy, en busca del área recreativa del Molino de la Umbría (Molí l’Ombria).

Aquí el río Vinalopó, cerca de su nacimiento, atraviesa un paraje natural de gran belleza, a los pies de la Sierra de la Fontanella.

Pasado el aparcamiento de pago los fines de semana, y en verano todos los días, alcanzamos la orilla de río Vinalopó.

Sin cruzar el bello puente de madera, remontamos el río por su ribera derecha, hasta llegar a los restos de un casi derruido horno de cal. El sendero se aleja momentáneamente del río para cruzarlo un poco más adelante.

El bonito sendero se adentra en el área recreativa del Molino de la Umbría y deja la zona de acampada a la izquierda. A orillas del río, estamos rodeados de chopos, sauces y álamos, que llegan a formar una bóveda natural, que aporta su fresca sombra a las numerosas mesas de madera esparcidas a lo largo del recorrido, creando un microclima en su entorno.

Bajamos unas escaleras que nos llevan junto al puente de madera que vimos al llegar, y que de nuevo no cruzamos. Continuamos para enseguida situarnos bajo el Molino de la Umbría, un antiguo molino papelero que se asienta junto al cauce del río, fue mandado construir en el año 1770 por el escribano de Banyeres, Laureano Ballester y Garrigós.

En el segundo tercio del siglo XIX se le anexiona un molino harinero, permaneciendo activo hasta finales del XIX con la fabricación de papel de fumar de gran calidad y papel timbrado. José Laporta Valor lo reconvierte en fábrica de licores para explotar las marcas Anís Mariola y Licor Campanone, además de transformarlo también, en un centro productor de energía eléctrica con la instalación de las turbinas. Hoy día es propiedad del Ayuntamiento de Bañeres y está en un lamentable estado de abandono.

Rodeamos el molino, para seguir el  sendero que sube empinado por un valle espectacular lleno de pinos.

Pasamos junto a un manantial excavado en la la ladera, parecido al que más adelante encontramos, llamado Font Teularet de Roc, precedida de una pequeña canaleta por la que desciende el agua, aportando una humedad que le da un toque especial y un verdor extraordinario.

A pocos metros de la fuente, abandonamos el valle para continuar por un empinado sendero que nos sale a la derecha, donde se inicia una fuerte subida que lleva a la gran cueva de la Serrella. Una cuerda ayuda a remontar el primer tramo, el de mayor pendiente.

La pintoresca cueva Serrella y su colina fue ocupada por primera vez a finales del Neolítico, en torno al 2.200 a.C.

Terminó su ocupación sobre el 1.800 a.C. Tras un lapsus temporal de mil años, fue vuelto a ocupar por los íberos, sufriendo un proceso romanizador similar a otros lugares de la península.

En época más reciente, la cueva fue usada como refugio por los pastores de la zona y la negrura de su techo da fe del uso de fuego en su interior para mitigar los fríos inviernos.

Tras las fotos de rigor, subimos a la parte superior, que ofrece unas espectaculares vistas al valle, del pueblo de Bañeres y de la Sierra de la Fontanella. A pocos metros, se encuentran los escasos restos de lo que fue el Castillo de Serrella.

Previo a él, en el primer cuarto del siglo II a.C. los romanos construyeron en este lugar un recinto defensivo (oppidum) a causa de la Segunda Guerra Púnica, que asoló los campos de Hispania.

Seis siglos más tarde, los árabes ocuparon el cerro. La Serrella musulmana comenzó a poblarse en el siglo XII. En esta época, Bañeres no existía, o como mucho debió ser alguna alquería. El aspecto de la fortaleza debió ser formidable, como lo muestra la recreación adjunta de su espléndida alcazaba.

A finales del XII y principios del XIII es cuando se construyó el actual castillo de Bañeres. En 1244 o 1245, las tropas de Jaime I tomaron Serrella y Bañeres. En 1249 las dos villas y castillos fueron donadas al caballero aragonés Jofré de Loaysa.

El final de Serrella llegó con su apoyo y participación en la tercera y última revuelta de Al-Azraq, pues en 1277 fue asaltado e incendiado por tropas cristianas. Ante su destrucción y el comienzo del apogeo de Bañeres fue progresivamente abandonado y olvidado. Sus piedras fueron utilizadas para la construcción de las viviendas y fortificaciones del pueblo. Actualmente, sólo se conservan algunas partes de la muralla de mampostería y los escasos restos de torres. A pesar de su estado, en 1998, fue declarado B.I.C.

Bajamos la colina y continuamos por un sendero que sale a la derecha y desciende en busca de la pista de Bañeres. Desde aquí iniciamos un larga y empinada subida por una bonita senda, entre pinos, carrascas y arbustos aromáticos, que suaviza su pendiente al llegar a los restos de un antiguo horno de cal, en una zona de estupendas vista de nuestro siguiente objetivo, el Pico de la Blasa.

Despreciando un atajo que sale a la izquierda que evita subir al Pico, acortando sobremanera la ruta, continuamos hasta llegar a la Caseta del Gallo, situada en medio de un cortafuegos y un tendido de alta tensión.

Junto a ella, existe una pequeña charca con agua para beber los animales.

Despreciamos otra posibilidad de atajo a la derecha para evitar subir al Pico, y un poco más adelante llegamos a un cruce, indicado por un poste de señalización donde dejamos la pista (GR-330) para seguir, a la derecha, por un sendero (PR-CV 313), en dirección a La Blasca, que a pocos metros dejamos por otro que sale a la izquierda.

Aquí, tres compañeros prefirieron no coger el desvío y continuar por el sendero, un atajo, el tercero y último, que evita subir al Pico.

El resto proseguimos por el sendero, en un principio sin pendiente, que pasa junto a otro horno de cal, pero que al llegar a un desvío, el PR-CV 313 inicia una pedregosa cuesta, con bastante pendiente, que en un kilómetro, asciende más de 150 metros hasta la cima de La Blasca.

Menos mal que un pequeño collado, situado a 500 metros de distancia a la cima y a unos 50 metros de altura de ella, nos dio un pequeño respiro a la agotadora subida.

Un último esfuerzo, siguiendo por el empinado sendero, nos sitúa en la cima de la Peña de la Blasca, cuyo vértice geodésico está situado a 1.120 metros de altura, el punto más alto de la Sierra de la Fontanella (Serra de les Fontanelles).

Nos reconfortamos con las extraordinarias vistas de 360º que esta sierra tiene, con amplias panorámicas de la Sierra de la Solana. Beneixama, del Frare, del Reconco, de Onil y Mariola. Muchas fotos y parada para tomar el aperitivo de media mañana, hicieron que disfrutáramos sobremanera de nuestro privilegiado mirador.

Tras firmar en el libro de visitas de la cumbre, iniciamos el vertiginoso descenso por el mismo pedregoso sendero seguido a la ida, hasta alcanzar de nuevo al poste indicador situado en el collado por el que pasamos antes.

Reunidos en el collado, seguimos por el sendero que continua por la izquierda (PR-CV 313), dejando a la derecha por el que subimos y que a unos 20 metros del collado abandonamos, para seguir otro que nos sale a la derecha, una senda que recorre el cordal de la sierra en dirección noreste, al principio con una ligera subida hasta coronar un cerrillo próximo, y después en vertiginosa bajada.

Al alcanzar un roquedo giramos a la derecha, la senda se vuelve más rocosa, con mucha piedra caliza tipo rocalla y algún escalón que otro. Al fina, salimos a una caseta junto a un campos de cultivo y después a una pista.

Dejamos a la derecha la senda por la vinieron nuestros tres compañeros fugados y, al salir a la siguiente pista, seguimos de nuevo por la izquierda, en bajada por la llamada Senda del Planet.

Pasamos junto a la fuente de la Mata, una fuente que pasa casi desapercibida, según bajamos por la pista a nuestra izquierda y que estaba seca.

Un poco más abajo, al llegar a una curva cerrada a la izquierda, nos estaban esperando nuestros desparecidos compañeros. Ya todos juntos, dejamos la pista para continuar por el sendero que sale a la derecha, con la misma dirección que traíamos.

La cornisa de los miradores, le llaman, y es que las vistas del valle y del pueblo, con su esbelta torre del castillo al fondo, no pueden ser más bellas.

Entre grandes carrascas, descendimos hasta alcanzar un puente sobre el río Vinalopó. Desde aquí, se enlaza con la Ruta dels Molins, un recorrido que nos sumerge en la historia de los molinos papeleros más emblemáticos de Bañeres, de los nueve que estuvieron activos en el río Vinalopó entre los siglos XVIII y XX.

En estas peculiares construcciones fabriles, grandiosas para su época, trabajaron la mayor parte de los vecinos de Bañeres durante varias centurias.

Desde aquí se puede acompañar al río en su descenso por su ribera izquierda, para al poco cruzarlo por una pasarela, en un paraje increíble, donde el río es el protagonista con una vegetación de ribera exuberante, con varios remansos y cascadas de agua.

Tras pasar junto a un estanque, unas balsas de decantación, utilizadas para limpiar el agua antes de su entrada en el molino, llegamos a las inmediaciones del primer molino de la margen derecha del río, el Molino del Sol, anexo al Molí Torró.

Este emblemático molino, con su gran chimenea, es también conocido como el molino Blanco y Negro por haber sido utilizado en la producción de papel de fumar. Fue construido en el año 1856 y en los últimos años se han realizado diversas actuaciones en él aunque su estado no es bueno.

Le sigue el Molino Pont, al que se llega tras cruzar un puente. En sus orígenes fue un molino harinero.

Su historia se remonta al año 1758, cuando Mauro Aparisi, rector de la Iglesia parroquial de Bañeres tomó la iniciativa de levantar un molino para sufragar los gastos de construcción de la nueva iglesia.

En 1877 lo compra José Mora Navarro y edifica al lado un molino papelero, el más importante de Bañeres por su elaboración de papel de fumar y libritos.

A finales del s.XIX lo adquiere José Laporta Valor que lo rebautiza como la Innovadora. En 1935 se integra en Papeleras Reunidas S.A. de Alcoy. En 1964 cierra por no ser competitivo y por la evolución de las tecnologías de producción.

Por último, se llega al Molino de San Jorge, más conocido popularmente como Molino Aspenta, porque fue parcialmente arrastrado en una de las riadas del Vinalopó.

Está enclavado en la partida del Bovar, en el margen izquierdo del río. Presenta una estructura rectangular que abarca 10 metros de longitud y 5 de ancho.

El tiempo y la adversidad han dejado su huella y se encuentra en ruinas. La erosión y el abandono han debilitado sus paredes y mermado su esplendo. Aquí un vídeo que muestra la belleza del recorrido.

Se vuelve por el mismo sitio y al llegar de nuevo al puente seguimos río arriba, ahora por el margen izquierdo hasta llegar a un precioso rincón, con un gran remanso de agua producido por una pequeña presa de un azud de captación de agua, con un puente muy bonito de madera.

Cruzamos al otro lado del río para volver al área recreativa del Molino de la Umbría, donde, tras cruzar otro puente de madera, paramos a dar cuenta de los bocadillos en una de las muchas mesas del conjunto.

Tras el merecido descanso, volvimos a cruzar el puente y por el camino que seguimos al inicio, regresamos hasta donde habíamos dejado los coches. En la Brasería La Moreneta nos tomamos las cervezas y cafés que pusieron el punto final a esta entretenida y estupenda ruta que combina agua, montaña, bosque e historia y que bien se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 24 de mayo de 2021

Excursión X287: Puerto de Navafría desde Lozoya

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Lozoya
Final: Lozoya
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,1 Km
Desnivel [+]:  798 m
Desnivel [--]: 798 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Cuando he subido en coche al puerto de Navafría desde Lozoya, siempre me he preguntado si se podría subir caminado por senderos y si sería o no complicado, y para averiguarlo, diseñé esta ruta que nos sacaría de dudas. Dejamos los coches en el amplio aparcamiento de Lozoya que hay nada más pasar la curva de la carretera que viene de Rascafría. 

Cruzamos el arroyo de la Fuensanta por un bonito puente de madera y nos acercamos callejeando a la amplia Plaza Mayor, dejando a nuestra derecha el antiguo convento, que ocupa una extensa manzana de forma irregular, cercada con una tapia de mampostería, fue construido en el siglo XVI por los Suárez de la Concha, señores de la villa.

El edificio del ayuntamiento data del siglo XVII y es de estilo barroco, a su espada se encuentra el Rollo, columna sobre gradas que acreditaba la condición de Villa de la ciudad, lo que indicaba que tenía alcalde y juez propios. Un poco más adelante pasamos por la fuente pilón de los Cuatro Caños, es de trazas neoclásicas y está fechada en 1791. Junto a ella nos hicimos las foto de grupo y unos metros más adelante, la iglesia de El Salvador, que fue edificada durante el siglo XVI, en la que destaca su portada plateresca.

El nombre de Lozoya, proviene de "Loza", oza, osa, que significa "pastizal" en la forma dialectal del vasco de Guipúzcoa, ya que vascos fueron los primeros repobladores del valle, tras la Reconquista. Seguimos por la calle de la izquierda de la Iglesia hasta dar con unas escaleras que acaban en la carretera que sube al puerto de Navafría, la M-637 y que luego volveríamos a cruzar varias veces durante el ascenso.

Continuamos por el Camino Presilla, llamado también Camino Natural Valle del Lozoya, entre chalets, hasta llegar a un puente que salva el arroyo de la Fuensanta, pasado el cual nos sale una bifurcación, eligiendo el ramal de la derecha, que asciende paralelo al arroyo. Proseguimos por este camino de tierra atravesando praderas en suave ascenso, dejando atrás el pueblo. Un poco más adelante, nos sale un desvío que baja a la Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, a la que nos acercamos a ver cruzando para ello un puente sobre el arroyo.

Constituida originalmente en el siglo XVIII, fue destruida durante la Guerra Civil y reconstruida por la Dirección General de Regiones Devastadas. Tiene un pequeño campanario y un pórtico de entrada con un arco de medio punto.

En ella se celebra una concurrida romería todos los años, el último fin de semana de mayo. En la parte posterior de la Ermita existen barbacoas y bancos para disfrutar de una buena comida.

Recuperado el camino, continuamos ascendiendo en dirección norte, alejándonos progresivamente del arroyo. Entre helechos, robles primero y pinos después, fuimos ganando altura siguiendo una clara senda que tras cruzar en tres ocasiones la carretera del puerto (M-637) y remontar en su parte final un empinado cortafuegos, nos llevó al encuentro de la Horizontal, una pista forestal casi plana que tomada a la izquierda, enseguida nos dejó en el Puerto de Navafría.

Conseguido el objetivo, tocaba regresar sin perder mucho tiempo, porque habíamos decidido comer en Lozoya, por lo que tras las fotos de rigor, cruzamos la carretera y en ligera cuesta, fuimos a buscar el sendero que desciende al área recreativa de las Lagunillas, en cuyas mesas de madera paramos a tomar el tentempié. Con renovadas fuerzas, proseguimos el descenso, siguiendo la senda que en dirección suroeste cruza los pinares de Majalvir antes de desviarnos a la izquierda para acercarnos a conocer el área recreativa El Mirador.

Su nombre hace honor a las bellas vistas que se pueden contemplar desde su amplia pradera rodeada de pinares y de una inmejorable panorámica de las cumbres cercanas y de todo el Valle del Lozoya. Tiene una bonita fuente junto a un banco protegida por un techo de tejas que bien puede hacer de pequeño refugio. Volvemos sobre nuestros pasos para continuar, con fuerte descenso, por un amplio camino entre pinos, que más parece un cortafuegos, hacia el encuentro del arroyo del Palancar y que, al dar una curva, abandonamos para continuar por una senda que finalmente lo cruzamos con ayuda de unas piedras y unos troncos.

A partir de aquí, la vegetación cambia completamente y pasa a ser de robles, a los que se une el verde musgo que recubre las rocas. Sin duda, uno de los tramos más bellos de la ruta.

Más adelante, dejamos el robledal para continuar el descenso con amplias y bonitas vistas de Lozoya y el embalse de Pinilla, impregnados por los gratos perfumes del cantueso y el romero en flor. 

Pasamos junto a una pequeña fuente, de la que manaba un buen chorro de agua, y volvemos a internarnos en un espeso robledal que cubre parte de la ladera por la que descendíamos.

Cruzamos la pista de la Cerrada del Hoyo y continuamos de frente descendiendo por una senda no muy marcada que acaba en un muro de piedras en el que, a mano izquierda, hay una portilla de alambre para impedir el paso del ganado.

Nada más pasar la portilla, la senda se encaja entre dos muros de piedra, en el denominado Camino de Peñas Huecas, rodeado de robles y que va a dar al depósito de las Aleguillas.

Descendimos unos metros por una pista, para continuar por la que sale a la izquierda, cruza por un puente muy deteriorado el arroyo del Palancar y conecta con el tramo por el que habíamos pasado hasta llegar al pueblo.

Una buena comida en el bar El Valle de Lozoya, de los pocos abiertos hoy lunes, puso fin a esta entretenida y estupenda excursión que hemos disfrutado con un excelente tiempo y que bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto