lunes, 7 de septiembre de 2020

Excursión X232: Senda Whistler y Cuerda de las Cabrillas

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Ventorrillo
Final: El Ventorrillo
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,5 Km 
Desnivel [+]: 633 m 
Desnivel [--]: 633 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Antes de nada hay que decir que en realidad en esta excursión hicimos dos rutas en una. La primera bucólica, apacible y sombreada, siempre cerca del agua del Regajo del Puerto; y la otra montañera, aérea y exigente por la cresta de las Cabrillas.

Tan variada composición hizo las delicias del grupo, que unido al buen tiempo, otorgó por unanimidad la máxima nota a esta aventura.

Con una mañana más bien fresquita, aparcamos en El Ventorrillo, en la carretera N-601, e iniciamos la marcha dirigiéndonos al amplio camino que nace junto a las instalaciones de viabilidad invernal situadas un poco más arriba.

Por la amplia pista que nace allí mismo, pusimos rumbo al Valle de Navalmedio, en dirección noreste, descendemos muy suavemente entre grandes pinos bermejos, cruzamos el Regajo de los Baldíos para, dejando a nuestra derecha el Camino del Calvario, girar hacia el noroeste.

Enseguida dimos con un viejo conocido: El Pino de la Cadena, árbol que a modo de pulsera tobillera, tiene una cadena en su base con letras en rojo. Su historia de amor de un hijo a su padre la cuenta un cartel que hay junto a él, resumida en lo que pone en la cadena: «A su querida memoria, 1840-1924». Este pino está catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid con el número 142.

Unos metros más abajo alcanzamos el arroyo de Matasalgado, y poco antes el inicio de la Senda Whistler, una de las muchas sendas que surcan los extensos pinares que cubren las vertientes del valle de Navalmedio.

Una senda entre pinos cargada de historia, de la época en que los primeros descubridores de la Sierra de Guadarrama, ligados al Club Alpino Peñalara, trazaron nuevas rutas por lo que antes solo eran caminos de pastores en el mejor de los casos.

Un nuevo vadeo del arroyo de Matasalgado y una curva a la derecha, nos deja junto al Regajo del Puerto, el arroyo que nace en el puerto de Navacerrada.

La senda sigue en dirección norte su empinado cauce, con su murmullo y sus pequeños saltos y pozas, a pesar de lo avanzado del estiaje.

Nos recreamos con su discurrir, conforme ascendíamos, rodeados de helechos, vadeándolo hasta en tres ocasiones, siguiendo esta senda que para mí, no siendo tan cómoda como el Camino del Calvario, que va a media ladera unos metros más arriba, es con diferencia, mucho más bella.

A falta de unos 500 metros para llegar a la estación del puerto de Navacerrada, la senda gira a la izquierda, se aleja del arroyo, pasa por una preciosa pradera, donde nos tomamos un respiro, para al poco llegar a los edificios de la estación.

A los pies de la Ermita-Refugio de la Virgen de las Nieves esperamos para reagruparnos y acometer el último tramo hasta el puerto. Cruzamos las vías, nos acercamos a la estación que estaba cerrada por las obras de renovación del tren de la naturaleza, la línea que une Cercedilla con el puerto de Cotos.

Conectamos con el Sendero Arias, giramos a la izquierda, bordeamos una casa en ruinas, y alcanzamos el puerto de Navacerrada, justo al lado del monumento de homenaje al montañero.

En la terraza del bar Dos Castillas nos tomamos el tentempié de media mañana, sin poder acompañarlo de nada más por estar el bar cerrado.

Con fuerzas renovadas, iniciamos la otra excursión, la que nos llevaría de nuevo al punto de partida, pero por las crestas puntiagudas de la Cuerda de las Cabrillas, todo un rosario de riscos cercanos a los dos mil metros de altura, que se erigen al sur del puerto de Navacerrada y corren paralelos a la sierra de la Maliciosa, la que nos queda a la derecha cuando subimos al puerto de Navacerrada por la carretera.

Hacia ella nos fuimos siguiendo la senda que deja las pistas de esquí a la izquierda y alcanza el collado de la Barranca, ya en la cuerda de las Cabrillas, desde el que se tiene unas soberbias vistas de este valle, de la Maliciosa y del camino que hemos seguido en el ascenso hasta el puerto.

La idea era sortear todos los riscos que se encuentran en la espina dorsal, nunca mejor dicho, de la cuerda, tarea no sencilla porque cruzar algunos de ellos no es fácil.

Por ello, Emilio optó por rodearlos siguiendo la apacible senda de la Tubería que corre paralela a la cuerda, en la vertiente del valle de la Barranca. Sin duda es la mejor alternativa si no se cuenta con el tiempo adecuado o suficiente capacidad de sufrimiento.

El resto del grupo, ávido de aventura nos atrevimos a seguir el rectilíneo track que pasa por cada una de las cumbres. El resultado final ganó en vistas y diversión, lo primero porque desde lo alto de cada risco pudimos disfrutar de la incomparable visión de la Bola del Mundo, La Maliciosa, el Valle de la Barranca, Navacerrada, mirando al este, y de Cercedilla, el Valle de la Fuenfría, el de Navalmedio, La Peñota, Peña el Águila y Siete Picos mirando al oeste. Y lo segundo porque trepar y destrepar riscos es más apasionante que andar por cómodo camino, aunque eso sí, más arriesgado y exigente.

Así que, una vez en la cuerda, superamos, a modo de aperitivo, el Risco de Emburriaderos, que con sus 1959 metros es el más alto de todos, aunque no el más escarpado ni complicado. Nos amenizó la travesía un numero grupo de cabras, que sin demasiado temor hacia nuestra presencia se apartaron del sendero perezosamente cuando ya estábamos prácticamente a su lado.

Desde los riscos saludamos a Emilo, con el que quedamos en el Collado de Emburriaderos (1.847 m), por juntarse allí momentáneamente ambos recorridos. A los pocos metros le dejamos para quedar luego en el Mirador de las Canchas, él siguiendo la tubería, nosotros de nuevo haciendo el cabra por los riscos de la cresta.

Envalentonados, le hincamos el diente a Peña Horcón, un hueso, más difícil de roer que el anterior, compuesta en realidad por varios riscos, el de mayor altura de 1.879 metros, que pusieron a prueba nuestras dotes de sortear piedras y más piedras, aunque desde ellas, hay que confesarlo, obtuvimos las mejores panorámicas de Siete Picos, la Bola del Mundo, La Maliciosa, el Valle de la Fuenfría y el de la Barranca, compensación suficiente para tanto trepe y destrepe granítico.

En uno de estos riscos tuvimos que buscar el mejor modo de superarlo, guiados más por la intuición que por el track, que de poco vale cuando la decisión de por dónde seguir varía medio metro de las posibles alternativas, unas imposible de continuar y otras con solución de continuidad.

Después de ésto, subir la roma Peña Pintada (1.858 m) fue un paseo, como la bajada desde ésta al Mirador de las Canchas (1.765 m), palco de lujo para contemplar La Maliciosa, donde nos esperaba desde hacia un buen rato Emilio.

A la sombra de un hermoso pino dimos cuenta de los bocadillos, para después hacernos la foto de grupo aprovechando la presencia de unos chavales.

Desde el Mirador de las Canchas bajamos por la senda que esquiva las múltiples curvas de la pista que conduce a la explanada donde hasta el año 1994 estaba situado un lugar de leyenda: el Real Sanatorio de Guadarrama, más conocido como 'Walpurgis', desde el que en sus ruinas se rodara la película La noche de Walpurgis (1971). Hoy solo queda unos carteles y lo que debió ser el brocal de un pozo.

Desde allí, en rápido descenso, bordeando Peña Entorcal, unas veces por pista y otras por senda, alcanzamos de nuevo el aparcamiento del Ventorrillo, donde habíamos dejado los coches.

Las cervezas de fin de ruta nos las tomamos en el bar de Las Postas, que aunque estaba cerrado, nos fue suficiente sus escaleras de entrada y los botes comprados en la gasolinera, dando así por finalizada esta magnífica excursión 2x1, llena de contrastes, entretenida y con impresionantes vistas que, como dije al principio se ha ganado por unanimidad 5 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 31 de agosto de 2020

Excursión X231: Cascada del Hervidero y Canal del Mesto

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Agustín de Guadalix
Final: San Agustín de Guadalix
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 17 Km 
Desnivel [+]: 435 m 
Desnivel [--]: 435 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
¡Qué mala es la envidia!. Fue ver una foto de la cascada del Hervidero en Facebook y decir "el lunes vamos".

Claro que en eso se basa la publicidad, en mostrarte una hamburguesa a la hora de comer, una cerveza cuando más calor hace o los turrones en Navidad.
La cosa era que a esta idílica cascada ya había ido en un par de ocasiones, la primera vez saliendo de San Agustín de
Guadalix
la segunda desde Pedrezuela.

Me costó un poco planificar una ruta que tuviese algo de cada una de ellas y que no fuese la clasifica de ida y vuelta, sino lo más circular posible.

Y con un día no tan caluroso como el de la semana pasada, quedamos en el aparcamiento de la Laguna de los Patos, en la parte norte de San Agustín de Guadalix, ahí había aparcado la otra vez. Pero los primeros en llegar avisaron que estaba cerrado por una valla, así que todos dejamos los coches en el polígono industrial El Raso, pasado el puente.

Echamos a andar hacia la laguna de los Patos, cruzando el puente sobre el río Guadalix, contemplando la hermosa laguna que forma aguas abajo, en una zona bien acondicionada junto a su ribera.

Continuamos en dirección al pueblo, por un amplio y agradable camino muy arbolado, utilizado para el paseo y las bicis.Al llegar a una fuente, cruzamos la Avenida de Madrid y giramos a la derecha por un sendero que bordea una casa y cruza el arroyo del Caño, accediendo, por una cuesta, a la Vereda de las Mentiras (curioso nombre), por la que continuamos entre encinas y enebros en dirección norte.

En constante y suave pendiente fuimos subiendo por este camino de tierra, cada cual a su paso, en animadas charlas, parando de vez en cuando a la sombra de las encinas de mayor porte para refrescarnos a su sombra o bebiendo agua.

Al cruzarnos con el camino del Canal Bajo, cruzamos un portón y continuamos de frente, hasta alcanzar la Almenara de los Castillejos junto a unas instalaciones de radio.

El Canal Bajo enlaza el depósito inferior de la central eléctrica de Torrelaguna con el depósito de Islas Filipinas en Madrid. Tiene una longitud de 58,1 km, transita sobre 27 acueductos, 41 túneles y salva 4 barrancos o zonas bajas mediante sifones metálicos, una de ellas ésta de la cuenca del Guadalix, que desde donde nos encontramos se contempla en toda su extensión.

Hacia el valle nos dirigimos, descendiendo por 
un sendero con fuerte pendiente, mitigada en parte por numerosas zetas, en las que varias vacas estaban tranquilamente pactando.

A mitad de la bajada, pasamos junto a un sifón y tras una curva cerrada, comenzamos a escuchar el sonido del agua al caer desde la cascada del Hervidero.

Un desvío a la izquierda nos conduce directamente a la parte alta del gran salto de agua desde donde se ve cómo el río se divide en dos, por tener un gran peñasco en medio de su lecho. Abajo, la gran charca que la cascada ha labrado, a la que la gente se acerca a contemplar caer el agua.

La zona es bastante peligrosa ante posibles crecidas del río si abren las compuertas del embalse del Vellón o Pedrezuela, de lo que advierte un cartel colocado en una de las rocas.

Contemplado tan bello espectáculo, regresamos por una senda que bordea el precipicio y que acaba en un paso estrecho entre dos columnas, que da acceso al puente que forma el Canal Alto para salvar el río Guadalix, en la llamada Casa del Lavadero, ahora medio en ruinas.

Cruzamos el puente y por unas estrechas escaleras empedradas, que salen a nuestra izquierda, descendemos con cuidado para poder contemplar, de repente, las dos cascadas desde abajo, en un entorno con mucho encanto, un lugar idílico y relajante en el que el tiempo parece no existir, una pequeña joya natural que oculta este precioso valle.

Contemplamos extasiados la incesante doble caída del agua, que desde unos 6 metros de altura, presentaba un gran caudal, inusual en esta época, seguramente debido a la apertura de compuertas del embalse del Vellón. Aquí paramos a tomar el tentempié de media mañana mientras las cámaras no dejaban de captar todos los ángulos posibles de esta maravilla.

Tras hacernos la foto de grupo en tan bello paraje, regresamos al puente por las mismas escaleras por las que habíamos bajado, desde donde seguimos por una senda que asciende con bastante pendiente por la ladera izquierda, entre encinas y matorral, en la que un mirador con buenas vistas de las cascadas nos da un respiro.

A pocos metros del mirador alcanzamos el camino que sigue el Canal del Mesto, por el que seguimos en un agradable paseo de 3 km con estupendas vistas del cañón del río Guadalixen un entorno de gran belleza dominado por la vegetación que en esta zona cuenta con una gran densidad.

El paisaje está dominado por las encinas, los enebros y la coscoja con una gran variedad de vegetación presidida por la jara, de gran belleza en primavera por su floración rosa.

Durante el recorrido se ven numerosas construcciones relacionadas con la conducción de agua del Canal de Isabel II, como sifones, torres de control, respiraderos y, a lo lejos, el Acueducto del Zegrí. A nuestra izquierda el profundo cañón que el agua del Guadalix ha labrado y que de vez en cuando se deja ver.

Tras numerosas revueltas bordeando Peña Águila, alcanzamos el Azud del Mesto, hoy en desuso. Fue construido en el año 1905 utilizando una presa preexistente. Tiene 4 metros de altura y está construido en sillería de piedra caliza.

El agua se captaba mediante un sistema de compuertas para conducirla hasta el Sifón de Guadalix. En Peña Águila pudimos observar un antiguo canal excavado manualmente en la roca, por el que discurría el agua antes de la construcción del Canal del Mesto.

Con la construcción de este embalse del Vellón, el azud quedó en desuso, aunque se encuentra todavía operativo por si fuese preciso el trasvase de las aguas al Canal Bajo.

Después de contemplar durante un buen rato la hermosa cascada que forma el aliviadero de la pequeña presa y deleitarnos con unos higos y unas uvas que recogimos aquí mismo, planeamos la forma de regresar, si deshaciendo el camino hasta llegar de nuevo a la cascada del Hervidero y de allí al inicio de la ruta siguiendo el río, o bien, para no repetir, seguir un camino algo más largo y empinado, pero con un paisaje muy diferente al hasta ahora visto.

En resumen, un regreso cómodo y sombreado, bien conocido, u otro más exigente, incierto  y con poca sombra.

Aunque no lo esperaba, ganó la segunda opción, lo que da idea del nivel de preparación y exigencia del grupo, o de su nivel de temeridad e imprudencia, que ambas lecturas son posibles.

Desde las Casas de la Almenara proseguimos por una pista de tierra que pasa junto a la Casilla del Mesto, antigua casa del guarda, en dirección a El Molar.

Pasamos un puente sobre el arroyo de Jacinto, único lugar con algo de sombra, y al poco abandonamos para bajar hacia el arroyo del MestoCruzamos el pequeño valle que forma este arroyo, ahora seco, para ascender al cañón del Guadalix desde lo alto, en una vista espectacular donde se contemplaba toda la Cuerda Larga al noroeste, detrás de Pedrezuela,  el cerro de San Pedro al oeste y la atalaya de El Molar al este.

Entre praderas que el estío había transformado en secarral, sin apenas sombras y con el sol arreando, por fin alcanzamos la parte más alta del recorrido, en la que una valla y una puerta cerrada obliga a bordear una finca, siguiendo, entre encinas, la cresta de la pequeña cuerda que se precipita hacia el valle del Guadalix.

Alcanzado el Camino del Canal Bajo, descendimos por él, recortando las alargadas curvas en dos ocasiones gracias a sendas que minimizan el recorrido, aunque añaden pendiente a la bajada. 

Dejando atrás un par de almenaras, por fin alcanzamos el camino, que tras pasar junto a la Almenara de fondo y cruzar el río Guadalix por el puente de San Antonio, se dirige hacia el punto de inicio de la excursión.

Abandonando la pista al llegar a una curva, seguimos por el sendero que busca el curso del río y que, tras cruzar un puente de madera, se interna en un grato y espeso bosque de ribera en el que el río se remansa medio oculto por la vegetación.

Estamos en el área recreativa junto a la cual habíamos dejado los coches. 

Este sitio era ideal para tomar los bocadillos, en él se encuentran 
abundantes mesas de madera con bancos. 

Y para hacer aún más agradable el momento, compramos unas cervezas frías y unos helados en el supermercado DIA que hay al lado, haciendo que esta ruta, llena de contrastes, mucha agua y de exuberante naturaleza, se mereciese 4 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 24 de agosto de 2020

Excursión X230: La Barranca por el Paso Cagalera y la Ventana de la Maliciosa

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Barranca
Final: La Barranca
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 7 Km 
Desnivel [+]: 493 m 
Desnivel [--]: 493 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 10

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
El Valle de la Barranca se encuentra bajo el Cerro de las Guarramillas, más conocido como Bola del Mundo, por las antenas de TV instaladas en su cima y que se representaban encima de la Bola del Mundo en las primeras emisiones desde Navacerrada.

Por él se pueden realizar varias rutas fáciles y aptas para todos los públicos, siguiendo un bonito recorrido de unos 11 kilómetros que pasa por el Mirador de las Canchas y la fuente de la Campanilla, pero pocos conocen otros rincones que esconde este precioso valle, mucho más espectaculares.

Y con el objetivo de darlos a conocer a algunos componentes del grupo, nos reunimos en el aparcamiento más próximo al Hotel la Barranca, al que se llega siguiendo, desde Navacerrada, la carretera que, como curiosidad, fue asfaltada en 1982, con motivo del Mundial de Fútbol para facilitar el acceso a los futbolistas de la selección francesa que se alojarían en este hotel.

Por la pista, ahora ya de tierra, ascendimos, en suave pendiente, dejando a nuestra derecha los embalses del Pueblo de Navacerrada y del Ejército del Aire, en los que los riscos cercanos a la Maliciosa y a la Bola del Mundo se reflejan en sus mansas aguas como si de un espejo se tratara, sin duda una de las estampas más alpinas de la Sierra de Guadarrama.

Al llegar a la zona recreativa de las Vueltas, antes de una cerrada curva a la izquierda, dejamos la pista para seguir la senda que surge a la derecha, próxima a la caseta de control de Pino a Pino, y que enseguida cruza el río Navacerrada, al que acompañamos, remontándolo, primero por su margen izquierda y después por el de la derecha, tras vadearlo por segunda vez.

Otro nuevo vadeo, y una pequeña cuesta, nos hizo alcanzar la senda Alakan, que paralela al río, entre frondosos pinos y enebros, conecta al final con la pista que recorre el valle. En dirección sur la seguimos, para en su primera curva, abandonarla e iniciar el ascenso, sin senda que nos guiara, en busca de los riscos donde se oculta el Paso Cagalera.

Es éste un curioso hueco abierto entre la mole de granito, con una altura vertical de unos 10 metros, divididos en dos tramos y que seguramente debe su nombre al mal cuerpo que a más de uno se le debe de poner al verlo desde arriba. La verdad es que no es para menos.

Hasta ahora siempre lo había bajado sin mayor dificultad, pero hoy, para variar, tocaba subirlo.

Llegados a la base de tan singular paso, lo primero era trepar, con la ayuda de una cadena, un escalón de unos tres metros de altura, al que le sigue una pared vertical de unos cuatro metros, superable gracias a una escalera de hierro colgada entre las rocas, de unos cuatro metros de altura, asegurada con un cable atado a una roca en su parte más alta.

De uno en uno, no hay espacio para más, fuimos subiendo todos, menos los que se quedaron con los perros, porque por aquí es imposible auparlos y por ello tuvieron que rodear estos riscos. Mi conclusión es que se sube mejor que se baja.

Una vez arriba, había dos opciones, seguir la canal hasta alcanzar el collado del Callejón de las Tijerillas o subir por la vía ferrata El Cuervo. Sólo la mitad del grupo se atrevió con la segunda opción, a ciencia cierta mucho más prudentes que nosotros.

Al pie de la desafiante pared constatamos que ya no existe la placa que la anunciaba, donde figuraba también su año de creación: el 2003. 

En su lugar hay un grabado a mano realizado a golpe de cincel sobre la roca y pintado en rojo, en el que se lee "Vía Cuervo". También han desmontado el cable de vida instalado junto a las anillas de sujeción.

Comenzamos el ascenso de uno en uno y guardando una cierta distancia de seguridad, tanteando cada uno de los peldaños, para comprobar su estabilidad.

Siempre con al menos un pie y una mano asegurados y sin mirar para abajo, fuimos superando los aproximadamente 15 metros de altura de la pared, que conforme se va subiendo va ganando en verticalidad.

Al llegar arriba, una roca plana permite contemplar, con cierta congoja, el precipicio por el que se sube. Un metro más arriba asoma una cruz de hierro pintada en azul, utilizada para asegurar el desaparecido cable de vida de la vía ferrata. A ella llegamos los cinco, con una poco disimulada alegría por haber superado el reto. Ni que decir tiene que, si no se está preparado, este tramo es muy peligroso, por lo que no es aconsejable para personas con vértigo o sin el debido entrenamiento.

Una vez hechas las inevitables fotos junto a la cruz, rodeamos los riscos hasta alcanzar el collado de las Tijerillas, donde nos esperaba el resto del grupo y un nutrido rebaño de vacas ocupadas en buscar algo verde que llevarse a la boca. Nosotros, para no ser menos, allí nos tomamos el tentempié de media mañana mientras contemplábamos las excelentes panorámicas del valle de la Barranca, el embalse de Navacerrada y sus alrededores.

Tras el descanso, ofrecí la opción de acercarnos a la Ventana de la Maliciosa a aquellos que no la conocían, lo que secundaron éstos y alguno más, que repetía, porque lo cierto es que su espectacularidad bien merece el paseo.

A ella se llega tras una trepadita por las rocas que se encuentran al este del collado,

Siguiendo una tenue senda marcada con hitos de piedra enseguida se alcanza este roto en los pétreos riscos de la parte sur de la Maliciosa. A los nuevos creo que le encantaros las vistas desde este original mirador.

Regresamos sobre nuestros pasos hasta el collado de las Tijerillas, dirigiéndonos desde él a la fuente de la Campanilla, donde nos esperaba Antonio y José Luis, siguiendo una empinada senda, muy desdibujada en la que abundaban troncos caídos que ya a nadie parecen interesar. ¿Dónde quedan aquellos tiempos de gabarreros que mantenían limpios los bosques?

En la fuente tocamos, como es preceptivo, la campanilla que le da nombre y que servía de referencia a caminantes y pastores.

Tras recargar las botellas con su fresca agua, iniciamos el regreso, descendiendo por el PR-26 hasta la pista donde un hito marca la "Puerta de la Maliciosa", donde nos hicimos la foto de grupo.

Por la pista, cruzamos el puente sobre el arroyo de Peña Cabrita, pasamos junto a la fuente de Mingo. La idea era continuar por la pista, ver el mirador de las Canchas y regresar por la senda Ortiz, pero el tiempo apremiaba y optamos por dejar la cómoda pista para seguir la senda que se acerca al río Navacerrada, al que acompañamos en su descenso lo más arrimados posibles a su cauce.

Al llegar a la zona recreativa de las Vueltas vimos unos cuantos niños saltar de pino a pino, y recuperada la pista, descendimos en cómodo paseo hasta disfrutar de nuevo de las vistas hacia la Maliciosa y la Bola del Mundo desde el Embalse del Ejército del Aire y del Pueblo de Navacerrada, antes de llegar al aparcamiento de inicio.

La jornada acabó en casa de Pepa, donde celebramos su cumpleaños con barbacoa y bañito piscinero incluido, haciendo de este día una jornada inolvidable, que bien se merece 4 estrellas.
Paco Nieto

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